Poemas de Vicente García de la Huerta
Poemas de Vicente García de la Huerta (1734-1787), figura central y controvertida del Neoclasicismo español. Destacó como poeta y dramaturgo, defendiendo con vehemencia la tradición literaria nacional frente a la creciente influencia francesa de su época.
Como bibliotecario real, poseía una vasta erudición, la cual plasmó en su ambiciosa antología Theatro Hespañol, donde intentó reivindicar el teatro del Siglo de Oro. Sin embargo, su carácter polémico y sus críticas mordaces le ganaron numerosos enemigos y un periodo de destierro.
Su legado reside en ese equilibrio entre el rigor formal académico y un indómito orgullo por la identidad cultural hispana.
Ponderación justa de un amor verdadero
Arde mi corazón, y su violento
incendio por las venas se derrama,
siendo pábulo noble de esta llama
amor, que en mis entrañas alimento.
Ardiente exhalación es cada aliento,
que el aire vago a su contacto inflama,
si es que más propiamente no se llama
bostezo del volcán de mi tormento.
Este es, Lisi, mi amor voraz y altivo,
a quien es imposible hallar segundo,
milagro que obro en mí naturaleza;
superior al amor más excesivo,
mayor que cuanto en sí comprende el mundo;
sólo, Lisi, inferior a tu belleza.
El verdadero amor
Antes al cielo faltarán estrellas,
al mar peligros, pájaros al viento,
al sol su resplandor y movimiento,
y al fuego abrasador vivas centellas.
Antes al campo producciones bellas,
al monte horror, al llano esparcimiento,
torpes envidias al merecimiento,
y al no admitido amor tristes querellas;
antes sus flores a la primavera,
ardores inclementes al estío,
al otoño abundancia lisonjera
y al aterido invierno hielo y frío,
que ceda un punto de su fe primera
cuanto menos que falte, el amor mío.
Reflexiones amantes
Si nadie puede verte sin amarte,
dulce bien mío, y nadie puede verte
sin que le abrase con rigor de muerte
ardentísimas ansias de agradarte;
quien logra tan de cerca contemplarte, 5
y tanto como yo sabe quererte,
difícil es que a contenerse acierte
en los límites sólo de mirarte.
Abrásome a tu vista, dueño mío,
pretendo triunfos, pero al conocerte
repugnante, desisto en mis trofeos;
que a mi ciego furioso desvarío
refrena más el miedo de ofenderte,
que le mueve el tropel de mis deseos.
Agradecimiento a la memoria del amor
Acostumbrado, Filis, a tu halago
y privado ya de él por tiranía
de mi suerte, las glorias de algún día
con doblados tormentos satisfago.
¿Quién tan mortal y tan acerbo trago
de tan grade dulzura esperaría,
que ni tan corto tiempo trocaría
tanto placer en tan terrible estrago?
Pero, ¿cómo es posible que yo sienta
pesar alguno tras de gusto tanto,
por más que amor me niegue ya su gloria?
Pues para disipar cualquier tormenta,
en el mar proceloso del quebranto,
tengo un iris seguro en mi memoria.
Disculpa de una injusta desconfianza
Perdona, Lisa mía, la extrañeza,
si en dicha que es mayor que la esperanza,
en idioma de mi desconfianza
lastima tus oídos mi fineza,
que hiciera agravio a la mayor belleza,
si tranquilo en mi torpe confianza
no temiera en mis dichas la mudanza
que tu mérito inspira y mi rudeza.
Disculpe tu gallardo entendimiento
mis tiernos siempre apasionados modos,
dialecto del temor más importuno,
nacido de mi fiel conocimiento;
que, aunque gloria mayor logro de todos,
también merezco menos que ninguno.
En la ausencia
Si es muerte, si es infierno, Lisi mía,
el punto que me roba a tu presencia,
del vulgo la mordaz impertinencia
o de mi hado infeliz la tiranía,
¡cuánta habrá sido, Lisi, mi agonía,
mi confusión, mi pena, mi dolencia,
considerada bien la eterna ausencia
de las eternas horas de este día!
¡Ay, dulce prenda mía, si el no verte
un breve tiempo tiene tanta parte
de sentimiento, que me da la muerte!
