Poemas de Francisco de Figueroa

Poemas de Francisco de Figueroa

Poemas de Francisco de Figueroa (c. 1530-1588), conocido como «el Divino», uno de los poetas más refinados del Renacimiento español. Perteneciente a la escuela italianizante, su obra destaca por una profunda asimilación del petrarquismo, caracterizándose por la melancolía, la introspección y un dominio técnico excepcional en el uso del endecasílabo.

Pasó gran parte de su vida en Italia, lo que le permitió depurar su estilo bajo la influencia directa de los clásicos. Su producción, aunque breve debido a que ordenó quemar sus manuscritos antes de morir, fue rescatada parcialmente por sus admiradores. En sus versos, Figueroa logra un equilibrio perfecto entre la pasión contenida y la elegancia formal, convirtiéndose en un puente fundamental entre la lírica de Garcilaso de la Vega y la sofisticación posterior del Siglo de Oro.

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De paso en paso injusto amor me lleva

De paso en paso injusto amor me lleva,

Quando dexarme descansar debria,

Abriendo siempre á mi dolor la via

De pena en pena desusada y nueva.

O el pie cansado solitario mueva,

O con alegre y dulce compañía.

Al sol ardiente, ó á templada ó fria

Noche, mi mal qualquier sazon renueva.

Si al bien presto pasado, ó al mal miro,

Que dura y durará quanto la vida,

Sin que me engañe mas vana esperanza:

La firmeza de aqueste, y la mudanza

Lloro de aquel, hasta que al fin despida

El doloroso y último suspiro.

 

Déxame en paz, amor: ya te di el fruto

Déxame en paz, amor: ya te dí el fruto

De mis mas verdes y floridos años;

Y mis ojos ligeros á sus daños

Pagáron bien tu desigual tributo.

No quiero agora yo con rostro enxuto

Sano y libre cantar mis desengaños;

Ni por alegres y agradables paños

Trocar tu triste y congojoso luto.

En llanto y en dolor preso y cargado

De tus antiguos hierros, la jornada

Quiero acabar de mi cansada vida:

Mas no me dés, amor, nuevo cuidado,

Ni pienses que podrá nueva herida

Romper la fe, que nunca fué doblada.

 

Paso en fiero dolor llorando el dia

Paso en fiero dolor llorando el dia;

Y quanto crece él mas, crece mi llanto:

El dolor nó; porque ha llegado á quanto

Cruel fortuna, ó hado injusto envia.

Viene la noche, y pienso ó que encubria

El dia mi mal, ó que jamás fué tanto:

Doblo el llorar, y caigo en tierra en tanto

Sin el vigor que en pie me sostenia.

Allí mis ojos lagrimosos cubre

Amargo sueño; y aunque el llanto cesa,

Acrecienta el dolor sueño tan triste:

Rompole, y torna: en esto el sol descubre

Su rostro, y baño el mio en esta espesa

Lluvia, que tú, cruel Fili, me diste.

 

Dexa, Fili, gozar un poco al prado

Dexa, Fili, gozar un poco al prado

De su preciado honor, dexa las flores

Esmaltadas de perlas, las colores

Vivas mostrar, que Flora hoy les ha dado.

Dexa vivir en libre alegre estado

Las Ninfas de este valle y los pastores

Del monte sin envidia y sin ardores,

Y mira qual está Tirsi parado;

Que dispuesto a morir dice tendido

Sobre la yerba de aquel verde llano:

Ya ves el fin de tu deseo cumplido.

¡Ay por quien tantas lágrimas en vano!

Tantos suspiros hasta aquí he esparcido,

Y agora esparcirá sangre esta mano!

 

Partiendo de la luz, donde solia

Partiendo de la luz, donde solia

Venir su luz, mis ojos han cegado:

Perdió tambien el corazon cuitado

El precioso manjar de que vivia.

El alma desechó la compañía

Del cuerpo y fuese tras del cuerpo amado;

Así en mi triste ausencia he siempre estado

Ciego y con hambre, y sin el alma mia.

Agora que al lugar, que el pensamiento

Nunca dexó, mis pasos presurosos

Despues de mil trabajos me han trahido:

Cobráron luz mis ojos tenebrosos,

Y su pastura el corazon hambriento;

Pero no tornará el alma á su nido.

 

Yace tendido en la desierta arena

Yace tendido en la desierta arena,

Que quasi siempre el mar baña y esconde,

De Tirsi el cuerpo; el alma alverga donde

Sembró Amor la simiente de su pena:

Allí mientras su llanto amargo suena

Entre las peñas, Eco le responde:

Tirsi cuitado, ¿dónde estás? ¿Por donde

Saldrás á ver tu luz pura y serena?

Aquí el cielo nubloso, el viento ayrado

Mantienen con el mar perpetua guerra,

Y él con estas montañas que rodea.

¡Ay de tí, Tirsi, de dolor cercado,

Mas que de mar, quando será que lea

Fili en tu frente lo que el pecho encierra!

 

Lágrimas que salis regando el seno

Lágrimas que salis regando el seno

Por vuestra antigua exercitada via,

Seguras del temor justo que habia

A vos y á mis suspiros puesto el freno:

Creced en rio tan profundo y lleno,

Quanto el dolor que el alma esconde y cria,

Por ver sembrada la esparanza mia

En glorioso, mas áspero terreno:

Y aunque mil causas dolorosas mueven

El alma á tan amargo sentimiento,

Esta sola razon ha de causaros;

Mas tan preciosas lágrimas no deben

Perderse así, ni desparcirse al viento

Tan gloriosos suspiros y tan caros.

 

Fiero dolor, que alegre alma y segura

Fiero dolor, que alegre alma y segura

Hacer pudieras triste y temerosa,

¿Cómo con mano larga y enojosa

Derramas sobre mí tanta dulzura?

No siente otro descanso, ni procura

Mayor deleyte el alma congojosa,

Que abrir la vena fértil y abundosa

Al llanto, que me da mi desventura. Y

Por tí le alcanza; que tu sombra encubre

La causa de mis lágrimas apénas

Confiada á mi mismo pensamiento.

Mas solo he de llorar las que van llenas

Del fuego que me abrasa, y se descubre

Que nacen de mas áspero tormento.

 

Breves pasos, que al pie flaco y cansado

Breves pasos, que al pie flaco y cansado

Sois de largo dolor áspera via,

Por la triste memoria de aquel dia,

Que mi mas claro sol hizo nublado:

Si desden fiero en corazon trocado

Quando mas viva y verde florecia

Mi esperanza esparciendo escura y fria

Niebla, la ha seca y sin vigor dexado:

Y en el menor de vos mil sombras veo

De mi gloria al primer punto perdida,

Bien es razon que os riegue con mi llanto

Volvedme, si podeis, mi usado canto,

O llevadme con él junto el deseo,

La memoria, los ojos, ó la vida.

 

Quando los ojos del mejor sentido

Quando los ojos del mejor sentido,

Que llevaban tras si vanos cuidados,

De sus caminos ásperos y errados

A mirarme acá dentro he recogido;

La vergüenza del tiempo, á que he venido,

Derrama sobre mí ciegos nublados

De confusion y de dolor mezclados,

Y lo mas de mi ser dexa escondido:

Mas quando mas esta tiniebla encubre

De mí la mayor luz, en ella leo

El amargo proceso de mis daños:

Allí se mira el alma, allí descubre

Sus ponzoñosas llagas, allí veo

Las horas breves de mis tristes años.

 

Ocio manso del alma, sosegado

Ocio manso del alma, sosegado

Sueño, fin del pesar triste enojoso,

Liberal de esperanzas, poderosos

De limpiar la amargura del cuidado;

Si alguna vez á mi dolor has dado

Nueva ocasion turbando mi reposo

Con vision falsa, en este venturoso

Punto de qualquier mal quedo pagado:

Sueño dulce y sabroso, que has rompido

La dureza que amor y mi fe pura

Nunca ablandó, ni mi dolor tan largo;

Si me vienes á ver, qual has venido la

De otro sueño tan dulce, la dulzura,

Dulce hará qualquier pasado amargo.

 

Tierra, á quien nunca el sol muestra su cara

Tierra, á quien nunca el sol muestra su cara,

Ni la luna jamás limpia su frente,

A quien de quanto ha menester la gente,

Natura fué como madrastra avara;

Con quan justa razon se me empleara

(Pues que partí de mi perpetuo oriente)

Que extraño y solo miserablemente

La vida entre tus nieves acabara.

Do amoroso Pastor mi sepultura

No cercara de rosas y violas,

Ni dixera con lágrimas piadosas:

Fili supo tu muerte sin ventura,

Tirsi, y te ofrece dos lágrimas solas

Mas que el llanto de Nïobe preciosas.

 

Pienso, y encuentra el pensamiento en cosas

Pienso, y encuentra el pensamiento en cosas

Tan amargas al gusto y al sentido,

Que torna atrás temiendo ser perdido

Por tan ásperas vias peligrosas.

Mueve despues las alas presurosas

Por otra parte, do algun dulce ha habido:

Mas eterno amargor halla escondido,

Qual está espina entre purpúreas rosas.

Piensa volverse, y tan lejano mira

El lugar do partió, que desconfia

De llegar donde pueda asegurarse.

Sigue la amarga y dolorosa via;

Mas ántes que la acabe, ha de acabarse

La poca parte con que el alma espira.

 

¡O del árbol mas alto y mas hermoso! (A la muerte de Garcilaso de La Vega)

¡O del árbol mas alto y mas hermoso,

Que produxo jamás fértil terreno,

Tierno pimpollo, ya de flores lleno,

Y á par de otra qualquier planta glorioso!

El mismo viento ayrado y tempestuoso

Que tu tronco tan lejos del ameno

Patrio Tajo arrancó, por prado ageno

Te deshojó con soplo presuroso:

Y una misma tambien piadosa mano

Os traspasó en el cielo, á do las flores

De ambos han producido eterno fruto:

No os llore como suele el mundo en vano,

Mas conságreos altar, ofrezca olores

Con voz alegre y con semblante enxuto.

 

Ingrato sol, que grave y enojoso

Ingrato sol, que grave y enojoso

Extiendes sobre mi tus rayos claros,

Y quanto ménos son de luz avaros,

Tanto te hacen mas triste y nubloso:

Yo ví en tu claridad manso reposo

Otro tiempo mejor; ¡mas ay quan raros

Fuéron mis dulces pasos, y quan carosa

Compré los puntos de mi ser gozoso!

En esta noche tenebrosa obscura,

Donde presto envidiosa de mi gloria

Fortuna me arrojó, puedes dexarme.

Da luz, á quien la da, leda ventura,

Que á mi no puedes ya sino causarme

Del antiguo dolor fresca memoria.

 

En esta tierra estéril y desierta

En esta tierra estéril y desierta,

Y entre estas rocas ásperas y heladas,

Alegres plantas tuvo amor sembradas,

Y larga senda á mi decoro abierta.

