Poemas de Eugenio de Ochoa
Poemas de Eugenio de Ochoa (1815-1872) polifacético esencial para el Romanticismo español. Destacó como escritor, bibliógrafo, crítico y traductor, actuando como un puente cultural decisivo entre España y Francia. Su labor como antólogo fue monumental, especialmente con el Tesoro de los romanceros y cancioneros españoles, obra que rescató y sistematizó la lírica tradicional para el público decimonónico.
Como fundador de la influyente revista El Artista, promovió la estética romántica y el intercambio intelectual. Su erudición le permitió catalogar valiosos manuscritos españoles en bibliotecas parisinas, preservando el legado del Siglo de Oro. Además, su destreza bilingüe facilitó la difusión de autores europeos en la Península. En resumen, Ochoa fue un incansable gestor cultural que definió la identidad literaria de su tiempo mediante la recuperación del pasado y la apertura a la modernidad.
A Mi Hijo Carlos
¡Oh! ¡de tu labio la inocente risa,
Tu frente pura, tu cabeza lisa,
Tu lindo cuerpo de azucena y rosa,
Son, hijo, mi placer!
Cifro en ti mi esperanza y mi desvelo,
En ti, y en ella, y en tu madre hermosa,
Angel que para mí bajó del cielo
En forma de muger.
Ella, hijo mio, y tú sois mi delicia.
Cuando tu tierna mano me acaricia,
Cuando en mi sien reclina su cabeza,
No sé á quien amo mas.
Amo en ella virtudes y hermosura;
En tí, candor y celestial pureza…
Y á ambos mi corazon amaros jura
Siempre, siempre jamas!
Tu joven madre, ¡oh vaso de inocencia!
Va cruzando esta efímera existencia,
Inclinada la frente y siempre fijo
Su pensamiento en Dios.
¡Salve, dechado del amor materno!
Por tu futura suerte no me aflijo,
Pues sé que juntos al descanso eterno
Bajaremos los dos.
Tú, pobre niño, flor de ayer nacida,
Que evitarás las sirtes de la vida
Mientras vivamos, fia sin cautela,
En tu madre y en mí;
Mas cuando sulques de la vida el rio,
Huérfano ya, sin brújula, ni vela,
Su amor la VIRGEN MADRE, Carlos mio,
Derrame sobre tí!
Madrid, Mayo, 1837.
Libertad
¡Libertad! ¡Libertad! ¡De Ocaso á Oriente,
Del Mediodía al rudo Septentrion,
Pueblos, alzad la poderosa frente
Jurando eterna paz, eterna union!
Cada cual apoyado en su derecho
Los antiguos rencores olvidad,
Y repetid, la mano sobre el pecho,
¡Libertad! ¡Libertad!
¡Libertad! ¡Libertad! Todos hermanos
Sois á los ojos del Supremo Ser:
Todos salís iguales de sus manos
Y á ellas habeis iguales de volver.
Esos nombres de siervos y señores
Ultrajan la divina voluntad:
No haya mas ni oprimidos, ni opresores:
¡Libertad! ¡Libertad!
¡Libertad! ¡Libertad! Esas barreras
Que entre vecinos pueblos levantó
La opresora ambicion; esas banderas
Que el genio de la guerra tremoló,
Desaparezcan, y que solo vea
Una sola nacion la humanidad,
Y una sola bandera, en que se lea:
¡Libertad! ¡Libertad!
¡Libertad! ¡Libertad! Tú nos la diste,
¡Oh ley de amor del que murió por nos!
¡Oh ley que toda esclavitud rompiste
Haciendo al hombre imágen de su Dios!
Con sangre de sus mártires sellada,
Esa ley santa ¡oh, pueblos! meditad.
Pida la inteligencia emancipada,
¡Libertad! ¡Libertad!
¡Libertad! ¡Libertad! ¡Grito fecundo!
¡Oh ley cristiana, pan del corazon!
¿Cuando daréis la vuelta á todo el mundo,
Hermanando la fe con la razon?
Toda, entonces, la gran familia humana,
Inundada en la luz de la verdad,
Clamará agradecida: ¡Hosanna! Hosanna!
¡Libertad! ¡Libertad!
París, Julio 1839.
Al Joven Pintor D. Federico De Madrazo
Greats are thy works!
MILTON.
Los siglos van su carrera
Siguiendo en rápido giro,
Hundiendo en el polvo á Tiro,
Y á Nínive la altanera.
Como arenas deleznables,
Los imperios formidables
Van sus plantas implacables
Sumergiendo en el no ser:
Y con hondos caracteres,
Entre penas y placeres,
Van sobre todos los seres
Esculpiendo: PERECER!
¡Oh tiempo! ¿Quien sondará
Tu sombra no penetrada?
¡Todo salió de la nada,
Y todo á la nada va!
¡Es un misterio profundo!
¡Como el fango mas inmundo,
Todas las cosas del mundo,
Condenadas á morir!
¡Los orbes á derrumbarse,
Los mares á desecarse,
Las estrellas á apagarse,
Y los hombres á sufrir!
¿De las glorias de la guerra,
Del genio, el tiempo qué hará?
¡El tiempo consumirá
Cuanto pasa por la tierra!
¡Esas legiones triunfales,
Esas santas catedrales,
Esos lienzos inmortales
De Murillo y Rafael,
Serán cenizas que el viento,
En remolino violento,
Elevará al firmamento
Para dejarlas en él!
¡Nada de ellas quedará!
Solo un aura pasagera
A la gente venidera
Tantos prodigios dirá.
De ejércitos vencedores,
De vosotros, escultores,
De nosotros los pintores
Quedará tan solo el nombre,
Y el tiempo al verso respeta,
Y la obra del poeta,
Perpetua vive y completa
En la memoria del hombre! »
Con acento de dolor,
Así se lamenta y gime, Madrazo,
el joven sublime, Madrazo,
el grande pintor.
El que á la gente española
Que sus pendones tremola,
Triunfantes en Ceriñola,
Hoy ciñe nuevo laurel ¹ :
El que sediento de gloria,
Guardado á eterna memoria,
Da vida á la antigua historia
Con su mágico pincel!
Y se lamenta… ¡Delirio!
¿Olvida su mente inquieta
Que la palma del poeta
Es la palma del martirio?
