Poemas de Ausiàs March

poemas de Ausiàs March

Los poemas de Ausiàs March le fortalecen como el arquitecto del alma herida, el caballero que desnudó la conciencia humana frente al espejo de la lírica europea.

Su pluma, forjada entre el rigor escolástico y el fuego de la pasión, rompió los moldes del amor cortés para inaugurar una modernidad desgarradora.

En los poemas de Ausiàs March fluyen versos donde se nota que el deseo no es idealización, sino una lucha metafísica entre el espíritu y la carne.

Poeta del silencio y del grito, March convirtió el sufrimiento en un puerto seguro para la honestidad, dejándonos una herencia de versos inmortales donde el dolor es el único camino hacia la verdadera luz del entendimiento.

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Así como aquel que en el sueño se deleita

Así como aquel que en el sueño se deleita

y su deleite de loco pensamiento viene,

así me ocurre a mí, que el tiempo pasado me retiene

la imaginación, pues otro bien allí no habita,

sintiendo estar en acecho mi dolor,

sabiendo de cierto que en sus manos he de yacer.

Tiempo por venir en ningún bien me puede caer;

aquel pasado es en mí lo mejor.

Del tiempo presente no me hallo amador,

sino del pasado, que es nada y acabado;

en este pensar me detengo y me deleito,

mas cuando lo pierdo, se esfuerza mi dolor,

así como aquel que es juzgado a muerte

y desde hace mucho tiempo lo sabe y se conforma,

y le hacen creer que le será evitada

y le hacen morir sin un punto de recuerdo.

Pluguiese a Dios que mi pensar fuese muerto,

¡y que pasase mi vida durmiendo!

Malamente vive quien tiene el pensamiento

por enemigo, dándole noticias de enojos;

y cuando lo quiere con algún placer servir

le ocurre así como a mujer con su niño,

que si veneno le pide llorando

tiene tan poco juicio que no lo sabe contradecir.

Fuera mejor mi dolor sufrir

que no mezclar poca parte de placer

entre aquellos males, que me quitan el saber

cómo del pasado placer me conviene salir.

¡Ay! Mi deleite en dolor se convierte;

dóblase el afán después de un poco de reposo,

como el enfermo que por un bocado sabroso

toda su comida en dolor la nutre.

Como el ermitaño, a quien la añoranza no le crece

de aquellos amigos que tenía en el mundo,

siendo mucho tiempo que en poblado no estuvo,

por fortuito caso uno de ellos se le aparece,

quien los pasados placeres le renueva,

de modo que el pasado presente le hace tornar;

mas cuando se parte, le es forzoso congojar:

el bien, cuando huye, al mal con grandes gritos llama.

Tornada

Llena de seny, cuando el amor es muy viejo,

la ausencia es el gusano que lo corroe,

si la firmeza duramente no lo resiste,

y el creer poco, si el envidioso aconseja.

 

Me ocurre así como al patrón que en la playa

Me ocurre así como al patrón que en la playa

tiene su gran nave y piensa tener un castillo;

viendo el cielo estar muy claro y bello,

cree firmemente que con un ancla le basta.

Y siente venir repentino un temporal

de tempestad y tiempo insoportable;

eleva su juicio: que si es muy duradero,

buscar los puertos más que quedarse le vale.

Muchas veces ocurre que el viento es de fortuna,

tanto que no puede salir sin el contrario,

y aquella llave que os cierra dentro del armario

no puede abrir aquel mismo portal.

Así me ha ocurrido, hallándome enamorado,

por el sobresalto que me viene de vos, mi amada:

del no amar el desdén tiene la vía,

mas un solo paso mío allí no será hallado.

Menos que el pez es en el bosque hallado

y que los leones dentro del agua tienen su estancia,

mi amor por ningún tiempo tomará retorno,

solo conociendo que de mí os dais por satisfecha;

y fío de vos que me sabréis bien conocer,

y, conocido, no me será mal agradecida

toda dolor habiendo por vos sentido;

entonces veréis las llamas de amor crecer.

Si mi querer he dado mal a parecer,

creed de cierto que el verdadero amor no me abandona;

más que el sol es cálido en el mes de junio,

arde mi corazón flaco sin algún grado merecer.

Otro sin mí de esto merece la culpa;

queredle mal, pues a tan humilde siervo

os tiene oculto por su desfallecimiento;

cierto, es Amor quien a mí, amante, culpa.

Mi voluntad con la razón se envuelve

y hacen acuerdo, la calidad siguiendo,

tales actos haciendo que el cuerpo va perdiendo

en poco de tiempo una gran parte de culpa.

El poco dormir la flaqueza al cuerpo me acerca,

me dobla el ingenio para contemplar Amor;

el cuerpo muy graso, hallándose dormilón,

no puede dar paso en esta áspera costa.

Tornada

Llena de seny, dadme una costra

de vuestro pan, que me quite la amargura;

de todo comer me ha venido gran desabor,

sino de aquel que mucho amor me cuesta.

 

Alto amor, de donde gran deseo se engendra

Alto amor, de donde gran deseo se engendra,

y la esperanza, viniendo por todos estos peldaños,

me son deleites, mas me dan pasiones

el miedo al mal, que me hace adelgazar carne tierna;

y llevo en el corazón sin humo continuo fuego,

y el calor no me sale a la parte de fuera.

Socorredme dentro de los términos de una hora,

pues mis señales demuestran vivir poco.

Médico sabio no tiene el caso por juego

cuando el calor no sale a la parte extrema;

el ignorante ve que el enfermo no quema

y lo juzga sano, pues muestra buen tacto.

El paciente no podrá decir su mal,

todo debilitado, con lengua mal diserta;

gestos y color bastante descubren

parte del afán, que tanto como el decirlo vale.

Tornada

Llena de seny, deciros que os amo no hace falta;

pues creo de cierto que de ello estáis segura,

aunque bien mostráis que os está muy oculta

aquella por quien Amor es desigual.

 

Así como aquel que desea vianda

Así como aquel que desea vianda

para apagar su peligrosa hambre,

y ve dos pomos de fruto en un bello ramo,

y su deseo igualmente los demanda,

no lo cumplirá hasta que haya elegido parte,

de modo que el deseo hacia un fruto se decante,

así me ha ocurrido dos mujeres amando,

mas elijo para haber de Amor vida.

Así como el mar se queja gravemente y grita

cuando dos fuertes vientos lo baten igualmente,

uno de levante y otro de poniente,

y dura tanto hasta que un viento ha rendido

su fuerza grande ante el más poderoso,

dos grandes deseos han combatido mi mente,

mas el querer hacia uno seguir dispensa;

yo os lo publico: amaros rectamente a vos.

Y no creáis que tan inocente fuese

que no viese vuestra ventaja grande;

mi cuerpo no casto estaba congojado

por perder el lugar que le era deleitoso.

Una razón hubo con él de su parte,

diciendo que en él se prende este amor,

sintiendo el mal o el deleite mayor,

de modo que estando él contento, cada cual puede estar harto.

El entendimiento a hablar no vino tarde,

y llanamente deshizo esta razón,

diciendo que el cuerpo, con su complexión,

tiene tal amor como un lobo o zorro;

que su poder de amar es limitado,

pues no es más que apetito brutal,

y si al amante veis dentro de la fragua,

no será llorado y mucho menos defendido.

Él es quien vence la sensualidad;

si bien no está en él el primer movimiento,

en él reside todo el juicio:

cierto guiador es de la voluntad.

¿Quién es aquel que contra él riñe?

Que la voluntad, por quien el hecho se ejecuta,

le otorga el señorío, y si con él disputa,

al fin se guía por su juicio.

Dice más adelante al cuerpo con gran desdén:

«Vanamente quieres y vanos son tus deseos,

pues en un punto tus deleites son hastíos,

quedas de ello laxo, cada día tomas escarmiento.

Contigo mismo deleite no puedes haber:

tanto eres grosero que Amor no es por ti servido;

voluntarioso acto de bien es dicho,

y de este bien tú no sabes el camino.

Si bien cumplido el mundo puede retener,

por mí es el hombre en tan soberano bien,

y quien sin mí esperanza retiene

es loco o necio y terrible grosero».

Tanto cuanto es el entendimiento más claro,

es gran deleite lo que por él se toma,

y su pilar es sutil pensamiento,

que de finos pastos no le deja padecer.

Tornada

Llena de seny, no puede Dios a mí dar,

fuera de vos, que descontento no quede;

todos mis deseos sobre vos los esparzo;

todo está en vos lo que me hace desear.

 

Tanto he amado, que mi grosero ingenio

Tanto he amado, que mi grosero ingenio

por gran trabajo de pensar es sutil.

Dejando a un lado aquel sentimiento vil

que en el día presente a los enamorados ciñe,

soy tan sabedor, que sé bien distinguir

el amor de aquel deseo no virtuoso,

pues todo deseo que vuelve al hombre congojoso,

no es verdadero amor ni por tal se debe decir.

Así como a Dios, a quien no plugo descubrirse

estando encerrado en el virginal vientre,

y cuando salió fuera de aquel centro,

nunca Satán lo pudo bien discernir,

antes, cuando en él veía el cuerpo de natura,

creía de cierto que aquel no era Dios,

mas ya rendido su espíritu en la cruz,

supo el misterio que el paraíso procura;

por los malhablados he extraído saber y cuidado

de retener el fuego de amor sin humo,

y por esto he estudiado el volumen

de aquel saber que sin amor no dura.

He vivido mucho sin ser conocido,

por muchas señales ficticias que he mostrado,

mas cuando sea por hombre loco publicado,

será bien cierto lo tarde percibido.

Haya en vos tanto bien caído,

obrando en vos arreglada merced,

que viéndome a mí despojado de todo bien,

no me despreciéis por el daño a mí venido;

y si por vos he alcanzado nombre de loco

y contra mí mismo he quedado malmirado,

sea por vos creído sabio sapiente,

puesto que por vos mi juicio habré gastado.

Si por amaros a vos hubiese alcanzado

honor y bienes, belleza y sabiduría,

el amor que os tengo tendría por ofensa

si, tal semblante, en vos no apareciese.

Mi voluntad en sí tal carga lleva

que no será sin la vuestra contenta,

y fuera de vos no pienso que jamás consienta

que deseo alguno le fuerce la puerta.

Tornada

Llena de seny, natura no me comporta

que tal dolor no decrezca mi vida.

Si a Dios rogase, mi voz sería oída;

oídla vos, pues verdad reporta.

 

Mucho he tardado en descubrir mi falta

Mucho he tardado en descubrir mi falta,

por juventud que me negó experiencia.

En un caso nuevo el hombre mal conoce,

y ya más fuerte teniendo la razón enferma

por gran esfuerzo de loca voluntad;

pues tanto como la voluntad es movida,

debe el hombre tener del juicio mayor ayuda

si virtuoso debe ser nombrado.

Quien su camino verdadero ha errado

por ir allá donde quiere tener reposo,

le es forzoso que tome mal sendero

y nunca llegue a su lugar deseado.

Tal caso me ha ocurrido, queriendo contentar

mi firme querer por otro tal amante:

no ha hallado a su propio semejante,

pues su mirada es verdaderamente amar.

El entendimiento en quien el juicio no es claro,

forzadamente ha de tomar opiniones;

la voluntad mueve sofísticas razones,

haciéndolas valer y por bastantes pasar.

Así como el florín que buen color tiene

y no vale nada, conocida su ley,

me ha ocurrido a mí que en el pensamiento monté rey,

haciendo razones que la verdad deshace.

Y si paso mal, el buen derecho lo consentirá,

pues es dicho loco aquel que sirve a señor

que no puede dejar contento a buen servidor

y por ningún tiempo ningún derecho juicio hace;

y más, que mal administrador es:

al cavador da salario de médico;

y en los lugares llanos hace durar el estrecho sitio,

y el fuerte castillo en tierra pronto lo ha puesto.

Me ocurre así como al grosero payés

que buena simiente en mala tierra pone;

presuntuoso, piensa haber buena cosecha

de aquel terreno que vacía los graneros.

Bastante juicio tiene quien no tiene sentimiento

para buscar y hallar la razón,

y toma advertencia del mal del compañero;

por caso pasado juzga su presente.

Siguiendo el estilo que natura consiente

y aquello que el juicio al ver claro alcanza,

el negro trigo no da blanca pasta,

ni el asno cojo es animal corredor;

tampoco será que mujer alguna sienta

ni vea sutil el fino secreto de Amor,

si por amar no sufre gran dolor

y en sentimiento es elegida entre treinta millares.

Tornada

Llena de seny, si alguno me menciona,

todos los oyentes dicen que soy mejor,

pues flaco y fuerte y callado amador,

hago mi voluntad de amor sirvienta.

 

Así como la riqueza no trae bienes consigo

Así como la riqueza no trae bienes consigo,

sino que vale tanto como aquel que es su señor,

Amor no vale más que lo que vale el amador:

fuelle bufando a órgano falso no da fin.

Amor vale poco cuando todo enamorado

tiene falsedad en su pecho falso encerrada,

o está unido con una tal esposa:

necedad es su derecho nombre llamado.

Amor no puede haber desordenado

lo que Dios hace, mediante la Natura,

pues hombre necio no puede ser fino amante

ni el sutil obrar contra su calidad.

Mal tomará la pintura en el agua su figura:

mucho menos Amor tomará al no dispuesto;

ni puede estar el agua en un lugar pendiente:

¡así Amor en cabeza de hombre loco se detiene!

Por bien amar con angustioso cuidado,

en tiempo pasado eran entonces queridos;

Ovidio el probo dijo que el amor es crecido

por otro amor demostrando su factura.

Verdadero fue su dicho y sus prédicas,

mientras Amor estuvo cerca del conocimiento,

mas en este caso entre ellos hay malquerencia,

tal que no creo que nunca sean amigos.

Si hubiésemos nacido vos y yo entre los antiguos,

allá cuando Amor amando se conquistaba

sin practicar alguna maestría,

vuestro corazón no fuera tan inicuo.

En vos conozco gran disposición

de hacer todo lo que gentileza manda,

mas la crianza veo que a natura engaña,

pues vivir con los malos es del hombre perdición.

Por mal grado ni por mala sazón

mi corazón no puede a Amor desamparar;

devotamente me place recordar

a aquellos pasados, a quienes dé Dios perdón.

Y cuando sea traspasado de este mundo,

letras dirán sobre la mi tumba:

«Llena de seny, no tengáis por gran jactancia

que por vos muero y vago no sabiendo dónde».

La envidia es tal que primero confunde

a todos aquellos que a sí la se ajustan;

los envidiados un poco ni mucho no gustan

aquel mal sabor que a los envidiosos funde.

Tal es Amor, pues yo que me lo ajusto,

siento grandes dolores dándome locos movimientos,

y vos tenéis de esto tales sentimientos

como fuerte hacha ha de cortar mucho fuste.

Así como Adán tomó mal del vedado gusto,

cuando su mujer le mostró mal camino,

diciendo: «Adán, comamos de este bocado,

y nos pareceremos a Dios, que es todo justo»,

así me ocurre a mí, pues mi juicio ha creído

a la voluntad, haciéndole promesa

de que bien sirviendo conseguiría don

que por ningún tiempo tal fue conocido.

Por mal servir no creo haberlo perdido,

pues si los trabajos hubiese sufrido por Dios,

cuerpo glorioso fuera en el reino suyo,

y ya llorando a menudo me hallo mudo.

Si me fuese dado este tiempo en entender

los grandes secretos encerrados en natura,

no fuera al mundo cosa que me fuese oscura;

de los hechos divinos gran parte pudiera alcanzar.

Tornada

Llena de seny, todo mi juicio quiero gastar

amándoos a vos sin algún grado conseguir,

y durará hasta que del río Segre

el agua corriente arriba se pueda extender.

 

Ya todos mis cantos me place echar al olvido

Ya todos mis cantos me place echar al olvido,

ahuyentando mi gentil pensamiento,

y el fino amor de mí se partirá brevemente,

y como falso amante, buscaré deleite.

Así se conquista en este tiempo a la amada;

coplas y laudes, danzas y buen saber

el derecho de Amor no pueden conquistar;

pasó el tiempo en que lo bueno favor tenía.

Seguiré al tiempo con afanoso despecho,

así como el danzante sigue al instrumento

y muestra bien tener poco sentimiento

si por un tiempo danza lo asado y lo cocido.

En tiempo pasado, mudanza no sentía;

de esto me reprendo y me tengo por muy grosero,

creyendo saber todo cuanto era menester:

loco es perfecto quien se ve menos de locura.

Así como el niño que teme al mal espíritu

cuando le falta compañía de gente,

me ocurría a mí, que dudaba del tormento

que me daba Amor, acercándose la noche;

y deseé aquello que ser no podría,

pues firmeza en él no puede haber,

puesto que no es más que destemplado querer

y dura tanto como la pasión lo guía.

Así como aquel que está en el bosque escondido,

robando a las gentes, matando al que se defiende,

y cree ser a Dios humilde sirviente,

haciendo recuento del tiempo que le ha servido,

me ha ocurrido a mí que a vos, Amor, servía,

pasando afanes, esperando el placer,

amando muy firme, con una oscura esperanza;

pues he pecado, yo merezco ser punido.

Mucho me reprendo por haber dicho mal de Amor,

ni diré mal de mujer al mundo viviente,

y si el sol es cálido naturalmente,

si no es frío, no debe ser corregido.

Por lo que de Amor yo mal ya no diría,

pues en él no está de bien hacer el poder,

que firmeza de mujer allí es menester,

y si la viese, por Dios la adoraría.

Tornada

Por su bondad, ruego a la virgen María

que en su servicio cambie mi querer,

mostrándome claro cómo han perdido el camino

los que en amor de las mujeres hallan vía.

 

Amor se duele de que pronto yo no muera

Amor se duele de que pronto yo no muera,

pues no le falta nada para estar de mí harto;

que sus malas artes me han llevado a tal parte

que mi deleite es cuando de llanto abunde;

y de mi daño yo no soy malmirado,

pues soy forzado a entrar en tal prisión,

que el juicio tengo preso, el arbitrio y la razón;

Amor lo posee todo por su fuerza.

Yo hago todo cuanto me dice el pensamiento,

y si tuviese tanto juicio como Salomón,

fuera todo poco para no dar ocasión

de que no temiese a su gran mandamiento.

Aquel que no siente qué puede hacer el mucho amar,

yo le perdono si de mí se va burlando;

Piramo quiso morir atravesado por una espada,

y por semejante muerte Tisbe quiso pasar.

Si no es necio, ¿quién se debe maravillar

de algún caso fuerte que le ocurra al amante?

El hombre fuera de juicio no puede obrar bien.

Tal me confieso; pues no me queráis reprochar.

Amor ha tomado la carga, si en algo fallo,

pues soy abstraído de juicio y de saber

y nada hago en contra de su querer;

deseando el bien, el dolor le agradezco.