Agora yace mi esperanza muerta,

Y mi deseo las alas abrasadas

Cayó por tierra, y fuéron acabadas

Las horas breves de mi gloria incierta,

¡Ay quanto en vano se desea y espera!

¡Ay de quan cerca el bien huye y se esconde!

¡Ay que amargo manjar es su memoria!

¡Ay como es la alegría breve y ligera!

¡Como el fruto á la flor tarde responde!

¡Ay como vende amor cara su gloria!

 

Quando Tirsi siguiere otra Pastora

Quando Tirsi siguiere otra Pastora,

O sintiere de amor nueva herida,

Volverá atras Seveto su corrida,

Y dará luz quien nos la encubre agora.

Quando Fili podrá vivir una hora

Sin Tirsi, vivirá sin alma y vida:

Quando será de ageno amor vencida,

Se pondrá el sol en faldas de la aurora.

Estas voces con lágrimas mezcladas

Escucha Aliso, y llora juntamente

Con la memoria de su bien perdido.

Almas dichosas, dice, eternamente

Vivid así de igual fuego abrasadas,

De mudanzas seguras y de olvido.

 

O espíritu sutil, dulce y ardiente

O espíritu sutil, dulce y ardiente,

Que sales de las dos vivas estrellas

Mas claras que la luna, y muy mas bellas

Que el sol quando colora el Oriente,

Bien conozco tu fuerza, y bien la siente

Mi vista, que se aclara en tus centellas:

Mas no pueden pasar do suelen ellas

Morar, que dentro está quien no consiente.

Aquella agena sangre corrompida,

Que al corazon por estos ojos vino

Cuajada en torno de él, el paso impide.

Que si hallaras tú libre el camino,

Llegaras donde por mi mal se anida,

Quien el alma del cuerpo me divide.

 

Un día la bella enamorada Diosa

Un dia la bella enamorada Diosa,

Madre del niño poderoso y fiero,

Por cuya mano fuí llagado y muero

De llaga dulce y muerte gloriosa,

Iba texiendo de una y otra rosa,

Mostrando el sol su resplandor primero,

Para dar á su sol mas verdadero

Guirnalda de mil flores olorosa:

Quando yendo á coger una viola,

Una espina detras de ella escondida

Hirió á traicion su mano delicada:

Sintió dolor la Diosa, y desechóla;

Mas por la sangre encima desparcida

La viola, ántes blanca, es colorada.

 

Iba encendida en amoroso zelo

Iba encendida en amoroso zelo

De su solo deseo acompañada

Por un monte de Caria apresurada no

La blanca hermana del Señor de Delo:

Triste de ver que Apolo habia del cielo

Caminado la mas larga jornada,

Y tenia ya la hacha aparejada,

Con que aparta del mundo el negro velo.

Decia contra él: Febo envidioso,

Robador de mi gloria y de mi parte,

Cubre tu luz hasta que vea la mia.

Con estas voces llega á despertarte

Del dulce sueño, ó Endimion hermoso,

Mas vióla ántes el sol, y aclaró el dia.

 

Si el pie moví jamás, ó el pensamiento

Si el pie movi jamás, ó el pensamiento

Do no te viese 6 falsa ó verdadera;

Y si verte despues ó mansa, ó fiera,

No causaba mi gloria, ó mi tormento:

Sino fundé mi amor sobre cimiento

Tal, que ninguna novedad le altera:

Si amada con mas limpia y mas sincera

Fe soltó Ninfa trenzas de oro al viento:

Si quando el alma mas confia, desea

Sino que este dolor fiero que siente

Cada punto mayor, grato te sea:

Fili, viva de tí gran tiempo ausente;

Y si tomare nuevo amante, vea

Ceñir de flores, y adornar tu frente.

 

Bien puede revolver seguro el cielo

Bien puede revolver seguro el cielo,

Mudando el ser á quanto acá se cria;

Y con blanda y ayrada compañía

Ya adornando, ó despojando el suelo:

Y puede bien tender su negro velo

La noche eternamente obscura y fria,

Y arder el sol, 6 dar templado el dia,

O darnos presa al encogido hielo:

Que yo en qualquier sazon en este Invierno,

En esta noche tenebrosa y larga,

Y en este sin igual fiero tormento,

Desde aquella hora desdichada amarga,

Que á mi dolor me hizo esclavo eterno,

Mas firme estoy, que roca firme al viento.

 

Alma real, milagro de natura

Alma real, milagro de natura,

Honor y gloria de la edad presente,

Nido de amor, en cuya vista siente

El fuego, que á sus súbditos procura:

Si en solo retratar vuestra figura

Se deslumbra el pintor mas excelente,

Es porque amor de zelos no consiente, si

Que se enagene aun sola pintura.

Ni es bien que imágen tan divina sea

Sino de amor, ni que se pinte, ó escriba

En tabla, ó lienzo en quien el tiempo puede:

En las almas se escriba, allí se lea,

Y allí despues de muchos siglos quede,

Qual es agora, tan perfecta y viva.

 

Ay suspiros, ay lágrimas del fiero

¡Ay suspiros, ay lágrimas del fiero

Dolor, que el pecho á gran fatiga encierra!

Solo descanso, y débil en la guerra

De amor, en quien sin tiempo agora muero:

¿Qué será ya de mi triste, ó qué espero?

Sino ser presto sombra y poca tierra:

Si mi esquiva ventura el paso os cierra,

Y apresura el deseo falso y ligero.

No de que agora en fuego, agora en rio

El corazon cuitado se convierta,

O suspiros, ó lágrimas, me pesa:

Sino que si cesais, queda encubierta

Del animoso pensamiento mio

La rara gloria y la tan alta empresa.

 

Ingrata Fili, en cuyo pecho había

Ingrata Fili, en cuyo pecho habia

Puesto su nido el corazon cuitado,

Que agora de tus ojos desterrado

Perdido va por solitaria via:

 

Si topares con él acaso un dia,

Aunque está del dolor desfigurado,

Bien podrás conocerle en tu traslado,

Que imprimió en él mi triste fantasía.

 

Por tu imágen siquiera alguna parte

Le da de alvergue, aunque pequeña sea;

No enagenes así tanta dulzura:

 

Y si quieres que sola ella se vea,

Haz que el cielo los parta, ó tú los parte,

Y arroja el corazon tras mi ventura.

 

Si del amargo intenso pensamiento

Si del amargo intenso pensamiento,

Que de mí tiene entero señorío,

Alguna vez un poco me desvío,

Para cobrar á mi dolor aliento:

 

Discurro por el mal de mi tormento,

Llorando el largo y mal viage mio,

El timon roto, y débil el navío,

Perdido el Norte, y tempestuoso, viento;

 

Mas si el mar fuera manso, el navío fuerte,

Próspero el viento y favorable el cielo,

¿Qué pudiera esperar sino la muerte?

 

Moriré, pues, y de morir me duelo,

Solo porque será fuerza perderte,

O dulce fuego mio, ó dulce hielo!

 

La amarillez y la flaqueza mia

La amarillez y la flaqueza mia,

El comer poco y el dormir perdido,

La falta quasi entera del sentido,

El débil paso, y la voz ronca y fria;

 

La vista incierta, y el mas largo dia

En suspiros y quejas repartido,

Alguno pensará que haya nacido

De la pasada trabajosa via:

 

Y sabe bien amor, que otro tormento

Me tiene tal; y otra razon mas grave

Mi antigua gloria en tal dolor convierte:

 

Amor solo lo sabe, y yo lo siento:

Si Fili lo supiese: ¡ó mi suave

Tormento, ó dolor dulce, ó dulce muerte!

 

Ya cumpliste tu curso perezoso

Ya cumpliste tu curso perezoso,

Año, en tristeza y en dolor gastado:

Así pluguiera á Dios fuera llegado

Tambien el fin de mi vivir penoso.

 

Tú empiezas año alegre, y doloroso

Has de ser para mí, quanto el pasado:

Si en tí no alcanza el áspero cuidado

Su fin, ó el alma de su error reposo.

 

Mas si mi hado injusto ya ha dispuesto,

Que viva luengamente, y mi ventura

De uno en otro dolor fiero me lleve;

 

Dame junto el dolor y la tristura

Por momentos; y pasa tú tan presto,

Quanto pasó mi bien escase y breve.

 

Ojos, ¿que mirareis? ¡Ay ojos tristes!

Ojos, ¿que mirareis? ¡Ay ojos tristes!

¿A que del sol el rayo alegre y puro

Alegre recibais, si en torno obscuro

Está el lugar á do á mirar volvistes?

 

Ay ciegos ojos en mal punto distes,

Quando en mi libertad vivia seguro,

Entrada al desleal niño perjuro,

Por quien amargas lágrimas vertistes.

 

Ay ojos, ántes que del todo el llanto

Y el ausencia del sol vuestro obscurezca

La poca parte, que de vista os queda;

 

Viésedes una vez siquiera el santo

Rostro, porque despues su imágen pueda

Tornarse en parte que jamas perezca.

 

Hay quien quiera comprar nueve doncellas

¿Hay quien quiera comprar nueve doncellas

Esclavas, á lo ménos desterradas

De las tierras do fuéron engendradas?

¿Hay quien las compre? ¿Hay quien dé mas por ellas?

 

Fueron un tiempo en todo estremo bellas,

Hermosas, ricas, graves y estimadas;

Y aunque de muchos fuéron reqüestadas,

Bien pocos alcanzaron favor de ellas.

 

Agora van las tristes mendigando

De puerta en puerta rotas y baldías;

Y por solo el comer se venderían.

 

Pues no son muy golosas, que hallando

Yerbas, flores, ó hojas, pasarian

Con sombras frescas y con aguas frias.

 

Ay de quan ricas esperanzas vengo

Ay de quan ricas esperanzas vengo

Al deseo mas pobre y encogido,

Que jamás encerró pecho herido

De llaga tan mortal, como yo tengo.

 

Ya de mi fe, ya de mi amor tan luengo,

Que Fili sabe bien quan firme ha sido,

Ya del fiero dolor con que he vivido,

Y en quien la vida á mi pesar sostengo;

 

Otro mas dulce galardon no quiero,

Sino que Fili un poco alce los ojos

A ver lo que mi rostro le figura:

 

Que si le mira, y su color primero

No muda, y aun quizá moja sus ojos,

Bien serán mas que piedra helada y dura.

 

Estos, y bien serán pasos cuitados

Estos, y bien serán pasos cuitados

Quanto los dió jamás pie doloroso,

Que agora dexaré triste y penoso

Con mis amargas lágrimas regados:

 

Por los mas dulces me serán contados

De quantos en mi duro y trabajoso

Viage dado habré: breve reposo

En vano procurando á mis cuidados.

 

No porque amor, ó mi fortuna fiera

Alce de mí su mano ayrada y fuerte,

O ablande un punto la crueldad pasada:

 

Sino porque á morir parto, y la muerte

Tan cerca va, que á la primer jornada

La alcanzaré, ya que al partir no muera.

