Poemas de Conrado de Würzburg (poeta alemán)

Poemas de Conrado de Würzburg

Poemas de Conrado de Würzburg (c.1220–1287), uno de los más destacados poetas alemanes del siglo XIII, representante del movimiento de los Minnesinger. Nacido probablemente en Würzburg y fallecido en Basilea, no pertenecía a la nobleza, lo que lo distinguió de muchos contemporáneos.

Su obra, abundante y variada, incluye leyendas cristianas (Alexius, Silvester, Pantaleon), alegorías como Der Welt Lohn y panegíricos como Die goldene Schmiede.

Compuso extensas epopeyas (Der trojanische Krieg, Partenopier und Meliur) y romances breves (Engelhart und Engeltrut, Das Herzemaere). Su estilo, influido por Gottfried von Strassburg, se caracteriza por claridad, riqueza métrica y equilibrio entre mística y poesía

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Dios poderoso, lo que envías

Dios poderoso, lo que envías,
maravillas sin medida ni fin;
bajo el techo del cielo miras,
y a través del infierno fulgente sin.

¡Ay, cómo con fuerza dominas,
tu omnipotencia nunca se extinguirá!
Cuando a tu designio te inclinas,
y al final todo bajo ti quedará.

Tu majestad en un nudo se ata,
la Trinidad se enlaza y guía;
su firme eternidad se enlaza,
tejida en diferencia y armonía.

Concédenos del corazón la gracia,
la dulzura de un amor verdadero;
tú llevaste antaño la cabellera cana,
mas otro resplandor se prepara ligero.

Señor sabio, fuiste gris,
ahora te adorna un rostro humano;
cuando tu imagen se hizo sutil,
se vistió de carne y de mano.

Fluyó hacia nosotros tu miel divina,
cuando la barca en nuestra vida creció;
de su lugar señal diste arriba,
y no nos hiera su filo agudo.

Nos ayudará el Altísimo,
pues llevas signo humano;
te vistió un manto del Espíritu,
con peine divino en la doncella buena.

El “Ave” ardió como brasa,
inflamó su corazón puro;
y por esa palabra sagrada,
te concibió sin quebranto alguno.

Tu saludo entró por sus oídos,
del ángel resonó su voz;
y tú dejaste sin dudas,
que ella fuese tu nodriza.

Tu poder múltiple y vasto,
se formó en su cuerpo casto;
como el sol en vidrio entero,
tu luz brilló en su ser sincero.

Así pintó la Virgen tu figura,
pues su ánimo limpio y bueno,
con fervor alto te unió a carne y sangre,
su noble corazón, como sol puro,
se hizo templo donde entró el Padre y el Espíritu,
y el Hijo tomó forma en su imagen bella.

Tu figura fue estampada,
en su forma casta como sello,
para vencer al demonio,
que se encogía como erizo,
y en fuego ardía su fragua,
queriendo sofocarnos con humo,
mas fue atrapado en cerrojo de pena.

Señor, por tu sangre santa,
apagaste el pecado y su ley;
tu ojo guardó a los pobres,
como el avestruz su huevo protege,
como el león cuida su cría,
con rugido y fuerza viva;
así en la cruz rompiste,
las cadenas de la muerte con tu voz.

 

Venus, la noble, se ha dormido

Venus, la noble, se ha dormido,
que antaño elegía alto amor;
por ello claman muchas damas,
pues de su ayuda se privó.

Su dulce amor se oculta,
su cuerpo lleno de ternura,
y toda alegría se retira
por la ira de señores crueles.

Muchos han quedado ciegos de amor,
y en sus viajes lo han perdido;
ovejas y ganado, piel y corteza,
eso llaman amor quienes lo buscan.

Marte se alza en la tierra,
el dios salvaje del combate;
arrastra con robo y con fuego,
y el amor se vuelve amargo.

Lo que antes era dulce y claro,
ahora es riña y discordia;
mucho pesar traen sus lazos,
y el señor de guerra lo reclama.

Robo y fuego ejercitan,
pues él destruye el dulce amor;
las mujeres puras se entristecen,
aunque formadas para la ternura.

Venus, gran reina poderosa,
despierta, pues una dama espera;
tu hijo Amor aguarda tu fuerza,
y juntos marchan hacia la guerra.

Lanza tu fuego y tu chispa
en sus corazones con poder,
que quienes siembran maravillas de guerra
sean vencidos por lazos de amor.

Haz que su pena se disuelva,
que sus corazones ardan en llama,
hasta que comprendan y se rindan
al dulce don de la ternura.

Entonces el amor dará fruto,
el ánimo se elevará siempre,
y la alegría se ensanchará
donde reine la fuerza del cariño.

Así cantarán y saltarán
jóvenes y viejos con gozo;
sus corazones del dolor se apartarán
por el poder de la dulzura.

Las coronas y guirnaldas
serán de nuevo queridas,
los juegos y las danzas
volverán a la gente.

Robo y fuego se apagarán,
cuando el amor sea conocido;
las mujeres serán consoladas,
y sus penas hallarán remedio.

Este canto os ha traído
Kunze de Wurzburgo;
él desea que de su lengua
nunca se pierda la rima.

 

Ahora llega el dulce mayo

Ahora llega el dulce mayo,
dicha y honra de muchos cantos;
flores rojas, doradas y blancas
brotan sobre la hierba verde,
y junto a ellas los pajarillos cantan
su alegre y jubiloso canto.
La llanura resuena,
el bosque encantado sonríe,
del negro espino brota
sangre blanca en mil formas.

Dichoso el hombre que con su amada
pasa este verano en compañía,
pues recibe la gracia del amor.
¡Ay, cómo se disipa su pena,
cuando encuentra según su deseo
todo lo que su corazón anhela!
La bondad de la mujer pura
supera todas las flores de mayo,
alegra el ánimo del hombre,
pues son remedio contra la tristeza.

Quien quiera librar su corazón
de las penas, debe mirar
a la mujer pura y buena;
si allí no halla dicha ni honra,
no busque nunca más alegría,
pues en ningún lugar la hallará.
Las mujeres son sin engaño,
como un brote de mayo lleno de gozo;
bajo sus ojos descansa
el paraíso de todas las alegrías.

 

Muchas imágenes de gozo

Muchas imágenes de gozo
ha creado mayo con su llegada;
ved cómo el campo florecido
se cubre de colores brillantes.
El bosque se viste de maravilla,
bajo él suenan dulces cantos,
multitud de voces diversas
entonan los pajarillos.

Tiempo de verano,
da alegría,
y consejo encantado;
¡ay, cuánta dicha tiene ahora
quien vive cerca del amor!

Mayo cura la tristeza
con rica recompensa;
montes y valles adornados
resuenan con dulces sonidos,
muchos ruiseñores salvajes.
Violetas azules, hierbas verdes,
girasoles dorados,
y rosas rojas,
tan bellas como nunca,
se ven brotar por doquier.

Tiempo de verano,
da alegría,
y consejo encantado;
¡ay, cuánta dicha tiene ahora
quien vive cerca del amor!

Dichoso aquel que ahora ama
a una mujer feliz,
junto a tantas maravillas buenas;
su cuerpo gana gran alegría,
el amor hace bien al corazón.
Donde brillan los ojos claros,
los árboles florecidos traen,
y a los oídos cantan
los pajarillos;
allí se alegra el ánimo del amante.

Tiempo de verano,
da alegría,
y consejo encantado;
¡ay, cuánta dicha tiene ahora
quien vive cerca del amor!

