Poemas de Juan del Valle y Caviedes

Poemas de Juan del Valle y Caviedes

Poemas de Juan del Valle y Caviedes (1645-1697), conocido como el «Poeta de la Ribera», la voz más punzante del Barroco colonial en el Virreinato del Perú. Aunque nació en España, su obra es profundamente limeña, marcada por un realismo crudo y una sátira feroz.

Su obra cumbre, Diente del Parnaso, es un ataque implacable contra la medicina de su época. Tras sufrir una grave enfermedad, Caviedes volcó su ingenio en ridiculizar a los médicos, a quienes retrataba como verdugos ignorantes. Su estilo combina la agudeza quevedesca con un lenguaje popular y festivo, desmitificando las jerarquías sociales de Lima. Más allá de la burla, su poesía mística y amorosa revela a un autor complejo que supo capturar las contradicciones y miserias de la sociedad colonial hispana.

A Un Médico Tuerto

Tuerto dos veces, por vista

la una y la otra por ciencia,

pues en la endiablada tuya

nunca haces cosa a derechas.

No llames siempre ante-ojos

a los que traes, porque a medias

ante-tuerto has de llamarlos,

pues la mitad está a ciegas.

Si no tienes más que un ojo

ociosa está una vidriera;

parece remedio tuvo

por cosa que no aprovecha.

Sin embargo eres el rey

en la medical ceguera;

si todos a ciegas curan tú no,

que curas a tuertas.

Tu vista nadie la entiende,

pues ni se repara en ella

tú no miras sino apuntas,

tú no ves sino que asestas

¿Cómo si apuntando curas

no atinas con las recetas,

pues das tan lejos del mal

que todas las curas yerras?

A los enfermos les comes

las comidas y aun las cenas

para hacerles este mal

y que se mueran de dieta.

Aýudales a beber

tus malditas purgas puercas,

y les darás media vida

y tu tendrás otra media.

De las ayudas eleves

parte también, que les echas,

y ejercitarás dos ojos

que en un tuerto es cosa nueva.

Que el comerles las viandas

no es curarle las dolencias,

sino curarte del hambre

canina que te atormenta.

Si con los enfermos curas

tus hambres y tus pobrezas

ellos los médicos son

tú el enfermo que remedian.

Media visita debián pagarte,

en Dios y en conciencia,

que quieren medio ve al enfermo

no debe llevarla entera.

Del Callao te han echado

con descrédito de albéitar,

por enjalma de Galeno,

por limillo de Avicena.

Hínchate, doctor, de paja,

que las albardas rellenas

no matan tanto, y tendrás

hecho tu plato con ellas.

Que eres albarda no hay duda,

y me remito a la prueba,

pues la medicina tuya

por ser de albarda está en jerga.

 

A Mi Muerte Próxima

Que no moriré de viejo,

que no llego a los cuarenta,

pronosticado me tiene

de físicos la caterva.

Que una entraña hecha gigote

al otro mundo me lleva,

y el día menos pensado

tronaré como arpa vieja.

 

Nada me dicen de nuevo;

sé que la muerte em espera,

y pronto; pero no piensen

que he de cambiar de bandera.

Odiando las melecinas

como viví, así perezca;

que siempre el buen artillero

al pie del cañón revienta.

 

Mátenme de sus palabras

pero no de sus recetas,

que así matarme es venganza

pero no muerte a derechas.

Para morirme a mi gusto

no recurriré a la ciencia

de matalotes idiotas

que por la ciudad pasean.

 

¿Yo a mi Diente del Parnaso

por miedo traición hiciera?

¡Cuál rieran del cronista

las edades venideras i

Jesucristo unió el ejemplo

a la doctrina, y quien piensa

predicando ser apóstol,

de sus obras no reniega.

 

¡Me moriré i buen provecho.

¡Me moriré i en hora buena;

pero sin médicos cuervos

juntos de mi cabecera.

Un amigo si está avis

rara mi fortuna encuentra

y un franciscano que me hable

de las verdades eternas,

y venga lo que viniera,

que apercibido me encuentra

para reventar lo mismo

que cargada camareta.

 

Endechas

Atiende, ingrata Dafne,

mis quejas, si escucharlas

te merecen mis penas,

siquiera por ser tú quien me las causas.

Bien sé que son al viento

decirlas a una ingrata;

pero yo las publico

para que sepas solo a quien agravias.

Escucha mis suspiros,

que no porque mis ansias

con sentimiento explique

te han de obligar mis voces a pagarlas.

Pues no tan fácilmente

se mueve una tirana,

y asi puedes sin riesgo

serme benigna y entenderme, ingrata.

Si bien te pareciera,

¿qué mucho me amaras?

porque el favor, advierte,

se hace más fino cuando más se ama.

Merecer tus cariños

y dármelos es paga,

y el que paga no deja

la voluntad afecta ni obligada.

Finge que amor me tienes

y aunque me engañes, falsa,

haz siquiera de vidrio

una esmeralda para mi esperanza.

No me des desengaños

con claridades tantas,

que el infelice vive

el tiempo que se engaña o que le engañan.

]Solo un triunfo consigues

si de una vez me matas:

Dame un vez la vida

para que muchas tenga que quitarla.

 

El Amor Alcalde

PERSONAJES

CUPIDO.

Cinco presos.

 

Sale CUPIDO con vara, cantando.

CUPIDO

Hoy de Alcalde sale Amor,

ya que dice el vulgo necio

que a troche moche ejecuto

y a roso y velloso prendo.

Salgan los presos

a juicio en la causa

de no tenerlo.

(Recita.)

 

Desato al arco la cuerda

para que así quede hecho

vara recta de justicia

el que fue injusto instrumento.

Nuevas leyes al amor

he de dar desde hoy, supuesto

que en el imperio del gusto

soy legislador supremo.

 

Si no hallasen en mi cárcel

mujeres presas, prevengo

que el interés las cautiva

y por eso no las prendo.

 

(Sale el PRESO 1.º)

PRESO 1.º

Por una fea y discreta

soltura y prisión padezco,

pues cuanto me suelta el rostro

me prende el entendimiento,

y fuera o dentro

o aborrecer del todo

o amar pretendo.

 

CUPIDO

Libre y sin costas salid

y no sois mi prisionero,

que yo prendo voluntades

y no los entendimientos,

porque no es ciego

el que ama con luces

de amor discreto.

 

(Sale el PRESO 2.º)

PRESO 2.º

Por una tonta y hermosa

neutral estoy padeciendo,

pues cuanto en el ver me agrado

en el oír me atormento,

y no pretendo

que mi amor sea sordo

mas que no ciego.

 

CUPIDO

A los dos pondré en un grillo

porque en contrario tormento,

los males del uno al otro

puedan servir de consuelo,

si en dos efectos

uno pena lo tonto

y otro lo feo.

 

(Sale el PRESO 3.º)

PRESO 3.º

Yo por una tonta y fea

vuestras prisiones padezco

sin que la razón me quite

los grillos de estos dos yerros,

llamando a esto

que es fortuna de amores

de tal sujeto.

 

CUPIDO

No hay en el amor fortuna

ni es amor del mío el vuestro,

ni grillos son, que son trabas

del Cupido de jumentos,

que en vos ha hecho,

un amor de dos causas

de deshacerlo.

 

(Sale el PRESO 4.º)

PRESO 4.º

Yo por una interesada

aquí por pobre estoy preso,

porque me vende su cara

más cara que yo la quiero,

y no es bien hecho

que el amor no se venda

por amor mesmo.

 

CUPIDO

Razón tenéis mas por pobre

y mentecato, os sentencio

a amor de viejas que son

mis azotes y mis remos.

 

PRESO 4.º

Apelo. Apelo.

 

CUPIDO

Quered viejas, pobrete,

que pagan feudo.

 

(Sale el PRESO 5.º)

PRESO 5.º

Yo estoy preso injustamente

porque he dado cumplimiento

a una petición amante

y han burlado mis deseos.

 

CUPIDO

Siga, si es necio,

que yo al amar obligo

no al dar sin tiempo.

 

PRESO 5.º

Injusticia me hace,

¡viven los cielos!

 

CUPIDO

¿Pues yo acaso le dije

que fuera necio?

 

PRESO 5.º

Por amor hice el gasto

de mi dinero.

 

CUPIDO

Pues, amigo, contarlo

ya con los muertos:

el favor no lo alcanza

quien da primero,

porque el tal no da en ella,

ella da en ello.

 

PRESO 4.º

De su injusta sentencia

digo que apelo.

 

CUPIDO

No hay a quién,

que es Cupido

juez supremo.

A hacer arco la vara

otra vez vuelvo,

y con esto y un vítor

se acaba el pleito.

 

Baile Cantado Del Amor Médico

PERSONAJES

EL AMOR.

Cinco enfermos.

 

Sale el AMOR, vestido de médico.

AMOR

(Canta.)

A curar males de amor

vengo por hacerles bien,

que de enfermo acuchillado

médico he venido a ser.

Venga quien

queriendo, quisiere

dejar de querer.

La enfermedad y la cura

tan unas vienen a ser

que la medicina sirve

para que enfermen más bien.

Venga quien

queriendo, quisiere

dejar de querer.

Remedios para los ciegos

traigo bien contrarios, pues

en quitándose las niñas

sanan que es cosa de ver.

Venga quien

queriendo, quisiere

dejar de querer.

 

(Sale el ENFERMO 1.º)

ENFERMO 1.º

(Canta.)

Señor doctor, yo padezco

de un riguroso desdén

de una voluntad que helada,

a la mía la hace arder.

Yo no sé

en dos voluntades

dar mi entender.

 

AMOR

(Canta.)

Ésa es cuartana de amor,

dilatado mal, porque es

la causa del enfriar

origen para el arder.

Póngase

en su fuego la nieve

de este desdén.

 

(Sale el ENFERMO 2.º)

ENFERMO 2.º

(Canta.)

Yo adolezco de unos celos,

hipocondria tan cruel

de amor si de imaginar

se origina el placer.

Dígame

si hay remedio en los males

que son sin ser.

 

AMOR

(Canta.)

Si está tocado de celos,

morirá vuesa merced

que son dos quereres juntos

el quererse así también.

Porque se ve

que los celos son males

de la altivez.

 

(Sale el ENFERMO 3.º)

ENFERMO 3.º

(Canta.)

Yo adolezco de un alivio

porque gozo un padecer,

que con él no puedo estar

y no puedo estar sin él.

Dígame

¿cómo sin remediarme

me curaré?

 

AMOR

(Canta.)

Complicación y de amor

se han de curar a la vez:

póngase el mal por remedio

y estará con él sin él,

para que

si del bien sana mal,

sane mal bien.

 

(Sale el ENFERMO 4.º)

ENFERMO 4.º

(Canta.)

Yo soy ciego del amor,

tan contrario a serlo, que

veo más cuando no miro

y ciego en llegando a ver.

Dígame

¿qué remedio no visto

me aplicaré?

 

AMOR

(Canta.)

Al que el mirar del ver priva

el remedio viene a ser

que al objeto de la vista

mire mal y verá bien.

Porque, el que

quiere ver lo que quiere

ciego se ve.

 

(Sale el 5.º ENFERMO, de rústico.)

ENFERMO 5.º

(Canta.)

Yo tengo un cómo se llama

después que vi un no sé qué

y me dio tal, como dicen,

que me cómo se llamé.

Y si mi señor

entiéndeme Usted,

en fin como digo

¿déjome entender?

 

AMOR

(Canta.)

De mal como se nombra,

se ha de llamar llamase

en el pico de la lengua

lo tenía y se me fue.

¿Está Usted conmigo

parécele a Usted?

Pues eso y esotro

¿digo algo, eh?

 

ENFERMO 5.º

Yo estoy cómo se llamado

desque a verlo llegué

con un aquél que me hace

salir fuera de mí aquél.

Y si mi señor

entiéndeme Usted,

en fin como digo

¿déjome entender?

 

AMOR

(Canta.)

Póngase Usted unos aquéllos

con que a otro enfermo curé,

que adoleció no sé cómo

de haber visto a no sé quién.

¿Está Usted conmigo

parécele a Usted?

Pues eso y esotro

¿digo algo, eh?

 

ENFERMO 5.º

Perdóneme que le atajo

mi cómo le llaman es,

como digo de mi cuento

en que iba y que me olvidé.

Y si mi señor

entiéndeme Usted,

en fin como digo

¿déjome entender?

 

AMOR

(Canta.)

A el Amor nadie le entiende

porque su cautela es

no ser de nadie entendido

para dar más que entender.

 

ENFERMO 1.º

(Canta y baila.)

Que de su miel.

 

TODOS

El saber sólo sabe

que no es saber.

 

ENFERMO 2.º

No es sino almíbar.

 

ENFERMO 3.º

No es sino hiel.

 

ENFERMO 4.º

El que endulza, y amarga

todo lo es.

 

ENFERMO 5.º

Ninguno lo sabe.

 

AMOR

(Canta.)

Pues, ¿qué viene a ser?

 

ENFERMO 5.º

Un cómo se llama

que yo no lo sé.

 

TODOS

Pues no quiero,

 

Coloquio Entre La Vieja Y Periquillo Sobre Una Procesión Celebrada En Lima

PERSONAJES

UNA VIEJA.

PERIQUILLO.

(La anciana curiosidad

frágil, femenil dolencia,

total, prolijo cuidado

de las sucesoras de Eva,

pregunta al niño de Guacos,

bobo de Coria en simpleza,

hijo de madre arrullona,

nene por niño de teta.