 

Mi esperanza y deseo combatian

Mi esperanza y deseo combatian

Una torre gentil, alta y cerrada

De muros de diamante; cuya entrada

Honestidad y alteza defendian.

 

Los mios mil heridas recibian;

Mas la gloría inmortal de la jornada

Les hacia parecer bien empleada

La sangre, que en empresa tal vertian.

 

Al fin honestidad dió á mi esperanza

Debida muerte; y el deseo, aunque vive,

Le tiene alteza ya quasi vencido:

 

Morirá, y yo con él; mas si se escribe

En mi sepulcro quién la causa ha sido:

¡O quan glorioso galardon se alcanza!

 

Hermosos ojos donde amor se anida

Hermosos ojos donde amor se anida,

Do sus saetas templa, y donde enciende

Su inmortal hacha; en cuyos tercos tiende

La red, do fué mi libertad prendida:

 

Si el piadoso licor, que mi herida

Podría curar, de vuestra luz desciende,

Y de veros, ó no, solo depende

El hilo de mi larga, ó corta vida:

 

Y habiéndoos de dexar, ¡ay cielo ayrado!

¡Ay fortuna! á mi bien siempre enemiga!

Me escondo, y voy de vos huyendo agora;

 

Es porque del vivir propio apartado

Me alcance aquí la muerte, y no se diga:

Tirsi vivió de Fili ausente una hora.

 

Musas, que en Helicon monte Sagrado

Musas, que en Helicon monte Sagrado

A vuestra alta Deidad, rica morada

Teneis de muro en derredor cercada,

Tan fuerte, que jamás se vió pasado:

 

Do si algun alto espíritu guiado

Por la luz vuestra, á pocos otorgada,

Quiso llegar, primero ante la entrada

Gran tiempo estuvo de velar cansado:

 

¿Quién agora la estrecha, áspera senda

Del trabajoso monte ha descubierto,

Do qualquier baxo ingenio ose tentalla?

 

¿Y quien ha tanto el firme muro abierto,

Que poseer vuestra beldad pretenda?

Un espíritu indigno de adoralla.

 

Fili, yo llamo en testimonio al cielo

Fili, yo llamo en testimonio al cielo,

Y si alguna Deidad tiene cuidado

De los amantes, que jamás menguado

Se vió mi amor, ni se verá mi duelo:

 

Que si con ménos lágrimas, que suelo,

Algunas horas he, Fili, pasado:

No pienses que nació de haber hallado

Mi mal alivio, ó mi dolor consuelo:

 

Sino de que ocupaba el pensamiento

En la dulce memoria de aquel dia,

En que ví florecida mi esperanza:

 

Por probar si las fuerzas del tormento

Debían presto hallar tanta mudanza,

Las horas de mi vida acabaría.

 

O tú, que desde mi niñez tuviste

O tú, que desde mi niñez tuviste

Dentro en mi eterno pecho eterno nido.

Agora de él (y no sé como ha sido)

Ha tan poco, tristeza, que saliste:

 

¿Podré vivir sin aquel llanto triste,

Que de mis ojos ha siempre llovido?

¿Y sin aquel dolor, con que he crecido,

De quien tan larga y liberal me fuiste?

 

Déxamelo probar, tristeza mia:

¿A qué tornas tan presto? ¿Has por ventura

Miedo, que á tu lugar venga alegría?

 

No acertará á venir; vive segura;

Ni yo la acogeré, que es compañía,

Que, quanto al sol de nieve copo, dura.

 

Fili, bien debe en la miseria y pena

Fili, bien debe en la miseria y pena,

En que yace, morir Tirsi cuitado;

Si despues que partió donde anublado

Le fué su sol, halló una hora serena:

 

Y si despues que en la desierta arena

De su gloria dexó el fruto sembrado

Que al nacer se ahogó, tuvo cuidado,

De ageno fruto, ó de belleza agena:

 

Mas si firme y leal llorando el dia,

Que descubrió su corazon perjuro,

Qual planta sin humor se seca y muere;

 

Quien le dió tanto mal, Fili, debria

Darle por galardon de amor tan puro,

Un suspiro, que lágrimas no quiere.

 

Dime, Fili, asi amor dure en el pecho

Dime, Fili, asi amor dure en el pecho

De tu nuevo pastor, asi los hados

Os dén los bienes y el placer doblados,

Como las penas á tu Tirsi han hecho:

 

El puro fuego y aquel lazo estrecho,

Que nuestros corazones abrasados

Tuvo igualmente, y con un nudo atados,

¿Está del todo ya muerto y deshecho?

 

¿No te queda siquiera la memoria

De aquellos dulces, venturosos dias,

Que te dí de mí fe nuevas tan ciertas?

 

Mas no, porque el remate de la historia

Enturbiará tambien tus alegrías,

Como dexó mis esperanzas muertas.

 

Verde en qualquier sazon, siempre de flores

Verde en qualquier sazon, siempre de flores

Olorosas y varias esmaltado

Te verás fresco y deleytoso prado,

Alvergue de tan fieles amadores.

 

Y tú, Tibre gentil, que con errores

Breves llegas al fin de tu cuidado,

Enriqueciendo el mar Tirreno, amado

Serás siempre de Ninfas y pastores.

 

Si del fresco, ó del agua, ó caluroso,

O sediento amador, parte quisiere,

Corteses les seais ambos os ruego:

 

Mas si de amor leal ageno fuere,

En lugar del alivio y del reposo,

Halle en vuestra frescura eterno fuego.

 

Las lágrimas, amor, dulces y amargas

Las lágrimas, amor, dulces y amargas,

En quien cebaste mis primeros dias,

Las dudosas y breves alegrías,

Las esperanzas y promesas largas,

 

Y los suspiros en que tú descargas

Un corazon rendido á sus porfias;

El temor, el deseo y las mas vias,

Por quien tu reyno en nuestro daño alargas,

 

Te he dexadp de hoy mas libres y exentas:

Ya no soy tuyo, ya vivo seguro,

De sentir mas por tí pena ni gloria:

 

Mas ay, amor, ay desleal perjuro,

Que bien sospecho, para qué sustentas

De algun bien que me diste la memoria.

 

Blanco marfil en évano entallado

Blanco marfil en évano entallado,

Suave voz indignamente oida,

Dulce mirar (por el que larga herida

Traigo en el corazon) mal ocupado;

 

Blanco pie por ageno pie guiado,

Oreja sorda á remediar mi vida,

Y atenta al son de la razon perdida,

Lado (no se por qué) junta á tal lado;

 

Raras, altas venturas, ¿nó me diera

La fortuna cortés gozar una hora

Del alto bien, que desde vos reparte?

 

¿O el sol, que quanto mira, orna y colora,

No me faltára aquí, por que no viera

Un sol mas claro en tan obscura parte?

 

Así va el mundo: yo esperé escaparme

Así va el mundo: yo esperé escaparme,

Cruel fortuna, de tu mano ayrada;

Con esperanza al parecer fundada

Tan bien, que con razon pude engañarme.

 

Ya no lo espero; pues que veo robarme

Mi dulce y cara libertad guardada

con tanto afan, y comenzar jornada

Tan dura, que por fuerza ha de acabarme:

 

Las armas rindo; y llámome vencido

Tuyo: de hoy mas mi libertad, mis años

Ofrezco á tu perpetua servidumbre:

 

La mano nó, que aunque liviana ha sido,

Agora avisará de tu costumbre,

De tu incierta esperanza, y ciertos daños.

 

Apénas fuí de mi niñez salido

Apénas fuí de mi niñez salido,

Que amor se apoderó del alma mia,

En cuya grave injusta tiranía

Las horas de mi bien pocas han sido.

 

Fortuna contra mí siempre ha movido

Sus fuerzas, mas amor me defendia;

Hasta que desden justo abrió la via,

Por donde hé la mitad de mí perdido.

 

Amor, fortuna, que teneis la gloria

Repartida entre vos de este cuitado

Despojo sin valor, ó fuerza alguna;

 

Baste solo un Señor á tan cansado

Y débil siervo; alcance uno victoria,

Y ay si haberla pudiese la fortuna!

 

A la sombra de un olmo, al nuevo dia

A la sombra de un olmo, al nuevo dia

De suspirar y de llorar cansado,

Con el alma despierto, y desvelado

Con el cuerpo, el pastor Tirsi dormia:

 

A su Fili soñando que veia

Movida á compasion de su cuidado,

Hablarle mansamente, apresurado.

Por asirla, las manos extendia.

 

Quando del ansia y del deseo alterada

Despide el alma el sueño: la pastora

Huye con él: y Tirsi abraza el viento.

 

Entonces con voz flaca acompañada

De lágrimas dice él: ¿quién quita agora

A los ojos el bien del pensamiento?

 

Quando esperaba el corazon y ardia

Quando esperaba el corazon y ardia,

Que hoy arde, mas arder ya será en vano

Por culpa de la ayrada injusta mano,

Que rompió el hilo á la esperanza mia;

 

Hermosa falda ví de blanca y fria

Nieve, tendida por un verde llano,

Tan pura que jamás sol, ni pie humano

Bañó tocando su beldad natía.

 

Bien la pude coger, bien cerca tuve

Con que amansar mi fuego, mas turbado,

Ya tendida la mano, me detuve.

 

En tanto (¿ay dónde?) mi vecina gloria

Huyó qual sombra, ó sueño, y no ha quedao

De ella sino el dolor y la memoria.

 

Bien puedes tú, Fileno, alegre y ledo

Bien puedes tú, Fileno, alegre y ledo

Ir donde amor tus dulces pasos guia,

Y seguro mirar la compañía

De quien en mí causó esperanza y miedo:

 

Yo triste y solo en tierra agena quedo

Léjos, Arbia, de tí, quando crecía

En tus riveras, y en el alma mia

El lauro, que arrancar quiero, y no puedo.

 

Dichoso amante, y tú glorioso rio,

Ambos fieles testigos de mi gloria,

¿Quándo será que sin engaño os vea?

 

Aura pura vital espirtu mio,

Muera léjos de tí, si mas desea

Mi alma, miéntras goza tu memoria.

 

En torno ciñe el mar pequeña roca

En torno ciñe el mar pequeña roca,

Mas de inmovible y bien fundado asiento;

Y aunque mas es profundó su cimiento,

Por nuestra culpa la su alteza es poca.

 

En medio en blanca ropa y blanca toca

Desnuda de qualquier otro ornamento

Está una Ninfa: y nunca el mar por viento

Fiero, la planta del pie tierno toca.

 

Tendidas por el agna van mil almas

A salvarse á la roca, mas en vano,

Que la Ninfa de mil, alza dos solas:

 

Dichoso tú, Iverino, que á dos palmas

Asido, y á su fiel segura mano

Vences el viento y las sobervias olas.

