Poemas de Eugenio de Ochoa

Poemas de Eugenio de Ochoa

Poemas de Eugenio de Ochoa (1815-1872) polifacético esencial para el Romanticismo español. Destacó como escritor, bibliógrafo, crítico y traductor, actuando como un puente cultural decisivo entre España y Francia. Su labor como antólogo fue monumental, especialmente con el Tesoro de los romanceros y cancioneros españoles, obra que rescató y sistematizó la lírica tradicional para el público decimonónico.

Como fundador de la influyente revista El Artista, promovió la estética romántica y el intercambio intelectual. Su erudición le permitió catalogar valiosos manuscritos españoles en bibliotecas parisinas, preservando el legado del Siglo de Oro. Además, su destreza bilingüe facilitó la difusión de autores europeos en la Península. En resumen, Ochoa fue un incansable gestor cultural que definió la identidad literaria de su tiempo mediante la recuperación del pasado y la apertura a la modernidad.

A Mi Hijo Carlos

¡Oh! ¡de tu labio la inocente risa,

Tu frente pura, tu cabeza lisa,

Tu lindo cuerpo de azucena y rosa,

Son, hijo, mi placer!

Cifro en ti mi esperanza y mi desvelo,

En ti, y en ella, y en tu madre hermosa,

Angel que para mí bajó del cielo

En forma de muger.

Ella, hijo mio, y tú sois mi delicia.

Cuando tu tierna mano me acaricia,

Cuando en mi sien reclina su cabeza,

No sé á quien amo mas.

Amo en ella virtudes y hermosura;

En tí, candor y celestial pureza…

Y á ambos mi corazon amaros jura

Siempre, siempre jamas!

Tu joven madre, ¡oh vaso de inocencia!

Va cruzando esta efímera existencia,

Inclinada la frente y siempre fijo

Su pensamiento en Dios.

¡Salve, dechado del amor materno!

Por tu futura suerte no me aflijo,

Pues sé que juntos al descanso eterno

Bajaremos los dos.

Tú, pobre niño, flor de ayer nacida,

Que evitarás las sirtes de la vida

Mientras vivamos, fia sin cautela,

En tu madre y en mí;

Mas cuando sulques de la vida el rio,

Huérfano ya, sin brújula, ni vela,

Su amor la VIRGEN MADRE, Carlos mio,

Derrame sobre tí!

Madrid, Mayo, 1837.

 

Libertad

¡Libertad! ¡Libertad! ¡De Ocaso á Oriente,

Del Mediodía al rudo Septentrion,

Pueblos, alzad la poderosa frente

Jurando eterna paz, eterna union!

Cada cual apoyado en su derecho

Los antiguos rencores olvidad,

Y repetid, la mano sobre el pecho,

¡Libertad! ¡Libertad!

¡Libertad! ¡Libertad! Todos hermanos

Sois á los ojos del Supremo Ser:

Todos salís iguales de sus manos

Y á ellas habeis iguales de volver.

Esos nombres de siervos y señores

Ultrajan la divina voluntad:

No haya mas ni oprimidos, ni opresores:

¡Libertad! ¡Libertad!

¡Libertad! ¡Libertad! Esas barreras

Que entre vecinos pueblos levantó

La opresora ambicion; esas banderas

Que el genio de la guerra tremoló,

Desaparezcan, y que solo vea

Una sola nacion la humanidad,

Y una sola bandera, en que se lea:

¡Libertad! ¡Libertad!

¡Libertad! ¡Libertad! Tú nos la diste,

¡Oh ley de amor del que murió por nos!

¡Oh ley que toda esclavitud rompiste

Haciendo al hombre imágen de su Dios!

Con sangre de sus mártires sellada,

Esa ley santa ¡oh, pueblos! meditad.

Pida la inteligencia emancipada,

¡Libertad! ¡Libertad!

 

¡Libertad! ¡Libertad! ¡Grito fecundo!

¡Oh ley cristiana, pan del corazon!

¿Cuando daréis la vuelta á todo el mundo,

Hermanando la fe con la razon?

Toda, entonces, la gran familia humana,

Inundada en la luz de la verdad,

Clamará agradecida: ¡Hosanna! Hosanna!

¡Libertad! ¡Libertad!

París, Julio 1839.

 

Al Joven Pintor D. Federico De Madrazo

Greats are thy works!

MILTON.

Los siglos van su carrera

Siguiendo en rápido giro,

Hundiendo en el polvo á Tiro,

Y á Nínive la altanera.

Como arenas deleznables,

Los imperios formidables

Van sus plantas implacables

Sumergiendo en el no ser:

Y con hondos caracteres,

Entre penas y placeres,

Van sobre todos los seres

Esculpiendo: PERECER!

¡Oh tiempo! ¿Quien sondará

Tu sombra no penetrada?

¡Todo salió de la nada,

Y todo á la nada va!

¡Es un misterio profundo!

¡Como el fango mas inmundo,

Todas las cosas del mundo,

Condenadas á morir!

¡Los orbes á derrumbarse,

Los mares á desecarse,

Las estrellas á apagarse,

Y los hombres á sufrir!

¿De las glorias de la guerra,

Del genio, el tiempo qué hará?

¡El tiempo consumirá

Cuanto pasa por la tierra!

¡Esas legiones triunfales,

Esas santas catedrales,

Esos lienzos inmortales

De Murillo y Rafael,

Serán cenizas que el viento,

En remolino violento,

Elevará al firmamento

Para dejarlas en él!

¡Nada de ellas quedará!

Solo un aura pasagera

A la gente venidera

Tantos prodigios dirá.

De ejércitos vencedores,

De vosotros, escultores,

De nosotros los pintores

Quedará tan solo el nombre,

Y el tiempo al verso respeta,

Y la obra del poeta,

Perpetua vive y completa

En la memoria del hombre! »

 

Con acento de dolor,

Así se lamenta y gime, Madrazo,

el joven sublime, Madrazo,

el grande pintor.

 

El que á la gente española

Que sus pendones tremola,

Triunfantes en Ceriñola,

Hoy ciñe nuevo laurel ¹ :

El que sediento de gloria,

Guardado á eterna memoria,

Da vida á la antigua historia

Con su mágico pincel!

Y se lamenta… ¡Delirio!

¿Olvida su mente inquieta

Que la palma del poeta

Es la palma del martirio?