¿Que no hay mas duro tormento,
Mas amargo sentimiento,
Que ver en el pensamiento
Una sublime creacion,
Y no poder animarla,
Y solitario adorarla,
Y que se eclipse dejarla
Como una vana ilusion?
¡Oh! ¡si pudiera, fiel,
El poeta á las naciones,
Presentar sus creaciones,
Como las concibe él!
¿Piensa el mundo por ventura,
En su orgullosa locura,
Que conoce tu hermosura,
Eva del poeta ingles?
La que el hombre se imagina,
Hermosura peregrina,
De aquella creacion divina
Reflejo pálido es!
¡Sí! La que pueden hacer
Escultores y pintores,
Eva en marmol y en colores
Es al fin una muger.
La que el poeta veia,
Nada de humano tenia;
Era hermana de MARIA,
Era un angel tutelar.
Nadie jamas podrá verla,
Nadie podrá comprenderla,
Porque era como una perla
Allá en el fondo del mar!
¡Tu mano la pintaria
En su mística belleza,
Federico! Tu cabeza
Comprende la poesía.
No en mármoles de Carrara,
La forma sola animara,
Del poeta de Ferrara
La bellísima Leonor:
De Velazquez y Ticiano
Solo el arte soberano,
Tentara animarla en vano
Con la magia del color!
¡Emulo de Rafael!
Tú animaras su hermosura,
Porque te hizo natura
Pintor-poeta cual él.
Él, desde el cielo te mira,
Continuado en tí se admira,
Y sus ideas te inspira!
Y al verte desanimarte,
Sobre tu frente destella
De su genio una centella,
Serena y radiante estrella
Del puro cielo del arte!
La primer vez que tomó
Color tu mano y pinceles,
De proféticos laureles
Un angel te coronó.
Y del matiz de las flores,
Y de los puros albores,
Y de los varios colores
De la aurora boreal,
Formó para ti aquel dia,
Gloria de la patria mia,
El genio de la armonia
Una paleta ideal!
¡Pues bien! ¡que tus obras vea
Esta patria que te ama!
¡Que el vasto mundo á tu fama
Estrecho término sea!
¡En estos tiempos aciagos,
De escandalosos amagos,
De rebelion y de estragos,
Sé tú del arte el sosten,
Y sepa la gente estraña
Que si hay cadalsos y saña
En este suelo de España,
Hay aquí artistas tambien !
En las ruinas de Sion
Cantó el sublime profeta :
Cantó Homero el gran poeta
Entre guerras á Ilion.
En desorden intestino
Agitado el Florentino,
Vió al adusto Gibelino
Que en vida al Oreo bajó :
Entre el furor de la guerra
Despedazada Inglaterra,
De su ensangrentada tierra
El grande Milton brotó !
Así del Etna en la orilla
Que eterna lava corona,
Mejor el fruto sazona,
Mas bella la planta brilla.
Que en los tiempos funerales
Nazcan genios inmortales,
En tus leyes eternales
Está grabado, Señor !
Por eso á España que llora
Só el cancer que la devora,
Tu mano compensadora
Le da un sublime pintor !
Madrid, Septiembre 1835
Amargura
A Mis Amigos.
Iddio m’ ha posto un incredibil peso
d’angoscia sovra il core.
SILVIO PELLICO.
Solos coged las rosas de la vida,
¡Oh mis dulces amigos!
De la tristeza que en mi pecho anida
¿Qué os vale ser testigos?
¡Ah! No la calmarán, ni el atractivo
De espumantes licores,
Ni de la emulacion el incentivo,
Ni fáciles amores!
¡Si! De mi juventud la flor aun tierna
El viento ha marchitado,
Y á soledad y á desventura eterna
Mi vida ha condenado.
Si entre vosotros el placer respira
Con vosotros sonrio,
Y escondo entonces mi enlutada lira
Bañada en llanto mio!
Mas ¡si supierais cuanto sufro, cuanto
En tales ocasiones!
¡Cual de los ojos rechazado el llanto
Labra en los corazones!
¡Dejadme! No están bien mis amarguras
¡Ay! en vuestros festines:
Mal parecen las tristes sepulturas
En los bellos jardines!
Dejadme, amigos, cuando el sol su pura
Llama en el mar esconda,
Que vague en soledad, dó á mi amargura
Ninguna voz responda.
Cercado allí de imágenes amadas
Con lento paso giro,
Y entre mis ilusiones realizadas
Venturoso respiro.
En su pálido rayo dulce calma
La luna al pecho envía,
Y allá en la soledad escucha el alma
Suavisima armonía.
Y es la voz de los ángeles que dice :
¡ Con la hermosa que adora,
En otro mundo vivirá felice
El que en la tierra llora !
Madrid …
El Cantico Del Esposo
Y en soledad la guia
A solas su querido,
Tambien en soledad de amor herido.
- JUAN DE LA CRUZ.
En el florido huerto,
Junto á la margen del arroyo undoso
De flores mil cubierto,
Cantaba el nuevo esposo,
Al son de su laud armonioso:
Ven, dulce esposa mia,
Ven á gozar del matinal ambiente,
Que ya el risueño dia
Con su mano esplendente
Abre las puertas del rosado Oriente.
De flores nacaradas
Te ceñiré, mi bien, fresca guirnalda,
Y de aljofar bañadas,
Caer haré en tu falda
Sabrosas frutas de carmin y gualda.
Oirás mi blanda lira
Y escucharás mi acento dolorido,
Que solo amor suspira :
Tu nombre repetido
Por la floresta vagará perdido.
Y en mi seno amoroso
Reclinarás tu lánguida cabeza,
Y de tu rostro hermoso
Cantaré la lindeza,
Y de tu amor la angélica pureza.
Si el viento en sus furores
Revuelve de la mar los hondos senos,
Y mustios los pastores
De sobresalto llenos
Tiemblan del rayo al escuchar los truenos,
En el bosque florido,
Huyendo de su cólera entraremos;
O con paso atrevido
Al monte subiremos,
Y seguros de allí lo miraremos.
Aquí dó manso el viento
Entre las flores susurrando juega,
Y este arroyuelo lento
El fresco prado riega,
Y allá se pierde en misteriosa vega,
Amante y fiel esposo,
De yerba y rosas en mullido lecho,
Te espero cuidadoso,
Palpitándome el pecho
Si tus pisadas percibir sospecho »
Pronto por la espesura
Como entre sombras la naciente aurora,
Radiante de hermosura,
Una gentil pastora Llega…
¡Es la esposa á quien su esposo adora!