 

Iarlanc sobre la amplia pradera

Iarlanc sobre la amplia pradera,
se marchitan las rosas rojas brillantes;
eso es dolor para muchos corazones,
pues por amor sufren penas.
El ánimo del hombre, cercano al deseo,
se entristece cuando la nieve fría
marchita flores y hierbas.

El corazón del amante se fatiga,
se llena de desventura,
cuando el tilo pierde su vestido,
se marchita y cae al suelo.
El pesar del amante,
lo puede aliviar un mensajero fiel,
cuando el bosque se desnuda
y los vientos lo golpean.

Vosotras, mujeres puras y buenas,
sed halladas tan nobles,
que vuestro constante amor de amiga
haga alegre el ánimo.
Vuestra bondad y alto espíritu
deben traer consuelo al hombre fiel,
que sufre gran pesar por vos.

 

Iarlanc se separa

Iarlanc se separa,
cuando el tilo
de su vestido verde tan ligero
queda desnudo y sin ornato;
en la pradera, por el viento,
la alegría se convierte en pena
para la gente que mayo traía.
Mi corazón se queja de la necesidad,
no tanto por culpa propia,
sino porque la gracia de mi dama
me obliga y me lleva a la tristeza.

Comparo a mi señora
con rosas en los prados,
que el claro mayo deja crecer,
hermosas, allí florecen,
y en ricos colores brillan con belleza,
aunque pronto tienen su fin.
Así como el resplandor de la flor
ante el bosque se marchita,
tan rápido se oscurece y se apaga
mi amada dama.

Vosotras, dulces mujeres de amor,
mi pena debe aún dentro y fuera
no hallar ningún alivio;
la tristeza castiga mi ánimo,
pues vuestros saludos sin alegría
me hieren con extraña dicha.
Vuestra recompensa está llena de dolor,
y vuestro final muy triste;
los desvíos pueden enseñar
cómo debo serviros.

 

Mirad el tiempo dichoso

Mirad el tiempo dichoso,
que con gracia brillante
trae sombreros de rosas doradas
y viste la pradera de colores claros.
De la flor de mayo brota
alegre ánimo juvenil,
ornando el campo y el valle verde,
donde el ruiseñor amado
y la alondra salvaje
resuenan con canto sin igual.

Sangre de mayo,
ánimo elevado,
al corazón envía
pensamientos llenos de amor.

Florecido y bello está el llano,
de él quiero hablar;
desde la peña cerrada
brotan fuentes sonoras.
Se ve sobre la hierba verde
girasoles dorados,
junto a las rosas rojas
brillan violetas azules.
Del espino negro sonríe
blanca sangre en mil formas;
el bosque porta seis colores,
cruje con hojas y ramas,
y viste con ornato
sus ropas bien formadas.

Sangre de mayo,
ánimo elevado,
al corazón envía
pensamientos llenos de amor.

Dichoso el hombre que ahora está
alegre por el amor de mujer;
para él, dentro y fuera,
mucho gozo se prepara.
Pues el ramaje de los árboles
verdece con esperanza,
y su ánimo se llena
de gran contento.
Piensa en su amada querida,
evita penas y tormentos,
cuando la flor le regala su brillo dorado
a sus ojos,
y la alondra canta
en sus oídos.

Sangre de mayo,
ánimo elevado,
al corazón envía
pensamientos llenos de amor.

 

El verano se retira

El verano se retira,
con pena su honra se debilita;
praderas y campos se entristecen,
el bosque pierde su vestido,
muchas flores se marchitan
en la amplia llanura clara.
El invierno, con su burla,
trae maravillas de dolor;
sus dones hermosos se apagan,
y entristece el ánimo noble.

Quien ahora alegre permanece
por el amor de mujer,
arroja la tristeza lejos,
pues las damas son mejor que mayo.
Las mujeres, sin engaño,
dan a los ojos gran ganancia,
más que todas las flores juntas.
Su ternura puede significar
más dulzura que el canto de aves;
ellas, sin hiel, nos liberan,
y con su saludo puro
alegran los corazones.

Yo quiero saludar
a mi dulce amiga fiel,
pues su amor disipa penas
y amarga desventura.
El amor con ella, aunque duro,
se endulza y hace débil la tristeza.
El amor de mujer guía el ánimo,
con ganancia quiere aumentar la alegría;
el amor enseña gran honra,
y su siervo fiel
ella cura con suave medicina.

 

Mayo viste el bosque verde

Mayo viste el bosque verde
con toda su bondad;
resplandece con belleza,
jóvenes y viejos se alegran
sin pesar,
pues de la flor del árbol
los pajarillos
cantan dulces canciones de verano.
Allí se ve aún más gozo:
flores rojas, doradas y blancas
brotan en el rocío sobre la hierba verde.
Mayo trae ánimo elevado,
y con ello la tristeza se disipa por el buen amor.

El invierno se burla,
queridos hijos,
ahora se ve la pradera
florecida y hermosa;
bellas hojas y hierbas
han nacido,
nadie debe atarse a la pena.
El campo se ha vestido
con espléndidos colores;
quien con decoro alegre sea,
puede ser digno del amor.
Mayo trae ánimo elevado,
y con ello la tristeza se disipa por el buen amor.

Se deleitan hombres y mujeres,
el amor es para los jóvenes
remedio contra la tristeza.
Su ayuda puede sanar
el cuerpo herido,
el tierno abrazo
suavemente lo hace.
El amor de dos amantes da
dulce y dichoso consejo,
cuando el bosque adornado está
con hojas y con muchos cantos.
Mayo trae ánimo elevado,
y con ello la tristeza se disipa por el buen amor.

 

Iarlanc quiere que el tilo

Iarlanc quiere que el tilo
rápido se marchite
por el dolor de la nieve fría;
la compañía de mayo,
por los vientos agudos,
se entristece como antes.
El campo silvestre se reseca,
la alegría se apaga,
del prado se sueltan
flores y hierbas arrancadas.

Quien yace en el amor
ligero se conmueve,
el hermoso tiempo de verano
cultiva brillante alegría;
pues su corazón cargado
se abre hacia ánimo ancho.
El arte del amor,
el gozo puede aumentar,
por la honra de mayo
que nos da flores luminosas.

Se deben mirar
mujeres puras más que flores,
pues en ellas habitan virtudes.
¿Cómo podrían en los prados
las flores siempre alegrar,
si ellas son mejor que la tristeza?
El saludo de mujeres,
más que de hombres,
puede con ganancia
hacer del corazón herido
un ánimo libre de toda pena.

 

Pradera, campo, monte y valle

Pradera, campo, monte y valle
se hallan adornados por doquier
con la flor de los árboles,
vestidos con hermosura.
Escuchad al ruiseñor,
suena dulce sin medida;
la bondad de mayo
alegra su ánimo,
puede cantar fuerte como antes,
hasta que la pradera resuene.
Muchas flores entre la hierba
se abren sin pesar,
sonríen hacia el sol
con diversidad plena.
Sangre de mayo, cuerpo del hombre,
alegre obra, mujer amada,
consuela su ánimo.

Mayo, tiempo dichoso,
en el claro campo extenso,
con flores compartidas
se muestra hermoso.
Quien ahora vive cerca del amor,
¡ay, cómo sana toda lucha
con alegría abundante!
El amor disuelve muchas penas,
y el bosque promete firme,
la pradera bien formada
resplandece en su juego.
Sangre de mayo, cuerpo del hombre,
alegre obra, mujer amada,
consuela su ánimo.

Las mujeres son buenas, dulces y sabias,
portan la corona de virtud pura;
por su amor el corazón del hombre
se llena de vida.
Las mujeres son fuente de salud,
paraíso de toda alegría;
de sus ojos brillantes
florece y juega la dicha.
Quien no puede gozar
del vínculo de su amor,
muere, y ellas viven,
alegría sobre la tierra.
Las mujeres tienen todo gozo,
con consuelo más allá del tiempo.
Sangre de mayo, cuerpo del hombre,
alegre obra, mujer amada,
consuela su ánimo.

