Poemas de Juan Rufo

Poemas de Juan Rufo Gutiérrez

Poemas de Juan Rufo Gutiérrez, destacado escritor y militar español del Siglo de Oro, nacido en Córdoba alrededor de 1547. Su obra cumbre, La Austriada, es un extenso poema épico que celebra las glorias militares de Don Juan de Austria, centrándose especialmente en la victoria de Lepanto y la supresión de la rebelión de las Alpujarras. Esta obra le valió el reconocimiento de figuras como Miguel de Cervantes, quien lo elogió en el «Canto de Calíope».

Además de su faceta épica, Rufo destacó por su ingenio, dichos agudos y anécdotas que reflejan la agilidad mental y el humor de la sociedad de su tiempo. Su estilo combina la solemnidad de la tradición clásica con la viveza del ingenio cortesano, consolidándolo como una voz fundamental de la literatura cordobesa.

Canto Sexto

Felice (respondio) los venideros

Siglos me llamaran (Principe mio)

Pues en tutela mereci teneros,

Y ser de vos llamado padre y tio,

Y mas por auer sido verdaderos

Los bienes que vuestra alma y aluedrio

Prometieron de si desde la cuna,

En el disfraz humilde de fortuna.

 

Prospere el summo Dios vuestro talento,

Y ordene alla en sus intimos decretos

Que de vuestra virtud y entendimiento

Nazcan a gloria suya altos effectos,

Mas por deziros todo lo que siento

De vuestro pecho ardiente y sus conceptos,

Pareceme señor aunque me pesa,

Que no teneys por ardua aq̃sta empressa.

 

Siendolo tanto, que ella no seria

Entre las vuestras la menor hazaña,

Quando por vos del Thanays algun dia

Beuiessen los exercitos de España,

De toda Mauritania y de Turquia

La natural y vengadora saña

Compele y precipita gente armada

Que aumenta la peruersa rebelada.

 

La qual es mucha, y tal el sitio estraño

De estas montañas asperas y duras

Que pueden a su saluo hazer daño

Tomando de los montes las alturas:

No solo aquellos que abilita el año,

Mas los deuiles viejos y criaturas,

Y aun las mugeres mismas infieles

Seran menos cobardes que crueles.

 

Guerra sera por fuerça estrauagante,

Mas no indigna (señor) de vuestra gloria

Pues sobre justa fer, es importante,

Y difficil el fin de la victoria,

La justicia en obrar siempre delante

Se tenga, y la razon en la memoria,

Y acompañe al cuydado y diligencia

El medido compas de la prudencia.

 

Este y otros coloquios substanciales

Passaron sobre el caso aquellos dias,

Fuera de los consejos generales

Que se hizieron por diuersas vias,

Y para que mas fuessen essenciales

Llegó causando nueuas alegrias

El varon mas bien quisto deste suelo,

Conforme en nombre y hechos a su abuelo.

 

Felice (refpondio) los venideros

Siglos me llamaran (Principe mio)

Pues en tutela mereci teneros,

Y fer de vos llamado padre y tio,

Y mas por auer fido verdaderos

Los bienes que vueftra alma y aluedrio

Prometieron de fi defde la cuna,

En el disfraz humilde de fortuna.

Profpere el fummo Dios vueftro talento,

Y ordene alla en fus intimos decretos

Que de vueftra virtud y entendimiento

Nazcan a gloria fuya altos effectos,

Mas por deziros todo lo que fiento

De vueftro pecho ardiente y fus cõceptos,

Pareceme feñor aunque me pefa,

Que no teneys por ardua aq̃fta empreffa.

Siendolo tanto, que ella no feria

Entre las vueftras la menor hazaña,

Quando por vos del Thánays algun dia

Beuiefſen los exercitos de Efpaña,

De toda Mauritania y de Turquia

La natural y vengadora faña

Compele y precipita gente armada

Que aumenta la peruerfa rebelada.

La qual es mucha, y tal el fitio eftraño

De eftas montañas afperas y duras

Que pueden a fu faluo hazer daño

Tomando de los montes las alturas:

No folo aquellos que abilita el año,

Mas los deuiles viejos y criaturas,

Y aun las mugeres mifmas infieles

Seran menos cobardes que crueles.

