Poemas de Juan Damasceno

Poemas de Juan Damasceno

Poemas de Juan Damasceno (c. 675-749), monje sirio y Doctor de la Iglesia, considerado el último de los Padres Griegos. Su obra cumbre, La fuente del conocimiento, sistematizó la teología patrística con un rigor lógico que influyó profundamente en la escolástica.

Es célebre por su valiente defensa de las sagradas imágenes durante la crisis iconoclasta, argumentando que, al encarnarse Cristo, la materia quedó santificada y puede representar lo divino. Como gran himnógrafo y defensor de la Virgen María, fue pionero en definir dogmas como la Asunción. Su pensamiento une la filosofía aristotélica con la tradición espiritual de Oriente.

La muerte de la Virgen María

La Madre de Dios no murió de enfermedad, porque ella por no tener pecado original (fue concebida Inmaculada: o sea sin mancha de pecado original) no tenía que recibir el castigo de la enfermedad.

Ella no murió de ancianidad, porque no tenía por qué envejecer, ya que a ella no le llegaba el castigo del pecado de los primeros padres: envejecer y acabarse por debilidad.

Ella murió de amor. Era tanto el deseo de irse al cielo donde estaba su Hijo, que este amor la hizo morir. Unos catorce años después de la muerte de Jesús, cuando ya había empleado todo su tiempo en enseñar la religión del Salvador a pequeños y grandes, cuando había consolado tantas personas tristes y había ayudado a tantos enfermos y moribundos, hizo saber a los Apóstoles que ya se aproximaba la fecha de partir de este mundo para la eternidad.

Los Apóstoles la amaban como a la más bondadosa de todas las madres y se apresuraron a 7 viajar para recibir de sus maternales labios sus últimos consejos, y de sus sacrosantas manos su última bendición. Fueron llegando, y con lágrimas copiosas, y de rodillas, besaron esas manos santas que tantas veces los habían bendecido.

Para cada uno de ellos tuvo la excelsa Señora palabras de consuelo y de esperanza. Y luego, como quien se duerme en el más plácido de los sueños, fue Ella cerrando santamente sus ojos; y su alma, mil veces bendita, partió a la eternidad. La noticia cundió por toda la ciudad, y no hubo un cristiano que no viniera a llorar junto a su cadáver, como por la muerte de la propia madre.

Su entierro más parecía una procesión de Pascua que un funeral. Todos cantaban el Aleluya con la más firme esperanza de que ahora tenían una poderosísima Protectora en el cielo, para interceder por cada uno de los discípulos de Jesús. En el aire se sentían suavísimos aromas, y parecía escuchar cada uno, armonías de músicas muy suaves.

Pero, Tomás Apóstol, no había alcanzado a llegar a tiempo. Cuando arribó ya habían vuelto de sepultar a la Santísima Madre. Pedro, – dijo Tomás- No me puedes negar el gran favor de poder ir a la tumba de mi madre amabilísima y darle un último beso a esas manos santas que tantas veces me bendijeron. Y Pedro aceptó.

Se fueron todos hacia el Santo Sepulcro, y cuando ya estaban cerca empezaron a sentir de nuevo suavísimos aromas en el ambiente y armoniosas músicas en el aire. Abrieron el sepulcro y en vez del cadáver de la Virgen encontraron solamente…una gran cantidad de flores muy hermosas.

Jesucristo había venido, había resucitado a Su Madre Santísima y la había llevado al cielo. Esto es lo que llamamos Asunción de la Virgen.

 

Poema a la Virgen de San Juan Damasceno

Madre, Eres el Edén espiritual,

más sagrado y más sublime que el anterior.

En el primero habitaba el Adán de la tierra; en ti, el Señor del cielo.

 

El arca de Noé es la prefiguración de tu ser

porque guardó en sí el germen de la segunda creación.

Tú das a luz a Cristo,

la salvación del mundo

por la cual quedaron sepultados los pecados y apaciguadas las aguas.