Perico es de estos palotes

y aunque periquitos le echan,

cuenta todo de pe a pa,

al pie de su inculta letra)

 

VIEJA

Niño Perico, pues vienes

de aquella Cairo suprema,

que son cortos arrabales

las cortes más opulentas;

con quien Roma es un cortijo,

Nápoles una aldehuela,

Londres un zaquizamí,

París una choza yerma,

digo de aquel maremágnum,

cuya desmesura inmensa

es el lustre, imperio y gloria

de la vanidad limeña;

contadme, niño, contadme,

sin que la pasión te mueva,

sus progresos, sus trofeos,

sus máquinas, sus grandezas.

 

PERIQUILLO

Abuelita mía, yo

aunque contártelo quiera,

no estoy muy al cabo y temo

de darte muy malas nuevas,

demás que yo, divertido

con los niños de la escuela,

juega jugando, vi sólo

unas niñerías meras.

 

VIEJA

Decidlas, niño, decidlas

no te hagas tan de nuevas,

que los melindres enfadan,

por ser, niño, cosa vieja.

 

PERIQUILLO

Sí y aun por eso, sin duda,

atribuyéndolo a Pepa,

comúnmente dicen: «eso,

vaya y cuéntelo a su abuela».

Sólo temo, abuela mía,

que si a conocerme llegan,

me destierran de estos reinos

como extraño en tal esfera.

 

VIEJA

¡Tal simpleza de muchacho!

Discúlpete tu edad tierna.

Que el desengaño conozcan

los limeños tú recelas,

cuando su vana ilusión

tanto sus troneras ciega

que jamás pudieron verte

ni aun conocerte por señas.

 

PERIQUILLO

Acuérdome haberme dicho

mi mamita la experiencia,

que fue siempre en tales casos

la más cuerda consejera,

que el ascenso peligraba

de una realidad ingenua,

cuando se ponía ilusa

la incredulidad proterva.

 

VIEJA

Acaba de despenarme.

¿Hase visto mayor flema

de chiquillo? Dilas ya,

no hagas burlas de mis veras,

pues vuela por esos reinos

una fama tan parlera

que, atragantando embelecos,

me marea la cabeza.

 

PERIQUILLO

Siempre la fama, señora,

fue campana vocinglera,

suena más de lo que es

y es menos de lo que suena.

 

VIEJA

Bien haya quien te parió

y no algunos paporretas

que me faltan al respeto

con apócrifas quimeras

de asombros, monstruosidades,

maravillas, conveniencias

y delicias y recreos,

solemnidades y fiestas,

que a no ser tan conocidas

sus falacias, se creyera

tierra de Pipiripavo,

los Bausanes de Batuecas.

Y así, Periquillo mío,

te pido individual cuenta

de todo lo que observaste

en la Babilonia nueva.

 

PERIQUILLO

Bosquejaré, ahora, en tipos

las más exquisitas muestras,

para que, por los indicios,

las consecuencias se infieran.

 

VIEJA

¿Qué me cuentas del celaje,

que, según lo que exageran

los patricios, del empíreo

aun excede la belleza?

 

PERIQUILLO

Del dicho al hecho hubo siempre

muy notable diferencia

y en cualquier tierra de babia

saben mentir los babiecas,

y más éstos, que, por dar

a sus errores más fuerza,

dirán que el cielo es pintado

sobre cristalino néctar,

que es de tela de cebolla,

bordada de lentejuela,

que hay en cada nube un astro

y es un sol cada planeta,

siendo así, que las más veces,

cubierto de opaca niebla,

puede competir al Limbo

y exceder a la Noruega.

En el adorno de altares

y calles, se manifiesta

de fervores el non plus,

al Rey de cielos y tierra.

Según el infiel orgullo

con que el misterio celebran

las tapadas, pues mendigan

tarascas de aquella fiesta,

con irreverencias tantas

a la herejía semejan

y cubiertas con el velo,

pierden el de la vergüenza;

con los barberos barbados

siempre andan a chanzonetas,

muy preciadas de entendidas,

ignorantes bachilleras

que ni aun el Christus conocen

en medio de tantas letras.

Por hacer más execrable

su desenvuelta insolencia,

hacían del sambenito

la gala más deshonesta.

Esto es, prescindiendo el poco

esmero en que degeneran

de católicos fervores

las descuidadas tibiezas.

 

VIEJA

¿Qué me cuentas, Periquito?

Mira, niño, no me mientas,

porque, dudo que pudiese

suceder más en Ginebra.

 

PERIQUILLO

No, señora, que en los niños

y en los locos son cosecha

las verdades y, aunque amargue,

la verdad es evidencia.

 

VIEJA

¡Oh, qué claro es el chiquillo,

en medio de su simpleza!

¡A fe que para escribano

es el muchacho una perla!

 

PERIQUILLO

También vi en la Compañía

por adorno de la Iglesia,

colgados muchos rebozos

de brocato y de bayeta,

porque femeniles galas,

a desplegadas banderas,

hagan de profanidades,

aun en los templos, ostenta.

 

VIEJA

Mira, Perico, que ya

pasan de raya tus pepas:

habla claro, que aun yo misma

imagino que te juegas.

 

PERIQUILLO

Juro in verbo motilonis

y créame usted siquiera,

porque todos me despachan

o mi abuela que me crea.

Es tan fiero el huracán

de ventosas volumeras,

tan feroz el torbellino

de vanas prosopopeyas

que, si por muerte de un rey,

hay sermones donde quiera,

aquí, por lo que se mira,

predican dos mil arengas,

siendo abuso tan común

que, si Dios no lo remedia,

tendrán ya su panegírico

pulperos y verduleras.

En los entierros nocturnos

su gran fantasía observa,

porque a todas luces luzca

de vanidad la quimera,

que dizque en el Purgatorio

también se alivian de penas

las almas de este país

con aparentes exequias.

 

VIEJA

Gentil alivio por cierto,

encender al humo hogueras,

haciendo efectivas llamas,

siempre de Dios más aceptas,

como si ante la infalible

verdad de infinita ciencia,

vanos desvanecimientos

dignos holocaustos fueran.

Ésta es la supersticiosa

ilusión que a muchos ciega;

juzgan que aun en cultos sacros

profanos humos prefieran,

y es tanta la vanidad

de la mundana demencia,

que aun de lo sagrado abusa

la profanidad grosera.

Mas ¿dónde dejas las glorias

que de sus hidalgos cuentan?

Dizque ya de hijos de Adán

sus prosapias degeneran.

 

PERIQUILLO

Todo el mundo es Popayán,

y pasa lo que en mi tierra

donde quiera que hay campanas;

y así te suplico, abuela,

que no me importunes más

con preguntas y respuestas,

que aunque a las reglas camines

no hay particular ofensa,

haciendo prerrogativas

que mi respeto venera;

ni es justo hacer un agravio

por las malas a las buenas.

Ni es mi designio tampoco

profanar las excelencias

de tantos gloriosos héroes,

que ilustran su alta nobleza.

 

VIEJA

Pues yo, guardando el decoro

con debida reverencia

a tanto noble esplendor,

excepción de aquestas reglas,

hablaré con sólo aquéllos

que por meterse en docena,

siendo de miseria flux,

se introducen a primera.

Caballeros sólo in voce

de su jactanciosa lengua,

hidalgos sin más informe

que un Don de bastardas letras;

como unos pavones reales

muy erizados se encuentran,

sin atender a que estriban

en unas patas muy feas;

y como firmen el Don,

aunque de donado sea,

les basta sólo el firmarlo

para su información plena;

que en esta Babel, tan sólo

al contacto de la huella,

se constituyen los sastres

en potentados de Grecia;

los calafates en condes,

duquesas las taberneras,

en príncipes los arrieros

y las gorronas princesas.

De suerte que el que quisiere

exaltar su descendencia,

en jurando el domicilio

no necesita más prueba.

Y es cosa muy singular

que, aun sin saber formar letras

sino caracteres griegos,

siempre aquéllas tres primeras

que constan de sólo el Don,

con gran claridad expresan,

pero en todas las demás

su abuela que los entienda.

¿Viste algunos gamonales

de seriedad circunspecta,

muy estíticos de bolsa,

muy estirados de cejas,

de aquéllos que si se ofrece

la cuestión primera, niegan

doce artículos de fe

con prosa caballeresca;

de aquéllos de quitasol

de angaripola y cenefa,

rapacejos de algodón

en vez de flecos de seda?

 

PERIQUILLO

No, señora, que no pude

elevarme a tanta esfera,

si no es ya que de mal vistos

ninguno hay que verlos pueda.

Sólo vi unos aéreos diablos,

de tan vana ventolera

que del propio torbellino

camaleones se alimentan.

Otros duendecillos vanos

muy sin forma ni manera,

por suponer entidad

forman varias apariencias:

ya de fantasmas galanes,

Don Guindos de la comedia;

ya de familiares trasgos

metidos en sus carretas;

ya de súcubos marciales,

hermafroditas diablesas,

con más afeites y aliños

que una Doña Melisendra;

mucho capote de franja,

pañuelo a la picaresca,

metidos entre cortinas

como en jaula cotorrera,

por un lado marimachos

y por otro marihembras.

Las cabezas circundadas

con cintas de raso o tela,

mas con todo este fan fan

con la transformación quedan

en entrando al vestuario

Don Perolinos de Jerga.

Y en volviéndose a sus casas

toda grandeza depuesta,

la mazamorra en persona,

sazonan sus excelencias

y acabándose la farsa

de los Príncipes de Tebas

hacen a Don Gerinaldos

su mojiganga burlesca.

 

VIEJA

¿No haces conmemoración

de las femíneas bellezas,

que ya por hojas del aire

juzgo Semíramis bellas?

Dizque son unas jeringas

altas, delgadas y secas,

preciadas de pocas carnes

sin patas, barriga y tetas.

 

PERIQUILLO

No me toquéis ese punto,

señora, porque me pesa

que así carguéis la romana

a matronas tan honestas,

cuando por romanas pueden

blasonar por muy Lucrecias

estas ilustres matronas

que mi decoro venera,

cuyo prudente recato

virtud, cordura y modestia

a la veneración toca

y no a censura grosera.

 

VIEJA

No por ésas te pregunto

que fuera necia imprudencia,

cuando sus fueros exentos

viven de toda sospecha,

sino por aquellas otras

charlatanas damiselas,

que Laïs, Lamias y Floras

son de esta Roma moderna.

 

PERIQUILLO

Como en la fragilidad

de nuestra humana miseria

por dolencia universal

es la más común flaqueza

siempre de inmundas, mundanas,

profanas, ninfas venéreas,

suele ser en todo el mundo

la más corriente moneda.

Y así noto en este informe

una sola diferencia,

que otras caen de rogadas

y éstas de caídas ruegan.

Vieja exhalación con manto,

o fantasmas corpulentas,

andan por calles y plazas,

jugando carnestolendas.

Unas se topan con todos

por ver si pega o no pega;

sin ser de peso pesadas;

livianas, sin ser ligeras;

y aunque desbarbadas no,

son muy rapantes barberas

que a los míseros barbados

desuellan que se las pelan.

Otras más cultas o soeces,

entrando a las casas mesmas

por echar el resto al saque

con todos pelota juegan;

porque a su desenvoltura

o liviandad deshonesta

aun sirva la humanidad

de sagrado a las iglesias.

Mas en medio de tan varias

ilícitas diligencias,

más eruptan de gazuza

que bostezan de repletas.

Preciadas de Doña Urraca,

de picudas cotorreras,

por cuatro bachillerías

de memoria mal impresas,

tan superficiales que

a dos silogismos quedan

con un «beso a usté las manos»

bien concluida la arenga.

 

VIEJA

¿Esto es todo el zaine a Filis

que a tanto bauzán elevan?

¡Tan poca actividad tienen

los encantos de Medea!

 

PERIQUILLO

Todos sus donaires fundan

en insolencias perversas

y así al punto semitonan

en tocándose otra tecla.

 

VIEJA

¿Luego todas las plausibles

pompas que el mundo celebra

de esa confusa Babel,

de esa fabulosa Creta,

de esa imaginaria Menfis,

de esa fantástica Atenas,

son, según la descripción,

que tu relación expresa,

ráfagas muy perceptibles

de humo que el viento subleva

en ficticios obeliscos

a desvanecida esfera?

 

PERIQUILLO

Son escritos sin sustancia

en los fastos que bostezan,

oropel sin fundamento

es el relumbrón que afectan;

todo paja, nada grano,

cascos vanos, tripas huecas,

mucho ruido, pocas nueces,

muchos dones, pocas rentas.

Y perdonad que yo no

sé más que estas menudencias,

que al acaso se me vienen

sin hacer reflexión de ellas.

Que sólo sé que no sé,

y aun si el no saber supiera,

ya eso fuera saber algo,

y eso mi ignorancia niega.

Digo, de hoy en adelante

doy por falsas, por siniestras,

por nulas, por atentadas,

por patrañas, por novelas,

a todas y cualesquiera

relaciones o gacetas,

informes o descripciones,

a mano escritas o impresas,

maldiciendo a los perjuros

informantes, con aquéllas

que las viejas acostumbran

y hasta con las de anatema;

y a los tales ateístas

por incursos en la pena

de falsarios, de embusteros,

o de perjuros babiecas.

 

Coloquio Que Tuvo Con La Muerte Un Médico Moribundo

El mundo todo es testigo,

Muerte de mi corazón,

que no has tenido razón

de portarte así conmigo.