Noche De Luna
A Cecilia
Llámanse música de los cielos las noches puras, porque con el callar los bullicios del dia, y con la pausa que entonces todas las cosas hacen, se echa claramente de ver y en una cierta manera se oye su concierto y armonía admirable, y no sé en qué modo suena en lo secreto del corazon su concierto que le compone y sosiega.
LUIS DE LEON.
Ven á sentarte á mi lado,
Cecilia, en este jardin,
En los aromas bañado
De la rosa y del jazmin.
Ya el ave nocturna chilla:
Del sol la lumbre amarilla
Ya del Ocaso no brilla
Ni en el último fin.
Es la hora que convida
A vaga meditacion,
Al que lamenta perdida
La paz de su corazon.
En cada sombra que crece,
En cada flor que se mece,
Ver á aquellos le parece
Que polvo en la tumba son.
Florezca en tu rostro en tanto,
Niña, el bello rosicler,
Y en sus ojos deja el llanto,
Eterna fuente, correr.
Tu pura boca sonría
Mientras llega el triste dia
En que vuele tu alegria
Para nunca mas volver.
¡Noche hermosa!… ¡Cual derrama
Con serena majestad,
La luna de rama en rama
Su nocturna claridad!
Todo en calma está sumido,
Y sin embargo en mi oido
Un acento dolorido
Repite : ¡Fatalidad!
¡Fatalidad! ¡Fatalidad! murmura
El himno misterioso que natura
Levanta al Hacedor :
La voz del hombre, el mar, el viento, el ave,
Para el que bien interpretarla sabe,
Es un ¡ay! de dolor.
¡Fatalidad! esclamó
El primer hombre, perdida
Su inocencia,
Cuando á sus hijos legó
Las miserias de la vida
Por herencia!
¡Fatalidad! en su dolor profundo
Clamaba el hombre del antiguo mundo,
Lleno de execraciones!
¡Fatalidad! cuando cual leve efluvio,
Se llevaron las aguas del diluvio
Sus abominaciones!
Y aun no aplacó del Señor
Aquel castigo tremendo
Los furores :
¡Fueron el mal y el dolor
Con el hombre renaciendo
Aun mayores!
¡Fatalidad! la tierra murmuraba
Cuando á Cristo cadaver contemplaba
Pendiente de la cruz;
Y el sol tambien ¡fatalidad! decia
Cuando en la esfera cárdena moria
Su amarillenta luz!
Y aquella inmensa espiacion
Del Gólgota en el altura
Consumada,
Aun no bastó! ¡A la afliccion
Siguió toda criatura
Condenada!
¡Oh! Todo, todo en la infelice tierra,
Hondo misterio que mi mente aterra!
¡ Sufre y resiste ó llora!
¡Sufre mudo el peñon que el tiempo raja,
Y es el rocío que á los campos baja
El llanto de la Aurora!
En ese blando rüido
Que en las ramas forma el viento
Cuando pasa,
Oigo, Cecilia, un gemido
Que el corazon con su acento
Me traspasa.
Porque yo sé que todo, — y con los años,
Tú lo sabrás, que es ¡ay! de desengaños
La vida gran maestra, —
Todo tiene dos lados; verdadero
Uno y triste; otro falso y lisongero,
Y este solo se muestra.
Esa nube delicada
Que tus ojos infantiles
Van siguiendo:
Esa luna plateada,
Esas estrellas que á miles
Van naciendo;
¿Qué son, Cecilia? — La que al cielo sube
Bella de lejos, trasparente nube,
Es un vapor, es nada.
De los astros la luz te abrasaria
Si te acercase, ¡ay! — y te ahogaria
La luna plateada !
En el tallo de esa rosa
Que el aura nocturna inclina
Hácia tí,
Por esperiencia enojosa,
Sabes que hay una espina,
¿No es asi?
Pues lo mismo sé yo que está escondida
La espina del dolor en toda vida :
Que pasa la beldad;
Que el oro estraga; que el ingenio es fuego
Que abrasa el alma; que el destino es ciego;
¡Que todo es vanidad!
Yo del mar en la bonanza
De la tempestad ya veo
Los amagos :
Veo el humo en la esperanza,
Y en un cumplido deseo
Mil estragos.
Yo en el velo nupcial veo el de luto;
Veo el gusano en el purpureo fruto;
Bajo la fuente el cieno;
Veo el vicio en la frente seductora,
Y en la dulce sonrisa aduladora,
El oculto veneno!
Tú algun dia te dirás
Todas estas tristes cosas
Que te digo,
¡Y ojalá no sean jamas
Contigo tan rigorosas
Cual conmigo!
Dirás tal vez que mi alma dolorida
Se exagera las penas de la vida,
Porque he sufrido en ella;
Y que es para quien vive en diversiones
Dejándose de adustas reflexiones
Facil la vida y bella.
¡Oh Cecilia! no lo esperes :
Jamas la fuente se agota
De tristura :
El caliz de los placeres
Oculta siempre una gota
De amargura.
Dirás acaso que ventura y calma
En este mundo se concede al alma
Que vive santamente :
Que para ser feliz en su alegria,
Y hallar delicias á que Dios sonria
Basta ser inocente.
¡Dulce ilusoria creencia!
¡Ojalá te fuera dable
Conservarla!
Pero vendrá la esperiencia
Con su antorcha inexorable
A ahuyentarla.
Tiende la vista por el mundo y gime :
Verás que nunca la virtud exime
Al hombre, del dolor;
Y al verla siempre esclava ó perseguida,
Cual sueño mira la mundana vida
Y vive en el Señor.
Mas no por eso, inocente
Esperes que en nieve y rosa
Siempre tiña
La paz del alma tu frente,
Ni que has de ser venturosa,
¡Pobre niña!
Una tarde… ¡Si vieras!… Yo en la orilla
Del ancho mar sentado,
Miraba á un pescador en su barquilla
Cantando alborozado.
Doraba el cielo en su fulgor primero
La bella luz del dia :
La mar en su garganta al marinero
Voluptuosa mecia.
Era su nave cual gentil gazela
Ligera, y entre bruma
Brillaba el lino de su blanca vela,
Como un copo de espuma.
En sus alas el aura placentera
Perfumes mil traia,
Y el agua murmuraba en la ribera
Suavísima armonía.