Guerra fera por fuerça eftrauagante,

Mas no indigna (feñor) de vueftra gloria

Pues fobre jufta fer, es importante,

Y difficil el fin de la victoria,

La jufticia en obrar fiempre delante

Se tenga, y la razon en la memoria,

Y acompañe al cuydado y diligencia

El medido compas dela prudencia.

Efte y otros coloquios fubftanciales

Paſſaron fobre el cafo aquellos dias,

Fuera de los con fejos generales

Que fe hizieron por diuerfas vias,

Y para que mas fueffen efſenciales

Llegó caufando nueuas alegrias

El varon mas bien quisto defte fuelo,

Cõforme en nombre y hechos a fu abuelo.

 

El que con nueuo exemplo y admirable

De liberalidad caritatiua

Dio materia a la fama de que hable

Para que fu memoria fiempre biua,

Dando fepulchro illuftre y venerable

A Lutreque el Frãces, a quien la efquiua

Atrocidad de guerra inica y dura

Gran tiempo denegó la fepultura.

Efte es aquel de Seſa que afiftiendo

Por general caudillo en Lombardia

Hazañas hizo que eftarán biuiendo

Sin que de oluido las empezca el dia,

Efte es quien la virtud fauoreciendo

Con magnanimidad eróyca y pia

Caufaua en los foldados fortaleza

Al biuo refplandor de fu grandeza.

Y con fer gente libre y defgarrada,

Y enemigos del trato cortefano

Donde la cerimonia efta arraygada,

Oftentacion y cumplimiento vano,

En ocafion eftrecha y apretada

Le fuplicaron todos a una mano

Del fueldo fe firuieſſe que a fu lado

Con fudores de fangre auian ganado.

O Magnates que errays por fer temidos

No os precieys de profanas altiuezas,

Mirad que odiofos fer y aborrecidos

No es premio del poder y las riquezas,

Daños experimenta conocidos

Quien bufca autoridad con afperezas,

Y adquiere con honor felicidades,

Quien fabe ganar libres voluntades.

Exemplo fe ve claro y manifiefto

En Gonçalo Fernandez Cordubenſe,

Miralo el pueblo con alegre gefto

Defde el menor al generofo auftrẽfe,

Que le faluda, y dize que en el refto

De aquella guerra y ocafion difpenfe:

Como capaz de ingenio y de experiencia,

Rico de amigos, puro de conciencia.

Auidos fus acuerdos prouechofos

Determinó el con fejo que Granada

Refrene los contrarios fofpechofos

Que dentro della eftan como en celada,

Y que a los declarados fediciofos

Que fuera traen la tierra alborotada

El de los Velez con ardid refifta,

Mientras un grueffo exercito fe alifta.

 

Deue notar el que tener procura

Experiencia de cofas deſta vida:

Que la verdad al cabo eſta ſegura

Si bien por algun tiempo es oprimida,

Veraſe al biuo deſto la figura

Como demoſtracion clara y valida:

En el caudillo graue Mendocino,

A quien deſgracias tuercen el camino.

De puro recto vino a ſer odioſo

Y malquiſto a los hombres en tal grado

Que fue con teſtimonio riguroſo

Delante de ſu Rey calumniado,

Y ya el vulgo cruel y malicioſo

(Viendole algunos dias deſdeñado)

Endechas de ſu muerte le cantaua,

Y ſin querelle oyr le condenaua.

Mas no mucho deſpues fauorecido

De ſu innocencia y partes excelentes,

Fue del monarca nueſtro promouido

A cargos de gouierno preeminentes,

La fama (pues) ya alçaua ſu alarido

Conuocando de nueuo muchas gentes,

Dela Chriſtiana parte, y la enemiga,

Para que el hecho de armas ſe proſiga.

Delas quales entonces el officio

Deuidamente ſuſpendido eſtaua,

En quanto para el belico exercicio

El conueniente numero llegaua,

Mas ya la vtilidad y beneficio

Que del caudillo Auſtrino reſultaua:

Se dexaua entender por experiencia,

Como primero ſe alcanço por ciencia.

Porque las competencias y porfias

Delos demas miniſtros ſe acabaron,

Ceſſaron luego las filaterias,

La ambicion y diſignios amaynaron,

Como con la venida del Mexias

Los idolos y oraculos callaron,

Y aſsi como los aſtros deſparecen

Quando del Sol los rayos aparecen.

