Poemas de Guillermo IX de Aquitania (poeta occitano)
Guillermo IX de Aquitania (1071–1127) fue el primer trovador conocido en lengua occitana y un influyente noble medieval.
Duque de Aquitania y conde de Poitiers, heredó vastos territorios más extensos que los del propio rey de Francia. Participó en la Primera Cruzada y en conflictos con los condes de Tolosa.
Fue excomulgado dos veces por sus acciones amorosas y políticas. Como poeta, inauguró la lírica trovadoresca, mezclando temas de amor, humor y crítica social. Su legado cultural marcó el inicio de la poesía cortés en Europa, y su linaje influyó en figuras como Leonor de Aquitania
Canto IV
I
Haré un poema de la pura nada.
No tratará de mí ni de otra gente;
no celebrará amor ni juventud
ni cosa alguna,
sino que fue compuesto durmiendo
sobre un caballo.
II
No sé en qué hora nací,
ni estoy alegre ni estoy triste;
no soy huraño ni sociable,
y no puedo hacer otra cosa,
pues así fui de noche predestinado
en una alta montaña.
III
No sé cuándo estoy dormido
ni cuándo velo, si no me lo dicen.
Por poco se me parte el corazón
por un dolor punzante;
pero no le doy el valor de una hormiga,
¡por San Marcial!
IV
Enfermo estoy y temo morir,
y no sé más de eso que lo que oigo decir;
médico buscaré a mi voluntad,
pero no sé si hay uno así.
Si me repongo, buen médico será,
pero no si me empeoro.
V
Amiga tengo y no sé quién es,
pues nunca la vi, a fe mía.
Nada ha hecho que me agrade o me disguste
y no me importa en absoluto,
pues nunca hubo normando ni francés
en mi casa.
VI
Nunca la he visto, pero mucho la amo,
y jamás alcancé de ella favor ni disfavor;
cuando no la veo, me hago indiferente
y no doy a cambio un gallo,
pues sé de otra más gentil y hermosa,
que más vale.
VII
No sé en qué lugar habita,
si en montaña o en llano;
no me atrevo a decir la sinrazón que me hace,
prefiero callarla;
y mucho me pesa que ella aquí quede:
por eso me voy.
VIII
Mi poema está hecho y no sé sobre qué,
y me propongo enviarlo a quien
por medio de otro, lo enviará
de mi parte a Poitou;
le ruego que de su estuche me haga llegar
la contraclave.
Remordimiento por cualquier muerte
«Libre de la memoria y de la esperanza,
ilimitado, abstracto, casi futuro,
el muerto no es un muerto: es la muerte.
Como el Dios de los místicos,
de Quien deben negarse todos los predicados,
el muerto ubicuamente ajeno
no es sino la perdición y ausencia del mundo…»
El mar
«¿Quién es el mar? ¿Quién es aquel violento
y antiguo ser que roe los pilares
de la tierra y es uno y muchos mares
y abismo y resplandor y azar y viento?
Quien lo mira lo ve por vez primera,
siempre. Con el asombro que las cosas
elementales dejan, las hermosas
tardes, la luna, el fuego de una hoguera.»
El remordimiento
«He cometido el peor de los pecados
que un hombre puede cometer. No he sido
feliz. Que los glaciares del olvido
me arrastren y me pierdan, despiadados.
Mis padres me engendraron para el juego
arriesgado y hermoso de la vida,
para la tierra, el agua, el aire, el fuego.
Los defraudé. No fui feliz. Cumplida
no fue su joven voluntad…»

La lluvia
«Bruscamente la tarde se ha aclarado
porque ya cae la lluvia minuciosa.
Cae o cayó. La lluvia es una cosa
que sin duda sucede en el pasado.
Quien la oye caer ha recobrado
el tiempo en que la suerte venturosa
le reveló una flor llamada rosa
y el curioso color del colorado.
Verso – Poema
Puesto que deseo cantar,
Haré un “verso” sobre mi pena:
Ya no serviré más al Amor
En Poitou ni en Limousin.
Me voy a partir hacia el exilio:
En gran temor, en gran peligro.
En guerra dejaré a mi hijo:
Sus vecinos le harán daño.
¡Qué cruel me es alejarme
De mi señorío de Poitiers!
Dejo en guarda a Foucon
Toda la tierra y su primo.
Si Foucon de Angers – ni el rey
De quien tengo mi feudo – no le ayudan,
La mayoría le harán daño:
Felones, Gascones y Angevinos.
Si no es muy prudente y muy valiente,
Cuando yo me haya ido de vosotros,
Pronto lo habrán derribado,
Al verlo tan joven y tan débil.
Si hice daño a mi prójimo,
Clamo misericordia, ¡que me perdone!
Lo ruego a Jesús, el rey del cielo,
En mi romance y en mi latín.
Yo fui todo Gozo y Proeza,
Mas debo dejar ambas cosas,
Y partir ahora hacia Aquel
Donde todos los pecadores hallan la Paz.
