Poemas de Domicio Marso (poeta romano)
Poemas de Domicio Marso fue un poeta romano de la época augustea, cercano al círculo de Mecenas, recordado por sus epigramas satíricos, funerarios y políticos, aunque sus obras no se conservan completas.
Epigramas satíricos, funerarios y políticos
I
La ciudad murmura en mármol,
las plazas guardan secretos,
el rumor se vuelve sentencia,
y la sátira es cicuta.
Quien ríe, muerde con hierro,
quien calla, firma epitafios,
la palabra es tumba y espejo.
II
En las calles se cruzan sombras,
mercaderes de gloria y engaño,
los poderosos beben vino,
los pobres mastican silencio.
Un verso corta como lanza,
un epigrama arde en la boca,
la verdad se disfraza de juego.
III
La elegancia no es ornamento,
es filo que hiere sin sangre,
urbanidad que desnuda al tirano,
gracia que humilla al soberbio.
El estilo es arma invisible,
la ciudad se rinde al ingenio,
la sátira corona al poeta.
IV
En las tumbas florece la risa,
epitafios que lloran y muerden,
la muerte se vuelve teatro,
la memoria, un aguijón.
El amigo se honra con versos,
el enemigo se pudre en palabras,
la piedra guarda cicatrices.
V
Las amazonas marchan en sueños,
guerreras de fuego y destino,
sus lanzas atraviesan el mito,
sus voces retumban en mármol.
La epopeya es canto de furia,
la mujer se vuelve ejército,
la historia se curva en su paso.
VI
La sátira es vino amargo,
servido en copas de plata,
los poderosos lo beben sin saber,
los débiles lo brindan con rabia.
Cada sorbo es sentencia,
cada palabra, un veneno,
cada risa, un latigazo.
VII
La ciudad se viste de máscaras,
los senadores fingen virtud,
los jueces venden justicia,
los poetas venden verdad.
En el foro se compra el honor,
en el templo se vende la fe,
en el verso se desnuda el mundo.
VIII
El amigo muerto respira aún,
su nombre arde en la piedra,
su sombra camina en la plaza,
su voz se enciende en el verso.
La elegía es puente de humo,
la memoria, un río de fuego,
la amistad, un epitafio eterno.
IX
El epigrama es cuchillo breve,
entra en la carne del orgullo,
sale con sangre de risa.
No necesita espada ni ejército,
solo siete sílabas de hierro,
solo un guiño de cicuta,
solo un eco que nunca muere.
X
La sátira no pide permiso,
entra en la casa del rico,
se sienta en su mesa de oro,
ríe de su pan y su vino.
El poderoso se cree inmortal,
pero el verso lo vuelve mortal,
la palabra lo entierra en vida.
XI
La ciudad es teatro de sombras,
cada esquina guarda un secreto,
cada estatua oculta un pecado,
cada calle canta un epigrama.
El poeta camina invisible,
su voz es látigo y espejo,
su risa, cicatriz del tiempo.

XII
La política es máscara rota,
el poder, un disfraz de humo,
la gloria, un cadáver vestido.
El verso arranca las caretas,
la sátira desnuda al tirano,
la palabra funda repúblicas,
la risa destruye imperios.
XIII
En el silencio queda la huella,
no del hombre, sino del estilo,
no del nombre, sino del filo.
El epigrama es eternidad breve,
la sátira, memoria de hierro,
la elegía, puente de sombra,
la palabra, tumba y corona.
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