Poemas de Tibulo (poeta romano)

Tibulo

Albio Tibulo fue uno de los máximos exponentes de la elegía amorosa latina. Su obra destaca por un tono melancólico y un estilo de gran pureza y elegancia. A diferencia de otros, los poemas de Tibulo rechazan la gloria militar y la riqueza, defendiendo el ideal de una vida sencilla en el campo.

Sus poemas giran en torno al amor por Delia y Némesis, la paz del mundo rural (locus amoenus) y un profundo rechazo a la guerra, posicionándose como un espíritu sensible que busca la felicidad en la intimidad y la naturaleza.

Jóvenes, Amad a las Piérides y a los Doctos Poetas…

Jóvenes, amad a las Piérides y a los doctos poetas,

y no sobrepujen a las PIérides presentes de oro.

Por el canto es púrpura la cabellera de Niso: si no existieran cantos

no brillaría el marfil en el hombro de Pélope.

A quien canten las Musas, vivirá mientras la tierra, robles,

mientras el cielo, estrellas, mientras el torrente, aguas tenga.

Pero quien no oye a las Musas, quien vende el amor,

que ése siga el carro de Ope, la del Ida,

y que recorra en sus vagabundeos trescientas ciudades

y se corte los viles miembros entre tonadas frigias.

Venus misma desea que haya sitio para ternuras; ella favorece

a suplicantes quejas, a míseros llantos.

Elegías, libro I, elegía IV, vv. 61-72.

 

Pieridad, Chicos, Aprenden y Aman a los Poetas…

Pieridad, chicos, aprendan y amen a los poetas,

ni los dones dorados de la Pieridad pueden superarlos.

Es púrpura en el canto, a menos que su cabello: si no hubiera canciones,

el marfil no habría brillado desde el hombro de Pélope.

A quien las Musas lleven, vivirá, mientras la tierra se fortalezca,

mientras el cielo brille, mientras el río lleve aguas.

Pero quien no escucha a las Musas, quien vende amor,

que ese carro ideo siga a Opis

y llene trescientas ciudades de errores

y corte los viles miembros de los frigios.

Venus misma busca un lugar para la adulación: prefiere las quejas, las súplicas y las lágrimas miserables.

Tibulo Albio, Libro I, IV, 61-72.

 

De Nada me Sirven mis Elegías, ni Apolo, el Inspirador de mi Canto…

De nada me sirven mis elegías, ni Apolo, el inspirador de mi canto:

Aquella siempre reclama oro con mano sin fondo

Eso es lo que leéis, Musas, si no ayudáis a lo que amáis:

No os honro desde el fin del cual cantáis guerras,

no cuento los cursos del Sol, ni conozco la Luna.

Cuando terminó su viaje, regresó, dando una vuelta a sus caballos;

busco accesos fáciles a mi dueña a través de mis poemas:

Eso leo, Musas, si no valéis nada.

Elegías, libro II, Elegía IV, vv. 13-20.

 

Ni el Profesional Elegido ni el Autor de Canciones, Apolo…

Ni el elegido ni el autor del poema, Apolo:

Ella exige que el precio se pague hasta la palma de la mano.

Váyanse lejos, Musas, si no benefician a mi amante:

No las adoro para que se canten guerras,

ni cuento los caminos del Sol ni qué clase de mundo es,

cuando ha completado su órbita, la Luna regresa en sus caballos.

Busco un fácil acceso a mi amante a través de la poesía:

Váyanse lejos, Musas, si estas cosas no sirven de nada.

Tibulo Albio, Libro Segundo, IV, 13-20.

Tibulo

La despedida de Mesala

«Iréis sin mí, Mesala, a través de las olas del Egeo, acordándoos, ojalá, tú y tu séquito de mí. Me retiene enfermo Feacia de desconocidas tierras, aparta, Muerte negra, ahora tus ávidas manos. […] Entonces como estés, desordenada tu larga cabellera, corre a mi encuentro, Delia, con tu pie descalzo. Esto pido, que aqueste radiante día la Aurora nos traiga resplandeciente en sus caballos color de rosa».

 

El ideal de vida sencilla

«Que otro acumule para sí tesoros de amarillo oro y posea muchas yugadas de tierra cultivada… A mí, que mi pobreza me lleve a una vida tranquila, mientras mi hogar brille con fuego constante.»

«¡Pueda contemplarte cuando me llegue la hora suprema, pueda cogerte al morir con mano cada vez más débil! Llorarás, Delia, y a mí, tendido en un lecho a punto de arder, me darás besos mezclados con tristes lágrimas.»

 

Contra la guerra

«¿Quién fue el primero que inventó las horribles espadas? ¡Qué feroz y verdaderamente de hierro era aquel! Entonces nacieron las matanzas del género humano, entonces las guerras, y se abrió un camino más corto hacia la muerte cruel«.

Publicar comentario