Poemas de Ibn Quzmān
Poemas de Ibn Quzmān (h. 1078–1160), el poeta más célebre de la Córdoba almorávide, famoso por elevar el zéjel —poesía en árabe dialectal con influencias romances— a la categoría de arte literario. Rompió con el rigor del árabe clásico para cantar a los placeres mundanos, el vino y el amor, reflejando la vibrante realidad multicultural de Al-Ándalus.
Su obra principal, el Cancionero o Dīwān, destaca por su tono lúdico, irónico y popular. Se le considera un eslabón fundamental entre la lírica árabe y la lírica románica europea, influyendo notablemente en la tradición de los trovadores provenzales.
«Penitencia» El Faquí Dice
«Penitencia», el faquí dice:
¡Vaya necio impertinente!
¿Cuándo ríen los jardines
y la brisa huele a musco?
Sus banderas abril alza,
como rey que vuelve en triunfo;
se enjoyaron los frutales;
cantan pájaros encima;
Los arriales visten rica
vestidura de esmeralda;
los junquillos y violetas
lindos son: ¡sobre azul, blanco!
¡Alhelí, arrayán, rocío,
sombras, auras y regatos!,
un esbelto guapo, afable,
y un espía sordo y ciego,
el tocar de un buen flautista
y, al cantar, la voz de Selmâ,
cielo puro, como esmalte,
vino claro como el oro.
El placer cual aastro en orto
o un capullo cuando rompe,
más cantar –dina, dan, DINA-,
más retozo –kah, kah, kaha-,
Y de lo de «Quítate, ansioso,
que los pechos me lastimas»,
Y «Este cruel me asusta, madre,
mira el bakbak que me haces».
¿Qué dirás del vino, mientras
a tu amado das un beso,
a tu par sentado el guapo,
y el tocar de los laúdes,
y un perol hirviendo cerca,
y asador que gira al fuego?
¿Qué dirás de lo que digo?
¿No razón y dicha tengo?
¡Ay licor, bîno, qué dulce! Mi confite eres y azúcar.
Por El que tu amor me inspira,
¿quién regado te ha de aljófar?
Pero di: ¿por qué te dueles
Y andas pálido y delgado?
Sin dudar, pesares sufres,
o prendado estás de un guapo.
Vida tal me place, gentes.
¡Qué donoda es y qué buena!
Si a dejarla hay quien me invita,
fíjate lo que le digo:
«Nada temo, amigo mío.
No me aburro, amigo, nunca.
Di: ¿por qué dejar todo esto?
¿Hablas de verdad y en serio?»
Como Ibn Kuzmân me llamo,
que la magia diga es justo.
si a uno asístele la suerte,
se le viene todo a mano,
y su mismo nombre ayuda:
Ka’b ahbâr es un ejemplo.
Y un refrán antiguo dice:
«No hay caballo como al-Ablak».
Ahora Te Amo A Ti, Estrellita
Ahora te amo a ti, estrellita,
Laleima.
¿Quién te quiere y por ti muere?
Si me muero, es culpa tuya.
De poder dejarte mi alma,
no rimara esta estrofilla.
¡Yo estoy, matrre, tan silâto,
tan hazîmo, tan penâto!
¿Ves lo largo que es el día?
Sólo cato un bocadito.
Digo a todos: <<¡Allah es grande!
Ya no puedo más con ella;
si a la Aljama Verde corro,
vase al Pozo del Chopillo>>.
¡Ay, adorno de tertulias,
guapa, sí, e inteligente!
¡No mizcales, sí chinitas,
de volverte leprosilla!
Tus galanes desatinan.
De Babel juntas la magia.
Toda sal de ti se escucha,
si hablas una palabrita.
Y pechitos cual manzanas,
carrillitos como harina,
dientecillos como aljófar
y de azúcar la boquita.
Si el ayuno nos vedases,
si nos dijeras,
hoy la puerta de la aljama
cerraría una soguilla.
Dulce más que el alfeñique,
tú señor eres, yo esclavo.
¡Mi señor, sí! A quien lo niegue,
en el cuello un cachetillo
¿Hasta cuándo más desdenes?
¿Hasta cuándo más celillos?
¡Haga Allah en casa sola
con los dos un acecillo!
Del Zoco Quiero A Un Chico
Del zoco quiero a un chico.
De verlo, lo conoces.
Su nombre te diría;
Pero nombrarlo no oso.
Tú que a la gente matas,
aunque otra cosa digas:
¿Qué almizcle es ése, amigo?
¡Ven, ven, ante el maestro!
¡Por Dios, qué presumido!
Saluda, por lo menos.
Conviene, si te entonas,
que el entonar te siente.
