Poemas de Pedro Moriche Hermoso
Dos puñados de arroz menos
Me dueles
en los dos puñados de arroz
que no echo
a la paella,
en una camisa sucia
que busco
y no aparece.
Si me vieras (con las veces que te obligué
a recoger el cuarto)
entrando a tu habitación
a desordenar tus cosas
para que parezca
que estás a punto
de volver
del instituto.
¿Sabes lo que daría
porque estuvieras jugando
a la videoconsola
con los cascos puestos
y no me dejaras ver
Sexo en Nueva York,
ni me escucharas
al preguntar qué tal
tu día?
Tu padre se enfada
porque caducan
los yogures que te gustan.
Ignora
que no son yogures
lo que compro,
sino trozos de ti
con los que mal tapo
tu ausencia.
Ganador, XXII Certamen Literario de Poesía y Relatos Cortos Antonia Cerrato. 2026
Poema defraudado
Yo iba a ser un poema
de bosque mediterráneo,
como lo fue mi padre:
volado por encinas y rapaces,
salpicado de rápidos lentiscos
y faldas caducas de muchachas
que se entregan, perennes, a Pilatos
en todas las manzanas
de los huertos.
Yo iba a ser un poema con esdrújulas
como esclerófila, xerófila o halófilo;
iba a tener adjetivos de abeja
polinizando los verbos defectivos,
iba a crear metáforas de pájaros
y soñaba con bañar de jara y romero
el color de los pavos impávidos.
Yo era un poema con sueños:
quería ser bosque mediterráneo,
como lo fue mi padre,
pero han llegado los lobos
y soy suelo urbanizable.
Poema ganador del Premio Paqui de la Rosa de Aveco
Resurrección
Han resucitado a Dios
porque sin él
nada ha cambiado.
Pero Dios ya no está
para estos trotes,
para este mundo tan lleno de problemas
y burócratas.
No escucha peticiones de los fieles:
pasa el día
con unos cascos puestos
escuchando coros celestiales
y música con frecuencias del universo.
Todo es más arduo
que antes
cuando apenas había que vigilar
Jerusalén
y algunos pueblos de Judea.
Ahora hay que estar atento
a Marte
o a la gente que sube hacia el espacio.
Sin embargo, el Demonio
sigue muerto,
esperando mejores tiempos
para poder ser él,
y solo él,
el malo.
Durante la Guerra
Hubo tanta hambre
En París aquellos años
Que despedazaban los bebés
A las cigüeñas
Que llegaban a por ellos
Desde lejos;
Escondidos en esquinas
O bajo montones de escombros
Devoraban sus hígados, roían sus alas,
Chupaban sus garras,
Y bebían
Tibios biberones
De su sangre.
Las madres lloraban idénticas
En todas las lenguas y países,
Llevaban el tempo
En cuentas desgastadas de rosario
Y morían al ver llegar
A las cigüeñas
Con grandes cargas de medallas.
A dónde va la caricia
“Aunque sea ceniza cuanto tengo hasta ahora,
cuanto se me ha tendido a modo de esperanza”
José Angel Valente
Astillas son los pájaros del aire
Y se clavan en mis ojos
Si alzo la vista preguntando a dónde
Se marcha desde el cuerpo la caricia.
Y si se queda, ¿nos construye?,
¿Nos puebla, subterránea, la cóncava
Avenida que vertebra nuestra espalda?
¿Es humus en la dermis de un incendio
Que da calor al hueso;
Es interna y latente trashumancia;
O es sedimento de la vida de los otros
Que nos habita a modo de esperanza?
Pobre
Porque tus padres son pobres, me decía,
Por eso no podemos ser novios
Y se iba corriendo a jugar al coger
Con las amigas
Dejando tras de sí un olor a pantrigo
Y dulce recién hecho de membrillo.
Otras veces me decía
Porque hueles mal
Y llevas los zapatos rotos
Y el mismo pantalón de hace tres años…
Y se iba a reírse de mí
Con la hija del alcalde y otras niñas.
Yo tenía entonces nueve años
Y no me enamoré de ella
Por su ternura o su incipiente belleza
Sino porque comía carne de cordero los domingos
Y eran tiempos de hambre y ¡qué hambre!
Y la carne de cordero
Me ponía más que todas las carnes femeninas,
Y el sabor de los besos de pantrigo
Se me hacía algo insuperable.
Sólo puedes ser con nosotros II
Por el mero hecho
De ser una palabra, Muerte,
También has de morir.
No erguirás por siempre
Tu guadaña,
Ni habrá sastre que te diseñe
Eternamente trajes negros;
Pasará tu danza de moda
Como el charlestón, la polka,
O los boleros,
Y ni siquiera permanecerá el miedo de los hombres
A tu engusanada calavera.
Porque eres sólo una palabra, Muerte,
Nombre común
Sin ni siquiera el privilegio de los verbos
Ha de llegarte también el postrer día.
Observarás entonces, leprosa,
Como vas perdiendo las letras de tu carne
Para quedarte en sólo Muer;
Y luego, cuando se abra la tumba
Negándote la inmunidad contra el Misterio
No podrá decir ni Mu tu boca,
Serás sólo silencio.
Piernas
Mis piernas están enterradas en el cementerio.
Mi madre las visita a diario
porque allí está la mitad de su hijo.
No sabe cuánto debe llorar o qué oración rezar
para que entren al cielo.
Yo no quiero ir a verme,
reencontrarme con los pasos que me hacen
alejarme de mis sueños.
Me echan de menos cada noche.
Entre las sábanas noto cómo tiran de mí hacia el cementerio.
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