 

Como acaece á aquel, que luengamente

Como acaece á aquel, que luengamente

Por frio, ó por calor demasiado,

El mal regído cuerpo destemplado,

O por mas grave mal tuvo doliente;

 

Aunque cese despues el accidente,

Que justa causa de temor le ha dado,

Le dexa tal, que del dolor pasado

Da bien señales la amarilla frente:

 

De esta arte en mí, que al temeroso y duro

Paso me puso cerca la herida,

Que apénas hay quien escusarla pueda:

 

Aunque ella esté cerrada, y yo seguro

De mas dolor; por el pasado queda

De el flaco rostro la color perdida.

 

Lauro, que en la rivera deleytosa

ESTANDO SENA en poder de Franceses.

Lauro, que en la rivera deleytosa

Un tiempo, agora solitaria y triste,

Del Arbia en gloria y en honor creciste

A par de otra qualquier planta gloriosa;

 

¿Quién indigno de bien tanto, reposa

A tu sombra? Si á mí siempre me ardiste,

¿Qué frente enderredor de tí ceñiste?

¡O raro don de la mas casta Diosa!

 

Ah! vos, manos injustas, del ageno

Tesoro usurpadoras, mansamente

Tratad mi vida, que en sus hojas mora:

 

Y tú cruel, que tan profundamente

Tendiste tus raices por mi seno

Crece del llanto, que tu Tirsi llora.

 

Ay esperanza lisongera y vana

Ay esperanza lisongera y vana,

Ministra de cuidado y de tormento,

Que el mas osado y loco pensamiento

Haces juzgar segura empresa y llana;

 

Si qual suele llevar pluma liviana,

Te me ha llevado de contino el viento,

Y con daño y vergüenza me arrepiento

De haber creido en esperanza humana;

 

Déxame, que si amor y mi fortuna

Te han cortado mil veces floreciendo,

¿Qué puedes prometer seca y perdida?

 

Marchítanse tus flores en saliendo,

Sin hacer fruto; y si le hace alguna,

Es cebo dulce para amarga vida.

 

Bien pudiste llevar, rabioso viento

Bien pudiste llevar, rabioso viento,

Mis esperanzas donde se han perdido,

Y deshacer con soplo ayrado el nido

De mi dulce amoroso pensamiento.

 

Bien derribaste desde su cimiento

Las altas torres donde habia subido;

Y ahogaste en las aguas del olvido

Mi bien, mi gloria, mi mayor contento.

 

¿Pues por qué no raerás de mi memoria

Las amargas dulzuras de esperanza,

Con quien cebó mis inocentes años?

 

Que ya del alma el árbol de victoria,

Que plantó amor, cortáron desengaños,

Desden, ausencia, tiempo, edad, mudanza.

 

Cortó amor la raíz de mi contento

Cortó amor la raíz de mi contento

Por tierra en hoja y flor, quando esparcido

Antes de ser gozado, ha perecido

Qnanto me pudo dar contentamiento:

 

Su esperanza sembró mi pensamiento

En tu terreno crudo endurecido;

Donde siempre miserias han nacido,

Y nunca ha de nacer el escarmiento:

 

No basta echar por tierra mi firmeza

El duro encuentro, y la pesada carga

De amor, que así me tiene derribado:

 

Mas al fin bastará vuestra aspereza,

Y de mis daños la experiencia larga,

A dexarme sin vida, ó sin cuidado.

 

Gasto mis pasos y mis tristes dias

Gásto mis pasos y mis tristes dias

Tras un deseo loco y engañoso,

Que sostiene el vivir dificultoso

Con vanas esperanzas y alegrías;

 

Y encontrando tni daño por mil vias,

Sin ser abierta senda á mi reposo,

Do quier que vuelvo el rostro lastimoso;

Hay campo lleno de miserias mias.

 

Miseria será todo y desventura,

Hasta que se execute la postrera

En los cansados años de mi vida:

 

Pagará el pensamiento su locura,

Y morirá el deseo quando muera

El alma, que es viviendo aborrecida.

 

Hay tanto que temer, do no hay ventura

Hay tanto que temer, do no hay ventura,

Y adonde falta, es el temor tan cierto,

Que al hombre desdichado, como al muerto,

Le pueden luego abrir la sepultura:

 

Prueba es de esta verdad mi desventura,

Pues tal llaga en mi triste pecho ha abierto,

Que tendrá mi remedio por incierto,

Quien sepa que es mi mal desdicha pura:

 

Esto causa, Señora, el rezelarme

De lo que pareció vana sospecha;

Mas pues sabeis quan cara me ha costado,

 

Bien puedo de mi dicha lamentarme,

Pues hay tanta razon: ¿mas qué aprovecha?

Sino hay razon que valga á un desdichado.

 

Bien te miro correr, tiempo ligero

Bien te miro correr, tiempo ligero,

Qual por mar llano despalmada nave.

Antes volar como saeta, ó ave,

Que pasan sin dexar rastro, ó sendero.

 

Yo dormido en mis daños persevero,

Tinto de manchas y de culpas grave;

Y siendo fuerza que me alivie y lave,

Llanto y dolor aguardo el dia postrero:

 

Este no sé quando verná; confio

Que ha de tardar; y es ya quizá llegado,

Y ántes será pasado, que creído:

 

Señor, tu soplo aliente al alvedrío:

Despierte al alma: al corazon manchado

Limpie; y ablande el pecho endurecido.

 

Sobre nevados riscos levantado

Sobre nevados riscos levantado

Cerca del Tajo está un lugar sombrío,

En el rigor del hielo tan templado,

Quan fresco en la sazon del seco Estío:

Adonde de tristeza acompañado,

Al son del agua del corriente rio,

Tan dulcemente Tirsi se quejaba,

Que Los peñascos duros ablandaba.

 

Mil veces de morir determinando,

Los ojos enclavados en el cielo,

Su grave desventura contemplando,

Con lágrimas regando el verde suelo,

Tan ardientes suspiros arrancando,

Que encendieran al mas helado hielo,

Resistir no pudiendo á dolor tanto,

Así soltó la rienda al triste llanto:

 

Despues que de mis ojos se apartáron

Aquellos, que la luz vuelven obscura,

Ni yo puedo vivir, pues me dexáron,

Ni quiero, aunque pudiese, tal locura;

Y pues me dexan por lo que lleváron

(¡Dolor terrible! ¡estraña desventura!)

Mis males y tristísimos cuidados,

Llorad sin descansar, ojos cansados.

 

No lloro solamente tu partida,

Aunque es mal que matára solamente:

Lloro ver la esperanza consumida

En quien siempre el deseo es mas ardiente:

Lloro tu rigurosa despedida,

Cuyo rigor terrible mi alma siente,

Y mil males, que encubro desusados:

Llorad sin descansar, ojos cansados.

 

Qual la agua al rio, al prado la verdura,

La nueva y blanca leche á mi ganado;

Quanto le agrada al monte la espesura,

A la tierra la yerba, y flor al prado,

Tal es, Fili, á mis ojos tu figura;

Y pues de verla estoy desconfiado,

Por rios, campos, montes, tierras, prados.

Llorad sin descansar, ojos cansados.

 

Ya las Ninfas del Tajo y su rivera

Lloran tan doloroso apartamiento,

Pues no hay sin tí en la tierra primavera,

Ni en las selvas y bosques ornamento.

La casta Diosa desdeñada y fiera,

Esparcido el cabello al fresco viento,

No persigue ya corzos, ni venados:

Llorad sin descansar, ojos cansados.

 

Pues no puedo seguirte, ¡ay Fili mia!

Siempre te seguirá mi pensamiento:

Morir quiero mil veces cada dia,

Antes que no vivir sin tí en tormento;

Pues quando de te amar tuve osadia,

Tan cierto y breve ví mi perdimiento,

Que me dixéron luego allí mis hados:

Llorad sin descansar, ojos cansados.

 

Estoy sin tí, do el bien es tan incierto,

Que no podrá creerlo quien lo viere,

La esperanza dudosa, el dolor cierto,

Segun la fuerza con que amor me hiere;

Mas el que por tu mano ha de ser muerto,

No procure morir, pues así muere.

¡Ay, ay remedios por mí mal hallados!

Llorad sin descansar, ojos cansados.

 

Durmiendo un dia acaso en la floresta,

Vencido del dolor, Fili, soñaba,

Que en el calor ardiente de la siesta

A la sombra de un sauce te hablaba;

Mas fortuna en mi daño firme y presta

Me dió luego á entender, que me engañaba;

Y pues mis bienes son bienes soñados,

Llorad sin descansar, ojos cansados.

 

Estaba yo diciendo, este no es sueño,

Que el sueño es cosa vana y mentirosa:

Incierto es su placer, siempre es pequeño,

Y en él no hay cosa tal, ni tan sabrosa:

Tambien por otra parte, si no sueño,

¿Cómo está ahora Fili tan piadosa?

¡Ay desengaños por mi mal hallados!

Llorad sin descansar, ojos cansados.

 

Viéndome á tales términos llegado

Sin culpa, culpo al cielo y mi destino;

Mas del bien, que mis ojos han mirado

En un hermoso rostro, y ser divino,

De haberme á cierta muerte condenado,

Quejarme ahora del cielo, es desatino;

Y pues en el mirar fuisteis osados,

Llorad sin descansar, ojos cansados.

 

Si no has determinado que yo muera

En tan grave dolor y desventura:

Si la hora no es llegada postrimera,

Y aquella noche eternamente oscura;

Ves aquí un verde valle, una ribera,

Un gentil prado, un bosque de espesura,

Lugares algun tiempo de tí amados,

Llorad sin descansar, ojos cansados.

 

¡Ay que no entiendo ya do me ha traído

El dolor de no verte, Fili mía!

No sé sino que muero, y he vivido

Muriendo, desque no veo tu alegría:

El fin de mi jornada es ya cumplido:

La oscura noche viene antes que el dia:

Mis términos postreros son llegados:

Llorad sin descansar, ojos cansados.

 

Que ya os ha puesto Fili en tal estado,

Que el descanso será mi muerte cierta;

Y no sé como tanto se ha tardado:

Pues mi esperanza há tanto que está muerta,

Ausente vivo, triste y desamado,

En parte solitaria, y tan desierta,

Que no serán mis huesos enterrados:

Llorad sin descansar, ojos cansados.

 

En tan universal pena y tamaña

Muy mal podrá vivir Tirsi contento:

De amargo llanto un rio sus ojos baña,

Y aun le parece corto sentimiento:

Ya no me vale, Fili, fuerza ó mafia

Para tener sin verte sufrimiento;

Y así mis días serán hoy rematados:

Llorad sin descansar, ojos cansados.

 

Aquí dió fin al llanto y á la vida

El sin ventura triste malogrado,

El dulce pecho de cruel herida

Con agudo cuchillo atravesado,

Queriendo antes de sí ser homicida,

Que sufrir el furor de su cuidado.

La verde yerba por allí sembrada

Tiñó su roja sangre colorada.

 

Damon, su caro amigo, que escuchando

Estaba el dulce canto doloroso,

Salió de dónde estaba, imaginando

El caso lamentable y lastimoso,

Y al sin ventura Tirsi vió espirando,

Teñido de su sangre y polvoroso:

El nombre amado en vano repetía,

Y con suspiros tristes le decía:

 

¿Es esta la alegría ¡ay Tirsi amado!

