Poemas de Coluto (poeta griego)

Coluto

Poemas de Coluto de Licópolis (siglo V-VI d.C.), poeta épico griego activo durante el reinado del emperador Anastasio I. Su única obra conservada, «El rapto de Elena» (Harpage Helenes), es un breve poema de 392 versos que narra el juicio de Paris y la huida de Elena hacia Troya.

Destaca por su estilo refinado, influenciado por la métrica de Nono de Panópolis, y su enfoque en el patetismo sentimental.

El Rapto de Helena (fragmentos)

Cantemos la aurora de Grecia,

cuando los dioses urdieron destino,

la belleza de Helena brillaba,

como fuego en mármol divino.

 

Zeus la miró desde el cielo,

y los mortales temblaron de amor,

su rostro era lámpara pura,

su paso un relámpago en flor.

 

En Esparta reinaba Menelao,

orgulloso de esposa tan bella,

mas la fama cruzaba los mares,

y París soñaba con ella.

 

El juicio de diosas ardía,

discordia sembró la manzana,

Afrodita ofreció recompensa:

la mujer más hermosa y humana.

 

París aceptó tal promesa,

y navegó con ansias de fuego,

su corazón ardía en deseo,

su destino marcado sin ruego.

 

Llegó a Esparta con dones,

con palabras dulces y suaves,

Helena escuchó fascinada,

como brisa que rompe las llaves.

 

Los dioses tejían la trama,

Eros lanzaba su flecha,

la reina dudaba en silencio,

su alma se tornaba deshecha.

 

Menelao partió a Creta,

dejando su casa sin guardia,

París aprovechó la ausencia,

y el rapto se volvió su hazaña.

 

Helena miró las naves,

el mar la llamaba con canto,

sus ojos brillaron de dudas,

mas cedió al ardor y al encanto.

 

Partieron al alba secreta,

las velas besaban el viento,

Esparta quedaba en la sombra,

y el mundo cambió en un momento.

 

Las olas rugían de furia,

Poseidón miraba el viaje,

mas Afrodita sonreía,

protegiendo el furtivo pasaje.

 

Helena lloraba en la nave,

su patria quedaba distante,

París la tomaba en sus brazos,

jurando un amor desbordante.

 

Los dioses reían en coro,

pues sabían la guerra cercana,

un rapto sería la chispa,

que incendiaría toda la Hélade.

 

En Troya la recibieron,

como joya de oro y de luz,

los muros brillaron de gozo,

mas el destino era una cruz.

 

Casandra gritaba su pena,

profetisa de sombras y llanto,

nadie escuchó su advertencia,

y el futuro se alzó como espanto.

 

Menelao volvió de su viaje,

y halló su palacio vacío,

la furia encendió su pecho,

como hierro en fragua tardío.

 

Corrió a su hermano Agamenón,

clamando justicia y venganza,

los reyes de Grecia escucharon,

y juraron la guerra sin tardanza.

 

Ulises tejía palabras,

Néstor aconsejaba prudencia,

mas todos alzaron las lanzas,

con la sangre como sentencia.

 

Mil naves surcaron el Egeo,

como enjambre de fuego y acero,

Grecia marchaba a la guerra,

por Helena, su causa y su celo.

 

En Troya París la abrazaba,

orgulloso de su conquista,

mas la sombra de Aquiles crecía,

como trueno que nunca desista.

Coluto

Los dioses se dividieron,

unos con Grecia, otros con Troya,

el Olimpo ardía en disputa,

como llama que nunca se ahoga.

 

Helena tejía en silencio,

mirando la guerra nacer,

su belleza era maldición,

su destino no podía volver.

 

Los héroes clamaban su nombre,

como causa de gloria y de muerte,

mas ella lloraba en secreto,

presa de un amor tan fuerte.

 

París confiaba en su arco,

en flechas guiadas por dioses,

mas Héctor miraba con ira,

pues veía futuros atroces.

 

El rapto se volvió tragedia,

un canto de sangre y de fuego,

la historia grabó en sus muros,

el precio del deseo ciego.

 

Helena miraba las torres,

Troya brillaba en su esplendor,

mas sabía que el tiempo traía,

la ruina tras tanto ardor.

 

Los griegos clamaban justicia,

los troyanos defendían su honor,

la guerra era río de hierro,

que arrastraba todo en su furor.

 

Afrodita cuidaba a París,

Atenea guiaba a los griegos,

el Olimpo era campo de lucha,

reflejo de humanos ruegos.

 

Helena tejía recuerdos,

de Esparta, su patria perdida,

mas Troya la tenía cautiva,

como joya de amor prohibida.

 

Los héroes caían en batalla,

el mar se teñía de rojo,

la causa seguía encendida,

como llama que nunca aflojo.

 

Aquiles rugía en la arena,

su lanza brillaba en el sol,

París temblaba en silencio,

mas Helena lloraba su rol.

 

La guerra duró largos años,

los dioses jugaban su juego,

Helena seguía en las torres,

presa de destino y de fuego.

 

Los griegos clamaban victoria,

Troya resistía con fuerza,

mas el rapto seguía presente,

como herida que nunca se cierra.

 

Helena miraba los muros,

sabía que el fin se acercaba,

su rostro seguía radiante,

mas su alma ya se quebraba.

 

El caballo de Ulises surgió,

estratagema de ingenio mortal,

Troya cayó en una noche,

y Helena tembló en su umbral.

 

Las llamas devoraron la ciudad,

los héroes caían sin tregua,

Helena sobrevivía en silencio,

como sombra de culpa y de pena.

 

Menelao halló a su esposa,

y dudó entre odio y ternura,

mas su belleza lo venció,

como hechizo que nunca se cura.

 

La guerra dejó cicatrices,

en Grecia, en Troya, en los cielos,

todo por un rapto de amor,

que encendió eternos desvelos.

 

Helena volvió a su patria,

mas su nombre quedó marcado,

como causa de mil desgracias,

como fuego jamás apagado.

 

Así canta Coluto su historia,

del rapto que abrió la desgracia,

Helena, fulgor y condena,

eterna en la humana memoria.

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