En tanto alzaba el pescador al cielo,
Ofrenda solitaria,
Arrodillado con ferviente celo
Su matinal plegaria.
Tiende, dijo, ¡oh Señor! desde tu altura
La vista sobre mí :
Dame un poco del pan de la dulzura
Que nos viene de tí.
Del tiempo, ¡oh Dios! en el cabello mio
Brilla la nieve ya,
Y acaso pronto en el sepulcro frio
Mi cuerpo dormirá.
Mas por mi virtuosa compañera
Alzo mi voz á tí,
Y por mis nietecillos… Considera
Que han menester de mí!
Huérfanos ellos, ay! ella doliente
Postrada por la edad!…
¡Que les conservarás quien los sustente,
Confio en tu bondad!
Que nunca á la virtud y á la inocencia,
Y á la humilde oracion,
Señor, Señor, negaste en tu clemencia
Tu santa bendicion! »
Así el anciano decia,
Y en tanto la faz del cielo
Tempestuoso oscurecia
De pardas nubes un velo.
El agua agitada hervia,
Lejano el rayo lucia,
Y poco despues se oia
Del trueno el ronco fragor;
Y no el anciano temblaba,
Porque en su Dios confiaba,
Y hácia la playa remaba,
Intrépido pescador!
¡Pobre anciano! Luego el viento
Su deshecha furia acrece,
Y en la mar el firmamento
Que se desploma parece.
Pronto á su choque violento,
Veloz como el pensamiento,
Con desigual movimiento,
La fragil barca osciló:
Y aquel anciano tan bueno,
Yo lo ví de espanto lleno,
Del mar en el hondo seno,
¡Infeliz! despareció…
Asi, Cecilia, cuando mas la amamos
Esta existencia efímera perdemos,
Y acaso desventuras recojemos
Por todas las virtudes que sembramos!
Mas ¿qué importa, si como nos lo enseñan,
Todos esos que llama el mundo males,
Son del amor de Dios nuevas señales
Que á mas y mas amarlo nos enseñan?
¿Qué importa, di, si al fin de la jornada
Por esta áspera senda, triste, oscura,
Que ha de hallar la virtud estás segura
De par en par abierta la posada?
¡Creelo asi! ¡Creelo asi! Tal vez algunos,
Tal vez tu alucinada inteligencia,
Te dirán que es error toda creencia,
Y que ahuyentes temores importunos:
Que esta vida es el fin de toda vida,
Que es bueno todo lo que halago ofrece :
Que el ánima mortal desaparece
Cual la luz de una lámpara estinguida…
Tu oido á todas sus palabras cierra :
Une tu voz al himno de los fieles,
¡Y nunca, nunca, comprender anheles
La existencia del mal sobre la tierra!
Madrid, Diciembre, 1835.
Mi Musa
. . . . . C’est une fée
Qui lui parle et qu’on ne voit pas.
- HUGO.
¡Oh tú, que en tu aliento espides
Puro aroma de ambrosia,
Ven á verme y no me olvides,
Oh modesta musa mia!
Ven! Mi lira de tí amada,
Entre el polvo abandonada,
Impaciente espera ya,
Que reveles á mi oido
Lo que es y lo que ha sido,
Y tambien lo que será!
Con tus alas cobijaste
Tú la alegre infancia mia :
En mi pecho tú sembraste
La alma flor de poesía.
Tú á mi frente juvenil,
Ceñiste guirnaldas mil
De cipres, de rosa y palma…
¡Oh virgen pura querida!
Tú eres alma de mi vida,
Tú eres vida de mi alma!
Como sílfide, mi hermosa
Joven musa virginal,
En el caliz de la rosa,
Y en los átomos se posa
De la niebla matinal.
Ya en las cuerdas de mi lira
Caprichosa juguetea :
Ya sonrie, ya suspira,
Y ella es la que me inspira
Cuanto mi alma desea.
Como un angel me aparece
En mi amada soledad :
Mi lecho amorosa mece,
Y el vaso en sueños me ofrece
Dó se encierra la verdad!
Ya se esconde entre el vapor
Que levanta la laguna;
Ya de un lirio en el olor,
Ya en un suspiro de amor,
Ya en los rayos de la luna.
De mi frente en torno vuela,
Y me inunda en claridad :
En mis penas me consuela,
Y su acento me revela
La sublime eternidad.
Musa, tú fuiste para mí la estrella
Que al marinero guia,
De la virtud en la difícil via
Dirigiendo mi huella.
En mi primera edad, musa querida,
Tu regazo me diste,
Y hermosa siempre y cariñosa fuiste
El angel de mi vida.
¡Cuantas veces el llanto de mis ojos
Tus alas enjugaron,
Y tus caricias místicas templaron
Mis amargos enojos!
Aquel vago pesar que el alma agita
Con inquietos deseos,
Cuando nuestros celestes devaneos
La esperiencia marchita,
Probar me hizo en mis primeros años
La enemiga fortuna,
Y ajaron mis creencias una á una
Funestos desengaños.
¡Oh! cuando al hombre conocí y al mundo,
Cuan llagado, cuan triste,
Quedó mi corazon!… Musa, tú viste
Mi desmayo profundo.
De hastio entonces y amarguras lleno
Busqué tu halago blando,
Y hallé dulce consuelo reclinando
Mi cabeza en tu seno.
Tu aliento perfumado refrescaba
El ardor de mi frente,
Y mi abatido corazon doliente
Tu amor desamargaba.
Gracias, musa, te doy : si en esta vida,
Disfruté de ventura
Tal vez alguna aurora, á tu ternura,
¡Oh virgen, fué debida!
Y, ¡oh! plegue á Dios que hasta la muerte dores
Mi existencia, ¡oh mi puro
Amor primero, que serás, lo juro,
Mis últimos amores!
El Cautivo
La luna en mitad del cielo
Vivo rayo destellaba,
Que en las torres se quebraba
Del castillo de Aliatar.
En él un noble cristiano
Tres años ha prisionero,
Con acento lastimero,
Así comienza á cantar :
¡Salve, oh luna plateada,
Hechizo del alma mia!
¡Cuan dulce melancolía
Da tu vista al corazon!
¡Oh cuanto ahora que el mundo
En sueño sumido yace,
Tu bella luz me complace
Cuando raya en mi prision!
