Poemas de D. Dinis (Rey de Portugal)

poemas de D. Dinis (Rey de Portugal)

Los poemas de D. Dinis (Rey de Portugal) o el «Rey Poeta», representan la cúspide de la lírica gallegoportuguesa. En una faceta seria, fue un monarca estadista que consolidó las fronteras de Portugal, fundó la Universidad de Coímbra y protegió la agricultura y el comercio, ganándose el apodo de «El Labrador». Su gestión fue pragmática, fortaleciendo el poder real frente a la nobleza y la Iglesia.

Desde una visión romantizada, Dinis es el arquetipo del rey trovador, cuya sensibilidad transformó la corte en un jardín de cultura. Su obra, cargada de melancolía y elegancia, lo sitúa como un alma apasionada que elevó el lenguaje popular a arte sublime. Entre el rigor del trono y la delicadeza del verso, su legado une la espada del guerrero con el laúd del amante eterno.

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Quisiera yo a la manera provenzal

Quisiera yo a la manera provenzal

hacer ahora un cantar de amor,

y querré mucho loar a mi señora

a quien prez ni hermosura le falta,

ni bondad; y más os diré aún:

tanto la hizo Dios colmada de bien

que más que todas las del mundo vale.

Porque a mi señora quiso Dios hacerla tal,

cuando la hizo, que la hizo sabedora

de todo bien y de muy gran valor,

y con todo esto es muy cercana

allí donde debe; además le dio buen juicio,

y tras ello no le hizo poco bien,

cuando no quiso que otra le fuese igual.

Porque en mi señora nunca Dios puso mal,

sino que puso prez y beldad y loor

y hablar muy bien, y reír mejor

que otra mujer; además es leal

mucho, y por esto no sé hoy yo quién

pueda cumplidamente de su bien

hablar, pues no hay, tras su bien, nada más.

 

Los provenzales suelen muy bien trovar

Los provenzales suelen muy bien trovar

y dicen ellos que es con amor;

pero los que trovan en el tiempo de la flor

y no en otro, sé yo bien que no

tienen tan gran cuita en su corazón

cual yo por mi señora veo soportar.

Aunque trovan y saben loar

a sus señoras lo más y lo mejor

que ellos pueden, soy sabedor

de que los que trovan cuando la flor sazón

tiene y no antes, si Dios me perdona,

no tienen tal cuita cual yo tengo sin par.

Porque los que trovan y que a alegrarse

van en el tiempo que tiene el color

la flor consigo y, en cuanto se va

aquel tiempo, luego de trovar razón

no tienen, ni viven en tal perdición

como hoy yo vivo, que me ha de matar.

 

Amiga, hace ya gran sazón

Amiga, hace ya gran sazón

que se fue de aquí con el rey

mi amigo, mas ya pensé

mil veces en mi corazón

que en algún lugar murió con pesar,

pues no volvió conmigo a hablar.

Porque tarda tanto allá

y nunca me volvió a ver,

amiga, así vea placer,

más de mil veces pensé ya

que en algún lugar murió con pesar,

pues no volvió conmigo a hablar.

Amiga, el corazón suyo

era de volver pronto aquí,

donde viese mis ojos en mí,

y por ello mil veces pienso yo

que en algún lugar murió con pesar,

pues no volvió conmigo a hablar.

 

Qué triste hoy está mi amigo

Qué triste está hoy mi amigo,

amiga, en su corazón,

que no puede hablar conmigo

ni verme, y con gran razón

mi amigo ha de andar triste

pues no me ve y me recuerda.

Triste anda, así Dios me valga,

que no me vio, y es derecho,

y por esto hace sin falta

muy gran razón, por buena fe,

mi amigo ha de andar triste,

pues no me ve y me recuerda.

De andar triste hace lo justo,

que no lo vi, ni él me vio a mí,

ni además oyó mi recado,

y por ello hace gran derecho allí

mi amigo ha de andar triste,

pues no me ve y me recuerda.

¡Mas, Dios, cómo puede durar

que no haya muerto ya de pesar!

 

De los que ahora están en la hueste

De los que ahora están en la hueste,

amiga, querría saber

si vendrán tarde o pronto,

por cuanto os quiero decir:

porque está allá mi amigo.

Querría saber recado

de los que allá están, que no lo sé,

amiga, por Dios, de grado,

por cuanto os ahora diré:

porque está allá mi amigo.

¿Y queréis que os diga?

Si Dios buen recado me da,

querría saber, amiga,

de ellos nuevas, ved por qué:

porque está allá mi amigo,

Que por otra cosa no, os lo digo.

 

A mi amigo, amiga, no quiero yo

A mi amigo, amiga, no quiero yo

que tenga gran pesar, ni gran placer,

y quiero yo este pleito así llevar,

pues me atrevo tanto en su asunto:

no lo quiero curar, ni lo matar,

ni lo quiero de mí desesperar.

Porque, si yo amor le mostrase, bien sé

que le sería entonces tan gran bien

que le habrían de entender por ello

cuánto bien me quiere, y por eso esto haré:

no lo quiero curar, ni lo matar,

ni lo quiero de mí desesperar.

Y, si le mostrase algún desamor,

no se podría guardar de la muerte,

tanta tendría cuita fuerte,

mas, por yo no errar en lo mejor,

no lo quiero curar, ni lo matar,

ni lo quiero de mí desesperar.

Y así se puede su tiempo pasar,

cuándo con placer, cuándo con pesar.

 

No llegó, madre, mi amigo

No llegó, madre, mi amigo,

¡y hoy el plazo ha vencido!

¡ay, madre, muero de amor!

No llegó, madre, mi amado,

¡y hoy el plazo ha pasado!

¡ay, madre, muero de amor!

¡Y hoy el plazo ha vencido!

¿Por qué mintió el desmentido?

¡ay, madre, muero de amor!

¡Y hoy el plazo ha pasado!

¿Por qué mintió el perjurado?

¡ay, madre, muero de amor!

Porque mintió el desmentido

me pesa, pues por sí mismo ha fallado.

¡ay, madre, muero de amor!

Porque mintió el perjurado

me pesa, pues mintió por su grado.

¡ay, madre, muero de amor!

 

Ay flores, ay flores del verde pino

—¡Ay flores, ay flores del verde pino,

si sabéis nuevas de mi amigo!

¡Ay Dios, ¿y dónde está?!

¡Ay flores, ay flores del verde ramo,

si sabéis nuevas de mi amado!

¡Ay Dios, ¿y dónde está?!

Si sabéis nuevas de mi amigo,

¡aquel que mintió en lo que acordó conmigo!

¡Ay Dios, ¿y dónde está?!

Si sabéis nuevas de mi amado,

¡aquel que mintió en lo que me ha jurado!

¡Ay Dios, ¿y dónde está?!

—Vos me preguntáis por vuestro amigo,

y yo bien os digo que está sano y vivo.

¡Ay Dios, ¿y dónde está?!

Vos me preguntáis por vuestro amado,

y yo bien os digo que está vivo y sano.

¡Ay Dios, ¿y dónde está?!

Y yo bien os digo que está sano y vivo

y estará con vos antes de que el plazo venza.

¡Ay Dios, ¿y dónde está?!

Y yo bien os digo que está vivo y sano

y estará con vos antes de que el plazo pase.

¡Ay Dios, ¿y dónde está?!

 

Se levantó la bella

Se levantó la bella,

se levantó al alba,

y va a lavar camisas

en lo alto.

Va a lavarlas al alba.

Se levantó la lozana,

se levantó al alba,

y va a lavar delgadas (prendas)

en lo alto.

Va a lavarlas al alba.

Y va a lavar camisas,

se levantó al alba,

el viento se las desvía

en lo alto.

