Poemas de Juan de Espinosa Medrano
Poemas de Juan de Espinosa Medrano (aprox. 1632-1688), apodado «El Lunarejo» y quien fuera la figura más brillante del Barroco en el Virreinato del Perú. Este clérigo, políglota y erudito criollo destacó como un maestro de la retórica y la teología.
Su obra cumbre, Apologético en favor de Don Luis de Góngora, es considerada la primera pieza de crítica literaria de peso en América, donde defendió con agudeza la estética culterana. Además de su producción en latín y castellano, escribió el auto sacramental El hijo pródigo en quechua, demostrando una profunda integración cultural. Como orador, sus sermones recopilados en La novena maravilla exhiben una complejidad retórica inigualable. Su legado representa la madurez intelectual de la colonia y la consolidación de una voz americana propia.
A Manuel D Faria
No puedo contenerme que no diga en tan buena ocasión, que hallándome a donde se habló de esto en presencia de algunos sujetos, de los que tienen medio pie en los Tribunales y medio en el Parnaso y el otro en el aire asentaron que don Luis de Góngora solamente era poeta, resolución que bien parece de quien no estaba asentado; sino muy aprisa y con los pies como ahí dijimos.
Apretándoles por el lugar o lugares o misterio o juicio o alma poética, en que lo fundaban concurrieron (uno de ellos el más nuevo; siendo más viejo con pertinacia) en que aquél [es] hipérbaton y ese otro hipérbaton.
De manera que en la opinión de éstos toda la alteza poética, con que don Luis oscurece a todos es el hipérbaton o sinchesis, que viene a ser esto de nuestro poeta en este lugar y poco más, y en don Luis esto que se sigue:
Rico de cuantos la agua engendra bienes
dulce ya concediéndole risueña
pasos no al sueño; treguas sí al reposo.
A la del viento cuando no sea cama
de fresca sombra, de menuda grama.
Marino, si agradable no instrumento
a las, que esta montaña engendra Harpías.
Viendo el fiero pastor voces él tantas,
y tantas despidió la honda piedras.
Si mucho poco mapa las despliega
a las que tanto mar dividió playas.
Tantas del primer atrevimiento señas.
El fresco de los céfiros ruido.
El verde de los árboles celaje.
Mientras el viejo tanta acusa tea
al de las bodas Dios no alguna sea
de nocturno Faetón carroza
tanta ofrecen los álamos zagala.
El agua Engendra Bienes
Marino, si agradable no instrumento.
Viendo el fiero pastor, voces él tantas,
y tantas despidió la honda piedras.
El fresco de los Céfiros ruido,
el verde de los árboles celaje, etc.
Sáltico de Cabras
Cabras aquí le interrumpieron cuantas
vagas el pie, sacrílegas el cuerno:
Otro salto ha de venir por la que vende
buen vino, aunque salgamos
de la esfera de nuestro intento.
El que de cabras fue dos veces ciento
Esposo. &. Breve de barba; duro no de cuerno.
Disforme pie de una Dama
Pie tan largo y liberal,
que es más que pródigo, pues,
Isabel no es manirrota;
pero es pie rota Isabel.
Pie, o verso entero, que tiene
cesuras de juanetes:
si fue largo el asonante,
bien tiene a quién parecer.
O Títiro tú de la coposa recostado debajo del toldo haya. La divina Eneida
Ille ego, qui quondam gracili modulatus avena: Yo soy aquel que en otro tiempo con rústica canté zampoña».
-Horacio, ¿cómo entró?:
Mae cenas atavis edite Regibus. O Mecenas de ascendientes procedido reyes.
-Ovidio, ¿cómo empezó?:
In nova fert animus mutatas dicere formas corpora. En nuevos pretendo las mudadas decir formas cuerpos.
-¿Cómo principia el floridísimo Claudiano?:
Inferni raptoris equos afflataque curru Sydera Taenario. Del Infernal robador los Caballos, y las empañadas con el carro estrellas Tenario.
-Marcial, ¿cómo entona sus primeros versos?:
Barbara pyramidum sileat miracula Memphis. Los bárbaros de las Pirámides calle milagros Menfis
-¿Cómo entró Propercio?:
Cynthia prima suis miserum me cepit ocellis. Cintia la primera con sus miserables me cautivó ojuelos.
-Y Tíbulo:
Divitias alius julso sibi congerat auro. Riquezas otro en rubio agregue oro.
-Y Lucano:
Bella per Aemathios plus quam cisilia campos. Guerra por los Ematios más que civil campo.
-Y Bautista Mantuano:
Sancta Palestinae repetens exordia Nymphae. Los santos de la Palestina repitiendo principios Virgen.
-Y Prudencio:
Christe graves hominum semper miserate labores. O Cristo, que de los graves de los hombres siempre te apiadas trabajos.
-Y San Alchimo.
Quod varii eveniunt humana in gente labores. El que varios sucedan en la humana gente desastres.
-Y Juvenco Rex fuit Herodes Judaeain gente cruentus. Rey fue Herodes de la he -Y Juvenco Rex fuit Herodes Judaeain gente cruentus. Rey fue Herodes de la hebrea gente sangriento.
-Y Sedulio.
Paschales quicunque dapes conviva requiris Pascuales, o cualquiera que manjares convidado buscas.
-Y Apolonio Colacio:
Exitium Solyme, et tristes a stirpe ruinas. La destrucción de Jerusalén y las tristes desde el cimiento ruinas.
-Hasta Merlín:
Phaniasia mihi quae dam phantastica venit. Fantasía me una fantástica vino.
Oh tú Lelio, que heredando
Oh tú Lelio, que heredando
al docto Marcial la pluma
las sales, que el mundo admira
Píndaro mejor renuncias.
A quien el Jayán de Ulises
cuarta de trinacria punta
debe más luz, que a su frente
apagó la griega astucia.
Cuyas sacras soledades
misteriosas, sino mudas
cuanto respeto las puebla
tanta deidad las oculta.
Hijo de Córdoba grande,
padre mayor de las Musas,
por quien las voces de España
se ven de bárbaras cultas.
La Ferocidad de Plutón
Dos veces rodeando fue la esquiva
sangrienta vista en torno del Teatro,
y tres la testa sacudiendo altiva,
mostró de férreo diente andanas cuatro;
con que se estremeció de abajo arriba
no el Orco a solas, no el voraz Baratro,
que aun Abila su asombro dijo al Calpe,
y pompa desgajó nevada el Alpe.
Órdenes Angélicos
De a coros tres crió tres Jerarquías,
que son de Trinidad como unos lejos,
unas de la verdad alegorías,
unos de aquel Divino Sol reflejos:
Fue el Angel primer paso de sus vías,
el Hombre imagen, los demás bosquejos,
o gradas para Dios muchas, y bellas;
pero tan alto es él, que aún faltan ellas.
Las Diez Hipérbasis
- Como en luciente de cristal coluna.
- Ya de rigor de espinas intratable.
- Los accidentes de mi mal primero.
- Guarda del verde bosque verdadera.
- De aquel mancebo, por su mal valiente.
- Más helada, que nieve Galatea.
- Escondiendo su luz al mundo cara.
- Aquella tan amada mi enemiga.
- Entre la humana puede, y mortal gente.
- Y con voz lamentándose quejosa.
Caco
Vomita por la boca espeso humo
la casa envuelve de tinieblas ciega
arrebata la vista de los ojos,
y mezcla claro a oscuro en noche humosa.
