Poemas de Al-Mu’tamid ibn Abbad
Poemas de Al-Mu’tamid ibn Abbad (1040–1095) fue el tercer y último soberano de la taifa de Sevilla y uno de los poetas más brillantes de Al-Ándalus. Su reinado representó el apogeo cultural y político de Sevilla, pero estuvo marcado por la presión de la Reconquista cristiana liderada por Alfonso VI.
Ante la caída de Toledo, Al-Mu’tamid solicitó ayuda a los almorávides, decisión que eventualmente provocó su propio derrocamiento. Tras la conquista de Sevilla por los norteafricanos en 1091, fue exiliado a Agmat, Marruecos. Allí pasó sus últimos años en la pobreza, componiendo elegías nostálgicas sobre su reino perdido y la fragilidad del destino.
A Mi Cadena
Cadena mía, ¿no sabes que me he entregado a ti?
¿por qué, entonces, no te enterneces ni te apiadas?
Mi sangre fue tu bebida y ya te comiste mi carne.
No aprietes los huesos.
Mi hijo Abu Hasim, al verme rodeado de ti,
se aparta con el corazón lastimado.
Ten piedad de un niñito inocente que nunca temió
tener que venir a implorarte.
Ten piedad de sus hermanitas, parecidas a él y a
las que has hecho tragar veneno y coliquíntida.
Hay entre ellas algunas que ya se dan cuenta,
y temo que el llanto las ciegue.
Pero las demás aún no comprenden nada y no
abren la boca sino para mamar.
Amor Onírico
Te he visto en sueños en mi lecho
y era como si tu brazo mullido fuese mi almohada,
era como si me abrazases y sintieses
el amor y el desvelo que yo siento,
es como si te besase los labios, la nuca,
las mejillas, y lograse mi deseo.
¡Por tu amor!, si no me visitase tu imagen
en sueños, a intervalos, no dormiría más.
Carta
Te escribo consciente de que estás lejos de mí,
y en mi corazón, la congoja de la tristeza;
no escriben los cálamos sino mis lágrimas
que trazan un escrito de amor sobre la página de la mejilla;
si no lo impidiera la gloria, te visitaría apasionado
y a escondidas, como visita el rocío los pétalos de la rosa;
Te besaría los labios rojos bajo el velo
y te abrazaría del cinturón al collar;
¡Ausente de mi lado, estás junto a mí!
Si de mis ojos estás ausente, no de mi corazón.
¡Cumple la promesa que nos hicimos, pues yo,
tú lo sabes, cumplo mi parte!
Cuando Te Lanzaste Al Combate, Enlorigado
Cuando te lanzaste al combate, enlorigado,
velado el rostro con el almófar,
creímos que tu rostro era el sol de la mañana,
velado por una nube de ámbar.
Despedida
Cuando nos encontramos para despedirnos, de mañanita,
ya tremolaban las banderas en el patio del alcázar;
eran acercados los corceles, redoblaban los atabales:
eran las señales de partida.
Lloramos sangre, hasta que nuestros ojos eran como heridas
al fluir aquel líquido rojo.
Y esperábamos volver a vernos a los tres días…
¿Qué habría sucedido si hubiesen sido más?
El Copero, La Copa Y El Vino
Apareció, exhalando aromas de sándalo,
al doblar la cintura por el esbelto talle,
¡Cuántas veces me sirvió, aquella oscura noche,
en agua cristalizada, rosas líquidas!
El Corazón
El corazón persiste y yo no cesa;
la pasión es grande y no se oculta;
las lágrimas corren como las gotas de lluvia,
el cuerpo se agosta con su color amarillo;
y esto sucede cuando la que amo, a mí está unida:
¿Qué sería, si de mí se apartase?
El Relámpago
El relámpago le asustó, cuando en su mano
el relámpago del vino resplandecía.
¡Ojalá supiera cómo, si ella es el sol de la mañana,
se asusta de la luz!
Evocación De Silves
¡Hala, Abu Bakr!, saluda mis posadas de Silves.
Pregúntales si añoran los días de amores como yo.
Saluda al palacio de las Barandas de parte
de un mozo siempre ansioso de estar ahí.
Guarida de leones y deliciosas doncellas.
¡Qué guaridas y qué salones de mujeres!
¡Cuántas noches deliciosas entre sus sombras
con chicas de generosos traseros y finas cinturas!
Blancas y morenas, atravesando mi alma
como blancas espadas y morenas lanzas.
Aquella noche juguetona cabe el dique,
con esa moza del brazalete que serpenteaba como el río.
Se quitó el manto, una rama de sauce su cuerpo,
como el capullo que estallaba en flor.