 

Mirad cómo la pradera se marchita

Mirad cómo la pradera se marchita,
flores claras y hierbas
han perdido su dorado y su hermoso brillo;
el bosque se viste de un manto oscuro,
que antes estaba cubierto de hojas verdes.
Muchos rosales y espinos,
que adornaban con belleza el campo,
ahora han perdido su follaje.
Sus sonidos son extraños y salvajes,
el canto del amado ruiseñor,
que por dulce voz ha escogido la tristeza.

No lamente el hombre lirios ni rosas,
ni los pequeños pajarillos;
quien con amor sincero
cultiva alegre compañía,
olvida bien el paso del tiempo.
Si yace junto al abrazo,
cercano y dichoso en estas largas noches,
le es mejor que si cortara violetas.
Pues se debe alabar a la mujer más que a las flores;
quien no confía en la palabra fiel de dama,
quiere en sí mismo perderse,
desdichado el hombre que no honra
la bondad elevada de la mujer.

Alabemos a las amadas mujeres,
más que la sangre clara de mayo
y más que el canto de los pequeños pájaros silvestres.
Su gesto, su risa y su hermosura
curan mi ánimo enfermo,
mejor que todas las flores rojas, doradas y blancas.
Las mujeres son más preciosas que piedras,
más que plata y oro;
en la tierra nunca hubo nada tan puro
como el tesoro de la dulce mujer.
Dichoso quien recibe su suave abrazo fiel.

 

Iarlanc se alegra con el tilo verde

Iarlanc se alegra con el tilo verde,
con hojas y flores buenas;
maravillosa sangre de mayo,
que antes llenaba el mundo.
Prefiero, entre flores claras del tilo,
bañarme en el rocío fresco,
más que en furiosas corrientes
que ahora corren desnudas bajo los pies.
Me hieren los fríos y agudos vientos,
el invierno trae su pesar;
por ello mi ánimo se llena de cuidado,
aunque mi corazón apenas sufre,
pues la alegría de los pajarillos se apaga.

¡Ay, que el amor no me cure pronto
las heridas que llevo!
Estoy herido por ella,
que ahora me haga sano.
La tristeza larga y ancha
me cuenta cada hora;
cuando me llega la fortuna,
encuentro la salud,
pues ella me viste de alegría brillante.
El dolor no dura mucho en mí,
su vestido alivia mi ánimo,
nunca hubo manto tan verdadero
como el que me da la gracia de su amor.

Mundo, si quieres adornarte con belleza,
da a tus hijos consejo:
que no los hieran los vientos,
sino que reciban mi consejo.
Quien con constancia te sirve en hermosura,
ayúdalo a atar sus penas,
y dale consejo en tu tesoro.
Mujeres puras, ese consejo yo llamo virtud:
ánimo y decoro son su vestido.
Quien ellas visten con su ánimo puro,
lleva un manto noble y bueno;
por eso nunca me aparto
del servicio que ellas me ofrecen.

 

Cuando la clara aurora roja

Cuando la clara aurora roja
penetró por el verde seto,
y los pajarillos cantaban,
un vigía llamó desde las almenas:
quien sufre de necesidad amorosa,
y yace vencido en el corazón de amor,
que despierte y parta pronto,
pues debe separarse a tiempo del amado.
A menudo la demora causa pena
al amigo que yace demasiado cerca;
si no quiere partir pronto,
debe guardar su honor y su razón.

De aquella voz una dama buena
comenzó a llorar y entristecerse,
su corazón se llenó de lamentos;
habló a su amado con labios rojos:
“Querido, fiel sangre de mi corazón,
mi consuelo sobre todos los vecinos,
la alegría debe serme amarga,
tu partida me hiere hasta el fondo.
El amor es de ánimo extraño,
a menudo convierte lo bueno en malo,
lo que hace por amor a muchos,
se prueba en mí con gran dolor.
La pena me ha vencido,
y tras la alegría me pesa la hora.”

Con estas palabras y así,
se abrazaron con dolor,
los dos amantes,
el día les enseñó necesidad y miedo.
Muchos dulces besos de corazón
recibieron en el prado del amor,
a menudo en secreto;
después su tristeza aumentó.
El huésped dio la bendición matinal,
el amor se volvió con pena,
su ánimo elevado quedó abatido,
la preocupación tensó su espíritu,
la alegría fue desterrada,
y el caballero partió triste.

 

Veo la estrella de la mañana brillar

Veo la estrella de la mañana brillar,
llamó un vigía desde lo alto;
quien según su corazón elige,
aquí el amor sin engaño,
en la sala debe partir a tiempo,
pues el amor que yace cercano
pronto exige separación.
En las ramas incontables
muchos ruiseñores salvajes
entonan fuerte sin medida,
anuncian el día en los bosques.
Su canto advierte a los amantes,
que deben marchar antes
de que el palacio se ilumine
con el alegre rojo del amanecer.
La separación del amor
parece peor que la muerte amarga.

Una dama hermosa, por la voz,
se estremeció profundamente,
pues el amor estaba cerca.
Su pena hirió hasta el fondo,
y habló la pura con lamento:
“¡Ay, debo sufrir de nuevo!
El pago del amor es tan cruel,
bien lo reconozco,
pues su alegría es para mí un golpe.
Desde que tu brillo me ilumina,
el día me roba mi amado.
Eres como un ladrón de salud,
que destruye mi fortuna
con desdicha y pena.
Cuando escucho nombrar la mañana,
mi ánimo se oculta.
Compañero puro, a quien debo
toda mi fidelidad,
despierta y parte de mí,
pues el día avanza
y trae dolor que me hiere en el amor,
y marca mi corazón con pena.”

El caballero valiente,
liberado de la pena,
se inclinó hacia la hermosa.
Habló con el corazón:
“Enséñame, pues el dolor me instruye,
que yo, por necesidad,
yacería en la muerte de gran gozo.
Mi alegría verde se marchita,
aunque debo dejarte.
Corazón consolador, dime:
¿cómo vivir en la tierra,
si debo esperar demasiado
tu saludo y tu gracia?
Prométeme que volveré a ti,
aunque la mañana nos robe la dicha.
Déjame recostarme un poco más cerca,
en tus brazos, mujer pura y feliz,
y acerca tu cuerpo al mío,
para aliviar mis penas del corazón.
Abrázame y dame un beso,
con ello me separo de ti.”

 

La pradera con su vestido

La pradera con su vestido
se adorna sin pesar,
mayo nos trae alegrías,
hermosos sonidos,
los pájaros cantan como antes.
Entre la hierba
brotan muchas flores claras,
el bosque bajo su follaje
lleva maravillas,
el campo silvestre porta
rosas rojas,
juego de muchos corazones.

Saludos dulces deben llenar el tiempo,
pues él da
mucho gozo en todo lugar.
El amor alegra los sentidos
como la pradera extensa,
bella se muestra.
Las mujeres pueden sanar la tristeza,
pues su amor trae alegría al hombre,
cuando la hierba verde crece
y flores rojas, doradas y blancas.

Mirad, las damas deben ser alabadas
más que las rosas rojas;
su amor puro
cura la necesidad del hombre.
El amor fiel de la mujer
es siempre mandato para el hombre;
sin mujer amorosa,
la alegría muere.
Quien no recibe el consuelo
de una mujer hermosa,
queda sin recompensa.
Las mujeres disipan las penas del hombre.