Octava a Miel y Panales
Sudando néctar, lambicando olores,
senos que ignora aún la golosa cabra,
corchos me guardan más; que abeja flores
liba inquieta, ingeniosa labra:
troncos me ofrecen árboles mayores
cuyos enjambres, o el abril los abra
o los desate el mayo, ámbar distilan,
y en ruecas de oro rayos del sol hilan.
Erudición Filosófica
República ceñida en vez de muros
de cortezas; en ésta pues Cartago
reina la Abeja, oro brillando vago,
o el jugo beba de los aires puros,
o el sudor de los cielos, cuando liba
de las mudas estrellas la saliva.
Soneto Grande
Rompe la tierra, y en el centro afila
el buey pesado la esplendiente reja,
de varias flores la discreta abeja
en ruecas de oro rayos del Sol hila:
no sólo ladra el ruiseñor, perfila
nidos de paja, que en las ramas deja,
de hurtada yerba la inocente oveja
nevados copos al vellón distila:
mano enemiga su labor desflora,
triunfan malos, y trabajan buenos,
discanta el grajo, lo que el cisne llora,
gozan por propios los que son ajenos,
que en los premios del mundo no es de ahora,
que el que merece más alcance menos.
Sigo a don Luis (de Góngora)
¿Por ventura la poesía no está sujeta a leyes, a juicio, a cordura, a inteligencia, a suavidad y a cláusulas líquidas? Dicen algunos que me atrevo a mucho en querer deslucir lo que tantos aprueban.
Respondo que no pretendo negar a don Luis la alabanza adonde la merece: ni tengo por ignorantes los que le aprueban adonde no lo merece; pero téngolos por mal informados y que miran sólo a la flor superficial; y el seguir muchos una cosa no la califica; aunque la esfuerce.
La mayor parte del mundo sigue a Mahoma. Pregunto ¿si eso califica sus preceptos? Pues entiendan cierto que don Luis es el Mahoma de la poesía, que predicando que venía a mejorarla en España, la inficionó con errores:
Cogitavit, ut faceret uvas: et fecit labruscas [Pensó que haría uvas e hizo labruscas].
Patos de Aganipe
Pisad graznando la corriente cana
del antiguo idioma, y turba lega
las ondas acusad cuantas os niega
ático estilo, erudición romana.
Claro Cisne del Betis
Claro Cisne del Betis, que sonoro
y grave ennobleciste el instrumento
más dulce, que ilustró músico acento
bañando en ámbar puro el arco de oro:
A ti la lira, a ti el Castalio coro
debe su honor, su fama y su ornamento,
único al siglo, y a la envidia essento
vencida, sino muda en tu decoro.
Los que por tu defensa escriben sumas
propias ostentaciones solicitan,
dando a tu inmenso Mar viles espumas:
Los icaros defiendan, que te imitan,
que como acercan a tu Sol las plumas,
de tu Divina Luz se precipitan.
Libros Grandes
Libros grandes, grandes prosas
escribes con grande nombre,
porque es fuerza ser gran hombre
quien escribe grandes cosas.
Tú en lo grande eres bizarro;
y es chico cuanto yo escribo.
Yo hago un niño, pero vivo,
tú un Gigante, mas de barro.
Julio César Muerto y el Mármol
En el cuadro de un jardín
de un gran señor castellano
estaba un César romano
de mármol, medalla en fin.
Mirándole un paje un día
le dijo: César, albricias,
si ver el laurel codicias
de la antigua monarquía.
Que hoy el cielo decretó
vuelvas a reinar en Roma:
mira si placer se toma,
pues la estatua se rio.
y estuvo así muchos días
hasta que el paje volviendo
le dijo: ¿qué estás riendo
con esperanzas tan frías?
Que Octavio es Rey, César fiero
y el mármol como le oyó,
dicen, que a poner volvió
la boca como primero…

Amar Su Propia Muerte
PERSONAJES
SÍSARA, general de los ejércitos de
JABÍN, el rey de Canaán.
JAEL, esposa de
CINEO (Heber Cineo).
BARAC, general de los ejércitos de Israel.
LIDORO, capitán en el ejército del rey.
JABÍN.
SOLDADO, hebreo.
JOSÉ.
DINA, criada de
JAEL.
VIGOTE, gracioso.
BATO, labriego.
CAPITÁN l.º, hebreo.
CAPITÁN .º, hebreo.
LA MUERTE.
Soldados, hebreos y cananeos.
Músicos.
La escena pasa en el siglo XIV a. C.
Jornada I
Escena I
En el campo cananeo.
(Sale SÍSARA.)
SÍSARA
Titubeó el tropel de sus peñascos,
al tremolar mis bélicos damascos,
y al furibundo grito de mis tropas
encorvaron sus álamos las copas.
Testigo es el Císón, si a sus corrientes
cadáveres armados forman puentes;
pues ya sus aguas vio, tristes y amargas,
sorbiendo yelmos, revolcando adargas,
cuando con las sangrientas avenidas
reventaba por márgenes floridas,
mintiendo al excederlas,
carmín su plata y rosicler sus perlas.
Sísara soy, soldados, brazo diestro
del rey Jabín y soy general vuestro,
y pues Sísara alienta vuestros bríos,
viva Canaán y mueran los judíos:
ya que el riesgo es tan poco
cuando los acaudilla un viejo loco
(que es Barac), que en marciales barbas canas,
si es la barba el valor, sobran las canas.
Una mujer también, según la fama,
los gobierna, que Débora se llama.
O caduco adalid, o escuadras viles,
sujetas a bastones femeniles.
Mas aunque todo el orbe con sus cielos,
listados de brillantes paralelos,
los aceros formando en su luz bella
acicalara un rayo en cada estrella;
aunque airada la esfera,
en triste ceño, contra mí, severa
y encapotada de nublados pardos
lanzas lloviera o granizara dardos;
aunque… mas, ¡ay de mí! ¿por qué no callo
si a otra mujer rendido me avasallo?
Si una mujer, si un cielo, si una diosa
idolatro en Jael tan desdeñosa,
¿cómo, muerto, me animo? Mas, ¿qué inquietas
voces oigo de parches y trompetas?
Con acentos marciales
retumban los bélicos metales,
y en tumulto formado
el ejército miro alborotado.
Escena II
Salen el CAPITÁN .º y LIDORO.
CAPITÁN .º
Viendo que el pelear ni aun llega tarde,
la juventud entre sus bríos arde.
SÍSARA
Apaciguadlos, capitán, y quede
Lidoro solo aquí.
CAPITÁN .º
Quizás procede
el ruido y la alegría
del triunfo ya obtenido en profecía.
(Vase.)
Escena III
SÍSARA
¡Ay, Lidoro! ¡qué mal Marte inflama
en quien se abrasa en amorosa llama!
Si en Jael vive el alma, aunque severa,
viva, viva mi amor y Marte muera.
Ya sabes que su esposo, Heber Cineo,
tiene paz con Jabín, aunque es hebreo,
y aquel valle que ves, han ocupado
sus huertas, caseríos y ganado,
adonde la retirada vida goza
entre los brazos de Jael su esposa.
El rey estima su amistad y casa,
que en sus jardines muchas siestas pasa,
mientras mi pecho a su Jael adora;
yo la idolatro y ella no lo ignora.
Ella me oye, aunque es su esquivez mucha,
mas, cerca está de amar mujer que escucha;
escribile un papel que lo ha llevado
Vigote, que aunque es loco, es fiel soldado.
No ha respondido; mas, al fin, Lidoro,
yo amo, siento, pretendo, peno y lloro.