 

Así como Jacob vio el cielo y la tierra unidos por una escalera,

y los ángeles que subían y bajaban por ella,

y a Aquel que es el invencible y el único fuerte,

luchar con él una lucha simbólica,

así tú misma has sido hecha medianera

y escalera por la que Dios descendió hacia nosotros

y tomó sobre si la debilidad de nuestra sustancia,

abrazándola y uniéndola estrechamente así.

 

Me llamaste, Señor, para servir a tus hijos

De la Declaración de la fe, de san Juan Damasceno, presbítero

Tú, Señor, me sacaste de los lomos de mi padre; tú me formaste en el vientre de mi madre; tú me diste a luz, niño y desnudo, puesto que las leyes de la naturaleza siguen tus mandatos.

Con la bendición del Espíritu Santo preparaste mi creación y mi existencia, no por voluntad de varón, ni por deseo carnal, sino por una gracia tuya inefable. Previniste mi nacimiento con un cuidado superior al de las leyes naturales; pues me sacaste a la luz adoptándome como hijo tuyo y me contaste entre los hijos de tu Iglesia santa e inmaculada.

Me alimentaste con la leche espiritual de tus divinas enseñanzas. Me nutriste con el vigoroso alimento del cuerpo de Cristo, nuestro Dios, tu santo Unigénito, y me embriagaste con el cáliz divino, o sea, con su sangre vivificante, que él derramó por la salvación de todo el mundo.

Porque tú, Señor, nos has amado y has entregado a tu único y amado Hijo para nuestra redención, que él aceptó voluntariamente, sin repugnancia; más aún, puesto que él mismo se ofreció, fue destinado al sacrificio como cordero inocente, porque, siendo Dios, se hizo hombre y con su voluntad humana se sometió, haciéndose obediente a ti, Dios, su Padre, hasta la muerte, y una muerte de cruz.

Así, pues, oh Cristo, Dios mío, te humillaste para cargarme sobre tus hombros, como oveja perdida, y me apacentaste en verdes pastos; me has alimentado con las aguas de la verdadera doctrina por mediación de tus pastores, a los que tú mismo alimentas para que alimenten a su vez a tu grey elegida y excelsa.

Por la imposición de manos del obispo, me llamaste para servir a tus hijos. Ignoro por qué razón me elegiste; tú solo lo sabes.

Pero tú, Señor, aligera la pesada carga de mis pecados, con los que gravemente te ofendí; purifica mi corazón y mi mente. Condúceme por el camino recto, tú que eres una lámpara que alumbra.

Pon tus palabras en mis labios; dame un lenguaje claro y fácil, mediante la lengua de fuego de tu Espíritu, para que tu presencia siempre vigile.

Apaciéntame, Señor, y apacienta tú conmigo, para que mi corazón no se desvíe a derecha ni izquierda, sino que tu Espíritu bueno me conduzca por el camino recto, y mis obras se realicen según tu voluntad hasta el último momento.

Y tú, cima preclara de la más íntegra pureza, excelente congregación de la Iglesia, que esperas la ayuda de Dios, tú, en quien Dios descansa, recibe de nuestras manos la doctrina inmune de todo error, tal como nos la transmitieron nuestros Padres, y con la cual se fortalece la Iglesia.

 

Madre de la Vida

«Madre de la vida, haz morir en mí las pasiones de la carne que matan el espíritu. Protege a mi alma cuando salga de esta tienda mortal para ir a otro mundo ignorado. La tempestad de las pasiones ruge en cor mío, las olas de la iniquidad me empujan hacia el escollo de la desesperación. Estrella de los mares, haz renacer la calma entre las olas. El león ruge buscando a quién devorar. No me dejes entre sus garras, oh tú, Virgen Inmaculada, que diste al mundo un Niño Divino, dominador de furias y leones»…

 

Pruebas de la existencia de Dios

Ciertamente, que Dios existe no es puesto en duda ni por lo que recibimos en toda la Sagrada Escritura (me refiero al Antiguo y Nuevo Testamento) ni tampoco por la mayoría de los [filósofos] griegos. Como dijimos, el conocimiento sobre la existencia de Dios ha sido sembrado en nosotros de forma natural.