No formará abuſiones el prudente

De oyr las competencias que refiero,

Pues es plaga comun entre ygual gente

Rebentar cada qual por ſer primero,

Quien truxo al pueblo en armas prepotẽte

A ſujecion y eſtado laſtimero?

Sino aquel poderoſo Triunuirado

Ruyna dela gloria del Senado.

 

Faltò pleyto ſobre eſto por ventura

En aquel Apoſtolico rebaño

Haſta que el Redemptor con gracia pura

Les mandó deſiſtir del nueuo engaño?

Por tanto aquella empreſſa es mas ſegura

Que el Rey haze, ſi euita aquelle daño

Con yr el miſmo, o quando ſer no pueda

Embie perſonaje que preceda.

 

Y que hecha eleccion de tal ſujeto

La dignidad y cargo le amplifique,

Para que con la fuerça deſte objeto

Lainuidia enlos demas ſe mortifique,

Aſsi que fue conſejo ſano y recto,

Y es bien que por el mundo ſe publique,

Venir de Carlos el retrato biuo

A curar eſte daño y mil que eſcriuo.

 

Porque la guerra en caſa y la milicia

De gente nunca vſada a tal doctrina

Auian hecho premio la auaricia,

Los hurtos y deſorden diſciplina,

La inclemencia dezian ſer juſticia,

Aſtucia el retyrarſe mas ayna,

La guerra imaginauan como trato,

Iuzgando por vencer comprar barato.

 

Y aſsi ſe auian deſhecho compañias,

Quedando caſi ſolas las vanderas,

Aunque miniſtros por diuerſas vias

Llegaſſen los caſtigos a las veras,

Mas ya gloria y honor de nueſtros dias

Te bueluen a buſcar do los eſperas,

Que el amor y reſpecto los inflama

A ſeguir tu ventura que los llama.

 

Que no puede vn exemplo verdadero

En la docil mejor naturaleza?

Pues aun aquellos miſmos que primero

Rehuſauan de Marte la aſpereza,

Se bueluen a veſtir de fuerte azero

Oluidado el regalo y la terneza,

Sin muchos que de nueuo ſe inclinaron

A las armas que nunca profeſſaron.

 

Acudio dela Bética famoſa

Tanbien dela eſtremada Eſtremadura

Gente que en guerra es fuerte y animoſa,

Y enel trabajo vigilante y dura,

Toledo inſigne, y Burgos generoſa,

Cuya alta competencia ſiempre dura

Parece que a vn eneſto la tuuieron

Segun de bien aqui compareſcieron.

 

Vinieron juntamente Leoneſes,

Catalanes tanbien, y Valencianos,

Con los de Murcia, y los Aragoneſes,

Los Nauarros, Gallegos, y Aſturianos,

Vinieron los robuſtos Montañeſes,

Vizcaynos, Alaueſes, Guipuzcuanos,

Siguieron inuencibles y leales

Las piſadas antiguas naturales.

Deſde alli donde al fin Fuenterabia

Diuide el Franco reyno del Hiſpano

Haſta do el Bethis ſu corriente fria

En las hondas ſepulta de Oceano,

Ciudad, villa ni aldea, ni alcaria,

Dexò de ſocorer tarde o temprano,

Pues aun tu Sayagues ſimple oluidado

Tomas la eſpada, y ſueltas el arado.

Cordoua en ſu leal ayuntamiento

Criar mas Capitanes determina,

Que vayan a allanar el alçamiento

Con la planta real y prole Auſtrina,

No callarân mis verſos tu talento,

Ni tu virtud eroyca y peregrina,

Magnanimo Luys Paez de Caſtillejo

Pues que de caualleros fuyſte eſpejo.

Antiguo Regidor era aprouado,

Del bien dela Republica zeloſo,

Rico, graue, prudente, acreditado,

Puntual, verdadero, y muy luſtroſo,

Pues como Capitan fueſſe nombrado

De aquel ſenado illuſtre y generoſo,

El cargo rehuſo, y deſta manera

Soltô la voz conforme a quien el era.

