Poemas de Saigyō
Poemas de Saigyō Hōshi (1118–1190) fue uno de los poetas más influyentes del Japón medieval. De origen samurái, abandonó su carrera militar y su familia a los 22 años para convertirse en monje budista errante. Su vida estuvo marcada por la tensión entre el desapego espiritual y su inquebrantable amor por la belleza de la naturaleza.
Es el maestro del sentimiento sabi (soledad melancólica). Sus poemas, recogidos en el Sankashū, celebran la transitoriedad de la existencia a través de los cerezos en flor y la luna otoñal. Saigyō no buscaba la iluminación en templos, sino en el camino, influyendo profundamente en autores posteriores como Bashō. Su obra representa la síntesis perfecta entre la devoción religiosa y la sensibilidad estética, convirtiéndose en el arquetipo del ermitaño poeta japonés.
¡Ahora lo entiendo!
¡Ahora lo entiendo!
Cuando me recordó
ella juró,
dijo que me olvidaría, ¡
pero amablemente!
El monje Saigyo
¿Debería culpar a la luna
por traer esta tristeza,
como si representara el dolor?
Levantando mi rostro preocupado,
la contemplo a través de mis lágrimas.
No hizo ninguna promesa
No hizo ninguna promesa, pero
me pregunto si vendrá, espero,
al anochecer;
si tan solo pudiera seguir así,
permaneciendo ligero…
Predicción de mí muerte
Que sea de esta manera:
Bajo las flores del cerezo,
Una muerte de primavera,
En el medio del segundo mes
Cuando la luna esté llena.
La nieve ha caído
La nieve ha caído sobre
Los senderos del campo y los de la montaña,
Enterrándolos a todos
Y no puedo distinguir el aquí del ahí:
Mi viaje en la neblina del cielo.
Un sueño de primavera
Cerré el viejo año
Y sostuve un sueño de primavera detrás
Mis ojos cerrados… hasta ahora
Esta mañana los abro para ver
Que realmente ha venido al mundo.
Aquí en el valle
Abarcando toda la primavera
Como compañía para mí, un otro
En una choza de ermitaño-
¡No abandones tu nido
Aquí en el valle, parúlido!
Viajando solo
Viajando solo:
Ahora mi cuerpo conoce la ausencia
hasta de su propio corazón,
Que se quedó atrás ese día cuando
Vi las copas de los árboles de Yoshino.
Sin las nubes
Un mundo sin
La dispersión de las flores,
Sin las nubes
Sobre la luna me privarían
De mi melancolía.
Por qué yo
¿Por qué yo, que rompí
Tan completamente con el mundo,
Encuentro en mi cuerpo
Aún el pulsar de un corazón
Alguna vez teñido por los tintes de las flores?
Debo esforzarme para ver
Debo esforzarme para ver
Los escasos capullos que este viejo árbol [Un cerezo]
Trabajó para abrir…
En el pathos somos uno y me pregunto
Cuántas más primaveras habremos de encontrarnos aquí.
Desde que mi mente
Las limitaciones idas:
Desde que mi mente se fijó a la luna,
La claridad y la serenidad
Hacen algo para lo cual
No hay fin a la vista.
Ni un atisbo de sombra
Ni un atisbo de sombra
Sobre el rostro de la luna… pero ahora
Pasa una silueta-
No la nube que pensé que era,
Sino una bandada de ánades.
Pensé que estaba libre
Pensé que estaba libre
De pasiones, así que esta melancolía
Viene de sorpresa:
Una perdiz se dispara del pantano
Donde cae el crepúsculo de otoño.
Todos los caminos desaparecidos
Todos los caminos desaparecidos
Bajo espesuras de hojas caídas,
Que enterraron mi casa-
Completamente fuera de temporada,
¡Encerrado ya por el invierno!
Más y más profundidad
La mente por la verdad
Comienza, como un arroyo, superficial
Al principio, pero luego
Agrega más y más profundidad
Mientras adquiere mayor claridad.
Con la luna ahí arriba
Con la luna ahí arriba
Tan brillante, todas las nubes
Se hundieron bien abajo
En el valle, urgidas a lo largo
Por vientos que barren las cumbres.
Haciéndome un camino
Haciéndome un camino
A través de los tumultuosos rápidos
Del Río Miyataki,
Tengo la sensación de ser lavado
Limpio hasta la base de mi corazón.
Montañas Yoshino
Montañas Yoshino:
Acá abajo son cascadas de
Agua esparcida con
Pétalos blancos; allá arriba en las cumbres
Arranca corriendo bajo nieve espesa.
Delicadas gotas de rocío
Delicadas gotas de rocío
Sobre una telaraña son las perlas
Enhebradas en collares
Usados en el mundo que el hombre hace girar:
Un mundo que se esfuma rápido.
La gente se va
La gente se va
Y la verdad de este mundo pasajero
Me impresiona
De vez en cuando… pero sino mi opaca
Sensatez dejan que esta verdad también se vaya.
Sigo en las Montañas Yoshino
Montañas Yoshino-
El que llegará a conocerlas
Por dentro y por fuera seré yo,
Ya que me he habituado a ir
A tus profundidades buscando flores.