Va a lavarlas al alba.

Y va a lavar delgadas;

se levantó al alba,

el viento se las llevaba

en lo alto.

Va a lavarlas al alba.

el viento se las desvía;

se levantó al alba;

se puso el alba en ira (se enojó la joven)

en lo alto.

Va a lavarlas al alba.

El viento se las llevaba;

se levantó al alba;

se puso el alba en saña

en lo alto.

Va a lavarlas al alba.

 

Amado y mi amigo

Amado y mi amigo,

¡valga Dios!

ved la flor del pino

y disponed el partir.

Amigo y mi amado,

¡valga Dios!

ved la flor del ramo

y disponed el partir.

Ved la flor del pino,

¡valga Dios!

ensillad al bayo pequeño

y disponed el partir.

Ved la flor del ramo,

¡valga Dios!

ensillad al bello caballo

y disponed el partir.

Ensillad al bayo pequeño,

¡valga Dios!

venid, ay amigo,

y disponed el partir.

Ensillad al bello caballo,

¡valga Dios!

venid, ay amado,

y disponed el partir.

 

Amiga, me maravillo

—Amiga, me maravillo

de cómo puede mi amigo vivir

donde mis ojos no puede ver,

o cómo puede allá hacer tardanza,

que nunca tan gran maravilla vi,

poder mi amigo vivir sin mí,

y, por Dios, es cosa muy desmedida.

—Amiga, estad ahora callada

un poco y dejadme a mí decir:

por cuanto sé cierto y puedo entender,

nunca en el mundo fue mujer amada

como vos de vuestro amigo, y así,

si él tarda, solo no es culpado allí,

si no, yo quiero quedar por culpada.

—Ay amiga, yo ando tan cuitada

que ni siquiera puedo en mí tomar placer,

pensando en cómo se puede hacer

que no esté ya conmigo de vuelta,

y, por Dios, porque no lo veo aquí,

que ha muerto gran sospecha tomo de ello,

y, si muerto está, mal día yo nací.

—Amiga hermosa y mesurada,

no os digo yo que no puede ser

vuestro amigo, pues hombre es, de morir,

mas, por Dios, no sospechéis

de otro mal en él, que, desde cuando nací,

nunca de otro hombre tan leal oí

hablar, y quien de ello diga otra cosa, no dice nada.

 

Por Dios, amigo, quién creería

Por Dios, amigo, ¡quién creería

que vos nunca tuvieseis poder

de tan largo tiempo sin mí vivir!

Y desde ahora, por Santa María,

nunca mujer debe, bien os digo,

mucho creer por juras de amigo.

Me dijisteis, cuando de mí os alejasteis:

«luego aquí estaré con vos, señora»,

y me jurasteis por mi amor;

y desde ahora, pues vos perjurasteis,

nunca mujer debe, bien os digo,

mucho creer por juras de amigo.

Me jurasteis entonces muy encarecidamente

que luego, luego, sin otra tardanza,

queríais para mí volver,

y desde ahora, ay mi perjurado,

nunca mujer debe, bien os digo,

mucho creer por juras de amigo,

Y así haré yo, bien os digo,

por cuanto vos pasasteis conmigo.

 

Quisiera con vos hablar de grado

Quisiera con vos hablar de grado,

ay mi amigo y mi enamorado;

mas no oso hoy con vos hablar,

porque tengo muy gran miedo del irado.

¡Irado tenga Dios a quien me lo fue a dar!

En cuidados de mil formas me trabo

por deciros aquello de lo que me agravo;

mas no oso hoy con vos hablar,

porque tengo muy gran miedo del mal bravo;

¡Mal bravo tenga Dios a quien me lo fue a dar!

Gran pesar tengo, amigo, sufrido,

por deciros mi mal escondido;

mas no oso hoy con vos hablar,

porque tengo muy gran miedo del sañudo.

¡Sañudo tenga Dios a quien me lo fue a dar!

Señor de mi corazón, cautivos

estáis en mi vivir con quien vivo;

mas no oso hoy con vos hablar,

porque tengo muy gran miedo del esquivo.

¡Esquivo tenga Dios a quien me lo fue a dar!

 

Para ver a mi amigo

Para ver a mi amigo,

que acordó un plazo conmigo,

allá voy, madre.

Para ver a mi amado,

que conmigo tiene un plazo acordado,

allá voy, madre.

Que acordó un plazo conmigo,

es por esto que os digo:

allá voy, madre.

Que conmigo tiene un plazo acordado;

es por esto que os hablo:

allá voy, madre.

 

Mi madre bella

Mi madre bella,

me voy al baile

del amor.

Mi madre loada,

me voy a la danza

del amor.

Me voy al baile,

que hacen en la villa

del amor.

Me voy a la danza,

que hacen en la casa

del amor.

Que hacen en la villa

por quien yo bien quería,

del amor.

Que hacen en la casa

por quien yo mucho amaba,

del amor.

Por quien yo bien quería,

me llamarán gallarda

del amor.

Por quien yo mucho amaba,

me llamarán jurada

del amor.

 

Vuestro amigo, ay amiga

Vuestro amigo, ay amiga,

de quien vos mucho fiáis,

tanto quiero yo que sepáis

que una, a la que Dios maldiga,

os lo tiene loco y embobado,

y muero yo de despecho.

No tengo nada que os esconda,

ni os será encubierto,

sino sabed bien por cierto

que una, a la que Dios confunda,

os lo tiene loco y embobado

y muero yo de despecho.

No sé de mujer que le agrade

que otra a su amigo

le quite, y por ello os digo

que una, a la que Dios destruya,

os lo tiene loco y embobado

y muero yo de despecho.

Y hago muy gran derecho,

pues quiero vuestro provecho.

 

Ay, falso amigo y sin lealtad

Ay, falso amigo y sin lealtad,

ahora veo yo la gran falsedad

con que vos hace gran tiempo me tratasteis,

pues de otra sé yo ya por verdad,

a la que vos tal piedra lanzasteis.

Amigo falso y muy encubierto,

ahora veo yo el gran mal pago

con que vos hace gran tiempo me tratasteis,

pues de otra sé yo ya bien por cierto,

a la que vos tal piedra lanzasteis.

Ay, falso amigo, yo no temía

el gran mal y la astucia

con que vos hace gran tiempo me tratasteis,

pues de otra sé yo que bien lo sabía,

a la que vos tal piedra lanzasteis.

Y de cosechar razón sería

la falsedad que sembrasteis.

 

Amigo, puesto que no os vi

Amigo, puesto que no os vi,

nunca descansé ni dormí,

mas ahora ya, desde aquí

que os veo, descansaré

y veré placer en mí,

pues veo cuánto bien tengo.

Puesto que no os pude ver,

ya nunca más tuve sosiego,

y, donde Dios os quiso traer,

que os veo, descansaré

y veré de mí placer,

pues veo cuánto bien tengo.

Desde que no os vi, de nada

vi placer y el juicio

perdí; mas, puesto que me acontece

que os veo, descansaré

y veré todo mi bien,

pues veo cuánto bien tengo.

De veros a mí me place

tanto que mucho y asaz,

mas, donde este bien Dios me hace,

que os veo, descansaré

y veré gran solaz,

pues veo cuánto bien tengo.

 

Me habló hoy mi amigo

Me habló hoy mi amigo

muy bien y muy humilde

en mi parecer hermoso,

amiga, que yo tengo conmigo,

pero tanto os digo:

que no le devolví respuesta

con la que él quedase satisfecho.

Me dijo él, amiga, cuanto

yo mejor que él sabía:

que de cuanto bien yo parecía

todo era su quebranto,

pero sabed tanto:

que no le devolví respuesta

con la que él quedase satisfecho.