LIDORO
Pésame que a Jael amante adores,
cuando el rey solicita sus favores.
SÍSARA
¿Qué dices, capitán?
LIDORO
Que el rey la quiere.
SÍSARA
Hoy de mis dichas la esperanza muere.
LIDORO
Mas… una ninfa o bella cazadora
baja del monte ahora
desvainando las flechas de la aljaba.
SÍSARA
Cupido es que a mi pecho se las clava.
(Vanse.)
Escena IV
Desciende JAEL por un monte, de corto, con turbante de plumas, aljaba, arco y flechas,
muy bizarra, sin ver a SÍSARA.
JAEL
Viva exhalación del monte,
peina la maleza inculta
el gamo, que con el viento
parejas corrió en su fuga.
Plumas le dieron las alas
de mis voladoras puntas,
con que por aqueste monte
o corpulenta columna,
que sostiene los zafiros
de la bóveda cerúlea,
voló a bañarse al cristal
que un risco bárbaro suda,
trocando en rubí el aljófar
de sus cándidas espumas.
Mas, ay de mí, que cazando,
divertida, en la espesura,
de Sísara hasta la tienda
he llegado. Estoy confusa:
él me ama, yo le aborrezco,
tengo esposo y él angustia
el pueblo de Dios. ¡Qué importa
que mi hermosura le engañe!
Escena V
Sale SÍSARA y llega JAEL a su tienda.
SÍSARA
Baja, palestina estrella,
si ya no argentada luna,
que de este monte el copete
en golfos de luz inundas.
Baja, baja y sin temor,
que tu beldad te asegura
de violencia.
JAEL (Aparte.)
Ya él me ha visto.
Mi pecho engaños conduzca;
Dios me inspira y bajar quiero
para vengar sus injurias.
SÍSARA
No alentó el alba más flores
con su matutina lluvia
que las que animan tus plantas
y tu coturno fecundan:
pues donde la huella estampas
rosas brotan purpúreas,
y aun el yermo si le pisas
su amenidad les usurpas
compitiendo con las selvas
donde las flores madrugan.
JAEL
Fatigué, señor, el monte
y aun esas regiones puras
donde, bajel de penachos,
los aires el ave surca;
pues, porque rayos de este arco
los agosten o destruyan,
los pájaros en el viento
forman abriles de pluma.
SÍSARA
Hacías mal en tirarles,
porque, como sol te juzgan,
holocausto de gorjeos
a tu belleza tributan.
El reclamo eran tus ojos,
pues si tu deidad los junta,
de una serrana engañados,
por aurora la saludan.
JAEL
No me alabes, pues más bella
es Irene, esposa tuya,
y es culpa, amarla tú más,
cuando mis favores buscas;
mas son falsos tus cuidados
que aquí su culpa me anulan,
y en viendo sus bellos ojos
quedan vanos de su culpa.
SÍSARA
Sol eres que entre celajes
de oro y grana el alba arrulla,
y ante tu esplendor, Irene,
pálida estrella, se anubla.
Hermosa es Irene, mas,
si en competencia se apura,
que mi Jael sea más bella
aun los cielos no lo dudan.
Ríndeme tu gentileza,
que aunque de mí, ingrata, triunfas,
víctima el alma en tus aras
esposa sea, aunque es una;
pues si mil almas tuviera,
las rindiera todas juntas,
que para beldad tan grande
toda victoria no es mucha.
JAEL
Áspid, que con listas de oro
entre azucenas se oculta,
seré sorda a tus ternezas
porque de ingrata me acusas:
que el primor, por desdeñoso,
jamás atendió locuras
con oído, que en lo hermoso,
hacen perfección segura.
Oí tu amor, tus suspiros,
tus quejas y aun mis calumnias,
mas, no de atención externa
correspondencias presumas,
que si en la audiencia del alma
quejas de amor se consultan,
no es sorda la que no oye
sino aquélla que no escucha.
SÍSARA
¿Viste en su niñez la rosa,
cuando el pimpollo la añuda
y es túnica de esmeraldas
a su pompa rubicunda?,
¿donde el cuerpo a soplos mece
grana infante en verde cuna,
si en el capullo encogida
sus ámbares arrebuja,
y al desbaratarle Apolo
toda la escarcha nocturna,
cuando con labios de luz
los aljófares le chupan,
la gala joya despliega,
el vivo nácar ilustra,
porque sólo tiene vida
si el sol flamante la alumbra?
Mas si sombras del ocaso
el carro fúlgido enlutan,
por darle túmulo el golfo
en sus cristalinas urnas,
o marchita se desmaya
o desmayada caduca.
Así mi esperanza en flor
cuando el sol de tu hermosura
le amaneció, tuvo vida,
mas ya la llora difunta,
pues de un desdén el ocaso
la amortigua y la deslustra.
JAEL ¿Viste tú esa misma rosa,
tan bizarra, tan augusta,
que en la vanidad del soto
gloria es bella y pompa suma,
cuyo solio carmesí
pardas espinas circundan,
que a su majestad fragante
sirven de alabardas brutas?
¿Viste que a la rustiquez
que se atreve por sus puntas,
o la hieren atrevidas
o desdeñosas la punzan?
Pues así es rosa mi honor,
y espinas serán agudas,
desengaños y desdenes
contra ti, si le procuras.
(Vase.)
Escena VI
SÍSARA
Espera, Jael, aguarda;
mas ya veloz se apresura
al gran valle de Zenín
que es la cacería suya.
Si le dio el papel Vigote,
confusa el alma, lo duda,
o espera a darlo. La casa
cerca es, su tardanza mucha.
(Tocan cajas y sale JABÍN con acompañamiento.)
VOCES (Dentro.)
¡Viva Jabín, Jabín viva!
SÍSARA
Salva es al rey.
Gran señor…
JABÍN
(A JABÍN.)
Sísara vuestro valor
la fama en bronces escriba
y las peneas guirnaldas,
que en Dafne son brazos bellos,
formen a vuestros cabellos
verde zona de esmeraldas.
Eterno en mil horizontes
lo harán vultos marmóreos,
de los montes hiperbóreos
a los gaditanos montes.
Hermoso el campo descansa
en redes que se aprovecha
de un pájaro en cada flecha,
de un espejo en cada lanza;
las plumas bate dispuestas
Favonio, no sin empachos,
viendo un monte de penachos
en sus aceradas crestas.
Id, Sísara, a gobernalle,
que me dicen los soldados
que debe a vuestros cuidados
más que a su campo ese valle.
SÍSARA
(Aparte.)
(No es valle, cumbre es oriente
que siempre amanece en él
la hermosura de Jael.)
A tal precepto, obediente
voy, señor, y con deseo
de serviros honras tantas,
arrastrando a vuestras plantas
la arrogancia del hebreo.
(Vase.)
Escena VII
JABÍN
¿Dónde habrá dicha mayor
que la que mi amor alcanza?
¿Posible es que mi esperanza
deba a Jael tal favor?
¿Jael me envía su retrato?
No lo creo, aunque lo gozo,
que se extraña lo amoroso
en quien se estrenó lo ingrato.
Robome el alma inmortal
y el retrato hoy me la vuelve,
que ya la pintura absuelve
culpas del original.
Dámela acá retratada;
(Dáselo un soldado.)
que pues hoy no puedo vella,
no es bien que a mujer tan bella
no la pueda ver pintada.
(Desciende CINEO por el monte, muy galán, con un venablo y plumas.)
CINEO
Al valle se ha vuelto ya
mi esposa; y aunque me deja
nunca del alma se aleja
quien impresa en ella está.