¿Que no hay mas duro tormento,

Mas amargo sentimiento,

Que ver en el pensamiento

Una sublime creacion,

Y no poder animarla,

Y solitario adorarla,

Y que se eclipse dejarla

Como una vana ilusion?

¡Oh! ¡si pudiera, fiel,

El poeta á las naciones,

Presentar sus creaciones,

Como las concibe él!

¿Piensa el mundo por ventura,

En su orgullosa locura,

Que conoce tu hermosura,

Eva del poeta ingles?

La que el hombre se imagina,

Hermosura peregrina,

De aquella creacion divina

Reflejo pálido es!

¡Sí! La que pueden hacer

Escultores y pintores,

Eva en marmol y en colores

Es al fin una muger.

La que el poeta veia,

Nada de humano tenia;

Era hermana de MARIA,

Era un angel tutelar.

Nadie jamas podrá verla,

Nadie podrá comprenderla,

Porque era como una perla

Allá en el fondo del mar!

 

¡Tu mano la pintaria

En su mística belleza,

Federico! Tu cabeza

Comprende la poesía.

No en mármoles de Carrara,

La forma sola animara,

Del poeta de Ferrara

La bellísima Leonor:

De Velazquez y Ticiano

Solo el arte soberano,

Tentara animarla en vano

Con la magia del color!

¡Emulo de Rafael!

Tú animaras su hermosura,

Porque te hizo natura

Pintor-poeta cual él.

Él, desde el cielo te mira,

Continuado en tí se admira,

Y sus ideas te inspira!

Y al verte desanimarte,

Sobre tu frente destella

De su genio una centella,

Serena y radiante estrella

Del puro cielo del arte!

 

La primer vez que tomó

Color tu mano y pinceles,

De proféticos laureles

Un angel te coronó.

Y del matiz de las flores,

Y de los puros albores,

Y de los varios colores

De la aurora boreal,

Formó para ti aquel dia,

Gloria de la patria mia,

El genio de la armonia

Una paleta ideal!

¡Pues bien! ¡que tus obras vea

Esta patria que te ama!

¡Que el vasto mundo á tu fama

Estrecho término sea!

¡En estos tiempos aciagos,

De escandalosos amagos,

De rebelion y de estragos,

Sé tú del arte el sosten,

 

Y sepa la gente estraña

Que si hay cadalsos y saña

En este suelo de España,

Hay aquí artistas tambien !

En las ruinas de Sion

Cantó el sublime profeta :

Cantó Homero el gran poeta

Entre guerras á Ilion.

En desorden intestino

Agitado el Florentino,

Vió al adusto Gibelino

Que en vida al Oreo bajó :

Entre el furor de la guerra

Despedazada Inglaterra,

De su ensangrentada tierra

El grande Milton brotó !

Así del Etna en la orilla

Que eterna lava corona,

Mejor el fruto sazona,

Mas bella la planta brilla.

Que en los tiempos funerales

Nazcan genios inmortales,

En tus leyes eternales

Está grabado, Señor !

Por eso á España que llora

Só el cancer que la devora,

Tu mano compensadora

Le da un sublime pintor !

Madrid, Septiembre 1835

 

Amargura

A Mis Amigos.

Iddio m’ ha posto un incredibil peso

d’angoscia sovra il core.

SILVIO PELLICO.

Solos coged las rosas de la vida,

¡Oh mis dulces amigos!

De la tristeza que en mi pecho anida

¿Qué os vale ser testigos?

¡Ah! No la calmarán, ni el atractivo

De espumantes licores,

Ni de la emulacion el incentivo,

Ni fáciles amores!

¡Si! De mi juventud la flor aun tierna

El viento ha marchitado,

Y á soledad y á desventura eterna

Mi vida ha condenado.

Si entre vosotros el placer respira

Con vosotros sonrio,

Y escondo entonces mi enlutada lira

Bañada en llanto mio!

Mas ¡si supierais cuanto sufro, cuanto

En tales ocasiones!

¡Cual de los ojos rechazado el llanto

Labra en los corazones!

¡Dejadme! No están bien mis amarguras

¡Ay! en vuestros festines:

Mal parecen las tristes sepulturas

En los bellos jardines!

Dejadme, amigos, cuando el sol su pura

Llama en el mar esconda,

Que vague en soledad, dó á mi amargura

Ninguna voz responda.

 

Cercado allí de imágenes amadas

Con lento paso giro,

Y entre mis ilusiones realizadas

Venturoso respiro.

En su pálido rayo dulce calma

La luna al pecho envía,

Y allá en la soledad escucha el alma

Suavisima armonía.

Y es la voz de los ángeles que dice :

¡ Con la hermosa que adora,

En otro mundo vivirá felice

El que en la tierra llora !

Madrid …

 

El Cantico Del Esposo

Y en soledad la guia

A solas su querido,

Tambien en soledad de amor herido.

  1. JUAN DE LA CRUZ.

En el florido huerto,

Junto á la margen del arroyo undoso

De flores mil cubierto,

Cantaba el nuevo esposo,

Al son de su laud armonioso:

Ven, dulce esposa mia,

Ven á gozar del matinal ambiente,

Que ya el risueño dia

Con su mano esplendente

Abre las puertas del rosado Oriente.

De flores nacaradas

Te ceñiré, mi bien, fresca guirnalda,

Y de aljofar bañadas,

Caer haré en tu falda

Sabrosas frutas de carmin y gualda.

Oirás mi blanda lira

Y escucharás mi acento dolorido,

Que solo amor suspira :

Tu nombre repetido

Por la floresta vagará perdido.

Y en mi seno amoroso

Reclinarás tu lánguida cabeza,

Y de tu rostro hermoso

Cantaré la lindeza,

Y de tu amor la angélica pureza.

Si el viento en sus furores

Revuelve de la mar los hondos senos,

Y mustios los pastores

De sobresalto llenos

Tiemblan del rayo al escuchar los truenos,

En el bosque florido,

Huyendo de su cólera entraremos;

O con paso atrevido

Al monte subiremos,

Y seguros de allí lo miraremos.

Aquí dó manso el viento

Entre las flores susurrando juega,

Y este arroyuelo lento

El fresco prado riega,

Y allá se pierde en misteriosa vega,

Amante y fiel esposo,

De yerba y rosas en mullido lecho,

Te espero cuidadoso,

Palpitándome el pecho

Si tus pisadas percibir sospecho »

Pronto por la espesura

Como entre sombras la naciente aurora,

Radiante de hermosura,

Una gentil pastora Llega…

¡Es la esposa á quien su esposo adora!