¡cuánta será mi pena al contemplarte
capaz, por mi desdicha, de perderte,
incapaz por mi mal, de recobrarte!
Remedio contra los celos de Filis
Si más me pides celos, Filis mía,
que te burlas creeré de mi fineza,
o que mal satisfecha tu belleza
de su merecimiento desconfía.
¿Quién goza de la luz del claro día
que busque de la noche la torpeza?
¿Y quién en la abundancia y la riqueza
que padece escasez persuadiría?
¿Será posible abrigues en tu idea
caprichos tan extraños o infundados
cuando te atreves a pedirme celos?
¿Quién habrá, Filis, que tus celos crea,
cuando en ti vea la copia de los cielos
y en mi el original del amor vea?
Explicación de la firmeza
Antes al cielo faltarán estrellas,
al mar peligros, pájaros al viento,
al sol su resplandor y movimiento,
y al fuego abrasador vivas centellas;
antes al campo producciones bellas,
al monte horror, al llano esparcimiento,
torpes envidia sal merecimiento,
y al no admitido amor tristes querellas;
antes sus flores a la primavera,
ardores inclementes al estío,
al otoño abundancia lisonjera,
y al aterido invierno hielo y frío,
que ceda un punto de su fe primera,
cuanto menos que falte el amor mío.
Descripción de la hermosura de Lisi
Es tan grande mi amor, oh Lisi mía,
que no podré explicarle aunque más quiera,
porque si en voces mi pasión cupiera,
ni de ti ni de mí digna sería.
A tu mérito, Lisi, y gallardía
amor se debe de más alta esfera,
y, si acaso adorarte alguien pudiera
como mereces, sólo yo podría.
No es soberbia, mi bien, no desvarío
del juicio perturbado al miserable
estado en que hoy se advierte mi albedrío.
Verdad es cierta y hecho incontrastable,
pues, si bien se examina el amor mío,
a sola tu belleza es comparable.
Esperanza fundada
En el tropel de males que padezco,
de la común envidia combatido,
nuevos tormentos a mi suerte pido
y más gustoso cada vez me ofrezco.
Al odio, a las venganzas agradezco
los duros trances a que me han traído;
pues los meDios, mi bien, ellos han sido
de lograr galardón que no merezco.
Muerda la envidia pues, el odio invente
calumnias nuevas, no me asusta nada,
ni haber mal puede que mi gloria impida.
Pues todo es fuerza que tu amor aumente,
pues quien así me quiere enamorada
me ha de amar mucho más compadecida.
Sentimientos amorosos
Hermoso y adorado dueño mío,
copia y compendio del hermoso cielo,
origen de mi mal y mi desvelo,
norte de mi cuidado y albedrío;
cobrad aliento, resucite el brío
que muerto yace en tanto desconsuelo;
no así, siendo su sol, neguéis al suelo
la luz que eclipsa ese desmayo frío.
Libre del daño que esgrimió a mi vida
en vuestro riesgo mi contraria suerte,
bien podéis ya alentar asegurada;
si no queréis, dulcísima homicida,
que en Fabio sea verdadera muerte
la que en vos sólo es muerte figurada.
La firmeza de Filis desarma la envidia
La envidia con su aliento venenoso,
Filis, pretende emponzoñar mi gusto,
haciéndome vivir con tanto susto
que no alcanza consuelo ni reposo.
Mas, quien a ser llegó tan venturoso
que mereció tu amor no fuera justo
que tanto bien gozase sin disgusto,
ni sin tanta pensión fuese dichoso.
Tanto bien es, mi bien, ser de ti amado
que mereciera ser aborrecido,
si pudiera extrañar ser envidiado.
Vengan envidias pues, calumnias pido,
promuevan maliciosos mi cuidado,
que yo en lo firme de mi bien descuido.
Soneto cuarto del caballero
Necio, atrevido y loco me apellida,
Fili, tu injusta condición ingrata,
y con infames títulos maltrata
la más noble pasión y bien nacida.
Emplea en mí tu cólera encendida,
abrasa un corazón que te retrata,
y consume, si te es empresa grata,
la ya torpe memoria de mi vida.