Que le queda á Damon tu firme amigo,

Ver tu lloroso fin arrebatado,

Y quien tanto te amaba por testigo?

¿Por qué no me avisabas de tu estado?

¿Por qué no me llevaste allá contigo?

¿O por qué, pues del todo me dexaste,

Los últimos abrazos me negaste?

 

¿Qué se dirá de tí, siendo sabido

Tirsi se ha muerto con su propia mano?

Como ya por Eneas la triste Dido,

Todos dirán que fuiste ciego, insano,

Siendo el pastor mas sabio y entendido

De toda esta ribera y verde llano;

De las hermosas Ninfas tan amado.

De las hermanas nueve celebrado,

 

¿De qué te sirve haber sido excelente

En plantar vides, y en sembrar cebadas,

Y en guardar de los lobos diligente,

Las tiernas ovejuelas descuidadas,

Y haber exercitado cuerdamente

Contiendas pastoriles tan dudadas,

Si al fin, que es lo que loa el curso humano,

Fuiste contigo así tan inhumano?

 

Tu sanguinoso cuerpo bien labado

En agua clara, envuelto en varias flores,

Debaxo un blanco marmol sepultado

Será, donde se entallen tus loores:

Y no quiero á tu muerte, amigo amado.

Ni á tus obsequias convocar pastores,

Sino quedarme aquí en esta ribera

Lamentando tu muerte hasta que muera.

 

Aunque escribir yo versos sea locura,

Vencido del dolor, que mi alma siente,

De ver ya hecha tierra tu figura

En tus primeros años crudamente,

En la memoria de tu desventura,

Porque suene tu mal de gente en gente,

En la corteza dura de este pino

Poner este epitafio determino:

 

Junto de aqueste pino sepultado

Yace el mas sin ventura y venturoso

Pastor, que apacentó jamas ganado

Ribera de este rio caudaloso,

En morir tan temprano desdichado,

Y en amar altamente venturoso.

El mismo se dió muerte de afligido:

La causa no la sé, si amor no ha sido.

 

Crezca con el licor del llanto mio

Epitafio á la muerte de Tirsi.

Crezca con el licor del llanto mio

La verde yerba de este fértil prado:

Enfrene el triste son de mi cuidado

El presuroso curso de este rio:

 

Resuene el bosque cavernoso y frio,

Ya es muerto Tirsi, Tirsi es ya acabado,

En el dolor terrible sepultado,

Que tuvo de él entero señorío.

 

Sola esta solitaria selva umbrosa,

Y aquesta tan gentil verde ribera

Del lamentable fin fuéron testigos.

 

Aquí cerró sus ojos muerte fiera,

Y el miserable cuerpo aquí reposa.

Llorándole Damon su firme amigo.

 

Sol, si á do quier

Sol, si á do quier que vas llevas el día,

Y al descubrir de un tu dorado rayo,

A tu primer lugar huye la noche;

Y aun abres, do huyó, mil otros ojos:

Que rompiendo su ciega espesa niebla,

Dan luz mas agradable á amorosa alma.

 

Ay como, ó claro sol, como mi alma,

Quando mas tu esplendor reyna en el día,

Yace cubierta de profunda niebla;

Ni de tu viva lumbre el puro rayo,

(A lo ménos una hora) estos mis ojos

Libra de su enemiga oscura noche.

 

Triste, sí, yo me ví, quando la noche

No hallaba lugar dentro en mi alma:

Ni pudiera jamás pribar mis ojos

De su dulce, suave, alegre día:

¡Escuridad de tenebrosa niebla!

¿Quién agora anubló mi claro rayo?

 

Ay Dios, que no anubló solo mi rayo

La mano qual se fué: ántes en noche

Eterna el corazon cubrió de niebla;

Y así en torno cercó de ella mi alma;

Que no podrá llegar luz de algun dia

A mis mezquinos lagrimosos ojos.

 

Al corazon pasando por los ojos

Un sutil, claro, dulce, ardiente rayo

En la dulzura de él cuajado: ¡ay dia

Escuro para mí mas que la noche!

A poco á poco corrompiendo el alma.

Volvió su propia claridad en niebla.

 

O si envidiase el cielo aquella niebla,

Que al fin del todo ha de cegar mis ojos,

Y abrir los inmortales de mi alma:

Porque ella vuelta al vivo eterno rayo,

Sin temer sol turbado, ó negra noche,

Mirase amenazar sereno el dia.

 

Hasta aquel dia dichoso, eterna niebla

Qualquiera hora hará noche mis ojos:

Ni verná luz de ageno rayo al alma.

Poemas de Francisco de Figueroa

El hermoso pastor, que las tres Diosas

Estaban ciertos amigos en Roma esperando con mucho deseo y risa que llegase una ballesta de Lisboa; por la qual habia enviado uno de ellos. Vino, y fue tan mala, que todos le dieron mil apodos, significando su antigüedad, y entre ellos fueron los de esta canción.

El hermoso pastor, que las tres Diosas

Vió desnudas en Ida

De su belleza combatir la gloria;

Y aunque por un igual eran hermosas,

Dió á Vénus la victoria

Por la dama ofrecida;

En su rústica vida

Con este arco cazaba de las fieras

Del monte las mas bravas y ligeras.

 

Despues que fué en mal punto conocido

Por hijo, y acetado

De Priámo, y mudó paños y oficio,

Por memoria del tiempo en que se vido

En tan baxo exercicio,

Tuvo este arco guardado:

Y quando por mal hado

Fué á Grecia, do robó la esposa agena:

Claro exemplo del mal, que amor ordena:

 

Y viniéron con fuerte armada mano

Mil naos, en compañía

Del ofendido, á procurar venganza:

Y el fiero Aquiles en el gran Troyano

Ensangrentó su lanza;

Y quando él mas ardia,

Con niebla eterna y fria

Cubrió sus ojos la saeta ayrada:

De este arco y de esta cuerda fué tirada.

 

Despues quando por fuerza, ó por engaño,

(Aunque fué luengamente

Defendida) cayó Troya, y con ella

El real ceptro; y el dorado escaño,

Y qualquier cosa, bella

Fué presa de la gente,

Repartiendo el despojo, cupo en suerte

Al eloqüente hijo de Laerte.

 

Este tornando hácia la patria cara,

Que el Itacense mora,

Perdido por el mar furioso anduvo

Tanto, que apénas fué Troya tan cara,

Ni tanto le detuvo:

Un dia con la aurora

Salió, do el Tajo dora

El Océano; y hizo que hoy se vea

Una Ciudad por él dicha Ulisea.

 

En ella entre otras cosas con que ornáro

El arte y la natura

Al famoso lugar, consagró un templo

A Márte vencedor, donde colgáron

Por memoria y exemplo

En la mayor altura

Este arco; y fué ventura

No haberse perdido en el camino,

Pues el desnudo á los Feaces vino.

 

El domador de monstruos fuerte y fiero

Estas flechas usaba,

Y Hilas las guardaba:

Con estas castigó bien al ligero

Centáuro; mas no sé donde saliéron,

Que de improviso en Roma pareciéron.

 

Cuitada navecilla

Cuitada navecilla

Por mil partes hendida,

Y por otras dos mil rota y cascada.

Tirada ya á la orilla

Como cosa perdida,

Y aun de tus mismos dueños olvidada:

Por inútil dexada

En la seca ribera

Fuera del agua, y de las olas fuera.

 

¿Has de volver agora

Desamparada y sola

A recibir del mar de nuevo afrenta,

Y aguardar cada hora

Tras una y otra ola,

Una y otra cruel fiera tormenta?

¿Tendrás de nuevo cuenta,

Si se enmaraña el cielo,

Si nace ó muere el sol claro ó con velo?

 

¿Y si su faz serena

Muestra la instable luna?

¿O si cubierta va de manto escuro?

¿Si va menguada ó llena?

¿Si amenaza fortuna,

O promete bonanza el ayre puro?

¿Si habrá puerto seguro?

¿Si tus enfermos lados

Viniesen á herir vientos ayrados?

 

No, no, tente á la tierra;

O ya si al agua has vuelto,

Mira no salgas de seguro abrigo.

¿No ves rota la guerra?

¿No ves á Boreas suelto?

¿Y que Orion armado, tu enemigo,

Vendrá á envestir contigo?

Y estarás tú muy buena,

Desclavado el timon, rota la entena.

 

Si por dicha te atreves

A tener confianza

En el favor incierto de Neptuno,

Porque viages breves

Hiciste con bonanza,

Y, aunque sin fruto, con honor alguno;

Ya no es tiempo oportuno

De en fiuzia de pasadas

Venturas, emprender nuevas jornadas.

 

El sabio marinero

Al menester no fia

En la pintada popa del navío,

Ni en si ganó primero

Por dichosa osadía

De las aguas del mar el señorío;

Ni en la pujanza y brio

De su pasada gente,

Si ve flaca y cansada la presente.

 

¿No ves que aunque corrieses

El mar de parte á parte,

Dando la caza á flotas enemigas,

Y las unas rompieses

Por fuerza, otras con arte

Hicieses declarar por tus amigas;

De tan graves fatigas

El galardon mas cierta

Será encallar al embocar del puerto?

 

Dexa, dexa naveguen

Las poderosas naves

Con las velas hinchadas y tendidas,

Del Tajo al Gange lleguen

Con viento y mar suaves.

Y de joyas ganadas, y ofrecidas

Vuelvan enriquecidas

Sin envidia, que temo

Que está la tempestad en el estremo.

 

La nave mas famosa,

La mayor que fué vista,

La primera que abrió en el mar camino,

Por quien gente gloriosa

La célebre conquista

Acabó del dorado Vellocino;

Tras sus triunfos vino

Con fortuna á perderse,

Por no saber á tiempo recogerse.

 

Esto te baste solo:

Huye la furia insana

De los hijos de Eolo;

Y con tan claro exemplo

Cuelga tus velas y tu xarcia al Templo.

 

Sale la Aurora de su fértil manto

Sale la Aurora de su fértil manto

Rosas suaves esparciendo y flores,

Pintando el cielo va de mil colores,

Y la tierra otro tanto,

Quando la dulce pastorcilla mia,

Lumbre y gloria del día,

No sin astucia y arte,

De su dichoso alvergue alegre parte.

 

Pisada del gentil blanco pie, crece

La yerba, y nace en monte, en valle ó llano

Qualquier planta, que toca con la mano,

Qualquier arbol florece:

Los vientos, si sobervios van soplando,

Con su vista amansando:

En la fresca ribera

Del rio Tybre siéntase, y me espera.

 

Dexa por la garganta cristalina

Suelto el oro, que encoge el sutil velo:

Arde de amor la tierra, el rio, el cielo,

Y á sus ojos se inclina:

Ella de azules y purpureas rosas

Coge las mas hermosas;

Y tendiendo su falda,

Texe de ellas despues bella guirnalda.