Me dijo él: «Señora, creed

que vuestra hermosura

me hace gran mal sin medida,

por ello de mí compadeceos»;

pero, amiga, sabed:

que no le devolví respuesta

con la que él quedase satisfecho.

Y se fue él tan cuitado

que por ello tomo yo ya cuidado (preocupación).

 

De ahora en adelante quiero ya dejar de trovar

De ahora en adelante quiero ya dejar de trovar

y quiero desampararme del amor,

y quiero ir a buscar alguna tierra

donde nunca pueda ser sabedora

ella de mí, ni yo de mi señora,

puesto que le pesa que yo viva aquí.

¡Mas Dios! ¡Qué grave cosa de soportar

que para mí será irme de donde ella esté!

Pues sé muy bien que nunca puedo hallar

ni una sola cosa en la que tenga placer,

sino en la muerte; mas además tengo pavor

de que Dios no me la quiera dar tan pronto.

Mas si hizo Dios una cuita tan grande

como la que habré de sufrir,

cuando ahora me tenga que alejar

de esta tierra donde está la mejor

de cuantas son, y de cuyo loor

no se puede, por mucho decir, acabar.

 

Pues mi ventura tal es ya

Pues mi ventura tal es ya

que sois tan poderosa

sobre mí, mi señora hermosa,

por la mesura que en vos hay,

y por el bien que os estará (bien que os sentará),

puesto que de vos no tengo ni un bien,

que de amaros no os pese ello,

señora.

Y pues por bien no tenéis

que yo obtenga de vos favor

por cuanto afán he llevado

por vos; pues así lo queréis,

mi señora, por la fe que debéis,

puesto que de vos no tengo ni un bien,

que de amaros no os pese ello,

señora.

Y luz de estos ojos míos,

puesto que así me desamparáis

y que no me dais favor

como dan otras a los suyos,

mi señora, por el amor de Dios,

puesto que de vos no tengo ni un bien,

que de amaros no os pese ello,

señora.

Y yo no perderé el juicio,

y vos no perdéis allí nada,

señora.

 

Señora, os dicen para mi mal

Señora, os dicen para mi mal

que no trovo por vuestro amor,

sino porque en trovar hallo placer;

y no me valga Dios ni nada,

si yo trovo por complacerme en ello,

sino que me hace vuestro amor trovar.

Y esa persona que os va a decir

que trovo porque de ello me pago,

y no por vos, a quien quiero bien,

miente; que no vea yo placer

si yo trovo por complacerme en ello,

sino que me hace vuestro amor trovar.

Y quienquiera que os diga que no

trovo por vos, a quien siempre amé,

sino por el gran sabor que de ello obtengo,

miente; que Dios no me perdone

si yo trovo por complacerme en ello,

sino que me hace vuestro amor trovar.

 

Puesto que Dios os hizo, mi señora

Puesto que Dios os hizo, mi señora,

hacer del bien siempre lo mejor,

y os hizo en ello tan sabedora,

una verdad os diré,

así me valga Nuestro Señor:

eráis buena para rey.

Y pues sabéis entender

siempre lo mejor y escoger,

la verdad os quiero decir,

señora, a quien serví y serviré:

puesto que Dios tal os fue a hacer,

eráis buena para rey.

Y pues Dios nunca os hizo par

en buen juicio ni en buen hablar,

ni hará ya, a mi parecer,

mi señora, por cuanto bien tengo,

si Dios lo quisiera disponer,

eráis buena para rey.

 

Siempre yo, mi señora, deseé

Siempre yo, mi señora, deseé,

más que otra cosa, y desearé

vuestro bien, que muy servido he,

mas no con esperanza

de obtener de vos bien; pues bien sé

que nunca de vos habré

sino mal y desprecio.

Deseo yo mucho más que otra cosa

lo que para mí poco provecho tiene,

que es desear obtener vuestro bien,

mas no con esperanza

de que obtenga del mal que me viene

por vos ningún galardón por ello,

sino mal y desprecio.

Deseo yo con muy gran razón

vuestro bien, si Dios me perdone,

mucho más que cuantas cosas son,

mas no con esperanza

de que siquiera piense en el corazón

obtener de vos por galardón

sino mal y desprecio.

 

Ay, señora hermosa, por Dios

Ay, señora hermosa, por Dios

y por cuán buena os hizo Él,

compadeceos alguna vez

de mí y de estos ojos míos,

que os vieron para mal de sí,

cuando os vieron, y para mí.

Y, porque os hizo Dios la mejor

de cuantas hizo y la de más valer,

quered de mí doleros

y de estos mis ojos, señora,

que os vieron para mal de sí,

cuando os vieron, y para mí.

Y, porque lo demás no es nada,

sino el bien que os Dios os dio,

quered doleros de mi

mal y de mis ojos, mi bien,

que os vieron para mal de sí,

cuando os vieron, y para mí.

 

Quise bien, amigos, y quiero y querré

Quise bien, amigos, y quiero y querré

a una mujer que me quiso y quiere mal

y querrá; mas no os diré yo cuál

es esta mujer; mas tanto os diré:

quise bien y quiero y querré a tal mujer

que me quiso mal siempre y querrá y quiere.

Quise y querré y quiero muy gran bien

a quien me quiso mal y quiere y querrá,

mas nunca hombre por mí sabrá

quién es; pero os diré una cosa:

quise bien y quiero y querré a tal mujer

que me quiso mal siempre y querrá y quiere.

Quise y querré y quiero bien querer

a quien me quiso y quiere, por buena fe,

mal, y querrá; mas no diré quién es;

mas aun así tanto os quiero decir:

quise bien y quiero y querré a tal mujer

que me quiso mal siempre y querrá y quiere.

 

Mesura sería, señora

Mesura sería, señora,

que os compadecierais de mí,

que os vi en un día aciago,

y en muy grave es vuestro amor;

tan grave, que no tengo poder

para sufrir más esta cuita

de la que, hace mucho, fui sufridor.

Pero sabe Nuestro Señor

que nunca os lo merecí,

mas sabe bien que os serví,

desde que os vi, siempre lo mejor

que nunca yo pude hacer;

por ello quered doleros

de mí, cuitado pecador.

Mas Dios, que de todo es señor,

quiera ponerme remedio allí,

que si mi caso sigue así

y Él no me es ayudador

contra vos, a quien Él hizo valer

más que a cuantas hizo nacer,

muero yo, mas no merecedor.

Pero si yo he de morir

sin nunca habéroslo merecido,

no os veo allí prestigio ni loor.

 

Nuestro Señor, tened por bien

Nuestro Señor, tened por bien

cuanto hoy mi señora me habló;

y todo esto fue porque pensó

que andaba de otra enamorado;

que sé yo bien que no me hablara

si del bien que le quiero se enterara.

Porque me habló hoy en este día,

tened por bien, Nuestro Señor;

y todo esto fue porque mi señora

pensó que yo por otra moría;

que sé yo bien que no me hablara,

si del bien que le quiero se enterara.

Por cuanto hoy me habló, tenga Dios

buen grado, mas de esto no habría nada,

si no porque mi señora pensó bien

que de otra eran los deseos míos;

que sé yo bien que no me hablara,

si del bien que le quiero se enterara.

Que tal es ella, que antes se matara

que hablarme si tan solo lo sospechara.

 

No sé cómo me salve mi señora

No sé cómo me salve mi señora,

si Dios ante sus ojos me llevara,

que, por Dios, no tengo cómo salvarme

de que no me juzgue por su traidor,

pues hace tanto tiempo que sobreviví,

sin oír su mandato y sin verla.

Y sé yo muy bien en mi corazón

lo que mi señora hermosa hará,

después que ante ella esté: me juzgará

por su traidor con muy gran razón,

pues hace tanto tiempo que sobreviví,

sin oír su mandato y sin verla.