Aqui en la flor de mi vida,
Vivo apartado del mundo :
Tú, mi infortunio profundo,
Logras sola mitigar.
Oigo por toda armonia
De los vientos el silbido,
Y el monótono bramido
De las ondas de la mar.
¡Oh silencio de la noche!
¡Oh consuelo de mi alma!
¡Cuanto es mas dulce tu calma
Que del sol el resplandor!
Cuantas veces, luna hermosa,
Me viste en mi patria amada
A los pies de mi adorada,
Jurándole eterno amor!
Y cuantas con mis soldados,
En el real campamento,
Despues que al Moro sangriento
Rindió mi lanza en la lid :
O volviendo de las justas
Donde sediento de gloria,
El laurel de la victoria
Ceñí, dichoso adalid.
¡Oh mi Elvira! quien pudiera
Respirar donde respiras!
¡Venturoso el que tú miras
Con tu dulce sonreir!
Tal vez ora te lamentas
Solitaria y sin consuelo,
Y tus quejas oye el cielo,
Y mi nombre repetir.
Pienso aun ver aquellos dias
Cuando en brillantes torneos,
Estandartes y trofeos
Ponia ufano á tus pies :
Y aun me figuro que el lauro
Por tí en mi frente relumbra,
Y herido del sol deslumbra
El resplandor de mi arnes.
¡Ilusiones! Vanamente
Con vosotras me recreo,
Que en derredor solo veo
Cadenas, luto y horror.
Volad de mí para siempre,
Esperanzas de consuelo :
No ya me quede en mi duelo
Ni aun memoria de mi amor.
¡Mas no! Volved presurosas :
Eternas sed en mi mente,
Y de mi pena inclemente
Los rigores mitigad :
Que solo el dulce recuerdo
De la pasada ventura,
Puede calmar la amargura
De una larga soledad!
A Un Niño
Et revelat ea parvulis.
Duerme ¡oh niño inocente! reclinado
De tu madre en el seno, mientra alado
Angel en torno de tu frente gira :
Y tu profundo sueño, ¡oh mi querido!
Halague el melancólico sonido
De mi enlutada lira!
¡Oh castísima flor! ¡oh esencia pura
De candor, de inocencia y de hermosura!
¡Santa paloma! ¡De tu edad temprana,
Hermoso objeto al maternal cariño
Conserve el cielo, delicado niño,
La cándida mañana!
Vive siempre feliz en tu pureza,
Sin que agiten cuidados tu cabeza,
Ni desgarren tu pecho las pasiones,
Ni sufras de la suerte el crudo amago,
Ni sigas nunca el mentiroso halago
De humanas ambiciones.
Que de la vida en el amargo rio,
Mientras naufraga espléndido navío
Que al huracan y al rayo desafia,
Sigue humilde batel, seguro y lento,
Su curso confiado al blando aliento
Que el céfiro le envia.
El puro color del cielo
Reflejas, angel de luz,
De tus hermosos ojos
En el sereno azul.
La sonrisa de la aurora,
Mas alegre brilla en tí,
Cuando la risa baña
Tu labio de carmin.
Y esa aureola que circunda
Tu cabeza angelical,
Es la que ornó la frente
Del santo de Judá.
¡Vive, vive, niño amado!
¡Brille siempre la virtud
De tus hermosos ojos
En el sereno azul!
¡Oh! cuando duermes y tu sueño velan
Los invisibles ángeles que vuelan
En derredor de tí,
¿No sientes, díme, perfumada boca
Que blandamente con sus labios toca
Tus labios de rubí?
¿No ves praderas y serenos rios,
Y alcázares de estrellas, y sombrios
Bosques, y flores mil?
¿No ves, oh niño, vírgenes hermosas,
Y entre vergeles de esmeralda y rosas,
Palacios de marfil?
¿No sientes, díme, que á tu oido envia
Torrentes de purísima armonía
Alado serafin,
Y ó bien tu sueño entre sus brazos mece,
O bien despues para jugar te ofrece
Magnífico jardin?
Pues esos bosques sombrios,
Esos campos y esos rios
Son de un mundo superior,
Que tan solo ver consiguen
Los que en vida el brillo siguen
De la estrella del candor.
Los que el mundo abandonaron
Cuando apenas lo miraron,
Tiernos niños, van allí :
Los que fueron virtuosos,
Allí moran venturosos
Entre lechos de alhelí.
¡Oh mi amado! De esa estrella
Sigue siempre la luz bella
Como un astro tutelar,
Que si pierdes su presencia,
Será amarga tu existencia
Como el agua de la mar.
Tú no sabes, inocente,
Lo que allá en su pecho siente,
Quien del cielo se olvidó :
Quien de Dios ha blasfemado,
Y viviendo en el pecado,
¡No hay otra vida! » esclamó.
¡Tú no sabes los pesares
Que se erizan á millares
En su pecho criminal :
Los tormentos que padecen
Y que ni aun desparecen
En la calma sepulcral!
¡Ah! No es su sueño sereno
Como el tuyo, sino lleno
De sangre, espectros y horror :
No ven campos abundosos,
Ni semblantes cariñosos,
Que los miren con amor.
¡Ay tristes! Cual te envidiaran
Si tu sosiego miraran
Y tu dulce sonreir,
Y ese inocente embeleso
Con que parece que un beso
Vas á dar ó recibir!
Ese labio que tu boca
Dulcemente, ¡oh niño! toca,
Es un labio celestial;
Es el labio de MARIA,
Que te guarda noche y dia
Con su manto virginal!
¡Pobre niño! Si un momento
De tu lado se apartara
Y te olvidara,
De tu angélico semblante,
¡Oh! cuan pronto volaria
La alegria!
Como lirio deshojado
Que los cierzos desparraman
Cuando braman,
Tal tu cuerpo delicado,
Si te olvida, se veria,
Vida mia!
Si te olvida, ¡oh mi querido!
Tu semblante cariñoso,
Tan gracioso,
Fuera en polvo convertido,
Y tu cabellera riza
En ceniza!
¡Oh fragante flor del cielo!
Guarde un angel tu existencia
Y tu inocencia,
Bajo su místico velo,
Y tu pureza infantil,
Años mil!
Madrid, Agosto, 1834.