Yo callo y sufro, pero
lo quiero, pese a todo.
Con verlo ya me pasmo.
¿Negar voy lo que es cierto?
De estar ello en mi mano,
lo que celar no puedo.
¡Ay, tú el de los achares
y los celillos dulces!
¿Por qué me gusta hablarte,
cuando ese hablar me mata?
<<¡Ay, corazón, aguanta.
No te escapes nunca!>>.
¡Por Dios, bien sufre el pobre!
Vigor y ayuda dale.
El de los ojos garzos,
el de las cejas finas
me llama su criado:
verdad es lo que dice.
Mas, siendo sus esclavos
poetas y escritores,
ni va eso en mi desdoro suyo.
¿Por qué va a ser afable,
por qué va a hacerme caso,
si al verlo dos mujeres,
y ver su airoso talle,
le dijo la una a la otra:
<<¡Que el Allahl de amor te aqueje,
y que con él te acuestes!>>,
y <<¡Sí, sí!>>, la otra dijo?
Más Súna está más cerca.
No esponjes, si saluda,
porque a la gente engaña
con sus palabras dulces.
Parécete inocente
si tira de las riendas,
y así, su cepo tiende.
¡Quien cae en él bien grita!
Por él ardo de día;
De él hablo por la noche.
Desde que di en amarlo
tan solo eché una siesta.
Trocarle tengo urdido
un zéjel por un beso;
mas, si antes me lo diera
del trueque, ¿mal habría?
Acorta tu poema;
dejarlo has terciadillo.
Besar tus dedos quiero,
ay hijo del más noble.
Mas no me gustaría
que nadie se enterara.
Todo en mi contra sale:
lo que tú cueces, aso.
¿Ay, déjame esta noche
que goce y pegue brincos,
que de placer me embriague
y que amanezca turbio!
Soto de Ben Abî-l-Hazz
Waskî bebió conmigo.
Pegar no pude ojo,
sirviéndote y bebiendo
Completo queda el zéjel,
que me salió del alma.
Babel me dio su magia,
Y es un montón de perlas.
Oirás que dicen todos:
<<¡Cosa es genial amigo!>>,
y se ha de alzar…..
…… cuando lo cante.
El Quedarse Sin Vinillo
El quedarse sin vinillo
para mí es lo más odioso.
¡Por Mohammad, encomedadme,
porque Allah perdón me otorge!
Tal es cual lo ves el mundo.
Gana tiempo, pues, y aviva.
No hay día ni hay noche
que tu fiesta no celebres.
Sacia en él tus apetitos
antes que la muerte llegue.
¿No tendrías por desgracia
tu morir, viendo el mundo?
A mi ver, rato sin vino
Fáltale gracia y salero.
¿Qué es un día sin descoco,
qué es un día sin holgorio?
Por placer, placer no tengo
ni por huelgo doy al huelgo
si no me entra entre los labios
labio de copa con vino.
¡Si las copas de mi casa
viese, cuando se echa vino!
¡Qué amiguito, si me amase!
¡Qué vinillo si durara!
Si vinieses, viera cómo
las Cabrillas echan vino,
pues como ellas son los vasos
que te pasan por encima.
¡Qué vino hay aún en mi casa!
¡Qué amigo hay a mi vera!
Si Allah verme te dejara
y a mi amor viese conmigo,
el tazón lleno en mi mano
y el hermoso entre mis brazos,
al sol vieras en mis dedos
y en mis brazos una luna.
Porque Allah me ha concedido
lo que ha todos ha negado,
que como estas glorias mías
ni la hubo ni ha de haberlas.
No hay imperio como el mío,
Salomón, tras de tu imperio.
Como yo lo ‘Abbâsíes
Fueron sólo, o los Omeyas.
Tras beber tu copa, amigo,
cuando duermes me parece
que con un algodoncito
pasan lacre por tu cara.
Sólo amarte me acomoda……..
¡Ea, ven! Conmigo acabas,
más te digo: <<¡pronto, pronto!>>
Si quisieras escucharme,
me quitarías estas penas,
y mi mano si tomases
y me dieses un besito,
con dejarme para siempre
tu boquita entre la mía,
volar vieras mi alma, alegre,
más allá de las Cabrillas.
Una cosa he de decirte;
Menester es que pregunte:
¿Eso de tu boca es agua,
o es azúcar desleído?
Busco en Allah refugio, amigo,
de que te remontes, cuando
váse a ti mi boca en busca
de una gota de esa agüita.
Mas cortó mis argumentos
con decirme: <<¡Bueno, basta! ¿Qué quieres?>>
Me da lo mismo
que estés cerca o que estés lejos.
Y es que voy con calzas rotas,
raído el manto de alfaneque,
y heme con el pelo en greñas,
cual bandido es despoblado.