Y pues tanto fue el error mío

que le hice un agravio tan descomunal,

si su muy gran mesura no me vale,

me juzgará por ello por traidor suyo,

pues hace tanto tiempo que sobreviví,

sin oír su mandato y sin verla.

Y si el juicio transcurre así,

¡ay de mí, cautivo! ¿Y qué será de mí?

 

Qué grave cuita, señora, es

Qué grave cuita, señora, es

para quien tiene siempre que desear

vuestro bien, que no tiene par,

como yo hago; y por buena fe,

si yo a Dios mal merecí,

bien se venga por vos en mí.

Tal cuita me da vuestro amor

y me hace llevar tanto mal,

que esto me es cuita mortal

de sufrir; e por ello, señora,

si yo a Dios mal merecí,

bien se venga por vos en mí.

Tal cuita sufro, hace gran sazón (tiempo),

y tanto mal y tanto afán

que par de la muerte me es de plano;

y señora, por esta razón,

si yo a Dios mal merecí,

bien se venga por vos en mí.

Y quiere Dios vengarse así,

como le place, por vos en mí.

 

Así me trae cuitado

Así me trae cuitado

y apremiado el Amor,

y tan atormentado

que, si Nuestro Señor

a mi señora no le pone en el corazón

que de mí se duela, de la muer-

te tendré placer y sabor.

Pues vivo en tal cuidado,

como bien sufridor

es del mal apremiado

que no puede ser mayor,

si no me vale a la que en fuer-

te punto vi, pues ya de muer-

te tengo placer y ni un pavor.

Y actúo muy justamente,

pues soy servidor

de la que no me da favor,

queriéndola yo mejor

que a mí ni a nada, por ello consue-

lo no tengo ya sino de la muer-

te, de la cual soy deseador.

 

Señora, que de grado hoy yo querría

Señora, que de grado hoy yo querría,

si a Dios y a vos pluguiese,

que donde vos estáis, estuviese

con vos; y por esto me tendría

por tan bienhadado

que por rey ni infante,

desde allí en adelante,

no me cambiaría.

Y sabiendo que os placería

que donde vos moraseis, morase,

y que yo os viese y os hablase,

me tendría, señora, todavía

por tan bienhadado

que por rey ni infante,

desde allí en adelante,

no me cambiaría.

Porque, señora, en gran bien viviría,

si donde vos vivieseis, viviese,

y con solo que de vos esto entendiese,

me tendría, y razón tendría,

por tan bienhadado

que por rey ni infante,

desde allí en adelante,

no me cambiaría.

 

Cuando bien pongo atención

Cuando yo bien pongo atención

en cómo os veo y os vi,

desde que os conocí,

Dios, que no miente, me mienta,

señora, si hoy sé yo bien

de algo que se asemeje a lo vuestro en nada.

Cuando la belleza vuestra

veo, que vi para mi mal,

Dios, que a los cuitados vale,

a mí nunca valer pueda,

señora, si hoy sé yo bien

de algo que se asemeje a lo vuestro en nada.

Y quien así no lo cree,

no os vio, o no tiene juicio.

 

Señora, en tan aciago día

Señora, en tan aciago día

os vi, que no podría

más; y por Santa María,

que os hizo tan mesurada,

doleos algún día

de mí, señora de bella estampa.

Pues siempre hay en vos mesura

y todo bien y cordura,

que Dios hizo en vos hechura

cual no hizo en mujer alguna,

doleos por mesura

de mí, señora de bella estampa.

Y por Dios, señora, tomad

mesura por la gran bondad

que Él os dio, y mirad

qué vida vivo tan cuitada,

y alguna piedad tomad

de mí, señora de bella estampa.

 

En aciago día, señora, en que os oí

En aciago día, señora, ¡en que os oí

hablar y os vieron estos ojos míos!

Decid, amigo, ¿qué puedo yo hacer allí

en este asunto, así Dios os valga?

¡Y tened mesura conmigo, señora!

Haré, amigo, haciendo yo lo mejor.

Donde en tal punto os oí hablar,

señora, que no pude después tener bien alguno.

Amigo, quiero ahora preguntaros

que me digáis qué puedo allí hacer.

¡Y tened mesura conmigo, señora!

Haré, amigo, haciendo yo lo mejor.

Desde que os vi y os oí hablar, no

vi placer, señora, ni dormí ni descansé.

Amigo, decid, si Dios os perdone,

lo que yo haga allí, pues yo no lo sé.

¡Y tened mesura conmigo, señora!

Haré, amigo, haciendo yo lo mejor.

 

Tanto es Melión pecador

Tanto es Melión pecador

y tanto es hacedor de mal

y tanto es un hombre infernal,

que yo soy bien sabedor,

cuanto más lo puedo ser,

que nunca podrá ver

la faz de Nuestro Señor.

Tantos son los pecados suyos

y tan mucha es su mala voluntad,

que yo estoy cierto, de plano,

cuanto a esto, amigos míos,

que, por cuanto mal en él hay,

jamás nunca verá

en ningún tiempo la faz de Dios.

Él hizo siempre mal y lo planeó

y jamás nunca hizo bien;

y yo estoy cierto por ello,

de aquel que siempre en mal anduvo,

que nunca ya, pues así es,

puede ver, por buena fe,

la faz de aquel que nos redimió (compró).

 

De Juan Bolo ando yo maravillado

De Juan Bolo ando yo maravillado:

siendo un hombre tan rústico y sin seso,

pero alegre y ligero jinete

que traía un rocín bello y gallardo,

me dijo ahora aquí un villano suyo

que lo había cambiado por una mula.

Y en este cambio fue él engañado:

ir a dar un rocín formado y corredor

por una mulita resabiada,

que no sé hoy de hombre que la sacase

fuera de la villa, aunque lo intentase;

si no es él mismo, nadie será tan osado.

Mas no fue esto sino por su pecado,

que él mereció ante Nuestro Señor:

dar su rocín, del que él gran placer

tenía, por una mula de malas mañas,

que yo no querría ni aunque regalada

me la diesen, ni andar con ella estorbado.

Mejor fuera dar el rocín de balde

que por tal mulita remilgona,

que nadie la guardará, si no es

él, que ya la va conociendo un poco;

mas si él se queda, por cuanto entiendo,

con su percance con ella, está aventurado.

Mucho más querría, no teniendo bestia,

ir antes a pie que en ella cabalgando.

 

Donde el otro día estuvo Don Fulano

Donde el otro día estuvo Don Fulano (Don Foán),

a mí me empezó a crecer un gran fastidio

por muchas cosas que le oí decir.

Dijo él: «Me iré, que ya se irán a acostar».

Y dije yo: «¡Buen viaje tengáis,

porque os vais y me dejáis!».

Y muy enfadado por su charla,

estuve allí un gran rato, así Dios me valga,

y me ardían (o se cerraban) estos ojos míos.

Y cuando él dijo: «Irme quiero a acostar»,

y dije yo: «¡Buen viaje tengáis,

porque os vais y me dejáis!».

Él estuvo mucho tiempo, habló y porfió,

y a mí me creció un gran enojo por ello,

y no supo él si estaba mal o bien.

Y cuando él dijo: «Ya me voy a acostar».

Le dije yo: «¡Buen viaje tengáis,

porque os vais y me dejáis!».

 

Me dijo hoy un caballero

Me dijo hoy un caballero

que yacía fieramente

un amigo suyo enfermo,

y buscaba para él lorbaga (remedio).

