Los cinco mejores poemas de Salvador Rueda
Fecha de nacimiento: 2 de diciembre de 1857.
Fecha de muerte: 1 de abril de 1933.
Biografía: Salvador Rueda fue poeta y periodista malagueño, precursor del modernismo español. Autodidacta y profundamente unido a la naturaleza andaluza, Salvador Rueda destacó por el color, la musicalidad, el ritmo y la sensualidad de sus versos.
1. La sandía
Idea principal del poema: Salvador Rueda convierte el corte de una sandía en un espectáculo de luz, color y movimiento. La fruta cotidiana se transforma en llamarada, boca jubilosa y círculo de lunas rojas, ejemplo perfecto del colorismo sensorial del poeta.
Cual si de pronto se entreabriera el día
despidiendo una intensa llamarada,
por el acero fúlgido rasgada
mostró su carne roja la sandía.
Carmín incandescente parecía
la larga y deslumbrante cuchillada,
como boca encendida y desatada
en frescos borbotones de alegría.
Tajada tras tajada, señalando
las fue el hábil cuchillo separando,
vivas a la ilusión como ningunas.
Las separó la mano de repente,
y de improviso decoró la fuente
un círculo de rojas medias lunas.
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2. La cigarra
Idea principal del poema: Salvador Rueda presenta a la cigarra como una antigua maestra de poesía y armonía. Su canto concentra la energía abrasadora del verano y simboliza al artista que consume su existencia celebrando apasionadamente la belleza.
Silencio; es la cigarra, la doctora,
la que enseñó a Virgilio la poesía
y dio a las viñas griegas su armonía
cual bordón inmortal de luz cantora.
Aún pasa con su lira triunfadora
ardiendo en entusiasmo y energía;
encerrado en sus élitros va el día,
escuchad su canción abrasadora.
Ser en la roja siesta enardecido,
es un ascua del sol hecha alarido
que a su propio calor fundirse quiere.
Quema al cantar su real naturaleza,
canta por el amor a la belleza,
canta a las almas, y cantando muere.
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3. El ave del paraíso
Idea principal del poema: Salvador Rueda describe el ave como una criatura fantástica formada por luz, música y colores. Su plumaje supera la apariencia natural y se convierte en una explosión de belleza, alegría y movimiento.
Ved el ave inmortal, es su figura;
la antigüedad un silfo la creía,
y la vio su extasiada fantasía
cual hada, genio, flor o llama pura.
Su plumaje es la luz hecha locura,
un brillante hervidero de alegría
donde tiembla la ardiente sinfonía
de cuantos tonos casa la hermosura.
Su cola real, colgando en catarata;
y dirigida al sol, haz que desata
vivo penacho de arcos cimbradores.
Curvas suelta la cola sorprendente,
y al aire lanza cual tazón de fuente
un surtidor de palmas de colores.
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4. Estambres y pistilos
Idea principal del poema: Salvador Rueda contempla la reproducción de flores, plantas y animales como una secreta celebración amorosa. La naturaleza aparece llena de fecundidad y de sonidos imperceptibles que forman un inmenso concierto universal.
Bajo el velo del agua transparente
impregnada de rayos luminosos,
estambres y pistilos pudorosos
se citan, para amarse, en el ambiente.
Atravesando el líquido luciente
asómanse los tallos amorosos,
y a los himnos del viento rumorosos
los desposa la luz resplandeciente.
A la vez en las frondas escondidos,
cuántas dulces escenas misteriosas
entre los bosques formarán los nidos.
El lento desplegarse de las rosas,
el crujir de los granos, los latidos…
¡Oh concierto invisible de las cosas!
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5. El cisne
Idea principal del poema: Salvador Rueda convierte al cisne en símbolo de pureza, armonía y espiritualidad. Su blancura, descrita mediante imágenes religiosas, representa una belleza perfecta que eleva el alma y parece intocable incluso para los colores del arcoíris.
Visión impecable de nácar riente,
ara de alabastro y hostiario viviente,
cisne, frágil arco de la idealidad;
alma que desfila bajo de tu cuello
digna es del gran triunfo de gozar lo bello
y del sol que alumbra la inmortalidad.
Sagrario que viertes pulcritud divina,
filtro idealizado de luz cristalina,
de las fuentes triste clarificador;
tu lección de blanco, viste de pureza,
viste armonía, viste de belleza,
y abre castas risas de bondad y amor.
Tu blancor teológico lava de pecado,
y, oración de plumas, tu ropón nevado
habla de una eterna casta religión:
la que da a las almas la naturaleza,
la que da alegría, la que da belleza,
la que de blancuras viste la ilusión.
Gracia de los cielos en tus plumas llueve,
en tus plumas hechas de oración y nieve,
que a la boca invitan cual para rezar;
hecho tu plumaje de altos resplandores,
no está profanado ni por los colores
y su luz ni el iris se atreve a tocar.
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