Repara que soy tu amigo,

y que de tus tiros tuertos

en mí tienes los aciertos;

excúsame la partida,

que por cada mes de vida

te daré treinta y un muertos.

¡Muerte! Si los labradores

dejan siempre qué sembrar

¿ cómo quieres agotar

la semilla de doctores ?

Frutos te damos mayores ;

pues, con purgas y con untos,

damos a tu hoz asuntos

para que llenes las trojes,

y por cada doctor coges

diez fanegas de difuntos.

No seas desconocida

ni contigo uses rigores

pues la Muerte sin doctores

no es muerte, que es media vida.

Pobre, ociosa y desvalida

quedarás en esta suerte,

sin que tu aljaba concierte,

siendo en tan grande mancilla

una pobre muertecilla

o Muerte de mala muerte.

Muerte sin médico es llano

que será por lo que infiero,

mosquete sin mosquetero,

espada o puñal sin mano.

Este concepto no es vano :

porque aunque la muerte sea

tal, que todo cuanto vea

se lo lleve por delante,

que a nadie mata es constante

si el doctor no la menea.

¡ Muerte injusta ! Tú también

me tiras por la tetilla ;

mas ya sé no es maravilla

pagar mal el servir bien.

Por Galeno juro, a quien

venero, que si el rigor

no conviertes en amor

sanándome de repente,

y muero de este accidente,

que no he de ser más doctor.

Mira que en estos afanes,

si así a los médicos tratas,

han de andar después a gatas

los curas y sacristanes.

Porque soles ni desmanes,

la suegra y suegro peor,

fruta y nieve sin licor,

bala, estocadas y canto,

no matan al año tanto

como el médico mejor.

 

Porque fiera no me achaques

te juro, por Dios bendito,

de matar cual don Benito

Ordanivia y Melchor Vásquez1

que despachan más que chasques*

y exceden en la porfía

a Ojo de plata, que al día

primero al enfermo ha muerto,

pues como éste es doctor tuerto

trae hecha la puntería.

Seré uno y otro TJtrilla

en desollar con sus artes,

y por matar por tres partes

seré como otro Rivilla,

que mata con tarabilla

de retórica parlata;

y con su doctrina mata;

y también cual cirujano

sanguinolento y tirano,

con que es tres Ojos de plata.

Seré el doctor Cor cohado

que, con emplastos y apodos,

birla mucho más que todos

porque éste mata doblado.

Y aunque siempre anda gibado

de las espaldas y pecho

este médico mal hecho,

en el criminoso trato,

si cura cual garabato

a matar sale derecho.

Seré Crispín que receta

a salga lo que saliere

de la cura, donde diere

con récipe de escopeta.

No hay vida en que no se meta

con bárbaros aforismos

y en latín de solecismos,

este ignorante doctor,

siendo el bárbaro mayor

de todos los barbarismos.

Seré en pegar la pedrada

don Lorenzo el sin igual,

que da muerte natural

porque su cura es indiada.

Su persona fué llegada

del Potosí con la suerte

de médico ; mas se advierte

que tan sólo es, en rigor,

cacique o gobernador

de la mita de la Muerte.

Seré don Pedro Chinchilla

médico que cura a pie

y mata muy bien, aunque

no es la muía con la silla.

También son de esta cuadrilla

mil navajas engreídas,

que, en su ejercicio podridas

hoy tendrán muertes a parbas,

dejando de quitar barbas

por andar quitando vidas.

Como son el licenciado

Garrafa, torpe extranjero,

don Juan de Austria, ayer barquero,

y Miguel López de Prado,

Godoy, con su ojo saltado,

sin otros mil curanderos,

ignorantes majaderos

que matan, con libertad,

más hombres en la ciudad

que el obligado carneros.

Seré la gran doña Elvira,

médica por sucios modos

de la carnaza de todos,

porque a todos cursos mira.

 

Con las traiciones conspira

de su jeringa punzante

que es, por las ancas, matante;

de suerte que birla más

ella sola por detrás,

que nosotros por delante.

 

Al Doctor Corcobado

que contestó los versos precedentes con unas décimas ruines

y unos esdrújulos tan esdrújulos como él.

I

Oye, corcobado físico,

de mi corcobado cántico

los agraviados esdrújulos,

loa de un dos veces sátiro.

A tí, quircuncho de médicos

y licenciado galápago,

mojiganga de la física,

tuerto en derechos de párroco,

fué tu concepción incógnita,

semen de flojos espárragos,

que corcoba tan acérrima

no la concibieron rábanos.

Heces de algún amor hético

formaron cuerpo tan párvulo,

y así de defectos cúmulo,

tienes en globo lo lánguido.

Concho sin jugo vivífico

hizo tu ingenio mecánico,

y así tu cuerpo ridículo

se formó con tanto obstáculo.

En tus espaldas el túmulo

traes denotando lo trágico,

envuelta en bayetas lóbregas

toda tu giba de plátano

Si eres un barbero frívolo

o cirujano fantástico,

deja, matador, lo lírico

y trata sólo en lo asmático.

Versos de numen frenético

escribe un botado-guácharo1,

ingenio peripatético

que en la cabalina es Tántalo.

 

II

Mono de la medicina,

jimio de los curanderos,

espantajo de barberos,

médico de melecina,

con más comba que bocina

que esa tu corcoba encierra ;

también en los versos yerra

como en curar tu opinión,

pues no es bien tire a traición

quien es hecho en buena guerra.

Según dicen las comadres

mucho en calidad adquieres ;

porque, por los muchos, eres

hijo de muy buenos padres.

Sácame, porque me cuadres,

de una duda y gran zozobra.

¿ Cómo teniendo de sobra

tu madre en los arrabales

tanta copia de oficiales,

te hicieron tan mala obra?

Dime, tonto singular,

¿cómo dices mal de quien

diciendo mal dices bien,

que hay bien en el decir mal?

 

Si hablo en tesis general

de médicos, no hay disputa

de que en nada es disoluta

mi pluma, y así lo pruebo :

yo te puse como nuevo

sin decirte hijo de p…….

Por tu musa simple y boba

desde hoy aquí te condeno,

por mal Virgilio y Galeno,

a una bien pegada soba.

A palos esa corcoba

tengo de hacer que se humille,

y nadie se maraville

que, si con coplas mal hechas,

simple y tonto me desechas,

el que yo te desastille.

Volver por ti has intentado

con torpes coplas revueltas,

y no es mucho tenga vueltas

un hombre tan corcobado.

Lo que sí mucho he admirado

es que en tu madre subiesen

tantos, y que todos fuesen

a fabricarte en sus faldas

uno a uno, entrando a espaldas

y a ti ninguna te hiciesen.

Si de los médicos hablo,

en la opinión popular

de que no saben curar,

novedad ninguna entablo.

Basta, retrato del diablo,

odre hidrópico de viento,

tan gibado de talento

como eres de revejido,

no te des por entendido

que jamás lo es un jumento.

 

Al Corcobado

que, después del temblor que sufrió Lima el 20 de Octubre de 1687, salió a la calle con espada.

¡Tembló la tierra preñada!

y al punto que se movieron

los montes, luego parieron

a Liseras con espada.

Porque su traza gibada,

sin forma ni perfección,

como es globo en embrión

hecho quirúrgica bola,

así que se puso cola

quedó físico ratón.

 

Al Doctor Machuca

que, oponiéndose a la cátedra de venenos, alegó como mérito ser doncel

Machuca, que siempre es vano,

alegó que era doncel,

porque en todo éste cruel

es contra el género humano.

No nace de buen cristiano

el ser casto y continente,

sino por ser inclemente

en el oficio que trata,

que el que gente desbarata

no es amigo de hacer gente.

Si nada tuvo que ver

nunca el pulso con el c…

¿Para qué con disimulo

lo queréis entrometer?

Decid ¿ qué tiene que hacer

el curar con ser honesto,

si al rabo le toca esto

y al pulso no, que es distinto ?

Alabaos, doctor, del quinto,

que es del caso, y no del sexto.

Virgen sois, y esa quimera

también la quiero apoyar,

mas se entiende en el sanar;

porque de la otra manera

me parece… ¡ faltriquera !

y en creerlo estoy perplejo.

Así pues en duda dejo

vuestro virgo tan mullido,

que lo extraño en quien ha sido

practicante de Bermejo.

 

A Un Doctor De Anteojos

que pronosticó a una señora que pariría hembra, y ella, por desmentirlo, parió varón.

Con imprudentes arrojos

partos no pronostiquéis,

que en preñados no entendéis

teniendo tantos anteojos.

Se engañaron vuestros ojos

que son discursos menguados

cuantos hacéis, y abobados

de barrigas sin compás,

pues de ellos entendéis más

que de pájaros preñados.

De este renuncio se infiere,

doctor requiescat in pace,

que no entiendes del que nace

ni tampoco del que muere;

hablas a lo que saliere

cuando disputas rigores

en récipes flechadores,

y tu ignorante furor

te acredita del mayor

de todos los habladores.

Y aún os hago conocidos

favores que son excesos,

doctor, porque vuestros sesos

pueden atontar maridos.

Están todos advertidos

que la razón me provoca

en este aplauso que os toca,

porque lleguen a entender

que necesitáis traer

las canillas en la boca.

Dejad de pronosticar,

ciencia ardua y dificultosa,

como lo dice la glosa,

del volumen del matar ;

mas, si queréis acertar

con pronosticar seguro,

a un enfermo lo futuro

le diréis, grave y severo :

— Morirá usted, caballero,

muy breve, si yo lo curo. —

Si queréis pronosticar

preñados, podéis decir :

— Hembra y macho ha de parir —

que el uno se ha de acertar.

Y si acaso a preguntar

os llegaran — ¿ Qué se hizo

el otro ? — que era enfermizo

afirmaréis, y que el padre,

como lo hizo en la madre,

continuando lo dehizo.

 

Epitafio

En el Sepulcro de la mujer de Pico de Oro.

Muerta dos veces, sin temer censuras,

por Pico de Oro yace una matrona,

de quien él era mono y ella mona,

y la mató de amores y de curas.

Reconoced en ambas mataduras

lo que en ellas le dió la socarrona,

y por su muerte le adornó Belona

la golilla con pobres zurciduras.

¿Para qué la curaste, majadero,

si casado con ella estabas rico?

¿Hasta tu dicha arrojas al camero ?

Has probado muy bien que eres borrico;

porque diste en matarla por entero,

y pobre quedas de oro, aunque con pico.

 

A Mi Muerte Próxima

Que no moriré de viejo,

que no llego a los cuarenta,

pronosticado me tiene

de físicos la caterva.

Que una entraña hecha gigote

al otro mundo me lleva,

y el día menos pensado

tronaré como arpa vieja.

Nada me dicen de nuevo;

sé que la muerte me espera,

y pronto ; pero no piensen

que he de cambiar de bandera.

Odiando las melecinas

como viví, así perezca;

que siempre el buen artillero

al pié del cañón revienta.

 

Mátenme de sus palabras

pero no de su recetas,

que así matarme es venganza

pero no muerte a derechas.

Para morirme a mi gusto

no recurriré a la ciencia

de matalotes idiotas

que por la ciudad pasean.

¿Yo a mi Diente del Parnaso

por miedo traición hiciera ?

¡ Cuál rieran del coronista

las edades venideras !

Jesucristo unió el ejemplo

a la doctrina, y quien piensa

predicando ser apóstol,

de sus obras no reniega.

¡Me moriré! buen provecho.

¡Me moriré! en hora buena;

pero sin médicos cuervos

junto de mi cabecera.

Un amigo, si esta avis

rara mi fortuna encuentra,

y un franciscano que me hable

de las verdades eternas,

y venga lo que viniere,

que apercibido me encuentra

para reventar lo mismo

que cargada camareta.

 

Remedios Para Ser Lo Que Quisieres

I

Hipócritas

Quien trate de fingirse virtuoso,

que es ejercicio grave y fructuoso,

póngase gran sombrero y zapatones,

aunque otra cosa digan los calzones,

que a esos seres tan sucios y amarillos

nadie va a registrarles los fondillos.

Procure conocer la gente rica,

porque ella es la botica

donde el récipe está de su remedio,

y adúlela sin excusarse medio ;

de esta suerte tendrá capellanías,

legados que le dejen y obras pías.

Ancho el cuello traerá con un rosario

que parezca en las cruces un calvario ;

un denario en la mano de contino

de unas cuentas tan grandes, que el vecino

cuando él pase las oiga, y sea testigo

de que diciendo va — : ¡ Jesús sea conmigo !

En su estilo usará muy cuotidiano,

hermanica o hermano,

aunque en tal trato son impropiedades

el que busque un ladrón las hermandades.

Cogerá algún pretexto demandante

porque es muy socorrido un petulante ;

tratará con palabras generales

profecías de males

como que sabe bien lo que se dice,

porque así con misterios se predice;

y en pillando algún rico albaceazgo

vístase de mocito mayorazgo

diciendo a su quebranto : —

¿ Hasta cuándo ? ¡ Ya basta para santo !

y pues que ya he pescado

sea mi Dios bendito y alabado. —

Una muía aderece con decencia,

con los lacayos negros de la herencia ;

ajústese el zapato, achique el cuello,

pues se ha llegado el tiempo del degüello ;

quítese de cilicios tanta enjalma

y vístase de verde, cuerpo y alma.