Le dije yo: «Seguramente

lo devora llaga por llaga»,

pues él muchas veces dijo,

por esa misma boca por la que ahora padece,

cuantas cosas nunca dijo hombre alguno;

y lo que dijo bien lo paga,

pues, como perro que tiene hambre,

lo devora llaga por llaga,

que él muchas veces dijo;

y yace ahora el desventurado

muy enfermo y muy asqueroso

y, de miedo, se caga encima;

pues, como lobo rabioso,

lo devora llaga por llaga.

 

Una pastora de bella estampa

Una pastora de bella estampa

pensaba en su amigo

y estaba, bien os digo,

por cuanto vi, muy cuitada,

y dijo: «Desde ahora no es nada

de fiar en un enamorado

nunca mujer enamorada,

pues el mío me ha fallado».

Ella traía en la mano

un papagayo muy hermoso,

que cantaba muy sabroso,

pues entraba el verano,

y dijo: «Amigo gallardo,

¿qué haría yo por amores,

pues me fallasteis tan en vano?»

Y cayó entre unas flores.

Una gran parte del día

yació allí, que no hablaba,

y a veces recordaba (volvía en sí),

y a veces desvanecía,

y dijo: «¡Ay, Santa María!,

¿qué será de mí ahora?»

Y el papagayo decía:

«Bien, por cuanto yo sé, señora».

«Si me quieres dar consuelo»

dijo la pastora, «di verdad,

papagayo, por caridad,

que muerte me es esta vida».

Dijo él: «Señora muy cumplida

de bien, no os quejéis,

que al que os ha servido

alzad el ojo y lo veréis».

 

Bien entendí, amigo mío

Bien entendí, amigo mío,

que muy gran pesar tuvisteis

cuando hablar no pudisteis

el otro día conmigo;

pero estad cierto, amigo,

que no fue vuestro pesar

tal que al mío se pudiese igualar.

Muy bien supe yo por verdad

que estabais tan cuitado

que no había remedio alguno;

mas, amigo, aquí regresad;

sabed bien por verdad

que no fue vuestro pesar

tal que al mío se pudiese igualar.

Bien supe, amigo, por cierto,

que el pesar de aquel día

vuestro, no tenía par,

aunque fue encubierto;

y por ello estad cierto

que no fue vuestro pesar

tal que al mío se pudiese igualar.

Pues el mío no se puede imaginar,

ni yo lo pude negar.

 

Hace ya mucho que no veo

Hace ya mucho que no veo

recado de mi amigo,

aunque, amiga, acordó conmigo

aquí mismo donde ahora me encuentro

que pronto me enviaría

recado o que él mismo volvería.

Mucho se me tarda, sin falta,

que no veo su recado,

aunque me lo hubo jurado

justo aquí, así Dios me valga,

que pronto me enviaría

recado o que él mismo volvería.

Y para que os diga la verdad:

él estuvo mucho llorando,

y estuvo por mí jurando,

donde ahora me encuentro, amiga,

que pronto me enviaría

recado o que él mismo volvería.

Mas pues no viene, ni envía

recado, o es muerto o me mentía.

 

Me llegó ahora aquí recado

Me llegó ahora aquí recado,

amiga, de vuestro amigo,

y aquel que habló conmigo

me dice que está tan cuitado

que por cuanto poder tengáis

ya curarlo no podréis.

Dice que hoy, al tercer día,

bien le habíais dado muerte;

mas tuvo él cuita tan fuerte

y tan cuitado todavía yacía,

que por cuanto poder tengáis

ya curarlo no podréis.

Con el mal que le vos hicisteis

me juró, amiga hermosa,

que, aunque vos poderosa

fuisteis de él cuanto quisisteis,

que por cuanto poder tengáis

ya curarlo no podréis.

Y gran pérdida hacéis

donde a tal amigo perdéis.

 

Amiga, bendito sea Dios

Amiga, bendito sea Dios

por mi amigo que a mí viene;

mas podéis creer muy bien,

cuando lo vea con mis ojos,

que podré aquel día ver

el mayor placer que nunca vi.

Tenga Dios de ello buen grado

porque lo hace venir aquí;

mas podéis creer por mí,

cuando vea al enamorado,

que podré aquel día ver

el mayor placer que nunca vi.

 

Vos, que en vuestros cantares mi

Vos, que en vuestros cantares mi

amigo os llamáis, creed bien

que no doy yo por tal fingimiento nada;

y por esto, señor, os mando yo

que todo cuanto queráis de aquí en adelante

hacer, hagáis fingimiento de mí.

Que el demonio se lleve eso que yo diera

por fingir o mentir algo

sobre mí, pues no me importa ni bien ni mal;

y por esto os mando yo, señor,

que todo cuanto queráis de aquí en adelante

hacer, hagáis fingimiento de mí.

Que ni me quita nada, ni me da,

el que se finja de mí muy sin razón

quien nunca me hizo sino mal;

y por ello, señor, os mando ahora ya

que todo cuanto queráis de aquí en adelante

hacer, hagáis fingimiento de mí.

Y estad como estáis conmigo

y fingid bien de aquí en adelante.

poemas de D. Dinis (Rey de Portugal)

Ruégame hoy, hija, vuestro amigo

Ruégame hoy, hija, vuestro amigo

muy encarecidamente que os rogase

que de que os ame no os pesase;

y por ello os ruego y os aconsejo

que no os pese que él os quiera bien,

mas no os mando, hija, hacer nada más.

Él me estaba de vos hablando

y esto que os digo me rogaba;

me dolí de él, tanto lloraba,

y por ello, hija, ruego y mando

que no os pese que él os quiera bien,

mas no os mando, hija, hacer nada más.

Pues de que él os ame de corazón

no veo yo nada que vos ahí perdáis;

sin haber nada más, salís ganando,

y por esto, por mi bendición,

que no os pese que él os quiera bien,

mas no os mando, hija, hacer nada más.

 

Pesar me causó mi amigo

Pesar me causó mi amigo,

amiga, pero sé yo que no

pensó él en su corazón

en causarme pesar, pues os digo

que antes él querría morir

que a mí solo un pesar hacerme.

No pensó que me pesase

lo que hizo, pues sé yo muy bien

que de lo que fue no habría nada;

por ello sé, si lo pensase,

que antes él querría morir

que a mí solo un pesar hacerme.

Lo hizo por disimulo,

pues sé que se fuera a matar

antes que a mí causar pesar,

y por esto estoy cierta

que antes él querría morir

que a mí solo un pesar hacerme.

Pues de morir o de vivir

sabe él que está en mi poder.

 

Amiga, sé yo bien de una mujer

Amiga, sé yo bien de una mujer

que se afana en buscaros

mal con vuestro amigo para matarlo (de pena);

pero todo esto, amiga, ella lo quiere

porque nunca con él pudo lograr

que lo pudiese por amigo tener.

Y le busca con vos cuanto mal

ella más puede, esto sé yo;

y todo esto ella lo hace por lo suyo

y por este motivo, y no por otro,

porque nunca con él pudo lograr

que lo pudiese por amigo tener.

Ella se afana desde hace gran tiempo

en hacer que él obtenga vuestro desamor

y tiene en ello muy gran placer;

y todo esto, amiga, no es sino

porque nunca con él pudo lograr

que lo pudiese por amigo tener.

Y por esto hace ella cuanto puede

para hacéroslo con vos perder.

 

Vuestro amigo, tan de corazón

Vuestro amigo, tan de corazón,

pone él en vos sus ojos y tan bien,

por Dios, amiga, que no sé yo quién

lo verá que no entienda que no

puede él tener poder de hallar placer

en ninguna cosa sino en veros.

Y quien bien vea cómo él pone sus ojos

en vos, amiga, cuando ante vos viene,

si no fuese muy falto de juicio,

entender puede de él muy bien que no

puede él tener poder de hallar placer

en ninguna cosa sino en veros.