 

Iarlanc quiere que la pradera, con pena

Iarlanc quiere que la pradera, con pena,
florezca y se abra,
claras flores llenas de encanto,
que el dulce mayo trae consigo.
El bosque pierde su vestido,
las hojas verdes se desprenden,
el frío lo obliga,
y la nieve con temor lo ata.
La alondra, el ruiseñor,
el mirlo y el jilguero,
cantaban juntos dulcemente,
pero ahora callan por doquier;
muchos sonidos alegres
ha desterrado el invierno frío.

Quien con mujeres amadas
pasa la larga estación invernal,
¡ay, cuánta dicha recibe!
El amor junto a las dulces damas
escribe en su corazón
ganancia y alegría en toda lucha.
¿Dónde se debe mirar flores claras,
o escuchar canto de aves,
si no en el abrazo femenino?
Dios en su coro celestial
ha puesto su pensamiento:
mujeres puras en todo lugar
creó para dar al hombre consuelo y virtud.

Yo quiero pedir un don,
mujer hermosa y fructífera,
que vuestro noble amor bueno
no sea oído como cosa vana.
Como un sello firme,
quien posee ánimo rico en virtud
será siempre guardado.
Alabado sea el dulce amor de mujer.
Quien no puede honrarlo,
¿cómo podrá la comunidad
conocer a la mujer pura y fiel?
El hombre injusto nunca ganó
amor verdadero desde el fondo,
pues su engaño solo trae
penas y lamentos.

 

La generosidad adorna el noble ánimo

La generosidad adorna el noble ánimo,
como el oro embellece las piedras preciosas.
La generosidad calma vicios y pecados,
la generosidad puede aumentar riquezas,
la generosidad eleva al hombre humilde,
la generosidad protege bien en los oídos de la mujer.

El favor de la gente compra la generosidad,
y también la gracia de Dios.
Sabed que la generosidad
lleva el espejo de la más alta honra:
la generosidad es el sobreoro
de todas las virtudes.

 

Considera una juventud noble

Considera una juventud noble,
cuyo corazón rico en virtud
ennoblece más que todos los amigos en la tierra.
Quien es de linaje elevado,
y vive junto a virtudes nobles,
puede hacer que su nobleza sea escogida.

Una nobleza de virtudes
y una nobleza de conocimiento:
quien lleva ambas juntas,
sin cambio ni engaño,
ese posee la más alta dicha de honor.

 

Al zorro habló un mono

Al zorro habló un mono:
“Amigo, mi trasero no tiene techo,
dame por ello un poco de tu cola,
que solo se arrastra en el estiércol.”
“No”, dijo el zorro, “aunque sea larga,
quiero llevarla toda mi vida.
Hago como el avaro,
que en cofres y en la tierra
esconde su rica hacienda,
antes de que la disfrute,
y deja al pobre su pesar sin remedio.”

 

Un león miró un espejo

Un león miró un espejo,
y de ello quedó sin dominio,
pues sintió en la fuerza de su imagen
que su propio cuidado lo obligaba.
El reflejo le devolvió su herida,
y así perdió su maestría.

Esto significa:
cuando un señor contempla demasiado su espejo de honor,
si no puede reconocer en él
que su consejero no le sirve,
entonces desprecia su enseñanza enferma.

 

Yo debería cantar de las rosas rojas

Yo debería cantar de las rosas rojas
y de la bondad de mayo,
que con su flor adorna el bosque silvestre.
Mas otra necesidad me obliga,
que con mi canto
no puedo alabar las flores claras y hermosas.
Debo reprender a los ricos desvergonzados,
sin virtud,
que se han encerrado en la vergüenza.
No quiero hablar
de las rosas sobre la pradera verde.

Del mejor vino se hace agrio vinagre
cuando se vuelve;
este ejemplo me enseña
que yo también me amargo.
Aunque aparezca bueno,
mi ánimo se inclina
hacia voluntad perversa,
como el animal salvaje.
Los árboles se marchitan
y su gozo se entristece;
así reconozco en los frutos de la honra
al hombre avaro,
que busca la vergüenza,
pues no puede gozar de su decoro.

El hombre generoso no debe despreciar
el pequeño don
que la generosidad ofrece,
aunque no dé gran recompensa.
Quien rompe un espejo
ve en los fragmentos
la imagen completa reflejada.
Así en el pequeño don
se reconoce la bondad dividida,
que un señor necesitado gobierna.
El dinero mesurado se guarda,
y por la honra
se multiplica en fragmentos.

 

El rocío lleno cae y toca

El rocío lleno cae y toca
sobre la rosa sin ramillete;
de su cáliz brota suave,
delgado resquicio de flor.
Allí se posa el pajarillo,
su canto claro resuena,
y todo se torna hermoso.

Con el gozo, bien con honra,
debe vestirse el cuerpo del hombre,
pues el amor puede aumentar la alegría
si lo concede una mujer sabia y dichosa.
Quien sin culpa busca el amor de mujer
debe luchar por su favor,
con muchas virtudes llenas de sentido.

Quien con engaño practica falsedad,
como ladrón por naturaleza,
quiere turbar así el amor,
y su recompensa se vuelve amarga.
Mas donde entre el amor y el gozo
se mezclan fidelidad y claridad constante,
allí nace el fruto pleno de la alegría.

 

Iarlanc por la nieve fría

Iarlanc, por la nieve fría,
ve marchitarse flores y hierbas;
ya no se ve el verde follaje en el bosque.
Mirad cómo el prado está,
triste como antes,
¡ay!, muchos pajarillos se han perdido.
Multitud de penas duras
oprimen el campo;
las rosas de color brillante
están del todo marchitas,
despojadas, aunque los árboles
muestran aún su flor encantadora.

Quien sin amor
pasa este largo invierno,
olvida bien los días de verano;
pues sin resistencia,
el amor de ánimo elevado
le da y convierte en rica
la queja de su corazón.
El amor de mujer aumenta más la alegría,
y da al hombre consuelo,
más que la hierba húmeda de rocío.
Sabed, sin odio alguno,
que el amor de mujer disipa
penas y sufrimientos.

Las mujeres son buenas contra la desgracia,
su consuelo siempre rompe la pena,
hace débil y pequeño el dolor.
Las mujeres son cosas amadas cada día,
que nunca se vieron más queridas.
¡Ah, Dios, cuán dichosas son las mujeres amorosas!
La bondad femenina obra suavemente;
se deben mirar las buenas damas
más que la sangre de mayo.
Las mujeres son bondad sobre bondad,
el ánimo puro de la mujer
puede bien llamarse
disipador de penas.

 

Bienvenida sea la estación

Bienvenida sea la estación,
tan llena de delicias,
que con vestido dorado
adorna prado y llanura.
La pradera luce en colores claros,
se reviste con rica tela;
el bosque aparece loado,
donde el amado ruiseñor
su canto fuerte entona,
maravillosa voz que resuena,
y allí se iluminan
flores rojas, doradas y azules,
que se ven sobre la hierba verde.

Alégrase el hombre dichoso,
aunque el amor lo hiera como antes;
amor tras amor lo guía,
desde el corazón con plenitud,
y disipa su pena
como el sol derrite la nieve fría.
Cuando la sangre clara de mayo
ríe en el ánimo
a través de los ojos brillantes,
entonces la mujer florece,
y el cuerpo del hombre amante
se regocija como la hierba verde.

 

Iarlanc lleva…

Iarlanc lleva
la pradera ancha,
muchas penas y trabajos;
ella estaba sin dolor
cuando la alegría floreció
y las rosas se mostraron hermosas.
Vestido verde,
y amplio,
el claro verano cortó,
sin engaño;
ahora se han ido,
libres de toda necesidad mortal.
Debe escuchar órdenes de pena,
su hermosura se torna
desprevenida;
pues ella corta,
ríe a través de la aspereza,
que el hombre soporta,
y muchas luchas
cerca de sus flores de color encantador.