Yo, mis hijos, mis deudos y criados

Las armas tomaremos ſin fatiga,

Y a ſeruir nueſtro Rey como ſoldados

Yremos por la Fê que nos obliga,

Sin ſer deſta ciudad remunerados,

Ni que yo lleue officio eneſta liga,

Para aqueſto nacemos caualleros,

Para aqueſto es la ſangre y los dineros.

Oydas las palabras generoſas,

Replica la ciudad que el cargo acepte,

El con razones altas y honoroſas

De ſeruir bien enel jura y promete,

Mas aunque el interes en todas coſas

(Aunque graues) ſe mezcla y entremete,

Renunciô y partiô mano del ſalario

Que ſe da a Capitanes ordinario.

 

Del progreſſo que tuuo aqui no digo,

Mas de que ſu perſona fue eſtimada

Del inclito don Iuan, y que conſigo

Le truxo en la defenſa de Granada,

Si alguno me imputare que no ſigo

Eneſtas alabanças mi jornada,

Contra la fama ſingular ſe atreue

Que al valor eſtremado ſe le deue.

Y pues que la virtud comunicable

Conuiene que en los ſiglos venideros

Suene de gente en gente y ſea notable

A los amigos della verdaderos,

Quien callará tu nombre memorable

Don Franciſco Çapata y de Ciſneros,

Tu ingenio, tu prudencia y tu gouierno,

O nueuo Vlixes, o Caton moderno?

Por bien de nueſtra patria venturoſa

Era Gouernador entonces della

Eſte que con induſtria milagroſa

Al Rey ſiruiendo ſe acredita enella,

Mientras Febo ſu luz mueſtra hermoſa

Ni mientras reſplandece cada eſtrella

Dexa de eſtar atento a la milicia

El ceptro adminiſtrando de juſticia.

Es fama, es la verdad, es euidencia,

Que a la cruel Moriſca exorbitancia

Fue el que primero hizo reſiſtencia

Socorros embiando de importancia,

Deſuerte que venciò con la prudencia

La turbacion, el tiempo, y la diſtancia,

Pues fue el que por la mano dio a Granada

Fauor en ſu aflicion con mano armada.

Nunca el paſtor dela celoſa Iuno

Con ſus cien ojos tuuo tal cuydado,

Ni Roma gloriar de hijo alguno

Se puede al bien comun mas inclinado,

Por tanto el que miniſtro fue oportuno

Al reyno Granadino rebelado:

Abrio de preferirſe larga ſenda

En officios, eſtado, y en hazienda.

Los edificios que fundo excelentes

En Cordoua le alaban cada dia,

Y alabaranle nueſtros decendientes

Mouidos de razon y corteſia,

Las chriſtalinas y hermoſas fuentes

En ſu ruydo dulce y armonia

Celebrarán ſu nombre, y como effeto

A ſu cauſa tendran digno reſpecto.

 

Y tu Seuilla a quien el Oceano

Tan rica haze ſer y conocida:

Canta en eſtilo eroyco y ſoberano

Deſte varon la fama eſclarecida,

Pues el ſitio que en ti por ſer mal ſano

Era biuienda triſte aborrecida:

Le cultiuò y labrò con tal auifo

Que parece vn terreſtre parayſo.

Dando exemplo a qualquiera a quiẽ fortuna

Su faz le mueſtra fauorable y leda

Para que la ocaſion goze oportuna,

Y haga mientras biue el bien que pueda,

Si el diſtricto que fue eſtigia laguna,

Agora es prado eliſeo y alameda,

Porque el auaro de razon ageno

Nunca acierta a ſalir del torpe cieno:

Vſando pues aſsi en las ocaſiones

Del tiempo, del ingenio, y del cuydado,

La fama diuulgò en claros pregones

La virtud de aquel pecho ſeñalado,

Ya el vno ſe le da delos baſtones

Que en la caſa real ſon quatro vn grado,

Y a titulo de Conde de ſu villa

Que llaman de Barajas en Caſtilla.

Ya atendiendo a ſus partes y prudencia

Vſarle mandan el mayor officio,

Para que goze dela precedencia

Delos que fue colega en ſu exercicio,

Con la importante y alta preſidencia

Que es de limpias noblezas ſolo el quicio

Eſtrecha puerta, y religioſa llaue,

Digna grandeza de varon tan graue.