Y cuando él viene a donde vos estáis, razón

quiere él buscar para encubrirse; y cree

que se encubre, pero no le vale de nada,

pues en sus ojos entienden que no

puede él tener poder de hallar placer

en ninguna cosa sino en veros.

 

¿Cómo osará aparecer ante mí?

¿Cómo osará aparecer ante mí

mi amigo, ay amiga, por Dios?,

¿y cómo osará mirar estos míos

ojos si Dios lo trajera por aquí,

pues hace tanto que no vino a ver

a mí, a mis ojos y mi semblante?

Amiga, ¿o cómo se atreverá

a osar siquiera mirarme con sus ojos

si viera los míos un poco alzarse?,

¿o cómo podrá albergarlo en su corazón,

pues hace tanto que no vino a ver

a mí, a mis ojos y mi semblante?

Pues sé que no tendrá él razón alguna,

por más que me tenga muy grande amor,

para osar verme, ni llamarme señora,

ni siquiera podrá albergarlo en su corazón,

pues hace tanto que no vino a ver

a mí, a mis ojos y mi semblante.

 

A vuestro amigo, amiga, vi andar

A vuestro amigo, amiga, vi andar

tan cuitado que nunca le vi par,

que apenas me podía ya hablar;

pero cuando me vio me dijo así:

«¡Ay, señor!, id a mi señora a rogar

por Dios que haya merced de mí.»

Él andaba triste y muy sin alegría,

como quien está tan cuitado de amor

y perdido el juicio y el color;

pero cuando me vio me dijo así:

«¡Ay, señor!, id a mi señora a rogar

por Dios que haya merced de mí.»

A él, amiga, lo encontré yo andar tal

como muerto, pues es descomunal

el mal que sufre y la cuita mortal;

pero cuando me vio me dijo así:

«¡Ay, señor!, id a mi señora a rogar

por Dios que haya merced de mí.»

 

Decid por Dios, amigo

— Decid por Dios, amigo:

¿tanto bien me queréis

como vos a mí me decís?

— Sí, señora, y más os digo:

no creo que hoy hombre quiera

tan gran bien en el mundo a mujer.

— No creo que tanto bien

me pudierais vos querer

como me vais diciendo.

— Sí, señora, y más diré aún:

no creo que hoy hombre quiera

tan gran bien en el mundo a mujer.

— Amigo, yo no os creeré,

por la fe que debo a Nuestro Señor,

¡que me tengáis tan grande amor!

— Sí, señora, y más os diré:

no creo que hoy hombre quiera

tan gran bien en el mundo a mujer.

 

No puedo yo, mi amigo

— No puedo yo, mi amigo,

con vuestra soledad (saudade)

vivir, bien os lo digo,

y por esto morad,

amigo, donde me podáis

hablar y me veáis.

No puedo donde no os veo

vivir, bien lo creed,

tanto os deseo,

y por esto vivid,

amigo, donde me podáis

hablar y me veáis.

Nací en mala hora;

y, amigo, apartad

mi gran mal sin cuenta,

y por esto sanad (permaneced),

amigo, donde me podáis

hablar y me veáis.

— Sanaré, bien lo cread,

señora, donde me mandéis.

 

Mi amigo padece mal de sobra

Mi amigo padece mal de sobra,

tanto, amiga, que es muy mal por cierto,

pues en su mal no cabe más, por buena fe,

y todo esto ved que se lo causa:

porque no cree que de mí obtendrá favor

vive en cuita, cuitado por morir.

Tanto mal sufre, si Dios me perdone,

que ya yo, amiga, de él tengo lástima,

y, por cuanto de su estado sé,

todo este mal es por esta razón:

porque no cree que de mí obtendrá favor

vive en cuita, cuitado por morir.

Morirá de esta, donde no puede haber otra cosa,

pues toma en sí tamaño pesar

que de la muerte no se puede guardar;

y, amiga, le viene todo este mal

porque no cree que de mí obtendrá favor

vive en cuita, cuitado por morir.

Que si creyera que de mí obtendría favor,

antes querría él vivir que morir.

 

Mi amigo, no puedo yo sanar

Mi amigo, no puedo yo sanar

sin vos ni vos sin mí; ¿y qué será

de vos? Mas a Dios, que de ello tiene el poder,

le ruego yo que él quiera elegir

por vos, amigo, y luego por mí,

que no muráis vos, ni yo así

como morimos, pues no hay necesidad

de tal vida tener que pasar,

que más nos valdría matarnos;

mas Dios elija, si a él le pluguiese,

por vos, amigo, y luego por mí,

que no muráis vos ni yo así

como morimos, pues en la mayor

cuita del mundo o en la más mortal

vivimos, amigo, y en el mayor mal;

mas Dios elija, si a él le pluguiese,

por vos, amigo, y luego por mí,

que no muráis vos, ni yo así

como morimos, pues por buena fe

muy gran tiempo hace que este mal pasó

por nosotros, y pasa, y mucho duró;

mas Dios elija, como quien él es,

por vos, amigo, y luego por mí,

que no muráis vos, ni yo así

como morimos, y Dios ponga ahí

remedio, amigo, a vos y a mí.

 

¡Qué esfuerzo hicisteis, madre y señora!

¡Qué esfuerzo hicisteis, madre y señora,

por vigilarme, para que no pueda ver

a mi amigo y mi bien y mi placer!

Pero, si yo puedo, por Nuestro Señor,

que lo vea y le pueda hablar,

lo dispondré así y pese a quien pese.

Vos hicisteis todo cuanto pudisteis,

madre y señora, por vigilarme para que no

viese a mi amigo y mi corazón!

Pero, si yo puedo, con todo mi poder,

que lo vea y le pueda hablar,

lo dispondré así y pese a quien pese.

Mi muerte quisisteis, madre, y nada más,

cuando dispusisteis que por ninguna razón

yo viese a mi amigo y mi bien!

Pero, si yo puedo, donde no cabe otra opción,

que lo vea y le pueda hablar,

lo dispondré así y pese a quien pese.

Y si yo, madre, esto puedo lograr,

que lo demás pase como tenga que pasar.

 

Amigo falso y desleal

Amigo falso y desleal,

¿qué provecho sacáis de esforzaros

en conseguir mi perdón?,

pues tan mal lo habéis hecho

que no he de haceros ningún bien,

aunque yo misma quisiera poder.

Llevasteis el asunto así,

como quien no sabe nada

de bien, ni de honra, ni de amor;

y por ello creedme a mí:

que no he de haceros ningún bien,

aunque yo misma quisiera poder.

Caísteis en tal deshonra

que ni siquiera sé qué aconsejaros,

pues ya os abandoné

de tal guisa, si Dios me perdone,

que no he de haceros ningún bien,

aunque yo misma quisiera poder.

 

Mi amigo viene hoy aquí

Mi amigo viene hoy aquí

y dice que quiere conmigo hablar,

y sabe él que me causa pesar,

madre, pues yo le prohibí

que no fuera por ninguna razón

adonde yo estuviese, y ahora viene.

Aquí, y fue pecado suyo

siquiera poner en su corazón,

madre, pasar mi prohibición,

pues sabe él que le mandé yo

que no fuera por ninguna razón

adonde yo estuviese, y ahora viene.

Aquí, donde yo con él hablé

ante vos, madre y señora;

y desde ahora pierde mi amor

pues yo le prohibí y mandé

que no fuera por ninguna razón

adonde yo estuviese, y ahora viene.

Aquí, madre, y pues hizo tal locura,

de justicia es que pierda mi favor.

 

Os vi, madre, con mi amigo aquí

Os vi, madre, con mi amigo aquí

hoy hablar, y tuve en ello gran placer

porque lo vi al final levantarse de vos

alegre, y tengo que Dios me hace un bien ahí,

pues, ya que él se partió alegre de aquí,

no pudo ser sino por mi bien.