Durante muchas primaveras
Durante muchas primaveras
He venido aquí a encontrar
Y unir mi mente
Con las flores que brotan- así que
Estoy hecho de muchas recolecciones.
Bajo refrescantes nubes
Enrulándose en el calor,
Estas hojas de pasto de un pequeño prado
Ahora encuentran refugio
Bajo refrescantes nubes: cae la noche
Con lluvia de un cielo vasto.
La luna de esta noche
La luna de esta noche revuelve
La memoria de un pacto para permitir
Que haga esto con nosotros:
Tal vez ella, allá donde nos amamos,
Tiene las mangas mojadas de lágrimas como las mías.
Cada noche de otoño
Mientras cada noche de otoño
Se torna más fría que la anterior,
El chillido del grillo
Se vuelve más débil: cada noche se
Mueve más lejos en la distancia.
En un arroyo de montaña
En un arroyo de montaña,
Un pato mandarín que se volvió soltero
Por la pérdida de su pareja
Ahora flota calladamente sobre las pequeñas olas:
Un estado de ánimo que conozco bien.
Aquél que se piensa es el perdedor
¿Así, entonces, es el que
Ha arrojado su sí mismo
Aquél que se piensa es el perdedor?
Pero aquel que no puede perder su sí mismo
Es el que realmente ha perdido.
En ninguna parte
En ninguna parte hay lugar
Para detenerse y vivir, así que sólo
Todos los lugares servirán:
Cada choza hecha de pasto pronto deja
Su lugar en este marchitante mundo.
El tiempo pasa
Un pequeño brote en un jardín
Cuando hace mucho vi este pino-
Ahora tan crecido, sus altas
Ramas en su susurro dicen
Que el tiempo pasa y una tormenta se avecina.
De mi tristeza
En profundo ensimismamiento
Acerca de cómo el tiempo lo sacude todo,
Escucho golpes cayendo
Sobre la campana de un templo… extrayendo más
De sus sonidos y de mi tristeza.
En el retrato
En el retrato
Emergiendo sobre la luna espié
Tu rostro… tan claramente,
La causa de las lágrimas que entonces
Arrojaron rápidamente a la luna de vuelta a las nubes.
Esta tristeza
Imprecisión:
¿por qué en otoño
cae todo
y sólo queda
esta tristeza inexplicable?
Los rayos de la luna
Debilitado rumor de insectos
entre macizos de hierba
secándose en otoño: los rayos
de la luna compenetrados
con el campo.
La enseñanza del rocío
Mis ateridos despojos
eternamente cubiertos de musgo,
en su yacija
reviven la enseñanza del rocío
en el reverso oscuro, frío, de la roca.
Esta primavera
Esta primavera me quedaré
cerca de mi rústico seto,
entaré amistad
con la gente que viene
en busca de la fragancia del ciruelo

Ver las flores
¡Si tan solo pudiera
dividirme,
no perderme ni un solo árbol,
ver las flores en su máximo esplendor
en las diez mil montañas!
Donde nunca he estado
Olvidaré el sendero
que marqué en el monte Yoshino
el año pasado,
iré en busca de flores
en direcciones donde nunca he estado.
Es nuestro hogar
Ensenada fangosa
tan sucia que ni siquiera la luz de la luna
se detendrá allí—
¡es nuestro hogar!
dicen las ranas que croan.
Sin espera
No esperaré
saldré a buscar
el cerezo de la montaña
descubriendo el camino
guiado por las flores.
Nieve
Que feliz me hace
esta nieve oportuna
que borra el sendero de montaña
mientras avanzo
buscando aislarme largamente.
En plena primavera
En plena primavera
ramas quietas
pétalos que caen
aunque no
por culpa de la brisa.
Así fue el hielo
El hielo que sellaba las grietas de la roca
empezó a derretirse esta mañana
bajo el musgo
se escurre el agua
buscando su camino.
Un sueño
Qué efímeros fueron
los años en que creía
que iba a vivir eternamente
pasados ya
como un sueño pasajero.
Las ramas del cerezo
Las ramas del cerezo
encendidas de flores
niebla de la mañana
como humo
a la deriva.
Las aguas impetuosas
Al escuchar
las aguas impetuosas
de este torrente de montaña
siento el fuerte empuje
de la vida.
No hay un solo claro
No hay un solo claro
en las nutridas huestes que avanzan
al pie de la montaña:
hilera interminable de moribundos
desfilando, desfilando, desfilando.
Yoshino
Avanzando a solas:
mi cuerpo reconoce incluso la ausencia
de su propio corazón, que atrás
quedara aquel día cuando vio
las copas entrelazadas de Yoshino.
Aún sin pasiones
Aún sin pasiones,
la conmoción en mí
puedo sentir:
atardecer de otoño
en pantano con aves.
La tristeza
Como cala la tristeza
al leer el ‘Sankushū’
con la llovizna de otoño!
Sin lamentos
¿Por qué lamentarse dejando
un mundo que no
merece el dolor?
Solo tú salvas
cuando tu ser se va, lanzas.
Publicar comentario