Me sirvió el vino de sus miradas,
de la copa; a veces de su boca.
El toque de su laúd me embrujo; como si oyera
el rasgueo de espadas en los cuellos enemigos
ITIMAD
Invisible a mis ojos, siempre estás presente en mi corazón.
Tu felicidad sea infinita, como mis cuidados, mis lágrimas y mis insomnios.
Impaciente al yugo, si otras mujeres tratan de imponérmelo, me someto con docilidad a tus deseos más insignificantes.
Mi anhelo, en cada momento, es tenerte a mi lado: ¡Ojalá pueda conseguirlo pronto!.
Amiga de mi corazón, piensa en mí y no me olvides aunque mi ausencia se larga.
Dulce es tu nombre. Acabo de escribirle, acabo de trazar estas amadas letras: ITIMAD
La Amada
¡Oh mi elegida entre todos los seres humanos!
¡Oh Estrella! ¡Oh luna!
¡Oh rama cuando camina,
oh gacela cuando mira!
¡Oh aliento del jardín, cuando
le agita la brisa de la aurora!
¡Oh dueña de una mirada lánguida,
que me encadena!
¿Cuándo me curaré? ¡Por ti daría la vista y el oído!
Tu frescor aliviaría
la oscuridad de mi corazón.
La noche de tu ausencia es larga
¡Que nuestro abrazo de amor sea como el alba!
La Aurora Ladrona
Disfrazó la pasión que quería ocultar,
más la lengua de las lágrimas se negó a callar;
Partieron, y ocultó su dolor, más lo divulgó
el llanto de la pena, tan evidente y balbuceante;
les acompañé mientras la noche descuidaba su vestidura,
hasta que apareció ante sus ojos una señal evidente:
Me detuve allí perplejo: la mano de la aurora
me había robado las estrellas.
La Perla De Mis Dominios
La perla de mis dominios, mi fortaleza te llano,
desde el punto en que mi ejercito, a vencer
acostumbrado, con lazas y con alfanjes,
te puso al fin en mi mano. Hasta que llega
a la cumbre de la gloria peleando, mi ejercito
valeroso no se reposa en el campo. Yo soy
tu señor ahora, tu mi defensa y amparo.
Dure mi vida, y la muerte no evitaran
mis contrarios. Sus huestes cubrí de oprobio.
En ellas sembré el estrago, y de cortadas
cabezas. Hice magnífico ornato, que ciñe,
cual gargantilla. Las puertas de mi palacio.
Mi Corazón Está Malherido
Mi corazón está malherido. ¿Qué puedo hacer?
Me aconsejaron bien pero no quería escuchar.
¡Ay de mí! Amo sin ser amado.
Doy vueltas sin rumbo.
Guardo la promesa a quien no la guarda.
No me creía capaz de hacer un regalo de amor
y ahora me basta un simple saludo y me lo niega.
Vosotras que me abandonasteis,
contentas con mi sufrimiento,
animad a vuestro enamorado caído.
Contestadme con un saludo para devolverme
lo que queda de mi alma; si no, mi esperanza huirá.
Mullan Las Nubes Con Perenne Llanto…
Mullan las nubes con perenne llanto
tu blanda tierra, ¡Oh! tumba del exilio
que el rey Ibn Abad cubres los restos.
Guardas con él tres ínclitas virtudes
-ciencia, merced, clemencia- congregadas;
la fértil abundancia que las hambres
vino a extirpar, y el agua en la sequía.
Cobijas al que lides riñó invicto
con la espada y la lanza, y con el arco;
el que al fiero león fue dura muerte;
émulo del Destino en las venganzas;
del Océano en derramar favores;
de la Luna en brillar entre las sombras
la cabecera del salón.
Sí, es cierto:
no sin justicia, con rigor exacto,
un designio celeste vino a herirme.
Pero, hasta este cadáver, nunca supe
que una montaña altísima pudiese
caber en temblorosas parihuelas.
¿Qué quieres más? ¡Oh, tumba! Sé piadosa
con tanto honor que a tu custodia fían.
El rugidor relámpago ceñudo,
Cuando cruce veloz estos contornos,
Por mí, su hermano –cuya eterna lluvia
de mercedes refrenas con tu laude-,
llorará sin consuelo. Y las escarchas
en ti lágrimas suaves, gota a gota,
destilarán los ojos de los astros,
que darme no supieron mejor suerte.
¡Las bendiciones del Señor desciendan,
insumidas a números, incesantes,
sobre quien pudre tu caliente seno!
Nuestra Gloria Es Como El Sol, En Altura Y Brillo
Nuestra gloria es como el sol, en altura y brillo.
