Poemas de Heinrich von Veldeke (poeta neerlandés – alemán)

Heinrich von Veldeke

Heinrich von Veldeke (ca.1150–ca.1200) fue un poeta neerlandés-alemán considerado pionero del Minnesang y del clasicismo cortés en la literatura medieval germánica.

Nacido cerca de Maastricht, provenía de familia noble y dominaba latín y francés, lo que le permitió adaptar tradiciones clásicas y romances franceses al ámbito germánico. Su obra más célebre es el Eneit (Eneida), primera novela cortesana en alemán, inspirada en el Roman d’Énéas.

También compuso la Legenda de Servatius y lírica amorosa. Veldeke ejerció gran influencia en la poesía cortesana posterior, consolidando la transición cultural hacia la literatura caballeresca del siglo XIII

Son nuevas las dulces nuevas

Son nuevas las dulces nuevas,

los pájaros se revelan,

cantan donde las flores brotan

en las estaciones del año.

Bien estaría que el hombre fuese alegre,

mas yo no lo soy, desdichado:

mi necio corazón me traiciona,

y debo áspero y pesado

llevar el dolor que me acontece.

 

La más bella y la mejor dama,

entre el rojo y el blanco,

me dio alegría en otro tiempo,

mas ahora me llega gran pesar,

por necedad y por fidelidad

he perdido su favor,

el que elegí de la mejor,

o de cualquiera en el mundo.

Aún temo mucho su enojo.

 

El amor tan alto

me sacó del juicio,

cuando sus ojos y su boca

y su rostro contemplé.

Entonces mi corazón se encendió

de dulce necedad herido,

la sabiduría me fue desconocida,

y bien lo he comprendido:

con daño desde muchas horas.

 

La palabra cruel ella guardó,

que nunca pude abandonar,

cuando me engañó mi necio deseo,

que corría por los prados.

La rogué en caridad

que me acogiera enteramente,

no había hecho tanto mal,

que ella un poco se apartara

y por mí quisiera estar firme.

 

En otro tiempo me sirvió un hombre

En otro tiempo me sirvió un hombre,

tan bien que yo le concedí bondad,

mas ahora no le otorgo nada,

pues tomó ánimo y osó pedirme,

y mejor puedo negarle,

que él no supo ganarlo de mí.

 

Yo pensé que era cortés,

por eso le tuve afecto,

mas ahora lo digo abiertamente:

él ha perdido mi favor.

He soportado con paciencia,

su daño ya no me importa,

él pidió demasiado rico pago,

del cual yo bien puedo prescindir.

 

Él buscó un amor desmedido,

en mí no lo halló jamás.

Sepa bien su mente enferma,

que su necedad lo llevó allí.

Cualquier daño que le venga,

puede reconocerlo en sí mismo:

su juego no lo supo jugar,

rompió antes de poder ganar.

 

Quien dañe a mi dama

Quien dañe a mi dama,

le deseo la ruina,

como los ladrones hallan su fin.

Quien la honre con fidelidad,

le deseo el paraíso,

y presto le doy mi mano.

Si alguien pregunta quién es ella,

que la reconozca allí mismo:

es la bien lograda.

¡Ten gracia conmigo, dama!

El sol te entrego,

y que la luna me brille.

 

Aunque mi necesidad fuera grande,

yo gano amor tras el pesar

y alegría múltiple,

pues conozco muchas dichas.

Las flores brotan en la pradera,

los pájaros cantan en el bosque,

donde antes yacía la nieve,

ahora se alza el verde trébol,

se humedece en la mañana.

Quien ahora quiera alegrarse,

nadie me causa pena:

estoy libre de cuidados.

 

Tristán, contra su voluntad

Tristán, contra su voluntad,

permaneció junto a la reina,

pues el veneno lo forzó

más que la fuerza del amor.

Sepa la buena dama

que yo nunca bebí tal brebaje,

y sin embargo la amo más

que él, y puede ser verdad.

Bien lograda,

sin falsedad,

déjame ser tuyo,

y sé tú mía.

 

Pues el sol ha inclinado su luz

frente al frío que avanza,

y los pequeños pajarillos

han silenciado su canto.

Triste está mi corazón,

pienso que el invierno llega,

y muestra su poder

en las flores que se ven,

de colores claros,

marchitas del todo.

De ello me sobreviene

dolor y nada más.

 

Quienes me envidian

Quienes me envidian por ello,

y desean que me alcance algún pesar,

eso puedo sufrir con calma,

sin perder mi alegría,

ni quiero por ello seguir

a los que son desdichados.