Fui buen viviente y alegre,
Mas el Señor ya no lo quiere;
Y me pesa llevar la carga,
Tanto estoy cercano al fin.
He dejado todo lo que amaba:
La caballería y el orgullo…
Todo lo que Dios quiere, lo acepto,
Y le ruego unirme a Él.
Ruego a mis amigos que a mi muerte
Vengan todos y mucho me honren,
Pues conocí gozo y júbilo,
Lejos y cerca, y en mi morada;
Aquí dejo gozo y júbilo
Y armiño, gris y zibellina…
Canción 1
Haré una cancioncilla nueva
Antes que sople, hiele o llueva.
Mi dama me tienta y me prueba
Para saber qué amor me tiene.
A pesar de las penas que me conmueven
No desato sus lazos.
Me entrego a ella y me rindo.
Ella puede inscribirme en sus libros.
No creáis que estoy ebrio,
El deseo de mi
Dama me sostiene.
Sin ella no puedo vivir.
De su amor tengo tan gran hambre.
Sois más blanca que el marfil,
Os adoro y os quiero beber.
Bien quiero morir de muerte negra
Si no hallo socorro de amor verdadero.
Por la cabeza de san Gregorio,
En el lecho o bajo el árbol, ¡un beso!
¿Qué ganaréis, hermosa
Dama, al tenerme lejos de vuestra alma?
No juguéis a la santa mujer.
Sabed, pues tanto os amo,
Que temo duro tormento de lágrimas
Si no escucháis mi clamor.
Me hundiré en padrenuestros
Si no me tenéis por vuestro.
Toda la alegría del mundo es nuestra,
Buena dama, si me amáis.
Te ruego, mi amigo
Daurostre, que cantes estos versos sin bramar.
Pues por ella tengo frío, tiemblo,
Todo amor en ella se reúne.
No hay quien se le asemeje
En la descendencia del padre
Adán.
Canción de placer
En la dulzura del tiempo nuevo
Los bosques reverdecen, los pájaros.
Cada cual en su lenguaje canta
Los versos gratos del renuevo.
Es justo que todo ser busque
Satisfacer su deseo.
Mientras ignoro en verdad
Si nuestros corazones están acordes.
Así sucede con nuestro amor
Como la rama del espino blanco,
Que toda la noche, temblando,
Soporta el frío, la lluvia,
Y al día siguiente viene el sol
Sobre la hoja y el verde ramo.
Recuerdo una hermosa mañana
Donde pusimos fin a la guerra.
Ella me dio el don, aquel día,
De su amor, de su anillo.
Dios quiera que viva bastante
Para pasar mis manos bajo su manto.
Poco me importa lo que se diga
Para empujarme a huir,
Vecina.
Sé lo que valen las palabras
Y cómo van de aquí para allá.
Otros de amor se embriagan,
Yo lo tengo en la carne y en el dardo.
No me llegan del lugar bendito
Ni mensaje ni carta cerrada,
Y mi corazón no duerme ni ríe.
Correr hacia ella no me atrevo.
Pide a sus caballeros que le ayuden a escoger caballo
Caballeros, aconsejadme en esta duda:
—nunca escoger me fue tan difícil—:
No sé si quedarme con [la dama]
Agnes o con [la dama] Arsen.
Sensibilidad enteramente diferente
Con la dulzura de la primavera
bullen los bosques y los pájaros cantan
cada uno en su latín
según el ritmo del nuevo canto:
así conviene que cada uno se regocije
en lo que más desea.
Hablando de amores con mis amigas
Haré un verso sobre absolutamente nada
no será sobre mí ni sobre otra gente,
no será de amor ni de juventud,
ni de nada más,
sino que fue trovado durmiendo
sobre un caballo.
No sé en qué hora nací,
no estoy alegre ni triste,
no soy arisco ni soy sociable,
ni puedo ser de otro modo,
porque fui hechizado una noche
sobre una alta montaña.
No sé cuándo estoy dormido
ni cuando velo, si no me lo dicen,
por poco se me quiebra el corazón
por un cordial dolor
y ello no me importa una hormiga
¡por san Marcial!
Estoy enfermo y temo morirme
y solo sé lo que oigo decir.
Buscare médico a mi capricho,
y no sé de ninguno así;
será buen médico, si puede curarme
pero no si empeoro.
Tengo amiga, no sé quién es,
pues nunca la vi, a fe mía,
no hizo nada que me gustase ni me pesase
y no me importa
porque nunca hubo normando ni francés
dentro de mi casa.
Ab la dolchor del temps novel
Con la dulzura del tiempo nuevo
los bosques se llenan de hojas y los pájaros
cantan, cada uno en su latín,
según el verso del nuevo canto:
Entonces conviene que cada cual
se provea de aquello que más anhela.
Del lugar que considero más bueno y bello
no veo [llegar] mensajero ni misiva,
por lo que mi corazón no duerme ni ríe,
y no me atrevo a seguir adelante
hasta que sepa bien
si el resultado será como yo quiero.
A nuestro amor le ocurre
como a la rama del blanco espino,
que está en el árbol temblando
por la noche, por la lluvia y el hielo,
hasta que al día siguiente el sol se extiende
por las hojas verdes en el ramaje.
