Poemas de Erina (poetisa griega)
Poemas de Erina de Telos (siglo IV a. C.) fue una poeta griega que alcanzó la fama eterna con su poema «La Rueca». A pesar de morir a los diecinueve años, fue comparada con Homero por su intensidad lírica.
Su obra es un lamento melancólico por la muerte de su amiga Baucis, donde evoca los juegos compartidos y la transición al matrimonio. Destaca por rescatar el mundo íntimo de las mujeres y el duelo por la amistad perdida.
Oda a la diosa de la Fuerza
Hija de Ares, belicosa Fuerza,
mitra de oro tus cabellos cine;
diosa potente, en la estrellada cumbre
moras de Olimpo.
Salud, oh, reina: concedió a ti sola
poder inmenso la vetusta parca,
para que el cetro universal temido
rija tu mano.
Y tú encadenas con robustos lazos
mares y tierras al imperio tuyo,
y así dominas, de temor segura,
pueblos y reyes.
El tiempo mismo, que ligero vuela
y corta el hilo de la humana vida,
no te conmueve, y, al tocarte, exhala
plácido aliento.
Porque tú sola los varones crías
armipotentes en la lid sañosa,
como de espigas Démeter fecunda
cubre los campos.
Epigrama a Prometeo
Esta imagen, Prometeo,
tierna mano la pintó,
y, excediéndose al deseo,
la hizo tal que, para estar
en ella Agazarquis, no
le falta ya más que hablar.
A Roma
Salve, gran hija del ardiente Ares,
Roma que ciñes bélica corona
y del Olimpo en el erguido alcázar
vives y moras.
Te dio a ti sola la caduca Parca
la regia vara de ignominias horra,
y de suprema potestad el cetro
te dio a ti sola.
Tú con robustas ataduras ligas
del mar la espalda, y de la tierra toda,
y de los pueblos el seguro estado
guardas, oh Roma.
La edad ligera, que la humana vida
turba y conmueve y todo lo trastorna,
te da buen viento; ni en tu gran fortuna
rápida toca,
porque tú sola entre la humana estirpe
gente produces fuerte y valerosa
y hombres procreas mucho más que espigas
Démeter colma.

La Rueca — Ciclo Poético en Voz de Erina
El Pez Piloto
Navegante del azul, escolta de los sueños,
tú que rozas la espuma con aletas de oro,
guía a mi amiga desde la popa,
como guiabas antes los juegos de la infancia.
Que no se hunda su alma en la noche sin nombre.
Eco en el Hades
El llanto tiene eco en los pasillos del Hades,
donde el silencio es ley y los ojos maldicen.
Allí, donde la oscuridad no duerme,
la noche se repite, se repite, se repite.
Todo el tiempo, la oscuridad, la noche.
La Infancia de Baucis
De niñas, entre muñecas y ruecas,
tejíamos promesas con hilos de lana.
La madre llamaba al alba,
y tú salabas la carne con manos pequeñas.
¡Ay, cuánto miedo nos daba Mormo,
la de orejas grandes y rostros cambiantes!
El Olvido de Afrodita
Pero tú, Baucis, marchaste al lecho de un hombre,
y Afrodita vertió olvido en tu corazón.
Olvidaste los cantos, los juegos,
la voz de tu madre, la risa compartida.
Yo, que no puedo asistir a tus exequias,
lloro con los cabellos atados,
arañada por el rubor de la vergüenza.
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