Ya aborrezco el vivir, pues inhumana
segunda causa das a mi tormento,
por que acabe mi vida de esta suerte:
Acción por todos términos tirana
ensangrentarte en mi aborrecimiento,
sobrando tu desdén a darme muerte.
Temores justos y continuos
¿Qué es esto, amante corazón rendido?
¿De qué te sirve tan dichos estado,
si tus penas parece se han doblado
de que empezaste a ser favorecido?
La imagen horrorosa del olvido
turba mi gloria y crece mi cuidado,
y aun al alma confieso, a penetrado
(no celos) un recelo mal nacido.
¡Ay, Lisa mía, en qué mortal quebranto
despedazado el corazón me siento
de un temor a la rústica violencia!
Y si sólo un temor me aflige tanto,
¡cuánto será, bien mío, mi tormento,
si a ser este temor llega a evidencia!

Sentimientos en las disposiciones
Parte a dorar con luces celestiales
de los floridos sotos los primores,
a dar nuevos alientos a las flores
y veneno mortal a los zagales.
Yo quedo en el infierno de mis males,
víctima del volcán de mis ardores,
lastimoso ejemplar a los pastores
que alcancen mis martirios infernales.
De nuevas flores tu belleza vista
esas florestas, mientras mi quebranto
fúnebres flores a mi muerte alista.
Y no te cause mi expresión espanto;
pues si tú las produces con tu vista,
yo también con el riego de mi llanto.
Aprecio de las penas sufridas por Filis
Rodeado mi amor de inconvenientes,
víctima, Filis, soy de mi deseo;
y es mi fineza tal que hallo recreo
en que se frustren ansias tan ardientes.
Mas ¿que gloria mayor que al ver que sientes
mis desgracias por tuyas? Pues no creo
que pueda yo lograr mayor trofeo
ni ellas más premio que el que así me alientes.
Vengan pesares pues, vengan disgustos,
penas, fatigas, ansias, desconsuelos:
¡dichoso Hortelio cuanto más padece!
pues los males más graves trueca en gustos
saber que sólo a costa de desvelos,
y así penando, a Filis se merece.
Volviendo a Filis sus elogios
Vuelven a tu poder, Filis divina,
prendas a quienes dio ser y existencia
el gozo, el desconsuelo y al impaciencia,
conceptos del amor que me domina.
Dichosas ellas, pues que las destina
a hacer cerca de ti su residencia
la suerte grata, cuando su violencia
con la más dura ausencia me conmina.
¡Con cuánto desconsuelo lucha el alma
vencida de un recelo que la embiste,
y contra quien en vano el juicio lidia!
¡Mas cómo yo podré esperar la palma,
cuando he llegado a término tan triste
que a mis mismos papeles tengo envidia!
A un disgusto de Filis
Como si amor por sí, Filis, no fuera
bastante a ejercitar mi sufrimiento,
la malicia con ímpetu violento
en hacerme infeliz también se esmera.
Vierte la envidia su ponzoña fiera,
atosigando el alma con su aliento,
y la astucia a favor del valimiento
me calumnia, mi bien y me impropera.
Todos los males, Filis, mi constancia
podrá vencer; podré con mi paciencia
rendir del hado el proceder injusto.
Contrastará al rencor mi tolerancia
pero, ¿quién tendrá, Filis, resistencia
al verte, ay Dios, con el menor disgusto?
Soneto segundo del caballero
Ponderarte el ardor, que violento
por mi abrasado pecho se derrama,
no es empeñarte, Fili, en que a su llama
ni tus desprecios sirvan de alimento.
Sin esperanzas mi pasión aliento,
que con los imposibles más se inflama;
advierte, Fili, bien si nadie llama
en el mundo ambición lo que es tormento.
Y aunque mi amor confieso que es altivo,
pues blasona en la tierra sin segundo,
por milagro de la naturaleza,
ser tu esclavo es blasón más excesivo;
mira, mi bien, si quien te diera el mundo
pensará esclavizar a tu belleza.