Corazón mío,
pajarillo,
y brillo de rosas hallado,
deja ahora sufrir dolor
y tu queja,
tristeza grande y fuerte.
Virtud resplandece
alrededor del círculo,
está ante ti cerrada
en la torre y el cerco.
El rey Saladino
dio por honor muchas marcas;
ahora el daño,
en muchas manos,
ha llenado las tierras.
La reina,
su brillo de honor,
resplandece como un sol radiante;
pero el vino se desperdicia,
la virtud se marchita,
y ahora muchos señores
se han vuelto mezquinos.

Vergüenza grave
y su furia
deshonran a los ricos hombres,
a quienes yo heredaría,
pero no les daría alabanza,
pues su corazón ha perdido virtud.
Su honor huye,
de ellos se aparta,
más rápido que un cisne.
Él es generoso, pero vano,
la virtud se aparta de él
y hacia los virtuosos va.
Su consejo llega demasiado tarde,
la fuerza de la fortuna se va;
pues quien nunca sostuvo virtud,
nunca la tendrá.
Cuando la dicha se rompe,
su eterna alegría se desvanece.

 

Quien se opone a la generosidad

Quien se opone
a la noble fuerza de dar,
y vive en pobreza y miseria,
ese es un necio.
Quien la posee con medida,
su riqueza se ennoblece
y se teje con honor.
Campos, prados y viñas
ella multiplica también.

La verdadera generosidad nunca se pierde,
como las aguas del mar
que poderosamente se derraman
y vuelven a fluir dentro de él.
Así va la obra del generoso,
retornando siempre a casa
a lo largo del año.
Esta palabra es cierta:
Dios dio siempre consejo
a las manos que saben dar.

 

Yo pruebo y considero

Yo pruebo y considero:
un hombre ciego de virtud,
que nunca ganó claro honor,
muy a menudo desea,
por vana apariencia de dignidad,
como un murciélago,
al que bien puedo comparar,
que vuela en la noche.

Un vidrio de espada,
que al llevarlo desnudo en la mano
se corta y hiere a sí mismo:
así quien quiere tocar
la pura alabanza sin merecerla,
no debe conducirla.
Le resulta tan dañina
que se destruye en ello,
y engendra gran vergüenza,
una dignidad sin mérito.

 

La hospitalidad es una gracia rica para el huésped extranjero

La hospitalidad es una gracia rica para el huésped extranjero,
muestra gran cuidado,
y los anfitriones la ejercen mejor que todas sus virtudes.
Como el oro en el cíclade extiende su brillo,
así puede aumentar
la honra sobre toda gloria de la noble juventud.

Además, consuela la vejez,
cuando la alegría se cierra,
pues de la dignidad de la casa fluye
alabanza noble.
Su bondad se muestra bien,
cuando su generosidad se disfruta,
con voluntad tanto firme como amable.

 

Temor y vergüenza del corazón

Temor y vergüenza del corazón
coronan muchas virtudes;
ambas traen rica recompensa
a quien las conoce bien.
Fundadas hasta lo más hondo,
pueden llamarse dignas de alabanza.

La vergüenza no permite
que alguien se burle con deshonra,
sino que lo hace hermoso ante el pecado.
El temor sostiene todo,
y el hallazgo de estas dos virtudes
es enemigo de todo error.

Quien con gran intención
teme incluso lo pequeño
del enojo de Dios,
y ha escogido la vergüenza,
cuando la deshonra quiere herirlo,
entonces se halla desnudo de honor aquí,
y allí está perdido.
¡Ay de aquel que nació alguna vez
sin temor y sin vergüenza!

 

El áspid es llamado un gusano

El áspid es llamado un gusano,
que se extiende sobre la tierra,
pone una oreja contra la otra,
con la punta de su cola,
para que ninguna palabra de silbido
pueda oír cuando se le quiere atrapar.

¡Ay!, que tal astucia
no oculta a muchos señores:
él tapa su oído contra la mala palabra,
aquí y allá,
y de ello recibe daño,
pues engaña mucho honor.

Un bribón en su boca
lleva palabras como heridas,
con las que conduce a la vergüenza.
Así, caballeros y escuderos,
por su conducta viciosa,
se vuelven muy despreciados.
Cuando un hombre honesto habla,
ellos lo toman por un juego de bufón.

 

Yo sé bien que el ánimo avaro…

Yo sé bien que el ánimo avaro
también desea honra aparte,
y es tan duro, sin embargo,
que no se atreve
a volverse generoso.
Donde se excava la alabanza con dones,
querría comprarla sin bienes;
quisiera tener la gloria,
y hablar mucho de ella,
como si le perteneciera.
No, debe quedar vacío,
pues sin dar virtudes
no puede poseerlas.

Quien quiere ganar honra,
y ser alabado con justicia,
debe pagar el tributo de la generosidad,
con liberalidad de sus manos.
De ello nace en las tierras
mucho buen renombre.
Pero se llena de ira
cuando se le descubre su vicio.

 

El rico avaro sale de su casa

El rico avaro sale de su casa
vestido en púrpura y en lino fino;
cree que nada le falta
por el brillo de su esplendor,
por su reluciente vestido.
Pero la ropa no ayuda contra el vicio.

Él construye como un murciélago
en la oscuridad vergonzosa,
que vuela de noche con certeza,
donde se ha puesto
un tronco podrido ancho,
y lo toma por claro resplandor.

Así el necio
confunde la torcida fidelidad con apariencia verdadera.
Su semejante puede ser
la desnudez de virtud del avaro,
que cree que recibe
alabanza hermosa y riqueza.
No, él tiene como un cerdo
la obligación de un lodazal
cubierto de vergüenza.

 

En los hombres está la fuerza de Dios

En los hombres está la fuerza de Dios,
maravillosa sobre todas las cosas.
Miro mil y cien personas,
sin engaño falso,
y entre todos los sabios cristianos
no hay dos iguales.

Su imagen corporal está formada,
pero su ánimo puede diferenciarse;
también su corazón se transforma
en todo tiempo,
pues está hecho para distinguirse.
De ahí nace este prodigio:
que un hombre no puede agradar
a todos los hombres por igual.

Sí, debe estar lleno de fortuna,
brillando según el deseo completo,
cuando las virtudes perfectas parecen
donde se debe recibir honor con justicia.
Quien vive sin reproche,
ese merece la alabanza.

Poemas de Conrado de Würzburg

Nadie está sin defecto por completo

Nadie está sin defecto por completo,
aunque no se espante por ello,
si permanece en conducta ordenada.
Quien quiere alcanzar gran honor,
y sobre él pesa un vicio,
ese carece de discreción.
El vicio lo fuerza a una mancha,
pero si se endereza hacia la virtud,
y alcanza la meta
con el juego de la razón,
rompe el yugo de su vergüenza.

Nadie debe apartarse del honor
como un cobarde malvado,
porque si en sus días
su conducta falla,
que haga lo mejor,
aunque no agrade a todos.
Así se contenta,
si lleva consigo la alabanza
que muchos le otorgan.

 

Bosque desnudo, ancho, blanco

Bosque desnudo, ancho, blanco,

nieve fría, fuego ardiente,

hierba que brota, sangre clara,

flores brillan, canto joven,

maravilla, peso, lo salvaje,

figuras en la pradera abierta.

Allí se sientan los dichosos,

donde el deseo se convierte en juego.

 

Amada, acércate a mí,

dondequiera que estés.