El Bien Y El Mal
A La Señora Marquesa De V
Cuando despunta en oriente
Un alba de rosicler,
Y que tiñe, al despertaros,
De nacar y oro la veis,
De vuestro lecho, Señora,
El elegante dosel;
Ya, sacudiendo el letargo,
La tibia alcoba dejeis,
Por ver la brillante escena
Del día que va á nacer;
O bien indolentemente,
Aun sonriendo tal vez
A algun delicioso ensueño,
Os volvais á adormecer,
¡Oh! ¿no os parece, Señora,
Que la vida es un gran bien?
Cuando á galope tendido
En un fogoso corcel,
Los rizos flotando al aura
Y el largo velo tambien,
Entre el polvo que levanta
Vuestro caballo al correr,
Diana de nuestros dias
La corte española os vé,
Como aquellas que entre nubes
Veia el bardo Escocés,
Fantásticas hermosuras
En las cumbres de Morvén,
O aparicion desprendida
De un lienzo del Veronés;
¡Oh! ¿no os parece, Señora,
Que la vida es un gran bien?
Cuando en un palco, prendida
Como la hija de un rey,
Reclinada en terciopelo,
Ceñida en flores la sien,
Escuchais las armonías
De Bellini y Meyer Beer,
Al lado de vuestra hija,
Preciosa niña, en quien veis
La flor de vuestra hermosura
En su cáliz renacer:
Y cuando todo os anuncia
Que venturosa tambien
Será esa niña en el mundo,
Como en florido vergel,
¡Oh! ¿no os parece, Señora,
Que la vida es un gran bien?
Cuando en un baile, á la luz
De cien lámparas y cien,
Iman de los corazones,
Mil galanes atraeis:
Cuando en la danza ligera
Vuestro breve y blanco pie,
Una á una deshojando
Va las rosas del placer:
Cuando veis que para vos
Este mundo es un Eden;
Que el porvenir os sonrie,
Que vuestro destino es ver
Solo semblantes amigos,
Y oir palabras de miel,
¡Oh! ¿no os parece, Señora,
Que la vida es un gran bien?
Mas cuando ruge en diciembre
Horrorosa tempestad,
Y pensais que hay navegantes
Perdidos en alta mar!
Cuando sopla por las calles
Punzante frio letal,
Y pensais que hay infelices
Desnudos y sin hogar!
Cuando su esposa y sus hijos
Al pobre le piden pan,
Y él no tiene pan que darles
Ni esperanza de ganar,
Y el hambre de su familia
Lo impele al crimen quizá,
¡Oh! ¿no os parece, Señora,
Que la vida es un gran mal?
Cuando, cual blanca mortaja,
Cubre la inmensa ciudad
Densa escarcha, y entre niebla,
Cual lámpara funeral,
El sol de enero derrama
Cenicienta claridad,
Si en vuestro coche, cerradas
Las ventanas de cristal,
Embozada en ricas pieles
A lo lejos divisais
Un hombre, cuyo semblante
Revela acerbo penar,
Que ronda desesperado
Las orillas del Canal,
¡Oh! ¿no os parece, Señora,
Que la vida es un gran mal?
Cuando pensais que do quiera
Que el hombre llegue á habitar,
Ha de haber forzosamente,
¡Horrible necesidad!
Bajo el suelo un cementerio,
Sobre el suelo un hospital!
Cuando una voz en la calle
Ois que diciendo va:
¡Para hacer bien por el alma
Del que van á ajusticiar! »
Cuando veis con amargura,
Sin poderlas remediar,
Las úlceras que corroen
La faz de la sociedad,
¡Oh! ¿no os parece, Señora,
Que la vida es un gran mal?
Cuando veis como se lleva
Las flores el huracan;
Que es ilusion la hermosura,
Las grandezas, vanidad!
Que el hombre, fantasma errante,
Pasa para no tornar;
Que de la cuna al sepulcro
En pocos momentos va,
Y que olvida el insensato
Que Dios tiene un tribunal,
Y que sus castigos duran
Por toda una eternidad!
Cuando pensais en la muerte
Y en lo que habeis de dejar,
¡Oh! ¿no os parece, Señora,
Que la vida es un gran mal?
Esas amargas ideas,
Señora, no desdeñeis:
Esas ideas son dignas
Del alma de una muger.
Gozad, gozad de la vida,
Que esa vuestra suerte es,
De esta vida en que mezclados
Siempre van el mal y el bien.
Gozad, Señora, gozad:
Felice, Señora, sed,
Pero en severas verdades
Meditad alguna vez.
Pensad en los que han perdido
Con la esperanza, la fe;
En los huérfanos espuestos
Del destino á la merced:
La meditacion del mal
Enseña á apreciar el bien.
Los pensamientos sombríos
Que el alma llenan de hiel,
Y en el festin de la vida
Nos hacen estremecer:
Que cubren de pronto el rostro
De una mortal palidez,
Y hielan en nuestros labios
La sonrisa del placer,
Son la terrible sentencia
Que vió aquel antiguo rey,
Con caracteres de fuego
Esculpida en la pared.
Son lecciones con que Dios
Nos anuncia que, despues
De esta vida mundanal,
Hay otra vida tambien,
Donde nunca enturbia el mal
La eterna fuente del bien.
Madrid, Octubre 1837.
A Fernando M.
Estaba ayer, Fernando, el valle tan sereno,
El ambiente de aromas y armonías tan lleno,
Que involuntariamente de mi estancia salí
Ansioso de gozarlos á todo mi placer.
Dos horas por el campo sin parar discurrí
Engolfado en sentir, en meditar y ver.
Una estraña ilusion hirió entonces mi mente.
Parecióme, Fernando, que á todo de repente,
Desde el mayor objeto al objeto menor,
Una misma alma amante comenzó á animar.
La montaña decia : ¡Oh cuan linda es la flor!
El mosquito decia : Cuan hermoso es el mar!
Enghien, Setiembre, 1840.
Culpa Y Castigo
Y ansi la felicidad injusta es rosa breve y flor
que á vuelta de ojo se marchita.
Fr. Luis de Leon.
Vuela, vuela, mi caballo,
Vuela, vuela, mi alazan,
Como el soplo de los vientos,
Cual relámpago fugaz.
Ya ha escondido el sol su carro
En las ondas de la mar,
Y las sombras de la noche
Cielo y tierra cubren ya.
Te prometo si me llevas
Con toda velocidad,
Doble racion y dejarte
Por todo un mes descansar.
