Un sorbo de agua — Antonio Arnao
¿Qué dijeras si vieses,
en abrasada siesta de verano,
cuando el fuego del sol dora las mieses,
que rústico villano,
con pecho de diamante,
rehusaba al fatigado caminante,
para templar la sed devoradora,
leve sorbo de fuente bienhechora?
Pues como el que lo niega
al que sediento a sus umbrales llega,
es el torpe menguado
que, sin temer la cólera del cielo,
niega al infortunado,
para calmar sus penas, un consuelo.