Estando aparte y solo, yo me avergüenzo,

imaginando lo que debería hacer;

de ejecutarlo no debo tener esperanza,

pues el primer ensayo no consigo;

al imaginar, Amor me quiere reprender,

¡tan largamente con vergüenza me refrena!

¿Cómo se hará para que con cara serena

tenga poder de mi razón extender?

Los hechos de Amor yo no puedo bien entender;

de grandes contrastes mi opinión está llena;

hora hay en el día que no siento pena alguna,

pensando en aquello que vengo al alma a rendir.

Si otra vez el imaginar me lleva allí,

para dar señal de que yo sea creído,

suplico a la muerte que en tal caso me ayude;

y si no me vale, mi verdad yace muerta.

Tornada

Lirio entre cardos, hasta ver la puerta

de mis deleites soberanos he llegado;

no he tocado, antes me vuelvo como mudo,

y para volver ya hallo la vía torcida.

 

Así como un rey, señor de tres ciudades

Así como un rey, señor de tres ciudades,

a quien todo su tiempo le ha placido guerrear

con el enemigo, que de él no se puede jactar

de que jamás lo venciese, ni de verse superado,

antes bien, si a la mañana el enemigo lo vencía,

antes del sol puesto por el rey era vencido,

hasta que en las huestes contra el rey fue llegado

un soldado que al rey desconfía;

entonces el rey perdió la señoría

de las ciudades, sin poseer ninguna,

mas el enemigo dos le quiere dejar,

dando fe el rey de que buena cuenta rendiría

como vasallo, la renta gastando

a voluntad de aquel desposeedor;

de la otra quiere que no sea señor

ni sea visto que le venga al pensamiento.

Largo tiempo a Amor por enemigo lo siento,

mas jamás hubo que me diera un mal día

que en poco instante no le hiciera darse la vuelta,

ahuyentando su áspero pensamiento.

Todo me ha vencido con solo el esfuerzo de un cuerpo,

ni le ha hecho falta mostrar su potente fuerza;

los tres poderes que en el alma están me fuerza,

dos me deja, del otro usar no oso.

Y no creáis que me sea placentero bocado

este veto, antes bien lo sufro de grado;

si bien no puedo recordar lo pasado,

muy placentera es la carga a mi dorso.

Jamás la victoria fue placer del vencido,

sino de mí, que me place que Amor me venza

y me tenga preso con su invisible lazo,

mas se ven bien sus golpes en mi escudo.

Desde que a su merced fui llegado,

al Entendimiento por su consejero tomó

y a mi Querer por alguacil lo puso,

dando fe cada uno de que jamás será recibido

en su merced el compañero Memoria,

sirviendo cada uno lealmente su oficio,

de modo que ninguno de ellos será tan necio

que en nada contraste lo que sea de amar.

Tornada

Llena de seny, queraos acordar

cómo por Amor vienen grandes sentimientos,

y por Amor puede ser el hombre inocente,

y lo muestro yo, que de ello he perdido el habla.

 

¿Qué tan seguros consejos vas buscando?

¿Qué tan seguros consejos vas buscando,

corazón desdichado, hastiado de vivir?

Amigo del llanto y enemigo de la risa,

¿cómo sufrirás los males que tienes delante?

Date prisa, pues, hacia la muerte que te espera,

pues por tus males te alargas los días;

tan lejos está tu deleitoso reposo

como quieres huir de la muerte halagüeña.

Brazos abiertos ha salido al camino,

llorando sus ojos por exceso de gran gozo;

melodioso cantar de su voz oigo,

diciendo: «Amigo, sal de casa extranjera.

En deleite tomo darte mi favor;

que por ningún tiempo hombre nacido ha sentido,

pues yo rehúyo a todo hombre que me llama,

tomando a aquel que huye de mi rigor».

Con ojos llorosos y cara de terror,

cabellos rompiendo con grandes aullidos,

la vida me quiere dar heredamientos

y de estos dones quiere que sea señor,

gritando con voz horrible y dolorosa,

tal como la muerte llama al bienaventurado;

pues si el hombre está a los males aparejado,

la voz de la muerte le es melodiosa.

Bien me maravillo de cómo es tan orgullosa

la voluntad de cada amador;

no preguntándome a mí quién es Amor,

en mí sabrán su fuerza dolorosa.

Todos, maldiciendo, juramentarán

que nunca Amor los tendrá en su poder,

y si les cuento el coloreado placer,

el tiempo perdido, suspirando, maldecirán.

A ningún hombre conozco o mujer a mi semejante,

que dolorido por Amor mueva a llanto;

yo soy aquel de quien se debe uno compadecer,

pues de mi corazón la sangre se va alejando

por la gran tristeza que le es allegada;

se seca cada día la humedad que me sostiene la vida,

y la tristeza contra mí es ardida,

y en mi socorro mano no se halla armada.

Tornada

Lirio entre cardos, la hora siento acercarse

en que civilmente mi vida es finada;

puesto que del todo mi esperanza ha huido,

mi alma queda en este mundo condenada.

 

Ya no espero ser amado

Ya no espero ser amado,

pues mi querer no os ve retorno

por mi esfuerzo, que no es tan fuerte

que decir que os amo haya osado.

Por vos me he puesto en amar,

y mi ojo no me quiere descubrir;

mucho menos mi lengua querrá decir

lo que el gesto no osa mostrar.

Quisiera haber el ojo tan esforzado

con que os mostrase lo que dentro llevo,

y que os hiciese venir en acuerdo

de qué dice la mirada enamorada.

De mi corazón no puedo cuenta dar,

ni de mi lengua por el decir;

dicen que se debe el ojo atrever,

pues mejor se puede atrás volver.

Sobre vos está todo bien cargado,

mas hacéis semblante de no querer puerto

de la merced que el cargo torcido

con su bello ingenio ha enderezado.

¿Quién puede ni debe tal fardo llevar,

queriendo tal pena sufrir?

Y la merced no quiere allí suplir

para el gran cargo aparejar.

¿Quién es aquel tan malhadado

que sin esperanza le falta consuelo,

y no se esfuerza contra el caso fuerte,

pues en aquel está desesperado?

Y yo no me puedo consolar,

antes tomo todo ingenio para no sentir

los grandes afanes que siento venir,

en parte llegados por no osar.

No puedo recoger el desgrado

que me viene de mí, sin hacerme tuerto;

haciendo menos mal, veo pasar muerte

a mucho mezquino desventurado;

pues no me he puesto a ensayar

el ser lo mejor nacido en oír,

por no poder yo enardecerme

en pasiones de amor mostrar.

Tornada

A las mujeres ruego quieran pensar

cada una con qué mirada la miro;

en el gesto me quiero enardecer

puesto que Amor me ha quitado el habla.

 

Celebren las gentes con alegría fiestas

Celebren las gentes con alegría fiestas,

loando a Dios, entremezclando deportes;

plazas, calles y deleitables huertos

sean buscados con relato de grandes gestas;

y vaya yo los sepulcros buscando,

interrogando a almas infiernas,

y responderán, pues no son acompañadas

de otro que yo en su continuo llanto.

Cada cual requiere y quiere a su semejante;

por eso no me place el trato de los vivos.

De imaginar mi estado son esquivos;

como de hombre muerto, de mí toman espanto.

El rey chipriota, prisionero de un hereje,

en mi mirada no es malaventurado,

pues lo que quiero no será nunca acabado,

de mi deseo no me podrá curar médico.

Aquel Ticio a quien el buitre come el hígado

y por siempre brota la carne de nuevo,

en su comer aquel ave nunca cesa;

más fuerte dolor que esta me tiene el sitio,

pues es un gusano que rompe mi pensamiento,

otro el corazón, que nunca cesan de romper,

y su trabajo no se podrá interrumpir

sino con aquello que de tenerse se defiende.

Y si la muerte no me trajese tal ofensa

—hacerme ausente de una tan placentera vista—,

no le agradezco que de tierra no vista

mi cuerpo desnudo, que de placer no piensa

perder más que el imaginar

mis deseos no poderse cumplir;

y si me conviene mi último día acabar,

serán dados términos al bien amar.

Y si en el cielo Dios me quiere alojar,

además de verle a Él, para cumplir mi deleite

será menester que me sea desde allí dicho

que de esta muerte os ha placido llorar,

arrepintiéndoos de cómo por poca merced

muere el inocente y por vuestro amor mártir:

aquel que el cuerpo del alma quiere apartar,

si firme creyera que os doleríais de sí.

Tornada

Lirio entre cardos, vos sabéis y yo sé

que bien puede un hombre morir por amor;

creer de mí, que estoy en tal dolor,

no haréis mucho si le dais plena fe.

 

Poemas de Ausiàs March: Desventurado no debe buscar ventura

Desventurado no debe buscar ventura:

persignarse debe la frente al nombrarla,

no vituperando a los que de ella favor toman

interponiendo su buen ingenio y cuidado.

Nadie debe su juicio tan pronto tener

que a aquel desonre que ventura quiere fingir,

no virtuoso, negándole alcanzar

lo que sus hijos tienen con menos saber.

Y déjame, pues, de ser aventurero,

si bien no me puedo tanto retraer ni estrechar

que en contra de él me pudiese tanto empujar,

de modo que huyera de su pie muy ligero.

Señor es grande, de bienes mundanos regidor,

y su juicio está al ojo escondido,

hiriéndoos allá donde seríais deleitados,

y que el deleite viniese todo por Amor.

Largo es el tiempo del continuo dolor

allá atrás; pues son cinco años pasados

que me huye el deleite cuando me he acercado,

haciéndome sentir frío después de calor,

diversidad de casos aportando

para desgastar de Amor el beneficio;

de los bienes de Amor conservador se rinde:

¡fuera yo contento, que soy deseante!

A Dios ni al mundo no me estoy de Amor clamando,

pues bien ha dado agua a mi gran sed;

no saciado, mas cuenta le es hecha:

no puede cumplir lo que soy deseando;

y no merece ningún reprendimiento,

pues del tercer grado fuerzas nos hace

según cada uno a amar dispuesto está,

y tanto como puede estrecha su mandamiento.

Fortuito caso me ha hecho estar ausente

del fuego de Amor que ya me iluminó;

en mejor caso Ventura lo apagó,

y yo estoy cierto que Amor de ello fue doliente;

por lo que no me clamo de Amor, sino de Ventura,

pues su poder me ha desfavorecido;

en abandono no me ha querido dejar,

antes persigue el amor y mi gran cuidado.

Tornada

Lirio entre cardos, del mundo debe perder cuidado

quien le conviene de Amor perder esperanza,

y tal o cual es de Amor la fianza

con el deseo que le da punzada.

 

Si tras grandes males un bien me es guardado

Si tras grandes males un bien me es guardado,

mis ayes y llantos en deleites se convertirán:

después de los males, los bienes mejor parecerán,

y el bien no vale sino tanto como es apreciado.

Rey puede ser llamado el pobre en su pensamiento

por un pequeño don que le sea ofrecido,

y al hombre rico, de largueza desierto,

gran suma de oro de la pobreza no le defiende.

Mi pensamiento, envuelto en amor, piensa

cómo todo su bien de este lugar pueda extraer;

nada piadoso, Amor lo ve muerto yacer;

no debe durar el aguante de esta ofensa.

Por mi mal rompe Amor sus costumbres

y hace mentir a los que de él han escrito;

la experiencia en mí ha desfallecido:

Amor desmiente ser en tal caso señor.

Así como el sol calienta con su calor

todas las partes que están bajo el cielo,

calienta Amor cada corazón de buen celo,

salvo el vuestro, que está lleno de frialdad.

¿De dónde viene el hielo, que tanta frialdad trae,

haciendo contraste al calor que Amor lanza?

A los ermitaños hace salir de la ermita;

los grandes deleites entran por esta puerta.

Del fuego de amor Fedra no fue evadida,

requerir quiso a Hipólito, su hijastro,

y Lanzarote tuvo en amor tal astro

que fue requerido por dama que de ello murió.

¡Oh, crueles hados! Vosotros que hicisteis juicio

de que yo amase un corazón de carne tan duro,

hacedlo blando, mandadle que no dure

en denegar con ojo casto mi deseo.

Amor es tal que hechos injustos consiente,

mas jamás fue tan injusto como este,

pues yo gimiendo, mi cerebro rompe el cráneo,

y vos estáis cerca de serme malqueriente.

Mi mente está en amaros envuelta,

le es forzoso, de otra parte no la tiran,

y vuestros ojos en mirarme no se giran

y muestran bien que tenéis la mente suelta.

Si soy amado, fiesta debe ser celebrada,

pues en el mundo un cuerpo será ganado:

así el cielo hace gran solemnidad

cuando del infierno un alma puede ser quitada.

Los cantores con melodía cantan,

los trovadores a hacer dictados se apresuran,

los aldeanos saltan, corren, luchan,

los amadores de amar bien no se espantan.

Tornada

Llena de seny, muchos hombres hay que se jactan

de haber visto bien a Amor y conociéndolo,

llevando de aquel escritos en su escudo;

no lo han sentido, y de sus hechos se espantan.

 

Llegado es el tiempo en que mi gozo es cumplido

Llegado es el tiempo en que mi gozo es cumplido

en la mirada de aquello que he deseado,

pues he visto lo que ya daba por desesperado,

y mucho más bello de lo que en mí fue dicho.

Mas de presente caigo en dolor no leve:

fuerte es y tanto que el juicio me hace mudar;

turbado del todo, mis pasos he de apresurar

y hallo remedio, mas de mí no se ausenta.

Así como el estéril que a Dios no menciona

para que le dé hijos sensatos y rectos,

y cuando los ve ser locos y deformes

nuevo dolor ante él se presenta,

me ha ocurrido a mí, que siempre deseé

a dama servir donde cupiese toda mi altura,

y cuando la veo, mi corazón yace enfermo,

creyendo de cierto que no se dolerá de mí.

De gran tristeza sobredolor me viene:

que me cumple huir de cada lugar oscuro,

y de gran miedo mi mente ha hecho tal muro

que los pensamientos dañosos le detiene;

y son tales que, si de ellos no se defiende,

bien reforzando la fuerza mal defendida,

todos entrarán, sentándose a mesa puesta:

¡tremolar siento ya mi entendimiento!

De ser vencido o superado no se defiende;

es el tardar, pues los pensamientos son glotones:

sin hacerse lugar entrar querrían todos

y no se puede hacer de ellos a la vez paso.

Y si el más flaco pensamiento es el primero,

al entendimiento forzará a huir:

en su debate está mi bien por venir;

su paz es puerto de aquel día mío postrero.

Peor que muerte es vida sin placer,

mas no me acuso de que fenezca mi vida,

pues mientras vivo no puede ser perdida

una dolor unida a alguna esperanza;

ni sé de dónde viene, sino del miedo de natura

que no consiente contra la muerte gran esfuerzo,

y por eso contra mi caso me esfuerzo

por no cumplir la mi desventura.

Tornada

Llena de seny, en hombre loco se detiene

el mucho amor con vana esperanza,

pues toma tal impulso que busca toda Francia;

de este gran vuelo la razón murmura.

 

Si Dios, del cuerpo, mi alma sustrae

Si Dios, del cuerpo, mi alma sustrae,

no me llorarán sino mis caros parientes,

pues mis amados no me son tan benevolentes

que en aquel caso les cumpla decir: «¡Llorad!».

Escaso salario es dado a mi trabajo

pues no soy llorado por pena sostenida,

y si la razón puede ser conocida,

culpa no tienen, pues el buen querer les calla.

Y de esto me quejo y quedamente trabajo,

y dentro de mí lloro y callo como un mudo,

y me hiere aquel que debiera ser mi escudo,

rompiendo mi corazón, y grito de mí no sale.

De Amor lo digo, que me rompe el pensar

en que por ningún tiempo seré por vos amado,

y por esto yo me hallo desesforzado

pues todo ensayo se causa de esperar.

De los amadores me quiero bien informar

de dónde está el amor en desesperado corazón,

y si está vivo, por qué de hecho no muere,

cuando por amor no puede amor mostrar.

No diré más; mas contemple cada uno

el estado de aquel que en tal caso se ve.

¡Mas, ay de mí!, que todo el caso es mío;

¡pues no debe ser que no me llore alguno!

Los males de amor son pocos al juicio común,

pues en pocos cae esta pasión,

y tal dolor no la siente la razón;

sino a sí mismo, no puede juzgar ninguno.

Aquel conoce el dolor de la muerte

que en la horca está, yéndole a dar la vuelta,

y aquel que tiene su vida en deleites envuelta,

de tal dolor no puede dar buen informe.

Es verdad: si traemos al recuerdo

que muchos pasados morir sostuvieron,

conoceremos cuánta dolor tuvieron

puesto que morir les fue mejor soporte.

Sin causa grande ningún acto grande se hace;

por eso cada cual puede tener conocimiento

de que el hombre teniendo de la muerte poco temor,

tan loco osar, gran dolor le trajo.

Médico en el mundo el saber no le bastó

para sentir el mal que el enfermo sufre,

mas por señales en la parte descubierta

podrá juzgar al hombre en qué punto está.

Así le ocurre al hombre de amor doncel;

no puede sentir pasión, mas ve el acto

de aquel que en sí lleva el gran carácter

de Amor, que nunca contra sí quiere consejo.

Así como empuja la ballesta el dardo

tanto más cuanto su fuerza basta,

la voluntad del hombre o mujer es casta

tanto cuanto Amor su fuerza extiende en él.

Contra Amor no valió sabiduría;

si no, David se habría de él bien defendido,

y sabios muchos no habrían tanto aprendido

si contra Amor valiese alguna empresa.

Tornada

Llena de seny, por no ser entendida

mi amor podrá escapar sin mérito;

y me pesa, pues lo tendréis por demérito

al no hacérosla, por mi hablar, manifiesta.

 

Poemas de Ausiàs March: Fantaseando, Amor a mí descubre

Fantaseando, Amor a mí descubre

los grandes secretos que a los más sutiles amaga,

y mi día claro para los hombres es noche oscura,

y vivo de eso que las personas no tasan.

Tanto en Amor mi espíritu contempla,

que parece que del todo fuera del cuerpo se aparte,

pues mis deseos no son hallados en hombre,

sino en tal que la carne punto no le turbe.

Mi carne no siente aquel deseo sensible,

y el espíritu obras de amor codicia;

de aquel ciego fuego con que los amadores se calientan,

pavor no hallo de que yo pudiese arderme.

Otra mirada mi querer practica

cuando en amaros, dueña, se contenta,

que no tienen esos que amadores se muestran

apasionados y contra Amor no dignos.

Si fuese Amor sustancia razonable

y que se hallase con cetro de señoría,

bienes galardonando y puniendo los deméritos,

entre los mejores solo me hallaría fénix;

pues yo solo desamparo la mezcla

de feos deseos que con los buenos se envuelven.

Castigo no me cumple, pues el ensayo no me tienta;

la causa de ellos en mí es hecha nula.

