Poemas de Jordi de Sant Jordi
Los poemas de Jordi de Sant Jordi (c. 1390-1424) destacado poeta y militar valenciano, figura clave de la literatura catalana medieval. Representa la transición del estilo trovadoresco hacia una sensibilidad más humanista y personal, influenciada por Petrarca.
Su obra, aunque breve, es de una gran intensidad emocional; en ella aborda temas como el cautiverio, la traición y el amor idealizado.
Destacan poemas como Estramps, por su poderosa imaginería, y Presoner, escrito tras su captura en Nápoles. Su legado marcó el inicio del Siglo de Oro valenciano, siendo un precursor directo de la lírica de Ausiàs March.
Prisionero
Abandonado por amigos, de bienes y señor,
en extraño lugar y en extraña comarca,
lejos de todo bien, harto de enojo y de tristeza,
cautivados mi voluntad y pensamiento,
me encuentro sometido totalmente a mal poder,
no veo a nadie que de mí se preocupe,
estoy guardado, recluido, encadenado y preso,
lo que he de agradecer a mi triste ventura.
Yo he visto tiempos en que nada me complacía,
ahora me contento con lo que me entristece
y ahora precio más los grilletes ligeros
que en un tiempo pasado las bellas bordaduras.
Veo que Fortuna su poder ha mostrado sobre mí,
queriendo que haya llegado hasta este punto,
pero no importa, pues he cumplido mi deber
con todos los buenos que hallo en mi compañía.
Porque recibo consuelo de cómo prisionero
estoy por mi señor, sirviendo tanto como podía,
superado por armas y por mayor poder,
no por defecto en nada de caballería.
Y recibo consuelo porque alcanzar no puedo
honor en nada sin que sienta trabajo,
pero, por otra parte, de tristeza estoy a punto de morir
cuando veo que con los reveses el mundo se contenta.
No son insoportables estos males
al lado de ese otro que el corazón perturba
y hace que cada día se aleje la esperanza,
cuando no veo nada que empuje ni permita avanzar
en negociar nuestra liberación,
y más cuando veo lo que nos pide Sforza
que no tolera razonamiento alguno,
por lo que languidecen mi virtud y mi fuerza.
Porque no sé ni veo nada en el presente
que me pueda dar un poco de valor
sino sólo Dios, de quien tomo fundamento,
en quien confío y con quien mi corazón se fortalece,
y por otra parte, en el buen Rey liberal,
que me socorrerá por su gran gentileza,
a los que nos ha metido del todo en este mal,
y de él me librará, puesto que estoy bajo su mando.
Rey virtuoso, mi señor natural:
todos ahora no os hacemos otra petición
sino que recordéis que vuestra sangre real
nunca dejó de auxiliar a quien fue de su bando.
Bajo la frente llevo vuestra bella imagen
Bajo la frente llevo vuestra bella imagen,
de la que mi corazón no puede separarse;
como hombre que tiene el documento en la balanza,
que por ninguna deuda se quiere perdonar.
Así me sucede con vos, de donde me aventajo,
que me estáis tan cerca que no os puedo pedir;
que estáis tan dentro que os tengo delante,
que si os buscara no os podría encontrar.
Todo mi cuerpo está lleno de vos, sin duda,
que si algún hombre mi cuerpo descuartizara,
os encontraría a vos, donde está mi letra,
que está escrita con sangre en la frontera.
Así como el hombre que tiene la piedra preciosa,
que no la quiere mostrar a ningún hombre,
así me sucede que no os quiero descubrir,
antes me valdría más cien años morir.
Aprendo A Diario Y Desaprendo A Un Tiempo
Aprendo a diario y desaprendo a un tiempo,
y vivo y muero, hago placer del tedio,
así del tiempo malo hago bonanza,
sin ojos veo y mi saber no sé,
y nada ciño y todo el mundo abrazo,
vuelo en el cielo y la tierra no dejo,
y a lo que huye sin cesar persigo
y me huye aquello que me agarra y sigue.