Y si le censurasen los parientes

del muerto, que entre dientes

le traerán por la herencia,

culpándole su obrar y su conciencia,

por no haber dado justo cumplimiento

a las mandas que tiene el testamento,

como el talego quede aprovechado

no importa que esté el otro condenado ;

porque en eso de misas al difunto

que hay su más y su menos yo barrunto,

y no cumpliendo misa ni memoria

él tendrá menos pena y tú más gloria ;

pues si por su ventura se fue al cielo

no ha menester sufragios ni consuelo;

y si al presente está en el purgatorio,

es lugar accesorio

a la gloria, y en él no gasta reales.

Purgue, y venga a salir por sus cabales.

 

II

Beatas

Si es mujer la que de esas cosas trata

con lo preciso vístase de beata;

su rosario en el cuello muy cumplido,

con medallas de azófar guarnecido

que unas con otras vayan rezongando,

a todos avisando

por esta calle abajo va la santa,

la que en virtud a todos se adelanta,

resonando cencerros por memoria

de que es muía de recua de la gloria.

Si alguna cosa la es encomendada

de la otra vida, diga desmayada

y lanzando un suspiro muy profundo :

— ¡A mí que la más mala soy del mundo ! —

Y dirá una verdad sin preguntarla,

porque es cierto merece encorozarla.

Y en viendo una esmeralda o una perla

dará un suspiro al verla,

diciendo compungida : —

¡Ay niña de mi vida !

Si tuviera esta piedra el acerico

que bordándole estoy a toda priesa

al padre provincial1 que me confiesa,

fuera en verdad un acerico rico. —

La dueña, al mundo dada,

te la dará tal vez, por bien empleada,

pensando que por ello sus pecados

le serán perdonados,

siendo mejor camino confesarse,

arrepentirse de ellos y apartarse,

sin dar alhaja tal a la beata,

que continuando más la patarata

dirá, que sabe está predestinada ;

y la deja en su vicio condenada.

Arróbese un poquito, que no ignoro

que vale el arrobarse mucho oro ;

pues quien santas rapiñas así ensaya

no será mucho que a robarse vaya.

Si por alguien le fuere preguntado

de alguna alma el estado,

si rico fuere, diga que está en pena

y que era una alma buena ;

y pida plata o cosa que la valga

para que así del purgatorio salga.

Si por alma de pobre es preguntada

responderá : — De esa alma no sé nada,

aunque tengo por público y notorio

que al cielo no se fué ni al purgatorio,

y por no haberla visto he sospechado

que el maldito Patón se la ha llevado.

Y añádales, volviendo los talones :

de muertos pobres no hay revelaciones,

que éstos son condenados

porque tienen pobreza sus pecados;

 

y al infiemo los pobres van a cargas,

y a todos se los lleva el Uñas-largas.

Para los ricos sólo se abre el cielo

y sus almas allí van en un vuelo.

La virtud nos aumenta su comida

pues con ella tenemos buena vida,

y mi espíritu hambriento de estudiante

en viendo una pechuga por delante

me eleva, me transporta y me arrebata

porque tengo canina gratis data.

El pobre llega, con declamaciones,

a pedirnos milagros y oraciones

y a saber de sus muertos el estado,

sin pagarnos un real por el recado

de tantas leguas como caminamos,

y vestimos, comemos y calzamos,

y así les digo : — el cielo los socorra —

porque a nadie le sirvo yo de gorra. —

Cuando hablare de Dios y de su Madre,

por hacerse exquisita y que más cuadre

a la gente vulgar que el juego ignora,

llámelos mi Señor y mi Señora

y no nuestro ; porque es de pecadores

decir que son señores

en general del mundo y de las gentes,

y que esto no los hace diferentes.

Cuando se ofrezca hablar de los demonios

levánteles quinientos testimonios,

confirmando sus nombres ;

no como el común dice de los hombres,

sino a cualquiera llámele el Tinoso,

el Patón, el Patillas, el Maldito,

el Rabón, el Chivato y el Precito,

el Enemigo, el Grifo, el Uñas-largas.

Cuando a alguno le oyere decir: ¡Diablo!

hágase de mil cruces un retablo

diciendo con asombro y agonía :

— ¡Jesús! ¡Jesús me ampare! ¡Con María

sea conmigo! ¡Ay, mi Dios! !Lo que ha nombrado!

Más no le nombre, llámele el Pecado! —

Y vaya prosiguiendo en su aspaviento,

que importa a la virtud ciento por ciento,

añadiendo en latín un / Verbum caro!

que tal latín en beatas nunca es raro;

y enmiende así la pluma a la Escritura

que llama a la maldita criatura

Diablo, a secas, y no le da el Cornudo

por mote, ni el Pateta, ni el Patudo.

 

III

Salvedades

Mi intento no es hablar de los estados

por la iglesia aprobados,

ni de justos, que en ellos considero

alta virtud ; mas sí del embustero

que, con ñera malicia,

nos vende por virtud lo que es codicia,

dejando a miserables pecadores

más ciegos y enredados en errores ;

y el hipócrita que obra con malicia,

viendo que el ejercicio a su codicia

no le da logros, mudará destinos,

y se hará salteador de los caminos,

que es menos mal que inmunda hipocresía,

porque ésta roba a aquél que se confía.

Y si a hipócritas Dios ha perdonado,

médicos y escribanos se han salvado.

 

IV

Caballeros Chanflones

El que quisiere hacerse caballero

que se ponga muy grave y muy severo,

y aprenda muy despacio

lo que son etiquetas de palacio

Si nombrare al Virrey diga Su Esencia,

y no como la plebe Su Excelencia ;

al título lo trate de Usiria,

y que lo nombra así de cortesía,

y que a no hablarlo más ya se resuelve

porque no se la vuelve.

Entra aquí el alegar de ejecutorias,

el suponerse hazañas y memorias

heroicas de ascendientes,

y el hacer a diez grandes sus parientes.

Si este tal caballero fuese pobre,

porque todo le sobre,

a una iglesia se vaya y, por dos reales,

que a un calesero dé para tamales,

por este corto logro que interesa

logrará que lo meta en la calesa

y le abra las cortinas.

Por las calles remotas y vecinas,

cuantos fuese por ellas encontrando

los irá saludando,

y llamando de usted al mal vestido,

y al galán poderoso y engreído

de tú, para que lo oigan tutearse

y así piensen que llegan a igualarse.

Si el tal le preguntare a dónde ha estado,

responda : que ocupado

Su Esencia lo ha tenido

en consulta, cansado y aburrido,

porque el gobierno todo lo ha fiado

de su corto discurso limitado,

y que nunca lo deja aunque se excusa,

y murmure algo de él, que así se usa.

Cuidará sobre todo que el mulato

llamado Alonso, que es quien tiene el trato

de convidar a todas las funciones

de entierros, casamientos y lecciones,

en el papel que asienta caballeros

lo tenga inscrito a él de los primeros,

porque estp cuesta un peso para vino

y es grande desatino,

cuando está en el arbitrio de un mulato,

no hacer un caballero tan barato.

Si fuera rico, ya estará en su mano

pues no hay rico villano,

ni pobre bien nacido

por más noble que tenga el apellido.

Adviértoles aquí que, en la patraña,

el que fuere de España

dé a su nobleza aumento

en un ciento por ciento,

porque en larga distancia

se emplean las mentiras a ganancia ;

porque una mentirilla

pulida en una aldea, viña o villa

de ilustre calidad, será patraña

que venda por tejida en la montaña.

Usará de ordinario muy frecuentes

los términos siguientes :

punto, garbo, valor, obligaciones,

mis servicios, mi casa, mis acciones,

mi médico, mi sastre, mi abogado,

mi mercader, mi coche, mi criado,

el alazán, la yegua, el aguililla,

pellón y linda silla,

la estribera dorada, el jaez rico,

aunque rocín no tenga ni borrico,

ni el noble caballero por sus daños

espere tener esto en dos mil años.

Si fuere por papel desafiado

déle poco cuidado,

y con muy grande aliento y muy despacio

métase en el concurso de palacio,

donde, de su temor bien advertido,

arrojará el papel como caído.

Iráse, y de allí a un rato apresurado

entrará preguntando. — ¿Quién ha hallado

un papel ? y — andará mirando al suelo

por aquí, por allí, con mucho anhelo.

— ¡ Se acabó, vive Dios ! ¿Hay tal enojo ?

¿ Dudarán de mi arrojo ?

Mas supuesto que sé lo que contiene

ajustarlo cuanto antes me conviene —

Y con esto saldráse denodado,

y el bien intencionado

que se encontró el papel y lo ha leído

lo detendrá, diciéndole advertido :

— Ya sé de ese disgusto,

y sabiéndolo yo, no será justo

que se lleve adelante la pendencia,

de la que he dado parte a Su Excelencia —

Aquí deberá hacer demostraciones,

levantando del suelo los talones,

parándose en puntillas

como quien desafía a las cabrillas :

y aquí encontrará asunto

de sacar lo del garbo y lo del punto,

con alta voz y acciones denodadas,

porque vayan viniendo camaradas

que, informados del caso y entidades,

se ofrezcan para hacer las amistades.

Aquí dirá que de atención las hace

para no desairar, que su enemigo

salva el réquiem in pace :

porque Dios le es testigo

que llevaba, en su cólera, estudiada

de sine misericordia la estocada,

con la cual no hay más quite, tajo o medio,

que matar al contrario sin remedio.

De cuando en cuando tiene sus virtudes

ir a dar al Virrey muchas saludes.

Entrará en el salón muy denodado,

y en mitad de su paso acelerado

se parará, y hará tres reverencias,

de aquellas que se llaman continencias ;

que, son bajar humilde y con presteza

de gloria patri al suelo la cabeza,

y luego, de repente, enderezarse

con indicios cobardes de turbarse;

y por fin de debates

cierto aspecto tomar de orate fratres,

que el valor español que antes veías

hoy reducido se halla a monerías.

¡ A y! En esto han parado las proezas

de Bernardo del Carpió, y las fierezas

de aquel Cid que no tuvo semejante.

Y llevando los siglos adelante

las de un Gran Capitán, las de Paredes,

que sirvió sin pedir jamás mercedes ;

las de Alarcón y Leyva, a quien señores

llama el Emperador de vencedores;

las del marqués del Basto y de Pescara,

que en bronce eterno el bronce las declara;

las de un duque de Alba, en quien no hay suma

si su espada no alcanza mejor pluma ;

las de un Hernán Cortés, cuyo desvelo

reinos le supo dar al Rey del cielo;

las del que fué Maestre de Santiago,

que morían los moros de su amago;

y otros muchos que nombro aquí de paso,

como el valiente joven Garcilaso,

Ponce de León, el fuerte,

que era el nemini parco de la Muerte;

el señor de Aguilar, Pulgar y Aldana,

cuyos hechos apunta Mariana;

y Francisco Pizarro y Hernán Soto,

héroes a cuya gloria no hallo coto ;

Benalcázar, Quesada,

y Pedro de Valdivia, audaz espada.

Dejo aquí de apuntar otros de fama

porque mi caballero ya me llama

de su éxtasis vuelto,

diciendo muy resuelto: —

Señor Virrey, para estas ocasiones

de amagos de corsarios,

que son unos solemnes perdularios,

valerosas acciones

a mí me asisten, y a ofrecerme vengo

cuanto soy, cuanto valgo y cuanto tengo.

Si Su Esencia, sabiéndolo embustero,

lo arrojase de sí, grave y severo,

sálgase como perro con vejiga;

pero aqueste desprecio a nadie diga.

Y a quien le preguntare cómo le ha ido,

respóndale muy tieso y muy erguido :

— El Príncipe me ha hecho mil favores,

porque estaba asistido de temores

de esta nueva invasión ; mas le he alentado,

con el grande valor que Dios me ha dado

y siguiendo mis útiles consejos

tendremos pronto los corsarios lejos.

 

V

Salvedad

Aqueste caballero que aquí pinto

es de los verdaderos muy distinto,

que de uno y otro clima

son el lustre de Lima,

cuyos nobles y graves apellidos

de la fama se ven engrandecidos.

Hablo de ésos que aprenden la nobleza

que no les concedió naturaleza,

y como esta gran ciencia no se estudia

al villano repudia,

y él mismo se traiciona por la hilaza,

aunque intenta de noble sentar plaza

con supuesta quimera,

hidalgo solariego por de fuera ;

pero mirando el centro,

es un picaro infame por adentro ;

adulador, cobarde, mentiroso

tirano con los pobres y obsequioso 1

con los ricos, de quienes hace aprecio

por más que ellos lo miren con desprecio ;

soberbio con humildes y abatidos,

sus viles pensamientos presumidos ;

porque es intolerable

un villano aprendiz de condestable,

oficial de pobreza y practicante

de duque, de marqués y de almirante,

sin mirar que no puede ser honroso

adular y mentir el poderoso ;

pues no hay caballería

en quien dispuesto está, de noche y día,

para toda bajeza e indecencia

y que ha puesto mordaza a su conciencia,

adoptando por lema el insolente :

que sólo medra, aquél que adula y miente.

 

VI

Doctos De Chafalonía

Si quieres docto ser en todas ciencias,

en púlpitos, en cátedras y audiencias,

pondrás mucho cuidado

en andar bien vestido y aliñado

de aquella facultad que representas,

que de esta suerte ostentas

lo que ignoras y nunca has aprendido,

que es ciencia para el vulgo el buen vestido.

Si gordo fueses, para tu decoro

importa lo marrano otro tanto oro,

que ven los más con ojos corporales,

y en mirando hombres gordos y bestiales

a la carnaza dan sabiduría,

aunque es ciencia de rastros, a fe mía.