Por eso lo prefiere velado, por la luna o las nubes:
Se levantó y veló de mis ojos con su figura,
el disco solar ¡Ojala se velase igual la desgracia!
Ella sabe sin duda que es una luna.
¿Qué puede ocultar el sol sino la faz de la luna?
Resígnate A Tu Suerte En Este Mundo
Resígnate a tu suerte en este mundo, cual quiera que fuere.
Consuela tu alma si dejaste tu patria.
Allah compensa todo lo perdido en el pasado;
Que tu corazón conozca el consuelo y la fe.
Siempre que tengas un recuerdo delicioso,
¿se derraman lágrimas en torrentes sobre tus mejillas?
¿Cuándo has oído de un rey como tú a quien
las oscuras penas del Destino e hayan arrebatado su reino?
Aguanta la adversidad y aguarda para después la libertad;
tu botín será el perdón de Allah.
Te Trataré Con Benevolencia
Te trataré con benevolencia, como siempre,
y te perdonaré tu falta si la ha habido:
porque el Eterno no me ha dado un corazón duro,
y no tengo costumbre de olvidar una amistad antigua y sagrada.
Tres Cosas
Tres cosas impidieron que me visitara
por miedo al espía y temor del irritado envidioso;
la luz de su frente, el tintineo de sus joyas
y el fragante ámbar que envolvía sus vestidos.
Supón que se tapa la frente con la amplia bocamanga,
y se despoja de las joyas, más ¿Qué hará con su aroma?

Ven, Vuelve A Ocupar Tu Puesto A Mi Lado
Ven, vuelve a ocupar tu puesto a mi lado.
Ven sin tener nada, porque te esperan bondades, no reproches.
Convéncete de que te amo demasiado para poder afligirte;
nada bien lo sabes, me agrada tanto como verte contento y alegre.
Muerte
Mi parte de la vida ha terminado; Estoy acostado
en mi lecho de muerte.
¿No murió él, nuestro padre Adán, también,
y Muhammad?
Muertos están los príncipes y los potentados
Y nadie los despertará.
Diles que triunfan con mi muerte, que la muerte los
alcanzará.
La Fuente
El mar lo ha templado; el poderoso sol
pulió la espada,
y de la vaina límpida saltó la espada;
El hombre no ha
mejorado A en Damasco, aunque para la matanza
tiene algo de ventaja sobre el agua sobre el agua.
El Médico
Los dedos pálidos del amanecer somnoliento han desgarrado la
prenda de la noche, y tú, amado,
Tearest las malas hierbas de mi descontento
con los dedos con punta de amanecer.
Por eso invento
una medicina de la humedad de tus labios
y de las rosas que tus mejillas han prestado,
para curar mi melancolía.
No Te Vayas
No te vayas, amado y cruel; No tengo fuerzas
Para despedirme de ti, ¡no puedes irte!
He aquí la fuente de mis lágrimas finalmente
consumida, y he sufrido tanto
que en los pozos secos de estos ojos
estériles ya no yace más tu imagen preciada.
Ay, ¿qué amor es este que arde como fuego?
Mira, mi cuerpo es algo inútil,
tan desgastado está, tan desperdiciado por el deseo, que
me he hecho delgado de amor; los nuevos días traen
solo nuevos dolores que me drenan la sangre,
¡por ti, amado, por tu culpa!
Y yo, cuyo juego siempre fue con la lanza
Al alegre sonido del grito de batalla,
Que desprecié llevar la panoplia del Miedo,
Los adornos de los prudentes—incluso yo,
siempre conquistador—ahora estoy vencido.
¡Misericordia, lloro! Sin embargo, eres despiadado.
A Salma
Salma, Salma, ¿te he olvidado?
En el resplandor de la pelea recuerdo la noche
en que nos separamos;
(¡Hacha en espada, espada en maza!)
Y nos pusimos cara
a cara, con el corazón ardiente.
En el bosque de lanzas
aparece
tu visión Para confundirme;
Cuando las alarmas
de batalla amenacecen, Salma, tus brazos
me rodean.
¡Salma, Salma, te he recordado!
No Cortejes al Mundo
No cortejes al mundo demasiado precipitadamente, porque contempla,
bajo la seda pintada y el bordado,
es algo infiel e inconstante.
(Escúchame, Mu’tamid envejeciendo.)
Y nosotros, que soñamos que la espada del joven nunca se oxidaría,
Esperamos que los pozos del espejismo, las rosas de la arena-
El enigma del mundo entenderán
Y vestiremos sabiduría con la túnica de polvo.
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