Del mal no gusto y suelo ir en su busca,
sin amor amo y lo que sé no creo,
pienso en soñar lo que se halla a mi vera,
odio me tengo y a otros muchos quiero,
hablando callo, al oír oigo menos,
del sí hago no, lo cierto a falso suena,
como sin hambre, y sin picor me rasco,
sin manos palpo, mi cordura es loca.
Quiero subir y sin virote caigo
y, en caer, subo al punto a otros lugares,
riendo lloro y es dormir mi vela,
cuando estoy frío ardo más que el fuego
y hago lo que no quiero cuando cuerdo,
gano perdiendo y tarda el tiempo raudo,
y sin dolerme alguna vez me quejo,
y a añojo tomo por fingida zorra.
Me alzo al tumbarme y desnudo vistiéndome,
ligera encuentro muy pesada carga,
cuando me baño creo no mojarme
y amarga hiel se me hace el dulce azúcar,
me es noche el día y lo oscuro hago claro,
el tiempo atrás lo tengo a todas horas,
débil lo fuerte, duro asaz lo blando
y al no faltar, me falta lo que queda.
Ni un paso doy y jamás me detengo,
lo que no busco avaramente encuentro,
en quien no fío siéntome a seguro
y alto es lo bajo y próximo lo alto,
buscando voy lo que no es dado hallar
y firme veo la cosa removida,
pozanco turbio se me hace agua en puerto,
y mi virtud no ayuda ni aprovecho.
Puesto a cantar me parece que aúllo
y lo muy bello sabe a torvo y feo,
ya estoy de vuelta de a donde ir deseo,
ni encuentro paz y nadie hay que me ataque.
Todo ello a cuenta de cuán claro veo
al revés hechos mundo y la natura,
y en cuanto a mí, en sus hechos tan metido,
que me es forzoso el vivir sin mesura.
Cada quien tome lo que más le cuadre
de este mi verso en revuelta escritura:
si lo miráis, al revés y al derecho,
sacar podréis rectitud del mal caso.
Desierto de amigos
Desierto de amigos, de bienes y de señor,
en extraño lugar y en extraña comarca,
lejos de todo bien, harto de enojo y tristeza,
con mi voluntad y pensamiento cautivados,
me encuentro del todo sometido a un mal poder;
no veo a nadie que de mí tenga cuidado,
y estoy vigilado, encerrado, herrado y preso,
lo cual agradezco a mi triste ventura.
Yo he visto tiempos en que nada me placía;
ahora me contento con lo que me causa tristeza,
y los grillos ligeros aprecio ahora más
que en el pasado los bellos bordados.
Veo que la Fortuna ha mostrado su voluntad
sobre mí, queriendo que a tal punto haya llegado;
pero no me importa, pues he cumplido mi deber
con todos los buenos que hallé en mi compañía.
Todos estos males no son nada que sufrir
en comparación con uno que el corazón me desgarra
y me hace cada día de la esperanza partir:
al no ver nada que nos adelante ni un empuje
en alcanzar nuestro alumbramiento (liberación).
Canción de opuestos
Cada día aprendo y desaprendo a la vez,
y vivo y muero, y hago del enojo placer,
asimismo hago del mal tiempo bueno,
y veo sin ojos, y sé menos que saber.
Y no estrecho nada y todo el mundo abrazo,
vuelo sobre el cielo y no me muevo de la tierra,
aquello que me huye incesantemente cazo,
y me huye aquello que me sigue y me aferra.
El mal no me place y a menudo lo busco,
amo sin amor, y no creo lo que sé,
parece que sueño todo cuanto veo ante mi faz,
odio tengo de mí y quiero a otro gran bien,
y hablando callo y oigo menos que oír,
de lo claro creo que no, lo verdadero me parece falsedad,
y como sin hambre, y me rascó sin picor,
y sin manos palpo, y hago del juicio locura.