Así como los santos, sintiendo la luz divina,

la luz del mundo conocieron por ficticia,

y menospreciando la gloria mundana,

pues mayor parte de gloria sentían,

todo así tengo en menosprecio y hastío

aquellos deseos que, cumplidos, Amor mengua,

tomando aquellos que del espíritu mueven,

que no se cansa, antes cada día multiplica.

Así como a san Pablo Dios le sustrajo el alma

del cuerpo para que viese divinales misterios,

pues es el cuerpo del espíritu la cárcel

y tanto como vive con él está en tinieblas,

así Amor el espíritu mío arrebata

y no acoge en él la maculada mente,

y por eso siente el deleite que no se cansa,

de modo que mi carne el verdadero amor no me turba.

Me ocurre así como a aquel filósofo

que, por montar al bien que no se puede perder,

los bienes perdedores lanzó al mar profundo,

creyendo que aquellos el entendimiento turbasen.

Yo, por montar al deleite perdurable,

todo cuanto hay en el mundo, grueso placer de mí lanzo,

creyendo de cierto que el gran deleite me turba

aquel placer que en hastío, volando, pasa.

A los naturales no parece que hacerse puedan

muchos de los secretos que la deidad se guarda,

que revelados han sido a muchos mártires,

no tan sutiles como los ignorantes y aptos.

Así primores Amor a mí revela,

tales que los sabios no bastan a comprender,

y cuando lo digo, de mis dichos me desmienten,

dando a entender que locas cosas hablo.

Tornada

Lirio entre cardos, mi querer se templa

en lo que ningún amador sabe el temple;

eso hace Amor, a quien place que yo sienta

sus grandes tesoros; solo a mí los manifiesta.

 

Oíd, oíd, todos los que bien amáis

Oíd, oíd, todos los que bien amáis,

y lloradme si debo ser llorado,

y luego ved si tal caso ha llegado

en los presentes ni en los que son pasados.

Doleos, pues, de mí, vuestro semejante

en sufrir la dolor deleitable,

que pronto de mí se dolerá el diablo

al verme pasar mal semejante al suyo.

¿Quién es el hombre vivo, tal dolor sufriendo,

que desea aquello de lo que desespera?

Tanto es de grave que no parece cosa veraz

desear aquello de lo que se está desesperando.

No soy engañado por mi mal estado:

todo cuanto practico siento que torna en mi daño;

falto de poder me hallo, teniéndolo grande,

pues no me esfuerzo por mostrar mi voluntad.

Mi primer mal es mi abatimiento,

por lo que me odio y por nada me acuso;

y el segundo es el terrible rechazo

que vos mostráis si os hiciera requerimiento.

Llevado me hallo muy cerca de mi fin,

pues mi querer guarda un caso imposible;

no tardará la hora, que ya fuera tarde,

en que tendré los pies en el aborrecido camino.

Si por algún tiempo contra Amor fallé,

soy por ello reprendido, compadeciéndome el enemigo,

y nunca hacia mí pude ser amigo,

pues en ningún momento poder allí empleé.

Sí, el querer lo hallo en abundancia,

mas del poder no sé de nadie más empobrecido,

pues yo perezco y estoy tan desfallecido

que no puedo decir: «En vos está mi esperanza».

Un sabor de agrio y dulce Amor lanza

que mi gusto distinguirlos no sabe:

dentro de mis deleites dolor mortal cabe,

y tal dolor con el deleite tiene ligazón.

Mas yo me reprendo por haberme placido hablar

de aquello en que no me basta la ciencia;

el sobreamor me trae inocencia:

quiero y no quiero sin que el caso haya ocurrido.

Tornada

Lirio entre cardos, creed al amador mudo

y al que cambia de punto en punto el color,

y al temeroso cuando se acuerda de Amor;

del atrevido sea su tiempo perdido.

 

Algunos pasados se dieron a la muerte

Algunos pasados se dieron a la muerte

por escapar a los males que el mundo aporta

y por haber abierta aquella puerta

donde los deseos todos vienen a buen puerto.

A mí no me cumple de este mundo salir

por buscar aquel soberano bien:

en vos está todo, y no me hace falta dar fe,

pues ve mi ojo y os siente mi sentir.

Gracia doy a Dios pues sin muerte sufrir

tengo ante mí el gozo del espíritu:

él es aquel mi soberano deleite

y el último donde me place permanecer;

él es aquel que deseos me sustrae,

él es aquel donde males y bienes fenecen;

mis pensamientos de otra parte no se ven

ni tienen por bueno si algo fuera de él cae.

Tanto mi dolor está en soberano grado,

cuando tengo presente mi bien carestioso,

que si de muerte quiero ser voluntarioso,

no la puedo haber, pues Merced no tiene la llave.

Gran Crueldad con Gracia Poca la guardan,

por eso no toco a la puerta para que me abran;

mis sentimientos claramente me descubren

que el favor del alto secreto no me guarda.

Cada semejante con su semejante se guarda;

entonces, este derecho, ¿quién es aquel que lo rompe?

Yo, inclinado, gran deseo me corrompe,

y en el desear, la que yo amo viene tarde.

Y tardará si Amor no le revela

los grandes secretos que los amadores practican,

tales que sino en corazones gentiles no se clavan,

obedientes a la estrella de Venus.

Así como el fuego, cuando está en la mecha,

muestra deseo de ir a su esfera,

mi voluntad un momento no espera:

tanto como mejor puede, a los vientos da la vela

por arribar al puerto muy deseado;

en otro puerto no tiene para mí el hierro,

y si del todo del puerto me desamarro,

en este mar me encontraré ahogado.

Tornada

Lirio entre cardos, os digo la verdad:

que si podéis saber mi gran amor,

creer no puedo que no sintáis gran dolor,

ni me faltará de bien amar el grado.

 

Tanto en Amor mi mente ha consentido

Tanto en Amor mi mente ha consentido

que sin aquel en nada más puedo entender,

y a mí me place, que de otra cosa no puedo aprender:

todo otro asunto me corre en gran despecho.

Los grandes tesoros ni todo el honor del mundo

no me place tener sin ser amado,

pues sin esto, el nombre de bienaventurado

no está en mí, porque el deseo me confunde.

Pobre soy, pues, mucho más de lo que Job fue,

pues es dicho rico aquel que no tiene deseo;

en pasiones yo me hallo en medio,

si desear con desespero al hombre funde.

Jamás Amor tuvo así ocasión

de bien mostrar su famosa virtud

como al hacerme subir a mí, que me hallo abatido,

bienaventurado sobre todos cumplidamente.

Por dos extremos Amor es malmirado:

por mucho y poco, y el medio lo abandona;

bien se muestra necio pues contra sí falla,

pues todo cae cuando el extremo es su sustento.

Mucho me maravillo si Amor no decae,

puesto que en extremos quiere que esté su peso:

mi querer es más que toda cosa,

y el vuestro es menos que el tercio de un punto de dado.

Durar no puede si no me es hecho gran fraude,

rompiendo Amor de natura las costumbres;

poco menos contraste que entre tinieblas y luces

en mi querer y el de mi señora yace.

¡Oh Dios! ¿Por qué Amor es desigual,

que no consiente que vuestro querer crezca

para que el mío por ningún tiempo perezca,

si bien no siento cuándo me vendrá este mal?

Dios por bondad quiere ser tan ecuánime,

que no consiente un corazón duro y salvaje

ser amado con gran desventaja

de aquel que es en amor su caudal.

Por eso no pienso que amor en mí dure,

pues en amaros he tomado todo extremo,

y vuestro corazón está de amor tan falto

que en pensar en mí no creo que jamás se detenga.

Tornada

Llena de seny, por el amor que os profeso, juro

que si me viene tarde vuestra benevolencia,

en presencia de todos, haré de mí sentencia

que sonará mientras el mundo de los vivos dure.

 

Callen aquellos que de Amor han hablado

Callen aquellos que de Amor han hablado,

y de los pasados borrad todos sus escritos,

y en mí pensando ponedlos en olvido.

A mi lado nadie se ha enamorado,

pues paso deseo sin esperanza tener.

Tal pasión jamás hombre sostuvo;

para los condenados nuestro Dios la reservó:

solo para aquellos que mueren sin esperar.

Pues mi afán es entre todos el primero,

Amor hace agravio al retener mi derecho:

a los locos y necios no da hambre ni sed,

ni frío ni calor: todos tienen cumplido menester;

pues no hay uno que no halle toda su altura,

merced obteniendo si jamás la pide,

y yo de amor vivo de esperanza vana,

si pienso tener razón de estar por él encendido.

No soy empujado ni tentado por desgrado

de nada que en vos mis ojos hayan visto;

el entendimiento por el vuestro es conquistado:

en gran razón es causada esta altura.

Vos no veis mi pura intención,

pues el desamor os oscurece la vista;

por eso permanezco con mi alma triste

al no merecer vos mi afección.

Del padre santo no me hace falta perdón,

pues mi pecado es amar locamente;

lo pido a mí mismo, que con mi consentimiento

he hecho de Amor cautiva mi razón.

Sea contento Amor con el cuerpo y nada más,

y la razón servirá a su oficio;

mi sentimiento, que se ve sutil, sea necio,

que no mire a quien tenga el ojo cerrado.

Haciendo bien a muchos, a la muerte me acuso,

pues seré espejo de leales amadores

tomando remedio para todos sus dolores,

pues ante el mío todo dolor es bajo.

Tanto como he elevado más el pensamiento

y netamente he en Amor entendido,

el juicio femenino fuera de sí me ha empujado,

haciéndose a sí agravio y a mí gran ofensa.

Tornada

Llena de seny, yo quiero y Dios dispensa

que por Amor yo fenezca mis días;

mas, si escapo, por ningún tiempo rondaré

a mujer que del verdadero Amor se defienda.

 

Dejando aparte el estilo de los trovadores

Dejando aparte el estilo de los trovadores

que, por ardor, traspasan la verdad,

y sustrayendo mi querer afectado

porque no me turbe, diré lo que hallo en vos.

Todo mi hablar a quienes no os hayan visto

nada valdrá, pues fe no le darán,

y los videntes que dentro de vos no vean,

al creerme a mí, su alma estará triste.

El ojo del hombre necio no tiene tan fosca vista

que vuestro cuerpo no juzgue por gentil;

no lo conoce tal como el que es sutil:

ve el color, mas no sabe de la esencia.

En cuanto al cuerpo, sin participar

con el espíritu, conoce bien lo grosero:

vuestro color y el talle puede bien saber,

mas de la gracia del gesto no podrá bien hablar.

Todos somos groseros en poder explicar

lo que merece un bello cuerpo y honesto;

jóvenes gentiles, sabios, lo han buscado,

y, hambrientos, les conviene soportar.

Vuestro juicio hace lo que otro no alcanza,

pues sabe regir la mucha sutileza;

en hacer todo bien se adormece en vos la pereza;

virgen no sois porque Dios os quiso casta.

Solo para vos bastó la buena pasta

que Dios retuvo para hacer singulares dueñas:

ha hecho bastantes muy sabias y buenas,

mas el cumplimiento doña Teresa lo tasta;

teniendo en sí tan gran conocimiento

que nada le falta para que toda se conozca:

al hombre devoto su belleza ciega;

pasto de entendidos es su entendimiento.

Venecianos no tienen el regimiento

tan pacífico como vuestro juicio rige

sutilezas, que el entender os nutre,

y del cuerpo bello sin culpa el movimiento.

Tan gran deleite todo hombre entendido tiene

y ocupado se halla en entenderos,

que el deseo del cuerpo no se puede extender

a feo querer, antes como muerto está.

Tornada

Lirio entre cardos, mi poder no alcanza

a que pudiese hacer corona invisible;

merecedla vos, pues la que es visible

no se debe poner allá donde el milagro está.

 

No sigue el tiempo mi pensamiento innoble

No sigue el tiempo mi pensamiento innoble,

pues no se traspasa de un ser en otro;

Fortuna quiere su turno variado perder,

de modo que amistad con firmeza acepta:

cuando me ha sentido en lo más bajo de su centro,

ásperos ha hecho los dientes de su rueda,

para que alisando, en otro turno, no suba

a sentarme allá donde está el gran desorden.

Como el envidioso, que sobrado daño quiere recibir

para que mayor daño su desamigo sienta

y toma deleite del mal que ve sufrir,

tanto que no siente el mal que le es próximo,

tal semejante caso Fortuna conmigo practica:

haciendo proceso para que su deleite se anule,

muda el nombre que toma de ser no firme,

por su placer que es no dar tiempo al giro.

Así como aquel que adormece con artificio

su cuerpo para que el dolor no sufra,

quisiera adormecer los pensamientos que me traen

cosas a que mi voluntad se inclina,

causando en mí codicia terrible,

apasionando el alma, que está unida

en soportar este tormento tan áspero

con mi cuerpo, que en tal caso la acompaña.

Así como el castor cazado, por de muerte librarse,

tirando con dientes parte de su cuerpo arranca

—por gran instinto que Natura le da

siente que la muerte le traen aquellos miembros—,

por mi razón quisiera tener conocimiento,

poniendo menosprecio a los deseos que me atormentan,

matando el cuerpo, empecatándome el alma,

pues dejarlos me conviene para vivir.

En aquel punto que la codicia me asalta

quisiera ser loco, con la mente tan vana,

que no pensase que hombre más aventurado

Fortuna hubiese prosperado de bienes muebles.

En gran calor el frío todo hombre desea,

ni creer puede que jamás el invierno vuelva;

así me ocurre cuando dolores me angustian:

creer no puedo que en parte de contento baste.

Tornada

Lirio entre cardos, si el común ingenio

es tan grosero que no os basta a comprender,

querid con Dios hacer que si Fe les basta,

sea remitido el pecado de amor loca.

 

No me falta el recuerdo del tiempo tan deleitoso

No me falta el recuerdo del tiempo tan deleitoso

que ya ha pasado; pienso que tal no vendrá.

Si lo alcanzo, merced no me faltará,

pues piedad habrá hecho paz con vos.

Me apreciaréis a mí, que en tiempo antiguo apreciabais,

y confesando que os dolíais de mí.

Ahora que os amo más que jamás amé,

volveos allá donde al principio estabais.

Más que antes me hallo deseoso,

y el deseo en mí jamás morirá,

pues por su parte mi cuerpo lo sostendrá,

el entendimiento no me será despechado.

Deseadme vos a mí, a quien deseabais

por tal querer del cual yo me contenté.

Ahora que os amo más que jamás amé,

volveos allá donde al principio estabais.

Y si razón hubo para que bienquerido fuese,

mejor lo merezco, mi ojo no me desmentirá,

pues por gran duelo muchas veces lloró,

y no llorando, se me mostraba doloroso.

Y vos, de gozo, el Te Deum cantabais.

Lagrimeando, maldiciones canté.

Ahora que os amo más que jamás amé,

volveos allá donde al principio estabais.

Contar no debo los pasados dolores,

pues poca fe por vuestra parte pronto habrá:

quien carece de amor, otro amor no sentirá,

pues no tiene mirada el riente para el lloroso.

Si bien amando el tercio de un día pasarais,

tendríais gratitud por lo que por vos pasé.

Ahora que os amo más que jamás amé,

volveos allá donde al principio estabais.

Reclamo a todos mis predecesores,

aquellos cuyo corazón Amor enamoró,

y a los presentes y al que nacerá,

que por mis dichos entiendan mis clamores;

y si en vos el conocimiento juntarais,

mal grado tendréis de lo que hicisteis una mañana.

Ahora que os amo más que jamás amé,

volveos allá donde al principio estabais.

Tornada

Llena de seny, si el corazón me leyerais,

hallaríais claro que os amaré sin fin.

Ahora que os amo más que jamás amé,

volveos allá donde al principio estabais.

 

Yo pregono el bien si en algún lugar lo sé

Yo pregono el bien si en algún lugar lo sé,

callando el mal sin sentir por ello despecho,

pues en maldecir mi corazón no toma deleite

ni me cumple gritar, pues no veo el porqué;

no es por tanto que muchos bienes yo no sienta,

mas poco vale el grito entre el sordo y el mudo,

por lo que el hombre bueno no es por tal conocido

y su valor en el mundo no le aumenta.

Menos que la ley cristiana se presenta

a los africanos, ni la quieren oír,

veo la virtud en ninguna mención venir:

el hombre vicioso y el necio le han dado empujón.

Salomón dice que en pocos hay sabiduría;

los enemigos son muchos de la virtud,

diciendo que sois hombre loco conocido

si de la costumbre se aleja vuestra destreza.

El vicio es tanto que a la virtud ha empujado,

y el provecho al honor ha sacado del mundo

—¡en tan pocos está, y poco a poco se funde!—

no hay calor contra el frío de la pereza.

El número es tanto de aquellos que la deshonran,

que ya no vale el amparo de nadie;

y si queréis que os diga el grito común:

«¡Perezcan aquellos que del honor no se cobijan!».

A los hombres muertos de actos buenos no despojan,

pues de los ausentes no les cumple tener envidia:

no se puede digerir esta cosa fea

dentro de los vientres que de envidiar se llenan;

no dan loa al vivo que la persigue,

antes buscan razones para podérsela sustraer,

y si el bien hacer del mundo no pueden raer,

dicen de él mal, tanto que el bien deshaga.

Bondad, virtud, han perdido su casta,

cuerpos humanos han mucho disminuido,

Dios es por nosotros mal honrado y servido,

y ya la muerte más estrecho nos abraza;

todo cuanto por Dios bajo el cielo es creado

ha mucho perdido de su propio caudal:

el saber se pierde, la experiencia no vale,

el vivir es corto, que el medio es pronto pasado.

¿Dónde es el ingenio de Aristóteles hallado,

de Orígenes, Séneca y Platón?

¿A quién mostraremos semejante al fuerte Sansón?

¿Dónde se halla alguien tan bello como Absalón?

Linceo fue aquel a quien nada se le escapaba,

que no fuese visto por su vista sutil:

dentro del mar veía desde miles de millas.

El vivir de ellos más que el presente duraba.

Loco es aquel que no imaginara

que fallaremos pues falla aquello por lo que somos.

Así como decae la rama y el fruto

si la raíz del árbol uno cortara,

fallaremos nosotros, puesto que lo que nos sostiene falla.

Bien nos muestra Dios que quiere el mundo acabar,

pues lo que nos mantiene quiere que venga a perecer;

su poco a poco Naturaleza a nosotros nos falta.

Tornada

Lirio entre cardos, no me basta la sonda

para hallar fondo en vuestra estima,

y cuando os loó no hallo razón ni rima

con que me contente, y por eso yo me callo.

 

Sobredolor me ha quitado el imaginar

Sobredolor me ha quitado el imaginar;

el entendimiento no se duele ni puede distraerse:

tanto es el duelo que le ha sido preciso abatirse,

y mi afán, llorando, no se puede mostrar.

No hallo remedio, pues mi dolor es tanto,

que mi querer en partes lo tengo dividido,

ni en un solo lugar lo hallo reunido

sino en morir y vivir que se decanta.