 

Noche De Luna

A Cecilia

Llámanse música de los cielos las noches puras, porque con el callar los bullicios del dia, y con la pausa que entonces todas las cosas hacen, se echa claramente de ver y en una cierta manera se oye su concierto y armonía admirable, y no sé en qué modo suena en lo secreto del corazon su concierto que le compone y sosiega.

LUIS DE LEON.

Ven á sentarte á mi lado,

Cecilia, en este jardin,

En los aromas bañado

De la rosa y del jazmin.

Ya el ave nocturna chilla:

Del sol la lumbre amarilla

Ya del Ocaso no brilla

Ni en el último fin.

 

Es la hora que convida

A vaga meditacion,

Al que lamenta perdida

La paz de su corazon.

En cada sombra que crece,

En cada flor que se mece,

Ver á aquellos le parece

Que polvo en la tumba son.

 

Florezca en tu rostro en tanto,

Niña, el bello rosicler,

Y en sus ojos deja el llanto,

Eterna fuente, correr.

Tu pura boca sonría

Mientras llega el triste dia

En que vuele tu alegria

Para nunca mas volver.

 

¡Noche hermosa!… ¡Cual derrama

Con serena majestad,

La luna de rama en rama

Su nocturna claridad!

Todo en calma está sumido,

Y sin embargo en mi oido

Un acento dolorido

Repite : ¡Fatalidad!

 

¡Fatalidad! ¡Fatalidad! murmura

El himno misterioso que natura

Levanta al Hacedor :

La voz del hombre, el mar, el viento, el ave,

Para el que bien interpretarla sabe,

Es un ¡ay! de dolor.

 

¡Fatalidad! esclamó

El primer hombre, perdida

Su inocencia,

Cuando á sus hijos legó

Las miserias de la vida

Por herencia!

 

¡Fatalidad! en su dolor profundo

Clamaba el hombre del antiguo mundo,

Lleno de execraciones!

¡Fatalidad! cuando cual leve efluvio,

Se llevaron las aguas del diluvio

Sus abominaciones!

 

Y aun no aplacó del Señor

Aquel castigo tremendo

Los furores :

¡Fueron el mal y el dolor

Con el hombre renaciendo

Aun mayores!

 

¡Fatalidad! la tierra murmuraba

Cuando á Cristo cadaver contemplaba

Pendiente de la cruz;

Y el sol tambien ¡fatalidad! decia

Cuando en la esfera cárdena moria

Su amarillenta luz!

 

Y aquella inmensa espiacion

Del Gólgota en el altura

Consumada,

Aun no bastó! ¡A la afliccion

Siguió toda criatura

Condenada!

 

¡Oh! Todo, todo en la infelice tierra,

Hondo misterio que mi mente aterra!

¡ Sufre y resiste ó llora!

¡Sufre mudo el peñon que el tiempo raja,

Y es el rocío que á los campos baja

El llanto de la Aurora!

 

En ese blando rüido

Que en las ramas forma el viento

Cuando pasa,

Oigo, Cecilia, un gemido

Que el corazon con su acento

Me traspasa.

 

Porque yo sé que todo, — y con los años,

Tú lo sabrás, que es ¡ay! de desengaños

La vida gran maestra, —

Todo tiene dos lados; verdadero

Uno y triste; otro falso y lisongero,

Y este solo se muestra.

 

Esa nube delicada

Que tus ojos infantiles

Van siguiendo:

Esa luna plateada,

Esas estrellas que á miles

Van naciendo;

 

¿Qué son, Cecilia? — La que al cielo sube

Bella de lejos, trasparente nube,

Es un vapor, es nada.

De los astros la luz te abrasaria

Si te acercase, ¡ay! — y te ahogaria

La luna plateada !

En el tallo de esa rosa

Que el aura nocturna inclina

Hácia tí,

Por esperiencia enojosa,

Sabes que hay una espina,

¿No es asi?

Pues lo mismo sé yo que está escondida

La espina del dolor en toda vida :

Que pasa la beldad;

Que el oro estraga; que el ingenio es fuego

Que abrasa el alma; que el destino es ciego;

¡Que todo es vanidad!

Yo del mar en la bonanza

De la tempestad ya veo

Los amagos :

Veo el humo en la esperanza,

Y en un cumplido deseo

Mil estragos.

Yo en el velo nupcial veo el de luto;

Veo el gusano en el purpureo fruto;

Bajo la fuente el cieno;

Veo el vicio en la frente seductora,

Y en la dulce sonrisa aduladora,

El oculto veneno!

Tú algun dia te dirás

Todas estas tristes cosas

Que te digo,

¡Y ojalá no sean jamas

Contigo tan rigorosas

Cual conmigo!

Dirás tal vez que mi alma dolorida

Se exagera las penas de la vida,

Porque he sufrido en ella;

Y que es para quien vive en diversiones

Dejándose de adustas reflexiones

Facil la vida y bella.

 

¡Oh Cecilia! no lo esperes :

Jamas la fuente se agota

De tristura :

El caliz de los placeres

Oculta siempre una gota

De amargura.

Dirás acaso que ventura y calma

En este mundo se concede al alma

Que vive santamente :

Que para ser feliz en su alegria,

Y hallar delicias á que Dios sonria

Basta ser inocente.

¡Dulce ilusoria creencia!

¡Ojalá te fuera dable

Conservarla!

Pero vendrá la esperiencia

Con su antorcha inexorable

A ahuyentarla.

Tiende la vista por el mundo y gime :

Verás que nunca la virtud exime

Al hombre, del dolor;

Y al verla siempre esclava ó perseguida,

Cual sueño mira la mundana vida

Y vive en el Señor.

Mas no por eso, inocente

Esperes que en nieve y rosa

Siempre tiña

La paz del alma tu frente,

Ni que has de ser venturosa,

¡Pobre niña!

Una tarde… ¡Si vieras!… Yo en la orilla

Del ancho mar sentado,

Miraba á un pescador en su barquilla

Cantando alborozado.

Doraba el cielo en su fulgor primero

La bella luz del dia :

La mar en su garganta al marinero

Voluptuosa mecia.

Era su nave cual gentil gazela

Ligera, y entre bruma

Brillaba el lino de su blanca vela,

Como un copo de espuma.

 

En sus alas el aura placentera

Perfumes mil traia,

Y el agua murmuraba en la ribera

Suavísima armonía.

