Declaración — Antonio Arnao

No lo puedo negar: tu gentileza,
tu espléndida belleza,
conquistan por doquier flores y palmas,
pues el oro que forma tu cabello
hirió no pocas almas,
y tu mirar de límpido destello
y tu rostro de aurora sonrosado
corazones sin fin han cautivado.
Yo admiro tu beldad; pero si piensas,
al verme indiferente,
que ya mi corazón no late ardiente,
la yerras, a fe mía,
pues con pasión profunda y generosa
prosternado a tus pies te adoraría,
si fueras tan humilde como hermosa.