Como el hombre flaco a quien es forzado elegir

con cuál de dos hombres fuertes ha de combatirse,

no sabe pensar con cuál deba debatir,

y, despavorido, sus cuentas no puede hacer,

así me ocurre a mí, que el vivir me espanta,

y el morir me será gran despecho:

cuando vivir quiero, la muerte tomo en deleite;

cuando quiero morir, la vida tengo por santa.

Como aquel que está veneno dando

a su maestro, y cuando ve su dolor

tiene piedad del mal de su señor

y sobre aquel quiere ser ayudante,

vos pensamiento, por quien mi juicio se ausenta,

por los trabajos dándole alteración,

a su afán dadle socorro,

puesto que sus males por medio vuestro los sienta.

Yo imito a la nave en golfo peligroso,

el mástil perdiendo y su gobernador,

y por contraste de dos vientos no discurre;

los marineros embobados están,

y cada uno de ellos su carta tienta,

y son discordes en su acordamiento:

uno querría estar cerca de tierra pasos cien,

el otro tan lejos como el viento pueda dar empuje.

Mi voluntad, con la que en el mar fui puesto,

fallida es y podría hacerme ayuda;

ya mi razón de su lugar ha caído:

mis pensamientos contrarios me han alcanzado;

ya mis deseos no saben elegir

vida ni muerte, cuál es la mejor elección;

la naturaleza en mí usa de maestría

y toma la muerte para de mayor daño huir.

Tornada

Llena de seny, no se puede bien sufrir

vida y dolor sin tomar algún respiro;

mi deseo se convierte en lamento

cuando me acuerdo que nada tengo que deciros.

 

El día tiene miedo de perder su claridad

El día tiene miedo de perder su claridad

cuando viene la noche que expande sus tinieblas;

pocos animales no cierran los párpados,

y los enfermos crecen en su dolor.

Los malhechores querrían que todo el año durase

para que sus males tuviesen encubrimiento,

mas yo, que vivo sin par, en tormento

y sin mal hacer, querría que pronto pasase.

Y de otra parte hago más que si matase

a mil hombres justos, sin ninguna merced,

pues todos mis ingenios suelto para traicionarme;

y no creáis que el día me excusase de ello,

antes en la noche trabajo rompiendo mi mente

para que en el día la traición cometa;

miedo de morir ni de hacer vida estrecha

no me quita esfuerzo para darme ofensa.

Tornada

Llena de seny, mi entendimiento piensa

cómo hábilmente el lazo de Amor se eche;

sin detenerme, paso siguiendo vía derecha;

voy hacia el fin si la merced no me defiende.

 

Así como el toro se va huyendo por el desierto

Así como el toro se va huyendo por el desierto

cuando es vencido por su semejante que le fuerza,

no vuelve nunca hasta que ha cobrado fuerza

para destruir a aquel que le ha desterrado,

así mismo me conviene alejarme de vos,

pues vuestro gesto mi esfuerzo ha confundido;

no volveré hasta que del todo haya fundido

el gran pavor que me impide ser dichoso.

Llegado es el tiempo en que será conocido

el hombre que su corazón tendrá fuerte o cobarde,

y ya nadie crea saber tal arte

que si es flaco, tal no sea sabido;

pues, desdichado, ante el peligro de la muerte,

entonces no le vale ingenio ni maestría

para bien cubrir su extrema cobardía,

antes elige huir para ser salvado.

Antes del peligro se debe hacer el corazón fuerte;

emprendiendo riesgo, se tiene de los buenos paridad,

consiguiendo honor y señoría,

haciendo venir a los césares al recuerdo.

Las armas hacen a los hombres probos valer

y los suben pronto en un solo momento;

este es lugar de donde el cobarde desciende:

más propio de él es a las mujeres ver.

Renombre de ardido querrá el farsante,

mas no será soportado su engaño,

pues los que más de tales asuntos sabrán

dirán qué nombre sobre sí debe tener,

y bajamente entre sí querrán decir:

«Hombre virtuoso no debe ser nombrado,

sino tomador de lo que no ha ganado

entre aquellos que no le verán fallar».

El hombre temerario que no temerá morir,

no dando fruto su peligro ensayado,

grado de virtud querrá en sí puesto;

mas en este se debe mejor sufrir,

pues con peligro muy grande de su persona

cuida ganar lo que no le da su derecho,

pues la virtud en el medio lugar se pone

y los extremos por vicios abandona.

Gana virtud quien su cuerpo a la muerte da

por un gran bien o de muchos beneficio;

pensar no debe que cuenta se le pida:

la virtud, por sí misma, al virtuoso galardona.

El hombre de corazón flaco deje el peligro aparte,

pues su honor lejos del peligro está,

y el temerario, con el tiempo, venir podrá

a ser templado y usar de la astucia.

Cuando de los pasados leo algunos hechos y miro

los por venir, gracia Dios nos hace

pues estamos en tiempo en que el mundo dispuesto está

para grandes asuntos y de cada parte;

especialmente por nuestro gran señor,

a quien, festejando, la gente con miedo lo mira.

Todo gran señor dentro de su corazón suspira

creyendo que él quiere ser de los señores el mayor.

Fortuna es súbito cambiador,

nadie sabe hacia dónde su querer la tira

y el semblante de su amor es ira:

su ira es muchas veces gran amor;

nadie se puede regir por su veleta,

sino que a los flacos de su corte expulsa,

y al corajudo con sus bienes lo deleita,

teniendo esfuerzo, viéndola contra él.

Tornada

Contra la muerte es este aparejo:

menosprecio del cuerpo y no temer a Fortuna,

seguir su ley, y, si es moro, la sunna,

y Dios entonces lo hará seguro de él.

 

Muchos hombres oigo quejarse de Fortuna

Muchos hombres oigo quejarse de Fortuna

y maldecir a aquella por sus actos,

queriendo con ley hacer amigables pactos

que les dé el bien, y que siempre fuese una;

no recordando su propia natura,

que es lo alto bajar y lo bajo montar alto;

y quien de esto se toma gran disgusto,

deje los bienes que llevan consigo carestía.

A Dios no plugo tener del mundo tal cuidado

que no dejase en él terribles afanes:

pérdidas son en número más que las ganancias,

en respeto a la verdad el juicio es locura;

y el hombre volcado al mundanal saber

ídolos cree, dándoles plena fe:

en bienes mundanos cree que está el cumplido bien,

queriendo morir solamente por poseer.

Si alguno pudiese de Fortuna tener

con un fuerte clavo su rueda cuando está arriba,

le fuera bueno ir arriba y abajo

sufriendo males, por hallar tal menester;

mas los metales no tienen tanto vigor

que tan gran peso con su fuerza retengan,

ni ingenios logran que de alto a bajo no vengan

los que se sentarán en la falsa honra.

Por ningún tiempo perderá Fortuna el ardor

de hacer lugares llanos de los riscos y el monte,

y cuando del todo lo deseado está junto

y no puede hacer más con su gran furor,

torna a rehacer deshabitada casa

que en poco espacio había dejado vacía,

y el hombre desierto, que enriquecer jamás cuida,

llena graneros, aceites y vinos embasa.

En su costado no debe portar espada:

como a loco debe el libre arbitrio perder

quien no cree cierto que Fortuna puede perder

los bienes muebles y los raíces arrasa;

mas el hombre del mundo por Fortuna mirado

con la mirada de risueña cara,

la parte del llanto no ha visto todavía;

cree que sus artes le han de bienes prosperado.

Tornada

Lirio entre cardos, propiamente soy comparado

a Tántalo por continuo deseo;

no sé por qué cada día en él porfío

pues me es cercano el juicio desesperado.

 

El hombre en el mundo no sube en gran valer

El hombre en el mundo no sube en gran valer

sin tener bienes, bondad, linaje grande,

mas la del medio vale más que lo restante

y no vale mucho sin las otras tener;

por ella se hacen las dos muy preciar,

pues el poder vale tanto como es administrado,

el linaje vale tanto como es honrado:

el valor del hombre lo hace todo graduar.

Mas no será el hombre sabio en el tañer

si en algún tiempo no tañe instrumento,

pues por querer tañer, el nombre no se toma,

sino el instrumento tañendo, bien acordar;

todo así aquel que dentro de sí vale,

pobre de bienes y de envilecido linaje,

no tiene los arreos para mostrar gran coraje

en la virtud que se nombra moral.

Son y serán muchos de otro caudal:

teniendo muchos bienes y de alta sangre favor,

y valiendo poco tienen la parte no mejor,

pues, sin el hombre bueno, cuanto puede tener es mal;

y muchas veces tiene la culpa natura,

pues fuera bueno tal que valer no sabe:

ningún saber puede vivir en su cabeza;

sin culpa suya, de valer tienen carestía.

Entre los extremos en medio la virtud se detiene,

muy grave de obrar y entre pocos conocido;

por solo saberlo no es el hombre por bueno tenido

sino hechos obrando fuera, bajo tal medida.

Tanto es espléndido el hombre sin hacer largueza

como es escaso si no falla en el gastar:

vicios, virtudes por actos se han de tomar;

después del hecho es su potencia presa.

No conquistarán virtudes por gran destreza,

no las tendrán poetas por su arte:

tienenlas aquellos poniendo vicios aparte,

obrando virtud por amor de la bondad,

nada dudando de la viciosa vergüenza

sino solamente amando el virtuoso precio;

y el hombre necio en este banco no se sienta,

y quien de él está lejos, el gran deleite se le aleja.

Tornada

Lirio entre cardos, siempre pondré mi empeño

en que el dolor jamás de mí se aparte,

y no penséis que mi caso se embravezca,

pues mayor daño merece mi gran vergüenza.

 

Sin el deseo de cosa deshonesta

Sin el deseo de cosa deshonesta,

de donde viene dolor a todo enamorado,

vivo dolorido, deseando ser amado,

y bien se ve que no os quiero deshonesta.

Lo que yo amo de vos es vuestro juicio

y los estados de vuestra vida casta;

mucho no pido, pues mi deseo no alcanza

sino a aquello que la honestidad atañe.

El entendimiento a vos amar me empuja

y no el cuerpo con querer deshonesto;

me atrae hacia vos un amigable gesto,

con sentir sutil, que despierta desdén.

Tan preso está mi entendimiento

por mucha parte del vuestro que le agrada,

que me quita el sentir y me enferma la carne

de un tal dormir que pierde el sentimiento.

No cesará mi igual voluntad,

pues mueve de parte que no se cansa ni se harta,

porque el espíritu todo lo finito aparta:

no está en el cuerpo su contentamiento.

De vos pido la voluntad ganada,

aquella que está en el alma infinita;

la parte de amor que puede ser perdida,

en mi corazón no se halla forzada.

Así como el fuego crece en su llamarada

cuando le son dados muchos leños para que los inflame,

y entonces crece y muestra mayor hambre,

cuanto puede sorber cosa que le sea dada,

así me ocurre a mí, pues mi voluntad crece

por los deseos presentados en mi mente,

y, removidos, se le haría ofensa,

porque de otra parte mi voluntad no se nutre.

Mi pensamiento muestra que me entristece

cuando entre gentes estoy mudo y pensativo;

entonces Amor nutre a sus hijos en el nido

que dentro de mi cabeza hace mucho tiempo alimenta.

Este es aquel querer sin término alguno,

por eso Amor de mí no se apartará;

aquel Amor que en nuestra carne está

no mete al corazón el incansable verme.

Tornada

Llena de seny, mi entendimiento firmo

en lo que nunca amador lo firmó,

y si fallo, el verdadero amor fallará;

«mejor de todos» tendré por nombre si me confirmo.

 

Todos los deseos esparcidos en el mundo

Todos los deseos esparcidos en el mundo

entre las gentes, según ley de cada uno,

con pie quebrado, al paso, van tras uno,

que es el mío, y hace largo tiempo que fue.

Así como los montes podrían huir del viento,

mi voluntad de él podría escapar;

en un lugar firme le conviene esperar;

no lo puede menguar aquel mal pensamiento.

En remediar no me conozco sentimiento

si bien el ensayo he yo experimentado;

por mi esfuerzo podría ser librado

de una gran parte del dolor que siento.

A Amor suplico que me deje dar a entender

el sobresalto que de vos, dueña, me viene,

entendiendo vos qué obra hace dentro de mí

y cómo sin muerte yo no me puedo defender.

Pasar puedo, pues, sin la honestidad ofender,

mostrando virtud, pues nada no casto quiero;

si bien el deseo no casta mente acoge,

no me hallo en punto de que nada piense de vos tomar;

sus movimientos nadie puede esquivar

—siervos no son de nuestro libre juicio—;

entonces, ¿cómo será que yo huya de mí?

Culpa no os tengo si forzado soy de amar.

Este amor tanto se puede esforzar

que al amador a muerte hará venir;

¿dónde está el hombre fuerte, potente para resistir

las pasiones que quiere Amor dar?

Y, entonces, ¿por qué soy yo discordante

en mostrar a vos la voluntad que os profeso?

Mi lengua tiene la vida y la muerte;

mi querer no me vale siendo bastante.

Así como aquel que está a Dios rogando

que llueva fuerte sin el tiempo nublado,

quiero ser amado sin dar ocasiones,

y no se puede hacer mi querer celando.

El entendimiento y la cualidad se acuerdan

en amaros a vos en quien está su semejanza,

y los quereres tienen gran desacuerda:

contra razón en tanta parte discordan.

Tornada

Lirio entre cardos, las víboras no muerden

con tan fuerte mordisco como es el de Amor;

si bien los mordidos no pasan tal escozor,

pierden el juicio y las vistas exorben.

 

Sea cada cual para bien oír atento

Sea cada cual para bien oír atento

y no imagine que yo le quiera engañar,

pues, de toda certeza, por mí podrá percibir

grandes novedades y de nuevo sentimiento,

tales que no sé los medios que las trazan,

mas solamente queda en mí el sentir;

así como el enfermo que su dolor sabe decir,

pero no sabe los males que la muerte le procuran.

Aquellos afanes que a los amadores acosan

y son comunes y casi manifiestos

no están en mí, ni semejantes a estos

no me dan pavor ni siquiera me amenazan.

Dolores tengo tales que en amadores no vienen,

pues yo perezco cuando ya no puedo amar;

solamente alcanzo a de muerte airarme

por mis faltas que en ira me encienden.

No sé cuáles son los deleites que me sostienen,

cuando no me apresuro a dejar el mundo aparte;

pues de airarme jamás me veo harto,

¡pensad los bienes que en este pensar se toman!

Morir me place pues no me basta el vivir,

lo mejor de mí es cuando en nada pienso,

y tanto como puedo, de pensar me defiendo;

consejo no me hace falta, si por loco me debo escribir.

Como el condenado que no se libra de muerte,

viéndose cerca de aquel su día postrero,

no ruega a Dios que le sea mercenario

y sabe que va donde ningún hombre se puede reír,

así me ocurre a mí, que huyo de la merced

de Amor en quien se encierra todo mi ser:

¡tanto contra él me he querido erguir

por la falta que ha sido cometida por mí!

Como el hombre necio que ha pensado en sí

del hombre sabio, a su saber alcanzar,

y cuando ve que en tanto no se puede empujar,

lo maldice a él y a sí mismo de donde viene,

así me ocurre a mí no bastando ser extendido

allá donde todo tiempo he tenido mi camino;

todo por falta que es hallada en mí:

odio a Amor y querría ser nada.

Tornada

Lirio entre cardos, el bien que me es vedado,

Amor me lo hizo al principio desear,

y locamente de tanto precio estimar

que no imagino que haberlo se pudiese.

 

¡Oh Muerte, que eres de muchos males medicina

¡Oh muerte, que eres de muchos males medicina

y el remedio contra mala fortuna:

contra mí ten ley y no excepción;

pues vengo a ti, ¡el oído a mí inclina!

Mas tú huyes del hombre que a ti clama,

yendo a aquel que del encuentro se aleja;

por encontrarte noche y día pongo mi empeño

para ser llagado por tu dulce herida.

Mi dolor grande no puede ser perdido

sino por mal que en cantidad lo pase;

por otro afán no creo que mi corazón se canse

y sea tanto que me dé pena infinita,

turbando mi juicio hasta que dolor no sienta:

entonces remedio yo pienso que alcance;

otro dolor me place que sea fresco,

o ruego a la muerte que morir me consienta.

El imaginar por ningún tiempo me menciona

otro dolor, y que no sea evidente

para dar llanto perdiendo toda alegría;

huyo de las gentes, no me place que alguien me sienta.

Pido de vos que de mí os queráis doler;

esto pido, que levemente puedo alcanzar,

y no es poco; con que no me queráis fingir,

gran parte del mal vos me podréis disolver.

Dueña, tal sois que por vos me quiero privar

de todos los deleites que el mundo a los jóvenes da;

a vuestro amor mi corazón se abandona,

vuestro cuerpo como a diosa quiero adorar;

y si de esto hacia Dios cometo ofensa,

yo me confieso, a arrepentirme no alcanzo:

el gran sabor del penitente no cato;

la vuestra, pienso, es de venenos defensa.

Todo el revés muda mi vana mente,

rogándoos mucho que de mí no queráis doleros,

y si, recluso, me ve la gente quejarme,

de sus deleites me nutre Amor y me piensa.

Amor a mí tan ecuánime se muestra,

que hace quedar por loco a quien de mi mal se compadezca.

Y, pues, enojo de mí no os alcance:

mi fuerte dolor será menos sin el vuestro.

Tornada

Lirio entre cardos, Amor los males me muestra

todos cuantos venir a un amador pueden;

recíbelos mi corazón todos cuantos en la mente me rondan,

y cuando los callo, aquella es su muestra.

 

Mi miedo de alguna causa nace

Mi miedo de alguna causa nace.

Por más que el juicio se ponga en buena esperanza,

mi sentimiento, profeta verdadero,

de buen pensar mi pensamiento remueve.

¿Qué es esto que me veda todo reposo,

y el dormir la congoja no me quita,

y mi razón cuida morir por duelo,

al no haber hallado nunca el remedio?

Dolor me punza que da al corazón gran mordisco,

ni causa veo del venidero daño;

mi espíritu es mal pronosticador

—generalmente, que especial no lo pongo—.

Cuando despierto, me parece que me despierta

un dolor, con agudo punzamiento;

familiar es tanto este pensamiento

que el daño viniente ya tengo por cosa cierta.

Yo estoy bien cierto de que vos no estáis bien cierta

de mi querer, del cual me he callado;

mi culpa es, al no haberme mostrado claro,

y tal amor no merece ser cubierto.

Ya estoy más lejos de mostrar mi querer;

poco a poco mi esfuerzo siento decrecer;

lo que de mí sabéis no puede merecer

que en mí penséis amar ni desamar.

Sobreamor de vos me ha hecho alejar

y dentro de sí quiere estar repartido;

por mucho amar mi querer no he dicho,

y sentimiento de él a vos no quiere dar.