 

En tanto alzaba el pescador al cielo,

Ofrenda solitaria,

Arrodillado con ferviente celo

Su matinal plegaria.

 

Tiende, dijo, ¡oh Señor! desde tu altura

La vista sobre mí :

Dame un poco del pan de la dulzura

Que nos viene de tí.

 

Del tiempo, ¡oh Dios! en el cabello mio

Brilla la nieve ya,

Y acaso pronto en el sepulcro frio

Mi cuerpo dormirá.

 

Mas por mi virtuosa compañera

Alzo mi voz á tí,

Y por mis nietecillos… Considera

Que han menester de mí!

 

Huérfanos ellos, ay! ella doliente

Postrada por la edad!…

¡Que les conservarás quien los sustente,

Confio en tu bondad!

 

Que nunca á la virtud y á la inocencia,

Y á la humilde oracion,

Señor, Señor, negaste en tu clemencia

Tu santa bendicion! »

 

Así el anciano decia,

Y en tanto la faz del cielo

Tempestuoso oscurecia

De pardas nubes un velo.

 

El agua agitada hervia,

Lejano el rayo lucia,

Y poco despues se oia

Del trueno el ronco fragor;

Y no el anciano temblaba,

Porque en su Dios confiaba,

Y hácia la playa remaba,

Intrépido pescador!

 

¡Pobre anciano! Luego el viento

Su deshecha furia acrece,

Y en la mar el firmamento

Que se desploma parece.

Pronto á su choque violento,

Veloz como el pensamiento,

Con desigual movimiento,

La fragil barca osciló:

Y aquel anciano tan bueno,

Yo lo ví de espanto lleno,

Del mar en el hondo seno,

¡Infeliz! despareció…

 

Asi, Cecilia, cuando mas la amamos

Esta existencia efímera perdemos,

Y acaso desventuras recojemos

Por todas las virtudes que sembramos!

 

Mas ¿qué importa, si como nos lo enseñan,

Todos esos que llama el mundo males,

Son del amor de Dios nuevas señales

Que á mas y mas amarlo nos enseñan?

 

¿Qué importa, di, si al fin de la jornada

Por esta áspera senda, triste, oscura,

Que ha de hallar la virtud estás segura

De par en par abierta la posada?

 

¡Creelo asi! ¡Creelo asi! Tal vez algunos,

Tal vez tu alucinada inteligencia,

Te dirán que es error toda creencia,

Y que ahuyentes temores importunos:

 

Que esta vida es el fin de toda vida,

Que es bueno todo lo que halago ofrece :

Que el ánima mortal desaparece

Cual la luz de una lámpara estinguida…

Tu oido á todas sus palabras cierra :

Une tu voz al himno de los fieles,

¡Y nunca, nunca, comprender anheles

La existencia del mal sobre la tierra!

Madrid, Diciembre, 1835.

 

Mi Musa

. . . . . C’est une fée

Qui lui parle et qu’on ne voit pas.

  1. HUGO.

¡Oh , que en tu aliento espides

Puro aroma de ambrosia,

Ven á verme y no me olvides,

Oh modesta musa mia!

Ven! Mi lira de amada,

Entre el polvo abandonada,

Impaciente espera ya,

Que reveles á mi oido

Lo que es y lo que ha sido,

Y tambien lo que será!

 

Con tus alas cobijaste

Tú la alegre infancia mia :

En mi pecho tú sembraste

La alma flor de poesía.

Tú á mi frente juvenil,

Ceñiste guirnaldas mil

De cipres, de rosa y palma…

¡Oh virgen pura querida!

Tú eres alma de mi vida,

Tú eres vida de mi alma!

 

Como sílfide, mi hermosa

Joven musa virginal,

En el caliz de la rosa,

Y en los átomos se posa

De la niebla matinal.

 

Ya en las cuerdas de mi lira

Caprichosa juguetea :

Ya sonrie, ya suspira,

Y ella es la que me inspira

Cuanto mi alma desea.

 

Como un angel me aparece

En mi amada soledad :

Mi lecho amorosa mece,

Y el vaso en sueños me ofrece

Dó se encierra la verdad!

 

Ya se esconde entre el vapor

Que levanta la laguna;

Ya de un lirio en el olor,

Ya en un suspiro de amor,

Ya en los rayos de la luna.

 

De mi frente en torno vuela,

Y me inunda en claridad :

En mis penas me consuela,

Y su acento me revela

La sublime eternidad.

 

Musa, fuiste para la estrella

Que al marinero guia,

De la virtud en la difícil via

Dirigiendo mi huella.

En mi primera edad, musa querida,

Tu regazo me diste,

Y hermosa siempre y cariñosa fuiste

El angel de mi vida.

¡Cuantas veces el llanto de mis ojos

Tus alas enjugaron,

Y tus caricias místicas templaron

Mis amargos enojos!

Aquel vago pesar que el alma agita

Con inquietos deseos,

Cuando nuestros celestes devaneos

La esperiencia marchita,

Probar me hizo en mis primeros años

La enemiga fortuna,

Y ajaron mis creencias una á una

Funestos desengaños.

¡Oh! cuando al hombre conocí y al mundo,

Cuan llagado, cuan triste,

Quedó mi corazon!… Musa, viste

Mi desmayo profundo.

De hastio entonces y amarguras lleno

Busqué tu halago blando,

Y hallé dulce consuelo reclinando

Mi cabeza en tu seno.

Tu aliento perfumado refrescaba

El ardor de mi frente,

Y mi abatido corazon doliente

Tu amor desamargaba.

Gracias, musa, te doy : si en esta vida,

Disfruté de ventura

Tal vez alguna aurora, á tu ternura,

¡Oh virgen, fué debida!

 

Y, ¡oh! plegue á Dios que hasta la muerte dores

Mi existencia, ¡oh mi puro

Amor primero, que serás, lo juro,

Mis últimos amores!

 

El Cautivo

La luna en mitad del cielo

Vivo rayo destellaba,

Que en las torres se quebraba

Del castillo de Aliatar.

En él un noble cristiano

Tres años ha prisionero,

Con acento lastimero,

Así comienza á cantar :

 

¡Salve, oh luna plateada,

Hechizo del alma mia!

¡Cuan dulce melancolía

Da tu vista al corazon!

¡Oh cuanto ahora que el mundo

En sueño sumido yace,

Tu bella luz me complace

Cuando raya en mi prision!