Sin embargo, tuvo tal fuerza la maldad del demonio para prevalecer contra la naturaleza de los hombres que llevó a algunos hasta el extremo de lo más absurdo y al peor de todos los males del abismo de la destrucción: proclamar que Dios no existe.

Dijo el profeta David mostrando la necedad de estas cosas: Dice el insensato en su corazón: No existe Dios. Pues bien, los discípulos y apóstoles del Señor (ya que fueron instruidos por el Todo Santo Espíritu y realizaron los signos divinos con su potencia y gracia), al pescar, sacaron la red de los milagros [la Iglesia] desde el abismo de la ignorancia a la luz del conocimiento de Dios. Del mismo modo, los sucesores de éstos en la gracia y el valor, pastores y maestros, recibieron la gracia iluminadora del Espíritu, por una parte con la potencia de los milagros, y por otra con la Palabra de la gracia.

Por esto iluminaban a los que estaban cubiertos de tinieblas y dirigían a los extraviados. En cambio, nosotros, que no recibimos ni el carisma de los milagros ni del magisterio, porque nos hemos hecho indignos con la inclinación a los placeres, ¡vayamos adelante! y razonemos unas pocas cosas de las que nos han sido transmitidas por los mediadores de la gracia al respecto, llamando en auxilio al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Todos los seres son creados o increados. En efecto, si por una parte todo es completamente creado también es completamente mutable, porque el ser de todo empezó por un cambio y todo se hallará entonces en el cambio, o consumido o deteriorado según el principio con que obra. Si, por otra parte, todo es completamente increado, en razón de conformidad, todo también es completamente inmutable.

Y ya que el ser de éstos es opuesto, también su modo de ser será opuesto, o sea, sus propiedades particulares. En efecto, ¿quién no convendrá en que todo lo que es (cuanto está bajo nuestra percepción sensible y hasta los mismos ángeles) cambia, se deteriora y de muchos modos se mueve?

Por una parte lo digo con relación a los seres inteligentes: ¿no crece y mengua por la libre elección tanto el progreso, como la separación del bien de ángeles, almas humanas y demonios? Por otra parte lo afirmo con relación al resto de las demás cosas: ¿no crecen y menguan por nacimiento y corrupción, o por crecimiento y disminución, o por el cambio en cualidades y por el movimiento espacial? Así pues, si lo que existe es totalmente mutable, también será total mente creado. Pero si lo que existe es completamente creado, entonces fue fabricado completamente por alguien; sin embargo, el fabricante debe ser increado. En efecto, si también éste fue creado, completamente fue creado por alguien, hasta que por fin lleguemos a alguien increado.

Así pues, al ser el fabricante completamente increado, también es completamente inmutable. Pero ¿quién otro puede ser sino Dios? También la misma unión, conservación y gobierno de la creación nos enseña que Dios existe. Él es quien ha producido y unido todo, el que vigila y siempre provee. En efecto, ¿cómo pueden las naturalezas contrarias, digo fuego y agua, aire y tierra, llenar completamente un universo, encontrarse unas con otras y permanecer indisolubles, si alguien Todopoderoso no reconcilia estas cosas y siempre las custodia como indisolubles?

«¿Quién ordenó las cosas celestes y terrestres, cuanto hay por el aire como cuanto está bajo el agua? Pero más que las cosas anteriores, ¿quién ordenó el cielo y la tierra, el aire y la naturaleza del fuego y también del agua? ¿Quién mezcló y distribuyó estas cosas? ¿Quién movió y originó el movimiento constante, el que no es estorbado por nada?

¿Acaso no es el artesano de todo ello? Y ¿quién infunde la proporción a todo, según la cuál todo marcha y es ordenado? Pero ¿quién es el artesano? ¿Acaso no es el que hizo estas cosas y las condujo hacia el ser? Pero no admitiremos tal poder a lo espontáneo, porque, si aceptamos que sea propio de lo espontáneo el engendrar, ¿de quién procede el ordenar?

Esto, si parece bien, lo admitimos. Pero ¿de quién procede el cuidar y el proteger conforme a los que dio proporciones? Claramente esto procede de algo distinto a lo espontáneo. Pero éste, ¿quién es sino Dios?