Vos no sabéis mi querer secreto;

vos no sentís, y sobredolor siento;

Amor lo hace sin uso de entendimiento,

hastiándoos a vos, dándome a mí hambre y sed.

Los males tan grandes que Amor me promete,

esfuerzo no sé que los osara amparar;

yo amo el daño venido por vuestro amar,

pensar debéis cuánto más el beneficio.

A vos adoro, si no me lo reprendéis;

dejad a mí el cargo de conciencia:

en tal extremo es mi gran benevolencia,

que os confieso por un terrenal dios.

Jamás diré que seáis el mal mío,

pues todo el mal yo tomo por muy gran bien;

si mi amigo de mi mal semblante tiene,

yo por su bien querría antes estar en cruz.

Amor me hace el cargo sostener,

yo lo maldigo si por algún tiempo me falta,

y si mi cuerpo pierde virtud por el trabajo,

no le doy muerte para que su mal no acabe.

Tornada

Lirio entre cardos, todo cuanto de vos yo miro

y cuanto pienso me hace crecer de amor;

deleite siento, a veces sin dolor,

y luego me duelo tanto como puedo sufrir.

 

Si bien mostráis que no me aborrecéis

Si bien mostráis que no me aborrecéis,

antes os agrada mi simple palabra,

y mis escritos no creéis ser fábula,

y os place de mí si algún hombre bien dice,

cuando imagino que por amaros a vos

me aborrezco a mí, sin que nada falte,

en aquel punto todo mi querer niego

puesto que vuestro agrado no pasa a bien amar.

Consuelo bastante en mí no puedo pensar,

y si con el tiempo alguna parte alcanzo,

será por cuanto tomo tal parte de Amor

que le sabrá mal si lo he de desamparar;

habré a Amor de mí desposeído,

que por ningún tiempo tal sirviente cobrará;

este pensar consuelo me traerá:

durará tanto como el estar enfurecido.

Lo que pido merece precio infinito;

no lo quiero tener sin merecer nada:

el alma os doy que es a Dios bello presente,

a ella no le place tener el cuerpo abandonado.

No os ruego amor, sino que me lo demostréis;

de lo que está en vos tendré singular grado;

si buen querer me tenéis escondido,

tanto amo el mal con que me lo ocultáis.

Yo estoy bien cierto de que vos me conocéis

y los tres tiempos de mí no ignoráis,

mis pensamientos yo creo que sabéis;

no os preciéis, pues, si no me reconocéis.

Mi querer a lo infinito se acerca;

será contento del vuestro, poco o mucho:

así pues, hacia mí no os hace falta ir con cautela;

el camino es llano sin barranco ni gran cuesta.

Vuestra valía todo cuanto puedo dar me cuesta,

no me queda más que el vivir doloroso;

dos grandes contrastes de quereres veo en vos:

mi vivir os place, de muerte es la respuesta.

Los ojos tengo cerrados, no conozco noche ni día,

ni tengo hombre cerca que del tiempo me avise,

ni siento nada firme con que el tiempo divise;

con todo esto mi mente no toma reposo.

Tornada

Lirio entre cardos, dentro de mí llevo un horno

cociendo un pan de un dulce sabor,

y aquel mismo siento de gran amargura;

todo esto me ocurre diez horas al día.

 

Quien no esté triste, de mis dictados no cuide

Quien no esté triste, de mis dictados no cuide,

o en algún tiempo no haya estado triste;

y aquel que de males está apasionado,

para entristecerse no busque lugar oscuro.

Lea mis dichos mostrando mente turbada,

sin arte alguno, salidos de hombre fuera de juicio,

y la razón que a tal dolor me empuja,

Amor la sabe, pues él ha sido la causa.

Alguna parte, y mucha, es hallada

de gran deleite en la mente del triste;

y si las gentes con gran dolor me han visto,

de gran deleite mi alma fue acompañada.

Cuando simplemente Amor conmigo habita,

tal deleite siento que no creo estar en el mundo;

y como sus hechos quiero ver profundamente,

mezcladamente con dolor me deleita.

Pronto viene el tiempo en que haré vida ermitaña

para mejor poder de Amor las fiestas cultivar.

De este vivir extraño nadie se quiera doler,

pues para su corte Amor me quiere y me cita.

Y yo, que lo amo por sí tan solamente,

no denegando el don que me puede dar,

a su tristeza me place abandonar

y por siempre vivir entristecidamente.

Sacar no puedo de mi entendimiento

que sea cierto, y mucho más bello partido,

su tristeza grande que todo otro deleite,

pues en ella recae deleitoso languidecimiento.

Alguna parte de mi gran deleite es

aquella que todo hombre triste porta:

que doliéndose de sí, el llanto lo conforta

más que si de él todo el mundo se doliese.

Cuidaré de ser por muchas gentes reprendido

puesto que tanto loó vivir en la vida triste,

mas yo, que he visto su gloria ante los ojos,

deseo sus males pues el deleite les es permitido.

No se puede saber sin la experiencia

el gran deleite que hay en el solo querer

de aquel que es amador verdadero

y se ama a sí viéndose en tal voluntad.

Tornada

Lirio entre cardos, Dios os dé conocimiento

de cómo estoy por vos en todo extremo puesto.

Con mi poder Amor me ha derrocado,

sin aquel suyo de infinita potencia.

 

Aquel que de otro recibe enojo y placer

Aquel que de otro recibe enojo y placer

y perder quiere totalmente su amistad,

le es menester que dé por olvidado

todo el placer, teniendo de ello desespero;

y lo primero, que se aleje de su presencia

y del placer no esté recordando,

porque si aquel le está presente delante,

el añoro dobla su benevolencia.

Tres cosas son las que alejan el buen querer:

daño, desagrado y gran iniquidad.

Al propio bien el hombre está tan inclinado

que no quiere bien de donde gran daño pueda haber.

En el gran desagrado no nos basta la potencia

para que amemos a quien nos es desagradable;

nuestro esfuerzo no sabe hacer en nosotros tanto

que el primer querer no mude en malvolencia.

La iniquidad pone al hombre en desespero,

aborreciendo a Dios, señor que lo ha creado

—eso hace el juicio del hombre cuando está airado,

aborreciéndose a sí, amándose tanto primero—.

Después de sí, el hombre ama a su simiente,

tanto que el enano cree ser gigante,

y tanto puede ser alguien hacia nosotros mal usante,

que en mal querer giramos nuestra ciencia.

Como el hombre fuerte que es igual de poder

con el enemigo que le es delante puesto

—hasta que uno de ellos es por el otro sobrado,

nadie puede ningún derecho juicio hacer—,

así mismo no puedo dar sentencia

entre Amor con Odio desacordando:

cada uno de estos en mí es tan pujante,

que mi saber no conoce en ello diferencia.

Amor en el campo no fue el más postrero,

mas el Odio vino allá de armas tan esforzado

que al más extremo del campo lo ha derrocado,

que yo pensé que no pudiese nunca rehacerse;

mas no le faltó a Amor súbita valía:

mi loco Voler le fue pronto ayudante;

el Odio dio un grito diciendo: «¡Ay de mí!, ¿cuánto

tarda la Razón que me quite de temores?»

Tornada

Suplico a Dios que me quite el conocimiento,

o, queriendo Él, use yo de pasión,

de aquella que esté cerca de la razón,

dejando el Amor que me traiciona en la creencia.

poemas de Ausiàs March

Querría haber nacido cien años o más atrás

Querría haber nacido cien años o más atrás,

porque estoy cierto que ha empeorado el mundo;

tan poco vale, que él mismo no sabe dónde

su gran bajeza en más bajo lugar bajase;

y veo un caso de la razón apartado:

que el hombre malo hace casa cerca de la horca,

y el hombre justo huye y se mete en caverna

por aquel mal que jamás ha pensado.

Loco es aquel que quiere haber usado

de mal saber donde será bien entendido;

imaginar debe que será reprendido,

y sin murmullo no debe ser tolerado;

y el hombre malo debe ser pregonado con trompa,

para que a uno y a otro no engañe:

¡tantos son aquellos que por buenos hombres van

que difamados, cesaría su pompa!

El justo querer piensa cómo interrumpa

al ficto querer, coloreado de bien,

y entonces es guardada la buena fe

cuando el feo hecho su acusador pregona.

Aquel es llamado misericordioso

que guarda a los buenos de que no les sea hecho agravio;

el perdonador de quien feo hecho comete,

de infinitos males da ocasiones.

Temiendo a la fama el hombre es llamado virtuoso,

y eso no cae en hombre desvergonzado;

así pues, el mal decir no debe estar en olvido

puesto que la virtud muestra al hombre vicioso.

Al vicio somos movidos naturalmente,

y nos constriñe el miedo a la mala fama.

¡Bendito aquel que el bien con su boca brama

y dice el mal cuando bien lo conoce!

Es mal señal de quien es complaciente

y muere de enojo cuando el mal decir se acostumbra,

y le desplace si nos oye decir la suma

de algún feo hecho, viéndose malmirado:

así como aquel que en la horca ve morir

a su compañero, que no le superó en maldad,

y dice que es cosa muy descomunal

que por tal hecho deba muerte sostener.

Tornada

Ya de presente deleite no puedo sentir

sino semejante a aquel del tiempo pasado;

y como lo busco y tal no lo he hallado,

a mí mismo y a todo el mundo aborrezco.

 

Vos que sabéis de la tórtola la costumbre

Vos que sabéis de la tórtola la costumbre,

y si no la sabéis, plázcaos oírla:

cuando la muerte le quita a su par, se quiere apartar

de obras de amor, ni bebe agua de río,

antes en los charcos ensucia primero el agua,

ni se posa nunca en verde árbol frondoso.

Mas contra esto es vuestra cualidad,

por gran deseo no casto que en vos arraiga.

Y no creáis, dueña, que bien os siente

que, después de haber catado la carne gentil,

a un mercader entregarais vuestro cuerpo vil;

y su derecho nombre, Juan, pienso que le cae.

Y si queréis que os dé de él conocimiento:

su faz es grande, con la vista muy bizca,

sus fundamentos son de langosta o mosca;

cierto, no merece vender paños de Florencia.

Y conociendo vuestra gran flaqueza,

quiso montar, en amar, caballero;

y sabiendo él todo vuestro hecho de verdad,

en amaros a vos, tendría cargo de conciencia,

sabiendo muy clara la ensuciada vida,

tomando en público las pagas del pecado.

Vuestro cuerpo feo por trapo es trocado;

vuestro servir es bueno solo para nodriza.

Y no creáis que hija os hubiese dejado,

vos amamantando a aquella con vuestra leche,

pues vuestro cuerpo está de veneno repleto,

y lo muestran vuestros pelos fuera de medida;

que si os dejáis vuestra barba crecida

y os la quitáis, luego, con los pelos de los brazos,

podrán hacerse ventajosos lazos,

prendiendo perdices, tórtolas o becadas.

Cuando oigáis: «¡Alcubitera probada!»,

responded pronto, que por vos lo dirán;

y cuando por nombre propio os llamen,

ya no os mostréis al oírlo confundida,

interrogando: «¿Amigos, qué queréis?

En derecho de amor ¿hay algo que yo hacer pueda?

En trato semejante jamás me hallo parca,

presta estaré a cuanto pidáis.»

Tornada

Todos los que algún arreglo queráis

en hechos de amor, emplead a Na Monbohí;

ella os hará todo lo que hizo a mí:

no se puede saber el acierto que allí hallaréis.

 

Coraje mío, tarde en cobrar esfuerzo

Coraje mío, tarde en cobrar esfuerzo,

nada piadoso con todos los que te sostienen:

el alma y el cuerpo a separarse vienen;

por ser tú flaco, el cuerpo de vivir está harto;

mis ojos no son libres de hacer su oficio,

mi paso es impedido, mi lengua no me aprovecha;

y de esto la Vergüenza se deleita,

al verme llagado de tan vergonzoso vicio.

Pavor siento, un gran sudor me comienza;

saltando, mi corazón el pecho me cuida romper;

no hallo esfuerzo para la Vergüenza corromper,

no puede ser que mi Esperanza a la Prudencia venza.

No puedo mostrar lo secreto de mi mente,

y vanamente tengo miedo de la respuesta;

mi dudar mayor duda me acerca,

femenino gesto el valor me defiende.

Algunos han dicho que la Vergüenza no se halla,

mas yo puedo dar de ella testimonio:

de vista, no; semejante es al demonio:

parte de mis sentidos y el hablar me roba;

da a sentir de sí algunos fuertes actos,

según de muchos hemos oído gestas,

creyendo a tales que deslucen las fiestas;

señor es mío, Amor firma los contratos.

Y si pudiese la obediencia quitarme

—que por su golpe mi amor yace muerto;

pues no pareciendo, le es otro amor arrebatado,

no sé qué dios condenado me hace adorar—,

yo tendría esfuerzo de poner pronto en obra

lo que no oso mostrar, una apariencia;

con gran fuerza la Vergüenza me da temor,

y así el arrojo un poco en mí no sobra.

En todos aquellos donde gran amor no cuelga,

su ingenio no puede con la Vergüenza, ni su fuerza;

a mí y a pocos a su querer nos fuerza,

nuestro querer a nuestros enemigos venga.

A este querer el Deseo y el Amor sostienen,

causa de estos sois vos, a quien miran;

creer no puedo que vuestros sentimientos tarden

en descubrir los males que por vos vienen.

Tornada

Oh loco Amor, aquellos dolores sostienen

que buscan fin allá donde fin no puede haber;

de su trabajo nada se muestra en el ser,

y son estos los que de vos se encienden.

 

Todo médico toma cargo de conciencia

Todo médico toma cargo de conciencia

si el peligro al enfermo le mantiene secreto:

el cuerpo ahí pierde, mas el alma en buen lugar pone;

cuentas mortales lleva en reconocimiento.

Vos que sabéis claramente mi ser,

hacedme estar cierto del porvenir:

yo quiero saber qué me tiene oculto Amor;

mi mal y bien de hecho hacedme conocer.

Mi ignorar bien no me hará merecer,

y por ningún tiempo jamás bien aportó,

y tarde o pronto mi mal a fin vendrá,

y por esperar mi mal podría crecer.

Si place a vos que bien me deba venir,

no me retraséis tener de ello sentimiento,

y por tardar este conocimiento

no me percibo de mi querer cubrir.

Tardanza de tiempo no me hace de Amor desistir;

los tiempos en mí vencer a Amor no podrán,

todos mis días un momento parecerán:

corre el sol, no se mueve a mi albedrío.

Si pierdo a Amor por forzado desespero,

vos os doleréis de mí y él no habrá perdido tiempo;

así pues, vos y Amor acordaos juntos,

muy prestamente, qué os placerá de mí hacer.

Tornada

Lirio entre cardos, quien mal o bien quiere hacer,

no debe pensar en daño alguno si le sigue,

pues el querer en dos partes se parte,

y corazón partido ningún hecho requiere.

 

Los ignorantes de Amor y sus ejemplos

Los ignorantes de Amor y sus ejemplos,

creyendo que sus hechos han sido fábula,

me reprenden porque me traspaso en otro,

tomando deleite en perder el libre arbitrio.

A su parecer un gran milagro parece,

y mayormente algunos más fuertes artículos:

descreen que la muerte sea de grado sufrida,

y que en el dolor de amor el deleite se mezcle.

Fuego escondido, nutrido dentro de las venas,

haciendo gran humo por vía derecha y tuerta;

ira dentro de la paz, y tormento muy alegre,

luz clara y bella consigo portando tinieblas:

estos contrastes los finos amadores sienten.

En un mismo tiempo Amor dentro de ellos se aloja,

y para todos aquellos que no lo creen posible,

solo de haberlos nacido la naturaleza siente vergüenza.

Viendo el cielo mi naturaleza dispuesta,

quiso influir dos poderes separables

a mí viniendo de manera diversa,

cada uno tomando la parte a él condigna:

haciendo amar simplemente a mi alma

a su semejante, de vicio limpia,

y la otra parte en mí no permanece suelta,

y en su querer su decreto el alma pone.

Aquel amor que se dice voluntad buena

y solamente mira la parte honesta,

este amor me ha hecho amable

por mi semejante y el mediador ministro.

Y el otro amor que en el deleite se titula

y de la honestidad es enemigo rebelde,

mi alma y cuerpo por él toman sus armas,

aportando paz y guerra todo en conjunto.

Este amor por nuestros sentidos nos entra

y hace presente al común sentido, y pasa

lo presentado, por sus medios, al entender,

de donde el querer crece tanto como el hombre se deleita;

mas para que en grado deleitoso el amante suba

dentro del hostal donde Venus lo aloja,

todas las virtudes y el juicio de la persona

son deseados en servidumbre del acto.

Aquellos que el amor bestialmente practican

sin acoger en parte el deleite de entender,

solo por la carne su apetito se liga

que, si no es bruto, el placer no los acompaña.

Quien quiera hallar amor que nunca descanse,

no lo busque allá donde el poder se venza,

pues toda cosa, perdiendo su causa,

no es hallada en aquel ningún ser.

Algunos elegidos, en muy escaso número,

que solamente por amor de espíritu aman,

de este amor participan con el ángel,

y tal querer por ningún tiempo se cansa.

Los que amor con cuerpo y alma sienten,

amando el cuerpo y más la parte del alma,

grado de amor humano alcanzan:

sobre dos cuellos el yugo de Amor aportan.

Pues alma y cuerpo dan el ser al hombre,

casi forzoso es entre ellos el complacerse:

ame el cuerpo a su semejante conforme,

ni se le culpe si no busca lo infinito.

Nuestro espíritu a su semejante codicie,

y de aquel todos los actos que de él salen;

mas los quereres que de estos compuestos nacen

son más punzantes que de algún amor simple.

De la virtud está nuestra vida exenta,

así que el cuerpo vence al alma batallas,

y los pocos quereres el juicio del hombre no templa.

¿Y, entonces, cuánto menos los que gran fuerza portan?

Y tal amor al juicio no escucha,

tanta benevolencia de la carne capta.

Con corazón seguro de vencer a aquella que tienta,

sus blandas manos los fuertes diamantes amasan.

Si bien Amor las pasiones aventaja,

en ser primero el deseo le da fuerza,

y luego el deleite lo sostiene en su reino;

fallando este, desfallece de Amor el cetro.

No sea entendido presente deshonesto acto,

pues el fino Amor de otro amor se contenta;

si no lo alcanza vive de esperanza sola,

y el gran miedo sigue a su contrario.

Aquel que de Amor del todo no se deja vencer,

así que la razón de su consejo no aleja,

no merece la corona de mártir

de aquellos pasivos que no tienen otra cuenta

sino pensar que su vida tenga término,

acabado aquel que a tal extremo los lleva,

creyendo que de este los hechos del mundo son sombra

de aquel sol claro que todo su corazón calienta.

¡Oh buen Amor, a quien la muerte no triunfa,

según la historia que el Dante cuenta,

y ningún juicio presuma ocuparse

en conseguir contra ti fuerte victoria,

y dos cuerpos con una sola alma gobiernas

por la virtud que de la amistad se engendra!

