Poemas de Ausonio (poeta galorromano)
He aquí los Poemas de Ausonio (Décimo Magno Ausonio 310-395 d.C.) destacado poeta y retórico galorromano que alcanzó el consulado tras ser tutor del emperador Graciano. Su obra marca la transición entre el paganismo clásico y el cristianismo.
Maestro de la técnica y la ecfrasis, destacó por su sensibilidad hacia la naturaleza en Mosella y por su afecto familiar en Parentalia. Su estilo, aunque formalista, es pionero en elevar lo cotidiano y el paisaje a temas centrales de la literatura europea.
MOSELLA (EL MOSELA)
Es considerada su obra maestra. Se trata de un poema descriptivo que narra un viaje por el río Mosela, destacando la transparencia de sus aguas y la prosperidad de sus orillas.
Ausonio describe con precisión casi científica los peces del río y la vida de los viticultores y navegantes.
Fragmento (v. 189-195)
«¡Qué gran espectáculo cuando el río refleja las frondosas colinas y el agua parece vestirse de hojas! Toda la vid se estremece en el cristalino caudal y el racimo se hincha en las ondas transparentes. El navegante engañado… cuenta los pámpanos verdes y cree ver en el fondo el color del otoño”.
La descripción de los peces (La Trucha y el Salmón)
Ausonio dedica una sección entera a clasificar las especies que habitan el río, demostrando una observación detallada que mezcla lo poético con lo naturalista.
«Y tú, trucha, de lomo salpicado con gotas purpúreas, que no perdonas el engaño del anzuelo; y el salmón, que con su cola golpea las aguas profundas, luciendo sus escamas de plata que brillan como el acero bajo el sol, mientras su carne, roja como el coral, espera el banquete de los reyes”. — (v. 82-90)
El reflejo de las villas en el agua
En este pasaje, el poeta describe las suntuosas mansiones romanas construidas en las colinas a lo largo del río, resaltando el lujo y la arquitectura de la época.
«¿Qué diré de las mansiones que coronan las altas riberas? Desde sus pórticos se dominan los campos, y sus techos parecen rozar las nubes. Pero lo más bello es ver cómo el río devuelve su imagen: las columnas se hunden en la corriente y las torres parecen descansar sobre el lecho de arena, sin que el agua rompa su perfecta simetría”. — (v. 318-325)
La animación de las orillas (Cosechadores y Navegantes)
Ausonio captura el bullicio humano del valle, mostrando que el Mosela era, ante todo, una arteria económica y social llena de vida.
«Aquí el viñador, fatigado por el sol en la pendiente de la colina, intercambia gritos burlones con el barquero que se desliza por el centro del cauce. Los ecos de sus voces saltan de roca en roca, y el bosque responde con un murmullo, mientras los remeros marcan el compás del viaje con el golpe rítmico de sus palas sobre el cristal del agua”. — (v. 165-170)

PARENTALIA
Una colección de 30 poemas elegíacos dedicados a sus familiares difuntos. Es una obra cargada de afecto personal, algo poco común en la literatura latina rígidamente formal.
Ausonio evoca a sus padres, tíos y esposa, convirtiendo el duelo en un registro histórico de su linaje (la gens ausoniana).
Cita destacada (A su esposa Sabina):
«Todavía te lloro, Sabina, tras treinta años de ausencia… El dolor no envejece con el tiempo; para mi corazón, tu pérdida es tan reciente como el primer día. Fuiste mi juventud, y en mi vejez eres mi amargo recuerdo”.
A su padre, Julio Ausonio (Médico de renombre)
En este poema, Ausonio destaca la integridad ética de su padre, quien ejerció la medicina con una filosofía casi estoica, buscando más la salud del paciente que el lucro personal.
«No buscaste la riqueza mediante el arte de la salud, sino la gratitud de quienes sanaste. Tu vida fue tu mejor receta: sobrio en el comer, comedido en el hablar y con una mente siempre joven bajo las canas. Me enseñaste que la verdadera nobleza no reside en los títulos, sino en vivir sin causar daño a nadie”. — (Parentalia I)
A su tía Julia Idalia
Este fragmento es interesante porque muestra el papel de las mujeres en la familia de Ausonio, destacando virtudes de orden y disciplina, pero también el afecto que le brindó durante su infancia.
«A ti también, tía Idalia, cuya mano fue para mí una segunda madre. Fuiste severa en las costumbres, guardiana de la antigua disciplina del hogar, pero siempre dulce con mis errores de niño. En la lana y el huso encontraste tu descanso, y en el amor a los tuyos, tu única recompensa. Que la tierra de Burdeos te sea leve”. — (Parentalia VI)
A su nieto Pastor (Muerto prematuramente)
Es uno de los poemas más breves y tristes de la colección. Ausonio lamenta la muerte de un niño que llevaba el nombre de su abuelo materno y que no llegó a conocer la vida.
