Su presencia — Antonio Arnao

Si miro el mar, cuyas inquietas olas
murmuran siempre con sublime acento;
si miro las estrellas
que en el espacio solas
alumbran el azul del firmamento
cual lámparas de amor que lucen bellas;
si en prados y jardines
miro entre verde murta los primores
de rosas, lirios, nardos y jazmines,
bendigo a Dios con íntimos loores.
Mas en templo cristiano,
donde perdón por alcanzar me afano,
mejor le reverencio,
prosternando la frente,
porque en su oscura sombra y su silencio
con presencia real latir se siente.