Su velocidad, en fin,
rindió al venado el anzuelo,
salpicando el verde suelo
de fugitivo carmín.
JABÍN (Aparte.)
Su esposo es el que desciende;
escóndanla mis desvelos,
que es bien que excuse dar celos
el que lo ajeno pretende.
CINEO (Aparte.)
(Al rey Jabín encontré.)
Deme vuestra majestad
sus pies.
JABÍN
En fe de amistad
sí los brazos te daré,
generoso Heber Cineo.
(Al abrazarle el rey se le cae el retrato. Quiere levantarle CINEO.)
CINEO
Un retrato se os cayó.
JABÍN
Deja.
CINEO
Señor.
JABÍN
Eso no.
CINEO
(Aparte.)
(¡Cielos! ¿qué es esto que veo?)
Alzarelo.
JABÍN
No hagas tal.
CINEO
Dejad que os sirva.
JABÍN
No es justo.
CINEO
Mirad.
JABÍN
Darasme disgusto.
CINEO
Gran señor.
¡Hay lance igual!
LIDORO
Ya, señor, lo levanté.
(El rey coge el retrato.)
CINEO (Aparte.)
¡Ay honor que vas perdido!
JABÍN (Aparte.)
El retrato ha conocido:
pesado el suceso fue.
CINEO (Aparte.)
¿Qué es esto, cielos, qué es esto?
¿Al rey da prendas Jael?
¡O infame, o falsa, o cruel,
que en tal infamia me has puesto!
Notoria es su culpa grave,
cuando yo la he conocido,
puesto que es siempre el marido
el último que lo sabe.
JABÍN
Tu noble divertimiento,
Cineo, no he de estorbar,
y pues saliste a cazar,
cursa el bosque y peina el viento,
que el militar ejercicio
me llama ya; en paz te queda.
CINEO
Yo, señor, en cuanto pueda,
estoy a vuestro servicio.
JABÍN
(Aparte.)
Corrido voy y así oculto
la turbación que concibo.
(Vase.)
(Al irse todos con el rey, detiene CINEO a LIDORO que va el último con el retrato.)
CINEO
Capitán, por el Dios vivo
a quien Israel da culto
que ese retrato he de ver.
LIDORO
Del rey rompéis el recato.
CINEO
Tengo de ver el retrato.
LIDORO
Cineo, no puede ser.
CINEO
Suelta.
LIDORO
No lo he de soltar.
CINEO
Matarete.
LIDORO
Soy valiente.
CINEO
Saca el acero luciente
que el mío lo ha de cobrar.
(Sacan las espadas y sale el rey.)
JABÍN
¿Qué es esto?
CINEO
Señor, nada.
LIDORO
La lámina quiso ver
por fuerza; y por defender
tu gusto saqué la espada
CINEO (Aparte.)
¡Que esto sufra! ¡Que esto pase!
¡Baje de esa esfera suma
un incendio que me abrase!
JABÍN (Aparte.)
(Celoso está y con razón
podrá culpar mi violencia.
Válgame aquí la prudencia,
si admite satisfacción.)
Amigos, Heber Cineo,
somos, y en tu amor lo hallo,
pues que sin ser mi vasallo
me detienes, siendo hebreo.
Yo vine contra Israel,
mas contra tu casa no;
esto digo, porque yo
siempre veneré a Jael
por tuya, y ella es tan noble
tan recatada y leal,
que está el tálamo esponsal
seguro de trato doble.
Este délfico tesoro
que en el celeste palacio
brilla, joya de topacio,
broche, reverbera de oro,
ese planeta bizarro
que, encendiendo cada estrella
campos de zafiro huella,
sobre el rutilante carro,
no es más limpio, no es más puro
que las teas de tu esposa,
cuando a su luz generosa
el sol se acobarda oscuro.
Este retrato le halló
un soldado; sin pensar,
no te lo quise mostrar,
temiendo lo que pasó.
Tómalo, porque me des
crédito, y es cosa clara
que si otra cosa pasara
no lo diera como ves.
(Aparte.)
¡Con harta pena le doy!,
mas importa aseguralle:
¡qué ojos, qué boca, qué talle!
Más muerto de amores voy.
(Vase JABÍN y acompañamiento.)
Escena VIII
CINEO
Confuso, ciego y turbado
me embelesan mis recelos:
no es mucho ciegue de celos
quien de amores ha cegado.
Mi honor halló el soldado,
¿quién duda que si fue hallado,
primero estuvo perdido?
No cree el rey mi cuidado,
que ella es mujer, y un marido
para ser más ofendido
le basta ser más confiado.
Basta presumir la ofensa
y ésta en la honra es tan veloz,
que, como si fuera Dios,
le ofende aun lo que se piensa.
Fue mi honor tan delicado
que un retrato le es nocivo:
triste honor, que estando vivo,
le da muerte aun lo pintado.
Quiero todos mis recelos
averiguar con guardalle,
ya que de mi honor el talle
le están pintados los celos.
(Vase.)
Escena IX
En el campo hebreo.
(Salen soldados hebreos con JOSÉ y BARAC.)
BARAC
Valientes soldados míos,
cuyas hazañas heroicas
pudieron acreditarlos
hijos de Marte y Belona;
cuyos fúlgidos aceros
y cuyas cuchillas corvas,
del cuaderno de la Parca
fueron mortíferas hojas,
pues en ellas lee Marte,
cuando el rubí las colora,
rasgos de clavel sangrientos,
letras de púrpura rojas:
yo soy Barac y el caudillo
de las palestinas tropas,
cuyo orgullo solemniza
tanta aclamación sonora,
tanto fatigado parche,
tanta repetida trompa.
Contra el fiero cananeo
marchan mis escuadras todas
y para domar la furia
de sus arrogancias locas,
los aceros reverberan,
el tafetán se tremola,
soplado el bronce vocea,
la caja herida rimbomba.
Esta mañana, después
que el rosicler de la aurora
trabó lucha de crepúsculos
con el tropel de las sombras,
que no son lágrimas suyas
esas escarchadas gotas,
pues cansadas de luchar,
llueve el sudor en aljófar;
y después que, de vencida,
la noche huyó, torpe y sorda,
tan tímida y tan cobarde,
en su fúnebre carroza
que, porque no la siguiesen
por el rastro de su pompa,
fue oscureciendo sus antros
y apagando sus antorchas,
salí en una yegua blanca,
que de alabastros se forma,
y si con el tiempo apuesta,
vuela cándida garzota;
ojos grandes, que encendidos
centellas vivas abortan,
corto y recogido el cuello,
ancha frente, orejas cortas,
el talle proporcionado,
plata espumando la boca,
bien hinchadas las narices,
el anca lisa y redonda,
parecía blanca nube
o tempestad procelosa,
que una inundación de cerdas
llueve por crines y cola.
Servíame de jaez
la piel guedejida y roja
de un africano león,
que las espaldas le adornan,
y parece que está vivo
el león y que se arroja
a la yegua, presumiendo
que es copo de nieve toda,
y por matar la calor
de la cuartana traidora,
en la nieve de los lomos
o se refresca o remoja.
En este bruto salí
a ver mi campo y su copia
y vi de diez mil soldados,
tropel breve, escuadra poca
para novecientos carros
que a Sísara hacen escolta,
sin trescientos mil infantes
que ya su estandarte arbolan.
Pocas son nuestras banderas,
innumerables las otras,
pero si el Dios de Israel
nos ofrece la victoria,
¿cómo os acobarda el triunfo?