Al contrario, que ella me mire con gusto,

la que por el verdadero amor

me dejó sufrir larga pena.

 

En el tiempo antes del año

En el tiempo antes del año,

cuando los días son largos

y el clima vuelve a ser claro,

entonces renuevan abiertamente

los ruiseñores su canto,

que nos traen nuevas de amor.

A Dios se le puede dar gracias,

quien tiene el verdadero amor

sin pena y sin cambio.

 

Quiero ser alegre por su honor

Quiero ser alegre por su honor,

ella me lo ha concedido,

que yo me aparte de la pena

que antes me hería tan fuerte.

Ahora me ha sucedido así,

que soy rico y poderoso,

pues debí entregarme del todo

a la que me dio verdadero amor

sin engaño ni mudanza.

 

En el tiempo en que las rosas

En el tiempo en que las rosas
muestran muchas bellas hojas,
se huye de los sin alegría,
pues los murmuradores abundan en muchos lugares,
ya que son enemigos del amor.
Y los míos se abren,
lejos de los malvados.
¡Nos aparte Dios de ellos,
y les dé lo que merecen!

 

La alegría sin pena 

La alegría sin pena posee,

con honor aquí, quien es rico.

El corazón donde la pena mora

vive siempre afligido.

Es noble y fructuoso

quien con honra

puede aumentar

su alegría: eso es bueno.

 

El mundo es de ligereza

El mundo es de ligereza,
ampliamente se sostiene.
Muy débil es su guía,
pues lo domina la fuerza del amor.
La liviandad que antes se reprendía
ya no está descuidada,
bien acogida,
pues sus caminos son muchos.

 

De ello estoy siempre consolado

De ello estoy siempre consolado:
que los envidiosos me envidien,
ni todas las malas enseñanzas
puedan hincarse en mi corazón,
hasta que mueran antes de tiempo.
Con los alegres
quiero sufrirlo,
sea cual fuere mi destino.

 

Cuando se guardaba el verdadero amor

Cuando se guardaba el verdadero amor,
se guardaba también el honor.
Ahora, noche y día,
se enseñan malas costumbres.
Quien ve esto ahora y lo vio antes,
¡ay, cuánto puede lamentarse!
La virtud se ha vuelto al revés.

 

Los hombres ya no son fructuosos

Los hombres ya no son fructuosos,
pues injurian a las damas.
Y ellas, con razón, les devuelven
que no les retribuyen bien.
Quien así reprocha a la mujer,
y debe medirse junto a ella,
prueba rara vez
que prospera en verdad.

 

Quien en el amor es tan fructuoso

Quien en el amor es tan fructuoso,
que puede servir al amor,
y soporta por él la pena,
dichoso es, un hombre bienaventurado.
De amor nos viene todo bien,
el amor hace puro el ánimo,
¿qué sería sin amor entonces?

Yo amo a la bella sin recompensa,
sé bien que su amor es claro.
Si mi amor es débil,
jamás será verdadero.
Le doy gracias por mi amor,
junto a su amor está mi canto.
Necio es quien no lo cree del todo.

 

Se dice por verdad

Se dice por verdad,
desde hace muchos años,
que las mujeres odian las canas;
eso me parece cierto,
y es su deshonor,
pues aman más a su amigo
necio que sabio.

Con mayor razón aún,
ya que yo soy canoso,
detesto en las mujeres la locura
de tomar lo nuevo
por oro viejo.
Dicen que son amigas de los jóvenes,
por su impaciencia.

 

Cuando ellas en el prado

Cuando ellas en el prado
las flores miraban,
junto a las hojas brotando,
entonces eran ricas
en sus múltiples maneras
con que se alegraban.
Alzaron su canto,
alto y bajo,
fuerte y gozoso.
Así está mi ánimo:
quiero ser alegre,
justo es que alabe mi ventura.

 

En el mes de abril

En el mes de abril,
cuando las flores brotan,
alaban los tilos
y reverdecen las hayas.
Entonces tienen sus deseos,
donde los pájaros cantan,
pues hallan el amor
allí donde lo buscan,
justo en su compañía.
Grande es su alegría,
que nunca me cansó,
aunque su canto
se alce contra el invierno.

 

Si pudiera ganar

Si pudiera ganar

el favor de mi dama,

y buscarlo de la manera

que a ella conviene,

yo debería perecer

por toda mi culpa,

si no quisiera aceptar

de mí penitencia sin muerte,

sobre gracia y necesidad,

pues Dios nunca ordenó

que ningún hombre

debiera morir de buen grado.

