Poemas de Valerio Flaco (poeta romano)
Estos son los poemas de Valerio Flaco, poeta romano del siglo I, autor de la epopeya Las Argonáuticas, dedicada al emperador Vespasiano. Nació probablemente en Padua y floreció durante la llamada Edad de Plata de la literatura latina.
Su obra principal, Argonáuticas, escrita en hexámetros dactílicos, relata la expedición de Jasón y los argonautas en busca del vellocino de oro, inspirándose en Apolonio de Rodas pero con un estilo más vívido y caracterización intensa.
La obra quedó inconclusa por su muerte, pero influyó en la tradición épica romana y fue redescubierta en el siglo XV.
Las Argonáuticas
En Tesalia tiembla el trono usurpado,
Pelias vigila con miedo su corona,
manda a Jasón tras el vellocino sagrado,
espera su muerte en mares sin aurora,
y el destino se enciende en la nave Argo.
Clama Alcímede con lágrimas ardientes,
Esón al hijo le infunde su valor,
los dioses escuchan plegarias dolientes,
Palas concede la nave al soñador,
y Juno protege su viaje creciente.
Surcan las aguas los héroes valientes,
Hércules, Orfeo, Mopso adivino,
Tifis gobierna las velas potentes,
cantan los remos su ritmo divino,
y el viento obedece a voces ardientes.
En Lemnos hallan mujeres sin hombres,
Afrodita sembró celos y muerte,
Hipsípila salva a Toante su padre,
los argonautas disfrutan su suerte,
y el amor florece en nombres y nombres.
Bóreas se queja del soplo encendido,
Eolo libera tormentas furiosas,
mas Neptuno calma el mar embravecido,
pues Juno protege las velas gloriosas,
y el viaje prosigue con rumbo decidido.
El vellocino brilla en la Cólquide oscura,
colgado en árbol consagrado a Marte,
un dragón vigila la prenda segura,
Eetes defiende su mágico estandarte,
y Jasón se prepara a la prueba más dura.
Medea contempla al héroe extranjero,
sus ojos arden de amor y de hechizo,
la maga traiciona a su padre severo,
con hierbas y cantos le abre el camino,
y el vellocino cede al destino ligero.
Regresan los hombres con gloria y dolor,
la sangre de reyes mancha la victoria,
Pelias sucumbe al engaño traidor,
la Argo navega con eterna memoria,
y Flaco canta su épica en honor.

Cruzan los mares con furia creciente,
las costas del Ponto se abren al paso,
los héroes invocan al dios omnipotente,
la Argo resuena con cántico raso,
y el eco responde del viento silente.
En Tracia escuchan la voz de Fineo,
ciego profeta de penas y hambre,
las Harpías roban su mísero deseo,
mas los hijos de Bóreas, con aire y alambre,
liberan su mesa del rastro sin feo.
El Cáucaso alza su cima de hierro,
Prometeo sufre cadenas eternas,
el águila hiere su pecho sincero,
los argonautas contemplan sus penas,
y tiemblan los dioses del castigo severo.
En la Cólquide reina la sombra de Marte,
Eetes vigila con furia y engaño,
los campos se encienden con fuego en su parte,
toros de bronce escupen su daño,
y Jasón se enfrenta al mortal estandarte.
Medea conjura con hierbas secretas,
sus cantos adormecen al monstruo guardián,
el dragón sucumbe a las artes discretas,
el vellocino brilla en su rama titán,
y el héroe lo toma con manos inquietas.
La fuga comienza con sangre y traición,
Apsirto, hermano, es víctima del arte,
Medea lo entrega a cruel división,
los mares se tiñen de rojo estandarte,
y el crimen se oculta tras velo de pasión.
Regresa la Argo con gloria y tormento,
los dioses discuten su suerte final,
Juno protege su fiel movimiento,
mas Zeus contempla el destino mortal,
y el viaje concluye con eco violento.
Así canta Flaco la gesta infinita,
del vellocino, del amor y del llanto,
la nave Argo en la memoria palpita,
los héroes se alzan en épico canto,
y el mito perdura con voz bendita.
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