¿cómo teméis las coronas?
¿cómo dudáis los trofeos?
¿cómo receláis las glorias?
Una sacra profetisa,
Débora, es la que me nombra
por general desta guerra;
no quise aceptar la honra
sin que ella misma viniese
a vuestro campo en persona,
porque un amigo de Dios
en toda ocasión importa.
Y ya sobre su alazán
la valerosa matrona
pisa el soto, sin desdoro,
de los pimpollos de Flora,
porque el alazán pisando
o la mosqueta o la rosa,
cuando las toca o las huella
ni las huella ni las toca.
Ánimo, pues, Israel,
y para que reconozcas
que suele Dios conceder
grande lauro a fuerzas cortas,
entre otros muchos trofeos
repase ya la memoria,
de Faraón la arrogancia,
que halló entre las verdes olas
pirámide en los escollos
y mausoleo en las rocas.
Ese páramo de vidrios,
esa república de ondas,
esa población de escamas,
esa provincia de conchas,
que escalando las esferas
y encaramada en la zona,
se asomó desde el Olimpo
por celestes claraboyas,
es testigo desta dicha,
cuando en su defensa sola,
tragando gitanas huestes
te salvó de la derrota.
Ánimo, pues, que Barac
y esa divina amazona
salen en defensa tuya
y a la batalla te exhortan.
En Cades junto a Zenín
el cananeo se aloja,
y subiendo los collados
que al Tabor alto coronan,
hemos de bajar sobre él
con más ímpetu que el Bóreas,
para que el rey de Hoseth
admire de aquesta forma
un asombro que lo pasme,
un espanto que lo encoja,
una ira que lo disipe,
un valor que le responda,
un ángel que lo maltrate
y un Dios que lo componga.
JOSÉ
Con tan valiente capitán y ayuda
nadie la palma duda,
generoso Barac, del vencimiento.
Rayo ha de ser violento
tu ejército, señor; si al Tabor sube,
juzgarán que lo aborta alguna nube,
cuando descienda de él en copias bellas
esgrimiendo fulgores y centellas.
SOLDADO
Aunque sólo diez mil son de tu parte,
cualquier soldado de ellos es un Marte.
Y te tienen rendidas
todas las voluntades con las vidas.
BARAC
Capitanes: al arma, Dios pelea
en favor de Judea.
Asómbrese Canaán, tiemble la tierra.
¡Tocad al arma, al arma!
TODOS
¡Guerra, Guerra!
(Tocan y vanse.)
Escena X
Frente a la casa de CINEO.
(Salen DINA y VIGOTE, de soldado, ridículamente armado con un papel.)
DINA
¿Esto te espanta, Vigote?
VIGOTE
Alcahueta hecha y derecha
eres Dina.
DINA
Di el retrato
a trueque de una cadena.
Y vendile, por favor
de Jael, sin que lo sepa,
al rey; y venderé al precio
los favores a docenas.
VIGOTE
¡Hay mayor bellaquería!
DINA
Con esto el rey Jabín piensa
que Jael paga su amor
con igual correspondencia,
y ella no lo sabe. Yo
le pesco de esta manera
lindo plus a puro embuste;
y cuando venga a la siesta,
juzgo que ha de duplicar
su premio a mi diligencia.
Gajes son estos que tiran
la profesión terceresca.
VIGOTE
¡Oh taimada!, ¡oh picarona!,
pues, a fe, que no me vendas
favores para mi dueño,
cuando alcanzarlos intenta
por el papel que le traigo
a Jael.
DINA
Sólo se esperan
de Jabín estas preseas
y un soldado ¿qué ha de dar
aunque más general sea?
Pero di ¿qué te parecen
estas viñas, estas huertas,
esta amenidad copiosa
y estas alamedas frescas
que en el valle de Zenín
eternizan primaveras?
De todo es dueño Cineo
y Jael su esposa bella,
que lo es también de su amor
en recíprocas ternezas,
y tú lo eres de la mía,
Vigote, al pie de la letra.
VIGOTE
Y tú, a no ser de badana,
eres linda vigotera,
con que no me pidas celos
ya con Anica la tuerta.
(Sale DINA.)
DINA Eres un pícaro.
VIGOTE
Tente,
que me has quebrado seis muelas.
DINA
Pues mis afrentas repites
sin duda que fueron ciertas.
VIGOTE
No, por vida del alférez
Vigote, que son quimeras.
DINA Calla, infame.
VIGOTE
Calla, boba.
DINA Mequetrefe.
VIGOTE
Tú, alcahueta.
DINA Amochillero.
VIGOTE
Afregona.
DINA Acorrevedile.
VIGOTE
Apuerca.
DINA
Yo diré a Cineo cómo
darle ese papel intentas
a mi señora.
VIGOTE
Pues yo
le daré a Cineo cuenta
de que enviaste un retrato
al rey, por favor y prenda.
CINEO
(Dentro.)
¡Ah labradores, ah gente!
Por si viniere su alteza,
vestid de arrayán y flores
los mármoles y las puertas.
VIGOTE
Esto es, en mentando al ruin.
Juraré a Dios que me pesca
el marido.
DINA
Señor Vigote,
hoy sin duda me lo cuelgan
a usted y en aquel roble
le dan quinientos en cuenta.
VIGOTE
No podrán desatacarme,
porque con la pez griega
parece que me han pegado
la casa a las posaderas.
DINA Voyme de aquí.
VIGOTE
Espera, aguarda,
Dina, dinilla, dinera,
más hermosa que Ana, pues
tienes un ojo más que ella.
Dina mía, di, ¿no tienes
por ahí una ratonera
adonde pueda esconderme?
DINA
¿Qué más ratonera que ésta
donde has caído, bergante?
VIGOTE
Lleve el diablo a quien te prueba,
si en ella fuiste tú el queso.
DINA
Ya sube por la escalera.
VIGOTE
(Aparte.)
Aquí rajan a Vigote.
DINA (Aparte.)
(Que Cineo no lo vea
también me importa.) Vigote,
en esta tinaja te entras
que está vacía, ea, presto.
VIGOTE
¿Tinaja ha de ser por fuerza?
Amen, tinaja me fecit.
(Aparte.)
A estar del añejo llena,
cupiera en ella más bien,
sino es que ella en mí cupiera.
DINA
Perdido sos si te coge.
(Vase DINA y métese VIGOTE en una tinaja que estará tras una cortina.)
Escena XI
Sale CINEO de casa, hablando.
CINEO
(Dentro.)
De exprimida grana aquellas
pipas henchid con el mosto.
BATO (Dentro.)
La rebosan las más gruesas.
CINEO
(Sale.)
¡ Oh pacífico sosiego,
oh tranquilidad serena
de mi honor!, ¿cómo te extraña
fluctuar en la tormenta,
donde es borrasca el cuidado,
donde es cuidado la pena,
donde son golfos las dudas,
y aun naufragio las sospechas?
¡Oh mal haya quien te impuso
en la femenil flaqueza,
si a sustentar una honra
son flacos, hombros de peña!
Incendios arroja el pecho,
ira, furor, impaciencia,
cólera, rabia y enojos
me apasionan y me ciegan;
sólo me falta dar voces,
quejándome de esta afrenta
en que, traidora Jael,
mi honor y agrado atropella.
VIGOTE
(Aparte.)
De Jael se está quejando,
mi perdición se me llega:
él sabe lo del papel
de Sísara, y me degüella.
CINEO
Mil vidas he de quitar
si verifico mi ofensa.
VIGOTE
(Aparte.)