 

Demostración de que existe un Dios y no muchos

Por una parte, que Dios existe ha sido suficientemente demostrado, y también que su esencia es incomprensible. Por otra parte, que existe un Dios y no muchos [dioses], no está en duda para los que obedecemos la Sagrada Escritura, porque dice el Señor en el principio del código de la Ley: Yo soy el Dios, tu Señor, el que te sacó de tierra de Egipto. Otros no serán dioses para ti, más que yo.

Y también: Escucha Israel, tu Señor, el Dios, es un Señor. Y por medio del profeta Isaías: porque yo, dice, soy el Dios primero, eterna: y yo soy después de esto, y más que yo no hay Dios. Antes de mí no ha nacido otro Dios, y después de mí no habrá otro, y más que yo no existe nadie».

Y el Señor, en los sagrados Evangelios, dice así al Padre: Esta es la vida que te conozcan a ti, el único Dios verdadero. En cambio, con los que no creen en la divina Escritura discurriremos de este modo. La divinidad es perfecta y con tinua según la bondad, la sabiduría y la potencia.

Asimismo, no tiene principio ni fin, es perpetua, incircunscrita y, para hablar con sencillez, en todo perfecta. En efecto, si estableciéramos muchos dioses, por fuerza se observaría alguna diferencia entre los muchos, porque si ninguna diferencia existiera entre ellos más bien sería un Dios y no muchos.

En cambio, si existe alguna diferencia entre ellos, ¿en dónde queda la perfección? Si faltara a la perfección por bondad, por potencia y sabiduría, o por tiempo y lugar, no sería Dios.

Pero la identidad a través de todas las cosas más bien muestra uno, y no muchos dioses. Además, ¿cómo se conservará el existir de modo incircunscrito si son muchos?, porque en el mismo lugar en que estuviera un dios no podría estar otro. También, ¿cómo será gobernado el universo por muchos, y no se disolverá ni se destruirá por una lucha fomentada entre los gobernantes?, porque la diferencia lleva a direcciones contrarias.

Pero si alguien dijera que cada uno domina una parte, ¿qué es lo que los ordena y hace la distribución entre ellos? Sin duda, aquello sería más que Dios. Por tanto, Dios es uno, perfecto, incircunscrito, creador, unificador y también gobernante de todo, supereminente y anterior a todo. Pero además, y por fuerza natural, la unidad es principio de una dualidad.

 

El Verbo de Dios

Pues bien, este Dios uno y único no es irracional. Y, ya que tiene Verbo, no lo tendrá privado de subsistencia, ni habrá tenido principio en el ser, ni tampoco cesará de existir. Sin duda, no existiría el Verbo si Dios fuera irracional. Además, Dios siempre tiene el Verbo de sí mismo engendrado a partir de sí.

No con relación a nuestro verbo sin subsistencia, que se difunde en el aire, sino un Verbo dota do de subsistencia, viviente, perfecto. No se aleja fuera de Dios, sino que existe siempre en él, porque ¿en dónde estará que llegue a estar fuera de Dios? «Ya que nuestra naturaleza es mortal y fácil de destruir; debido a esto, también nuestro verbo es sin subsistencia».

En cambio, Dios, que existe siempre y es perfecto, también tendrá un Verbo de sí mismo que sea perfecto, dotado de subsistencia, que siempre haya existido y sea vivo, y que tenga todo cuanto tiene el progenitor. «Del mismo modo que nuestro verbo procede de la mente, y ni es por completo el mismo que la mente, ni tampoco es absolutamente otro -pues si bien procede de la mente es distinto de ella; pero por ser el que con duce a luz pública a la mente, de ningún modo es entera mente otro en relación con ésta, sino que siendo uno [verbo y mente] según la naturaleza, es otro para el sujeto- así también el Verbo de Dios.

Pero por subsistir en sí mismo se aparta de nuestro verbo, ya que posee una hipóstasis por sí mismo. Por lo cual este Verbo muestra en sí mismo lo que se contempla en Dios. El mismo posee por naturaleza lo que se contempla. Así como se observa en el Padre lo perfecto en todo, así también se observa en el Verbo engendrado de Él».