Aquel que de ti el término piensa alcanzar

no sabe de ti, de la ignorancia es discípulo.

Tornada

Lirio entre cardos, tres son las grandes carreras

donde la verdad por ningún tiempo pasea:

Ira y Amor consigo no la consienten,

y la otra es la general Ignorancia.

 

Bien me maravillo de que el aire no se altere

Bien me maravillo de que el aire no se altere,

y cómo el fuego por pesado peso no cae,

y cómo no se mueve la que pesada yace

afirmando su lugar en la más alta esfera.

Mayor señal no puede mostrar el mundo,

y digna es de que el hombre se maraville;

con un poco más habré de creer por ello

que perecerán todos cuantos en el mundo son.

A mi juicio, Amor sus leyes confunde;

el experimento ya del todo es errante.

Todo amador ama a su semejante;

el hacer lo contrario por ningún tiempo fue.

Vos, que sois bastante para un mundo regir,

¿podrá bien ser que améis al hombre necio?

¿Por acto feo tendréis el sentimiento ciego?

No tenéis más excusa en mi decir.

Mi firme creencia no puede bien sufrir

un caso tan fuerte, y por muchas razones,

mas tan bien sé que la carne tiene espuelas,

y no os veo freno bastante para retener;

y de otra parte Amor, por su furor,

secretamente, sin cuenta, el cuerpo liga

en actos tales cuales la honestidad castiga.

¿Y puede ser que améis con tal amor?

Si verdad fuera, ruego a Dios que el calor

de todos los fuegos queme vuestra carne,

si no tenéis en un terrible escarnio

el no vencer un error tan grande.

Mas vuestro cuerpo por ventura se deleita

usando los frutos que Venus cultiva;

mas vuestro juicio debería tener horror

de hacer tales hechos, y ya de ellos hay sospecha.

Por tal dolor no haré vida ermitaña;

manifiestamente será mi vida activa,

y de hablar no tendré lengua esquiva,

y el veraz hablar, de sí gran dulzor arroja.

Aquellos que sabrán mi veraz lamento,

todos me plañirán por mi causa justa,

y el lamento de sí amor ajusta

y reprenderán a la natura si lo consiente.

Tornada

Oh loco Amor, de vos no estoy contento,

y ya mucho menos de los hechos de la que amo;

no sé de quién tener más honesto clamor;

por no errar, os maldigo a ambos igualmente.

 

Con vos puede Amor bien enmendarme

Con vos puede Amor bien enmendarme,

del tiempo pasado, su gran fallo;

su fuerte dolor, por mi mal pensamiento,

siendo vos mi amada se puede compensar.

Yo le perdono si me ha dado mal dormir,

yo le perdono el querer mal galardonado,

yo le perdono si me ha forzado a amar

a mujer tan vil que me daría vergüenza decir.

Si cosa fuese ligera de soportar

que yo de vos tuviese tal jactancia

que pudiese decirme vuestro sirviente,

el nombre sin más me basta para contentar.

Tal me parecéis que si de firme os miro,

mi deseo permanece tan alterado

que no quiere nada de lo que ha deseado,

ni del presente ni de lo que puede venir.

Creed de firme que no me quiero apartar

de lo que sabré que os será placentero,

y si me mandáis cosa de gran tormento,

será muy leve carga de soportar.

Así pues, en mandar no os hace falta dudar:

todo se hará lo que sea mandado

con tal que el amar no me sea vedado,

pues mi querer en nada más puede servir.

Acuerdo no os falta en querer amarme,

si os complacéis en ello, ni de mi sentimiento;

de mi voluntad creed seguramente

que por ningún tiempo os podrá desagradar.

Ella amará y no hará mentir

a mis escritos que de ella tanto han hablado,

ni escarnecerá mi verdadero dictado,

antes en mejor la veréis aumentar.

A Dios no le plugo belleza daros

sino para que fuese de Amor servidumbre,

pues en todo lo demás fealdad bastó

al hacer todo cuanto el mundo le puede mandar.

No sabréis bastante si dejáis el tiempo huir,

y tiempo perdido no puede ser cobrado;

así pues, quedaos con voluntad resuelta

de bien amar a quien os sabrá agradecer.

Tornada

Lirio entre cardos, mis días quiero acabar

amándoos a vos, solo con que me lo agradezcáis;

y si Amor de amar me ha alabado,

creedlo firme, pues no se deja desmentir.

 

A mal extraño es la pena extraña

A mal extraño es la pena extraña

y el remedio tendría que ser extraño;

y quien de frío muere, por entrar en baño

tendrá calor, si agua fría lo baña;

y si el comienzo viene por medio imposible,

el medio sigue y el fin al comienzo;

con fuerzas tales Amor a mí, amando, vence,

que llanamente decirlo no me es posible.

Contra mí Amor es muy horrible

y tan placentero que me ha hecho estar contento,

pues ante mí tengo bien cumplido presente

y de otra parte me punza dolor terrible.

Esta es una dolor nueva

que dentro de mi cabeza ha hecho nueva obra,

desasentando mi mente pobre

que a sus males tenía ya por morada.

Amor en mí no hace gran maravilla,

afirmando sus leyes en tiempo pasado puestas;

mas por largo tiempo estaban ya olvidadas:

por mí Amor su poder torna a la silla;

y así como Dios milagros quiso mostrar

para que los judíos firmemente lo creyesen,

haciendo hablar a los mudos y que los ciegos viesen,

a Amor le place que pierda yo el hablar.

Para algunos esto milagro parece,

mas si nos acordamos de Arnau Daniel

y de aquellos que la tierra les es velo,

sabremos Amor hacia nosotros qué puede mostrar.

Aquella que amo igual que a la vida,

muéstrele aborrecer en hechos y en semblante:

cuando le estoy cerca, tengo de ella desmayo,

con continente de haberla aborrecido.

Dentro de mí siento una fuerza infinita,

tanto que es más fuerte que el deseo de Amor;

cada uno de estos de Amor toma su favor,

mas igualmente entre ellos no es partida;

pues mi deseo no basta para amenazar

al gran miedo que lo bate fuerte y lo castiga;

de este es Amor tan gran amiga

que quita poder al deseo de sus brazos.

Tornada

Lirio entre cardos, Amor no tiene más lazos

que me tengan preso, si de estos escapo;

uñas no tiene con que mi carne arrape,

mas duerme seguro de presente en sus brazos.

 

Así como aquel que por su infinitud

Así como aquel que por su infinitud

no puede estar de nada finito contento,

pues ninguna cosa hecha con elemento alguno

en su deleite lo habrá satisfecho

—por imperfecto el deleite mundano tiene

y sino en Dios su mente no se detiene—,

así Amor, amándoos a vos, me asegura;

todo lo restante del mundo le causa gran molestia.

En vos pensando mi mente está encerrada,

se rinde por vos, mi voluntad no se harta,

pues mi razón la tiene cautiva con carta,

que nada quiere y pedir no osa.

No me maravillo si yo os amo tanto,

conociéndoos, viéndoos y sintiéndoos;

a mi querer el saber lo desmiente,

mi saber al querer va delante.

Yo me maravillo de cómo no muero deseando,

creyendo que en vos existe un paraíso,

y no sé de hombre que en vos tanto sintiese

que no se mostrase de vos ser amante.

No me alabo tanto de saber todos los pasos,

mas por Amor he sentido más en vos;

Amor ha hecho, de sus buenos servidores,

del necio, sabio, y franco, del más escaso.

En desear mi deseo no está cansado,

mas la valía vuestra más merece;

en estimar nadie bien la completa,

no os ama bastante quien amando no estallase.

Ya por Amor amadores muertos han sido,

y yo estoy vivo; en hecho no quedo igual:

la causa de donde les vino tanto mal

no es tan grande como la que a mí me confunde.

Y pues semejante a vos jamás hubo,

yo debería estar sobre todos aventajado;

nuevo pensamiento Dios me podría haber dado

que no sirviese para nada más en el mundo

sino en vos por todo tiempo contemplar,

pues yo reconozco que merecéis mente vaga,

y paso dolor al no hallar tal defensa

que me impidiese a otra idea acercar.

Tornada

Lirio entre cardos, lo que me hace amaros

no me entra solamente por la vista;

vuestro espíritu es aquel que me conquista,

y más cuando de mí no os mostráis descontenta.

 

Tal soy como aquel que piensa que morirá

Tal soy como aquel que piensa que morirá

y ya le han leído muchas veces la sentencia,

mas por merced le es dada audiencia:

cree y no cree que la merced le valdrá;

el mal y el bien van al mezquino delante,

que firmemente no los osa esperar.

Así no puedo sin miedo desearos,

ni puedo estar del todo desesperando.

Tanto como pueda iré la vida alargando

porque el extremo de todos los males es la muerte;

no hallo esfuerzo para tener consuelo,

más amo el dolor, dudando de muerte y vida.

Y tanto cuanto más de mi dolor creáis

y el remedio en vos lo detengáis,

mi esperanza yace muerta mucho más que viva,

antes de su muerte os ruega que la perdonéis.

Entonces moriré, cuando hablarme no queráis,

y tengo por loco a quien de la muerte no se defiende:

aquella es el último daño y tormento;

no merezco yo que mis días terminéis.

No me miréis a mí, sino a mi benevolencia;

ofendiéndome, ofenderéis al querer

que, amándoos a vos, de mí es homicida,

y, conociendo, os falta el reconocimiento.

¿Dónde está Jasón y su desconocimiento?

¿Dónde está Teseo, que traicionó a Ariadna?

Y Dido fue de esperanza tan vana

que la traicionó Eneas en su creencia.

Los hechos pasados de presente me consuelan.

Airado me hallo contra el femenino linaje;

los finos amantes no tienen en él estancia:

siembran los buenos, cosechan los malos y muelen.

Sabios son aquellos que las fiestas no celebran

de aquel amor que en las mujeres cae;

con desleales a menudo ellas tienen paz,

dejando a aquellos que por bien amar mueren.

En el recuerdo está aquel Pau de Bellviure

que por amar a su señora se volvió loco;

tal camino sigo, rompiéndome súbito el cuello.

De todo mi daño temo no os vea reír.

Tornada

Llena de seny, no me abreviéis el vivir,

pues, mientras vivo, vuestra loa se alarga,

y loándoos no encuentro la boca amarga,

ni tarda la mano cuando de vos quiero escribir.

 

Clamarse no debe quien mal busca y halla

Clamarse no debe quien mal busca y halla;

¡así pues, vos, mi corazón, no os oiga yo clamar!

Vuestros gemidos no se pueden soportar,

y vuestros golpes se muestran sobre mi ropa.

Tened esfuerzo, pues lo peor es la muerte;

ya que a Dios place, tened en ello paciencia;

Él es aquel que hace de vos sentencia:

creer debéis que no hace ningún agravio.

Antes que el mundo, fue vuestra mala suerte,

pues fue en Dios vuestro caso presente,

y el saber de Aquel no consiente

que sea menos vuestro caso ni más fuerte,

sino tal cual por Él es sabido.

La tardanza es vuestra enemiga;

la que amáis ved si os es amiga:

lanza le veo portar y no escudo.

—En aquel día habré en peor caído,

pues, muriendo yo, todo mi deleite morirá;

ningún placer el ojo me aportará,

del que en este muchas veces me ayudo.

¿Cómo se hará que en un tan gran riesgo ponga

todo mi bien, con tal duda de perderlo?

Mi esfuerzo cada día siento perder;

ningún pensamiento veo que bien me prometa.

Cuando me hirió Amor con la saeta,

no vi el lanzamiento antes de sentir dolor;

untada fue de una gran dulzor,

material dulce portaba el disparo.

No me aconsejéis si no me aconsejáis vivir;

saber no me place el día de mi áspero fin;

aquella que verá tal caso en mí,

tendrá el llanto más cerca del reír.

—En un mal lugar, amigo, os veo asentar,

así que todo hombre os tiene por grosero,

pues vos creéis que le dará pesar,

cuando de la muerte no os vea bien libre.

En ella está vuestra muerte y vida;

sabed, pues, si os quiere tener merced;

no os aconsejo más sino saber el bien

que os quiere la que vos tanto habéis servido.

—Si bien del todo podrá ser perdida,

por mi saber, mi vida y mi esperanza,

y veo la muerte con la vida en balanza,

alabo el consejo pues es bueno en parte.

Nadie se debe alejar de su natura;

al hombre le es dado por su derecho natural

desear el bien, queriendo saber el mal;

de este saber quiero, pues, tener gran cuidado.—

Tornada

A los amadores Amor les asegura

que no tendrán en él seguridad;

en sus quereres no cabrá firmeza;

¿cómo será, pues, entre ellos cosa segura?

 

Con tal dolor como el espíritu se arranca

Con tal dolor como el espíritu se arranca

y dentro del cuerpo comienza a hacer camino,

y queda frío el lugar de donde parte,

y la viva carne se altera en gualda y blanca,

mucho mayor y más fuerte dolor mi deseo siente

al tener que partir de mi esperanza;

no es del todo, mas en el camino se lanza;

ya mi esperanza demuestra alteramiento.

No creo que Dios me dé tal tormento

que me vea el mundo si pierdo mi deseo;

no me quedará sino que mude de ley,

pues para todo lo demás mi esfuerzo es potente.

Todos los ensayos que los amadores han hecho,

todos me son pocos sino la muerte acordada;

si me falta Amor, no me falta mente airada

para castigar mis pasados malhechos.

Tan gran amor estaría en desierto

si tal asunto sin señal pasara.

De bien o mal se debe mostrar gran caso;

a Amor le place que se muestren sus secretos.

Tanto mi querer ha obedecido a Amor,

que no me dolerá su peligrosa llaga,

si por ningún tiempo la fama no se apaga,

como san Francisco, de la suya ha dejado.

Vos, dueña, sois mi dios y mi deleite;

así pues, no os doláis si pierdo el mundo por vos.

No me hacéis agravio en mis dolores,

y, doliéndoos vos, me hacéis más dolorido.

Nada me duele tanto como si de mí os doléis;

dejad a mi cargo el encomendado Amor,

pues de aquel no siento gran pavor;

de la ira ruego que me quiera guardar Dios.

Como al hombre frenético le es muy grave,

cuando para hacer mal se quiere haber levantado,

la fuerte ligadura que le habrán puesto

y él mal no siente hasta que la locura ve,

así me ocurre a mí cuando soy turbado por la ira:

hallo esfuerzo, tanto que no siento trabajo;

cuando me deja, si bien todo el día lo callo,

quedo tan lacio, que solo mi corazón suspira.

Tornada

Lirio entre cardos, mi voluntad se gira

tanto que yo os quiero honesta y deshonesta;

lo santo odio, aquello de lo cual tengo fiesta,

y pláceme eso de lo que caigo pronto en ira.

 

¿Quién, sino loco, pregunta si añoro

¿Quién, sino loco, pregunta si añoro,

estando ausente, a aquella que me hace vivir?

Y si no lloro, ¿quién es el que me ve reír,

si bien no paso continua dolor?

Todos mis deleites en uno he transportado;

a Amor le place en mí hacer este cambio;

el mundo no tiene nada que valga el recambio

del que espera el bien tan deseado.

Tanto es el bien que me es delante puesto,

que sin dolor vivo aquel esperando;

si no lo alcanzo, seré tan malandante

que en este mundo el infierno habré hallado.

Contentamiento la una parte me da,

por la otra es mi vida tribulada:

con la muerte está en balanza posada,

temiendo que el miedo mi esperanza confunda.

De punto en punto mi esperanza me abandona,

y me vence el miedo de aquel mal que yo me temo.

¿Quién es aquel en poco amar extremo

que a la seguridad tome por compañera?

Por mucho amar en otro me traspaso,

así que ser pienso toda la persona aquella;

sería el mundo una gran maravilla

si no tuviese miedo de la mala suerte.

Vivir en deleite porta consigo miedo de muerte

pues de aquel es enemigo soberano,

y si Amor deleite jamás portó,

yo soy aquel que puede dar el informe.

¡Oh Muerte, que eres de todos los bienes envidiosa,

y en tal querer te sigue la Fortuna!:

a cada una ruego que mudéis ley alguna,

no asemejando a la que me es dañosa.

Saberse puede mi vida peligrosa

cayendo en manos de enemigos tan mortales;

pobres y ricos sienten sus ásperos males,

y cada uno de ellos con manera orgullosa.

Síganme todos los que amarán,

mi risa o llanto cualquiera de ellos me siga,

pues yo estoy presto a catar hiel o panal

por los que mal o bien de Amor tomarán.

Tornada

Lirio entre cardos, pasiones de Amor hacen

al Temer y al Fiar estar en un mismo hostal;

de gran rumor dudar un punto no hace falta,

¡y ay de aquellos que entre sus manos están!

 

Por mucho amar mi vida está en duda

Por mucho amar mi vida está en duda,

mas no creáis que de la muerte me tema;

poco a poco mi esperanza se merma

y me quiere huir, mas no lo hace de súbito.

Tenga mal grado su compasión,

pues no me sirve para mi afán sanar;

el retrasar no impide el venir,

y crece el deseo, y se me dobla la pasión.

Dios me ha dado tal disposición,

que mi querer solo mira el amar,

y haciendo lo demás, sirve para acompañar

el estado de Amor; en todo lo otro, abandono.

A Amor yo amo, él a mí nada me ama,

y por él amo al linaje femenino;

generalmente sea entendido así:

aquella quiero que por su culpa me desama.

Con tuerto y derecho mi corazón de Amor se clama,

tuerto en el pasado y con gran derecho de presente:

no porque fuese en algún tiempo contento,

pues en ningún tiempo tuvo temple mi llama.

Del tiempo pasado yo no me clamo de Amor;

él me valió, mas me dañó la temenosa prudencia;

avergonzado, no mostré mi benevolencia,

ni hice saber mi querer y mi dolor.

Y por acabar mis días con gran tristeza

y por tener de amor algún justo clamor,

yo, desamado, quiero que estrechamente ame,

así que, amando, del mundo pierda el sabor,

aborreciéndome con suficiente consuelo,

y fuera de vos, todo cuanto Dios haya hecho.

Mi aborrecer en cuenta a vos no os mete:

más que a mí os amo; si no me creéis, hacéis agravio.

¡Oh amadores! No se os caiga del recuerdo

un hecho tan caro por sola extrañeza:

yo, gran hablador, dos años he estado mudo;

no creáis, pues, que el dolor dé la muerte.

Yo soy aquel que se habría desprendido

del espíritu, al cuerpo carga pesada;

mas no me es lejana una hora desastrosa,

en que perder el mundo será mejor partido.

Tornada

Lirio entre cardos, muchos trovadores han dicho

que el bien de Amor está al comienzo;

yo digo que está cerca del contentamiento.

De aquel lo digo que muere, el deseo terminado.

 

Mi voluntad, amándoos, se contenta

Mi voluntad, amándoos, se contenta,

teniendo deseo de poseer la vuestra;

y soy contento de tal como se demuestra.