Caracol parezco yo,
aunque otro los cuernos lleva;
pero yo tomo los cuernos
como tras palos no vengan.
(Salen BATO y MOSCO.)
BATO
Muesamo, cuantas tinajas
hay acá dentro y ajuera
son menester, que del mosto
es bendición lo que queda.
MOSCO
Hase dado la uva ogaño,
pardiobre, como una breva.
VIGOTE
(Aparte.)
Llenar la tinaja quieren;
¿hay desdicha como aquésta?
¡Mal haya el barbón borracho,
gañán que viene por ella!
¡Que luego sobrase el mosto!
A fe que si yo estuviera
libre, que sobrara poco.
Hoy me pringan, hoy me brean.
Saca, pues, cuantas hubiere
y las del agua reserva.
CINEO (Aparte.)
¡Si ya no bastan mis ojos
que en las del dolor revientan!
(BATO y MOSCO derriban la tinaja con la boca hacia el auditorio.)
BATO
Parece que tiene azogue,
que la meneo yo apenas,
VIGOTE
(Aparte.)
Si hubiera dicho azogado
no errara,
BATO
¡Por Dios, que pesa!
VIGOTE
(Aparte.)
Más me ha de pesar a mí
que me den alguna vuelta.
MOSCO
Vaciad, Bato, lo que hay dentro.
Ten de allá.
VIGOTE
Aqueso fuera
(Aparte.)
andar dos veces vaciado.
BATO
Oiga el diablo.
VIGOTE
Ya me vieron.
MOSCO
Aquí hay gente. Salid juera.
BATO
Sin duda ese ladrón.
MOSCO
Muesamo.
VIGOTE
No, chitón, No, otro.
MOSCO
Venga,
y verá en una tinaja
envainado un ladrón.
BATO
Ea, vaciadlo.
VIGOTE
Yo quedo calvo
de tinaja,
CINEO
(Aparte.)
(¡Oh suerte fiera,
ladrón será de mi honor,
ya que tan preciosas prendas,
por ser el arca liviana,
mal seguras se conservan!)
¿Qué es esto, hombre?
VIGOTE
Mocedades.
CINEO
¿Quién eres? ¿Con qué cautela
te escondías?
VIGOTE
(Soy perdido,
(Aparte.)
y el miedo hablar no me deja;
matarame, si le digo
lo del papel; ya no es fuerza
mentir.) Señor, soy soldado
y aun soy la privanza mesma
del rey Jabín.
CINEO
Basta, calla
y enfrena la infame lengua.
VIGOTE
Ya callo, basto y enfreno
la lengua infame y perversa
y aun la ensillo si tú mandas.
CINEO
Harto has dicho en tu respuesta
con decir que eres soldado
del rey; pues desta manera
te hallo en mi casa escondido.
(Aparte.)
(Nuevos recelos me afligen,
nuevos temores me cercan,
sospechas, ¡qué más indicios!
Jael sin duda me ofende,
Jael sin duda me afrenta.
Engaño fue su virtud,
liviandad fue su modestia.)
Amarradme ese soldado,
Bato y Mosco.
BATO
En dos paletas
le amarro yo, pies y manos;
bonito soy para flemas.
VIGOTE
(Aparte.)
Vigote de lindo soy
pues tanto me atan y aprietan.
(Vanlo maniatando.)
CINEO
Y en aquel árbol atado
hasta que la verdad, yerba,
al rigor de los azotes
con su sangre se enrojezca,
le haced que confiese el caso
que le hizo se escondiera,
a qué vino y quién le envió.
MOSCO
Idle desnudando apriesa.
VIGOTE
Ya que no hay manos, los dientes
defenderán las traseras.
(Muerde a BATO.)
BATO
Arre allá, que con los dientes
me ha arrancado media pierna.
MOSCO
Pegadle cuatro puñadas
para que otra vez no muerda.
(Llévanlo arrastrando.)
CINEO
Ya la discreción delira,
ya es locura la paciencia,
pero quien perdió el honor
no es mucho que el juicio pierda.
Escena XII
Sale JAEL del campo.
JAEL
¿Qué enojo, señor, te ofende?
¿Qué voces, mi bien, son éstas?
Parece que en el semblante
sobre escribes tu tristeza;
demudada la color,
toda la vista suspensa,
yerto el carmín de los labios,
interrumpidas las quejas,
mal distintas las acciones,
descompuesta la melena,
alborotado el aliento
y asomada la vergüenza.
¿Qué pesares te lastiman?
¿Qué lástima te atormenta?
¿Qué tormento te suspende?
¿Qué suspensión te altera?
Esposo, mi bien, mi dueño,
¿no te deben mis finezas
o que siquiera me mires
o me respondas siquiera?
Dame parte en tus pesares,
comunícame tus penas,
no se las padezca el alma
sin que su mitad lo sienta.
CINEO
No es nada, Jael, no es nada.
JAEL
Ya es demasiada tristeza
callarme tu sentimiento,
cuando el semblante lo enseña.
Aquel ruidoso arroyuelo
que sus márgenes platea,
dulce lisonja del valle,
risa alegre de la selva,
tan pretendido de flores
va, entre lirios y azucenas,
que se escapa con correr,
atropellando las perlas;
si bien sobre la esmeralda
del soto, en pago les deja
espejos en su corriente,
granates en sus arenas,
hasta que abollando espumas
fue a chocar con una peña,
a quien, porque se resiste,
bullicioso galantea,
y argenteándola de nieve
con sonora voz parlera,
cuanto ha reído le dice,
cuanto murmuró le cuenta.
¿Por qué no así, esposo mío,
el arroyuelo remedas,
cuando yo la peña he sido,
firme en amarte resuelta?
¿Cuál es aquesta pasión
que, airado, no me revelas,
que silencioso, me callas,
que, suspendido, me niegas?
CINEO
No es nada, Jael, no es nada.
JAEL
Mucho extraño tu aspereza.
CINEO
Ni te está bien, ni me importa
el que mi desdicha sepas.
JAEL (Aparte.)
Amante el pecho se enciende.
CINEO
(Aparte.)
Celosa el alma revienta.
JAEL (Aparte.)
¡O quién pudiera saberlo!
CINEO
(Aparte.)
¡O quién decirlo supiera!
JAEL (Aparte.)
¿Para qué el cariño tierno?
CINEO
(Aparte.)
¿Para qué mi furia inmensa?
JAEL (Aparte.)
¡Por pagar tantos halagos!
CINEO
(Aparte.)
¡Por vengar tantas ofensas!
JAEL (Aparte.)
Pudiera darle el alivio.
CINEO
(Aparte.)
Darle la muerte pudiera.
JAEL (Aparte.)
¡Ay, amor, lo que me debes!
CINEO
(Aparte.)
¡Ay, honor, lo que me cuestas!
Jornada II
Escena I
En el campo cananeo; a un lado la tienda de JABÍN.
(Sale CINEO solo, vestido como SÍSARA.)
CINEO
Ya los délficos fulgores
nos dejan de su luz faltos
y de los montes más altos
caen las sombras mayores.
La gala encogen las flores
de su resplandor primero,
y enlutando el hemisfero,
mientras más desmaya el día,
brilla más la argentería
del vespertino lucero.
Ya en los cristales gallardos
que al sol servían de espejos,
si antes brillaban reflejos,
discurren borrones pardos;
la tiniebla con pies tardos
pesa los aires lucidos
y de su sombra abatidos,
se recogen lentamente,
las luces al occidente,
los pájaros a los nidos.