Te prometo una gualdrapa
Rica como un manto real,
Y para el primer torneo
Un magnífico pretal,
Porque mi Leonor me espera
Y ausente su esposo está,
Y puede tornar en breve
A su castillo feudal.
Ya sus almenas descubro
Allá entre la oscuridad,
Y mi amante corazon
Latiendo en mi pecho va.
Leonor impaciente acaso
Maldice tanto tardar…
Vuela, vuela, mi caballo,
Vuela, vuela, mi alazan.
El que á una cita de amor
Llega tarde,
Y hace que su dama aguarde,
Aunque en linage y valor
Sobrepuje al rey don Juan,
Y aunque galan,
Perderá tiempo y afan.
El que sabe que es querido
Con ardor
Y falta á citas de amor,
Diciendo luego que ha sido
Por culpa de su alazan,
Aunque galan,
Perderá tiempo y afan.
Y aunque corone su frente
De laurel
El que á su dama es infiel,
Y aunque sea mas valiente
Que el vencedor de Roldan,
Y aunque galan,
Perderá tiempo y afan.
El que ó muy tímido ama
O indiscreto
Ni sabe guardar secreto,
Ni declararse á su dama
Por miedo de algun desman,
Aunque galan,
Perderá tiempo y afan.
Bizarro y joven en vano
Será un hombre;
Tendrá en vano ilustre nombre
Si en amores es liviano,
Porque las damas dirán:
Es galan,
Mas pierde tiempo y afan. »
La condesa Leonor así cantaba
Una noche en que, ausente su marido
Impaciente aguardaba
A su galan querido.
Su profunda mortal melancolía,
La lánguida espresion de su mirada,
Todo en ella decia
Que estaba enamorada.
De sus ojos azules como el cielo
Humedecia las pestañas largas,
Un trasparente velo
De lágrimas amargas.
Porque al ver que su amante no venia
Y que estaba ya oscuro el firmamento,
Su pecho entristecia
Fatal presentimiento.
Leve ropage cándido de lino
Mal del nocturno ambiente la guardaba.
Junto al tronco de un pino
En pie temblando estaba.
Con ambas manos, de la brisa aguda
Que por las secas ramas discurria,
Su garganta desnuda
Tiritando cubria.
Sobre su frente pálida ondeaban
Los rizos de su larga cabellera :
Sus labios murmuraban
Plegaria lastimera.
¡ Profanacion ! insensatez ! agravio !
Remedo infiel de un corazon contrito !
La oracion en el labio
Y en el pecho el delito !
Pronto el galope ligero
De un alazan escuchó,
Y á su galan caballero
Todo cubierto de acero,
En sus brazos estrechó.
La noche estaba serena,
Tan serena como fria :
Brillaba la luna llena…
Cercana floresta amena
Sombra y misterio ofrecia.
Lentamente á la espesura
Lleva el galan á su amada,
Aunque resistir procura,
Ceñida por la cintura
Y en su brazo reclinada.
Luego un suspiro se oyó,
Y entre las ramas un bulto
De humana forma pasó :
Luego inmovil se quedó
Entre las ramas oculto.
¡ Era un anciano ! el marido
De la culpada Leonor !
En secreto prevenido
Del ultraje hecho á su honor,
En el bosque se ha escondido.
Terrible resolucion
Revuelve en su corazon :
Pero en su esposa confia…
La idolatra, y todavia
No puede creer su traicion.
Aguarda… cada momento
Es un siglo para él…
Mas ve á Leonor y al doncel…
No bebió sin fundamento
De la sospecha la hiel !…
Fuego sus ojos lanzaban
Cuando en Leonor desleal
Y en su galan se fijaban :
Entre sus manos brillaban
Un venablo y un puñal.
En tanto el joven gallardo
Estaba su amor bastardo
Encareciendo á su bien…
Cuando le atraviesa un dardo
De parte á parte la sien !
Como, perdido el matiz,
Se dobla pisada flor,
Dobla el joven la cerviz…
Llora por ese infeliz,
Y por ti tambien, Leonor !…
Al tibio rayo de sangrienta luna,
Se divisaba lóbrega laguna
Que forma al norte el foso del castillo :
Sus aguas tristemente negreaban ;
Las estrellas en él se reflejaban
Con macilento brillo.
¡ Silencio sepulcral ! ¿ Mas cual sonido
Le viene á interrumpir ? Se oye un jemido :
Luego un cuerpo cayendo el lago agita ;
Un cuerpo armado es, inerte, yerto ..
Luego otro cuerpo cae, pero no muerto,
Pues forcejea y grita !. .
Perezca la esposa infiel
Que mancilla el limpio honor
De su señor !
Perezca el traidor doncel
Que á hermosa agena señora
Enamora ! »
Así el anciano esclamaba,
Y la vista alzaba al cielo
Sin consuelo :
Luego al lago la bajaba,
Y con horrible alegría
Sonreia !
El Pescador
Al rayo de la luna,
El pescador Anfriso
Cruza en su barca leve
El Betis cristalino.
Las auras mansamente
Con lánguido suspiro,
De su melena agitan
Los largos, negros rizos.
De amor la hermosa estrella
De en medio el puro Olimpo,
Destella en la corriente
Su delicado brillo.
Deslízase ligera
Sobre el sereno rio
La barca, al blando impulso
Del remo sacudido :
Y mientras va cruzando
El Betis cristalino,
Cantando va de amores
El pescador Anfriso.
Voga, voga, mi amada barquilla,
A la orilla condúceme ya ;
Voga y cruza la rauda corriente,
Que impaciente mi Elisa estará.
Pescadora
Muy mas bella
Que la estrella
Del amor,
Al cariño
Sé constante
De tu amante
Pescador.
Voga, voga, mi amada barquilla,
A la orilla condúceme ya ;
Voga y cruza la rauda corriente,
Que impaciente mi Elisa estará.
La luz pura
De tus ojos,
Mis enojos
Templará :
De tu acento
La dulzura,
Mi tristura
Calmará.
Voga, voga, mi amada barquilla,
A la orilla condúceme ya ;
Voga y cruza la rauda corriente,
Que impaciente mi Elisa estará. »
Y con su barquilla
Anfriso á la orilla
Afanoso tiende,
Y las olas hiende
La sonante quilla.
La luz que destella
De Venus la estrella,
Descubre al amante
La choza distante
De su amada bella.