Mas todo lo ya dicho no es vn zero

Con lo que ſe dira pueſto en balança,

Pues a penas ſe a viſto cauallero

De quien hizieſſe Rey tal confiança,

Porque regir el orbe todo entero

Que tiene que hazer con la priuança

De eſtar debaxo del Cefareo techo

Cuſtodia fideliſsima del hecho?

Y auer deſde el confin del Luſitano

Nueſtro monarcha (gloria dela gente)

El mayor lauro da dote en la mano

Y el ſupremo lugar de confidente,

Dios al ſanto varon fiel y anciano

Dela Virgen y el hijo omnipotente

En guarda puſo, y a ti el rey del ſuelo

De ſus hijos, ſu bien, y ſu conſuelo.

 

Salen de madre los crecidos rios,

Y lleua ſu corriente caudeloſa

Tras ſi ganados y arboles ſombrios:

Buelto el chriſtal en agua cenagoſa,

Solo el Nilo creciendo: officios pios

Haze en la Egypcia tierra caluroſa,

Pues que todas las vezes que la inunda

La haze ſer mas fertil y fecunda.

Tales ſoberuios ſuelen y hinchados

Ser los mas fauoridos poderoſos:

A ſus prouechos ſolos inclinados,

Y a todo lo demas infrutuoſos:

Mas deſte gran varon los eſtremados

Effetos tales ſon de milagroſos:

Que mueſtran ſu poder por otro eſtilo

A imitacion del abundoſo Nilo.

Al fin a ſu piedad y alma ſenzilla

La mageſtad catholica propicia

Le hizo Preſidente de Caſtilla

Y oráculo ſupremo en la juſticia,

Deſde donde gouierna la alta ſilla

Deſuerte que la inuidia y la malicia

No hallan que oponelle, y eſpantadas

Eſtan junto a ſus pies arrodilladas.

Alegrate Madrid y biue vfano

Pues produxiſte a Eſpaña eſte theſoro,

Y tu Cordoua el premio ſoberano

Puedes ſolemnizar con buen decoro,

Que ſi fue mina el pueblo corteſano:

Tu chriſol verdadero de ſu oro,

Piedra de toque donde el regio Acates

Dexó clara impreſſion de ſus quilates.

Aſsi que ſi nacio en ſu propria tierra,

En la nueſtra le vimos renacido,

No haga pues el tiempo jamas guerra

(Buen Conde) a tus loores con oluido,

Que quien por obras gloria tal encierra

Como de buena guerra has adquerido,

Merece que ſu fama eternamente

Engendre admiracion de gente en gente.

Poemas de Juan Rufo Gutiérrez 

Ten mancilla al envidioso

Ten mancilla al envidioso

que se aflige sin provecho,

alimentando en su pecho

el áspid más ponzoñoso.

Es la envidia testimonio

que denota vil flaqueza,

es malicia y es simpleza,

es desdicha y es demonio.

Oye misa cada día,

y serás de Dios oído:

témele y serás temido,

como un rey decir solía.

 

Carta que Juan Rufo escribió a su hijo siendo muy niño

Dulce hijo de mi vida,

juro por lo que te quiero

que no ser el mensajero

me causa pena crecida.

 

Mas no cumpliréis tres años,

sin que yo, mi bien, te vea,

porque alivio se provea

al proceso de mis daños.

 

A Dios que mi pecho entiende,

le pide, pues ángel eres,

lo ordene como tú quieres

y tu padre lo pretende.

 

Dos veces al justo son

las que Febo ha declinado

hasta el Capricornio helado

desde el ardiente León,

 

después que, hijo querido,

puse tanta tierra en medio,

más por buscar tu remedio

que mi descanso cumplido.

 

Espérame, que ya voy,

do te veré y me verás,

puesto que conmigo estás

adonde quiera que estoy.

 

Mas al fin desta jornada

espero, sin falta alguna

a pesar de la fortuna,

que seremos camarada.

 

Prenderé tu blanca mano

con esta no blanca mía,

y hacerte he compañía

como si fueras anciano.

 

Y si algún camino luengo

te cansa o causa embarazos,

llevarte he sobre mis brazos

como en el alma te tengo.