Largos haz, Señor, mis días
hasta que de vivir me harte,
y haz que deje entre mis hijos
un borracho y un putero
para que de él y mí diga
quien lo vea y quien me vea.
Gasto Mi Caudal
Gasto mi caudal y empeño ropas
Por el vino añejo.
No te de cuidado que no beba,
pues tengo el beber por obligado.
Si alguien te contó que me arrepiento,
cosa es que jamás se me ha ocurrido.
¿Genio he de mudar con penitencia?
No seré yo, amigo, quien tal haga.
Arrepentimiento, ¡vaya necio!
Iba a decir que… ¡Mejor callarse!
Tiende el porrón tu mano diestra,
Y, si uno rezó de tus censores:
<<¿Tal, Abû Fulano, es lo que haces?>>,
le has de decir: <>.
Temen al faquí los inexpertos.
Yo, respétole, pero lo huyo.
¡Puta la madre es de los abstemios,
aunque al frente lleven a Gazzâli!
Me Eché Un Amigo Que Es
Me eché un amigo que es
rubio, albo y alto.
¿La luna ves salir?.
Pues más él brilla.
Después de irse el traidor
ha vuelto al cabo,
por cómo ando fisgar,
y de visita.
Al verlo enmudecí:
selló mi boca.
Como una lima fue
para mi mente.
¡Qué dulce es este amor
y al par qué amargo!
¡Qué feo es el desdén
y qué infamante!
Quien ama, triste está,
y al par alegre.
¿Por qué al pobre infeliz
se le desaira?
Waskî, te quiero igual
tirano o justo.
Me ves, siendo tú juez,
en tu presencia.
Sé bravo, altivo, y haz
atrocidades;
sé blando, o duro se;
se claro o turbio.
Calumnia y chisme son
lo que me irrita:
dos cosas que jamás
dirá un discreto
si bien no entra ese hablar
por mis oídos.
¡Contra él testigo es Allah
que no me altera!
Qué es para mí este amor,
no lo sabrías.
Un día, al entreabrir
Mi puerta, vilo.
<<¡Qué grande es Allah!>>, grité
tan sólo verlo:
tal, en la fiesta, al ver
la luna, dices.
Al año con las dos
Visitas cuento.
¿Te puedo yo olvidar,
amigo mío,
cuando en tus labios hay
lo que me gusta?
¿Es tu saliva, ay Allahs,
o agua y azúcar?
Que siga tu salud,
y escucha, amigo:
pensar y redactar
quería verte,
hasta hacerte en saber
sobresaliente,
con loa y fama tal
como Abû Yûnus.
Tan sólo quiero ver
que te pareces
a él, a su parigual
en tantas partes,
pues dicen con verdad
de mí las gentes.

Moaxaja
Sí, murmuradores: Luna es, y su talle rama es entre dunas, al balancearse.
Yerras, si criticas a quien cual yo, ama a la luna llena que sale en la rama del talle, y que prende con su amor mi alma: ésa de la ajorca que, para matarme, creó Dios; la niña que causa mis males. .
¡Qué asombro! ¡Un amante que ve sus deseos cumplidos, y muere de lograr su anhelo! ¡ Y un ser al que torna la traición más bello! Por eso ante el émulo no puedo excusarme: cuanto más me aflige, mi amor es más grande. .
No alcanzable meta es la que persigo. Nunca hurí* como ella * Hermosa mujer del paraíso islámico. tuvo el paraíso. Y que a mí me entierren con dureza quiso miradas que atacan como capitanes: ¡ a cuántos leones tornó recentales ! .
¿Qué valen la luna y el sol a su vera? Grana son sus labios; sus dientes son perlas, y en su boca hay vino que nadie adultera. Siempre está en mi mente, sin jamás dejarme, y se somete sin nunca humillarse. .
Mirando en sus pechos huella de mordidas, me anunció desdenes, mientras que corría mi llanto cual lluvia sobre mis mejillas.
No Queda Nada En Piel
No queda nada en piel
de aquella casa;
Partióse de ella quien
sonó su hora,
y hoy es un recuerdo,
como es la arcada.
La llora, al zurear,
la tortolilla.
Su amigo quien perdió,
¡qué bien espera?
Lo que hace es recorrer
llorando el rastro.
Sin alma me dejó:
mas las estrellas
podrás tocar mejor
que su retorno.
La tórtola por él,
como acostumbra,
¡Adarve de Ibn Zâidi!
¿Y tu bullicio?
¿Tu brillo, collación
de la Mezquita?
Encima os vino más
de lo llevable.
Ven y verás alfoz
que, arado, siembran,
y un estebbâr que más
creció que un hombre.
