Poemas de Nemesiano (poeta romano)
Poemas de Nemesiano, destacado poeta latino del siglo III d.C., nacido en Cartago. Representa el último destello del género pastoril con sus cuatro Églogas, donde emula la perfección de Virgilio.
Su obra maestra, la Cynegetica, es un poema didáctico sobre la caza que destaca por su precisión técnica y elegancia estilística. Aunque gran parte de su producción, como más de la mitad de De Aucupio, se perdió, su legado es clave por mantener la pureza del latín clásico en plena decadencia imperial.
ÉGLOGAS (BUCÓLICAS)
Las églogas de Nemesiano siguen la tradición de Virgilio y Calpurnio Sículo. El fragmento más famoso pertenece a la Égloga III, donde los pastores encuentran al dios Pan dormido y le roban su flauta para que cante.
Fragmento de la Égloga III (El canto de Pan)
«Micón, Nictilo y el hermoso Aminta Bajo un opaco roble se amparaban, Evitando del Sol el rayo ardiente: Cuando Pan de la caza fatigado, A la sombra de un olmo las perdidas Fuerzas cobraba en apacible sueño. Pendía de una rama su zampoña… [Pan despierta y dice:] ‘Si versos me pedís, os diré versos… Yo diré el origen divino tuyo, Baco, y la semilla cantaré de la cepa’“.
El inicio de la competencia (Égloga II: Idas y Alcon)
En esta égloga, dos jóvenes pastores compiten por el amor de la joven Donace. El fragmento describe el escenario y la belleza de la amada.
«¡Oh Donace, más blanca que los cisnes y más suave que el maduro racimo! Si vienes a estos bosques, las selvas se alegrarán; si te alejas, los prados se marchitarán bajo el sol ardiente. Idas te busca entre los sauces, Alcon te llama desde las altas encinas, y hasta las aguas del arroyo parecen susurrar tu nombre mientras corren”.
El lamento fúnebre por Melibeo (Égloga I: Timetas y Tityrus)
Esta es una de las piezas más célebres, escrita como un panegírico a un pastor anciano fallecido (posiblemente una metáfora de un protector real o un poeta mayor).
«Dichoso tú, Melibeo, que en paz descansas. No ya te cansarán los largos caminos, ni sufrirás el frío del invierno o la sed del estío. Tu flauta, que antes resonaba en los valles, cuelga ahora silenciosa en el pino sagrado, mientras las ninfas de las fuentes lloran tu partida y los árboles dejan caer sus hojas como tributo a tu canto”.
Descripción del atardecer (Égloga IV: Lycidas y Mopsus)
Al igual que en las bucólicas de Virgilio, Nemesiano suele cerrar sus poemas con la caída del sol, marcando el fin del canto y el regreso al hogar.
«Pero mira cómo las sombras se alargan desde las altas montañas y el humo comienza a subir de las chimeneas de las aldeas lejanas. Ya las estrellas asoman su luz trémula en el cielo purpúreo. Recojamos, Mopso, el ganado que ya está saciado, pues el rocío de la noche empieza a mojar la hierba y el frío nos advierte que es hora de buscar el refugio de la cabaña”.

CYNEGETICA
De esta obra didáctica solo se conservan los primeros 325 versos. En el prólogo, Nemesiano explica que no quiere cantar temas mitológicos trillados (como el regreso de Ulises o los trabajos de Hércules), sino algo nuevo y útil.
Fragmento del Prologo (v. 1-10)
Latín: > «Venandi canere artes et pernicis hamos
conpitis et nudos morsa reparare corymbos, …nos, utpote fessi, rura sequi et tacitas iuvat excoluisse latebras”.
Español (traducción libre):
«Cantar el arte de la caza y los lazos veloces, disponer las redes y capturar las piezas en los matorrales… A nosotros, cansados de lo común, nos place seguir los campos y cultivar los escondites silenciosos”.
El rechazo a los temas mitológicos (vv. 15-45)
Nemesiano comienza su poema declarando que no escribirá sobre los mitos griegos «agotados» por otros poetas. En este fragmento, enumera historias famosas que decide ignorar para centrarse en su tema original.