Cuando quiero montar bajo sin que me gire
y bajando subo corriendo a lugar alto
y riendo lloro, y el velar me es dormir
y cuando estoy frío más cálido me siento que el fuego.
Y con juicio cabal yo hago lo que no quiero
y perdiendo gano, y el tiempo apresurado me tarda,
y sin dolor muchas veces me duelo,
y al simple cordero tengo por falsa zorra.
Acostándome me levanto y vistiéndome me desnufo
y encuentro ligero todo pesado y gran cargo,
y cuando me baño pienso que no me mojo
y el azúcar dulce me parece hiel amarga.
El día me es noche y hago claro de lo oscuro,
el tiempo pasado me es presente a cada hora,
y lo fuerte me es flaco, y lo blando tengo por muy duro,
y sin fallar me falla lo que me queda.
No me aparto de un lugar y jamás me detengo,
lo que no creo rápidamente encuentro,
de lo que no me fío me tengo por muy seguro,
lo bajo me es alto, y lo alto me parece cercano.
Y voy buscando lo que no se puede encontrar,
y firme veo la causa conmovida,
y el hondo remanso agua sobre el puerto me parece
y mi virtud no me sirve ni me ayuda.
Cuando canto me parece que empiezo a aullar,
y lo muy bello me parece fiero y feo,
antes me vuelvo que a ningún lugar quiera ir,
y no tengo paz y no tengo quien me guerree.
Todo esto viene porque veo entendido
de hechos inversos este mundo y naturaleza,
y soy yo quien en sus hechos está tan empeñado
que me es forzado vivir sin medida.
Tornada
Tome cada cual lo que mejor le sea
de mi dicho verso de escritura invertida,
y si lo miráis al derecho y al revés
podréis sacar del mal caso la rectitud.
Soneto XC
Paz no encuentro, y no tengo cómo hacer la guerra;
y temo y espero, y ardo, y soy de hielo;
y vuelo sobre el cielo, y yazgo en tierra;
y nada estrecho, y todo el mundo abrazo.
Quien me tiene en prisión, ni me abre ni cierra,
ni como suyo me retiene ni suelta el lazo;
y no me mata el Amor ni me quita los grillos,
ni me quiere vivo ni me saca del aprieto.
Veo sin ojos y no tengo lengua y grito;
y ansío perecer, o pido ayuda;
y me odio a mí mismo, y amo a otro;
me alimento de dolor; llorando río;
igualmente me disgusta muerte y vida.
En este estado estoy, señora, por vos.
Asedio de amor
Todo el poder de Amor veo reunido
para atacarme con su duro asedio;
de nada vale fuerza, ingenio o ciencia;
tal es mi angustia, que evitar no puedo
perder el cuerpo, el alma y las riquezas;
no puedo soportar vida tan dura
ni la vigilia: es carga muy pesada
y será necesario que me rinda.
No hay castillo o ciudad que haya afrontado
un ataque tan duro sin reservas
ni buenas huestes para defenderse:
con tal socorro, su razón impone.
Mas yo, que ofrezco débil resistencia
(sin muralla, torreón, foso ni almena)
y no puedo fiarme de mis huestes,
ved si no estoy en trance de morir.
Mi único arcabuz son mis supiros,
no tengo nada más de que valerme;
mis lamentos, las únicas bombardas
contra la que se empeña en destruirme.
Ya veis la munición con que, en su fuerte,
el corazón se emplea en mi defensa,
mas bien puedo deciros que no espero
huir de este peligro con su fuerza.
Con mis cinco sentidos más flaqueo:
son mis soldados, pero no me auxilian,
porque veo que todos se complacen
en que lo pierda todo, hasta la piel.
Ya veis, pues, si no van a traicionarme:
no me puedo salvar ni en retaguardia,
pues los he visto ya parlamentando
con mi enemigo para que me mate.