Seguridades del amor
Si tu mérito, Lisi, conocieras,
como la envidia persuadir procura,
y estimaras en tanto tu hermosura,
cuanto estimarla por razón debieras,
poco desconfiaras ni temieras
de un amor tan leal y fe tan pura,
y viviendo en tu mérito segura,
menos motivos de pesar me dieras.
¡Cuál quedara la envidia, Lisi mía,
al verte como estás desconfiada,
desvanecida su mordaz sospecha,
y en mí el deseo y pertinaz porfía
de verte de tu mérito pagada,
por verte de mi afecto satisfecha!
Preferencia dada a todas las desdichas sobre los celos
De tu dueño tirano los recelos,
castigo de una vil desconfianza,
con dilatar el fin a mi esperanza
defraudan de su logro a mis anhelos.
Él pena, Filis, con sus duros celos,
y como tanto mal a mí me alcanza,
dudo a donde se inclina la balanza,
Filis, si a su pesar o mis desvelos.
Él goza, aunque celoso, tu hermosura,
si bien aborrecido; yo, privado
de tanta gloria, aunque adorado, muero.
Pero, ¿dónde me lleva mi locura?
Muera mil veces yo desesperado,
que antes morir que estar celoso quiero.
Al oráculo de Manzanares
Vierte sus abundancias Amaltea
sobre el suelo español, Ceres ufana
las trojes llena y la codicia insana
del labrador, por ávido que sea.
Vuela la paz, y en tanto que recrea
a Europa su ocio, la nación hispana
en castigar la audacia Mauritania
su celo ejerce y su valor emplea.
Los astros que faltaban a la esfera
y robó el cielo al carpetano suelo
resarce hoy Luisa a la región ibera
en uno y otro cándido gemelo.
¡Oh, qué felicidad si estable fuera!
¡Pues qué! ¿No basta un géminis al cielo?
Auxilio pedido a Filis
Dices que no merezco, dueño mío,
ser de ti amado; como si no vieras
cada momento pruebas verdaderas
de que tú sola riges mi albedrío.
Vierta la envidia de tu seno impío
contra mi firme amor calumnias fieras;
pues, como que estoy hecho a sus quimeras,
sus artes y acechanzas desafío.
La verdad que ha triunfado en mis desgracias
también contrastará las imposturas
que me usurpan el logro de tus gracias;
mas, ay, que si tu fe no me aseguras,
aún podrá ser que triunfen las falacias
si su auxilio las dan mis desventuras.
A la feliz expedición contra Argel en 1784
Del gran Carlos la sabia providencia
al bien común atenta determina
de Argel con el incendio y con la ruina
poner freno a la bárbara regencia.
La Constancia, el Valor y la Prudencia
de Barceló a la grande acción destina;
mas la Fortuna, el Viento, el Mar se obstina
contra su Celo, Esfuerza y Experiencia.
Vence los Elementos y la Suerte
del héroe balear; confunde, huella,
abras a Argel. Adversidad ninguna
intimida al varón Constante y fuerte;
que el Valiente los Riesgos atropella
y el Prudente domina a la Fortuna.
A los desvelos de Hortelio
Busca el albergue en la tiniebla fría
de la noche el cansado caminante;
el rústico, artesano y negociante
acaban su fatiga con el día;
de los vientos la ruda rebeldía
en los puertos encierra al navegante,
y aun hace deponer su arnés brillante
a Marte del invierno la porfía;
reposa el ganadero en su majad
las abrasadas siestas del verano;
todos descansan por distintos modos.
Sólo Hortelio por ti, Filis amada,
nunca descansa de su afán tirano.
¿Por qué? porque inTeresa más que todos.
Soneto tercero del caballero
Bien sé que en vano mi dolor violento
lanza suspiros, lágrima derrama,
y que no resta a mi amorosa llama
más que sola mi pena, otro alimento.
Bien conozco el empleo a que me aliento,
y cuán en vano el corazón se inflama,
mas a un amor que heroico se llama,
ni aterra lo imposible ni el tormento.
Y si fuera mi amor menos altivo
por tu desdén, bien mío, sin segundo
desdijera de mí naturaleza;
que aunque parezca término excesivo,
solas tres cosas grandes tiene el mundo:
mi soberbia, mi amor, y tu belleza.
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