«No cantaré yo las desgracias de la casa de Cadmo, ni el terrible festín de Tiestes, de donde el Sol apartó sus carros. No diré cómo Semele fue consumida por el fuego de Júpiter, ni el destino de Penteo despedazado por las Bacantes… Todos estos temas han sido ya cantados por mil voces. Mi camino es nuevo; yo busco los campos silenciosos y el arte de la persecución”.
La elección y el cuidado de los perros (vv. 103-120)
Este es uno de los pasajes más valorados por los historiadores, ya que describe las razas de perros de caza preferidas en el siglo III d.C., mencionando específicamente a los perros espartanos y molosos.
«Cuando el invierno empiece a remitir, elige una perra de casta noble, sea de las tierras de Esparta o de los feroces molosos. Observa que tenga el pecho ancho, las patas rectas y las orejas caídas. No escatimes en su alimento cuando esté gestando, pues de su fuerza nacerá la rapidez de tus futuros perseguidores, capaces de alcanzar al ciervo más veloz en la llanura”.
La doma de los caballos de caza (vv. 265-280)
Nemesiano dedica una parte importante del poema a explicar cómo seleccionar y entrenar a los caballos para que no teman el ruido de la selva ni la presencia de las fieras.
«Busca el caballo que mantenga la cabeza erguida y no se asuste ante el estruendo. Enséñalo a girar con agilidad en espacios estrechos y a obedecer el freno antes que la espuela. Un buen caballo de caza debe ser como el viento: ligero al trote pero firme cuando el jabalí sale de su escondrijo mostrando sus colmillos. Que su lomo sea fuerte para sostener al jinete en el fragor de la carrera”.
DE AUCUPIO (SOBRE LA CAZA DE AVES)
Esta obra se menciona a menudo como perdida o conservada en brevísimos fragmentos de atribución dudosa (a veces llamados Ixeutica).
Fragmento atribuido (De Aucupio):
«Namque ferunt, sicco cum litoris ora recessu candida puniceis interserat alitis ora..”. (Se refiere a la descripción de aves y cómo sus colores se mezclan en la orilla cuando el mar se retira).
El uso del «Viscum» (La Liga o Pegamento)
Este fragmento describe la técnica más común de la época: untar ramas con una sustancia pegajosa para inmovilizar a las aves pequeñas cuando se posan.
«No solo con redes se engaña al volátil habitante del aire. El cazador astuto prepara la vara untada con el jugo viscoso del muérdago. En el silencio del bosque, la rama brilla con el engaño; el ave, buscando descanso para su ala fatigada, se posa y queda presa. Cuanto más lucha por desprenderse, más se entrega al lazo invisible de la liga, hasta que el hombre la toma con su mano”.
La descripción del Faisán y su plumaje
Nemesiano, al igual que en sus otras obras, se detiene a admirar la belleza de la presa antes de describir cómo atraparla. Este pasaje es famoso por su riqueza visual.
«Mira al faisán, que con su cuello de púrpura y oro engaña a los ojos. Camina altivo entre las hierbas, luciendo las manchas de sus plumas que parecen ojos pintados por la mano de la naturaleza. Pero su propia belleza es su ruina, pues el brillo de su cola lo delata entre el verde follaje, indicando al cazador dónde debe tender la sutil red que ha de envolver su vuelo”.
El tiempo de la migración y la observación
Este segmento destaca la importancia de conocer los ciclos de la naturaleza para tener éxito en la caza de aves.
«Cuando el Aquilón (viento del norte) comienza a soplar y las nubes se agolpan, las aves presienten el cambio de estación. Es entonces cuando el observador debe apostarse en los valles. Unas vienen en bandadas cerradas, cortando el aire con sus pechos; otras, más cautas, viajan solas bajo la luz de la luna. Quien conoce el viento y el paso, conoce el momento de desplegar sus artes, pues el hambre y el frío las arrojan hacia las trampas del hombre”.
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