El necesitado deseo ruego a Dios no sienta,

si bien de amor término no puedo alcanzar

en aquel lugar donde amadores conocen:

su grosero deseo cumplido, de amor se dejan,

y yo entonces me siento de amor estrechar.

Amor no le hace falta gemidos ni suspiros fingir,

viendo colgar su estado sutil en el aire;

cantar no debe con alegre semblante,

sino con bemoles la alegría constreñir.

Solo en nosotros dos Amor se manifiesta,

y nosotros viviendo, no le faltará casa;

y si del mundo es nuestra vida rasa,

quitará favor al recuerdo de otra gesta.

Mi deleite no cabe en cabeza alguna,

ni puede montar mi gloria en más alto signo,

pues no me falta sino que Dios consigne

que la firmeza me sea en favor presta.

Y si es verdad que dios sea Fortuna,

suplícole mucho que repose su oficio:

el alto derrocar me parece terrible vicio,

haciendo morir dos corazones en vida una.

Todo simplemente y sin dolor alguno

vivo en deleite con mi voluntad suelta,

que el corazón oscuro que la tenía envuelta,

claro poseo, haciéndome luz sol y luna;

y no veo otra cosa que puro amor entrega

así transportando en la persona amada;

nada me falta para vida contentada,

la mano de Dios a mí nada me deniega.

Querría ser ciego, haciendo a Fortuna ciega,

perdiendo el paso donde tan alto me ha hecho poner,

y si del lugar aquel me hace remitir,

en este tiempo la muerte me reconozca.

Antes que los costados sientan la dura tierra,

en este espacio mi vida tomará término;

mi estado con la muerte confirmo:

perdiendo aquel, de la muerte me place la guerra.

Tornada

Lirio entre cardos, en el espacio de la tierra

no hay deleite que dure ni contente;

solo es el mío, que no quiero que se aumente;

mas del durar, cuando en ello pienso, dolor me aferra.

 

Miedo a lo peor a muchos hace tomar la muerte

Miedo a lo peor a muchos hace tomar la muerte

por esquivar mal porvenir;

si bien la muerte parece caso peor,

quien la toma la tiene por buena suerte,

y de esto Catón mostró el camino

y le dio por nombre uso de la libertad,

pues de todo lo demás puede el hombre ser forzado

sino en morir, que está en el libre juicio.

Alguno la toma y recibe nombre de mezquino,

huyendo del peligro que le es delante puesto;

otro será de corazón noble y animado,

que quiere morir por la valía de sí:

viniendo en manos de enemigo suyo potente,

sobrado el cuerpo, guerrea con el querer;

de vencedor todavía se ve poder:

quiere perder el cuerpo, por el espíritu venciendo.

Jesús en cruz fue más fuerte y potente

que no aquellos que le hicieron la muerte pasar,

pues su querer no le hicieron cambiar

ni fue cumplido su condenado pensamiento.

No queda harto el forzador del cuerpo

si la voluntad por caso semejante no fuerza,

antes es vencedor aquel que tanto se esfuerza,

que de la muerte no quiere temer su mordida.

Del vivir largo ya siente el gran reposo

quien de este corto el vivir aborrece;

y el dolor de la muerte se aparta

cuando el que muere cuenta de muerte ha cerrado.

Entonces la virtud la fuerza multiplica

del virtuoso, que su opinión afirma

en cualquier parte donde la virtud lo confirma,

que solo a Dios por su espíritu suplica.

Algunos pasados a quienes voluntad inicua

los hizo morir, o la opinión vana,

a estos no alabo, sino a los de mente sana,

queriendo morir por hacer su alma rica,

perdiendo un poco por lo infinito alcanzar,

ganando el gozo que al hijo de Dios cuesta.

Grande es el bien, según esta costa,

que por la muerte de tal Hombre debiera venderse.

Tornada

Dolor y miedo son bastantes para ofender

todas las virtudes que el alma embellecen;

los que de ellos están limpios, en gloria tanto crecen,

que en este mundo no pueden mal alguno esperar.

 

Poemas de Ausiàs March:  Así como el hombre rico que por su hijo trabaja

Así como el hombre rico que por su hijo trabaja

y solo por él quiere que el haber sirva,

y cuando la Muerte quiere que el hijo los días fenezca,

da sus bienes y todo gozo de sí corta,

así me ocurre a mí, que lanzo todo mi deleite,

perdiéndoos a vos, el gozo de mi entender,

pues mi querer en nada más puede ocuparse,

antes toda cosa me es enojo y despecho.

Amor a mí vuestro cuerpo ha embellecido

tanto que lo blanco de otro cuerpo negro parece,

y la negrura que en el ojo belleza aparece

me parece bermeja, mostrando corazón fortalecido.

A la valía la fama es engañosa;

tanto valéis, que no sé de decidor

que os loase bastante, sino vuestro amador.

¡Este hablar no os haga orgullosa!

Mi vida es amarga y llorosa

si os pierdo a vos, y por vos pierdo el mundo;

todos los caminos de este cerrados me son,

si me falta la esperanza dudosa.

El malhechor que a su iglesia corre,

turbado, no se mueve si de ella pierde el camino;

ni más ni menos de cierto me ocurre a mí:

turbado me siento, perdiendo cuenta de huida.

Mi voluntad con la razón no lucha,

cada una hace lo más de su poder:

mi voluntad más de amar no puede hacer,

su poder hace, y mi razón la incita.

De un vientre triste salir me ha hecho natura,

para amaros a vos fue mi nacimiento;

no sé a los hados cómo no les fue de presente

hacer que vos de amar tuvieseis cuidado.

Sobreamor dos extremos me procura,

y el medio de ellos no he podido hallar:

de una poca esperanza no puedo ser lanzado

por el gran deseo que le da medida;

y de otra parte el deseo es tan grande,

que no consiente consigo firme creencia

de que por ningún tiempo me tengáis benevolencia;

de uno en otro voy así rodando.

Tornada

Lirio entre cardos, los deleites de amor están

partidos según de donde surge la voluntad;

alguno de ellos muere con el deseo finado,

otro deleite perdurable permanece.

 

Así como el enfermo a quien el médico asegura

Así como el enfermo a quien el médico asegura

que no puede ser que de la muerte escape,

si acaso no bebe de veneno una copa,

y el peligro no le está encubierto,

así me ocurre a mí, que quiero un experimento

muy peligroso y sin él no puedo vivir:

el dilatar por muerte se puede escribir,

y temo el ensayo tanto como a la muerte.

¿Quién es aquel, estimando el tormento

y el peligro en que mi alma está,

viéndose cerca de donde ve que pronto perderá

aquello por lo que vino al mundo presente?

En duda estoy; mi mano tiembla,

pues no consiente que me mate a mí mismo,

y de otra parte la muerte cierta no me deja;

yo me desespero de mi esperanza sola.

En mi cuello veo colgar una mola,

y el gran abismo donde seré despeñado,

si acaso la merced no quiere haber cortado

la cuerda fuerte; mal cuchillo no afila.

Merced pido con voz despavorida,

mostrando negar a quien por mí es requerido;

vos no miréis que muestre miedoso gesto,

mas que la piedad sea en vos cumplida.

Puesto que por vos puede ser bien sentida

la parte de amor que yo no puedo mostrar,

querid un poco la mente ocupar

en qué hilo sutil cuelga mi vida.

Yo soy aquel a quien de la cárcel han sacado

y con turbado paso va a recibir cruel muerte,

que no tengo más remedio ni otro consuelo

sino la merced de quien el juicio ha dictado.

Jamás de amor hubo un caso tan estrecho

como es aquel del cual no puedo huir:

por uno estoy cierto de la vida acabar;

el otro es veneno para apagar mi sed.

¡Oh vos, que sois causa de mi peligro

y hasta aquí no merecéis gran culpa:

poca merced en adelante os inculpa,

si por falta de aquella tomo el exilio!

Tornada

Lirio entre cardos, no ve ningún peligro

el fino amador, y si lo ve, nada lo teme.

Todo caso es poco siendo el más extremo;

la torre grande le parece grano de mijo.

 

Mis voluntades, en gran parte discordantes

Mis voluntades, en gran parte discordantes,

dueña, por vos las he hecho concordes;

por vos tienen paz soliendo estar en desacuerdo,

por vos conozco el error en que antes estaba.

Por vos conozco todo el deleite de vivir;

mis pensamientos concordia conocen,

ya de contrastes, como antes, no se vejan,

antes bien, a los amigos, de paz pueden escribir.

A imaginar no me hace falta hoy sentarme

para reunir mi mente muy confusa:

de la virtud de la firmeza mucho usa;

de dos afanes, del primero soy libre.

Para buscar, no me hace falta trabajo de mente:

hallado es ya todo lo necesario para mi alma;

y para ganar sus flacas manos fuerte arma,

y para tener en el cuerpo de males defensa.

Y si del cuerpo mi fortuna dispensa

que por su mal mi alma pierda la batalla,

ya sabe qué hacer y mi lengua no lo calla:

vivir en el mundo lo tendrá por gran ofensa.

Mal aconsejado, mi cuerpo quiso tomar la lanza,

y, lleno de miedo, con sus armas quiso dañar,

mas tomó consejo de que las tornase a la vaina;

tomando el escudo, las armas de ofender lanza.

No me ha dejado del todo mi esperanza:

junto con ella espirará mi vida;

mas yo conozco mi alma fortalecida,

que todo peligro lo tiene por gran bonanza.

Duélase todo hombre si yo el bien no alcanzo,

no se duela nadie de mi terrible mal;

ningún justador hizo encuentro tal

del que fuese contento como yo viendo el rango.

Si mis malos hados con otra fuerza no detengo,

desventurado no me quiera nadie juzgar;

si vagabundo me ve el mundo andar,

a tan seguro puerto hombre jamás vino.

Mi deseo está en mucha parte cumplido,

hallando mucho más de lo que fui deseoso;

si no lo alcanzo, no piense nadie que fuese

con tal dolor sin mucho mayor deleite.

Tornada

Lirio entre cardos, lo que de vos he dicho,

plazca a Dios no me haga mentiroso,

y lo que he sufrido siéndoos amador,

por mal mirar no me sea mal agradecido.

 

¡Oh fuerte Dolor!, yo te ruego que me perdones

¡Oh fuerte Dolor!, yo te ruego que me perdones

si no sigo tu voluntad:

la que yo amo contra ti ha mandado;

así pues, si no muero, no me despojes de tus dones,

pues a mí mismo quiero en dos partes partir

y te doy a ti el entendimiento por parte,

y mi cuerpo de la muerte lo aparto;

a fuerte Amor yo no puedo contradecir.

La que yo amo no consiente que muera;

me entrega a ti, lanzado a tu querer,

y sé que tú no me serás clemente;

¡no me desampares hasta la vida acabar!

En aquel punto ten compasión

de aquella que jamás de mí la tendrá;

cuando el espíritu del cuerpo quiera salir,

olvídame a mí, acuérdate de la que soy.

En este mundo mi alma te doy

y los pensamientos en que sabrás ocuparte;

de nada del cuerpo te quieras estorbar,

pues vivir quiere aunque digas que no.

Del cuerpo mezquino no estés descontenta,

pues todo es tuyo, salvo el movimiento,

y sus gemidos no cesen mientras yo duerma;

tu voluntad mi sueño la contenta.

Puesto que de mis gritos la merced se ausenta

y Dios por vos quiere pulir mis deméritos,

y mis hados contrastan con mis méritos,

licenciad al dolor que me desasienta;

pues una sola es mi vida y mi esperanza

y da muerte a quien les quita la compañía,

y vos decís que os place la vida mía;

ellos partidos, la muerte del mundo me lanza.

Creed de firme que estoy en firme acuerdo

de perder los ojos si pierdo el veros,

y por ningún caso ligero queráis creer

que me aleje de vos; la vida os doy por fianza.

Cuando pienso que la muerte me puede hacer ausente

de vos, que me sois más cara que la vida,

de aquella huyo a la cual mi voz llama;

ganado me tiene el primer movimiento.

Tornada

Lirio entre cardos, tanto os amo puramente,

que me es dolor el que no me podáis amar

sino con el amor que suelen practicar

los amadores amando comúnmente.

 

¿Quién me enseñará a loar a la Fortuna?

¿Quién me enseñará a loar a la Fortuna

por el soberano don por ella recibido?

Y tengo por loco a todo hombre y engañado

que poco o mucho pretenda compararse conmigo.

Yo estoy muy cerca de vivir bien contento;

estorbo no me hace más de una pasión

que me parece que viene falta de razón,

pues tiene raíz en vuestro fallo.

Conmigo no se puede comparar hombre viviente,

pues la que amo creemos que es la mejor,

con muy gran juicio y honestidad de corazón,

y yo la amo tanto que ella me es benevolente.

En el comienzo fue buena mi ventura,

seguirle debe el fin a mi comienzo,

y si no lo hace, la muerte, que toda cosa vence,

me dará la tierra por vestidura.

Mas Dios no conoce en el mundo criatura

sin que le falte alguna parte de bien;

por lo que el hombre es loco si tiene ligera fe,

abandonando a Aquel ultra medida.

Por ello yo me hallo no harto de su querer,

y no creo bien lo que me es dicho por ella,

y cuido tener de esto justa querella,

mas el creer firme no tengo en mi poder.

Término en amor nadie puede saber,

y aquel que lo cree en amor no sabe nada;

quien en tal camino a pasear se ha puesto

no halla fin, y piensa aquel haber.

Dos corazones unidos en una voluntad

debe hacer Amor, y el que de ello se aparta,

en él el amor de continente perece;

no ama fuerte el amador limitado.

Amor se tiene por más injuriado

por hombre en quien halle su corazón frío,

que por traidor donde estuviera todo malhecho,

pues le forzó a estar enamorado.

Quien tibio es, de Amor es enemigo,

y porta consigo contra Amor el fallo;

si no es creído, deje de enfurecerse,

pues de corazón franco nadie cree al hombre inicuo.

Si a mi propio ojo no tengo por verdadero amigo

y de lo que sé no quiero ser consciente,

no creeré que vos estéis hacia mí errando

y me encontraré de necedad muy rico.

Mi amor a mí me aumenta la sospecha,

y lo que sé, que de mí no se puede quitar,

y de mi caso no os queréis bastante doler

por el poco amor que dentro de vos habita.

Mi opinión está en mi corazón escrita,

que, sino vos, nada más me la puede borrar;

vos me podéis en todo error hacer caer,

puesto que Amor en forzarme se deleita;

y tanto deseo ser amado por vos,

que me es forzoso dudar que así sea;

Amor me hace de la verdad falsedad,

no sirvo para más que para ser sospechoso.

Tornada

¡Oh loco Amor! En el hombre muy deseoso

no puede caber bastante conocimiento;

su pasión le turba su ciencia,

y mayormente a aquel que es amoroso.

 

Poemas de Ausiàs March:  ¿Quién me devolverá el tiempo de mi dolor?

¿Quién me devolverá el tiempo de mi dolor

y me robará mi libertad?

Cautivo me hallo, licenciado de Amor,

y de él partido, todo deleite me es alejado.

Así como el señor aborrece al sirviente,

al que ningún castigo ni carga le quiere dar,

así Amor me da abandono,

que su poder en mí no le place mostrar.

En ira está de Dios el pecador

cuando en este mundo trabajo no le es dado;

de los bienes de Dios no sea esperador:

no tiene paga quien no ha trabajado.

Así, de Amor, quien no siente el tormento,

en sus deleites no cuide deleitarse;

todo amador tome en esto aviso:

que sin tristeza no se puede mucho alegrar.

Dolor es grande de todo fino amador,

cuando el desespero le es delante puesto;

mas, por merced, Amor le es donador

de que esperar deleite no le es negado;

gozo y tristeza le están de presente,

esperanza y miedo lejos le quieren mostrar

su mal o bien, de los cuales uno siempre siente,

y lo que pierde después torna a cobrar.

Tras el mal, quien siente de bien sabor

no puede ser dicho del todo desventurado;

el pasto de amor no tiene tanta amargura

que sobre todo dulce no sea estimado.

De tal sabor no conozco sentimiento,

y más amargo que hiel he de gustar,

pues yo sufro dolor de añoranza

ni veo camino para algún bien esperar.

Quien de Amor huye, con él se encuentra,

y yo que lo busco dentro de mí, no lo he hallado;

en lugares lo veo difamado por traidor,

y huye de mí, que lo he más que otro honrado.

Yo no le pido mujer en el mundo viviente,

mas que dentro de mí él quiera reposar;

semeja a la muerte, que alcanza al que huye

y huye de aquel que la quiere encontrar.

Quemado quiero ser por el calor de Amor,

pues dentro de su fuego yo me hallo refrescado,

así como el santo, teniendo en Dios ardor,

en su tormento se halla consolado.

Tanto cuanto Amor es fuerte y en mí potente,

su deleite cerca de mí siento acercar;

si lo hallo escaso, otro me ha de hacer contento,

fuera de mí mi deleite he de hallar.

Tanto puede hacer de Amor su gran favor,

que bastará para hacer que el enamorado

no lo toque esperanza ni miedo:

¡tanto estará en el gozo presente turbado!

Yo me he olvidado teniendo tal sentimiento;

propio es de mí tal estado desear;

al ignorante el deseo no le viene a la mente,

enemigo es de Amor el ignorar.

El hombre no puede ser en el mundo vividor,

si de humor mal será limpiado;

el bien y el mal conservan el calor

del hombre radical, que sin ellos es gastado.

Así de Amor, quien su mal no siente,

no puede en él su pasión durar:

el deseo lo sostiene, que es falta de bien,

y el bien alcanzado, tal deseo ha de cesar.

Tornada

Amor, Amor, yo soy verdadero penitente

pues de ingrato os he querido acusar

por no hallar lugar para mí conveniente;

es el defecto que yo no puedo amar.

 

El tiempo es tal que todo animal bruto

El tiempo es tal que todo animal bruto

requiere amor, cada uno hallando su par;

el ciervo bravo se oye en el bosque bramar,

y su fiero bramido por dulce canto es tenido;

garzas y cuervos tienen melodía tanta

que a su semejante, deleitando, enamora;

el ruiseñor de tal caso se añora,

si su canto a su enamorada espanta.

Y, pues, si me duelo, el dolerme me es debido

cuando veo amados con menos poder de amar,

y al grosero por apto veo pasar:

Amor lo hace ser no conocido.

Y de esto me viene piadosa queja

como el desamor ciega a mi señora,

no conociendo al sirviente que la adora

ni quiere pensar cuál es su amor ni cuánto.

No como aquel que su bien ha perdido,

poniendo a riesgo si podría ganar,

y, amándoos a vos, que me quisierais amar

deliberadamente: no he venido así al amor.

Todo desnudo me hallo, vestido de gruesa manta;

mi voluntad Amor la tiene en prenda,

y aquello de lo que mi corazón se adolora

es porque ella no ve mi carencia que es tanta.