No es día ni noche ya,
mas, pues ya es noche dudosa,
con el disfraz que me emboza
nadie me conocerá.
Resuelto ya el pecho está
a matar al rey de Azor.
Acaben con tal rigor
mis celos, que en mal tan fuerte
sólo es triaca la muerte
venenos del honor.
Solo, en aquel pabellón
quedó la siesta durmiendo;
y, entrándome en él, pretendo
ejecutar mi intención;
que, lograda esta acción,
Jael también morirá.
¡Oh mujeres, ciego está
quien no advierte, a buena luz,
cuando la mejor es cruz,
la que es mala, qué será!
El rey defendió al soldado
que en casa escondido hallé;
sin duda el tercero fue
de su amoroso cuidado.
Mas con el puñal dorado
que le rompa el corazón,
de mi ofensa y su traición
hoy el desdoro se acaba,
si sólo la sangre lava
borrones de la opinión.
Él se duerme y pues yo rabio,
las cortinas le divido:
muera ya, quien se ha valido
de la púrpura en mi agravio.
(Quiere correr la cortina.)
La real majestad no agravio,
pues ella… mas… ¡ay de mí!
un soldado viene allí:
¿si conocido me ha?…
no, que la noche entra ya,
y el rostro encubriré aquí.
Escena II
Sale VIGOTE.
VIGOTE
¿Cómo, señor, no me oíste
todo lo demás del cuento?
Sin duda que, de contento,
escuchar más no pudiste:
Sísara, tu amor consiste
en la traza que te doy.
CINEO
(Aparte.)
Piensa él que Sísara soy;
quiero fingir y callar,
quizá podré averiguar
el porqué se escondía hoy.
VIGOTE
Ya, como digo, estuviera
bien azotado en Zenín,
si, yendo acaso, Jabín
al valle no lo impidiera:
pues para que el sol me diera
donde nunca a darme alcanza,
en cueros, por más venganza,
le mostré en particular,
al irme ya a foguear,
todo el envés de la panza.
Mas ya te conté mi empleo,
mi riesgo y lo del papel,
la respuesta de Jael
y los celos de Cineo.
Oye, ahora, que deseo
darte un buen consejo yo.
CINEO
(Aparte.)
(¡Cielos! Papel recibió
Jael. Cierta vino a ser
mi afrenta. Quiero saber
qué es lo que ella respondió.)
¿Y qué respuesta trajiste
de Jael al rey?
VIGOTE
Ninguna,
que yo no traje más que una
al papel que tú me diste.
Y antes que el rey la conquiste,
pues la pretende también,
tú, o gran Sísara, prevén
gozarla antes, pues ya miras
trocarse en favor las iras
y en cariños el desdén.
CINEO
(Aparte.)
¿Qué es esto que escucho? ¡Ay Dios!
Sísara y el rey me ofenden,
dos son los que la pretenden
y los admite a los dos:
sólo un crimen tan atroz
caber pudiera en Jael.
¡Oh alevosa, oh falsa, oh cruel!
¿Cómo, con tan doble trato,
a uno envías el retrato
y a otro admites el papel?
VIGOTE
Diole el papel mi osadía
luego que me vi escapado;
recibiolo, y con cuidado
leyó lo que en él venía.
Dijome respondería
al papel y a tus amores
y que fingía rigores
por ver si eres firme amante,
para en viéndote constante,
coronarte de favores.
Ésta es su respuesta honrada,
mi peligro y tu apetito.
Mas ¿para qué lo repito,
si te lo conté no ha nada?
Lo que importa es que en tu entrada
te recates, gran caudillo,
y no llegue a presumillo
Cineo, cuando le agravias,
porque es grande cascarrabias
el diablo del maridillo.
CINEO
(Aparte.)
¿Hay angustia más esquiva?
¿Hay oprobio más violento?
¿Hay más amargo tormento?
¿Hay pena más excesiva?
Mueran las paces que hice;
muera este rey infelice;
muera Sísara que la ama;
y muera quien me lo dice.
(Vale a dar con la daga y huye VIGOTE.)
VIGOTE
¡Detente! ¡Hay tal demasía!
Mira, aguarda, espera un poco;
sin duda le ha vuelto loco
el contento y la alegría.
Tras que tu Jael me envía
los favores que te alcanzo;
tras que en tinajas me lanzo
de miedo ¿sacas la daga?
No es bien que bravo te haga
quien al marido hizo manso.
CINEO
(Aparte.)
¡Que tal oprobio haya oído!
¡Ah mujeres, ah mujeres!
VIGOTE
Darme con la daga quieres,
¿qué mas hiciera el marido?
CINEO
Loco estoy, estoy perdido.
VIGOTE
De contento, claro está.
CINEO
¡Jael dio respuesta ya!
VIGOTE
¿No es buena? ¿No es dulce y linda?
CINEO
¡Que tan liviana se rinda!
VIGOTE
Eso la vida te da.
CINEO (Aparte.)
Grande es mi amor, mayor es
el premio de sus malicias.
VIGOTE
Yo me voy que las albricias
tú me las darás después.
Escena III
CINEO
Los que me ofenden son tres,
Jael, Sísara y Jabín,
mueran todos y en su fin
del rey mi venganza empiece,
pues duerme aquí.
(Corre la cortina y descubre al rey durmiendo que habla entre sueños.)
JABÍN
Amor merece
quien adora un serafín.
En premio de mis desvelos
me das tu copia, Jael;
grosero anduvo el pincel,
a urbanidad de los cielos.
CINEO
Averiguado he mis celos,
pues ya dice que le dio
ella el retrato, y mintió,
diciéndome que era hallado.
Si el discurso lo ha negado,
ya la idea lo admitió.
Muera y serán mi trofeo
estas memorias ingratas.
(Vale a dar.)
JABÍN
Cineo, ¿por qué me matas?
¿Por qué me matas, Cineo?
CINEO
En sueños vio mi deseo;
grandes mis temores son.
JABÍN
Aquí me matan; ¡traición!
CINEO
Temblándome el brazo está.
JABÍN
¡Favor!
CINEO
Gente acude ya
y es mucha mi turbación.
Aquí el real manto dejó:
toro seré, en tal empeño,
que, no pudiendo en el dueño,
en la ropa se vengó.
Sepan que quien se la hurtó,
pudo matarlo también;
su lanza, por más desdén,
que si mi honor agraviare
hincada aquí lo declare,
se la clavaré también.
(Vase.)
Escena IV
JABÍN (Despierta.)
¿Qué horror, qué congoja es ésta,
válgame el cielo, tan fuerte?
En sueños vi de mi muerte
la tragedia más funesta.
Reposaba aquí la siesta
y hasta ahora me he dormido;
de Cineo me vi herido;
(Aparte.)
(no es mucho, que miedo tenga
de quien en sueños se venga,
quien despierto le ha ofendido.
¿Qué es esto? ¿Hay traición igual?
¡Ya mi perdición recelo:
mi lanza hincada en el suelo
y menos mi manto real
Llamar quiero al general.)
¡Sísara, guardas, soldados!
(Sale el CAPITÁN y tres soldados.)
TODOS
Señor.
JABÍN
¡Ah, inclementes hados!
¿Quién mi púrpura robó?
¿Quién esta lanza clavó
sobre mis propios estrados?
CAPITÁN .º
Nadie, señor, se ha atrevido
a entrar en la tienda vuestra:
de muchos que el cielo muestra
quizá este presagio ha sido.
De aquésos mil, afligido
el campo está.