 

En esto ve que el sol, dando á la Aurora

Licencia, muestra en la vecina cumbre

Del monte el rayo de su clara lumbre.

Que el mundo orna y colora:

Túrbase, y una vez arde y se aira,

Otra teme y suspira

Por mi luenga tardanza,

Y en mitad del temor cobra esperanza.

 

Yo, que estaba encubierto, los mas raros

Milagros de fortuna y de amor viendo,

Y su amoroso corazon leyendo

Poco á poco en sus claros

Ojos (principio y fin de mi deseo)

Como turbar los veo,

Enojado conmigo,

Temblando ante ellos, me presento, y digo:

 

Rayos, oro, marfil, sol, lazos, vida

De mi vida y mi alma, y de mis ojos:

Pura frente, que estás de mis despojos

Mas preciosos ceñida:

Evano, nieve, púrpura y jazmines,

Ambar, perlas, rubines,

Tanto vivo y respiro,

Quanto sin miedo y sobresalto os miro.

Alza los ojos á mi voz, turbada

 

Despues comienza en son dulce y sabroso,

Y á su voz cesa el viento y para el rio:

Dulce esperanza mia, dulce bien mio,

Fuente, sombra, reposo

De mi sedienta, ardiente y cansada alma:

Vista serena y calma,

Muera aquí, si mas cara

No me eres, que los ojos de la cara.

 

Asi dice ella, y nunca en tantos ñudos

Cancion, si alguno de saber procura.

 

Montano che nel sacro, e chiaro monte

A Don Juan de Mendoza y Luna, segundo Marques de Montesclaros.

Montano che nel sacro, e chiaro monte

De las hermanas nueve coronado,

Di allori, e palme la famosa fronte,

 

En estilo tan dulce y delicado

Cantasti un tempo, che ti fu di loro

El señorío y el gobierno dado.

 

E dal’ Indico Gange al litto Moro,

La gloria de tu nombre se derrama

Fregiata di altro, che di perle, e d’ oro:

 

Si vive la hermosa ilustre llama,

Ond’ amor t’ arse il generoso core,

Por quien terná Belisa eterna fama.

 

Signor inganna il trapasar dell’ hore,

Que huyen como el bien de un triste amante

Cantando l’ opre del tyrano amore.

 

Que razon es que de sus obras cante,

Chi gia forse ne pianse, ed alse, ed arse,

Esperando y temiendo en un instante.

 

Deh canta i passi, e le fatiche sparse,

El daño claro, y la ganancia incierta,

Lunghi i dolor’, le gioie brevi, e scarse,

 

El temor vivo, y la esperanza muerta,

Le pací infide, il guerregiar eterno,

Y mucha hiel con poca miel cubierta.

 

II riso fuor negli ochi, il pianto interno,

El hablar corto, el largo pensamiento,

Gelar la state, ed avampare il verno:

 

Las altas torres hechas sin cimiento,

Le colte, é chiare piante ch’a fatica

Dan flores, que se lleva qualquier viento.

 

Ma se fortuna a la tua pace amica

Te desató con poderosa mano

D’il duro laccio, e servitute antica;

 

Y sin tener mas guerra alegre y sano

Godi l’ amata libertà, e riprendi

El tiempo y el trabajo puesto en vano.

 

Felice, almo pastore, in mano prendi

La dulce lyra, y con voz blanda y pura

Onde mill alme á riverirti incendi:

 

Canta el reposo, y canta la dulzura.

E le gioie da me mai non provate,

De la vida de amor libre y segura.

 

Et oh! se le catene rallentate,

Con que amor me enlazaba y me prendia

Ne la mia verde, e sempliceta etate;

 

La larga y fértil vena, que salia

Tinta d’ amare lacryme, volgessi

A celebrar mi libertad un dia:

 

Ma prima questi monti da lor stessi

Se moverán, que en mí cesen una hora

Le lacryme, i sospir cocenti, e spessi.

 

Quando la blanca y colorada Aurora

Col suo venir la fosca notte spinge,

A las cuevas Cimerias donde mora:

 

Et ella il biondo crine in torno cinge

De las flores y rosas, con que el cielo

Di variati colorí orna, e dipinge:

 

Alargando la rienda al triste duelo,

Che la notte me fu compagno, gyro

Los ojos lacrimosos ácia el suelo:

 

E dico, poi che a lo spuntar spariro

Para no volver mas las luces mias;

Altra Aurora, altro sole indarno miro:

 

Mientras tus rayos por el mundo envias

Ne gli occhi, e nel mio cer la notte serra

Sus negras sombras, y sus nieblas frias:

 

Poi quando il vago Apollo apre, e diserra

De par en par las puertas del oriente,

E ratto corre ad arricchír la terra,

 

Digo llorando: si mi sol ardiente

Non apre, senza lui, Phebo, non hanno

Tus rayos fuerza, ni color tu frente:

 

Ma quando i raggi suoi lume ti danno,

Con que la tierra, el mar y el cielo enciendes,

Ah! come nel mio cor trapassa il danno!

 

¡Ay sol, qué bien mi mal pruebas y entiendes

Ben il foco dil cor mostri nel volto,

Quando á bañarte á nuestro mar deciendes!

 

Ma tu ritorni per camino occolto,

Donde cobras mas luz, yo triste quedo,

In tenebroso horror chiuso, e sepolto.

 

Ay injusto amor, pues yo no puedo

Tornar giamai á la fugace gloria

De el tiempo que viví contento y ledo.

 

Possa tessere almen si fatta historia,

Del dolor en que agora estoi muriendo,

Che resti al mondo eterna la memoria.

 

Mas ¡ay de mí cuitado!, ¿á quién perdiendo

Vo le parole; s’il destin mi vieta

El fin de quanto acá busco y pretendo?

 

Bastami dir con voce inferma, e cheta

Yo te ví un tiempo, y ya verte no espero,

O d’ ogni mio pensier ultima meta!

 

Este será el acento postrimero,

Con cui fuor sen’ andrá l’ alma infelice,

Fili, por verte, y por no verte muero.

 

Perdonami, Montan, se si disdice

Mezclad tu claro nombre con mi llanto,

Che cosi vuol amor, cui troppo lice.

 

Quisiera yo tener tan dulce canto,

Come Amphion, ó l’ altro che discese

A los escures reynos del espanto.

 

Ed al tiranno inessorabil chiese

La muger que despues perdió mirando,

Che mal si può dar legge a voglie accese:

 

Para que el tiempo que perdí llorando,

E perdo, ahi lasso! ristorassi in parte,

Tu rara gloria y tu valor cantando.

 

Ma poi che le mi rozze, incolte carte,

Y mis musas llorosas y cuitadas

Povere, e prive di dolcezza, ed arte,

 

Serán de tus orejas delicadas

Per la bassezza d’ il lor pigro stile

Como rudas y viles desechadas,

 

Il cor ti sacro riverente, e humile.

 

Cerca del muro, que regó primero

Cerca del muro, que regó primero

La Real sangre del hermano osado,

Que fué vencido con doblado agüero,

 

Tienen un verde y deleytoso prado

Las manos de natura artificiosas,

Siempre de varias flores esmaltado,

 

Texido con mil plantas olorosas:

Un cielo de laureles le defiende

Del sol, que quiere ver todas las cosas.

 

Del mas vecino monte un rio desciende,

Que en su brazo á regar el prado envia,

Y él corre al Tibre, do despues le atiende.

 

Este humedece con torcida via

La fértil tierra, y la menuda yerba,

Y en ella Adonis y Narcisos cria.

 

Siempre su limpia claridad conserba,

Que con las plantas su camino cubre,

Y de qualquier ofensa se reserva.

 

A ninfa ó pastorcica se descubre,

Que espejándose en él mira y le muestra

La hermosura, que á su amante encubre,

 

Cercan laureles la su parte diestra

Iguales, y á compás puestos por mano

No menos diligente que maestra:

 

La otra dexa descubierto el llano

Al pastor, que á la sombra recogido

Huye la fuerza del calor mal sano.

 

Aquí debaxo de un laurel tendido

Tirsi, al son de la cítara cantaba

Del fruto amargo del amor seguido.

 

El viento fresco y manso le llevaba

Las voces, y en lugar de ellas mil flores,

Meneando los árboles le daba.

 

Envueltas en suavísimos olores

Las voces van, do las recoge Alcea,

La blanca Alcea, amor de mil pastores:

 

Que deseosa de saber quien sea

El músico pastor, tras rama y rama

Escondida se llega, adonde vea

 

Nacer de fuego muerto ilustre llama.

 

Ilustre alma, gentil lumbre del cielo,

Ilustre alma, gentil lumbre del cielo,

Di cui begli occhi il raggio orna, e rischiara

Y enciende el mundo en puro y santo zelo.

 

O sopra ogn’ altra gloriosa, e rara,

Honor de qualquier siglo, do el camino

Di gir al cielo ogn’ alma errante impara.

 

¡O tú que sola por favor divino

In te raccolta á te sempre simíle

Vences las fuerzas del cruel destino!

 

Per cui in lieto, e verdegiante Aprile

Florece el campo, el monte, el valle, el prado,

Al volger d’ un tuo sguardo almo, e gentile.

 

Por quien ambas orillas coronado

Di fiori ne và il Tebro, e prezza questa

Mas que quantas jamás glorias le han dado.

 

Dunque fia ver, che in lacrimosa, e mesta

Noche dexes las ninfas y pastores

Partendo, ah mente al comun danno presta!

 

Por tí las plantas perderán sus flores,

Per te fian seche l’ herbe, e l’ aria priva

De la suavidad de sus olores.

 

E per te Phebo, che pur dianzi apriva

Sereno el día en la sazon del año

Più bella, hor ne la fa d’ ogni ben schiva.

 

Abre los ojos ya, mira el engaño,

Vinci te stessa, anzi quell’ empia voglia,

Que te hace buscar tu mismo daño.

 

Misero é ben, chi volontier si spoglia

De quanto bien el cielo y la natura

Agli humani quagiù dar possa, o voglia.

 

Mas tú Ninfa gentil, que en la espesura.

E nel piú fosco horror di selva, o monte

Paraíso harás con tu dulzura,

 

Vivi sicura, e quanti oltraggi, ed onte

Te aparejare la fortuna ayrada,

Sostieni con serena, e lieta fronte.

 

Que aquella tu primera alta morada.

Onde venesti á noi, te aspetta, e serba

Digna corona á tu virtud pasada:

 

Alhor non curarei fortuna acerba,

Ni mansa; mas primero que esto sea

Vestiransi più volte, i prati d’ herba,

 

Tu nobleza entretanto bien se emplea

Raccogliendo chiunche a te ne viene,

Y que tu ayuda ó tu favor desea.

 

Ond’ io che vivo suol di quella spene

Que tu habla me dió dulce y humana,

Che al’ alte partí tue ben si conviene.