Me han traicionado, Dios, mis tristes ojos,
aciagos y envidiosos, al perderme.
Así me han traicionado bien los cinco;
el corazón, voraz, me ha traicionado,
y un dolor tan extremo me han causado,
que ya no sé qué hacer de mi persona.
No puedo más, pues de ahora en adelante
ya no habrá quien me ayude ni defienda.
Tornada
Reina de honor, me rindo, en vuestra tienda
en calidad de capitán me entrego;
perdonadme la vida sin engaño:
perderéis, de no hacerlo, un buen rescate.
Envío
Amor, Amor, no habéis hecho gran cosa
al vencer a un vencido que se os rinde,
pero Jordi os perdona vuestro daño
hasta que, muerto ya, se os restituya.
Danza y escondite
Es tanto el mal que me hacéis sufrir
cuando no me creéis, señora preciada,
que a fe os amo lealmente,
que el corazón del cuerpo se me quiere salir.
El día que vi vuestra belleza,
de pronto empecé a amaros,
mi corazón no pudo alejarse
de vos ni un instante por ninguna otra;
creedme, pues, que ningún otro deseo
tengo ni ningún otro pensamiento,
sino que pueda lealmente
amaros y serviros.
Si no digo la verdad, pido a Dios
que de tales crímenes sea acusado
y por ellos muera apedreado
a manos de un desdichado judío,
y que nadie se apiade de mí
al sufrir este martirio,
antes bien me maldigan cruelmente
y me escupan a la cara.
Si no digo la verdad, que antes de morir
con gran tristeza me desespere
y el alma y el cuerpo junto a Lucifer
me lleven mil demonios,
y nunca me puedan sepultar,
sino que por siempre tenga tormento,
y no halle amigo ni pariente
que me quiera bien, sino solo maldecir.
Castillo de honor, ruego a Dios me abandone
y todos los santos, si de corazón
no os soy fiel y leal sirviente,
que os quiero amar sin desfallecer.

Despedida
A menudo suspiro, señora, por vos de lejos
y, suspirando, va creciendo mi locura
por vuestro amor, que así tanto me hiere,
que convierte el gozo en gran melancolía
cuando pienso en el alejarme de vos
que se acerca, en vuestra belleza
y en la despedida que tomaré al partir,
pues la tristeza me asalta y me conquista.
De cierto sé que me valdría más morir,
como hicieron San Pedro o San Juan Bautista,
de muerte cruel, que llegar al punto
de ver esta ceremonia triste;
solo de pensarlo, ya pierdo el sentido
y voy como loco hablando a solas
desatinado y, si alguien se asombra,
le respondo con razones sin medida.
Pero este fino amor me atribula tanto
que al irme no quiero en tal angustia
poner mis ojos, pues no me valdría juicio,
arte ni saber; mas, puesto que es mi destino
que así forzado me haya de vos de alejar,
la despedida tomo ahora para siempre
de vuestro cuerpo, bello y lindo sin par,
y dejo mi corazón en vuestra morada.
¡Oh Dios!, ¿y cómo podré de la muerte escapar
cuando me vea solo, con la mente turbada,
en un bajel de madera allá en el mar,
ausente de vos, lejos de esta región?
Al recordar que estaré tan alejado
del país dulce donde vuestro cuerpo habita,
entonces moriré como un desesperado,
maldiciéndome a mí, a la fortuna y a la desdicha.
A Dios encomiendo, bella, vuestras bellezas,
vuestra conducta que todos los males ahuyenta;
a Dios os encomiendo, que el mundo honráis,
que en medio del corazón lleváis Honor escrita;
a Dios encomiendo vuestra amorosa mirada
con que me arrebatasteis el corazón;
a Dios os confío ahora, pues yo me parto
de la mejor que jamás vistió camisa.