 

Que Dios le envíe humildad

Que Dios le envíe humildad,

para que lo tenga en mi favor,

pues yo muy de buen grado guardo

no decirle nada que le cause pesar,

ni apartarme jamás de ella.

Tan fuertemente me atan los juramentos,

amor y fidelidad ambos,

que la temo como el niño teme la vara.

 

Ella es tan buena y también tan hermosa

Ella es tan buena y también tan hermosa,
a quien ya largo tiempo he alabado.
Si yo llevara la corona en Roma,
la pondría sobre su cabeza.
Muchos hablan con furia,
¡Dios haga que ella me lo recompense!
Pues yo obré, lo sé muy bien,
si aún vive como yo la amé,
ella está allá y yo estoy aquí.

Ella me hizo lo que me es favorable,
con mucho amor y también bondad,
que aún en esta hora oportuna
canto porque me nace del ánimo.
Desde que vi que ella podía engañar
como la liebre engaña al viento,
ya nunca más me he preocupado
por el hijo de la hija de mi hijo.

 

Con gusto tendría yo en común con ella

Con gusto tendría yo en común con ella
mil marcos donde quisiera,
y un cofre de oro,
pues de ella debería yo ser.
Lejos, enfermo, pobre y solo,
de esto debe estar segura:
que la verdad está en mí.

 

Lo hacen parecer los pajarillos

Lo hacen parecer los pajarillos,
que ven las flores florecidas.
Su canto me hace el ánimo
tan bueno que estoy alegre,
y ya no puedo estar triste.
¡Dios los honre, pues me lo hacen!
Más allá del río,
donde las penas me nacen,
allí donde mi vida está en destierro.

 

Lo han hecho las noches frías

Lo han hecho las noches frías,
que las hojas del tilo
caigan en modo invernal.
Del amor tengo buena esperanza,
y sé que ahora un dulce fin de amor
me ha pasado por lo mejor,
pues hallo el amor bueno
y me entrego por entero a él.

Heinrich von Veldeke

Los que nunca fueron vencidos

Los que nunca fueron vencidos,
como yo lo soy ahora,
no pueden aún comprender
ni reconocer bien mi sentido.
Pues mi amor brilla en mí
como la luna brilla junto al sol:
allí he comenzado mi amor.

 

No se debe buscar a los malos

No se debe buscar a los malos,
pues a menudo traen dolor.
Ellos esperan y mienten,
como quien salta en la nieve.
De ello reciben aún más,
y nadie debe preocuparse,
pues buscan peras en los robles.

Quien hoy sirve a las damas,
a menudo lo hace con mal resultado.
Muchos hombres llevan la vara
con la que se golpean a sí mismos.
Quien concede a los malos hábitos,
anda con frecuencia triste y airado;
de ello no se ocupa el fruto sabio.

 

El tiempo está esclarecido en el bosque

El tiempo está esclarecido en el bosque,
mas el mundo no lo está,
pues es turbio y falaz
para quien lo mira con verdad.
Los que lo siguen dicen
que se vuelve cada vez peor,
pues apartan del amor
a quienes siempre le sirvieron.

 

Así como las aves alegres

Así como las aves alegres
reciben cantando el verano,
y el bosque está lleno de alabanzas,
y las flores hermosas se alzan,
así el invierno ha pasado por completo.
Mi derecho es que me dirija
allí donde mi corazón constantemente
ha estado siempre sometido al amor.

 

El hermoso verano se acerca a nosotros

El hermoso verano se acerca a nosotros,
por ello muchos pájaros están alegres,
pues se regocijan en su lucha,
recibiendo muy bien el tiempo hermoso.
Es justo que el águila,
salude al viento tan dulce.
Yo he llegado a notar
nuevo canto en el tilo.

 

La bella que me hace cantar

La bella que me hace cantar,
ella debe enseñarme a hablar,
pues no puedo apartar bien
mi ánimo de ello.
Ella es noble y fructuosa;
quien puede aumentarme honor,
su alegría es buena.

 

Pido el amor a hombres y mujeres

Pido el amor a hombres y mujeres,
pues me ha vencido por completo,
de modo que a la bella me entrego,
para que aumente mi ventura.
Me sucede como al cisne,
que canta cuando debe morir:
así pierdo yo demasiado en ello.

 

El amor dominó a Salomón

El amor dominó a Salomón,
que fue el más sabio de los hombres
que jamás llevó corona de rey.
¿Cómo podría yo resistirme entonces?
Su dominio también me ha vencido con fuerza,
pues si ella doblegó a tal hombre,
que era tan sabio y también tan rico,
de ella debo yo recibir mi recompensa.