¿Pensara que yo que allí
fui a aquellas fiestas,
con tanto hombre galán,
gallardo, afable,
luciendo lo mejor
de mis vestidos,
en tanto que el laúd
rascaba el plectro,
y el grito del flautín
de fuera oías?
De luto siempre va,
jamás alegre.
¡Feo de ver y oír,
maldito cuervo!
¡Qué miedo das, fatal
pájaro negro!
Pues Me Desdeña, No Saluda
Pues me desdeña, no saluda
si me lo topo.
¡Ay lo que Allah me ha echado encima
con tal cariño!
Para el amor de estos hermosos
no hay medicina.
Da igual que ante ellos nos quejemos
o estemos mudos.
A Allah no temen cuando tratan
así al amante.
Son genios bravos (¡Allah nos libre
De genios tales!).
Piedad no tienen del amante,
con verlo triste,
ni saben cuánto sufre el pobre
con lo que cata,
al menos que a catar lo mismo
des den a ellos.
No más favor me da que celos
y que congojas,
y a el no consigo unirme nunca
más que en deseos;
mas no deparan dicha a nadie
para a la mía
cuando soñando le doy besos
o si lo abrazo.
Rumboso Fui En Mi Boda
Rumboso fui en mi boda y liberal;
mas vínome el hastío: me cansé.
Pues Allah me libertó de cavilar,
con ella nunca más he de volver,
que feo es el casorio de por sí.
No tengo en sus cuidados más que ver.
¿Dos ojos en la cara tienes, y
te ciegan vanagloria y presunción?
¡Ben usto está el que aceite ha de sacar,
si tiene doble boca su candil!
Un cepo es la mujer de tu caudal.
Bonito, mas no es tuyo, y ¿para qué
te alegras de lo que otra tapizó?
Os quiero, amigos míos, consultar:
igual que la cogí, la dejaré.
Lo tengo bien pensado. Ya me voy,
y ¿quién, si ahora me voy, me hará volver?
¿Rezaste por el Nábi?
Zejel Panegirico
Que beba la hermosa y me dé a beber,
sin centinela ni polizonte que nos espíe.
Así es más bonito.
¡ Cuán deliciosa noche se pasaría
acariciándonos con besos y abrazos !
¿ A dónde vas ?¿ Por qué estás inquieta ?
¡ No te muevas ! ¡ Cede tus gracias al amante !
¡ Quien haya estado en situación tan violenta
como la mía que considere !
¡ Si es poco lo que pretendo !
Y… no lo consigo.
La juventud debiera ser menos esquiva.
Invitadla, invitadla a que venga y sea cariñosa.
¡ Oh ! ya está aquí;
jamás he visto hembra más gentil.
Enciende en mi escuálido pecho ardorosa pasión;
sobre el suyo, en cambio, palpitan ingentes los senos…
¡ Hay que perder la vergüenza !
Mira la boquita, pequeña como anillo
cuyas perlas se han engarzado sin artificio.
Es capaz de enloquecer al asceta más beato.
Y eso que no tiene trazas de venir a echar sermones.
Mi corazón en su ausencia se vuelve [chiquitín] como el engarce de una sortija.
¡ Es… muy resalada !
La conversación se entabla;
el vino se bebe, yo canto, ella se emociona.
Le pido, luego, lo… que hay que pedir.
Me dice que sí; concédedme sus favores…
Alborea el alba. ¡ Alba maldita !
¿ Por qué viene el alba ?
Me levanto a coger la capa apresuradamente.
Ella me dice: ¿ Te vas ? ¿ Qué quieres hacer ?
Deja la capa y estate aquí conmigo.
Yo le contesto: No; déjame, debo marcharme:
A Abenzomaida Abulcácim he de loar.
De aquél cuyos tesoros tan sabrosas esperanzas ofrecen,
cantaré las excelencias y hermosas cualidades.
T odos los que le ven exclaman:
Mira ¡ qué bondadoso ! A juicio mío es un ser su perior.
¿ Se ha hecho proverbial la generosidad de Hátim ?
Aun es él más generoso.
Zéjeles, hacia el final de sus días
Ibn Quzman se arrepintió.
¡Bueno será para él si persevera!
Sus días pasados eran fiestas entre los días.
Pero después del sonar de atabales y adufes y de arremangarse para el baile
Ahora sube y baja por la torre del almuédano.
Se ha hecho imam en la mezquita y reza prosternándose e inclinándose.
Aunque también dejó escritas instrucciones para su muerte:
Cuando muera éstas son mis instrucciones para el entierro:
dormiré con una viña entre los párpados.
Que me envuelvan entre sus hojas como mortaja
y me pongan en la cabeza un turbante de pámpanos.
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