Reina de honor, yo soy en toda parte,
o vivo o muerto, vuestro de toda guisa,
y ruego a Dios que de ningún mal me guarde
si aparto el amor que tengo en mi corazón asentado.
Bajo la frente llevo vuestro bello semblante
Bajo la frente llevo vuestra bella imagen,
de la que mi cuerpo noche y día hace gran fiesta,
que, contemplando la muy bella figura
de vuestro rostro, me ha quedado la impronta,
que ni por muerte se apartará la forma;
antes bien, cuando esté del todo fuera de este mundo,
aquellos que mi cuerpo lleven al sepulcro
sobre mi rostro verán vuestra señal.
Como el niño cuando mira el retablo
y, contemplando la pintura con imágenes
con su limpio corazón, no se pueden de ella apartar,
tanto placer tiene del oro que la envuelve;
así me ocurre ante el amoroso círculo
de vuestro cuerpo, que de tantos bienes se adorna,
que, mientras lo veo, más que a Dios lo contemplo,
tanto gozo tengo por el amor que me penetra.
Así me tiene preso y atado en su cárcel
el amor ardiente, como si estuviera en un cofre,
cerrado bajo llave, y todo mi cuerpo estuviera dentro,
donde no pudiese moverme por ningún encuentro;
pues tanto es de grande el amor que os tengo y firme,
que mi corazón no se aparta un punto por angustia,
bella, de vos, antes está en ello firme como torre
y solo sabe amaros a vos, blanca paloma.
Bella sin par de presencia noble,
vuestro cuerpo bello hizo Dios sobre todas;
alegre y donoso brilla más que fina piedra,
amoroso, bello, más penetrante que estrella;
por lo cual, cuando os veo con las otras en grupo,
las sometéis, así como hace el carbunclo,
que en virtudes a las piedras finas aventaja:
vos estáis sobre ellas como el azor sobre el esmerejón.
El amor que os tengo en todas partes me desgarra,
pues nunca amó más de corazón hombre alguno;
tan fuerte amor como este que el corazón me abre
no hubo jamás en ningún cuerpo de hombre ni alma:
estoy más turbado de lo que estuvo Aristóteles
por el amor que me quema y mis cinco sentidos desata;
como el monje bueno que no se aparta de la celda,
no se aparta mi cuerpo de vos ni tanto como el espacio de la uña.
Oh cuerpo donoso, limpio de fraude y delito,
tened de mi piedad, bella señora,
y no permitáis que amándoos perezca,
ya que os amo más de lo que ningún hombre afirme;
por lo cual os suplico a vos, que sois el bello árbol
de todos los buenos frutos, donde el gran valor toma su sombra,
que me retengáis en vuestra valiosa cámara,
pues vuestro soy y seré tanto como viva.
Tornada
Mi rico balaje, cierto que vos lleváis la primacía
sobre cuantas están en el registro mundano,
pues todos los días nace en vos, cuerpo, y revive
la bondad y la virtud más que en Pentesilea.
Una gentil criatura ha cautivado
Una gentil criatura ha cautivado
mis ojos, corazón y pensamiento,
y noche y día entre los tres debaten
cuál de ellos la ama más entre los otros;
y los veo que están tan encendidos,
que mi saber no basta a remediarlo.
¡Ved en qué situación me ha puesto ella!
¡Mi pobre corazón no la resiste!
Los ojos dicen que es debate inútil,
porque en el escoger fueron primeros
y por su gran deleite más la anhelan,
pues muchas noches los despierta el llanto
por deseo de verla, y para ellos
ella es la vida y es la muerte a un tiempo;
dicen, en fin, que la razón es suya
y que nadie podrá contradecirlo.
El corazón replica que los ojos
saben que lo primero fue la herida
de una dulce mirada, mas que él, triste,
sufre el fuego de amor que lo consume;
y no hay remedio alguno, pues él siente
el dolor, y los ojos placer sienten:
él, pues, debe llevar la mejor parte,
si lo que quieren es hacer justicia.