Traerás anteojos, viendo más que un Argos,

con sus tirantes largos

de cerda, que en la cola y en la ceja

te estuvieran más propios que en la oreja;

porque anteojos en cara de pandero

al mayor majadero

por Séneca acreditan,

entre aquéllos que ven y no meditan.

Harás de la memoria entendimiento

si sintieres en ti corto talento,

y darás tu gatazo de entendido,

siendo un asno incapaz de ser oído.

Lograrás, sin saber lo que te dices,

hacer pasar entre esos infelices

el mayor disparate por sentencia,

que hay mucho oído y poca inteligencia;

por lo cual yo colijo

que el ingenioso Lope atento dijo,

oirse la campana en el oído

que parece concepto y es sonido,

en la gente de enjalma

que sorda y ciega tienen siempre el alma.

Ojos todo con oídos corporales,

de bodrio, de carnazas animales,

y el que sueña a su pulpa es el perito,

y el que espíritu sueña es imperito.

Tendrás pase de negras y mulatas

que te aplaudan tus muchas pataratas,

diciendo tienes rara suficiencia,

que eres pozo de ciencia,

y opondraste a las cátedras con esto,

pues no es docto el que sabe ni el modesto.

Procura ser doctor en todo caso,

y vivirás sobrado y nada escaso ;

mira que en una hora hay materiales

y se ahorran muchos reales;

pues aunque en estas cuentas después digas

que hay vigas sobre vigas,

clavos que son de esclavos y albañiles,

son pleitos tan sutiles

que pocos o ninguno los repugnan ;

y si acaso te impugnan

imitarás a otros en tus greyes,

que allá van leyes donde quieren reyes.

Bueno es también que la eches de poeta,

aunque a Apolo le dé una pataleta ;

roba aquí, roba allá, de Pedro y Lope,

y tus coplas saldrán como un arrope,

y en el certamen de las fiestas reales

lograrás los laureles por quintales,

y oirás este vocablo : —

Este hombre sabe tanto como el Diablo1,

entiende a maravilla —

Y serás más famoso que Cervantes

y demás sabios que vivieron antes.

 

VII

Salvedades

No niego yo que cuantos hoy obtienen

las cátedras que tienen

de méritos no estén calificados

para tan corto ascenso muy sobrados ;

y con aquesta salva a todos pido

me digan si el ascenso que han tenido

por sus méritos sólo han alcanzado,

porque el mérito a nadie ha graduado.

Pues si el gran Salomón resucitara,

toda su ciencia infusa malograra

si con sólo las letras se opusiera,

y este infame camino no anduviera,

porque es ciencia el saber introducciones,

y el que mejor hiciere estas lecciones,

haciendo a la virtud notable agravio,

es docto-necio e ignorante-sabio.

 

VIII

Médicos Idiotas

Si de médico intentas graduarte

importa trasquilarte

la barba, como pera bergamota;

porque esto es lo que en ellos más se nota ;

y si cual pera te saliese vana

póntela de membrillo o de manzana,

porque lo muy barbado aquí es la traza,

y así puedes barbar en calabaza.

En el doctor la barba es seña eterna,

como poner un ramo en la taberna,

o en la que es chichería un estropajo1

denotando este ramo y este andrajo

que lo que adentro existe son licores ;

y así tienen la barba los doctores

de estropajos, que a todos dicen graves

aquí hay purgas, jeringas y jarabes.

Pondraste anillos con disformes guantes,

que son signos patentes de estudiantes :

pondraste erguido, grave y estirado,

imitando a Bermejo en lo espetado;

hablarás muy de golpe, y a los fines

la charla concluirás con dos latines ;

a la primera vista de un enfermo

te quedarás un rato de estafermo,

hasta que al cabo de él, venga o no venga,

le ensartas esta arenga : —

Su fiebre es perniciosa,

maligna en cuarto grado y muy dañosa ;

éste es un mal muy mal aparatado,

el ventrículo seco y arrugado,

la concótriz no puede cocer nada,

y la espúltriz virtud está viciada —

Y te oirán con dos palmos de narices

aquestos termínillos de aprendices,

y prosigue con otros relevantes —

Los músculos, dirás, están laxantes,

el esternón, la pleura, las membranas, -—

que son voces galanas ;

y si añades : esófago y vertebras, —

escuchándote como que celebras

tu saber, quedarán atolondradas

las mujeres que te oigan admiradas.

Después de haber muy bien encarecido,

el achaque, del cual no has entendido

y que ya tu idiotismo tiene a cargo,

echarásles un pero y sin embargo

como hacen los serranos,

por si deja la vida entre tus manos.

Recétale, aunque tenga hidropesía,

que le den agua fría,

queso, miel con natillas, requesones,

pepinos y sandías y melones,

porque el crédito tuyo así se aumente ;

que curar al doliente,

al gusto de su antojo, es brava treta;

pues si sana sin dieta

un aplauso inaudito el tal te labra,

y si muere no puede hablar palabra.

Al enfermo que trate de alegrarse,

le dirás, y con él luego tutearse

para pegarle un chasco de dinero

antes de echarlo al pobre en el camero.

Con mujeres también harás lo mismo,

y después de haber dicho el aforismo

de su mal, con arengas rutilantes,

la darás por la cara con los guantes

o con un ramillete de mil flores,

que ésta es la introducción de los doctores.

Sea vieja, muchacha o sea dueña,

dirás con faz risueña —

Niña mía, has tenido grande suerte

en que a librarte venga de la muerte1 —

Dale vida, y es cierto lo que tratas

porque vive la vida cuando matas.

Si un Hipócrates fueras o un Galeno

no fueras doctor bueno,

pues si resucitar te vieran muertos

no aplaudiera ninguno tus aciertos.

Del arte son destrezas

el vender necedades por llanezas ;

y siendo idiota, zafio conocido,

serás con lo que matas aplaudido.

En la familia matarás al padre,

llamaránte después para la madre,

al hijo luego, al primo y al criado ;

pues médico conozco que ha birlado

los linajes enteros, uno a uno,

sin que escarmiente alguno,

consolándose luego en la desgracia

con que tiene el doctor muy buena gracia,

lo que es cura que agrada a majaderos

a quien mata con gracia cual cameros.

 

IX

Salvedades

A los médicos no los satisfago

y salvedades no hago.

A todos, por idiotas, los condeno

porque ninguno hay bueno,

desde Bermejo, tieso y estirado,

hasta Liseras, giba y agobiado.

 

X

Chauchillas

Si quisieres ser Dama

lo primero que importa es tener fama ;

pues no hay Dama sin ella venturosa,

aunque sea una diosa,

porque de la fortuna la torpeza

siempre opuesta se ve a naturaleza.

Si pobre fueres labra un aposento,

que por palacio tengas del contento,

con cuatro sillas y una tinajera

y antiguo escaparate de madera ;

cuatro lienzos, tu mesa, tu tarima

con alfombra de estera por encima ;

limpia, aunque pobre, ostentarás la cama,

porque ella es la herramienta de la Dama.

Si algún vestido tienes de prestado

lúcelo bien y tenlo asegurado,

aunque esto es al contrario si tu talle

sabes lucir en casa y en la calle.

Gran cuidado tendrás en la andadura,

que es herida sin cura

a los livianos ojos

que la verdad la miran con anteojos.

Mucha tierra no salves con tus pasos ;

dalos cortos y escasos,

que lo largo es de muía de camino,

y estas damas no valen un pepino

y a todos causan risa.

Anda tú menudito, muy a prisa,

con hipócrita pie martirizado,

pues siendo pecador anda ajustado ;

usarás al andar muchas corbetas,

meneos y gambetas,

que es destreza en la Dama que se estima

imitar los recortes de la esgrima.

 

Fingirás la palabra de ceñosa,

sincopando las frases que repites

con unas palabritas de confites.

Y aunque tengas la boca como espuerta

frúncela, por un lado un poco tuerta,

y harás un hociquito

de arcángel trompetero, tan chiquito

que parezca una boca melisendra

que no cabe por ella ni una almendra;

procura conseguir una tercera,

de las que, en su florida primavera,

fueron damas, y ahora jubiladas

conocen mil pasadas;

así los mercaderes superiores

se meten, en quebrando, a corredores,

ajustando los precios de otra hacienda,

ya que no venden nada de su tienda.

De esta vieja te vale y te confía

con el nombre de tía,

alguacil del amor que a tu mandado

los galones te ponga en buen estado.

A ella darás las sayas deshechadas,

zapatos viejos, medias apuntadas,

pan, vela y plato de olla,

y ostentas de alcahueta la bambolla.

No te pagues jamás de pisaverdes

que con ellos te pierdes,

y a ser vendrás en casos tan infieles

pastelero que vende sus pasteles ;

pues la gente que trata

de hacer caudal, si tiene amor pirata,

se vende a precio injusto,

sin dejar un retazo para el gusto.

Acepta al vejarrón que tenga renta

y que corra su gasto por tu cuenta,

que los viejos le pagan a la Dama

lo cortos que anduvieron en la cama.

Si vendieras tu amor por otras partes,

y a tu viejo le das con la del martes

y te pidiere celos,

el chillido levanta hasta los cielos

y que salte la tía en el momento,

con un gran aspaviento,

diciendo eres honrada a todas luces : —

Sí, por mi santiguada y estas cruces !

Y que tu calidad es muy notoria,

como dirá mejor tu ejecutoria

de letras de oro, escrita en pergaminos,

y no es más que tú noble, Calaínos ;

y que eres la sobrina de un hermano

de un cura buen cristiano,

que vivo a estar, hubiera una prebenda,

por tener mucha hacienda.

Dios lo haya perdonado !

pues si este tiempo alcanza el licenciado

la matara mil veces desde luego.

Por la niña las manos en el fuego

meteré sin temor y sin reparo.

Dios nos libre del diablo ! Verbum caro! —

Y si en esto llegase una mulata,

que tendrás por amiga y siempre grata,

que abone tu inocencia,

darás por acabada la pendencia ;

porque dirá, muy suelta y desgarrada :

— No hay niña más honrada

en el mundo, es un ángel inocente!

Yo no sé cómo hay gente

que confiesa y levanta testimonios ;

porque llévenme a mi dos mil demonios,

si hay en Lima otra Dama

que la iguale en tener tan buena fama.

Poemas de Juan del Valle y Caviedes

XI

Salvedades

Perdonen al autor las infelices,

si en punto a pecatrices

no hay salvedad que hacer ; que estas sirenas

son buenas y muy buenas,

(y no digo con ello un despapucho)

para quince minutos cuando mucho.

 

A La Bella Arnada

Purgando estaba sus culpas

Arnada en el hospital,

que estos pecados en vida

y en muerte se han de purgar.

Como a plata con azogue

beneficiándola está

un mal médico, a remedios

de sobar y más sobar.

De amor no escarmienta viendo

que la causa es de su mal,

y todavía la baba

a la pobre se le cae.

De la cabeza a los pies

de sudor baja un raudal,

que siempre en los cuartos bajos

existe mucha humedad.

Sudando está y trasudando

por delante y por detrás,

sin que extrañe en sus bureos

que se la pegue el pañal.

Un mal francés le da guerra,

gabacho tan militar

que cercó a Fuenterrabía

y entró por el arrabal.

Dos mil monsiures dolores

rindiendo su plaza están,

porque disparan muy flojo

sin poderla boquetear.

Siendo el pedir quien la ha puesto

en tanta necesidad,

 

y está repitiendo el ¡ ay !

Los enredos del amor,

que es preciado de enredar,

la han metido en una zarza

que mala espina me da.

A fuerza de papelillos

dicen que la han de sacar,

de los huesos, los billetes

que escribió a tanto galán.

Los polvos que por remedio

bebiendo la pobre está,

viniéndole de sus lodos

son al revés del refrán.

En la Caridad se halla

por su mucha caridad,

que a ningún amor mendigo

negó limosna jamás.

No extrañará el sudadero

quien tanto se hizo ensillar,

copla que en la matadura

de medio a medio le da.

Dicen que la campanilla

sin remedio se le cae

o se le raja, a los golpes

de tanto badajear.

Pero no siente esta falta,

porque en sus voces tendrán

gran ganga todos los frailes,

si la tuvieren por tal.

Parece se solicita

por gusto la enfermedad,

si le han venido a medida

las llagas del paladar.

Un clavo tiene de bubas

remachado al calcañal,

y es mucha dicha que en uno

parase tanto clavar.

Su naturaleza prueba

venir del árbol de Adán,

porque en variadas resinas,

purgando gomas está.

Bermejo puede curarla,

que, en los achaques de amar

sabrá el remedio quien tanto

estudia en la enfermedad.

Llámenle, diciendo al tiempo

de la ocasión del pagar,

si por donde dan las toman

tome usted por donde dan.

Del hospital de las damas

es fundador singular,

si es la Caridad, y a todas

les hace la caridad.

En este achaque ninguno

le ha igualado, porque es tan

medicazo por delante

como Vásquez por detrás.

Que no llamen a Machuca,

galeno de honestidad,

pues mata a las damas su

muy bárbaro doncellear.

Sólo curará sus potros

la grande incapacidad

de Castro, porque es albeitar

y es ésta cura animal.

Y cuando un contrario a otro

cura el achaque ha de hallar,

porque es símil de los patos

tan gran caballo bauzán.

Esto quitarle a Bermejo

es quitarlo del altar,

que es en cantáridas docto

y cura sin flojedad.

 

Romances Amorosos

I

Penas, sed más rigorosas

para alivio del que os pasa,

que el cuchillo que más corta

menos aflije al que mata.