Tu resplandor da ánimo bueno

a quien sufre con fuerza amarga.

Dulce penitencia, tristeza, dolor,

hacen pequeño y puro el corazón.

Sabia unión, hermosos dones,

nuevas penas, débiles consuelos.

Riqueza ligera, concédeme,

pues el cuerpo de la mujer

debe rogar bien por ti.

 

Iarlanc quiere que el tilo, por el viento, se marchite

Iarlanc quiere que el tilo, por el viento, se marchite,
que ante el bosque demasiado pronto se doble.
Tristeza en la pradera, con pena se ejercita;
así me ha turbado el amor,
ha confundido mis pensamientos.

Me han enviado penas, atadas con cuidados,
que debo ahora sufrir por culpa, soportar con exceso.
Ella, con ojos brillantes,
me hiere con muchos engaños;
ha renovado mi dolor,
y lo ha aumentado con pesar.

Señora pura y llena de gracia,
tú, mi dueña, mírame pobre:
ten compasión de mis dolores del corazón.
Libera mi ánimo pronto del sufrimiento,
guíame fuera del amor,
haz que tu dirección me aparte.

 

Donde el día debe aparecer

Donde el día debe aparecer,
dos amantes ocultos
han de soportar en la hora del amor.
Entonces puede desvanecerse bien
un encuentro que nunca ve la mañana.
El ladrón del amor sabe pagar con lamentos,
enseña a los ojos a llorar,
a los pensamientos a sufrir.
La dicha rara vez se presta;
quien aumenta en secreto
el juego amoroso de una mujer pura,
puede ser reprendido por la mañana.

 

El invierno en la pradera marchita las flores con escarcha

El invierno en la pradera marchita las flores con escarcha,
el campo y el bosque;
las hojas del tilo caen por los vientos
y dejan ver su sequedad.

Este dolor no lo lamento tanto
como la herida de la deshonra fría,
que oprime a muchos malvados.
Quien con rosas de virtud
debiera alegrar un corazón noble,
se marchita en vergüenza.

La primavera devuelve flores y hojas al bosque,
pero quien se ha entregado a la deshonra
debe marchitarse en honor para siempre,
todos sus días.
En las ligaduras de la vergüenza,
bajo la mirada del sol,
su corazón no puede florecer en virtud.

 

Muchos ahora abandonan su virtud y reciben la deshonra

Muchos ahora abandonan su virtud
y reciben la deshonra en su corazón;
con ello muestran que pronto desfallecen
y caen rápidamente hacia la muerte.

Por eso me espanto por mis amigos,
que antes me ofrecían ayuda aparente,
y ahora quieren apartarse del honor,
como los que son empujados hacia la huida.

Temo que sus nuevas costumbres
no dejen de volverse antiguas;
pues cuando la virtud innata se transforma,
se la maltrata gravemente bajo su poder.
La naturaleza entonces,
cuando al hombre le acorta la vida y la dignidad,
lo reduce pronto.

 

“¡Armas contra la deshonra!” se grita, pues ella roba mucha honra

“¡Armas contra la deshonra!” se grita,
pues ella roba mucha honra
a viejos y jóvenes.
Bastaría la generosidad,
si los malvados no la ridiculizaran con ruido.
Se ven tantos en las calles,
que por ellos muchos deben abandonar su virtud.

Ahora muchos temen
que se les reproche
no vivir como los malvados todos.
La avaricia destruye el tesoro de los ricos;
quien quiere buscar virtudes
debe sofocarlas, como un asesinato,
ante los peores,
para agradar a la mayoría.

Pero si yo tuviera un ánimo noble,
sería aún más generoso,
pues hoy se hallan más gentes deshonradas
que hombres de vida recta.
Fidelidad y honor brillan más firmes,
mientras mentira y vicio
dan un resplandor turbio.

Si todos lucharan por el honor,
¿cómo podría alguien conquistar la alabanza,
cuando lo malo junto a lo bueno
se mezcla y oscurece?
Y lo bueno, junto a lo malo,
resplandece aún más.
Así, del avaro,
el hombre rico en virtud
puede sacar mucho brillo,
como de la piedra áspera
resplandece la noble perla.

 

Un avaro quiso ordenar que un hombre fuese generoso

Un avaro quiso ordenar
que un hombre fuese generoso
y buscara honra y dignidad.
Entonces se volvió al bosque,
rápidamente a un mercader,
y le pidió que matara al generoso.

El mercader respondió:
“Si debo derribar al hombre,
quiero ver mi paga segura.”
El malvado le ofreció
tres libras de salario,
aunque llevaba cinco en su bolsa.

Entonces el mercader dijo:
“Prefiero matar por cinco
a un malvado bribón,
que por tres derramar la sangre
del generoso noble.
Pues quien corta al justo por envidia,
que le suceda lo que está destinado.”

 

¿Hubo jamás algo mejor para un ánimo afligido que la bondad de una mujer?

¿Hubo jamás algo mejor para un ánimo afligido
que la bondad de una mujer?
Yo no lo reconozco.
Quien está cargado de penas y cuidados,
y guarda su corazón cerrado todo el día,
puede ser consolado en la noche
por su esposa, con dulces palabras,
cuando el amor acontece.

Su entrega amorosa corresponde bien
a la mujer pura,
que no se ha cansado de la alta honra.
Ella sostiene y corona al hombre
con sus nobles virtudes.
Cuando con ojos brillantes
lo mira con ternura,
y desde su boca roja
le sonríe desde lo profundo,
entonces la dicha lo inunda.

 

Que los generosos mueran tan pronto, los que buscan la honra…

Que los generosos mueran tan pronto,
los que buscan la honra,
eso sucede porque Dios en su reino celestial
quiere reunirlos en su noble compañía.
No los deja vivir mucho tiempo en la tierra,
para que allá ganen gran alegría,
y Él los adorne pronto en su coro,
donde no se encuentra ningún enemigo malvado.

¿Cómo podría un hombre sin virtud,
un malvado, ocupar el trono de Dios en el cielo?
Él lo deja huir de la muerte por largo tiempo,
pero con ello se le concede
ninguna otra recompensa,
sino que viva con deshonra,
atado en las cadenas del pecado,
y que el infierno lo devore después.

 

Dios, Señor sin principio ni fin, Dios todopoderoso…

Dios, Señor sin principio ni fin,
Dios todopoderoso,
tú que siempre das alegría
a tus santos ejércitos del Sabaoth,
sea tu nombre alabado,
con todo el sentido de mi corazón.

Innumerables honores y la más alta dignidad
has otorgado con tu fuerza plena
a la gloriosa Virgen pura,
la noble madre tuya.
Toda tu sabiduría y tus obras maravillosas
has cumplido en ella,
con toda tu omnipotencia,
según tu voluntad.

Tú la has elevado, Señor,
sobre todos los cielos y la tierra,
para que ella misma te dé alegría
y a todos tus amados.

 

“Dios, Señor, que has obrado maravillas en ti mismo…”

Dios, Señor, que has obrado maravillas en ti mismo,
¡qué grande es tu omnipotencia,
extendida con fuerza en la eternidad!
La Trinidad, reunida en unidad,
y sin embargo desplegada en tres,
eres tú, que has tejido todo sentido
en un lazo indestructible.

Ningún pensamiento puede romper
los vínculos de tu ser.
Sin fin y sin principio
es tu majestad viviente,
que se ha unido firmemente
en tres personas,
y es un solo Dios sin diferencia
en la permanencia de las tres imágenes.

La Trinidad se despliega en ellas
como un árbol entero en sus ramas,
y con su resplandor
da un brillo de dicha sin fin.