El pensamiento dice -¡Dios lo guarde!-
que no tienen derecho el corazón
ni los ojos y que, mañana y tarde,
sin cesar, en el sueño y la vigilia,
él nunca deja de pensar en ella,
en lo que hace, en si tal vez lo ama,
y que su angustia es la mayor de todas:
él solo y nadie más debe servirla.
Aquí veis el enorme sufrimiento
que por la bella dama vivo a diario:
por una parte el llanto de mis ojos,
por otra el corazón acongojado,
por otra el pensamiento con sus cuitas.
Y ya no sé quién me dará su ayuda
si la que los ha puesto en tal estado
no me quiere ayudar en este trance.
Tornada
Doña Isabel, si deseáis mi bien,
os ruego que bien claro sentenciéis
cuál de ellos debe ser por vos amado,
porque se debe a vos su desconcierto.
Otra tornada
Y en buena fe desde que os vi he quedado
tan malparado, que los tres me han dicho
que, si no sentenciáis sobre este asunto,
juntos me llevarán pronto a la tumba.
Cuando veo que el tiempo se oscurece
Cuando veo que el tiempo se oscurece
y no oigo trinos, cantos ni repiques,
mi corazón siente un desmayo,
porque recuerdo
que por amor Jesús murió
y los santos también,
y pienso en el bello afán
que amor me da;
por ello convoco a Ovidio
diciendo así:
Que amor se engendra en corazón
puro y sincero,
no en el falaz ni mentiroso,
ni en el voluble;
si de estas cosas es culpable,
ya no es amor,
pues allí donde entra y mora
no permanece.
Como sucede con los cuatro vientos,
que cuando soplan más, más fuerza tienen,
amor es poderío
hecho de gran saber
y que, por su excelencia,
no admite indignidad:
cultiva la franqueza
y ama al que es su amigo
y del daño lo aleja.
También quiero que sepáis
que el amor es amistad
para cuantos están enamorados,
y no tolera ofensa ni artimaña,
igual que aquel que ama y no es amado.
Por eso ha levantado
un castillo que tiene
dos puertas laterales
y en el centro una torre
alta, soberbia y bella
donde está El Dios de Amor,
y dentro está Valor
que en voz muy alta dice:
«No es maravilla si canto
mejor que ningún otro cantor.»
[……………………………..]
Allí os conviene entrar
por la puerta llamada
Gozo y debéis salir
por la otra que tiene
el nombre de Dolor.
[……………………………..]
Igual que el elefante,
que cuando cae no puede levantarse,
el que desea entrar
por la puerta de Gozo
es por éste guiado
alegre y amosoro
entre el canto armonioso de las aves.
Y lo conduce en alto
a la puerta suprema
y allí una voz de gran virtud le canta:
«Vergel de amor donde la fina planta
con gentil gallardía se abre y brota.»
Busque allí su refugio,
pues Gozo lo abandona
y Querer sale al punto
a recibirlo haciéndole gran fiesta.
[……………………………..]
Por leal amistad dice el amante:
«Llevo en la frente vuestra bella estampa
y está mi corazón siempre contento.»
Así Querer responde
presto al amante: «Amigo,
[……………………………..]
he oído decir por cosa cierta:
Loco está aquel que ama y no se fía
ni requiere de amor a dama alguna.
Por eso te llevaré
delante de nuestro Dios,
[…………………………….]
como conviene».
En cuanto se arrodilla
postrado ante su gracia,
el Dios de Amor le dice:
«Bienvenido seáis, recién llegado».
El amante responde con presteza
sin decir más:
«De vos me llegan los deseos
al corazón con hálito amoroso.»
Como se ve tan exultante
y tan feliz, resta medroso,
dudoso y cierto, osado y apocado,
triste y alegre, avaro y franco y torpe.
[……………………………..]
