Poemas de Rufo Festo Avieno (poeta romano)

Rufo Festo Avieno

Poemas de Rufo Festo Avieno, poeta latino del siglo IV d.C. cuya relevancia radica en haber preservado fuentes geográficas mucho más antiguas (posiblemente del siglo VI a.C.).

FRAGMENTOS EN EL PODER DE LA PALABRA (EPDLP)

Las Columnas de Hércules

Este pasaje es uno de los más emblemáticos de Avieno, donde describe el límite del mundo conocido con un tono épico y misterioso:

«Aquí se levanta el promontorio que los antiguos llamaron de Estrymnis; su alta cumbre se inclina hacia el Mediodía y el mar que lo baña es el Océano Atlántico. En estas profundidades habitan los monstruos del abismo y el agua parece estancarse, como si el viento temiera soplar sobre un mar que marca el fin de la tierra de los hombres”.

 

La Armonía de los Astros (Aratea / Fenómenos)

En su faceta como traductor de Arato, Avieno incluyó pasajes de gran belleza lírica sobre el orden del universo, muy apreciados en el portal de EPdLP:

«Nada en el cielo ocurre al azar; el Boyero sigue sus pasos lentos tras la Osa, y las Pléyades, aunque pequeñas, anuncian con su brillo el cambio de las estaciones. Es la mano de la divinidad la que tensa las cuerdas de esta lira celeste, para que el hombre, al mirar hacia arriba, aprenda que el tiempo es una danza circular que nunca se detiene”.

 

«ORA MARITIMA» (LA COSTA MARÍTIMA)

Es su obra más famosa y la que más fragmentos traducidos tiene disponibles, ya que es la descripción más antigua de la península ibérica (Hispania).

 

Fragmento sobre el río Guadiana (versos 205-214)

«El río Ana (Guadiana) corre por el país de los Cynetes; más allá se abre un nuevo golfo, la costa describe un arco cuya parte cóncava mira al Mediodía… El Ana se divide en dos brazos. Allí se elevan dos islas: la más pequeña no tiene nombre, la otra ha llevado siempre el de Agonis”.

 

Fragmento sobre el río Ebro e Iberia (versos 248-252)

«Después mana el río Ibero, cuyas aguas fecundan estos lugares. Muchos sostienen que de él han recibido su nombre los Iberos, y no del río que corre por entre los inquietos Vascones..”.

 

Fragmento sobre Tartessos (versos 264-290)

«Pero al río Tarteso, que fluyendo desde el lago Ligustino se derrama por campo abierto y envuelve la isla con su corriente, no lo verás correr por un cauce único… pues por donde rompe la luz del alba, se echa a las campiñas por tres cauces”.

Rufo Festo Avieno

POEMAS MENORES

Sobre sí mismo a la diosa Nortia (De se ad deam Nortiam)

Este poema es una dedicatoria a la diosa etrusca del destino (Nortia), donde Avieno repasa con orgullo su carrera y su familia.

«Festo, de la estirpe de Musonio, vástago de la sangre de Avieno, nacido en la tierra de los vulsinios, vive aquí, habiendo sido dos veces procónsul, y ahora, entregado a las Musas, escribe poemas que no morirán con el tiempo. Nortia, te venero: tú que riges el curso de las vidas, tú que viste a mis antepasados brillar con honor. He tenido una esposa fiel, una casa llena de paz, y el favor de los emperadores no me ha faltado. Ahora, en el invierno de mi vida, solo pido que mis hijos sigan la senda de la virtud que yo mismo tracé, y que mi nombre, grabado en el bronce de mis versos, llegue a los oídos de aquellos que aún no han nacido”.

 

A los amigos, sobre el campo (Ad amicos de agro)

Un poema breve que sigue la tradición del beatus ille, celebrando la vida retirada en su finca rústica lejos del ruido de la ciudad.

«¿Me preguntas qué hago en mi villa de campo? Al amanecer adoro a los dioses, luego recorro mis tierras y asigno a cada siervo su tarea con justicia. Después leo, llamo a las Musas y estudio los astros, pues nada hay más noble que conocer el orden del cielo. Luego el ejercicio fortalece mis miembros antes de la comida; como con sencillez, bebo poco y converso mucho. Al llegar la noche, el sueño me recibe sin deudas ni miedos. Esta es mi vida, amigos: prefiero este silencio a la púrpura”.

 

Sobre el canto de las sirenas (De cantu Sirenum)

En estos versos, Avieno interpreta el mito de las sirenas no como monstruos físicos, sino como una metáfora de los peligros de los placeres mundanos y la importancia del conocimiento.

«No creas que fueron aves con rostro de mujer, ni que sus voces tenían el poder de detener el mar. Las Sirenas son las voces del placer que nos llaman, los deseos que encadenan el alma al cuerpo mortal. Aquel que navega por la vida sin el mástil de la razón acaba naufragando en las rocas de la ignorancia. Ulises se salvó porque escuchó, pero estaba atado; solo el sabio puede conocer la dulzura del mundo sin perder el rumbo hacia su verdadera patria. Pues el canto que ellas entonan no es una música de cuerdas, sino la promesa de un saber que el hombre no puede cargar, una trampa dorada para el que olvida que es solo un viajero”.

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