 

Espero que será segura y llana

La strada al desir mio, ben che fortuna

Me amenaza una vez, y otra me afana;

 

Ed ogn’or più che hor á miel danni aduna

Calor y frio, y me destiempla, y quando

Risplende Apollo, ó pur luce la luna.

 

Mas ¿qué hago, que estoy desvariando?

 

Bien presto helaste, ¡ay fortuna fiera!

Bien presto helaste, ¡ay fortuna fiera!

De mi esperanza el fruto verde y tierno:

Y mudáste mi alegre Primavera

En este seco y encogido Invierno.

Y en lugar de placer, quando mas era,

Sembraste llanto, y desconsuelo eterno:

Porque yo exemplo de miserias sea

A quanto ciñe el mar, y el sol rodea.

 

Mas nunca en tanto mal pudo tu mano

Enemiga quitarme este consuelo

A tan grave dolor flaco y liviano:

Mas así va quando es contrario el cielo:

 

Que nunca baxo pensamiento vano

Tuvo en mi alvergue; ni aquel blanco velo,

Que trae la santa y limpia fe vestido,

Jamas manchado por mi culpa ha sido.

 

Y agora, quando con mas furia crece

Este dolor, del corazon cuitado,

Que cada dia mas brota y florece,

Qual nueva y tierna planta en fértil prado,

Por quien dulce y suave me parece

La amargura y furor del mal pasado:

¡O fortuna! me quitas con engaños

Este solo consuelo de mis daños.

 

Que aunque no puedo, ni podrá aspereza

Ni favor de cruel, ó mansa estrella

Mi fe mudar, ó en mi leal firmeza,

Por mas golpes hacer pequeña mella:

Y aunque del alma noble en la limpieza

Nunca hizo accidente ménos huella:

¡O fortuna cruel! ¡qué me aprovecha

Si de mi fe y limpieza se sospecha!

 

Mas porque no aprovecha, ántes no debe

Pecho gentil temer sino la culpa,

Nunca hará mi gloria firme ó leve

Agena voz, que me descarga ó culpa:

Que la verdad en tiempo luengo ó breve

Parece, y la inocente alma disculpa;

Y si no pareciére, vela el Cielo

Sin amor ó temor , envidia ó zelo.

 

Mas yo daré tal testimonio un dia

Del generoso espíritu, que encierra.

Esta terrena y vil corteza mia,

Por cuya compañía peca y yerra,

Que sin temer region ardiente ó fria

A vuelo me alzaré sobre la tierra:

Y debaxo mis pies, viendo vencida

La fortuna, tendré segura vida.

 

Bien puede la fortuna de mi vida

Bien puede la fortuna de mi vida

Anzi tempo troncar il fil con morte,

Mas no hará que el alma arrepentida

Apra giamai á nuovo amor le porte.

Un tiempo anduvo tras amor perdida

Per sentier aspri, e per vie strane, e torte,

Agora á mas contento estado pasa

E gli sospiri, e il planto ad altrui lassa.

 

Pianga pur altri in stretto giogo preso,

Yo cantaré del lazo que he rómpido,

Arda l’ alma sí può, che il cor’ ha acceso,

Que mi fuego en ceniza es convertido:

Chieda mercè ad Amor, chi si gli e reso,

Que yo de su prision libre he salido:

Segu altro Amor per voglia, e per destino,

Yo no pienso seguir mas su camino.

 

Yo gozo en libertad: quien teme ó espera

Gioia, o dolor, a lui s’ inchine humile,

No piense la esperanza lisongera

Cangiar il suon d’ il mio contento stile.

Agora me promete Primavera;

Ma ne curo il suo verno, ne il suo Aprile,

No hace fruto su esperanza verde,

Che gielo, nebbia, evento lo disperde,

 

L’ aura che spiró un tempo a miei desirti

Favorable, y agora es viento ayrado,

Fa che in qual parte gli occhi fermi, o giri

Mire la imágen del dolor pasado:

Come posibil fia che alegro míri

El rostro de ira, y de desden turbado:

Cosi sará ch’ io tenti pur la via,

Que paso á paso caminar solia.

 

Jamás esto será: mas aunque sea

Ch’ ella ritorni mansueta, e pia;

Y que en sus ojos la dulzura vea,

Che l’ esca pose al’ alta fiamma mia:

Nunca podrá ya tanto; que posea

Gli spirti, l’ alma, i sensi miei, qual pría;

Ni si acaso la viere de improviso,

Vedrá cangiarmi, ó scolorarmi in viso.

 

Sicur senza temer d’ inganni, o frodi,

Yo mismo regiré mi libre estado,

Ne sguardi, e chiome d’ or, saete e nodi

Serán dó pueda ser preso y llagado.

Non pur leggiadri, o disdegnosi modi

Darán placer, ó causarán cuidado:

Di mia sorte vivro pago, e contento,

Ni mi esperanza fundaré en el viento.

 

Si el amor al pasar del rio Letheo

A la muerte del Príncipe de España D. Cárlos, hijo primogénito del Rey D. Felipe segundo.

Si el amor al pasar del rio Letheo,

Serenísimo Cárlos, no se olvida;

Si allá se perficiona un buen deseo;

 

Vuelve los ojos de do Dios se anida

A España, madre nuestra y sierva tuya,

De tí tan regalada y tan querida:

 

Consuela la tristeza grande suya,

Enjúgale los ojos, y no esperes

Que este llanto del todo la destruya.

 

Mas dile: por lo mucho que me quieres

Te ruego, y si no basta, te lo mando,

Que mejor mi ausencia considéres:

 

De la divinidad estoy gozando,

Rogándole por tí; mas te aprovecho

Que un siglo aprovechára en tí reynando.

 

Di, ¿qué razon permite, ó qué derecho

Que de mi bien y de tu bien te pese?

¿Ni que fundes tu daño en mi provecho?

 

Yo fio que mi muerte produxese

Mas envidia á tus ojos que mancilla,

Si los ojos del alma Dios te abriese.

 

Mi madre, la Princesa de Castilla,

Cárlos, mi dulce abuelo, y su consorte

Me adornan los dos lados de la silla:

 

Hace mayor ventaja aquesta Corte

A la Corte de allá, que el Norte á Febo

En firmeza, ó que Febo en luz al Norte:

 

Dichosísimo yo, que tan mancebo,

Despues de haber gozado humana alteza,

En la divina alteza el alma cebo.

 

Veo del Trino y Uno la grandeza,

De Christo y de su Madre el alto asiento,

Y de los nueve coros la belleza.

 

De los Santos el gozo y el contento,

Y en fin del todo veo mi memoria,

Veo mi voluntad, mi entendimiento

Lleno de aquel, que es gloria de la gloria.

 

Thirsi, Pastor del mas famoso rio

Thirsi, Pastor del mas famoso rio,

Que dá tributo al Tajo, en la ribera

Del glorioso Sebeto á Daphne amaba

Con ardor tal, que fue mil veces visto

Tendido en tierra en doloroso llanto

Pasar la noche, y al nacer del dia

Como suelen tornar otros del sueño

Al exercicio usado, asi del llanto

Tornar al llanto, y de una en otra pena

Rompiendo el ayre en semejantes voces.

Fiero dolor, que del profundo pecho

De este tu propio antiguo usado nido

De encendidos Suspiros y de llanto

Vivo, tan abundante y larga vena

Sacas, y fuera envías por tus ministros

Los ojos tristes, y la amarga boca,

Que á entrambos el debido oficio impides,

Afloja un poco, ¡ó dolor fiero! afloja,

Fiero dolor, un poco: y de las lágrimas,

Que en mis ojos cuajadas hacen turbia

Mi débil vista, alguna parte enjuga;

Porque con este hierro, que algun dia

Ha de dar fin á mi cansada vida,

En este tronco escriba mis querellas;

Do por ventura la engañosa Daphne

Tornando de la caza calurosa,

O sedienta, á buscar ó sombra ó agua,

Vuelva acaso los ojos y los lea.

O si esto no, serán piadoso exemplo

A amorosos pastores: mas en vano

Te pido luz: que mal podrá escribirlas

La flaca mano; ántes alarga el freno,

Dexa libre salir esta corriente

De llanto: y ciega á tu placer mis ojos,

Los espesos suspiros templa un poco:

Porque puedan salir á vueltas de ellos

Mis roncas voces: Daphne, ingrata Daphne,

Que miéntras vas con el sol nuevo alegre

Del espacioso mar las bravas ondas,

Que crecen de mis lágrimas, mirando;

O en jardín deleitoso, al manso viento

De cuidados de amor libre paseas;

O en apartado valle en árbol verde

Por ventura de amor pensosa escribes:

Miéntras do quier que vas, das con los ojos

Lumbre, reposo, yerbas, flores, hojas:

Tu Thirsi, ¡ay Dios! tu Thirsi un tiempo yace

Solo con su dolor entre esta selva,

Encerrado en sus tristes pensamientos:

Que ya ni verde prado, ó sombra fresca

Ni olor suave de diversas flores,

Ni dulce murmurar de clara fuente,

Ni otra cosa otro tiempo dulce y cara

Le es dulce, ó cara, sino el llanto solo;

Con éste riega en torno el bosque, y corren

Por estos valles de él mil turbios ríos.

¡Quántos Pastores, quántas Pastorcicas

Amorosas, oyendo mis gemidos,

Han llorado conmigo, consolándome,

Sin saber de mi mal la dura causa!

¿Qué me dixo una vez la blanca Alcea

Movida á compasion? ¿Qué dixo Clori?

La rubia Clori, amor de mil Pastores:

Que estando yo cantando, ella vencida

Del amor que me tiene, entra estas ramas

Escondida, tu nombre oyó en mis versos.

¿Ay amargas palabras, quán impresas

Os tiene dentro el corazon, ó Thirsi,

De tus riberas no pequeña gloria,

Quál estrella cruel, quál fiera saña

Te mueve contra tí? ¿Tú mismo buscas

Tu presto fin en tus mas tiernos años,

¿Quién te fuerza á pasar tan triste vida

Apartado de aquel sabroso tiempo,

Dónde con honra tanta en tantas pruebas

Sobre qualquier Pastor glorioso andabas?

¿No te ví Thirsi yo? Ah, que bien debo

Acordarme del día, en las solemnes

Bodas de Alcipe, estar qual prado en Mayo

De guirnaldas ganadas en mil pruebas

Cercado al derredor, ufano y ledo.

¿Qué tienes ya de aquel? de aquel que pudo

A mí misma robarme? ¿A dónde es ida

Tu gracia? ¿á dónde la color del rostro?

¿A dónde está la fuerza de tus ojos

Amorosos ó ayrados? ¿Quién te tiene

Parado tal? que si tu imágen viva

Desde aquel, para mí cuitado dia,

Dentro el pecho esculpida no estuviéra,

Te conociéra apénas. Mira, ó Thirsi,

Que aun á mí tu dolor me desfigura:

¿Y tú cruel, el justo amor debido

A tu Clori, tan mal en Daphne empleas?