No andéis conmigo piadosas

que os preciáis de más tiranas,

y hace más cruel al verdugo

la piedad en lo que tarda.

Sucesivamente quiero

teneros siempre en el alma,

porque se engaña a sí propio

el que las penas engaña.

Y pues tú, Lisi cruel,

eres la que me las causa,

el dogal de tus desdenes

aplícalo a mi garganta.

No destines a mi vida

una muerte dilatada ;

son ahorro de tormentos

las desdichas abreviadas.

Morir de una vez es suerte

en el que muere de tantas,

que a quien de gracia se excusa

hace falta la desgracia.

Que amor de ti no me vengue

le pido por mi venganza,

que al que al revés lo hace todo

se piden cosas contrarias.

Con tu hermosura te goza,

Lisi bella, edades tantas

que la senectud te acuerde

los principios de tu infancia.

 

II

En mis penas inmortales

sin esperanza padezco,

por ser un achaque amor

que se cura con él mesmo.

Cuando sanar solicito

procuro estar más enfermo ;

porque los remedios matan,

y me mato por Remedios.

Morir quiero de los males

de puro vivir con ellos,

que quien de tristeza enferma

se ha de curar con veneno.

Mueran de mal entendidos

mis cobardes pensamientos,

que quien sin conocer mata

hace su delito menos.

Disculpa, bella homicida,

a tus crueldades prevengo,

que hay rigores que se anuncian

aun antes de padecerlos.

De tu hermosura y mi suerte

me colijo mi desprecio,

porque en tu beldad peligra

el mayor merecimiento.

Cuando voy a declararme

mudo me hace tu respeto.

Oh ! ¡ quién hallara unas voces

que hablasen con el silencio !

Mas si hay ecos en los ojos

que, mirándote, hablan tiernos

¿ por qué, di, no tiene oídos

para escucharlos tu pecho ?

Mucho más que no la queja

sentir sabe el sufrimiento,

que las penas que son dichas

dichas son o quieren serlo.

 

Porque callar un dolor

y disimular sintiendo,

es hacer en el martirio

generosos los tormentos.

Querer y decirlo, es

pedir recompensa al dueño,

y yo no quiero hacer deuda

lo que en mi cariño es feudo.

 

III

En el regazo de un olmo,

verde gigante del prado,

estaba un triste pastor,

pensativo y sollozando.

Con la mano en la mejilla

y el pañuelo en la otro mano,

así decía a las flores,

las lágrimas enjugando : —

Flores, si sabéis de amor

sentid mi desprecio, en tanto

que con el lloro que vierto

vuestro tronco riego en pago.

¿ Qué razón habrá que Filis

me esté aborreciendo, al paso

que yo adoro su belleza,

mi desdicha y su mal trato ?

Si el ser bella y ser ingrata

es de amor razón de estado,

tirana ley es, que sólo

pueden derogar los astros.

¡ Que haya en el áspid veneno

y antídoto disfrazado,

y que haya sólo en las bellas

desdenes y no agasajos !

No maten sino den vida,

porque es proceder tirano

causar el daño, y que no

quieran remediar al daño.

En fin, yo muero de fino ;

y tú vives al contrario

de falsa, dándome dos

consuelos en mi fracaso.

 

IV

A llorar, selvas, mis males

alegre y contento vengo ;

pues si el remedio es llorar

no hay tristeza si hay remedio.

Fuego es amor, y aunque sale

el agua se queda el fuego ;

sin oposición la llama

luce más y quema menos.

Suspiro por apagar

de amor el activo fuego,

aunque mucho aire lo apaga

si el poco le da fomento.

Del desaliento animado

procuro sacar aliento,

que quien cierto el daño ve

saca el valor de lo cierto.

Enfermedades sin cura

las suele sanar el tiempo,

que la salud no esperada

a veces llega más presto.

Hipocondría es amor

que se causa pretendiendo,

y se cura no pensando

la razón porque está enfermo.

Yo amo con extremo y

me aborrecen con extremo,

y ha de volverse al contrario

porque llego a lo postrero.

Porque de infelice mucho

el ser venturoso espero,

que en desgraciados comunes

jamás se rindió lo adverso.

Y espero verme querido

cuando no haga caso de esto,

que es niño Amor, y así tira

lo que llora, por cogerlo.

Pero véngate, Lisarda,

en lo que estás poseyendo,

que porque el cordel se quiebre

que más le aprietes te ruego.

 

V

En un laurel convertida

vió Apolo a su Dafne amada :

¿ quién pensara que en lo verde

murieran sus esperanzas ?

Abrazado con el tronco

y cubierto con las ramas,

pegó la boca a los nudos

y a la corteza la cara.

Con mil almas le decía

a la que sin ella estaba :

— No para mí, para ti,

Dafne, ha sido la mudanza ;

pues tanto vale el ser tronco

como ser ninfa tirana ;

porque tanto favorece

un leño como una ingrata.

Sólo la forma ha perdido

en sus perfecciones raras ;

pero en la materia toco

que la de un tronco es más blanda.

Primero piedad espero

en quien no escuche mis ansias,

moción es lo que está muerto,

que en ti estando como estabas.

Por lo menos grabaré

en tu tronco mis palabras

que en ti, ninfa, jamás pude

que quisieras escucharlas.

Desesperación ha sido

tu belleza malograda,

pues por agraviarme esquiva

hasta a ti misma te agravias.

Si hubiera sabido, ninfa,

tu venganza, en mi venganza

por quererte más te hubiera

querido con menos ansia.

 

VI

Catalina de mis ojos,

yo no sé cómo te diga

que eres mi muerte, y te quiero

como si fueras mi vida.

El más seguro arpón eres

de cuantos el amor tira,

pues no hay peto de valor

que tu violencia resista.

Con las saetas de tus ojos

flechas con tal puntería,

que mi corazón partieron

más que las flechas tus niñas.

Porque me mates te mato

sin temer de esta desdicha,

porque aunque es la muerte amarga

son muy dulces las heridas.

No tengas piedad de mí,

pues yo no pienso pedirla,

que el que piedades no busca

se contenta con tus iras.

Trofeo tuyo me ofrezco

en mi voluntad rendida,

porque quiero hacer victoria

lo que es desgracia precisa.

 

VII

Muriendo estoy por morir,

si contraria me persigue

una voluntad alegre

con una memoria triste.

Ni con mis penas acabo

ni acabo de persuadirme,

que lo propio que me alienta

es lo mismo que me aflije.

La lámpara y el amor

penden de una suerte firme,

y al oro y plata con plomo

el contrapeso le miden.

 

VIII

Una mañana de mayo,

al tiempo que el sol salía

como el mismo sol, al prado

salióse a pasear Lucila.

Un jazmín brotaba, adonde

para tener mejor vida

naciendo milagro al ver

floreciente lo que pisa.

Las rosas se deshojaban

para tener mayor vida,

pues morían luego, al punto,

las que en el rosal nacían.

Las fuentes que la miraban

falsamente se reían,

que risa de quien murmura

siempre ha de ser falsa risa.

Acercóse a los cristales

a castigar su osadía,

y les dió una linda mano

más clara que su agua misma.

En Lucila se vengaba

el cristal, porque Lucila

sacó más turbias las manos

cuando las entró más limpias.

Yo, que la estaba mirando,

a mí mismo me decía

lo que a su beldad callaba

sólo por no desabrirla.

Mas con palabras turbadas

a hablarla fue mi osadía,

y enmudeciendo la lengua

empecé a hablarla por vista.

Miróme y volvióme el rostro

con tanto ceño de esquiva,

que la menor atención

no le debí a sus pupilas.

 

IX

Sentado en la verde margen

de un cristalino arroyuelo,

llorando y cantando estaba

sus desventuras Aurelio.

El agua mira y le ciega

la que dan sus ojos tiernos,

que halla oposición un triste

hasta en un mismo elemento.

El ruido de los cristales

estaba escuchando atento ;

mas como en penas lo hacía

se acordaba de su dueño.

Lo mismo ¡ ay de m í! decía,

sucede a mis pensamientos,

pues con suavidad de agua

ablandar peñas pretendo.

Pero tu corriente pasa

el que el mal le da escarmiento,

porque es acertado errar

y escarmentar en el yerro.

Yo no quisiera querer

y, cuando en no querer pienso,

el no querer quiero tanto

por querer lo que no quiero.

Dime, Amor, cómo siendo uno

¿ porqué, en contrarios afectos,

eres dios de los cariños

y deidad de los desprecios ?

¡ Cuánto más poder mostraras

concertando los deseos,

que no con flechas discordes

herir los humanos pechos !

Querer es fuerza de amor,

y no querer es desprecio

a tu deidad, pues le niegan

el feudo amante a tu imperio,

Cupido, a Lisi castiga

que de ella a ti me querello,

y si no al fiel tribunal

de la razón sana apelo.

 

X

Lucinda ¿ porqué me has dicho

que te viese el otro día,

sabiendo no puede ser

porque ciega el que te mira ?

A verte yo y no mirarme

para mi muerte me citas,

que ya veo el que me matas

y el que me muero no miras.

Verte yo y no verme tú

es dar materia a tus iras,

que cuando no ves el blanco

tus arpones más me atinan.

Eres tirana sin ver,

pues sin más ver solicitas

que muera de no mirado

el que matas de bien vista.

Siquiera un leve descuido

no te merecí por dicha,

porque en el no descuidarte

muy cuidadosa te miras.

El no verme es porque no

te tengan por mi homicida,

que a vista del agresor

brotan sangre las heridas.

 

XI

Un arroyo fugitivo

de la cárcel del Diciembre,

cadenas de cristal rompe

y lima grillos de nieve.

Indultos del sol que nace

goza en su prisión alegre,

que no hay embargos de hielo

cuando nace Febo ardiente.

En perlas paga a las flores

el censo oriental que debe,

que por causa del Invierno

no le tenía corriente.

Los pájaros con sus cantos

dolor y envidia me ofrecen,

porque el hielo de un desdén

preso en su esquivez me tiene.

De libertad clara goza,

pues más dicha te concede

menos sol, que no el de Marcia

que a uno suelta y a otro prende.

 

XII

Selvas, a quejarme vengo

de los rigores de Marcia,

si cuanto tengo de fino

tiene su beldad de ingrata.

Troncos, escuchad mis penas,

y no os parezca ignorancia

el obligaros a oírme

si oye menos quien me agravia.

Consuelo os pido a vosotros

como si con ella hablara.

pues con silencio o dureza

responde siempre a mis ansias.

Andar quiero por los troncos

contándoles mis desgracias,

como si contarlas a ellos

fuera andarse por las ramas.

Mis penas son para dichas

pero no para aliviadas ;

y así las digo por uso

de quejas sin esperanzas.

Yo me quejo y yo me escucho,

y es mi pena tan tirana

que me atormenta en las voces

y en el sentir me maltrata.

 

XIII

Tórtolas, no cantéis tristes,

dejadme a mí las tristezas,

porque de darme a pesares

soy avariento de penas.

A todas las quiero alegres

por tener alivio en ellas,

que ser único en desdichas

es suerte de las miserias.

Cantad alegres, y yo

en triste correspondencia

haré en contrapuesto llanto,

cantiga infausta de penas.

Nada encuentro, nada miro

que mis pesares divierta

sino el sentirlos, y así

siento que haya quien los sienta.

Tan hecho estoy a los males

que cualquiera bien me hiciera

mucho mal, que los alivios

nunca usados son violencias.

Cualquiera triaca es veneno

para quien de él se alimenta,

porque halla muerte en lo blando

quien vive de la dureza.

 

XIV

Cuando a la hermosa acompaña

lo entendido, el amor flecha

como arcabuz de dos tiros

con arco de dos saetas.

La discreción viene a ser

una hermosura compuesta

de voces, que los oídos

la ven con ojos de idea.

¿ Con quiénes no es ciego amor ?

que hermosuras tan perfectas

cautivan los albedríos

más con vista que con venda.

Quédense las ceguedades

para quien ama por tema,

que amor de conocimiento

más alumbra que no ciega.

Con decorosos cariños

la atención las reverencia,

porque el pensamiento mismo

sólo oculta lo que piensa.

Quien lo discreto no ama

de irracional ser se precia,

si es feudo que a la razón

le paga la razón mesma.

No es delito amor si no

intenta correspondencia ;

si es lo segundo, osadía1 ;

si es lo primero, es estrella.

 

XV

En lo ingrata y en lo esquiva

hallas forzosos afeites,

pues te miro más hermosa

cuanto más ingrata eres.

Que el ser hermosa y esquiva

en las lindas se ve siempre

tan natural, que estas cosas

nacieron ambas de un vientre.

Si hermanos mellizos son

la hermosura y los desdenes

¿ cómo con caras distintas

discordes no se parecen ?

¡ Que será razón de Estado

el nacer con altiveces

la hermosura, como si

fueran cuerpos diferentes !

¿ Qué ceguedad es aquesta

en que la razón más fuerte

tropieza con el sentido

en la flaqueza del débil ?

Pues causa de querer hago

el saber que no me quieren,

sin que de mi amor resulten

efectos correspondientes.

A más no poder te adoro,

y puesto que a ti te debes

este pesar, en ti propia

castigar mi culpa puedes.

Y pues el mayor castigo

que a tu rigor darse puede

es quererme, por vengarte

castígame con quererme.

Por odio puedes amarme,

que hay efectos tan crueles

en el amor que, por tema,

adoran lo que aborrecen.