Aqui en la flor de mi vida,

Vivo apartado del mundo :

, mi infortunio profundo,

Logras sola mitigar.

Oigo por toda armonia

De los vientos el silbido,

Y el monótono bramido

De las ondas de la mar.

¡Oh silencio de la noche!

¡Oh consuelo de mi alma!

¡Cuanto es mas dulce tu calma

Que del sol el resplandor!

Cuantas veces, luna hermosa,

Me viste en mi patria amada

A los pies de mi adorada,

Jurándole eterno amor!

Y cuantas con mis soldados,

En el real campamento,

Despues que al Moro sangriento

Rindió mi lanza en la lid :

O volviendo de las justas

Donde sediento de gloria,

El laurel de la victoria

Ceñí, dichoso adalid.

¡Oh mi Elvira! quien pudiera

Respirar donde respiras!

¡Venturoso el que miras

Con tu dulce sonreir!

Tal vez ora te lamentas

Solitaria y sin consuelo,

Y tus quejas oye el cielo,

Y mi nombre repetir.

Pienso aun ver aquellos dias

Cuando en brillantes torneos,

Estandartes y trofeos

Ponia ufano á tus pies :

Y aun me figuro que el lauro

Por en mi frente relumbra,

Y herido del sol deslumbra

El resplandor de mi arnes.

 

¡Ilusiones! Vanamente

Con vosotras me recreo,

Que en derredor solo veo

Cadenas, luto y horror.

Volad de mí para siempre,

Esperanzas de consuelo :

No ya me quede en mi duelo

Ni aun memoria de mi amor.

¡Mas no! Volved presurosas :

Eternas sed en mi mente,

Y de mi pena inclemente

Los rigores mitigad :

Que solo el dulce recuerdo

De la pasada ventura,

Puede calmar la amargura

De una larga soledad!

Poemas de Eugenio de Ochoa 

A Un Niño

Et revelat ea parvulis.

Duerme ¡oh niño inocente! reclinado

De tu madre en el seno, mientra alado

Angel en torno de tu frente gira :

Y tu profundo sueño, ¡oh mi querido!

Halague el melancólico sonido

De mi enlutada lira!

¡Oh castísima flor! ¡oh esencia pura

 

De candor, de inocencia y de hermosura!

¡Santa paloma! ¡De tu edad temprana,

Hermoso objeto al maternal cariño

Conserve el cielo, delicado niño,

La cándida mañana!

Vive siempre feliz en tu pureza,

Sin que agiten cuidados tu cabeza,

Ni desgarren tu pecho las pasiones,

Ni sufras de la suerte el crudo amago,

Ni sigas nunca el mentiroso halago

De humanas ambiciones.

Que de la vida en el amargo rio,

Mientras naufraga espléndido navío

Que al huracan y al rayo desafia,

Sigue humilde batel, seguro y lento,

Su curso confiado al blando aliento

Que el céfiro le envia.

 

El puro color del cielo

Reflejas, angel de luz,

De tus hermosos ojos

En el sereno azul.

La sonrisa de la aurora,

Mas alegre brilla en ,

Cuando la risa baña

Tu labio de carmin.

Y esa aureola que circunda

Tu cabeza angelical,

Es la que ornó la frente

Del santo de Judá.

¡Vive, vive, niño amado!

¡Brille siempre la virtud

De tus hermosos ojos

En el sereno azul!

 

¡Oh! cuando duermes y tu sueño velan

Los invisibles ángeles que vuelan

En derredor de ,

¿No sientes, díme, perfumada boca

Que blandamente con sus labios toca

Tus labios de rubí?

¿No ves praderas y serenos rios,

Y alcázares de estrellas, y sombrios

Bosques, y flores mil?

¿No ves, oh niño, vírgenes hermosas,

Y entre vergeles de esmeralda y rosas,

Palacios de marfil?

¿No sientes, díme, que á tu oido envia

Torrentes de purísima armonía

Alado serafin,

Y ó bien tu sueño entre sus brazos mece,

O bien despues para jugar te ofrece

Magnífico jardin?

Pues esos bosques sombrios,

Esos campos y esos rios

Son de un mundo superior,

Que tan solo ver consiguen

Los que en vida el brillo siguen

De la estrella del candor.

Los que el mundo abandonaron

Cuando apenas lo miraron,

Tiernos niños, van allí :

Los que fueron virtuosos,

Allí moran venturosos

Entre lechos de alhelí.

¡Oh mi amado! De esa estrella

Sigue siempre la luz bella

Como un astro tutelar,

Que si pierdes su presencia,

Será amarga tu existencia

Como el agua de la mar.

 

no sabes, inocente,

Lo que allá en su pecho siente,

Quien del cielo se olvidó :

Quien de Dios ha blasfemado,

Y viviendo en el pecado,

¡No hay otra vida! » esclamó.

¡ no sabes los pesares

Que se erizan á millares

En su pecho criminal :

Los tormentos que padecen

Y que ni aun desparecen

En la calma sepulcral!

¡Ah! No es su sueño sereno

Como el tuyo, sino lleno

De sangre, espectros y horror :

No ven campos abundosos,

Ni semblantes cariñosos,

Que los miren con amor.

¡Ay tristes! Cual te envidiaran

Si tu sosiego miraran

Y tu dulce sonreir,

Y ese inocente embeleso

Con que parece que un beso

Vas á dar ó recibir!

Ese labio que tu boca

Dulcemente, ¡oh niño! toca,

Es un labio celestial;

Es el labio de MARIA,

Que te guarda noche y dia

Con su manto virginal!

 

¡Pobre niño! Si un momento

De tu lado se apartara

Y te olvidara,

De tu angélico semblante,

¡Oh! cuan pronto volaria

La alegria!

Como lirio deshojado

Que los cierzos desparraman

Cuando braman,

Tal tu cuerpo delicado,

Si te olvida, se veria,

Vida mia!

 

Si te olvida, ¡oh mi querido!

Tu semblante cariñoso,

Tan gracioso,

Fuera en polvo convertido,

Y tu cabellera riza

En ceniza!

 

¡Oh fragante flor del cielo!

Guarde un angel tu existencia

Y tu inocencia,

Bajo su místico velo,

Y tu pureza infantil,

Años mil!

Madrid, Agosto, 1834.

