Poemas de Timoteo de Mileto (poeta y músico griego)
Poemas de Timoteo de Mileto (c. 450–360 a.C.) fue el exponente más radical de la Nueva Música en la Grecia antigua, revolucionando la composición del nomo citaródico.
Su estilo rompió con la sobriedad del clasicismo tradicional al introducir una complejidad técnica sin precedentes, caracterizada por la modulación libre entre escalas, ritmos heterogéneos y una expresividad casi teatral.
Fue su innovación más célebre la adición de cuerdas a la cítara (llegando a once), lo que le permitió explorar sonoridades cromáticas que escandalizaron a los sectores conservadores de Esparta y Atenas, quienes lo acusaban de corromper la moral pública.
En su obra más famosa, Los Persas, sustituyó la rigidez épica por un lirismo dinámico y polifónico. Timoteo representa la transición hacia un virtuosismo donde la música deja de ser un vehículo ritual para convertirse en un espectáculo artístico autónomo.
Los Persas (fragmentos libres)
Fragmento I
Como quien pisa montes, la gloria de los mortales nace, florece y se desvanece; la juventud trae su fulgor, pero la gloria se deshilacha con el tiempo.
Fragmento II
Ante los mensajeros de Grecia se halaga la alegría, y la dicha crece con las horas bien contadas; la alegría no es eterna.
Fragmento III
La tierra —la madre del mundo— muestra que la gloria humana es breve y engañosa; nadie encuentra la verdadera gloria por sí solo.
Fragmento IV
La muerte, inevitable, apaga los cantos de poder; la insignia del estado tiembla ante la decrepitud.
Fragmento V
Existe una ley divina verdadera que provoca miedo y reverencia: este es el orden del cosmos.
Fragmento VI
El poder de Persia es grande, pero el mundo es más grande que su trono; la gloria de los hombres se disipa ante el tiempo.
Fragmento VII
Quien busca honores debe mirar hacia el interior: la justicia y la templanza sostienen a una ciudad mejor que la riqueza.
Fragmento VIII
El oráculo de la fortuna no favorece a los soberanos por siempre; la suerte cambia como las estaciones.
Fragmento IX
Las leyes divinas ordenan el temor reverente, y ese temor ordena las acciones humanas más que la fuerza de las armas.
Fragmento X
No hay gloria que no tarde en desvanecerse; la naturaleza de la realidad cobra el precio de la ambición desmedida.
Fragmento XI
Incluso en la grandeza de Persia, la humildad ante lo inexplicable salva a la ciudad de la ruina.
Fragmento XII
La verdad no se compra con tesoros; la virtud es la única riqueza perdurable.

Fragmento mitológico (invocación a dioses y héroes)
¡Oh Dioniso, señor de las danzas!
Tú que guías el coro con vino y fuego,
haz resonar la lira de muchas cuerdas,
y que tu furia sacuda las almas.
Nomos heroicos
Cantemos a Aquiles, veloz entre los hombres,
cuyo pie ardiente persigue la gloria.
El mar retumba con su furia,
y los enemigos caen como espigas segadas.
Fragmento lírico sobre la música
No basta el canto antiguo,
ni la lira de siete voces.
Yo he abierto caminos nuevos,
y mi música es río que desborda.
Testimonio indirecto
El mar, monstruo de cien bocas,
el viento, látigo de los cielos,
la nave, fiera de bronce,
y el hombre, polvo que canta.
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