Dolor envía como mensajeros
a un par de maldicientes,
Envidia y Malalengua;
les manda que lo atrapen
y lo expulsen de allí:
sin demorar el daño,
lo tienen al momento
atado, golpeado y maltratado.
Él grita de dolor:
«Bien me han matado a mí, y aun a sí mismos,
mis ojos engañosos.»
Mira hacia el Dios de Amor
por ver si lo defiende
y si Querer lo ampara,
pero los dos se van,
pues nadie se preocupa
de su congoja. Y dice:
«Yo tengo tan cuitado el corazón
al ver el tiempo y todas sus mudanzas,
que se ha vuelto tristeza mi alegría
y mi deleite mengua sin descanso.»
Y de allí se lo llevan
triste y desamparado,
y por todo su cuerpo
lo golpean con saña.
Y grita: «¡Ay, ay, Querer!
El amor, ciertamente, se ha perdido
y he hecho como el loco sobre el puente».
Prosigue en su lamento
y llega ante la puerta
de Dolor, que le dice
para su desconsuelo:
«Loco, cabeza hueca,
¿por qué has entrado aquí
y qué es lo que querías?
Dímelo, por favor,
¿por qué estás tan maltrecho?».
Doliente le responde:
«En gran pena, en gran cuita y en gran yerro
me han puesto el corazón los maldicientes
y los falsos espías, que malogran
siempre la juventud y la alegría.
Ved cómo, con falsía,
me han derrotado, y creo
que ha de perderse todo
el que siga esta senda.
Porque soy como el junco,
que no tiene fruto, ni hojas, ni flor.»
Dolor no consiente
que siga, por miedo
a perder su fuero,
y entonces lo empuja
con fuerza y desdén
fuera del castillo.
Y cierra las puertas
y se queda allí,
gritando con ansia:
«He perdido en tal modo mi saber,
que a duras penas sé dónde me encuentro,
ni sé de dónde vengo, adónde voy,
ni qué hago de día ni de noche,
porque me han traicionado en mi creencia.»
Yo suspiro por vos en la distancia
Yo suspiro por vos en la distancia
y suspirando crece mi locura
de vuestro amor, que tan fuerte me hiere,
que convierte mi gozo en gran tristeza,
y cuando pienso en que he de mantenerme
de vuestra bella vista separado,
ante el adiós de nuestra despedida
la tristeza me asalta y me conquista.
Sé bien que me valdría más morir,
como San Pedro o cual San Juan Bautista,
de cruel muerte, que llegar al punto
de contemplar tan triste ceremonia,
porque al pensarlo pierdo la cabeza
y voy hablando solo como un loco,
y a quien me dice que recobre el juicio
le respondo palabras desquiciadas.
Pero ahora el fino amor me oprime tanto,
que no quiero, al partir, poner mis ojos
en pesadumbre tal, porque ni el juicio
ni el arte ni el saber me ayudarían;
pero es mi sino que de vos me aleje,
y, forzado, por siempre me despido
de vuestro cuerpo, de sin par belleza,
y dejo el corazón en vuestra estancia.
¿Cómo voy a librarme de la muerte,
oh Dios, cuando esté solo y conturbado
en alta mar, sobre una pobre nave,
de vos ausente y lejos de esta tierra?
Y cuando pienso que estaré tan lejos
de ese dulce país en que habitáis,
me moriría allí, desesperado,
maldiciéndome a mí y a mi desdicha.
A Dios vuestras beldades encomiendo,
vuestro porte, que todo mal ahuyenta.
A Dios os encomiendo, porque al mundo
mostráis honor en vuestro pecho impreso.
A Dios confío la amorosa vista
con que mi corazón arrebatasteis.
A Dios os fío, porque ya me alejo
de la mejor que nunca vistió prenda.
Tornada
Reina de honor, yo soy en todas partes,
o vivo o muerto, vuestro en cualquier modo,
y ruego a Dios que, si el amor expulso
del corazón, del mal ya no me guarde.
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