Poemas de Wallāda bint al-Mustakfī

Poemas de Wallāda bint al-Mustakfī

Poemas de Wallāda bint al-Mustakfī (994–1091) quien fuera una princesa omeya y una de las figuras más transgresoras de la Córdoba califal. Tras la muerte de su padre, utilizó su herencia para abrir un salón literario donde competía en ingenio con los mejores poetas de su tiempo.

Célebre por su inteligencia y por bordar versos desafiantes en sus hombros, representó la libertad femenina y la vanguardia cultural. Su apasionada y conflictiva relación con Ibn Zaydūn definió la lírica andalusí.

Wallāda nunca se casó, manteniendo su independencia personal y literaria hasta los cien años, convirtiéndose en un símbolo eterno de resistencia y talento.

A pesar de sus méritos, Ibn Zaydun ama

A pesar de sus méritos, Ibn Zaydun ama

las vergas que se guardan en los calzones;

si hubiera visto un falo en las palmeras

se habría convertido en pájaro carpintero.

 

¿Acaso hay para nosotros…

¿Acaso hay para nosotros,

después de esta separación, una salida;

puede quejarse cada uno de nosotros

de lo que ha sufrido?

Pernoctaba yo en los tiempos

de nuestras visitas mutuas durante el invierno

sobre las brazas crepitantes por la pasión.

¿Cómo, pues, estando en la situación de este abandono,

ha apresurado el destino lo que yo temía?

Giran las noches y no veo el fin.

De nuestro distanciamiento,

ni la paciencia me libra

de la esclavitud de mi anhelo.

Riegue Dios la tierra donde estés

con toda clase de lluvias copiosas.

 

Ave veloz

Ciertamente que Ibn Zaydūn, a pesar de su prestigio

Estaba sonado por los barrotes de los pantalones;

Si un pene viera, sobre alguna palmera,

Él sería de las aves más veloces.

 

Ciertamente que Ibn Zaydūn, a pesar de su prestigio…

Ciertamente que Ibn Zaydūn, a pesar de su prestigio

Estaba sonado por los barrotes de los pantalones;

Si un pene viera, sobre alguna palmera,

Él sería de las aves más veloces.

 

Cuando caiga la tarde…

Cuando caiga la tarde, espera mi visita,

pues veo que la noche es quien mejor encubre los secretos;

siento un amor por ti que si los astros lo sintiesen

no brillaría el sol,

ni la luna saldría, y las estrellas

no emprenderían su viaje nocturno.

 

Cuando te enteraste de lo mucho que te quiero…

Cuando te enteraste de lo mucho que te quiero

y supiste el lugar que ocupas en mi corazón,

y cómo me dejaba arrastrar por el amor, sumisa,

yo, que a nadie más que a ti consentí que me arrastrara,

te alegraste de que el sufrimiento cubriera mi cuerpo

y de que el insomnio pintara de negro mis párpados.

Pasa tus miradas por las líneas de mis cartas

y verás mis lágrimas mezcladas con la tinta.

Cariño mío: mi corazón se deshace

de quejarse tanto a un corazón de pura piedra.

 

El hexágono

Tu apodo es el hexágono, un epíteto

que no se apartará de ti

ni siquiera después de que te deje la vida:

pederasta, puto, adúltero,

cabrón, cornudo y ladrón.

 

Enamorado de Júpiter

Si fueras justo con el amor que existe entre nosotros,

no habrías escogido ni amarías a mi esclava;

has dejado una rama donde florece la hermosura

y te has vuelto a la rama sin frutos.

Sabes que soy la luna llena,

pero, por mi desdicha,

de Júpiter estás enamorado.

 

Enamorado de su secretario

Ibn Zaydun, a pesar de sus virtudes

maldice de mí injustamente y no tengo culpa alguna;

me mira de reojo cuando me acerco a él,

como si fuese a castrar a su Ali.

 

Enhorabuena, al-Asbahī, por los beneficios

Enhorabuena, al-Asbahī, por los beneficios

que has recibido del Señor del Trono, del Benefactor;

has conseguido con el culo de tu hijo

lo que no consiguiera

con la vulva de Būrān su padre al-Hasan.

 

Ibn Zaydun, a pesar de sus virtudes…

Ibn Zaydun, a pesar de sus virtudes

maldice de mí injustamente y no tengo culpa alguna;

me mira de reojo cuando me acerco a él,

como si fuese a castrar a su Ali.

 

La separación

Tras la separación, ¿habrá medio de unirnos?

¡Ay! Los amantes, todos de sus penas se quejan.

Paso las horas de la cita en el invierno

sobre las ascuas ardientes del deseo,

y cómo no, si estamos separados.

¡Qué pronto me ha traído mi destino lo que temía!

Más las noches pasan, y la separación no se termina,

ni la paciencia me libera, de los grilletes de la añoranza.

¡Que Dios riegue la tierra que sea tu morada,

con lluvias abundantes y copiosas!

 

Pura piedra

Cuando te enteraste de lo mucho que te quiero

y supiste el lugar que ocupas en mi corazón,

y cómo me dejaba arrastrar por el amor, sumisa,

yo, que a nadie más que a ti consentí que me arrastrara,

te alegraste de que el sufrimiento cubriera mi cuerpo

y de que el insomnio pintara de negro mis párpados.

Pasa tus miradas por las líneas de mis cartas

y verás mis lágrimas mezcladas con la tinta.

Cariño mío: mi corazón se deshace

de quejarse tanto a un corazón de pura piedra.

Poemas de Wallāda bint al-Mustakfī

Si fueras justo con el amor que existe entre nosotros…

Si fueras justo con el amor que existe entre nosotros,

no habrías escogido ni amarías a mi esclava;

has dejado una rama donde florece la hermosura

y te has vuelto a la rama sin frutos.

Sabes que soy la luna llena,

pero, por mi desdicha,

de Júpiter estás enamorado.

 

Tengo celos de mis ojos, de mí toda

Tengo celos de mis ojos, de mí toda,

de ti mismo, de tu tiempo y tu lugar.

Aún grabado tú en mis pupilas,

Mis celos nunca cesarán.

 

Tras la separación, ¿habrá medio de unirnos?…

Tras la separación, ¿habrá medio de unirnos?

¡Ay! Los amantes, todos de sus penas se quejan.

Paso las horas de la cita en el invierno

sobre las ascuas ardientes del deseo,

y cómo no, si estamos separados.

¡Qué pronto me ha traído mi destino lo que temía!

Más las noches pasan, y la separación no se termina,

ni la paciencia me libera, de los grilletes de la añoranza.

¡Que Dios riegue la tierra que sea tu morada,

con lluvias abundantes y copiosas!

 

Tu apodo es el hexágono, un epíteto…

Tu apodo es el hexágono, un epíteto

que no se apartará de ti

ni siquiera después de que te deje la vida:

pederasta, puto, adúltero,

cabrón, cornudo y ladrón.

 

Visita

Cuando caiga la tarde, espera mi visita,

pues veo que la noche es quien mejor encubre los secretos;

siento un amor por ti que si los astros lo sintiesen

no brillaría el sol,

ni la luna saldría, y las estrellas

no emprenderían su viaje nocturno.

 

Yo ¡por Dios! merezco la grandeza

Yo ¡por Dios! merezco la grandeza

y sigo orgullosa mi camino.

Doy gustosa mi mejilla a mi enamorado

y doy mis besos a quien los quiera.

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