Se levantó alegre y rió ya, cosa que

hace muy gran tiempo que él no hacía;

mas, pues ya esto pasó esta vez,

quedo yo alegre, así Dios me dé bien,

pues, ya que él se partió alegre de aquí,

no pudo ser sino por mi bien.

Él puso sus ojos en los míos entonces

cuando visteis que de vos se despidió,

y se volvió hacia vos alegre y animado;

y por ello tengo placer en el corazón,

pues, ya que él se partió alegre de aquí,

no pudo ser sino por mi bien.

Y aunque yo de la charla no sé nada,

de cuanto vi, madre, tengo gran placer en ello.

 

Gran tiempo hace, mi amigo, que no quiso Dios

Gran tiempo hace, mi amigo, que no quiso Dios

que veros pudiese con los ojos míos,

y no aparta, con todo esto, de mí los suyos

mi madre, amigo; y pues esto es así,

disponed que nos vayamos, por Dios, de aquí,

y haga mi madre lo que pueda después.

No os vi hace gran tiempo, ni se pudo dar,

pues lo impidió mi madre, a quien pesó

de este asunto y le pesa, y me vigiló

para que no os viese, amigo; y pues esto es así,

disponed que nos vayamos, por Dios, de aquí,

y haga mi madre lo que pueda después.

Que no os vi hace mucho y nada

vi desde aquel tiempo de ningún bien,

pues lo impidió mi madre e hizo por ello

que no os viese, amigo; y pues esto es así,

disponed que nos vayamos, por Dios, de aquí,

y haga mi madre lo que pueda después.

Y si no lo disponéis muy pronto así,

os matáis vos, amigo, y me matáis a mí.

 

Que muráis por mí gran justicia es

Que muráis por mí gran justicia es,

amigo, pues parezco yo tan bien (soy tan bella)

que por esto mal grado tengáis vos en ello

y Dios buen grado; que, por buena fe,

no es sin razón que por mí muera

quien muy bien vea este mi semblante.

De que muráis por mí no os debo yo

agradecimiento, pues esto hará cualquiera

que bien contemple el semblante de una mujer;

y, pues Dios este semblante me dio,

no es sin razón que por mí muera

quien muy bien vea este mi semblante.

De que por mi amor así os matéis

nunca os daré las gracias por ello

y, mi amigo, más os diré yo,

pues Dios me quiso este semblante dar:

no es sin razón que por mí muera

quien muy bien vea este mi semblante

que Dios me dio; y podéis creer

que no tengo nada que agradeceros.

 

Mi amigo, donde yo esté

Mi amigo, donde yo esté

nunca pierdo el deseo (de veros)

sino cuando os veo,

y por ello vivo cuitada

con este mal excesivo

que sufro yo, la de hermoso cuerpo.

Vivir estando sin vos,

siempre mi corazón desea

veros, hasta que os vea,

y por ello vivo cuitada

con gran cuita excesiva

que sufro yo, la de hermoso cuerpo.

No es sino un espanto,

cuando no os veo, cuánto

tengo de deseo y quebranto,

y por ello vivo cuitada

con este mal tan grande

que sufro yo, la de hermoso cuerpo.

 

Por Dios, esforzaos por ver a mi

Por Dios, esforzaos por ver a mi

amigo, amiga, que aquí llegó,

y decidle, aunque me fue difícil,

lo que él ya muchas veces me rogó:

que le haría yo de buena gana el favor,

pero me quita de ello mi madre el poder.

Si lo veis, os lo agradeceré,

pues sabéis cuánto hace que me sirvió,

y decidle, aunque se lo negué,

lo que él me rogó cada vez que me vio:

que le haría yo de buena gana el favor,

pero me quita de ello mi madre el poder.

Si lo veis, gran placer tendré en ello

pues de mi favor desesperado está;

por tanto, amiga, decidle así:

que lo que él por veces me rogó ya,

que le haría yo de buena gana el favor,

pero me quita de ello mi madre el poder.

Y por esto no tengo yo poder

de darme a mí ni a él placer.

 

Puesto que dice mi amigo

Puesto que dice mi amigo

que se quiere ir conmigo,

puesto que a él le place,

me place a mí, bien os lo digo,

este es mi consuelo.

Puesto que dice que de todas formas

emprendemos nuestro camino,

puesto que a él le place,

me place y veo en ello un buen día,

este es mi consuelo.

Puesto que veo que de aquí me lleva,

que este es su deseo,

puesto que a él le place,

me place a mí muchísimo,

este es mi consuelo.

 

Poemas de D. Dinis (Rey de Portugal): Por Dios, amiga, que os pese el gran mal

Por Dios, amiga, que os pese el gran mal

que anda diciendo aquel mi desleal,

pues dice de mí y de vos otro tanto,

andando ante muchos, que le hice yo un favor,

y que vos supisteis todo este mal,

del que ni yo ni vos supimos nada.

Que os pese es por muy gran razón,

pues anda diciendo una muy gran traición

de mí y de vos, si Dios me perdona,

donde se jacta de mí diciendo que le hice un favor,

y que vos supisteis de ello la razón,

de la que ni yo ni vos supimos nada.

Que os pese es de todo derecho,

pues dice de mí gran mal, por buena fe,

y de vos, amiga, en cada lugar donde está

hablando; pues dice que le hice yo un favor

y que vos supisteis todo como es,

de lo que ni yo ni vos supimos nada.

 

No sé hoy, amigo, quién padeciese

No sé hoy, amigo, quién padeciese

cuita cual padezco que no muriese,

sino yo, cuitada, ¡que no naciese!,

porque no os veo como yo quería;

y quisiera Dios que me olvidase

de vos, a quien vi, amigo, en aciago día.

No sé, amigo, mujer que pasase

cuita cual yo paso que ya durase,

que no muriese o desesperase,

porque no os veo como yo quería;

y quisiera Dios que no me recordase

de vos, a quien vi, amigo, en aciago día.

No sé, amigo, quién el mal sintiese

que yo siento que siquiera lo encubriese,

sino yo, cuitada, a quien Dios maldijo,

porque no os veo como yo quería;

y quisiera Dios que nunca yo viese

a vos, a quien vi, amigo, en aciago día.

 

Poemas de D. Dinis (Rey de Portugal): Buen día vi, amigo

Buen día vi, amigo,

pues vuestro recado tengo conmigo,

lozana.

Buen día vi, amado,

pues conmigo tengo vuestro recado,

lozana.

Pues vuestro recado tengo conmigo,

ruego yo a Dios y digo,

lozana.

Pues conmigo tengo vuestro recado,

ruego yo a Dios de grado,

lozana.

Ruego yo a Dios y digo

por aquel mi amigo,

lozana.

Ruego yo a Dios de grado

por aquel mi amado,

lozana.

Por aquel mi amigo,

que lo vea conmigo,

lozana.

Por aquel enamorado,

que hubiese ya llegado,

lozana.

 

 

Amigo, ¿queréis partiros?

— Amigo, ¿queréis partiros?

— Sí, mi señora, pues no puedo hacer

otra cosa, que sería mi mal

y el vuestro; por tanto, partir

me conviene de este lugar.

— ¡Mas qué gran cuita de aguantar

tendré, pues me toca estar sin vos!

— Amigo, ¿y de mí qué será?

— Bien, buena señora, y con honra;

y cuando yo me vaya esta vez

lo vuestro muy bien pasará,

aunque es mi muerte el alejarme

de vos e irme a morar a otra parte.

— ¡Mas, pues os vais ya de una vez!

— Amigo, yo sin vos moriré.

