Poemas de Marcial (poeta romano)

Marcial

Poemas de Marcial, poeta latino del siglo I d.C., es célebre por sus Epigramas, breves composiciones que retratan con agudeza la vida cotidiana, los vicios sociales y las costumbres de Roma.

Con estilo mordaz, humor punzante y lenguaje directo, criticó la hipocresía, la vanidad y la corrupción, pero también celebró placeres sencillos y amistades sinceras.

Su obra combina sátira y elegancia, convirtiéndose en testimonio vívido de su época y en modelo de ingenio literario para generaciones posteriores.

Los Dientes de Tais y Lecania

Tais tiene los dientes negros,

Lecania blancos como la nieve.

¿Cuál es la razón? Ésta tiene unos comprados,

aquélla los suyos.

 

Nadie te Escribe, Fausto

No sé por qué escribes,

Fausto, a tantas chicas;

sé por qué ninguna

chica te escribe a ti.

 

Dame lo que deseo, Marón

No me das nada en vida;

dices que me lo darás

después de tu muerte.

Si no eres un estúpido,

sabes, Marón, qué deseo.

 

¿Es el poema del autor o del lector, fidentino?

El librito que lees en público,

Fidentino,

es mío:

pero cuando lo lees mal,

empieza a ser tuyo.

 

Los libros del poeta Pontiliano

¿Por qué no te envío,

Pontiliano,

mis libritos?

Para que tú, Pontiliano,

no me envíes los tuyos.

 

Mi finca de Nomento

¿Me preguntas, Lino,

qué me produce mi finca de Nomento?

Esto me produce:

el no verte, Lino.

 

Promesas vanas de Gelio/Polión

Todo prometes cuando has bebido

durante toda la noche.

Por la mañana no das nada.

Gelio, bebe por la mañana.

 

Gala, prometes, pero no cumples

Nunca das, siempre prometes, Gala,

cuando te suplico.

Si siempre engañas,

te lo suplico, Gala,

di que no.

 

Filón nunca cena

Filo jura que nunca ha cenado en su casa,

y así es:

todas las veces que no le invita nadie,

no cena.

 

Los elogios de Calístrato

Para no alabar a los que lo merecen,

Calístrato alaba a todos.

Para quien nadie es malo,

¿quién puede ser bueno?

 

El culo de Névolo

Cuando a tu esclavo le duele el miembro viril,

a ti, Névolo, te duele el culo;

no soy adivino,

pero sé lo que haces.

 

Demasiados amantes

Tienes treinta muchachos jóvenes

y otras tantas muchachas:

tu miembro viril es el único y no funciona.

¿Qué harás?

 

Una nariz enorme

Tienes un miembro viril

tan grande como tu nariz,

de forma que,

cada vez que entra en erección,

puedes olerlo.

 

La nariz de Tongiliano

Tongiliano tiene una nariz.

Lo sé, no lo niego.

Pero

Tongiliano ya no tiene nada,

salvo nariz.

 

Zoilo el vicioso

Miente el que te llama vicioso, Zoilo.

No eres un hombre vicioso, Zoilo,

sino el vicio mismo.

 

No te quiero, Sabidio

No te amo, Sabidio,

y no puedo decirte por qué.

Solamente puedo decir esto:

no te amo.

 

Emiliano el pobre

Siempre serás pobre,

si pobre eres, Emiliano.

Ahora las riquezas no se ofrecen a nadie,

sino a los ricos.

 

Diaulo el médico

Hace poco Diaulo era médico,

ahora es sepulturero:

lo que hace el sepulturero,

lo hacía también el médico.

 

Tuca, lector interesado

Exiges que te dé, Tuca,

mis libritos.

No lo haré,

pues quieres venderlos, no leerlos.

 

Cástor, el derrochador

Compras todo, Cástor.

Así ocurrirá,

que todo venderás.

Marcial

La fama poética de Marcial

Mi querida Roma alaba, desea, celebra mis libritos,

me guardan todos los bolsillos, todas las manos.

He aquí que alguien enrojece, palicede, queda atónito, bosteza, odia.

Esto es lo que quiero: ahora me gustan mis versos.

 

Los dientes de Elia

Si recuerdo bien, tenías, Elia, cuatro dientes.

Una primera tos te echó dos y otra otros dos.

Ya puedes toser tranquila durante días enteros.

Una tercera tos no tiene nada que hacer ahí.

 

Fábula, la presumida

Eres bonita, lo sabemos, y joven, es cierto,

y rica, ¿quién puede, pues, negarlo?

Pero cuando te alabas en exceso, Fábula,

no eres ni rica, ni bonita, ni joven.

 

Basa, la presumida

Dices que eres hermosa,

dices, Basa, que eres joven.

Eso suele decir, Basa,

la que no lo es.

 

Los versos de Cinna

Dicen que Cinna escribe unos pequeños versos contra mí.

No escribe aquél cuyos versos nadie lee.

 

Las riquezas de Cándido y su esposa

Tú solo tienes tierras y tú solo, Cándido, dinero;

tú solo tienes monedas de oro, sólo tú tienes vasos de múrrina.

Tú solo tienes todo esto. Pero a tu esposa la tienes en común con todo el mundo.

 

Tal para cual

Siendo tan semejantes en lo que respecta a la vida,

la peor de las esposas, el peor de los maridos,

me asombra que no estéis bien de acuerdo.

 

Lesbia la promiscua

Lesbia jura que nunca ha sido jodida gratis.

Es verdad. Cuando quiere ser jodida, suele pagar.

 

Gelia y sus amantes eunucos

¿Preguntas por qué tu querida Gelia

solamente tiene a su servicio a eunucos?

Quiere ser jodida

y no tener hijos.

 

Los epigramas de Marcial

Los epigramas que aquí lees son buenos,

algunos medianos

y la mayoría son malos:

no se hace de otro modo,

Avito, un libro.

 

Filero y sus viudas

Ya ha sido enterrada por ti en el campo,

Filero, la séptima mujer.

A nadie, Filero,

le produce más que a ti el campo.

 

Matrimonio interesado de Gemelo

Gemelo aspira a casarse con Maronila

y está ansioso e insta y suplica y regala.

¿Hasta tal punto es hermosa? Al contrario, no hay nada más feo.

¿Qué se busca, pues, y agrada en ella? Tose.

 

Las lágrimas de cocodrilo de Gelia por su padre

No llora Gelia la pérdida de su padre, cuando está sola.

Si alguien está presenta, le caen unas lágrimas provocadas voluntariamente.

Todo el que busca ser alabado, Gelia, no se lamenta.

Sufre de verdad el que sufre sin testigos.

 

Las lágrimas de cocodrilo de Gelia por su marido

Lamentas, Gala, en tinieblas la muerte de tu marido,

pues te da vergüenza, creo yo, llorar a tu esposo.

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