 

“Oh, Creador todopoderoso, al que alabo sobre todos los reyes…”

Oh, Creador todopoderoso, al que alabo sobre todos los reyes,
tú eres joven y fuerte como un brote,
y anciano y sabio como la gris corona.
Tú mismo te das como alimento
a nosotros, pobres, cada día.

Carne y sangre, tu palabra paternal
se ha hecho para nosotros,
y ambos recibimos en orden cristiano verdadero.
Desde que los judíos comenzaron tu muerte en la cruz,
tu cuerpo es recibido sin dolor ni desgarradura,
y permanece entero, sin división.

Con su transformación refrescamos
las almas enfermas;
te sacrificamos como cordero pascual
sobre tu mesa sagrada,
donde, en el pan partido,
tu santo cuerpo comienza a darse.

 

“Dios quiere mostrar su muerte a nosotros, pobres…”

Dios quiere mostrar su muerte a nosotros, pobres,
para que no tengamos que arder eternamente en el infierno.
Ten compasión, Madre elegida, escogida entre todas,
pues su sangre roja se derramó por nosotros ante el juicio.

De tu pecho fluye leche blanca,
que aparta de nosotros su ira terrible.
¿Cómo podría la falta de gracia
venir jamás de tu noble Hijo,
cuando tú le muestras tu seno
y él te muestra sus heridas?

Él fue entregado, y tú concebiste
por causa del pecado humano.
El testimonio del amor
debe librarnos allí del sufrimiento,
para que en cada instante
su muerte no sea en vano para nosotros.

 

“Señora de toda alegría, yo te alabo porque diste a luz a Dios…”

Señora de toda alegría, yo te alabo,
pues diste a luz a Dios,
y fuiste hija y madre
con plena pureza,
sin que te pesara la carga
que sostiene todo el cielo y la tierra.

Él quiso ser tu prisionero
con libre voluntad y deseo,
en tu estrecho pecho
se alojó el alto huésped,
cuya omnipotencia sobrepasa
a todos los gigantes fuertes.

En tu corazón se encerró,
aquí como hombre,
y en el cielo como Dios,
unido en su majestad.
Su palabra se hizo carne en ti
por el fuego de su Espíritu.
Señora, por este milagro,
nunca te faltó el más rico elogio.

 

“Del agua destilada de rosas…”

Del agua destilada de rosas,
si se le mezcla una gota falsa,
su color se enturbia de inmediato.
Así comparo yo la corriente de la honra,
que se destila del noble corazón
como flor de virtud,
encendida por el fuego de la vergüenza.

La honra es tan pura y clara,
que si se le mezcla, aunque sea un cabello,
de falsedad, su brillo se oscurece y se apaga.
Con engaño no puede crecer ni refrescarse;
la honra se borra
cuando no encuentra un amigo fiel a su pureza.

 

“La envidia oscurece su vaso como un cáliz pálido…”

La envidia oscurece su vaso
como un cáliz pálido;
cuando se apodera del ánimo,
habita en un amarillento dolor,
como el gusano que roe la madera.

Así corroe su propio nido
el hombre mezquino y triste,
que con dulzura fingida
hace sufrir un corazón,
y allí se encierra,
como larva en su escondrijo.

Sabed que un corazón envidioso
nunca conoce la paz:
su pensamiento corta la alegría
hasta la muerte.
Por eso la desgracia lo persigue,
y la fortuna lo evita.
Bienaventurado aquel
cuyo odio se consume en su miseria,
pues el malvado que envidia
se enreda en las ruinas de su propia salud.

 

“Una mujer que con pureza refrena su ánimo…”

Una mujer que con pureza refrena su ánimo,
y evita lo que sin embargo acaricia con ternura,
ella ofrece y guarda su amor con gran maestría.
Si puede dominar la pasión de su corazón amante,
y con plegarias no quiere dañar a ningún hombre,
entonces con honra se vuelve victoriosa en su espíritu.

No puede existir criatura viviente más noble
que una mujer clara y fina,
que apaga la llama del deseo,
y la sostiene de modo que ningún querer la doblega.
Bienaventurada la que, con pureza,
lucha contra sí misma,
y reprime en su corazón femenino
la fuerza ardiente del hombre.

 

“Jamás en la tierra se vio tan secreta clausura…”

Jamás en la tierra se vio tan secreta clausura
como el corazón de una mujer
cuando el amor lo enciende sin engaño.
Ella sabe, con sus gestos ocultos,
dar a su amigo lo que desea.

¡Ah, qué dichoso aquel que, con alegría,
es colmado por ella,
cuando recibe sus puros encuentros secretos,
lejos del camino, en estrecho refugio!
Allí debe guardar silencio,
pues ella lo sostiene con discreción.

Lo que ella apaga en su amigo,
lo enciende luego con dulzura;
él es abrazado y estrechado,
y ella paga un beso con otro,
cuando el amor se adorna con amor,
como en justicia debe ser.

 

“Doce tahúres en la casa de un turco…”

Doce tahúres entraron en la casa de un turco,
en un bosque,
y once fueron devorados sin que nadie supiera
cómo pronto hallaron su fin.

Entonces comenzó el tumulto,
todos quedaron destruidos,
y el duodécimo quiso mostrarse como un héroe.
El turco le dijo:
“Ya no puedes escapar,
cuando tus doce estaban juntos
debiste haberte defendido.”

Esto se asemeja a un linaje
que quiere perturbar a un señor:
no se deja examinar mucho,
pero si comienza a oprimir a otro,
y quiere luchar solo,
se rompe en pedazos,
y el enemigo lo destruye por completo.

 

“El hombre prudente prueba en la parentela…”

El hombre prudente prueba en la parentela,
en el sentido de cómo tu fiel servicio
y tu amor puro se muestran.
Gana amigos suficientes,
que acudan a ti en la necesidad.

Un compañero leal vale más
que muchos parientes hostiles.
Por eso debes esforzarte
con tu servicio constante,
en aquel que se atreve a estar contigo
cuando la preocupación te rodea.

Si él purifica tu ánimo con sinceridad,
y tú te vuelves hacia él
sin vergüenza alguna,
ese amigo que buscaste largo tiempo,
cuando lo halles digno,
será hallado firme,
y guardará todas tus penas.

Ayuda tú a su vez,
si quieres tener un buen amigo.

 

“El hombre altivo no puede permanecer largo tiempo junto a la fortuna…”

El hombre altivo no puede permanecer largo tiempo junto a la fortuna,
pues no quiere conducirse con prudencia en su conducta.
Cuando se apoya en ella con exceso de orgullo,
se vuelve arrogante y desmesurado,
y pronto se entristece.

La fortuna sonríe dulcemente al malvado y al necio,
pero por ello se debilita toda su parte de dicha.
Rara vez la virtud engendra alegría en el hombre sin valor;
cuando la fortuna lo eleva,
su placer se multiplica,
pero al final se le arrebata por completo.

Quien conduce bien hasta el final
ha encontrado verdadera dicha;
cuando el marinero regresa al puerto,
entonces alabo su salvación.

 

“Un gracioso perro jugaba ante su señor…”

Un gracioso perro jugaba ante su señor,
saltaba sobre él y pronto le daba
su dulce voz.
Por ello fue acariciado de inmediato.

Un asno lo vio y pensó
que también podría lograr lo mismo.
Entonces, mintiendo, comenzó a saltar
sobre su señor.
Este lo mandó apartar,
y su espalda fue castigada con golpes.

Así actúa el noble:
no acaricia al necio sin arte.
El asno, con su pellejo,
debería apartarse con varas.
Por su torpeza puede apenas
ganar una mísera paga.
Quien quiere agradar por arte,
sin tener ningún don,
debe ser tratado como el perro,
no como el asno.

