Poemas de Gracio (poeta romano)

Gracio

Gracio, Gratio (o Grattius Faliscus) fue un poeta latino del siglo I a. C., contemporáneo de Ovidio y Virgilio. Su obra más conocida es el poema didáctico «Cinegética» (Cynegeticon liber), del cual se conservan unos 540 hexámetros que tratan sobre el arte de la caza, especialmente sobre el cuidado y las razas de los perros.

Fragmentos destacados de su obra (traducciones basadas en el texto latino original).

El origen de la caza y el papel de la Razón

En el inicio del poema, Gratio explica cómo el ser humano superó a las fieras no por la fuerza, sino por la inteligencia.

«Después, por otro camino más adecuado y con mejor escuela, te tomaron a ti, Razón, para ayudar en sus empresas. De la Razón vino toda su ayuda en la vida: el verdadero orden de las cosas resplandeció… Yo, bajo estos guardianes ordenados —y no sin el canto— para defender nuestra condición humana contra mil bestias, con el canto también proporcionaré armas y seguiré las artes de la caza”.

 

Sobre la elección y crianza de los perros

Gratio dedica gran parte de su obra a describir las cualidades de los perros de caza (especialmente los de Britania, muy valorados en Roma).

«¿Pero qué voy a decir de los perros de los britanos? Si vas a las costas de Morini, batidas por la marea, allí se encuentra un perro de forma poco atractiva, pero por su valor es comparable a los mejores de Grecia. No busques en ellos la belleza, pero sí su olfato y su fiera acometida”.

 

Sobre el entrenamiento (La disciplina del cazador)

El autor enfatiza que incluso un buen perro puede arruinarse sin la instrucción adecuada.

«No dejes que el perro joven se guíe por su propio instinto; enséñale primero a reconocer la voz de su dueño y a no lanzarse ciegamente tras la presa. El arte de la caza es, ante todo, paciencia y orden”.

 

Fragmento sobre las redes y herramientas

Describe los materiales necesarios, destacando que el cazador debe estar preparado para las inclemencias del tiempo.

«Por tanto, ya sea que las corrientes en un valle estrecho o los pantanos perezosos hayan causado daño en la tarea del cazador, o que la lluvia imprevista del cielo haya empapado sus redes, extiéndelas ante las brisas del norte de la serena Hélice o ponlas al humo oscuro para que se aflojen”.

 

Sobre el origen de las razas de perros

Gratio clasifica los perros no solo por su fuerza, sino por su origen geográfico, destacando la diversidad del Imperio:

«No todas las tierras producen lo mismo. Los perros de Umbría son dóciles, pero huyen ante el peligro; el perro de los gelonos es valiente, pero difícil de gobernar. Elige al perro de la Argólida para la velocidad y al de Creta para el rastro. El buen cazador mezcla las razas: así, la audacia de unos corrige la timidez de los otros”.

 

La importancia del collar y los arreos

El autor dedica versos a la importancia de proteger al animal para que no sufra innecesariamente en la maleza:

«Que el collar no apriete el cuello ni sea tan holgado que se pierda entre las zarzas. Únelo con hierro ligero o cuero de buey curtido al sol. Y para aquellos perros que se enfrentan al jabalí colmilludo, asegúrate de proteger sus pechos con bandas tachonadas, pues la fiera no perdona el descuido”.

 

El cuidado de los cachorros

Gratio ofrece consejos casi paternales sobre cómo tratar a la nueva camada de cazadores:

«Cuando la madre, agotada tras el parto, entregue a sus hijos a la luz, no los fuerces pronto al campo. Deja que el tiempo fortalezca sus patas y que la leche materna les dé el fuego necesario. Observa cuál de ellos levanta primero la cabeza ante un ruido extraño: ese será el líder de tu jauría en los años venideros”.

Gracio

La lucha contra el jabalí

Este es uno de los pasajes más dinámicos del poema, donde describe la tensión de la caza mayor:

«Mira cómo el jabalí, con las cerdas erizadas y los ojos encendidos en odio, aguarda en la espesura. El perro no debe atacar de frente con locura, sino acosar por los flancos, distrayendo a la fiera con ladridos constantes hasta que el cazador, con el brazo firme y la lanza de fresno, encuentre el momento de dar el golpe final”.

 

Remedios contra las enfermedades

Como poema didáctico, también incluye conocimientos de medicina veterinaria de la época:

«Si la sarna o el fuego interno atacan a tus compañeros fieles, no desesperes. Mezcla el betún líquido con el aceite de las olivas amargas y frota sus heridas bajo el sol de la tarde. El agua clara de los arroyos y el descanso sobre paja seca son, a menudo, los mejores aliados para que el perro recupere su antiguo vigor”.

 

La gratitud hacia el perro anciano

En un tono más melancólico, Gratio pide respeto para los perros que ya no pueden cazar:

«Cuando los años pesen sobre sus patas y la vista se nuble, no olvides los servicios prestados en los bosques de tu juventud. El perro viejo, aunque ya no corra tras la liebre, merece su rincón junto al fuego y el pan del amo. Su memoria aún sueña con la caza, y en sus ladridos dormidos late todavía el espíritu de las selvas”.

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