 

Darte he besos verdaderos

y, transformándome en ti,

parecerán bien en mí

los ejercicios primeros:

 

trompos, cañas, morterillos

saltar, brincar y correr,

y jugar al esconder,

cazar avispas y grillos;

 

andar a la coxcojita

con diferencia de trotes

y tirar lisos virotes

con arco y cuerda de guita.

 

Chifle en hueso de albarcoque;

pelota blanca y liviana

y tirar por cerbatana

garbanzo, china y bodoque.

 

Hacer de la haba verde

capilludos frailecillos,

y de las guindas zarcillos,

joyas en que no se pierde.

 

Zampoñas del alcacel

y de cogollos de cañas

reclamos, que a las arañas

sacan a muerte cruel.

 

Romper una amapola,

hoja por hoja, en la frente,

y escuchar a quien nos cuente

Las consejas de Bartola.

 

Llamaremos, si tú quieres,

por excusarnos de nombres,

tíos a todos los hombres

y tías a las mujeres.

 

Columpio en que nos mezcamos,

colchones en que trepemos,

nueces para que juguemos,

y algunas que comamos.

 

Cuarto lucio en el zapato,

mendrugos en faltriquera

con otra cosa cualquiera

y sacar de rato en rato.

 

Tener en un agujero

alfileres y rodajas,

y asechar por las sonajas

cuando pasa el melcochero.

 

Y porque mejor me admitas

de tus gustos a la parte,

cien melcochas pienso darte

y avellanas infinitas.

 

Mazapanes y turrón,

dátiles y confitura,

y, entre alcorzada blancura,

el rosado canelón.

 

Mas cuando sufra tu edad

tratar de mayores cosas,

con palabras amorosas

te enseñaré la verdad,

 

no con rigor que te ofenda,

ni blandura que te dañe,

ni aspereza que te estrañe,

ni temor que te suspenda;

 

antes con sana doctrina

y término compasado,

conforme soy obligado

por ley humana y divina.

 

Mas pues la vida es incierta

y no sé, por ser mortal,

si al entrar tú por su umbral

saldré yo por la otra puerta,

 

esto que escribiere aquí

con paternal afición,

en los años de razón

traslada, mi hijo, en ti.

 

Verás la fe encarecida

con que pude y quise amarte,

y quisiera gobernarte

en las ondas de tu vida,

 

en cuyo corto viaje

hallarás tormentas largas,

mudanzas, disgustos, cargas,

y mal seguro pasaje.

 

Verás como nace el hombre

llorando, pobre y desnudo,

tan miserable y tan rudo

que aun no muestra solo el nombre.

 

Verás después las potencias

ir valiendo, y los sentidos

ser de ellas ennoblecidos

con avisos y experiencias.

 

Verás que cada animal,

conforme a su inclinación,

sigue la disposición,

de su instinto natural

 

y solo el hombre pervierte

sus justas obligaciones,

si no vence sus pasiones

como valeroso y fuerte.

 

Reloj es cierto y solar

el bruto, y así nos muestra

lo que otra causa le adiestra,

sin de ello un punto faltar.

 

El hombre es globo y esfera

y al de ruedas comparado,

que, estando bien concertado,

trae su cuenta verdadera.

 

Mas si prudencia no rige

de su curso el movimiento,

por una da hasta ciento

y el tiempo no le corrige.

 

Sabe, hijo, que si vas

por el derecho camino,

un espíritu divino,

un ángel parecerás.

 

Mas si tuerces la carrera

en esta vida mortal,

quedarás de racional

transformado en bestia fiera.

 

Tu secreto en cualquier cosa

comunícale contigo,

y no obligues a tu amigo

a carga tan peligrosa.

 

Si te es difícil cubrillo,

como muchas veces suele,

el otro, a quien menos duele,

¿qué hará sino decillo?

 

De la dudosa esperanza

nunca hagas certidumbre,

pues, por natural costumbre,

aun en lo cierto hay mudanza.

 

Deja siempre la porfía

primero que se comience;

porque sin duda la vence

el que de ella se desvía.

 

Afable comedimiento

alaben todos en ti,

porque resbalar de aquí

es de bajo entendimiento.

 

Y ya que no por igual

trates a los desiguales,

no les quites, sino dales

en su tanto a cada cual.

 

Lo que cierto no supieres,

no te hagas de ello autor:

callarlo es mucho mejor

mientras dudoso estuvieres;

 

que quien afirma lo incierto

es hombre de poco vaso,

y el decir verdad acaso

imita el mentir más cierto.