Voga, voga, mi amada barquilla,
A la orilla condúceme ya ;
Voga y cruza la rauda corriente,
Que impaciente mi Elisa estará.
Esa estrella,
Vida mia,
Que me guia
Con su albor,
Que tan viva
Luz destella,
Es la estrella
Del amor.
Voga, voga, mi amada barquilla,
A la orilla condúceme ya ;
Voga y cruza la rauda corriente,
Que impaciente mi Elisa estará.
Esa estrella
Me encamina,
¡ Oh divina
Elisa á tí !
A tí, Elisa,
Mas hermosa
Que una diosa
Para mí.
Voga, voga, mi amada barquilla
A la orilla condúceme ya ;
Voga y cruza la rauda corriente,
Que impaciente mi Elisa estará. »
Elisa á su adorado
En la ribera aguarda,
Y él su barquilla leve
En la margen amarra.
Para ayudar á Anfriso
A que del bote salga,
Sus blancos brazos tiende
La hermosa enamorada,
¡ Mas ay ! entre los juncos
Su pie desliza… el agua
Del sosegado rio
Su hermoso cuerpo traga.
Detras al punto el joven
Frenético se lanza,
Y ora aparecen, ora
Juntos al fondo bajan.
Brilla la luna en tanto
Serena, hermosa y clara,
Y sobre el manso rio
Su pura luz resbala.
Escarpada es la orilla…
La mar está cercana…
Fatídicos graznidos
El triste buho lanza…
La mar en breves horar,
Al retirar sus aguas,
Dos cuerpos abrzados,
Depositó en la playa.
Melancolia
La fleur de ma vie est fanée !
MILLEVOYE.
La luna entre negras nubes
Su disco argentado oculta,
Y á los montes y á los valles
Desciende espesa la lluvia.
Las aves el blando nido
De pajas y leves plumas,
Cobijando sus polluelos,
Despavoridas ocupan.
¡ Qué horror ! en los hondos bosques
Cercano el trueno retumba,
Y el huracan en los montes
Troncha la encina robusta.
El rayo la opaca esfera
De lívida luz inunda,
Y con horrísono estruendo
Los torrentes se derrumban
¿Será que con voz de trueno
El gran Padre del altura,
De cielo y tierra, en sus iras,
La ruina cercana anuncia?
Mas no, que ya lentamente
Calma del viento la furia,
Y entre las rasgadas nubes
Se ostenta hermosa la luna.
Y pronto alegres las aves
La nueva aurora saludan,
Y los limpios arroyuelos
Entre espadañas murmuran.
Ya el sol el rosado oriente
Con tímido rayo alumbra,
Y del pasado letargo
Despierta hermosa natura.
Yo solo, infeliz, ludibrio
De la enemiga fortuna,
Al pesar que me devora
No encuentro consuelo nunca.
¿Qué importa á mi triste pecho
Que horrible tormenta cruja,
O que la aurora á los campos
Sus colores restituya,
Si las mudanzas del tiempo
No mis lágrimas enjugan,
Ni con bálsamo apacible
Mi acerbo dolor endulzan?
En vano el brillante dia
Cuando magnífico luzca,
Dará á las húmedas plantas
Y á los bosques su verdura;
En vano, que no en mi alma
Hará que calme la angustia,
Ni que del dolor el ceño
Descoja mi frente adusta.
Los que las pintadas aves
Sabrosos cantos modulan:
El eco apacible y blando
Del arroyo en la espesura:
Tus bellos rayos, Lucina,
Cuando en las olas fluctuan,
Y el amante cefirillo
Que entre las flores susurra,
Iguales son para mi,
Y aun menos tal vez me gustan
Que el elocuente silencio
De las tristes sepulturas.
Allí con su aspecto nadie
Mis meditaciones turba,
Ni de los hombres me aflije
La sociedad importuna.
Las frias brisas sonoras
Entre los sauces circulan,
Y oigo en ellas una voz
Amiga que me saluda.
Nadie mis pasadas dichas
Me recuerda con las suyas
Allí ! de afliccion y muerte
Solo emblemas me circundan.
Oh muerte ! muerte ! oh sereno
Puerto ! soledad augusta !
Ojalá pronto á tu paz
La tempestad me conduzca !
Sí, bella Laura : mi pecho
Arido ya, solo busca
En vez de agitadas dichas,
El reposo de la tumba.
Tú, hermosa, la suerte mia
Tal vez cariñosa endulzas,
Y de mis ojos el llanto
Con cándida mano enjugas.
De mis tristezas la causa
Compasiva me preguntas,
Y te admira mi silencio…
Mas ¿ la sé yo por ventura ?
¡ Ese es mi mayor tormento !
No saber en qué se fundan
Este hondo abatimiento,
Esta desazon profunda,
Estas ansias que me ahogan,
Este aguijon que me punza
Las entrañas, siempre, siempre,
Sin causa á que lo atribuya !…
Ver sin poder remediarlo
Que el padecimiento es una
Condicion de mi existencia,
Y que lo es sin mi culpa !…
Que sufro, como las flores
Espiden fragancias puras,
Como las aves gorgean,
Como las aguas fluctuan,
Como del sembrado surco
Brota la espiga fecunda,
Como en las feraces selvas
Las enramadas se cruzan ;
Como fluyen las corrientes,
Como los astros alumbran,
Como se siguen los dias,
Como los afectos mudan !
Oh Laura ! tú mi existencia
Cubrir de flores procuras,
Angel ! y aliviar el peso
De la afliccion que me abruma ;…
— En vano ! que cuando el hado
Allá en sus leyes ocultas,
A ser infeliz á un hombre
Condenó desde la cuna,
No tolera que ninguno
Lo que él decretó destruya,
Y es poderoso el destino
Y al universo subyuga.
Si desque nací, las iras
Probé de la suerte injusta,
Y hasta las heces el caliz
Apuré de la amargura,
¿Qué quieres, oh Laura ? Deja
Que mi destino se cumpla,
Y que el abril de mi vida
Solitario se consuma.
Sé feliz ; todo en la vida
Felicidades te anuncia :
Yo nací para sufrir….
Déjame, Laura, que sufra !
Solo te pido que un dia,
( Pronto será ! ) cuando en muda
Soledad, mi cuerpo helado
La tierra por siempre cubra,
De mí te acuerdes, hermosa,
Y ramas, y flores mustias,
Y una lágrima derrames
En la losa de mi tumba !
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