 

El Bien Y El Mal

A La Señora Marquesa De V

Cuando despunta en oriente

Un alba de rosicler,

Y que tiñe, al despertaros,

De nacar y oro la veis,

De vuestro lecho, Señora,

El elegante dosel;

Ya, sacudiendo el letargo,

La tibia alcoba dejeis,

 

Por ver la brillante escena

Del día que va á nacer;

O bien indolentemente,

Aun sonriendo tal vez

A algun delicioso ensueño,

Os volvais á adormecer,

¡Oh! ¿no os parece, Señora,

Que la vida es un gran bien?

 

Cuando á galope tendido

En un fogoso corcel,

Los rizos flotando al aura

Y el largo velo tambien,

Entre el polvo que levanta

Vuestro caballo al correr,

Diana de nuestros dias

La corte española os vé,

Como aquellas que entre nubes

Veia el bardo Escocés,

Fantásticas hermosuras

En las cumbres de Morvén,

O aparicion desprendida

De un lienzo del Veronés;

¡Oh! ¿no os parece, Señora,

Que la vida es un gran bien?

 

Cuando en un palco, prendida

Como la hija de un rey,

Reclinada en terciopelo,

Ceñida en flores la sien,

Escuchais las armonías

De Bellini y Meyer Beer,

Al lado de vuestra hija,

Preciosa niña, en quien veis

La flor de vuestra hermosura

En su cáliz renacer:

Y cuando todo os anuncia

Que venturosa tambien

Será esa niña en el mundo,

Como en florido vergel,

¡Oh! ¿no os parece, Señora,

Que la vida es un gran bien?

 

Cuando en un baile, á la luz

De cien lámparas y cien,

Iman de los corazones,

Mil galanes atraeis:

Cuando en la danza ligera

Vuestro breve y blanco pie,

Una á una deshojando

Va las rosas del placer:

 

Cuando veis que para vos

Este mundo es un Eden;

Que el porvenir os sonrie,

Que vuestro destino es ver

Solo semblantes amigos,

Y oir palabras de miel,

¡Oh! ¿no os parece, Señora,

Que la vida es un gran bien?

Mas cuando ruge en diciembre

Horrorosa tempestad,

Y pensais que hay navegantes

Perdidos en alta mar!

Cuando sopla por las calles

Punzante frio letal,

Y pensais que hay infelices

Desnudos y sin hogar!

Cuando su esposa y sus hijos

Al pobre le piden pan,

Y él no tiene pan que darles

Ni esperanza de ganar,

Y el hambre de su familia

Lo impele al crimen quizá,

¡Oh! ¿no os parece, Señora,

Que la vida es un gran mal?

Cuando, cual blanca mortaja,

Cubre la inmensa ciudad

Densa escarcha, y entre niebla,

Cual lámpara funeral,

El sol de enero derrama

Cenicienta claridad,

Si en vuestro coche, cerradas

Las ventanas de cristal,

Embozada en ricas pieles

A lo lejos divisais

Un hombre, cuyo semblante

Revela acerbo penar,

Que ronda desesperado

Las orillas del Canal,

¡Oh! ¿no os parece, Señora,

Que la vida es un gran mal?

Cuando pensais que do quiera

Que el hombre llegue á habitar,

 

Ha de haber forzosamente,

¡Horrible necesidad!

Bajo el suelo un cementerio,

Sobre el suelo un hospital!

Cuando una voz en la calle

Ois que diciendo va:

¡Para hacer bien por el alma

Del que van á ajusticiar! »

Cuando veis con amargura,

Sin poderlas remediar,

Las úlceras que corroen

La faz de la sociedad,

¡Oh! ¿no os parece, Señora,

Que la vida es un gran mal?

 

Cuando veis como se lleva

Las flores el huracan;

Que es ilusion la hermosura,

Las grandezas, vanidad!

Que el hombre, fantasma errante,

Pasa para no tornar;

Que de la cuna al sepulcro

En pocos momentos va,

Y que olvida el insensato

Que Dios tiene un tribunal,

Y que sus castigos duran

Por toda una eternidad!

Cuando pensais en la muerte

Y en lo que habeis de dejar,

¡Oh! ¿no os parece, Señora,

Que la vida es un gran mal?

 

Esas amargas ideas,

Señora, no desdeñeis:

Esas ideas son dignas

Del alma de una muger.

Gozad, gozad de la vida,

Que esa vuestra suerte es,

De esta vida en que mezclados

Siempre van el mal y el bien.

Gozad, Señora, gozad:

Felice, Señora, sed,

Pero en severas verdades

Meditad alguna vez.

Pensad en los que han perdido

Con la esperanza, la fe;

 

En los huérfanos espuestos

Del destino á la merced:

La meditacion del mal

Enseña á apreciar el bien.

 

Los pensamientos sombríos

Que el alma llenan de hiel,

Y en el festin de la vida

Nos hacen estremecer:

Que cubren de pronto el rostro

De una mortal palidez,

Y hielan en nuestros labios

La sonrisa del placer,

Son la terrible sentencia

Que vió aquel antiguo rey,

Con caracteres de fuego

Esculpida en la pared.

Son lecciones con que Dios

Nos anuncia que, despues

De esta vida mundanal,

Hay otra vida tambien,

Donde nunca enturbia el mal

La eterna fuente del bien.

Madrid, Octubre 1837.

 

A Fernando M.

Estaba ayer, Fernando, el valle tan sereno,

El ambiente de aromas y armonías tan lleno,

Que involuntariamente de mi estancia salí

Ansioso de gozarlos á todo mi placer.

Dos horas por el campo sin parar discurrí

Engolfado en sentir, en meditar y ver.

 

Una estraña ilusion hirió entonces mi mente.

Parecióme, Fernando, que á todo de repente,

Desde el mayor objeto al objeto menor,

Una misma alma amante comenzó á animar.

La montaña decia : ¡Oh cuan linda es la flor!

El mosquito decia : Cuan hermoso es el mar!

Enghien, Setiembre, 1840.

 

Culpa Y Castigo

Y ansi la felicidad injusta es rosa breve y flor

que á vuelta de ojo se marchita.

Fr. Luis de Leon.

Vuela, vuela, mi caballo,

Vuela, vuela, mi alazan,

Como el soplo de los vientos,

Cual relámpago fugaz.

Ya ha escondido el sol su carro

En las ondas de la mar,

Y las sombras de la noche

Cielo y tierra cubren ya.

Te prometo si me llevas

Con toda velocidad,

Doble racion y dejarte

Por todo un mes descansar.