«¡Oh, Pastor!, nombre que prometía una vida entre los campos y la paz. La muerte te arrebató cuando apenas empezabas a balbucear las primeras palabras, dejando a tu abuelo con el corazón lleno de versos amargos. Eres una flor que se marchitó antes de abrirse, un breve suspiro en la larga historia de nuestra estirpe”. — (Parentalia XI)
EPIGRAMMATA (EPIGRAMAS)
Siguiendo la estela de Marcial, Ausonio escribió poemas breves, a veces satíricos y otras veces morales o filosóficos.
Utiliza juegos de palabras y paradojas. Un tema recurrente es la fugacidad del tiempo.
Fragmento (Sobre la rosa)
«Vi las rosas que nacían con la aurora y cómo morían al ponerse el sol. Así es la vida del hombre: apenas abre los ojos a la luz, ya la sombra del destino lo reclama. Corta la rosa, doncella, mientras la flor es joven, pues tu juventud pasará tan rápido como ella”.
El espejo de la belleza (A una mujer que envejece)
En este epigrama, Ausonio utiliza el motivo clásico de la belleza fugaz para reflexionar sobre la verdad que revela el espejo.
«Lais, ya vieja, ofrece su espejo a la diosa Venus: ‘Tómalo, Citeres; pues para qué lo quiero yo? Lo que soy, no quiero verlo; y lo que fui, el cristal no me lo puede devolver’“. — (Epigramma LXV)
Sobre la estatua de un corredor (Ladas)
Este es un ejemplo de su habilidad para la ecfrasis (describir arte). Habla sobre la estatua de Ladas, un famoso corredor griego, tan veloz que se decía que no dejaba huellas en la arena.
«Tal como fuiste al saltar sobre la meta del estadio, Ladas, así te ha esculpido Myron en el bronce vivo. Todo el cuerpo está en tensión, con la esperanza de la palma. ¡Mirad cómo se inclina! Casi podrías creer que el bronce va a saltar y que la estatua va a correr más rápido que el viento”. — (Epigramma XVIII)
La mujer que quería ser joven
Ausonio no evitaba la sátira social y el humor ácido sobre la vanidad y el paso del tiempo.
«Pintas tus cabellos, pero nunca podrás pintar tu vejez, ni alisar las arrugas que surcan tus mejillas. No pongas sobre tu rostro una máscara de color: lo que haces no es maquillarte, sino ponerle una fachada a un edificio que ya está en ruinas”. — (Epigramma CV).
COMMEMORATIO PROFESSORUM BURDIGALENSIUM
En esta obra, Ausonio rinde homenaje a sus antiguos colegas y maestros de la Universidad de Burdeos.
Es un documento histórico invaluable sobre la vida académica y la pedagogía en el siglo IV.
Fragmento (A Dinamio de Burdeos)
«Ni a ti, Dinamio, te privaré de mi triste queja; ciudadano de mi patria y abogado, a quien la fama herida por un crimen de adulterio hizo huir, para acabar enseñando con nombre falso en tierras lejanas de Hispania”.
A Tiberio Victor Minervio (El orador estrella)
Minervio fue el profesor más brillante de Burdeos, comparado por Ausonio con los grandes maestros de Roma y Constantinopla. Destaca su memoria prodigiosa y su fluidez.
«¿Qué memoria no fue la tuya? Parecía que no aprendías las cosas, sino que las recordabas de otra vida. Tenías mil temas en la punta de la lengua y un torrente de palabras que fluía como el cauce de un río lleno, pero siempre limpio. Diste a Roma cientos de discípulos armados con la toga de la elocuencia, y nunca pediste más paga que su éxito”. — (Commemoratio IV)
A Atio Paterno Optatiano (El gramático humilde)
Este fragmento muestra la jerarquía académica de la época. Optatiano no llegó a ser un gran orador, pero su labor paciente sentó las bases para otros.
«Tú, Paterno, que con nombre de padre cuidaste de nuestras primeras letras. No buscaste los aplausos del foro ni las cátedras imperiales; te bastó el rincón silencioso de la escuela y la gramática de los antiguos. Tu vida fue como un camino llano: sin grandes cumbres, pero sin tropiezos, enseñando que la virtud también habita en la sencillez de un maestro de escuela”. — (Commemoratio X)
A Exuperio de Tolosa (El éxito y la ambición)
A diferencia de los anteriores, Exuperio es el ejemplo del profesor que utiliza su talento para escalar posiciones políticas y sociales, terminando su vida con gran riqueza.
«Dejaste Burdeos buscando horizontes más amplios y encontraste en Tolosa la silla de la gloria. Tu voz, resonante como un metal precioso, te llevó de la escuela al palacio. Vestiste la seda y el oro, y aquellos que antes fueron tus alumnos terminaron siendo tus clientes. Nos enseñaste que las letras, bien usadas, son la llave que abre las puertas de los reyes”. — (Commemoratio XVII).
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