 

Hermosas palabras con dulce canto

Hermosas palabras con dulce canto
consuelan a menudo el ánimo pesado.
Se pueden guardar con gusto por largo tiempo,
pues son enteramente buenas.
Yo canto con ánimo triste
a la bella dama y a la buena;
en su consuelo quiero cantar,
mas ella me ha desconsuelo dado ya por largo tiempo.

 

Me iría mejor si ella me consolara

Me iría mejor si ella me consolara,
pues por ella yazgo muerto.
Ya antes me liberó
de muchas angustiosas penas.
Así como lo ordena, soy suyo hasta la muerte,
y aun así debo morir con necesidad.

Viví antes con desdicha,
como ella ha visto y oído.
Siete años antes, de ninguna cosa
hablé una palabra contra su voluntad.
Y aun así quiero lamentar mis penas,
pues el amor es tal como fue en otro tiempo honor.

 

Cuando el tiempo así se dispone

Cuando el tiempo así se dispone,
que nos llegan tanto flores como hierba,
todo puede ser buen consejo
de aquello por lo que mi corazón estaba triste.
De ello se alegran los pajarillos;
siempre vuelve el verano como antes.
Que el mundo me pertenezca,
pues antes el invierno me causó dolor.

Por su voluntad, si él quiere,
no hago sino esto y nada más.
De ello puede pensar mucho,
que nadie lo ve con tanto gusto.
Yo quiero conservar mi vida,
he observado muy bien
que a menudo se vuelven bellas las mujeres
cuando tal pena desaparece.

 

Los que en otro tiempo escuchan mi canto

Los que en otro tiempo escuchan mi canto,
quiero que me den su agradecimiento,
constante y sin vacilar.
Quienes alguna vez amaron o aún aman,
ellos están alegres en muchos sentidos,
de lo cual los necios nunca comienzan,
pues el amor nunca los dominó,
ni conmovió su corazón por dentro.

 

Cuando se debe servir y hablar a las damas

Cuando se debe servir y hablar a las damas,
debe hacerse de la mejor manera,
sin jamás vengarse con ira contra ellas.
De ello resulta fácilmente un hombre dichoso.
Aunque me salga como me salga,
nunca les faltará de mí alabanza,
pues jamás me dejaré llevar por reproches.

 

Quien a las damas en su honor

Quien a las damas en su honor
gusta hablar sin necesidad,
ved que peca gravemente
y también su alma muere.
Pues todos nosotros
de las damas venimos;
y aunque las tengamos por pequeñas,
muchos reciben de ellas provecho.

 

A muchos corazones el frío invierno causó pena

A muchos corazones el frío invierno causó pena,
cubrió bosque y pradera herida
con su vestido verde apagado.
Invierno, contigo se aparta toda mi tristeza.

Cuando mayo cierra el tiempo helado,
y rocía las flores en la pradera,
y el bosque se llena de canto,
mi vida goza de abundante alegría.

Mi amado puede llevarme junto al tilo,
donde quiero estrecharlo contra mi pecho.
Él debe tejer guirnaldas de flores,
yo quiero luchar con él por un nuevo ramillete.

Sé bien que nunca me lo negará:
todo lo que mi corazón piensa en su vida,
él me quita toda tristeza,
y de nosotros brotarán muchas flores.

Quiero rodearlo con mis brazos blancos,
con mi boca roja acercarme a su rostro.
Mis ojos lo confirman:
jamás vieron un amor tan verdadero.

 

Mi pensamiento enviado

Mi pensamiento enviado,
junto con mis sentidos todos,
sin desviarse,
se preocupa sólo de una cosa:
cómo mostrarle
que desde hace ya mucho
con mi canto la tengo presente,
en ánimo constante:
ella buena,
ella pura.

 

Dichoso yo sería

Dichoso yo sería,
y en alegrías de fruto,
si mi pesar quisiera pensar
en ti, de buen ánimo,
tú bien guardada
contra cosas falsas.
Con canto,
yo deseo
que ella me guarde
con bondad:
ella amada, ella buena.

 

Dichoso de mis pensamientos

Dichoso de mis pensamientos,
que siempre me aconsejaron la enseñanza
de que la hiciera mía,
cada vez más y más,
de modo que su honor
sea como un prodigio,
singular,
tan grande:
mía y mía,
ella pura,
ella dichosa, ella noble.

Mis manos pliego,
con fidelidad deseosa, a sus pies,
como si Isolda
hubiera de consolarme como a Tristán.
Y así la saludo,
que ella se conduzca,
mi pesar,
me redima,
y me aparte
de la pena:
ella amada, ella dulce.

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