Si en no morirme te sirvo,

no privándome de verte

no haré otra cosa por ti

que estarte adorando siempre.

Por darte gusto y tenerlo

me holgara de aborrecerte,

y así tengo un querer tal

que no quisiera quererte.

Tanto siento el que te enfades

que vivo irritado siempre

contra mí, pues hasta en esto

tan de tu parte me tienes.

Muera a tus iras la vida

que en sacrificio te ofrece

el albedrío, si alcanza

ser fuego y parecer nieve.

Y un epitafio pondrás,

entre mariposa y fénix,

a mis cenizas, si nunca

renacen y siempre mueren.

 

En La Muerte De Mi Esposa

Ausente dueño mío,

que presente en mi idea

estoy sintiendo siempre

los males de tu ausencia.

Si está la causa lejos

¿ cómo siento tan cerca

el efecto ? ¿ Quién vido

en distancias violencias ?

Si amor es fuego, y éste

no abrasa si se aleja

¿ por qué a mayor retiro

su incendio más me quema ?

La mariposa vive

mientras la llama deja

y yo, dejando el fuego,

hago mayor la hoguera.

No la ausencia da olvido

memoria sí, que acuerdan

las ausencias ausentes

que olvidan las presencias.

No hiere el arpón tanto

que se dispara cerca,

como aquel que de lejos

el aire lo fomenta.

El que doy en suspiros

aviva las saetas

que, con memorias, tira

el arco de la pena.

¿ Vivir cómo es posible

quien del vivir se ausenta ?

¿ Cómo pierdo la vida

que tantas muertes cuesta ?

Parece que por vidas

la Parca macilenta

en la mía que aguarda

tirana se nos echa.

Que me ejecute pido,

si ejecución más fiera

que la falsa cobranza

son tiranas esperas.

 

Lamentaciones Sobre La Vida En Pecado

¡ Ay mísero de mí ! ! Ay, desdichado !

que sujeto al pecado

vivido he tanto tiempo orgullecido,

si es vivir el pecado en que he vivido.

¿ Cómo puedo vivir en tal tormento

sin dar velas al mar del sentimiento ?

Nace el ave ligera,

de rizado plumaje, y a la esfera

irguiéndose veloz y enriquecida

a Dios está rendida.

Y yo, con libertad, en tanta calma,

nunca. Señor, os he ofrecido el alma.

Nace el bruto espantoso

de riza crin, de cerdas mar undoso,

y al mirarse de todos respetado

siempre venera al Ser que lo ha creado.

Sólo yo, con terrible desvarío,

nunca os postré, Señor, el albedrío.

Nace la flor lucida,

ya rubí, ya esmeralda engrandecida,

y al ver su color roja

por dar a su Autor gracias se deshoja.

Y yo, con libertad, en tanta calma

nunca, Señor, os he ofrecido el alma.

Nace el arroyo de cristal o plata,

y apenas entre flores se desata

cuando en sonoro estilo guijas mueve

y a Dios alaba con su voz de nieve.

Sólo yo, con terrible desvarío,

nunca os postré, Señor, el albedrío.

Nace el soberbio monte,

cuya alteza registra el horizonte,

y en su tosca belleza

ensalza más a Dios con su rudeza.

Y yo, con libertad, en tanta calma

nunca, Señor, os he ofrecido el alma.

Nace el pez adornado

de un vestido de conchas escamado,

y apenas gira en centro tan profundo

cuando respeta al Creador del mundo.

Sólo yo, con terrible desvarío,

nunca os postré, Señor, el albedrío.

Al fin, mi Dios, si os ama reverente

cuanto vi de animado y de viviente

¿ no he de estar de mí mismo avergonzado

viendo os han alabado

al tiempo que he pecado disoluto,

arroyo, monte, pez, flor, ave y bruto ?

 

A Una Dama Que Se Ajustaba Los Pies

Por calzar pie para ver

no le calzas para andar :

el mío te he de prestar

que es menor en mi entender ;

porque me lo hace perder

imaginar el dolor

con que aumentas un primor

que aunque pequeño se ve,

y si es más corto mi pie

si el que se pierde es menor.

Por dar ajenos agrados

no se dan propios tormentos,

que dan muchos sentimientos

los zapatos apretados.

De más que pocos cuidados

da el pie corto, porque hallo

que amor que en lo que aquí callo

parco caminante íué,

si apenas va un poco a pie

cuando se pone a caballo.

Rayado el pie te pondrá

el lienzo en los escarpines,

y acortándole los fines

lo estrecho te oprimirá.

Hipócrita así estará

pasándose con rigor

amargura y sinsabor,

que es hipocresía aquí

andar justo, porque así

es tu pie más pecador.

El ídolo de afición

abreviándole el pie campa,

que siendo menor la estampa

causa más admiración.

Tu pie tiene, en conclusión,

imperio tan soberano,

que el amor le manda ufano,

si en negar o dar tu fe

a quien quieres das de pie,

y a quien no quieres de mano.

Si en él fundas la hermosura

por ser breve, yo colijo

que es ése punto más fijo

de los que tienen ventura.

El que esto escribe asegura

que tu pie te ostenta hermosa ;

porque la fortuna es cosa

que de tu planta es trasunto,

porque consiste en un punto

y eso tiene de dichosa.

Mal en ajustarlo haces,

si por lo corto es constante

le vendrá a cualquier amante

muy ancho, aunque ancho le calces.

Con él puedes hacer paces

y librarle de ese afán,

si cuantos viéndole están

en aprieto tan cruel

dicen, que jamás en él

anda holgado el cordobán.

Por no poder dar de sí

el cordobán atenuado,

tu pequeño pie ajustado

estaba dando de ti.

Tan encogido le vi

de verte en tan gran conflicto,

tan estrecho y tan invicto,

que aunque así campeaba hermoso,

de tanto rigor medroso

le tenías tamañito.

Al discurso da carcoma

el que una planta de nieve

que lleva un pie, jazmín breve,

no tenga nada de roma.

Ayuda a matar se asoma,

neutral en su no sé qué ;

porque tan sólo se ve

entre vista y ceguedad,

y en tan gran dificultad

siempre se ha de estar en pie.

Con poético rigor

candente tu pie se estrecha,

haciendo versos de endecha

para ser de arte mayor.

Descalzo estará mejor,

pues no gasta pundonores

un pie que, por más primores,

descalzo tiene de andar,

si el calzarlo es quebrantar

la regla de los menores.

Perdona la necedad

con que tan claro te arguyo ;

si al pie de la letra es tuyo

diciendo estoy la verdad.

En poco tu gran deidad

muerte de amantes prodiga

en pie que el amor maldiga,

y diga, a cuantos le notan,

si con pie de amigo azotan

ahorcarán con pie de amigo.

 

Un Retrato De Inés

(Sátira a ciertos correctores de la Lengua.)

I

Un retrato a mi Inesiya

quiero bosquear ; mas hayo

imposible el bosquejayo

por singular maraviya.

Y en su rizado cabeyo,

ofir con ondas, bataya

con doradas hebras haya

que el oro llega a exedeyo.

Cándida en su frente beya

le nieve en su frente caye1

que, pues no puede imitaye,

será en vano su quereya.

Sus cejas, sólo al mirayas,

con mil flechiyas y arpones

logran triunfos a miyones,

sin que precedan batayas.

Como dos luceros beyos

son sus ojos dos estreyas,

más que el alba hermosas eyas,

más que el sol briyantes eyos.

En su linda nariz hayo

una proporción muy beya,

que siempre se admira en eya

de perfecciones el fayo.

Su boca, sin que sea puya,

joya tan beya atesora

que en coral aljófar yora

o en rubí perlas arraya.

Es su mano un juguetiyo

de cristal, tan liso y yano,

que el alabastro es viyano

para poder competiyo.

Si en su airoso beyo taye

se yega a ver el barbiyo,

se hará tal garabatiyo

que no hay quien se atocaye.

Es su pie tan pulidiyo,

tan gayardo y orguyoso,

tan beyo, tan donairoso,

que mantiene su puntiyo.

Discúlpame, mi Inesiya

el retrato, que al pintaye

aún no osará retocaye

mi beyaca redondiya.

 

A La Misma Inés

Mi Inesilla, diz que aller

te asustó el caballo bailo,

y te dió tan gran desmallo

que hubiste de fallecer.

Sintieron tanto el sabello

de mis ojos los apollos

que lloraban como arrollos

¿ cómo lloraran a vello ?

Es posible que Inés bella

de su caballo calló,

quedando con vida lio

sin desmayarme con ella ?

Posible es, mi bella Inesa,

que tan fatales desmallos

lleguen a eclipsar los rallos

de ese sol de tu belleza ?

Y que tu fuerza hallo lio,

por estar mal ensallada,

no se quedó desmallada :

esto me maravilló.

Mas yo prometo ensallarme

con ansias, sollozos y alies ;

para cuando te desmalles

saber también desmallarme.

Que yo no soy de balleta,

ni gallo, ni papagallo,

para no sentir del rallo

la bellaca morisqueta.

Y así te ruego, Inesilla,

te excuses de otro desmallo,

por amor de Don Pelallo

restaurador de Castilla.

Y al bailo antes de montalle

por probar la fuerza sulla

haz, Inés, por vida tulla

que otro llegue a pasealle.

Pues no es razón arriesgalla,

porque si otra vez callera

no dudes que se me ollera

en Sevilla y en Tafalla.

 

Privilegios Del Pobre

El pobre es tonto, si calla ;

y si habla es un majadero ;

si sabe, es un hablador ;

y si afable, es embustero ;

si es cortés, entrometido ;

cuando no sufre, soberbio ;

cobarde, cuando es humilde ;

y loco, cuando es resuelto ;

si valiente, es temerario ;

presumido, si es discreto ;

adulador, si obedece ;

y si se excusa, grosero ;

si pretende, es atrevido ;

si merece, es sin aprecio ;

su nobleza es nada vista,

y su gala, sin aseo ;

si trabaja, es codicioso,

y por el contrario extremo

un perdido, si descansa…

Miren si son privilegios !

 

A Una Fea

Tú no eres cara, Fili desdichada,

porque de ningún hombre eres amada ;

ni a otro sentido cara yo te aprecio

porque a todos te das por bajo precio.

Ni cara en rostro, dando el verte enojos,

que tu fealdad no tiene cara ni ojos ;

por lo cual, y es lo cierto

tres veces descarada te concierto,

y tres veces no cara, Fili ingrata,

por fea, aborrecida y por barata.

Mas ¡ ay ! que en lo barato se repara

que, por más que lo seas, eres cara.

 

Lamentos Y Consuelos

Parecióle a un cabrón acomodado

para pasar la siesta, recostado,

lo más propio un jardín, que estos verdores

descansan sólo cuando muellen flores.

Y diciendo y haciendo, mansamente

las corbas inclinó y hundió la frente,

derribó sobre el hombro las dos puntas

y, haciendo de los brazos tornapuntas

para no maltratar el edificio,

socarrón se tendió con mucho juicio.

De esta comodidad el tal gozaba,

cuando el ruido escuchando en la enramada

vió a la zorra venir, que presurosa

dejando de la caza la penosa

fatigada tarea,

el descanso desea,

y al retiro se acoge en el recinto

del verde, enmarañado laberinto,

el pacífico bruto, viendo el caso,

a reñirla salió con largo paso ;

más ella, como astuta, reparando

de su bien natural el genio blando,

se le humilló diciendo,

que del calor huyendo

con sus aires de zorra se venía

a besarle la mano en cortesía.

Templó en la urbanidad el falso enojo,

perdonó la lisura y el arrojo,

al cuello de la zorra echó los brazos

y, en recíprocos lazos,

por mostrar del amor fe verdadera,

de hisopadas le daba con la pera.

Hechas las amistades,

cual lo permiten tales soledades,

se echó la zorra a ponderar el fuerte

afán de su miseria de esta suerte :

— Oh ! qué infeliz mi nacimiento ha sido !

Pues el cielo me ha dado por marido

un bruto compañero,

un zorro aventurero

tan flojo y descuidado,

que no le soy deudora de un bocado.

¿ Qué pollera me ha dado ni qué saya ?

Oh ! mal haya mil veces ! Oh ! mal haya !

Desde que nace el sol hasta que muere

en ondas anegado, porque quiere,

cual quien traspone un monte,

dorar otro horizonte,

desde la dura cima a la quebrada

ando siempre corrida y arrastrada,

por ver si incauta acecho

a la liebre dormida en blando lecho,

al simple gazapillo en la ribera,

o al tierno recental en la ladera ;

teniendo mi existir amenazado

del pastor el cayado,

la honda del baquero,

y el diente del mastín y el perdiguero,

siendo de tantos mi defensa sola

mover los pies y sacudir la cola.

¡ Oh ! qué pena! ¡ Oh ! qué mal! ¡ Oh ! qué desdicha ! —

Iba a seguir la zorra la salchicha,

cuando salió al atajo el buen oyente

diciéndole : — detente,

que, según lo que roes,

llevabas traza de llenarme de ohes.

Yo no puedo quejarme de mi suerte

pues tan feliz se advierte,

prosiguió, que en la selva o en la roca,

cuanto hay me viene a mí a pedir de boca.

El manjar más sabroso y delicado

que destila la fuente,

cuanto se encuentra en monte o bosque umbrío

se rinde a mi elección y a mi albedrío.