Aún me acuerdo de una mañana
en que dimos fin a la guerra,
y que me otorgó una gran dádiva:
su amor y su anillo.
¡ojalá Dios me deje vivir
hasta que ponga las manos bajo su manto!
No me preocupa que extraño latín
me separe de mi Buen Vecino,
porque sé el alcance que tienen las palabras
que se difunden en un breve discurso.
Vayan otros envaneciéndose de su amor:
nosotros tenemos la pieza y el cuchillo.
Canción de despedida del mundo
Ya que me ha venido deseo de cantar
haré un verso, por el que estoy doliente
nunca más seré servidor
en Peitieu ni en Lemosín.
Pues ahora me iré al destierro;
dejaré a mi hijo con gran temor,
en gran peligro y en guerra;
sus vecinos le harán daño.
¡Qué duro me resulta separarme
del señorío de Peiteus!
Dejo a Folcón de Angiers en guardia
de toda la tierra de su primo.
Si no lo socorren Folcón de Angiers
y el rey de quien tengo mi feudo,
todo el mundo le causará daño:
los viles gascones y los angevinos.
Si no se muestra muy avisado y animoso,
en cuanto me separe de vosotros,
lo derribarán muy pronto
al verlo mozo débil.
Pido por piedad a mi compañero:
si fui injusto con él, que me perdone
y rece a Jesús del firmamento
tanto en romance como en latín.
Fui amigo de la bravura y de la alegría,
pero ahora me separo de las dos
y me encaminaré hacia Aquel
junto al cual todos los pecadores hallan reposo
He sido muy jovial y alegre,
pero Nuestro Señor ya no lo permite más:
ahora ya no puedo soportar más la carga,
tan cercano estoy del fin.
He renunciado a todo cuanto solía gustarme:
caballería y orgullo;
y, ya que place a Dios, todo lo acepto
y le ruego que me retenga a su lado.
Ruego a todos mis amigos que, a mi muerte,
vengan todos y me honren mucho,
pues yo he mantenido alegría y regocijo,
cerca, lejos y en mi morada.
Así, renuncio al gozo y al regocijo,
y a los veros, al gris y al armiño.

Camarada, voy a hacer un verso cómodo
Compañeros, haré un verso adecuado:
habrá más necedad que juicio en su trazado,
mezclado irá de amor, de juventud,
y de alegría, sin más virtud.
Y llamad rústico al que no lo entienda,
o no lo aprenda con alma contenta.
Duro es apartarse del dulce amor
cuando se encuentra a su favor.
Tengo dos caballos para mi silla,
valientes, buenos, dignos de la lid,
pero no puedo tenerlos a la vez,
pues uno al otro no quiere ni ver.
Si lograra domarlos a mi gusto,
no usaría otros, ni por un susto.
Montado iría mejor que ninguno
por toda mi vida, por todo el mundo.
Uno fue el más veloz de los montaraçes,
mas lo domina una esquivez salvaje.
Tan díscolo es, tan fiero y tan cruel,
que no se deja poner el ronzal.
El otro fue criado allá en Cofolen,
y nunca vi otro más bello también.
Jamás será cambiado por oro ni plata,
pues su hermosura no se desbarata.
Lo entregué a su amo siendo pollino,
cuando aún pacía por el camino.
Mas me guardé derechos suficientes
para tenerlo más que él, por siempre.
Caballeros, dadme consejo en mis penas,
pues nunca tuve elección tan llena.
No sé si elegir a Agnés o a Arsén,
y el corazón no sabe a quién.
Tengo el castillo y el dominio de Gimel,
y por Niol me enorgullezco también.
Ambos me han dado homenaje y juramento,
y ante el mundo proclamo mi contento.
La Amaré
Haré una nueva canción
Antes de que sople, llueva o se congele:
Mi señora me prueba, me prueba,
Para saber cuánto la amo;
Y no importa cuánto se pelee conmigo,
nunca me rendiré con ella.
Me entrego a ella, me entrego,
ella puede inscribirme en su estatuto;
Y no me abraces
si amo a mi buena dama,
porque sin ella no puedo vivir,
tanto por su amor tengo mucha hambre.
Por ella tiemblo y tiemblo,
¡la amo tanto con tan buen amor!
Nunca creí nacer tan hermoso
en la línea del Señor Adán.
¡Es más blanca que el marfil,
no la amaré !
Pero, si no tengo pronta ayuda,
si mi buena señora no me ama,
moriré, por la cabeza de San Gregorio , ¡
Un beso en la habitación o bajo el árbol!
¿Qué ganarás, bella dama,
si me alejas de tu amor?
Pareces ponerte en una monja,
Pero sé que te amo tanto
Que temo el dolor hiriente
Si no reparas los males de los que me quejo.
¿Qué ganarás si me encierro,
si no me tomas por tuyo?
Toda la alegría del mundo es nuestra,
Señora, si nos amamos,
le pido a mi amigo Daurostre que
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