Te prometo una gualdrapa

Rica como un manto real,

Y para el primer torneo

Un magnífico pretal,

Porque mi Leonor me espera

Y ausente su esposo está,

Y puede tornar en breve

A su castillo feudal.

Ya sus almenas descubro

Allá entre la oscuridad,

Y mi amante corazon

Latiendo en mi pecho va.

Leonor impaciente acaso

Maldice tanto tardar…

Vuela, vuela, mi caballo,

Vuela, vuela, mi alazan.

 

El que á una cita de amor

Llega tarde,

Y hace que su dama aguarde,

Aunque en linage y valor

Sobrepuje al rey don Juan,

Y aunque galan,

Perderá tiempo y afan.

El que sabe que es querido

Con ardor

Y falta á citas de amor,

Diciendo luego que ha sido

Por culpa de su alazan,

Aunque galan,

Perderá tiempo y afan.

Y aunque corone su frente

De laurel

El que á su dama es infiel,

Y aunque sea mas valiente

Que el vencedor de Roldan,

Y aunque galan,

Perderá tiempo y afan.

El que ó muy tímido ama

O indiscreto

Ni sabe guardar secreto,

Ni declararse á su dama

Por miedo de algun desman,

Aunque galan,

Perderá tiempo y afan.

Bizarro y joven en vano

Será un hombre;

Tendrá en vano ilustre nombre

Si en amores es liviano,

Porque las damas dirán:

Es galan,

Mas pierde tiempo y afan. »

 

La condesa Leonor así cantaba

Una noche en que, ausente su marido

Impaciente aguardaba

A su galan querido.

Su profunda mortal melancolía,

La lánguida espresion de su mirada,

Todo en ella decia

Que estaba enamorada.

De sus ojos azules como el cielo

Humedecia las pestañas largas,

Un trasparente velo

De lágrimas amargas.

Porque al ver que su amante no venia

Y que estaba ya oscuro el firmamento,

Su pecho entristecia

Fatal presentimiento.

Leve ropage cándido de lino

Mal del nocturno ambiente la guardaba.

Junto al tronco de un pino

En pie temblando estaba.

 

Con ambas manos, de la brisa aguda

Que por las secas ramas discurria,

Su garganta desnuda

Tiritando cubria.

Sobre su frente pálida ondeaban

Los rizos de su larga cabellera :

Sus labios murmuraban

Plegaria lastimera.

¡ Profanacion ! insensatez ! agravio !

Remedo infiel de un corazon contrito !

La oracion en el labio

Y en el pecho el delito !

 

Pronto el galope ligero

De un alazan escuchó,

Y á su galan caballero

Todo cubierto de acero,

En sus brazos estrechó.

La noche estaba serena,

Tan serena como fria :

Brillaba la luna llena…

Cercana floresta amena

Sombra y misterio ofrecia.

 

Lentamente á la espesura

Lleva el galan á su amada,

Aunque resistir procura,

Ceñida por la cintura

Y en su brazo reclinada.

Luego un suspiro se oyó,

Y entre las ramas un bulto

De humana forma pasó :

Luego inmovil se quedó

Entre las ramas oculto.

¡ Era un anciano ! el marido

De la culpada Leonor !

En secreto prevenido

Del ultraje hecho á su honor,

En el bosque se ha escondido.

Terrible resolucion

Revuelve en su corazon :

Pero en su esposa confia…

La idolatra, y todavia

No puede creer su traicion.

Aguarda… cada momento

Es un siglo para él…

Mas ve á Leonor y al doncel…

No bebió sin fundamento

De la sospecha la hiel !…

Fuego sus ojos lanzaban

Cuando en Leonor desleal

Y en su galan se fijaban :

Entre sus manos brillaban

Un venablo y un puñal.

 

En tanto el joven gallardo

Estaba su amor bastardo

Encareciendo á su bien…

Cuando le atraviesa un dardo

De parte á parte la sien !

Como, perdido el matiz,

Se dobla pisada flor,

Dobla el joven la cerviz…

Llora por ese infeliz,

Y por ti tambien, Leonor !…

 

Al tibio rayo de sangrienta luna,

Se divisaba lóbrega laguna

Que forma al norte el foso del castillo :

Sus aguas tristemente negreaban ;

Las estrellas en él se reflejaban

Con macilento brillo.

¡ Silencio sepulcral ! ¿ Mas cual sonido

Le viene á interrumpir ? Se oye un jemido :

Luego un cuerpo cayendo el lago agita ;

Un cuerpo armado es, inerte, yerto ..

Luego otro cuerpo cae, pero no muerto,

Pues forcejea y grita !. .

 

Perezca la esposa infiel

Que mancilla el limpio honor

De su señor !

Perezca el traidor doncel

Que á hermosa agena señora

Enamora ! »

Así el anciano esclamaba,

Y la vista alzaba al cielo

Sin consuelo :

Luego al lago la bajaba,

Y con horrible alegría

Sonreia !

 

El Pescador

Al rayo de la luna,

El pescador Anfriso

Cruza en su barca leve

El Betis cristalino.

Las auras mansamente

Con lánguido suspiro,

De su melena agitan

Los largos, negros rizos.

De amor la hermosa estrella

De en medio el puro Olimpo,

Destella en la corriente

Su delicado brillo.

Deslízase ligera

Sobre el sereno rio

La barca, al blando impulso

Del remo sacudido :

Y mientras va cruzando

El Betis cristalino,

Cantando va de amores

El pescador Anfriso.

Voga, voga, mi amada barquilla,

A la orilla condúceme ya ;

Voga y cruza la rauda corriente,

Que impaciente mi Elisa estará.

Pescadora

Muy mas bella

Que la estrella

Del amor,

Al cariño

Sé constante

De tu amante

Pescador.

Voga, voga, mi amada barquilla,

A la orilla condúceme ya ;

Voga y cruza la rauda corriente,

Que impaciente mi Elisa estará.

La luz pura

De tus ojos,

Mis enojos

Templará :

De tu acento

La dulzura,

Mi tristura

Calmará.

Voga, voga, mi amada barquilla,

A la orilla condúceme ya ;

Voga y cruza la rauda corriente,

Que impaciente mi Elisa estará. »

Y con su barquilla

Anfriso á la orilla

Afanoso tiende,

Y las olas hiende

La sonante quilla.

La luz que destella

De Venus la estrella,

Descubre al amante

La choza distante

De su amada bella.

