El mar — Antonio Arnao
Valles hondos y rocas elevadas,
vegetación de espléndido follaje,
ciudades sepultadas
por el eterno afán del oleaje
se esconden en su seno,
que a veces manso ríe
y a veces ruge con la voz del trueno.
El hombre, que se engríe
de sin igual poder y que se adora,
ídolo de sí mismo,
aunque osado lo intente,
no penetra en los antros de su abismo
que vasto mundo llena:
es insondable el mar, como la mente
del que le puso valladar de arena.