 

“Oh nobles ingenuos, ¿por qué os dejáis engañar por necios?”

Oh nobles ingenuos, ¿por qué os dejáis engañar por necios,
que con su falsa riqueza
pueden derribaros?
Sus vacías gaitas
tienen en su corazón la insensatez,
y roban con artificio
su discurso y su apariencia.

Por eso reciben con frecuencia
grandes dones y recompensas,
aunque el diablo se burla de ellos
y retira su favor.
Si yo fuera noble,
no daría jamás mi amor a un necio,
que como ladrón quiere robar el arte.

Un señor puede reconocer bien
las flores y los brotes,
¡ay, cuántos veo entre los hombres
que en su ingenio están tan locos,
que creen que poseen
un arte que han robado!

 

“Un caballero que no posee oro ni seda…”

Un caballero que no posee oro ni seda
debe vestirse con fidelidad y valentía.
Así se presenta, donde se muestran las virtudes,
y es honrado por su constancia y su arrojo.

Mientras los malvados se cubren con púrpura,
el hombre noble, sin adornos,
se mueve con firmeza y sin engaño.
Nunca hubo vestidura más caballeresca,
más noble y buena,
que la fidelidad y el ánimo varonil.

Quien las lleva como ornamento
debe ser digno de un alto rey,
que no se niegue a recompensarlo.
Me parece justo que con oro
se le devuelva en noble camino,
pues al cuidar bien su virtud,
se le paga con mayor honra.

 

“Un cortesano ruin es como un duende de malicia…”

Un cortesano ruin es como un duende de malicia:
crece como un animal salvaje,
mezcla de lobo y de cerdo,
que pronto puede tomar forma,
pero es estéril por naturaleza,
no engendra fruto.

Así es la falsedad:
no nace de linaje verdadero,
sino que ata hombres y mujeres
en cadenas de vergüenza.
Yo desearía que sus hijos
heredaran enteramente su ruina,
si siguieran sus costumbres
y pisaran sus huellas.

Entonces se vería claramente
que su nacimiento estaba quebrado,
pues de él no vendría descendencia
que hiciera lo mismo.
Así se disolvería la inconstancia,
pues el corazón falso es conocido.

 

“¿Cómo distinguir al rico noble del falso de corazón?”

¿Cómo distinguir al rico noble del falso de corazón?
Así como se separa el oro del cobre
con la ceniza de un ensayo,
quisiera yo tener un polvo en mi bolsa
para separar la nobleza dorada
de la voluntad cobriz.

Pero como una serpiente que se disfraza
con piel de cocodrilo,
así el falso se cubre,
y mi lengua apenas puede nombrar su malicia.
Lo que yo canto o digo
de la falsa nobleza rica,
ellos lo toman a la ligera,
su ánimo tan endurecido.

En fidelidad y en honor
no piensan en virtud alguna.
Jamás una codorniz en grano
fue tan suavemente cubierta
como su corazón endurecido,
que en vergüenza vive día y noche.

 

“El oído del malvado debe estar vacío y ensordecido…”

El oído del malvado debe estar vacío y ensordecido,
pues no quiere escuchar cuando se alaba a los virtuosos.
Así como el gusano huye cuando la vid florece,
y no puede soportar la flor del vino,
así el ruin enemigo evita la alabanza del justo.

El envidioso siempre odia al hombre virtuoso,
y el corazón mezquino se llena de miseria.
La virtud le resulta como un dragón salvaje,
y su pecho se alimenta de rencor.
Por eso huye de la alabanza de la generosidad,
como la pantera que rechaza el olor
que no puede sostener su vida.

 

“Me parece como si no viviera cuando me duele con fuerza…”

Me parece como si no viviera
cuando el dolor me invade;
entonces la muerte me enseña
su lección en el sueño.
Al girar el sol,
mi sombra me recuerda
que mi vida se disuelve,
como el calor que se extingue.

El infierno me advierte
cuando me siento en el baño ardiente;
las flores brillan,
pero su fulgor es pasajero.
En el espejo reconozco
que soy ceniza como él,
y los huesos me anuncian
que los gusanos me devorarán
con bocas impuras,
si no me guardo de los pecados mayores.
En el fondo del infierno
debo sufrir al final.

¡Ay de mí, necio,
que me quejo de los días largos,
y mis años se disparan tan pronto!
Como un arroyo que no fluye
ni de roca ni de seto,
así deseo que la hora se acorte.
Pero ella corre como un camino rápido,
y allí tropieza mi vida veloz.

Me lamento de mi dinero,
pero no de mi tiempo,
que nadie me devuelve
cuando lo pierdo del todo.
Si gasto mal mi bienes,
puedo ganar otros con trabajo;
pero si desperdicio mis años,
ellos son siempre caros,
y sin ningún tributo
no puedo recuperarlos.

 

“El misener guarda el tesoro del canto en el santuario de su corazón…”

El misener guarda el tesoro del canto
en el santuario de su corazón.
Su don, por encima de todos los viajes,
resplandece en honor,
y con él atrae a los cantores
a su poder.

Dos grifos salvajes lo llevaron
sobre el mar de ultramar,
allí una sirena le enseñó
a cantar y a guiar su voz.
Si aún viviera en Grecia,
ella le daría su agradecimiento.

Por su noble canto,
que suena elevado y sublime,
se acerca a la dignidad
de esmeraldas y zafiros.
Canta ante nosotros
como el ruiseñor en primavera.
¿Dónde podría su canto
resonar mejor que en un día de misa?
Así puedo aprender,
dijo uno que cantaba desde Egge.

 

“Sobre todas las artes, el canto es elevado y honrado…”

Sobre todas las artes, el canto es elevado y honrado,
pues se expande y crece desde la nada.
Toda ciencia aprendida puede hacerse bella con artificio,
pero nadie puede aprender a cantar con palabra y sonido
si ambos no brotan de sí mismos,
y resuenan desde el corazón,
comenzando por la gracia de Dios.

Las demás artes necesitan consejo y prueba,
y deben tener su instrumento,
para que se cumplan según el deseo de los hombres.
Pero el canto no requiere ayuda,
pues de la lengua y del pecho,
sin falsos artificios,
surge por encima de toda ciencia.

 

“El águila de Roma es suficientemente poderosa…”

El águila de Roma es suficientemente poderosa,
pues con su fuerza somete a las aves pequeñas.
Ha conquistado la alabanza,
resplandeciente en luz y gloria.

Halcones y gavilanes
en Oriente y Occidente lo temen,
pues puede espantar fácilmente
a los cuervos y a las aves rapaces.
Rubíes y zafiros adornan con justicia su corona.

Su fortuna y su fuerza
dominan toda criatura salvaje,
ya nade o ya vuele,
pues él puede volar sobre todo.
Ningún ave de todas las tierras
puede luchar contra él;
solo un león podría enfrentarse,
apretando sus garras.

Él es sin engaño,
firme y lleno de alta honra.

 

“El castor es realmente muy astuto en su apariencia…”

El castor es realmente muy astuto en su apariencia.
Cuando se le caza, puede refugiarse en gran mansedumbre.
Por ello se libra de la preocupación
y de la carga que lo persigue.

Muerde sus genitales y los deja caer como rescate,
para que ya no lo busquen más en bosque ni en cañaveral.
Así también el hombre noble,
que no mira en su virtud,
cuando la desgracia lo persigue,
puede salvarse si se desprende con generosidad
de lo que lo ata.

Antes de que lo busquen con dura queja,
huye con honor,
como el ciervo salvaje que se refugia en su hembra.
Por una carga enfermiza
no se deja atrapar en daño.

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