Voga, voga, mi amada barquilla,

A la orilla condúceme ya ;

Voga y cruza la rauda corriente,

Que impaciente mi Elisa estará.

Esa estrella,

Vida mia,

Que me guia

Con su albor,

Que tan viva

Luz destella,

 

Es la estrella

Del amor.

Voga, voga, mi amada barquilla,

A la orilla condúceme ya ;

Voga y cruza la rauda corriente,

Que impaciente mi Elisa estará.

Esa estrella

Me encamina,

¡ Oh divina

Elisa á tí !

A tí, Elisa,

Mas hermosa

Que una diosa

Para mí.

Voga, voga, mi amada barquilla

A la orilla condúceme ya ;

Voga y cruza la rauda corriente,

Que impaciente mi Elisa estará. »

Elisa á su adorado

En la ribera aguarda,

Y él su barquilla leve

En la margen amarra.

Para ayudar á Anfriso

A que del bote salga,

Sus blancos brazos tiende

La hermosa enamorada,

¡ Mas ay ! entre los juncos

Su pie desliza… el agua

Del sosegado rio

Su hermoso cuerpo traga.

Detras al punto el joven

Frenético se lanza,

Y ora aparecen, ora

Juntos al fondo bajan.

Brilla la luna en tanto

Serena, hermosa y clara,

Y sobre el manso rio

Su pura luz resbala.

Escarpada es la orilla…

La mar está cercana…

Fatídicos graznidos

El triste buho lanza…

 

La mar en breves horar,

Al retirar sus aguas,

Dos cuerpos abrzados,

Depositó en la playa.

 

Melancolia

La fleur de ma vie est fanée !

MILLEVOYE.

 

La luna entre negras nubes

Su disco argentado oculta,

Y á los montes y á los valles

Desciende espesa la lluvia.

Las aves el blando nido

De pajas y leves plumas,

Cobijando sus polluelos,

Despavoridas ocupan.

¡ Qué horror ! en los hondos bosques

Cercano el trueno retumba,

 

Y el huracan en los montes

Troncha la encina robusta.

El rayo la opaca esfera

De lívida luz inunda,

Y con horrísono estruendo

Los torrentes se derrumban

¿Será que con voz de trueno

El gran Padre del altura,

De cielo y tierra, en sus iras,

La ruina cercana anuncia?

Mas no, que ya lentamente

Calma del viento la furia,

Y entre las rasgadas nubes

Se ostenta hermosa la luna.

Y pronto alegres las aves

La nueva aurora saludan,

Y los limpios arroyuelos

Entre espadañas murmuran.

Ya el sol el rosado oriente

Con tímido rayo alumbra,

Y del pasado letargo

Despierta hermosa natura.

Yo solo, infeliz, ludibrio

De la enemiga fortuna,

Al pesar que me devora

No encuentro consuelo nunca.

¿Qué importa á mi triste pecho

Que horrible tormenta cruja,

O que la aurora á los campos

Sus colores restituya,

Si las mudanzas del tiempo

No mis lágrimas enjugan,

Ni con bálsamo apacible

Mi acerbo dolor endulzan?

En vano el brillante dia

Cuando magnífico luzca,

Dará á las húmedas plantas

Y á los bosques su verdura;

En vano, que no en mi alma

Hará que calme la angustia,

Ni que del dolor el ceño

Descoja mi frente adusta.

Los que las pintadas aves

Sabrosos cantos modulan:

El eco apacible y blando

Del arroyo en la espesura:

Tus bellos rayos, Lucina,

Cuando en las olas fluctuan,

Y el amante cefirillo

Que entre las flores susurra,

 

Iguales son para mi,

Y aun menos tal vez me gustan

Que el elocuente silencio

De las tristes sepulturas.

Allí con su aspecto nadie

Mis meditaciones turba,

Ni de los hombres me aflije

La sociedad importuna.

Las frias brisas sonoras

Entre los sauces circulan,

Y oigo en ellas una voz

Amiga que me saluda.

Nadie mis pasadas dichas

Me recuerda con las suyas

Allí ! de afliccion y muerte

Solo emblemas me circundan.

Oh muerte ! muerte ! oh sereno

Puerto ! soledad augusta !

Ojalá pronto á tu paz

La tempestad me conduzca !

Sí, bella Laura : mi pecho

Arido ya, solo busca

En vez de agitadas dichas,

El reposo de la tumba.

Tú, hermosa, la suerte mia

Tal vez cariñosa endulzas,

Y de mis ojos el llanto

Con cándida mano enjugas.

De mis tristezas la causa

Compasiva me preguntas,

Y te admira mi silencio…

Mas ¿ la sé yo por ventura ?

¡ Ese es mi mayor tormento !

No saber en qué se fundan

Este hondo abatimiento,

Esta desazon profunda,

Estas ansias que me ahogan,

Este aguijon que me punza

Las entrañas, siempre, siempre,

Sin causa á que lo atribuya !…

Ver sin poder remediarlo

Que el padecimiento es una

Condicion de mi existencia,

Y que lo es sin mi culpa !…

Que sufro, como las flores

Espiden fragancias puras,

Como las aves gorgean,

Como las aguas fluctuan,

Como del sembrado surco

Brota la espiga fecunda,

 

Como en las feraces selvas

Las enramadas se cruzan ;

Como fluyen las corrientes,

Como los astros alumbran,

Como se siguen los dias,

Como los afectos mudan !

Oh Laura ! tú mi existencia

Cubrir de flores procuras,

Angel ! y aliviar el peso

De la afliccion que me abruma ;…

— En vano ! que cuando el hado

Allá en sus leyes ocultas,

A ser infeliz á un hombre

Condenó desde la cuna,

No tolera que ninguno

Lo que él decretó destruya,

Y es poderoso el destino

Y al universo subyuga.

Si desque nací, las iras

Probé de la suerte injusta,

Y hasta las heces el caliz

Apuré de la amargura,

¿Qué quieres, oh Laura ? Deja

Que mi destino se cumpla,

Y que el abril de mi vida

Solitario se consuma.

Sé feliz ; todo en la vida

Felicidades te anuncia :

Yo nací para sufrir….

Déjame, Laura, que sufra !

Solo te pido que un dia,

( Pronto será ! ) cuando en muda

Soledad, mi cuerpo helado

La tierra por siempre cubra,

De mí te acuerdes, hermosa,

Y ramas, y flores mustias,

Y una lágrima derrames

En la losa de mi tumba !

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