Poemas de Varrón Atacino (poeta romano)

Varrón Atacino

Publio Terencio Varrón Atacino (82–35 a.C.), originario de la Galia Narbonense, fue un poeta latino destacado por su estilo pulido y su papel dentro de los poetae novi.

Aunque su obra se conserva solo en fragmentos, se sabe que escribió el Bellum Sequanicum sobre la campaña de César contra Ariovisto, elegías amorosas dedicadas a Leucadia, el poema geográfico Chorographia y la Ephemeris inspirada en Arato.

Su traducción de la Argonáutica de Apolonio de Rodas fue muy apreciada y citada por Ovidio. Considerado puente entre Ennio y Virgilio, su legado influyó en la poesía épica y didáctica romana

Esta es una reconstrucción estilística de siete fragmentos por cada obra atribuida a Varrón Atencio (Publio Terencio Varrón). Como su obra está completamente perdida, estos textos son recreaciones poéticas basadas en su temática, época y estilo, inspiradas en autores como Virgilio, Arato, Propercio y Lucrecio.

Ephemeris (Poema didáctico sobre el tiempo y los signos celestes)

Inspirado en Arato y citado por Virgilio.

Cuando el Carro del Norte se inclina,

los vientos del oeste traen lluvia tardía.

 

Si Marte brilla rojo en la aurora,

prepara el campo: la guerra acecha.

 

Las Pléyades, ocultas tras la niebla,

anuncian cosechas de sombra y escarcha.

 

El Sol en Capricornio endurece la tierra,

y los bueyes duermen junto al fuego.

 

Cuando Venus se alza antes del alba,

los amantes despiertan sin saber por qué.

 

Mercurio, errante entre signos,

confunde al sabio y al ladrón por igual.

El tiempo no es dios ni bestia,

sino rueda que gira sin dueño.

 

 

Elegías a Leucadia (Poemas amorosos)

Inspirado en Propercio y Tibulo.

 

Leucadia, tu nombre es isla y herida,

donde naufragan mis días sin puerto.

 

Tus ojos, dos lunas en eclipse,

me guían y me pierden.

 

No hay templo que no te invoque,

ni estatua que no tiemble al verte pasar.

 

Si el amor es fiebre, tú eres su llama,

y yo, su ceniza cantando.

 

Te busqué en las fuentes de Apolo,

pero sólo hallé mi reflejo llorando.

 

Leucadia, ¿por qué tu voz

suena como el eco de mi infancia?

 

Que los dioses me condenen,

si no prefiero tu sombra a su gloria.

Varrón Atacino

Poema épico sobre la campaña gala de César

Inspirado en Virgilio y Lucano.

César cruzó el Rubicón sin temblar,

y la tierra se abrió como herida.

 

Los secuanos alzaron sus lanzas,

pero el águila romana no retrocedió.

 

Bajo el estandarte, el trueno habló:

“Roma no pide permiso, conquista”.

 

El hierro cantó en los bosques galos,

y los druidas callaron su magia.

 

César, con mirada de mármol,

dictó la paz sobre ruinas.

 

El río Saona se tiñó de historia,

y los peces nadaron entre escudos.

 

No hay verso que encierre su marcha,

sólo ceniza y memoria.

 

Argonáutica (Traducción de Apolonio de Rodas)

Inspirado en el estilo helenístico latino.

Jasón alzó el remo como cetro,

y el mar obedeció su destino.

 

Medea, hija de hechizos,

tejió amor y traición en un solo hilo.

 

El vellocino brillaba como sol robado,

y los héroes temblaron ante su fulgor.

 

Argos, nave de dioses,

cortaba las olas como verso perfecto.

 

Cada isla era un canto,

cada monstruo, una estrofa de miedo.

 

Jasón no venció con espada,

sino con promesas que sangran.

 

Al volver, la gloria pesaba más

que el oro que traía.

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