Tornada

Lirio entre cardos, con milanos cazo la ganta

y con el braco la liebre corredora:

bastante hay en el mundo para cada vividora,

y mi pecho flaco el paso de Ramos canta.

 

No soy osado en pedir merced

No soy osado en pedir merced

a mi dolor para que del todo me abandone;

un poco de espacio le ruego, de tiempo que me dé

para poder decir el mal que de ella me viene.

Y si mi corazón a su fuerza retorna

y la turbación del entendimiento pierde,

podrá saber quien de amor no está cierto

cómo la Ira y el Amor en mí tienen contorno.

Así como el hombre ciego no conoce noche ni día

si por los que ven él no es avisado,

de Ira y Amor no sé cuál me ha sobrado;

¡tenga aviso de los que me están en torno!

Yo deseo mucho que el Amor me abandonase,

pues sola es la causa de mi mal,

mas de poder la Ira no tiene caudal

para que contra Amor yo tanto me rebelase.

Y si remedio a mi dolor hallase,

fuera contento, pues yo deseo salir:

vuestros hechos me hacen a vos aborrecer

y no puede ser que con vos practicase.

Mi partida no puedo bien acabar:

en vos pensando, extraño tormento alcanzo,

y cuando al estado de saber de mí me estrecho,

entonces yo caigo en ignorarme más.

No sé de remedio potente que me consuele,

si otro amor nuevo no consigo.

¡Oh tú, Amor, golpe viejo sana con fresco,

o de este me quieras abandonar!

Mira mi corazón en qué dolor yace;

en tu hostal no merece tan duro lecho.

¿Quién es el hombre vivo por quien seas mejor servido?

Tan humilde es, que el esfuerzo no lo puede hacer bravo.

Plugui a Dios que conmigo mismo hiciera paz,

acordándome con corazón firme a la muerte.

Yo miro y pienso si el mundo tiene caso tan fuerte

como de Amor y de Ira ser esclavo.

Afán tiene bastante el hombre a dos señores sirviendo;

¿y cuánto más, entonces, siendo ellos enemigos?

Cuando a uno complazco, el otro es hacia mí inicuo;

no sé cómo basto para complacerles igualmente.

Tornada

¡Oh loco Amor! Si es verdad que la juventud

es ocasión de que tú a mí me fuerces,

si bien el mundo nada tanto puede preciar,

la vejez me place, que de males es simiente.

 

Nadie puede tener en sí poder

Nadie puede tener en sí poder

de amar a otro contra su voluntad,

ni ser tan fuerte, con tanta potestad,

para desatar los nudos que Amor sabe hacer.

¿Quién es el loco que me reta si no amo?

¿Quién es el loco retándome por amar?

Tal pasión nadie la puede forzar;

por lo que de nadie, si bien no me quiere, me clamo.

¡Oh verdadero Amor!, a ti invoco y reclamo:

ya que me has llagado, quieras otorgarme

aquel ungüento que suele medicinar

a los pacientes que por ti mal pasamos.

¡No esté yo solo en tu desfavor!

Tu piedad, manos juntas, la requiero;

no me des merced, sino galardón por el servir;

tanto amo cuanto puede Amor hacer amar a un hombre.

¡Oh tú, que eres soberana dolor,

cuando desiguales los quereres haces unir!

No me veas tal, u otórgame morir;

dulce me será de la muerte la amargura.

Muéstrame la luz de verdadera esperanza,

no una tal como de ti vana me viene,

sino que la razón la consienta cerca de sí.

No me quieras dar engañosa fianza.

Así como el enfermo de vivir tiene seguridad

por algunos males que familiares tiene,

si algún mal de otro accidente le viene,

al miedo a la muerte el imaginar lo lanza,

así me ocurre a mí, que me era ya nada

el mal de Amor, viviendo sobre aquel,

y por un mal nuevo, a morir vengo por él,

por no ser igual y porque mucho mayor es.

¡Oh tú, Amor, a quien Dios ha permitido

que como infante hagas actuar al hombre viejo,

y el sabio por inocente no se llame

puesto que de ti él no sea defendido!:

tú eres aquel aire muy pestilente

trayendo al mundo una plaga mortal;

ser falto de ojos, antes del golpe, mucho vale,

mas al herido la muerte sola es curación.

Tornada

Amor, Amor, el día que el Inocente

por bien de todos fue puesto en el palo,

vos me heristeis, pues yo me guardaba mal,

pensando que el día me sería defensa.

 

¡Ya de amor tibio jamás sea!

¡Ya de amor tibio jamás sea!

Frío o tan cálido, quemado todo hasta la ceniza,

a quien Amor sus extremos engendra,

no siente dolor ni vive en enfermedad.

Quien ama poco, amor poco le contenta,

no es celoso, cumple lo que desea

bastante, hasta tanto que se hastía;

tocar se puede aquello con lo que él se contenta.

Al alto amador el dolor nada le atormenta,

pues la mayor, de muerte, no le es extrema;

tan ardientemente el fuego de amor lo quema,

que todo le es frío cuanto puede tocar o sentir;

sale fuera de sí, nada de sí le deleita,

si acaso deleite en el otro no le aporta;

su voluntad hacia sí está muerta,

en la gran corte hace la vida ermita.

El pensamiento de los amadores medita,

así que un cuerpo hace de los dos que mucho se aman;

los espíritus dentro de aquellos se claman

como uno en el cuerpo del otro no habita.

Toda cosa va al lugar que codicia,

huyendo de males tristes, queriendo bienes donde reposa;

mi alma, que es en mí la más noble cosa,

vuestro cuerpo, que es su centro, envidia.

Tal grado de amor, quien no lo siente, no lo codicia,

y por algunos se sabe mejor que por quienes lo sienten,

pues por lo menos saben lo mucho y lo tientan,

ya que diferente la especie no se vea.

No se puede saber con tantas circunstancias

como lo sabe quien por dos conocimientos:

por pasiones y por verdaderas sentencias.

El no experto juzga lleno de ignorancias.

Piedra de toque tengo, y de amor balanzas,

para saber cuánto es él y su natura,

mas vuestro amor es para mí cosa oscura;

mi corazón abierto os está por sus lanzas

que me quieren hacer decir: «Vuestro cuerpo atormente;

deje el mío, pues el espíritu no lo ama.»

Mi carne, quemándose por gran llama,

yo sentiré el mal de vuestro ojo que ella aumente.

No me rete nadie si al tibio no menciono;

su voluntad no se puede decir que bien ame,

ni es verdad que del todo él desame;

no le conviene que ría ni que se lamente.

De hilados vestido, no creáis que desnudo vaya;

cree estar vestido, no busca más que vestir,

y el que está desnudo quiere paño de buena lista,

y su poder es todo cuanto intenta hacer.

Tornada

Amor, Amor, no penséis que yo vaya,

vacías las manos, por merced de vos obtener;

todo cuanto puedo dar, ampliamente os quiero rendir:

paréceme gran derecho que a la que amo yo posea.

 

No me ocurre así como al pequeño criado

No me ocurre así como al pequeño criado

que va buscando señor que le haga fiesta,

teniéndolo caliente en el tiempo del hielo

y fresco, en verano, cuando el calor se mete;

preciando muy poco la valía del señor

y concibiendo desagrado de su manera,

viendo muy claro que tiene mala carrera

para cambiar su estado a uno mayor.

¿Cómo se hará que viva sin dolor

teniendo perdido el bien que poseía?

Claro y muy bien lo ve, si no tiene locura,

que jamás podrá tener estado mejor.

¿Entonces qué hará, pues otro bien no le resta,

sino llorar el bien del tiempo perdido?

Viendo muy claro haber sido por sí mismo engañado,

jamás hallará quien le haga mejor fiesta.

Yo soy aquel que en el tiempo de tempestad,

cuando la más gente festeja cerca de los fuegos

y puedo tener con ellos los propios juegos,

voy sobre nieve, descalzo, con desnuda testa,

sirviendo a señor que jamás fue vasallo

ni le vino a la mente hacer nunca homenaje,

en todo feo hecho tuvo el corazón salvaje,

solamente dice que buen galardón no me falta.

Tornada

Llena de seny, feos deseos de mí corto;

hierbas malas no nacen en mi ribera;

sea entendido cómo dentro de mi ánimo

los pensamientos no me descienden abajo.

 

Claro es y mucho a todos los amadores

Claro es y mucho a todos los amadores,

y a todos aquellos que de mí han sabido,

que mi semejante no es hoy conocido.

De haber sentido Amor y sus dolores

no me hace falta testimonios tener,

ni blando hablar con persuasiones,

ni halagar oídos con razones:

gran favor tiene la palabra diciendo verdad.

Porque los extremos ha buscado mi querer,

en este mundo no ha hallado semejante;

a los que los medios lugares en Amor van buscando

no les faltó hallar todo lo necesario.

Amor en mí tanto tiene lugar conveniente,

que en otra parte se ve ser extraño;

su ligero peso ya da al mundo afán:

para mis hombros es carga muy placentera.

No hará mucho el que sea creyente,

viendo de Amor en mí su proceso:

la gruesa parte de Amor en mí grande es,

de la otra me callo que es fuerte de dar a entender.

Los actos grandes de este amor mostrados,

juzgadlos todos, vos que más entendéis;

a los no tocados perdono, si me reprendéis,

pues seguro estoy de los bien enamorados.

Mis sentimientos son de tal modo alterados

cuando a la que amo mi ojo puede divisar,

que no me acuerdo si estoy en tierra o mar

y los miembros lejos del corazón tengo enfriados.

Si la hallo en parte donde le pueda algo decir,

yo llamo a alguien para que con él excuse

este miedo, para que ella no me rechace,

creyendo mi mal de mala parte venir.

Tal pena, pues, ¿quién la puede sostener

como yo, viendo que me debería ser agradecido,

por mucho amar, de ardimiento ser fallido,

y mi querer extremo veo desagradecer?

Antes soy juzgado hombre necio y sin amor,

o sin calor alguna natural;

y si no me fuera la fama comunal,

ya fuera muerto por sobregrande dolor.

No hallo en mí poder decir mi tristeza,

y de esto me surge un gran debate:

mi corazón dice que no es de ello culpado,

pues del hablar la lengua es señor.

La lengua dice que ella bien lo dirá,

mas que el miedo del corazón fuerza le quita,

que sin provecho está, cuando hablar quiere,

y, si lo hace, que balbuceará.

Por este miedo vana la mente está,

sin dar consejo para la ejecución;

no es señor en tal caso la razón,

el órgano del cuerpo desbaratado está.

La mano no puede suplir en su caso,

se mueve el pie no sabiendo el porqué,

temblor por todos los miembros viene,

porque la sangre acude al más laxo.

¡Oh tú, amor, que con ojos cerrados estás

cuando quieres partir tus amargos dones!

No compensando los méritos y razones,

tu voluntad rige afortunado caso;

quieras pensar el incomportable daño

que el mundo recibe de tus hechos desiguales.

Quien toma de ti deleites, debería tener males,

y llora aquel que debería ir burlón.

Tornada

Lirio entre cardos, las cosas perecerán

que dentro de sí están en desacuerdo.

Y Amor a sí mismo no se guarda de hacer tuerto;

¿cómo guardará a quien le sirve de engaño?

 

¿Por qué me es quitado el poder deliberar?

¿Por qué me es quitado el poder deliberar?

La muerte no nos hace tanto mal, a mi parecer,

como gran contraste con uno mismo tener,

de donde el querer usa el rodar.

¿Cuál tan cruel de mí no se apiadaría,

habiendo pasado tal caso propiamente?

Todo el saber del mundo no me convencería

de que en otro lugar el dolor fuese más potente.

Del todo no puedo a mi amada culpar,

ni de merced puedo tener poder;

su mal hecho con gran ingenio lo busco,

y cuando lo hallo, ni me alabo ni me quiero retar.

Dos enemigos, ¿quién dentro de sí los llevaría?

Ira y Amor dentro de mí van debatiendo;

a la Ira, del Amor le viene la señoría:

¿cómo será, pues, que pueda ser venciendo?

Yo deseo mucho mi gran dolor celar

y cuido morir hasta que ella lo sepa;

cuando no la veo, muero por verla,

y si me acerco, forzoso me es espantarme.

Yo le quiero bien, su mal me placería;

no sé qué me place determinadamente;

querer morir de gran recurso sería.

¡Máteme el dolor, o déjeme tal tormento!

Cuando a Amor place que de él me haya de acordar,

la Ira está con él en orden más detrás;

en mi sentir no sé cuál es primero:

¡tan prestamente sus actos siento pasar!

Escapar no puedo, si el pensar no perdiera:

así de Amor no tendré sentimiento,

pues no me puede dar Amor punto de alegría

que la Ira no me dé tanto mal súbitamente.

Aquellos remedios que suelen ayudar

al amador del mal que Amor sabe hacer,

son convertidos en mortal desplacer,

y dos quereres en mí siento trabajar.

Ignoro si amo: sin Amor no me dolería;

odio y amo mucho y mezcladamente;

ya que yo me ignoro, quien lo sepa, mi caso me diga,

y séame dicho si estoy en el mundo presente.

Buen pasatiempo tiene quien se puede deleitar

viendo a la amada, y en su propio querer

a todo amador no le falta una poca esperanza,

y toma deleite en a su amada mirar.

De tales deleites no me place su compañía;

muero por dolor cuando buen querer me siento,

y me desvanezco cuando he de ver a mi amada,

y su querer me porta pesadumbre.

Si mi dictado ve alguien variar,

en ira estoy revuelto y en buen querer;

en dos momentos cada uno me tiene en su poder;

de ellos, todo para sí, no me puede ninguno llevar.

Déjenme todos, o venza cualquiera que sea,

o pase el tiempo mucho más cuitadamente;

oído he decir que todo mal hace su vía,

si largo espacio de tiempo es alcanzado.

Tornada

Viendo a Amor, con derecho yo le diría

que no me ha dado mi verdadero merecimiento;

y de todo cierto él a mí respondería:

«No puedo entrar donde no hay entendimiento.»

 

¿Qué me ha servido contemplar en Amor?

¿Qué me ha servido contemplar en Amor,

y bien sentir sus escondidos secretos?

De mis trabajos ¿qué cuentas me son hechas?

Vanamente he gastado mi dolor:

todo mi juicio, libre albedrío, le he dado;

mi juventud, sirviéndole, he gastado;

hasta el presente no me he arrepentido,

preciando un mal por un gran bien estimado.

Un gran querer me ha tenido cegado,

y hasta tener en vos experiencia,

mucho he tardado en sentir lo que siento;

añoro el tiempo que no puede ser recobrado.

En todo esto no me puedo de Amor quejar,

sino de vos a quien he bien querido;

me habéis entendido y mal galardón rendido.

Loco es el hombre que a mujer quiere amar.

Si entendimiento ha querido Dios mostrar

en mujer al mundo, de aquel no carecéis;

si Dios es verdad, del mío no os desagradáis:

en calidad con vos me veo acordar.

Pensar no puedo que vuestro querer

quisiera jamás nada que por mí no fuera cumplido,

y sea entendido aquí aquel deleite

en que los amadores de carne tienen su esperanza.

Aquel deleite que el alma puede tener

al contentar en Amor su gran parte,

por mi sentir reglas he dado y arte

a los amadores faltos de saber;

y a vos os he visto salir de vuestro juicio,

tomando en mí deleite y en todo mi decir,

y veis claro que aquel jamás falta,

antes mi querer alcanza más que lo dicho.

Si al fuerte castillo gente de armas lo estrecha,

¿cómo está seguro el burgo sin muro ni foso?

Y si en vos la firmeza falta,

no hay en el mundo nadie que por esto no riña.

¿Cómo podrá amar quien no es entendida?

¿Cómo será firme quien es temblorosa?

Vos entendida, firme, vos variante,

de todo digo verdad, mas de vuestra firmeza miento.

De otros amores estoy más que arrepentido,

el recordar los tengo por abominación;

en cabeza loca he buscado razón,

y entendimiento donde Dios nunca lo consiente.

El buen querer busqué, no sabiendo dónde;

los apetitos he hallado en mucho lugar,

durando tanto como la vista y el tacto,

mas, yo ausente, no, así Dios me perdone.

¡Oh amadores, recordad lo que fue

de todos aquellos que primero han pasado,

los desgraciados casos de amor ocurridos

y los males tan grandes que en gestas escritos están!

Semejante es a fuerte lluvia de verano,

trayendo rumor de truenos, mostrando relámpagos,

y en poco espacio los grandes barrancos y campos

agua no tienen que enviar al río.

¿Cuáles son aquellos amadores que yo vi

que de amor durable llevan el yugo?

Fuerte querer, ciego, muy poco durando, los mueve,

lo que querrán su apetito desdice;

pues nada, en parte, tocan de virtud,

y el espíritu parte no tiene en sus deleites:

viendo, tocando, sus deseos son cumplidos

y tal querer es pronto harto y vencido.

Quien en amor está bien apercibido,

sabe que jamás mujer tuvo querer firme:

corazón deshonesto y entendimiento enfermo

les quita Amor y no lo han percibido.

Como nada del mundo sin honestidad dura,

y deleitarse sin entender el hombre no puede,

y las mujeres tienen poca parte de tal dote,

Amor no puede en ellas hacer estancia.

El animal bruto estará mucho más seguro

de este apetito que mujer lo estará,

pues solamente en el acto se moverá,

sintiendo aquel que al placer le ha de llevar;

ella, pensando en algún pasado caso,

moverá apetito en hecho lujurioso,

y su querer es tanto más deseoso

cuanto en él más se deleitase.

Puesto que en tal hecho la mujer tanto sobrepasa

al animal bruto, recordando aquel abuso,

la razón de amor puede montar al hombre tan arriba

que su querer de amar no carecería,

forjando tales dichos, continencias y hechos

que el espíritu perfecto amor concibe,

y tales que el cuerpo yace en cadena y cepo,

así que es bien dicho que son en amar perfectos.

Por honestidad la mujer no tiene estrechos

sus quereres, para que aquellos no cumpliese,

sino por tener miedo de que, si en ellos fallase,

no recibiese daño o menosprecio le fuera hecho.

Gloriarse en su bien obrar en sí mismas

les es prohibido: tales las ha hecho Dios;

el primer motivo es el maestro suyo,

y el corazón miedoso, de donde el bien, si tienen, les viene.

Agradezco a Dios haciéndome tanto bien

que mi querer no se deleita en su corazón,

sí en el cuerpo, y no dudo que por ello llore,

pues por su precio yo estoy cierto de lo que tendré.

Su cabeza no vale, porque no hay cerebro,

todo lo demás es bueno según para qué sirve:

el linaje del hombre, mediante ellas, crece;

su ser fue para aumentar aquel.

Tornada

Maldigo el tiempo en que estuve falto de consejo,

mujeres amando más que a mí mismo;

ámalas tal quien bien no las conoce,

y yo me confieso que fui el loco aquel.

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