— No querrá Dios eso, señora,

mas pues donde vos estéis no estaré,

el que morirá yo seré;

mas prefiero yo antes mi muerte

que así arriesgar la vuestra,

¡que yo sin vos he de morir!

— ¿Queréis, amigo, matarme?

— No, mi señora, mas por guardaros

me mato a mí mismo, que yo me lo busqué.

 

Poemas de D. Dinis (Rey de Portugal): Os valdría, amigo, si hoy

Os valdría (mi ayuda), amigo, si hoy

yo me atreviese, mas ved quién

me lo impide por esto y nada más:

mi madre, que os tiene un mortal

desamor; y con este mal,

morir no me pesaría.

Os valdría, por Dios, mi bien,

si yo me atreviese, mas ved quién

me impide el no poder valeros:

mi madre es quien tiene el poder

y os sabe un gran mal querer,

y por ello mi muerte querría.

 

Me llegó, amiga, recado

Me llegó, amiga, recado

de aquel a quien quiero gran bien,

que puesto que vio mi mensaje

cuanto más puede venir, viene;

y ando yo alegre por ello

y hago muy justamente.

Él viene por llegar cuitado

pues sufre gran mal de amor;

además anda muy alejado

de tener placer ni sabor

sino allí donde yo esté,

donde está todo su pensamiento.

Por cuánto mal ha pasado,

amiga, haré justicia

de darle algún agradecimiento,

pues viene, como yo le mandé,

y pronto él estará, bien sé,

del mal curado y recobrado,

y de las cuitas que yo le di

desde que fue mi enamorado.

 

Poemas de D. Dinis (Rey de Portugal):  Cuitada vivo, amigo, porque no os veo

Cuitada vivo, amigo, porque no os veo,

y vos vivís cuitado y con gran deseo

de verme y de hablarme, y por ello estoy

siempre en cuita tan fuerte

que no es para mí sino muerte,

como quien vive, amigo, en tan gran deseo.

Por veros, amigo, vivo tan cuitada,

y vos por verme, que ya no es nada

la vida que llevamos; y maravillada

estoy de cómo vivo sufriendo tan esquivo

mal, que más me valdría no ser nada.

Por veros, amigo, no sé quién sufriese

tal cuita cual yo sufro y vos, que no muriese;

y con estas cuitas yo, ¡que no naciese!,

no sé de mí qué sea

y de la muerte tengo envidia,

de todo hombre o mujer que ya muriese.

 

Poemas de D. Dinis (Rey de Portugal): Amiga, quien os ama

Amiga, quien os ama

(y por vos) está cuitado

y se llama vuestro

desde que fue enamorado,

no vio placer, lo sé yo,

(y) por ello ya morirá

y por esto me es doloroso.

Aquel que cuita fuerte

tuvo desde aquel día

en que os vio, que muerte

le es, por Santa Maria,

nunca vio placer, ni bien,

(y) por ello ya morirá

(y) a mí me pesa mucho por ello.

 

Se va mi amigo a morar a otra parte sin mí

Se va mi amigo a otra parte sin mí a morar,

y, por Dios, amiga, tengo por ello un pesar

porque ahora se va, y en mi corazón

(un pesar) tan grande que no se puede ni hablar,

pues se lo prohibí y tengo gran razón.

Le prohibí yo que no se fuera de aquí,

pues todo mi favor perdería por ello,

y ahora se va y me hace gran traición,

y de aquí en adelante no sé qué será de mí

ni veo ahí, amiga, si no es la muerte.

 

Poemas de D. Dinis (Rey de Portugal): Me place a mí, señora, morir

Me place a mí, señora, morir

y me place por el mal vuestro,

pues sé qué clase de falta

os he de hacer después;

que no pierde poco una señora

cuando pierde a tal servidor

cual perdéis al perderme a mí.

Y con mi muerte tengo yo placer

porque sé que os haré tal

falta cual hizo hombre leal,

lo más que podía ser

a quien ama, una vez muerto;

y fuisteis vos muy consciente

de que yo por vos tal muerte habría de tener.

Y, aunque he de sufrir

una muerte muy descomunal,

con mi muerte ya nada me importa,

por cuanto os quiero decir:

que mi servicio y mi amor

os serán más difíciles de evitar (o echar de menos)

que a mí el dejar de vivir.

Y por cierto podéis saber

que, aunque mi tiempo se acaba

por la muerte, ya no hay nada más

por lo que me quiera yo doler,

porque a vos os haré mayor

falta de la que hizo Nuestro Señor

al arrebatarle un vasallo a un señor.

 

Si hoy en vos hay algún mal, señora

Si hoy en vos hay algún mal, señora,

mal me venga de aquel que puede y vale (Dios)

si no es que me matáis a mí, pecador,

que os serví siempre y os fui leal

y seré ya siempre, mientras yo viva;

y, señora, no os vengo a decir esto

por mi bien, sino porque a vos os queda mal.

Que, por Dios, mal os sienta, señora,

y además es cosa muy descomunal

el matarme a mí, que merecedor

nunca os fui de muerte; y ya que otra cosa

de mal nunca Dios en vos quiso poner,

por Dios, señora, no queráis hacer

en mí ahora algo que os siente mal.

 

Poemas de D. Dinis (Rey de Portugal):  ¿Qué razón pensáis vos, mi señora?

¿Qué razón pensáis vos, mi señora,

dar a Dios, cuando ante Él estéis, por mí,

a quien matáis, cuando no os merecí

otro mal sino que os tengo amor,

aquel mayor que yo os pueda tener?

¿O qué excusa le pensáis dar

de mi muerte, cuando por vos muerto sea?

Pues en mi muerte no hay razón

buena que ante Él podáis mostrar;

además, no lo podréis engañar,

pues Él sabe bien cuán de corazón

os amo yo y que nunca os falté;

y por ello, quien tal hecho hace bien sé

que en Dios nunca puede hallar perdón.

Porque de cierto Dios no os perdonará

mi muerte, pues Él sabe muy bien

que siempre estuvo mi saber y mi sentido

en serviros. Él sabe muy bien también

que nunca os merecí que tal

muerte por vos tuviese; por tanto, mal

os irá cuando ante Él estemos allá.

 

Cuanto yo, hermosa mi señora

Cuanto yo, hermosa mi señora,

temí el veros,

muy bien sé que no tengo poder

ahora de guardarme de no

veros; mas tal consuelo tengo:

que aquel día moriré

y perderé las cuitas de amor.

Y aunque yo mayor

pesar no pudiese ver

del que entonces veré, placer

tengo en ello, así Dios me perdone,

porque por la muerte perderé

aquel día la cuita que tengo,

cual nunca hizo Nuestro Señor.

Y, aunque tengo tan gran pavor

de ver aquel día aciago,

cual siquiera no os puedo decir,

consuelo tengo en mi corazón

porque por la muerte saldré

aquel día del mal que tengo,

peor del que Dios hizo peor.

 

Poemas de D. Dinis (Rey de Portugal): Vos me prohibisteis, señora

Vos me prohibisteis, señora,

que nunca os dijese nada

de cuánto mal me viene por vos;

mas hacedme saber,

por Dios, señora, ¿a quién diré

cuán gran mal he llevado

por vos, si no a vos, señora?

¿O a quién diré mi mal,

si yo a vos no lo dijera,

pues callarme no me es posible

y decíroslo no me sirve de nada?

Y pues tanto mal sufro así,

si no hablo con vos de ello,

¿por quién sabréis mi mal?

¿O a quién diré el pesar

que vos me hacéis sufrir

si no os lo fuera a decir a vos,

que podéis dar remedio a ello?

Y por tanto, si Dios os perdone,

la cuita de este mi corazón,

¿a quién diré mi pesar?

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