Poemas de Juan Damasceno

Lo que se dice de Dios

La divinidad es simple y no es compuesta. En cambio, lo que está formado por muchos y diferentes es compuesto. En efecto, si al hablar de lo increado, sin principio, incorpóreo, inmortal, eterno, bueno, de lo que concierne en cuanto Creador y de otras cosas semejantes, habláramos de diferencias esenciales en Dios, entonces estaría formado de esas cosas, y no sería simple, sino compuesto, lo que es la peor impiedad.

«Por tanto, es necesario pensar que cada cosa de las que se dicen sobre Dios señala no algo esencial, sino que manifiesta o bien algo que no es, o bien una relación de las que se distinguen por oposición respecto a algo, o bien alguna de las cosas que acompañan a la naturaleza, o bien una actividad.

«Así pues, parece que de todos los nombres que se dicen sobre Dios el más propio es el que es, como él mismo responde a Moisés en la montaña: Di a los hijos de Israel, el que es me ha enviado orillas»

En efecto, tiene comprendido todo el ser en sí mismo, como un mar de esencia infinito y sin . En segundo lugar, el nombre Dios, que se dice bien por que comprende y cuida de la totalidad, o bien porque de él es propio encender y quemar (en efecto, Dios es fuego que consume toda maldad), o bien porque lo suyo es observar todas las cosas, a él nada se le oculta: es el vigilante de todas las cosas.

«En efecto, todas las cosas las vio antes de su creación, eternamente las ideó y cada una de ellas viene a ser en su momento predeterminado según su idea eterna y voluntaria, la que es predestinación, imagen y plan.

«Así pues, por una parte el primer nombre se refiere a que existe, y no indica de qué sea. Por otra parte, el se indica la actividad. En cambio, lo sin principio, lo incorruptible, lo no producido, o sea, lo no crea do, lo incorpóreo, lo invisible y otras cosas semejantes, muestran lo que [Dios] no es.

En otras palabras, no empezó a ser, ni es corruptible, ni creado, ni tiene cuerpo, ni es visible. Pero lo bueno, lo justo, lo santo y las otras cosas semejantes acompañan a la naturaleza, aunque no muestran la esencia misma. Además, que sea llamado Señor, Rey y otras cosas semejantes indica una relación respecto a lo que se distingue por oposición. Pues es llamado Señor en razón de los que domina, Rey por aquellos sobre los que reina», Creador por las criaturas, y pastor por aquellos que pastorea.

 

Oración a María

Oh Hija de Joaquín y Ana, oh Señora, recibe las oraciones de un pecador que te ama y honra ardientemente, y mira a ti como su única esperanza de alegría, como la sacerdotisa de la vida, y la guía de los pecadores para retornar a la gracia y el favor de tu Hijo, y la segura depositaria de la seguridad, aligera el peso de mis pecados, vence mis tentaciones, haz mi vida pía y santa, y concédeme que bajo tu guía pueda llegar a la felicidad celestial».

 

Petición de protección a la Virgen

Nadie está en el cielo

más cerca de la Divinidad simplicísima que tú

que tienes asiento sobre la cumbre de los querubines

y sobre todos los ejércitos de los serafines,

y por esto no es posible que tu intercesión sufra repulsa,

ni que sean desatendidos tus ruegos.

 

No nos falte tu auxilio

mientras vivamos en este mundo perecedero;

alárganos tu mano,

para que,

obrando las obras de salud

y huyendo de los caminos del mal,

demos seguro el paso de la eternidad.

 

Por ti esperamos que,

al cerrar a este destierro los ojos de la carne,

se abrirán los del alma

para anegarse en aquel piélago

de soberana hermosura,

de suavísimos deleites,

por el cual, ansiosamente,

suspiran las almas regeneradas

y que nos anunció y mereció Cristo Señor nuestro

haciéndonos ricos y salvos.

 

A Él por ti, Señora,

rendimos gloria y alabanza,

con el Padre y el Espíritu Santo,

ahora y siempre por los siglos de los siglos.

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