Alegoría — Antonio Arnao

Nace el hombre a la vida
cual un arbusto delicado y tierno
a quien amiga previsora mano
resguarda de las iras del invierno.
Luego la juventud enardecida
lo muestra árbol lozano
que con hojas y flores susurrante
sombra y amparo brinda al caminante.
Después sus bellas flores
en fruto natural la edad convierte,
hasta que al fin con golpe doloroso
viene a herirle la muerte.
¡Feliz y venturoso,
si al pagarle tributo
el del árbol del bien rindió por fruto!