Si quiero me recreo,

mi fatiga mayor es el paseo,

nada me da cuidado, duermo y como

sin indagar de dónde, cuándo y cómo,

observando dos cosas solamente

que son como diré : primeramente,

para entrar en la choza o la cabaña

y no encontrar en ella lo que daña,

debo desde la puerta

gritar que me abran, aunque la halle abierta ;

con cuya acción prudente y prevenida

aviso doy feliz de mi venida,

para que el bienhechor que me la ronda

se me quite delante o se me esconda.

Luego si, por acaso o negligencia,

ignorando esta ciencia

se quedare del tal prenda olvidada,

no debo preguntar ni decir nada,

que, en caso semejante,

el que quiere saber es ignorante.

Esto mi buen cabrón lo dijo vano

en estilo cerril, en metro llano,

pues todo el bien que impávido decía

por parte de la hembra le venía,

como a tantos maridos

que han hecho profesión de convenidos.

Pero la zorra, airada

de escuchar una y otra cabronada,

mudó conversación con el intento

de gobernar el mundo, cuyo cuento

por muchos tontos pasa,

que no teniendo forma con su casa,

que es, en pequeña planta, albergue inmundo,

le quieren imponer a todo el mundo.

Apenas tal especie hubo escuchado

el docto de las selvas graduado,

alabó el pensamiento,

tomando el parlamento

a su cargo, con fin de evitar diente,

que era el cabrón de genio maldiciente.

En fin, él comenzó y, en las paradas,

daba también la zorra sus puñadas,

llevando en aquel punto

el superior gobierno del asunto,

que aun en hechos gloriosos las acciones

no están libres de zorras y cabrones.

Murmuraron los dos, largo y tendido,

y a todo daban infernal sentido,

comparación haciendo y buen recorte

de ciertos matrimonios de la corte,

cuya historia genuina compulsaron.

De murmurar al cabo se cansaron,

pues la sed el aliento les privaba…

y el mundo continuó como se estaba.

 

Coplas

De Menga los ojos

que quiso ver Blas,

pagó a letra vista

deudas del cegar.

Hoy de tu hermosura

quiero darte en rostro,

escucha que empiezo

Menga, por tus ojos.

A tus ojos quiero darles

un apodo,

aunque digas que a tu cara

doy enojos.

Como las mías tus niñas

son, pues noto

que a tus niñas llamo niñas

de mis ojos.

No extrañas sus perfecciones

son, pues oigo

que a los que las ven se vienen

a los ojos.

Ciego al mirarlas camino,

de tal modo

que de amor al primer paso

di de hinojos.

 

¿Título, coche o mujer?

Título o coche en qué andar

o mujer puedo escoger,

si me quiero acomodar ;

veamos lo que he de tomar

coche, título o mujer.

Pariente del soberano

rey puedo ser de repente ;

mas también está en mi mano

ser de mi mujer pariente,

y pariente muy cercano.

Conde, es dulce fantasía,

marido, sabrosa red ;

no sé qué preferiría,

si al conde la señoría

o a la novia la merced.

Marido, es nunca acabar ;

conde, continuo moler ;

y vendré el tiempo a gastar

si soy conde, en preguntar,

si marido, en responder.

Si soy marido cabal

temeré cualquier run-rún,

y cátate, por mi mal,

hecho enemigo especial ;

y si soy conde, común.

Conde con pelo es un ruido ;

marido y mujer son dos ;

y lo que yo he conocido

es, que no me llama Dios

por conde ni por marido.

A coche es la inclinación

de mi natural primero,

y pues es mi vocación

discurro en suposición

que no he de tener cochero.

¿ Qué es coche ? Una invención es

en que va uno descansado

de la cabeza a los pies,

y además, qué acomodado

no es duque, conde o marqués ?

¿ Oué hago en el coche ? Desdeño

los cetros y las coronas,

y para cualquier empeño

las cuatro muías y el dueño

ya somos cinco personas.

¿ Qué puedo en el coche hacer ?

Ver a todos sin apodos.

¿ Y con mi mujer ? Temer

lo que hay de mirar a todos,

o todos a mi mujer.

¿ Qué hace un conde ? No repara,

habla mucho y nada pesa

el cofre, cosa no rara.

El coche, en queriendo, para;

pero el conde nunca cesa.

¿ Qué es coche ? Firme mansión.

¿ Y mujer ? Veleta al viento.

Luego acierto en la elección,

si en mi mujer no hay asiento

y en el coche hay almohadón.

¿ Qué hace el coche ? Nada apenas.

Las faltas del dueño encubre,

y a veces las tiene buenas.

Y ¿ qué hace un conde ? Descubre

las suyas y las ajenas.

¿ Qué hace el coche ? Vuelve en rosas

espinas de la fortuna,

que sin él fueran penosas.

¿ Para qué es ? Para mil cosas.

¿ Y la mujer ? Para una.

¿ Qué más hace ? Me mantiene

con gente de humilde trato,

pues le presto a quien conviene ;

y el conde que no lo tiene

ni presta, ni da barato.

¿Qué riesgo puedo tener

en prestarle ? No hay querella,

según mi leal entender ;

y si presto mi mujer

se pueden quedar con ella.

Luego, en buena economía,

el coche escoger me manda

la sana filosofía,

coche que no tenga anda

y para él la Academia.1

Y habiendo mirado bien

mi conveniencia esta noche,

les suplico que me den

aquí estufa y después coche,

por siempre jamás amén.

 

¿Hermosa y boba o fea y discreta?

Preguntas cual será grata

para mujer ¿ fea o boba ?

Y a pregunta tan ingrata

todo el discurso se arroba

y el ingenio se desata.

Y puesto a elegir, elijo

la que fuere más hermosa,

porque con feas me aflijo,

y la linda me remoza

como si me diera un hijo.

Mándanme que elija al punto

para mujer ¿ qué he de hacer ?

fea o boba, ¡ atroz conjunto !

Si errar es aun para asunto

¿ qué será para mujer ?

¿ Qué es la boba ? Es un gran daño

y defenderla no intentes,

pues verás, y no me engaño,

que aun sin Pascua todo el año,

ella es día de Inocentes.

Elegir boba no es justo,

que a quien no sabe no cabe

elija lo que es disgusto ;

porque a nada sabrá el gusto

de quien por boba no sabe.

Con que fea, aun con error,

me hace el empeño que insista ;

y así la elijo en rigor

que, en fin, para mi es mejor

porque soy corto de vista.

El que a la hermosa por necia

deja, y llegándola a ver

la fea entendida aprecia,

elija para mujer

a un filósofo de Grecia.

Y si no mírala vieja

en un cristal ¡ Santo Dios !

sustos aumenta el reflejo,

que una fea se hace dos

cuando se mira al espejo.

La fea es horror mortal

y pena horrible también ;

pero a lo bobo no igual ;

porque nadie, para mal,

habrá que la quiera bien.

Sin luz, la fea y la hermosa

en la cama son iguales ;

mas la fea, si es graciosa,

a oscuras es ventajosa

y el menor de los dos males.

La fea da en sus enojos

más sensibles las heridas

que la bella en sus arrojos,

que éste es efecto de oídas

y aquél se viene a los ojos.

Y en fin, más necia ha de ser

que la otra en su pasión

la fea, pues no has de ver,

aunque mude de opinión,

que muda de parecer.

La mujer hermosa y necia

es tan insulso animal

que los obsequios desprecia,

que los halagos no aprecia,

y si los hace es sin sal.

¿ Quién de la necia podrá

tolerar las necedades ?

La fea no las tendrá,

y tal cual te servirá

para tus necesidades.

Tiene la fea un atroz

semblante, donde a montones

están las imperfecciones.

Si es el frontis tan feroz

¿ cómo serán los rincones ?

Tomo a la tonta aunque sea

de una tosca condición,

más puerca que un motilón,

que como no sea fea

no me tragará un dragón.

La hermosa tonta es gran pena.

A fea y discreta ama

libre de codicia ajena,

que la hermosa necia es buena

cuando más para la cama.

Y pues es preciso sea

cualquiera propia mujer

una de dos, tonta o fea

quien ha de casarse crea…

que ninguna ha de escoger.

 

Redondillas Ortográficas

Que en este mundo ramplón

el que sufrió un desengaño

quede añeionadado al daño,

no es cosa de (!)

Según un autor difunto :

ni comida calentada

ni amistad reconciliada :

yo disiento en ese (.)

Que en la tierra hay muchos vivos

que penan por hembras tales

y gustan, no de finales,

sí de (……………………… )

Quien por su gusto la broma

vuelve a seguir cachazudo,

que Dios lo haga buen cornudo

y con su pan se lo (,).

 

Pregón

Atended, amadores del Rímac,

este nuevo y preclaro pregón,

que Cupido en las leyes del gusto

deroga en aqueste por legislador.

Porque sí, porque no,

porque quiere Cupido

y es ley del amor.

Manda que por cuanto es uno

no se le dé distinción,

si con quien no da es un diablo

y con el que da es un dios.

En las mujeres deroga

la dura ley de ambición,

poniendo tasa al pedir

el arancel de mi voz.

Manda que las españolas,

del más hermoso primor

vendan a real la esperanza,

y a cuatro la posesión.

Manda que las recién viejas

a medio den el favor;

y el cumplimiento, a lo sumo,

a real y medio o a dos.

Manda pues, que las mestizas

que revendedoras son,

den ocho onzas de maíz

por peso de un real de amor.

Manda que cualquiera fea,

pues trae sin lustre la flor

no use de ella, y que antes pague

el galán a patacón.

Manda que toda discreta

y linda pida un millón,

que en la discreción no puede

ser un ciego el tasador.

Manda que las cuarteronas

tengan sin tasa el valor,

porque todo lo trigueño

anda caro el día de hoy.

Manda que toda mulata

la de turbante mejor

que al cielo sube el copete

para ser presa del sol,

dé los cariños a cuarto ;

porque una pobre afición

les pide una ceña vuelta

en un medio real de amor.

Manda que se dé vendaje,

que es avariento rigor

que lo que es tan abundante

se compre de regatón.

Manda que negras e indias,

pues harto bellacas son,

valgan al precio que quieran

de palo, patada o coz.

Manda que toda buscona,

así que dé la oración,

la mitad menos se venda

como fruta que sobró.

Manda que, en pasando un año

que se goce del favor,

quiera de balde la dama

y él se llame a posesión.

Manda que no haya terceras,

porque es segunda pensión

haber de comprar el gusto

con gastos de corredor.

Manda que todos los lindos

paguen el precio mayor,

porque un lindo enfada más

que el amante más feroz.

Manda que a todo poeta

que, cunante pobre, es mirón,

que de lo que ricos gastan

le den barato de amor.

Manda que a los monigotes

les fien cualquier facción

hasta que hereden, que entonces

gastan sin cuenta y razón.

Manda que a los viejos verdes,

porque huelen el arroz

y no lo comen, les lleven

cien pesos por el olor.

Manda que a nadie desprecien,

y que en materia de don

no hagan ascos, y que acepten

como viene el pecador.

Esto manda desvendado

con vista de la razón,

que no hay amor si no hay venta

con que ciegue el comprador.

Porque sí, porque no

que lo manda Cupido

y es ley del amor.

 

Habiendo el doctor Melchor Vásquez avecindádose después del temblor en la calle nueva, los vecinos no le admitieron y le fijaron este edicto en la esquina

Nos y nasas, machos y hembras,

las vecinas y vecinos

que pueblan la Calle Nueva,

decimos y redecimos,

y volvemos a decir

treinta mil veces y cinco,

que para dar asonante

ha de haber cuenta con pico,

que a nuestra noticia llega

cómo el doctor Garrotillo

o don Melchor Vásquez, que

todo viene a ser lo mismo,

quiere hacer habitación

en este nuestro distrito,

y vivir para matar

en su criminal oficio.

y atendiendo a que él y otros,

de doce enfermos que ha habido

en nuestra calle, los once

y medio están ya con Cristo.

 

Porque al doce medio muerto

lo tiene ya el doctor dicho

y morirá por entero

al primero bebedizo,

o a la segunda visita,

porque es tan gran basilisco

que con sólo mirar causa

pechuguera y romadizo.

y de pasar por la calle

tanto hablando el entrecijo

a todos que allí se fueron

antes que él se hubiese ido.

y quien purga con el aire,

que purgara con nocivos

venenos y con jeringas,

con que a traición hace tiros.

 

Bástanos, señor Doctor,

la peste de que morimos,

sin usted pues serán dos,

teniéndole por vecino;

porque médico y achaque

no los advierto distintos,

pues una voz de la otra

es simulcadencia o ripio.

 

Pues tanto monta decir

doctor como tabardillo,

porque el médico a ser viene

refacción de mal que digo

un aumento de modorras,

sobornal de parasismos,

un mal con otro a las ancas,

un aumento de deliquios,

añadidura de partes,

un buen colmado peligro,

una sobra de desgracias,

y un achaque bien cumplido.

 

Por tanto, saber le hacemos,

y sepa que es gran prodigio

hacerle saber, sabiendo

que nada sabe el pollino.

Digo que saber se le hace

que no fabrique en el sitio

de esta calle, ni en catorce

en contorno a este distrito,

so pena de que a pedradas,

ha de morir sin el mismo;

ésta es muerte sin doctor

como sabrá el entendido.

 

Vaya a fabricar en el

muladar de San Francisco,”

sitio que compró su madre

providente en elegirlo.

Porque con plata ganada

de curar cursos malignos,

compró solares de cursos

y posesión de servicios.

 

Fabrique en los cementerios,

que el que mata por oficio,

pues que vive de los muertos,

no ha de vivir con los vivos.

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