Poemas de Pacuvio (poeta romano)
Poemas de Pacuvio (220–130 a. C.) fue uno de los grandes dramaturgos de la literatura latina, considerado el principal representante de la tragedia romana arcaica. Discípulo y sobrino de Ennio, cultivó piezas inspiradas en mitos griegos, adaptándolos con un estilo solemne y filosófico.
Entre sus obras destacan Antiope, Iliona, Hermiona y Armorum iudicium, que exploran dilemas de destino, justicia y venganza. Aunque solo se conservan fragmentos, su influencia fue decisiva en la tradición trágica romana.
Cabe señalar que los textos de Pacuvio, como todo material literario clásico, están protegidos por derechos de autor en sus ediciones modernas y traducciones.
Epitafio
«Hombre joven, aunque tienes prisa, esta piedra te pregunta
para verlo, para leer lo que está escrito.
Aquí están colocados el poeta Pacuvius Marcus
huesos. Quería que supieras esto. Adiós».
Antiope
Madre errante, desgarrada por tormento,
la sombra la persigue, el odio la cerca,
pero dos astros nacen de su vientre:
Anfión y Zeto, gemelos de destino,
levantan muros con canto y con fuerza,
y la salvan del hierro y del desprecio.
La madre al fin respira entre sus hijos,
la tierra vibra con su nueva armonía,
la música erige murallas eternas,
la justicia se alza en manos gemelas,
y el dolor se convierte en memoria,
cuando el amor rescata lo perdido.
Armorum iudicium
Ante las armas del héroe caído,
dos voces se alzan en áspera disputa:
Áyax, la fuerza, reclama su derecho,
Ulises, la astucia, teje su palabra,
y las armas de Aquiles, aún ardientes,
esperan dueño en la balanza del honor.
El juicio divide a los héroes del campo,
la gloria se mide en sangre y en engaño,
la palabra vence al músculo desnudo,
y la victoria se viste de engaños,
pues no siempre el acero más brillante
corona al más digno de los mortales.
Chryses
Orestes y Pílades, unidos en destino,
se miran al filo del sacrificio,
¿quién será más valiente ante la muerte?
El sacerdote de Apolo escucha en silencio,
la verdad se mide en el pulso del alma,
y la amistad se prueba en fuego eterno.
El miedo se disuelve en palabras ardientes,
la sangre promete fidelidad sin límites,
la valentía no es huir del abismo,
sino abrazar la sombra con firmeza,
y en la elección de morir por el otro
se revela la fuerza de lo humano.

Dulorestes
Orestes se cubre con harapos de esclavo,
su mirada arde bajo el disfraz sombrío,
Clitemnestra y Egisto, culpables de sangre,
no ven al hijo que acecha en silencio,
la venganza madura como hierro oculto,
y el esclavo es rey en su secreto.
El engaño es máscara de justicia,
la servidumbre oculta la corona,
la mano que limpia será la que hiere,
y el hijo vengará al padre caído,
pues bajo el polvo de la humillación
se enciende la llama de la memoria.
Hermione
Hija de Helena, prenda de dos destinos,
Hermíone se debate entre promesas rotas,
Orestes la reclama como esposa fiel,
pero Neoptólemo la toma por fuerza,
y el corazón se quiebra en su prisión,
como un cristal entre manos ajenas.
El amor se convierte en campo de guerra,
la sangre de Troya aún tiñe los lazos,
Hermíone llora su destino robado,
la promesa rota se vuelve tragedia,
y en su nombre resuena la discordia
que nunca abandona a los hijos de Helena.
Ilione
Ilione, hija de Príamo, madre doliente,
cambia destinos en la cuna del engaño,
su hijo se viste con nombre prestado,
Polidoro se salva bajo el disfraz,
pero el esposo, aliado de los griegos,
hiere al propio fruto de su sangre.
El llanto resuena en las torres de Troya,
la madre contempla la ruina de su astucia,
la guerra devora incluso la inocencia,
y el sacrificio se vuelve maldición,
pues quien quiso salvar al hermano amado
perdió al hijo en la sombra del error.
Niptra
Ulises regresa, disfrazado de extraño,
la nodriza le lava los pies cansados,
y en el agua se revela la verdad,
el héroe oculto vuelve a su morada,
pero la tragedia aguarda en silencio,
pues Telégono ignora a su propio padre.
El hijo hiere al padre sin saberlo,
la sangre une lo que el hierro separa,
la verdad llega tarde, como un relámpago,
y el baño se convierte en tumba amarga,
pues Ítaca recibe a su rey oculto
solo para perderlo en manos del destino.
Teucer
Teucro regresa con sombra en el rostro,
sin Áyax, su hermano, la gloria se quiebra,
el padre lo condena al duro destierro,
la patria se niega a abrazar su retorno,
y el héroe se convierte en errante,
cargando la culpa de la ausencia.
El exilio es hierro más cruel que la lanza,
la tierra natal se vuelve enemiga,
Teucro camina bajo cielos ajenos,
su nombre se arrastra por mares lejanos,
y en cada puerto recuerda la herida
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