Mas así va: son estos los misterios

De la Diosa cruel Reyna de Cipro,

Que desiguales ánimas y formas

Se deleyta enlazar con crudo juego.

Alcipe ama á Damon: Damon á Clori:

Arde Clori por Thirsi, y Thirsi ingrato

Por Daphne: Daphne está entregada á Glauco:

En Glauco no hay amor. Apénas pude

Escuchar hasta aquí, que ayrado en vista,

Y muy mas dentro el corazon, le dixe:

Huye delante mí, malvada Clori,

No me fatigues mas con falsas nuevas.

Ella se fue; mas levantó primero

Los ojos lagrimosos ácia el Cielo:

Y no sé si pidió de mí venganza:

Pero bien se la doy: desde aquella hora

He estado sin moverme aquí tendido

Conmigo imaginando, cómo sea

Que por amar á Glauco á Tirsi olvides.

De secreta virtud pequeña yerba

No nace, ó planta en este monte ó valle,

De quien no tenga yo cierta noticia,

Y la sepa apropiar á sus efectos.

¿Quándo nació jamás por aquí entorno

Contienda pastoril, que yo no fuese

Elegido juez por ambas partes?

¿Quándo en fiesta quedé sin algun premio?

Testigos son esta zampona y vaso,

Y ese collar, que cuelga de tus pechos.

Pues si versos se precian, ya te diéron

Otro tiempo loor mis dulces versos:

Y si envueltos en lágrimas no fuéran,

Te pudiéran dar nombre y gloria eterna.

Mil ovejas, que van presas del lobo

Por estos bosques, y solian ser mías,

¿No te diéron un tiempo de sus partos?

¿No te diéron mis versos fruta y flores?

¿Por qué me ha de vencer pastor ageno,

Y si no vil, que yo ménos famoso?

En ánimo gentii bien poco debe

Poder caduca flor de hermosura:

¿En qué me pasa Glauco? Mas tú eres

La causa, que á él la das, y á mí la quitas:

Que si suerte trocásemos, sería

Por ventura al revés. ¡Ah Daphne ingrata!

¡Ah Daphne desleal! perjura Daphne!

Si esto es verdad, cruel Daphne, ¿qué hago?

¿A qué quiero esperar, que venga á pasos

Perezosos la muerte? aunque está cerca,

Yo quiero apresurarla. En esto prueba

A levantarse, pero no sostienen

Los pies débiles carga tan pesada:

Torna á caer, y con dolor de verse

Estorvar el morir, corre á la muerte,

Perdiendo los espíritus vitales.

Mas presto torna, á su pesar, la vida:

Y torna juntamente el llanto amargo.

 

En una selva al asomar del día

En una selva al asomar del día,

Estaba Endimion triste y lloroso

Contra el rayo del sol, que presuroso

Por la falda del monte descendía:

 

Mirando al turbador de su alegría,

Contrario de su bien y su reposo,

Tras un suspiro triste y congojoso

Tales palabras contra el sol decia:

 

Luz clara, para mí triste y oscura,

Que con furioso curso apresurado,

Mi sol con tu tiniebla oscureciste;

 

Si te pueden mover en tal altura

Las quejas de un Pastor enamorado,

No tardes en volver á do saliste.

 

Entre doradas flores

Entre doradas flores

Al son del agua clara, que corría,

Hacian ruiseñores

Dulcísima harmonía

En una selva, al asomar del dia.

 

Pudiéran sus canciones

Volver de triste, un hombre muy gozoso,

Y entre estas recreaciones

Muy falto de reposo

Estaba Endimion triste y lloroso.

 

Como el que ve venir:

Quien le ha de dar tormento riguroso,

Y no puede huir;

Así se está medroso

Contra el rayo del sol, que presuroso

 

Ya por los anchos cielos

En caballos blanquísimos traía

El gran señor de Delos,

Que dando sér al dia,

Por la falda del monte descendia.

 

Endimion llorando

Al ayre con suspiros encendia,

Y el rostro levantando

Las manos retorcía

Mirando al turbador de su alegría,

 

Que de la hermosa luna

Le encubre el rostro bello y amoroso

Odiando su fortuna;

Y muéstrase envidioso

Contrario de su bien y su reposo.

 

El triste amante baña

El suelo con un rio lagrimoso,

Y con angustia estraña

Se quedó muy pensoso

Tras un suspiro triste y congojoso.

 

Mas despertando luego,

Como quien reposar ya no podia,

Y ardiendo en vivo fuego

Con voz, que enternecía,

Tales palabras contra el sol decia:

 

0 sol resplandeciente,

Causa de mi dolor y desventura,

A toda humana gente

Le es ver tu figura

Luz clara; y para mí triste y oscura,

 

Y pues me mata el verte,

Por mas valor te fuera reputado,

Venir á darme muerte

Con paso sosegado,

Que con furioso curso apresurado.

 

¡O quánta gloria! ¡ó quánta

Belleza con tu vista me escondiste!

Tu gran crueldad me espanta:

¿Sabes bien lo que hiciste?

Mi sol con tu tiniebla oscureciste.

 

Mas aunque esté muriendo,

No dexaré de estar con gran tristura

Mil quejas esparciendo,

Mirando por ventura

Si te pueden mover en tal altura.

 

Y no es posible cierto,

Que dexen de ablandar tu pecho helado,

Pues ves queda el desierto

De oir tan lastimado

Las quejas de un pastor enamorado.

 

Y no pido que dexes

El curso, que en mi mal cruel hiciste;

Mas que de mí te alejes:

Y pues tanto corriste,

No tardes en volver á do saliste.

 

Alégrate Isabel

Alégrate Isabel, que en esta Villa

No se halla Zagala

De tanta gentileza, gracia y gala.

 

Quál idea ó colores

¿Quál idea ó colores

De tan sutil manera

Pintó jamás pincel ó ingenio humanó?

¿Quáles, y quáles flores

Allá en la Primavera

Jamás produjo el genial Verano?

¿Quál rostro soberano

Aun con lo ménos de ese tuyo iguala?

¿Y quál maestra mano

Pudo formar Zagala

De mayor gentileza, gracia, y gala?

 

Mil estremados gestos

Hay en aquesta Villa

De tanta perfeccion, gracia, y mesura,

Que en otra parte puestos

Pudieran tener silla

De toda gentileza y hermosura;

Pero con tu figura

No sé quien osará decir que iguala:

Ni sé como natura

Pudo formar zagala

De tanta gentileza, gracia, y gala.

 

Si Thisbe con su amado,

La desdichada Helena,

Y aquella desgraciada y triste Dido,

Y el nuevo enamorado,

Que por sí mismo pena

En flores olorosas convertido,

Y aquel que fué subido

Por Júpiter al cielo sobre el ala,

Si alguno bien te vido,

Dirá, que no hay zagala

De tanta gentileza, gracia y gala.

 

Si Medusa la dura

Con el gesto encantado

Volver pudo la gente viva en roca;

A tu gentil figura

Por gracia se le ha dado

Volvella en cera, á quien fuego toca,

Y no es gracia tan poca,

Que qualquiera pastora buena ó mala

Te diga por su boca:

Nunca se vió zagala

De tanta gentileza, gracia y gala.

 

Si Palas tan armada

Mi hombres hiere y mata,

Y el ciego amor á mil y mil doncellas:

Tu vista delicada

Mucho mas desbarata

En nombres corazón, el rostro en ellas;

Pero si las mas bellas

Contigo se pusieran por tu iguala,

El sol, luna y estrellas

Dirán, que no hay zagala

De tana gentileza, gracia y gala.

 

Si la hermosas Diosas

Del Troyano juzgadas

En esta Villa, como en Ida fueran,

No quedaran hermosas;

Mas en uno acordadas

A tu belleza luego se rindieran:

Que es cierto si te vieran,

Fuese de voluntad, ó buena ó mala,

Postradas te dixeran:

Vencístenos, zagala,

Con tanta gentileza, gracia, y gala.

 

En uno de los montes Ossa ó Pelio

Este Epitafio del Cardenal Don Diego de Espinosa, Obispo que fué de Siguenza, y Presidente del Consejo Real, y Inquisidor mayor hizo Francisco de Figueroa; y se puso sobre su sepultura en Martin Muñoz por orden de su sobrino Don Diego de Espinosa, y de allí le trasladó fielmente el Licenciado Luis Tribaldos de Toledo, pasando con la Corte á Valladolid.

I H S.

En uno de los montes Ossa ó Pelio

Se debiera esculpir el monumento

Del gran pilar de la christiana Iglesia;

Mas tambien fuera angosto, aunque abarcára

Quanto el mar ciñe, ó quanto ilustra Febo.

En chica huesa caben los despojos,

Sobre quien tiene fuerza muerte y tiempo;

Pero no encierra término la gloria

De las ilustres hazañosas obras.

Claro Príncipe, luz y honor de Hesperia,

Vicario de las dos lumbres del suelo,

A quien dió la mayor cuidado y cargo

De guardar y limpiar su grey mas pura

Del contagioso mal de las vecinas:

Y la otra, que ser segunda debe,

Por su alteza y valor puso en tus hombros

El peso del gobierno de sus Reynos,

Y dió de su poder las llaves ambas,

Reposando en la fe de tu cuidado.

Pues con suma virtud, prudencia, industria,

Con firme pecho y animoso zelo,

Con valor sin igual restituiste

Su silla á la gentil virgen Astrea;

Y con suave y amoroso freno

En mansa paz, y dulce union registe

Gentes, lenguas, naciones diferentes:

Aunque aquí tú mortal yace só tierra,

Lo inmortal, y tu claro nombre y gloria,

Viven y vivirán eternamente.

 

Triste de mí que parto, mas no parto

Triste de mí que parto, mas no parto,

Que el alma, que es de mí la mejor parte,

Ni partirá, ni parte,

De quien jamás el pensamiento aparto:

Si parte el cuerpo triste, el alma queda

Gozosa, ufana y leda:

Sí; mas del alma el cuerpo parte, y temo,

(¡O doloroso estremo!)

Que en esta de los dos triste partida,

Por fuerza he de partirme de la vida.

 

Sulpicius de Lucano

Haec cecinit Vates scripturus plura, sed illum

In medio cursu jussit mors dira silere.

Acidit ut Cycno, qui fixus arundine carmen

Mille modis querulum, quod coeperat, interrumpit.

 

Hasta aquí percibió, quien pudo, atento

El canto de este cisne en su ribera;

Lo demas robó el tiempo y su carrera,

Y parte de la voz se llevó el viento.

 

Por tan sonoro interrumpido acento

Lloró el Henario Coro de manera,

Que gran creciente de su margen fuera

Hizo del Tajo Nilo turbulento:

 

Bañó á Toledo llanto tan copioso;

Y al mas alto árbol inundó en Lisboa,

Admirando á las Ninfas de Oceano.

 

Allí, pues, este espírtu generoso

Grangeó á su nombre eterna loa

Sobre bronce inmortal de ilustre mano.

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