 

Aunque sustenta el honor

el haber que poseemos,

de los dos malos estremos

ser pródigo es el menor.

 

Es hacienda peligrosa

la que se gasta sin tiento;

mas la del triste avariento,

necesidad muy forzosa.

 

Al hombre que fuere así

que no le trates te digo,

porque mal será tu amigo

el enemigo de sí.

 

De los celosos casados

algunos vimos caer;

pero no vienen a ser

tantos como confiados.

 

Porque si la sujeción

(cuando es mucha) los despierta,

¿qué hará abrilles la puerta

de libertad y ocasión?

 

Tú, hijo, en este contrato

abraza el seguro medio;

que no es áspero remedio

el moderado recato.

 

Ten siempre puesta la mira

en tratar pura verdad,

porque es gran calamidad

el ser cogido en mentira.

 

Esto es fácil de inferir,

pues no hay razón que consienta

que sea el mentís afrenta,

y que no lo sea el mentir.

 

Y los que usan juramentos

por ser más acreditados,

ten los tú por defraudados

del blanco de sus intentos;

 

porque bien está entendido

que suele fabulizar

quien piensa que sin jurar

no merece ser creído.

 

También se jura por uso,

mas, comoquiera que sea,

deshonra y culpa acarrea

la licencia de este abuso.

 

No aflijas al afligido,

que, a las veces, el que ha errado

tiene enmienda consolado

mejor que reprehendido.

 

No fíes en los placeres,

porque pasan como viento,

y, cuando estés descontento,

disimula si pudieres;

 

porque el mal comunicado,

aunque dicen que es menor,

no arguye tanto valor

como el secreto y callado.

 

Ten mancilla al invidioso

que se aflige sin provecho,

alimentando en su pecho

el áspid mas ponzoñoso.

 

Es la envidia testimonio

que denota vil flaqueza,

es malicia y es simpleza;

es desdicha y es demonio.

 

Holgar con el bien ajeno

es ser partícipe dél,

piedra de toque fïel

en que se conoce el bueno.

 

Las blancas sienes que son

lustre, corona y riqueza,

si el seso tiene pobreza,

lastiman el corazón.

 

Porque a la florida edad,

en vicios desenfrenada,

sucede vejez pesada

con torpe simplicidad.

 

Y así, pasando los años

con su curso acelerado,

crece el martirio pesado

y huyen los desengaños.

 

Las horas y su medida

debes, hijo, conocer

y echar en ellas de ver

la brevedad de la vida.

 

Son números compasados,

leguas de la senda humana,

descripción fácil y llana

de los esféricos grados.

 

Son métrica distinción

de los cuadrantes del día,

de cuya acorde armonía

trastes y compases son.

 

Son del tiempo y su vejez

la más corriente moneda;

joyas de rica almoneda;

sellos del número diez.

 

Son del sol alternamente,

centinelas voladoras;

discretas compartidoras

de los tratos de la gente.

 

Son alivio del tormento,

son esperanzas del bien,

y un alfabeto por quien

discurre el entendimiento.

 

Son macizos eslabones

que abrazan los elementos;

conductos y ligamentos

de las anales sazones.

 

Son principio desde cuando

el primero comenzó;

tiempo que se anticipó

a todos los de su bando.

 

Porque el minuto y momento

y los átomos instables

no fueron considerables

hasta llegar á su aumento,

 

así como no es persona

un miembro, ni una facción

ni la unidad, con razón,

por número se pregona.

 

Así que las horas fueron

términos fundamentales

de tiempos inmemoriales

que en siglos se convirtieron,

 

y serán al fin postrero

remate de la jornada,

cuando vuelva el primer nada

y cierren ellas el cero.

 

Las horas son para orar,

y el que ignora es un orate,

como el que espera combate

sin armas para lidiar,

 

y son, mi hijo querido,

para consideración

de que las cosas que son

pasarán cual las que han sido.

 

Obra con peso y medida

y cogerás con decoro

de las horas aquel oro

que enriquece más la vida;

 

y contino se te acuerde

de que el tiempo bien gastado,

aunque parezca pasado,

no se pasa ni se pierde.

 

Pásase y piérdese aquél

que los hombres gastan mal,

y es desdicha sin igual

que se pierden ellos y él.

 

Todo el tiempo que vivimos

hacia el morir caminamos,

rodeando, si velamos,

y atajando, si dormimos.

 

Del que te burló primera,

guárdate la vez segunda;

mas si en efecto segunda,

vélate bien la tercera.

 

Y piensa que el trato vil

redunda en tu menosprecio:

que si eres tres veces necio,

lo serás trescientas mil.

 

Nunca digas mala nueva,

y, si descanso codicias,

no le arriendes las albricias

al correo que las lleva.

 

Esto, hijo, no se entiende

cuando puede el desengaño

evitar un nuevo daño

que del primero depende.

 

Mas vale un tardar prudente,

aunque causa pena esquiva,

que la priesa intempestiva

si el caso no la consiente.

 

Que mejor es con trabajo

esperar lo deseado,

que perder lo trabajado

por codicia de un atajo.

 

No quiero decirte mas,

que lo divino y humano

es un fácil canto llano

si razón lleva el compás.

 

Si el colegio de Talía

te diere furor divino,

sigue el honesto camino

y nunca dél te desvía.

 

Sean por ti celebrados

los generosos motivos;

no los amores lascivos,

ni gustos desenfrenados.

 

Los insignes caballeros

que murieron en la guerra,

no sátiros en la tierra,

ni en el mar ninfas en cueros.

 

Las obras dignas de fama

cantarás en grave estilo,

no las riberas del Nilo

ni mudanzas de una dama.

 

Oye misa cada día

y serás de Dios oído;

témele y serás temido

como un rey decir solía.

 

Ama su bondad y en Él

amarás sus creaturas,

y serán tus obras puras

en este mundo y aquél.

 

Téngate Dios de su mano,

y, para que el bien te cuadre,

sirve a tu hermosa madre,

ama a Juan, tu dulce hermano

y no me olvides. Tu Padre.

 

Inclusa.

La vida es largo morir

y el morir, fin de la muerte;

procura morir de suerte

que comiences a vivir.

 

La Austríada: Canto XXI, oct. 1-3.

Si aquel que a Grecia hizo tan famosa

y de Troya cantó en verso sonoro,

la guerra con los griegos espantosa,

el duro incendio y el funesto lloro;

o el otro, cuya mano artificiosa

sus amores pintó con el decoro

que a la hermosa Laura se debía

y al verdadero amor que le tenía;

 

o el que de Eneas el destierro y males,

el ardid, la piedad y el sufrimiento

encareció con versos inmortales

y más que humana forma de talento;

o esotro, que en materias desiguales,

igualmente subió el entendimiento,

y en un jardín de flores abundoso,

nos introdujo a Orlando el Furïoso;

 

o el cordobés poeta castellano,

y intitulado así por excelencia

que compuso en estilo sobrehumano,

guïado por divina providencia;

o el celebrado ingenio de Lucano,

que escribió la farsalia competencia

en son tan dulce que de gente en gente

volará su memoria eternamente…

 

Primeros versos

A una Ana

Día, Ana, ¿eres Diana? No es posible,

qué eres fecunda y eres más hermosa,

¿Eres, por dicha, el sol’ tampoco es cosa,

aunque sola, a tu sexo compatible.

 

¿Eres belona bella? Fue terrible;

ni Venus, que era fácil, aunque diosa.

¿Pues que serás, oh imagen milagrosa,

si el ser humana y tal es increíble?

 

Serás diana y Ana, en la pureza,

Febo en el resplandor y en la alegría;

en valor Palas y Venus en belleza;

 

y mujer a quien dio más que podía

la atenta y liberal Naturaleza,

que, en hacerte, más hizo que sabía.

 

Apotegma 312

Contaba un gran mentiroso una novedad, y daba por autor a otro que también lo era, y así, causó el oírla más risa que crédito en alguno que dijo: «¡Oh, hi de puta, y qué bien se pone este negocio para ser verdad, dicho por vos y siendo el autor fulano!» Respondió: «Por eso mismo se puede tener por cierto; porque así como dos negaciones afirman, dos mentirosos dirán una verdad: el uno contándolo al revés de como sucedió, y el otro repitiéndolo al revés de como se lo dijeron».

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