JABÍN
Gran mal
temo del rigor fatal;
pues guerra me hace el cielo;
¡Mi lanza, hincada en el suelo
y menos mi manto real!
Idos de aquí.
(Vanse los soldados.)
Que otra lanza,
soñé con susto y despecho,
que me atravesaba el pecho
de Cineo la venganza.
Muerta miro la esperanza
de un amor que es inmortal,
pues, soñando, vi otra tal;
¡y ahora advierte el desvelo,
mi lanza hincada en el suelo
y menos mi manto real!
Si el cielo mi muerte trata,
entre espejos y alabastros;
si con caracteres de astros
la escribe en pliegos de plata,
cielo es Jael, que me mata,
de más luces y arreboles
que entre los rubios faroles,
que enciende el celeste polo,
el cielo tiene uno solo
y en Jael brillan dos soles.
Como de su beldad goces,
ni agüeros temas, amor,
ni en un soñado rigor.
VOCES
(Dentro.)
¡Piedad, cielos; piedad, dioses!
JABÍN
¡Válgame el cielo! ¡qué voces
se escuchan en el real!
De algún estrago mortal
fue indicio un tal desconsuelo.
¡Mi lanza, hincada en el suelo,
y menos mi manto real!
Escena V
(Salen SÍSARA y soldados alborotados.)
SÍSARA
Soldados, ¿qué miedo es éste?
¿Qué portentos o qué asombros,
trágicamente acobardan
vuestros ánimos heroicos?
Dejad que el funesto pájaro,
dejad que el nocturno monstruo
azote con torpes plumas
el transparente Favonio;
dejad que sierpes de fuego
de tanto cometa rojo,
culebreando en el aire,
formen tiros luminosos;
dejad… mas, oh gran señor,
¿aquí estabais? Pero, como
cierra ya la noche, apenas
vuestra majestad conozco.
JABÍN
Estoy, Sísara, extrañando
el rumor y el alboroto
del ejército. ¿Qué voces,
general, son las que oigo?
CAPITÁN .º
Grande ruina amenaza
el cielo.
CAPITÁN .º
Perdidos somos.
SÍSARA
Cerrábase ya el Olimpo
y el orbe enlutando todo,
las palideces del día
a los desmayos de Apolo,
cuando vi bajar, ¡qué horror!
con tardo vuelo, ¡qué enojo!
por los aires, ¡qué prodigio!
un feo búho, ¡qué asombro!
que atemorizando el campo
con unos gemidos roncos,
paró el espantoso vuelo
y se me puso en el hombro.
Triste y torpe la facción,
emboscado en pluma el rostro,
lanudos los pies infames,
rubios los ojos redondos,
el cuerpo de talle corto,
la parda pluma con manchas,
dilatada la cabeza,
el pico amarillo y corvo.
Con el bastón vengar quise
atrevimiento tan loco,
mas, cayóseme el bastón
y repitiendo sollozos,
alzó el pájaro las alas
y le perdieron mis ojos.
Y al mismo instante, señor,
de sobre aquellos contornos
de Azoret, tu corte real,
rasgando el Euro y el Noto
se vio un cometa sangriento
de nubes densas aborto,
luciendo pasmo del aire,
claro escándalo del globo;
vibró la radiante cola
con un estruendo sonoro,
presintiendo adversidades
y adivinando malogros;
quedó el campo amedrentado,
quedó el ejército absorto,
y por poder aplacar
los celestiales enojos,
con voces, llantos y gritos
duplica el temor los votos,
sin advertir que es afrenta,
sin reparar que es oprobio,
teniéndome a mí, que teman
del cielo mortales odios;
pues de mi brazo al socorro,
rogar los dioses es culpa,
temer al cielo es desdoro.
JABÍN
General, bien el valor
de ese pecho reconozco,
tan intrépido y bizarro
que ni aun se teme a sí propio;
mas, los ejércitos miro
amedrentados, de modo
que aunque los presagios muestren
la victoria por nosotros
y contra el hebreo indiquen
agüeros tan portentosos,
el concebido temor
puede ser pánico asombro
que estorbe nuestras victorias
o ultraje nuestro decoro.
CAPITÁN .º
Veinte años ha que en campaña
nos ve el hebreo, y en todos
no habemos visto señales
de tan sangrientos destrozos.
JABÍN
Grande mortandad recelo.
SÍSARA
Grande victoria dispongo.
JABÍN
A riesgos muchos me atrevo.
SÍSARA
A triunfo cierto me arrojo.
JABÍN
Y aunque mi gente es copiosa,
SÍSARA
Y aunque el presagio es notorio,
JABÍN
sólo el cielo me acobarda.
SÍSARA
mi valor me alienta sólo.
(Tocan dentro cajas de tempestad y sordinas.)
JABÍN
¿Pero, qué atambores tristes,
pero, qué clarines sordos,
melancólicos alteran
tan fúnebres alborotos?
SÍSARA
Destemplado el parche brama
con estruendo lastimoso
y, entristeciendo los aires,
gime el bronce más sonoro.
TODOS
¿Qué es esto?
JABÍN
Turbado el pecho,
no lo sabe.
SÍSARA
Yo lo ignoro.
Escena VI
Sale LIDORO alborotado.
LIDORO
El cielo, invicto Jabín,
el cielo, Sísara heroico,
contra nosotros pelea
y baja contra nosotros.
Levántense ya los reales,
despuéblese poco a poco
esa movible ciudad
que forman campales toldos;
desocupen las escuadras
del Tabor los territorios,
aunque quisiste inundarlos
de carmesíes arroyos;
marchen, marchen para Azor,
pues los hados son estorbo
de tus intentadas dichas,
de tus presumidos gozos;
marchen para Azor y dejen
libres y con desahogo
a los hebreos, que tienen
a la fortuna en su abono.
Asombrado estaba el campo
del cometa prodigioso,
cuando oímos de repente
(de referirlo me asombro),
que los parches y clarines
se tocaron ellos propios,
la trompa sonó bastarda
sin que la alentase el soplo,
destemplado el atambor
gritó en lamentable tono,
sin que azotase baqueta
los pergaminos del corcho.
¿Qué es esto, sino avisarte
los hados ya, sin rebozo,
que serán, señor, tus gentes
de su insolencia despojos?
¿Qué es esto sino mostrarte
el cielo, por nuevos modos,
que antes que logres su furia
asegures tu real solio,
tus ejércitos retires
y pongas tu fama en cobro?
SÍSARA
¡Calla, calla ya, cobarde,
que de escucharte me corro!
¿Buscas achaques al miedo
en las sombras de un antojo?
Que suenen funestas cajas,
que lloren metales roncos
sin que los toques, ¿es seña
de que el cielo riguroso
ha de frustrar mis victorias?
¿Cómo, di, es posible, cómo
que el cielo ni diez mil cielos
se atrevan a mis desdoros,
mientras el bastón empuño,
mientras vibro el férreo tronco,
mientras la rodela embarazo,
mientras el alfanje arbolo?
Si aquese libro de cielos,
si ese cuaderno de globos
que de once hojas azules
se forma cerúleo tomo,
en cuyas planas de vidrio,
marginadas los dos polos,
se forman letras de plata
y se escriben rasgos de oro;
si ese pensil turquesado
cuyos luceros hermosos
sobre prados de zafir
son rutilantes pimpollos;
si ese cielo, si ese cielo
me agravia y si yo me enojo,
para rasgarle las hojas,
para agostarle el adorno,
escalaré sus esferas,
poniendo un monte sobre otro
y, quebrando sus cristales,
haré que busque en contorno,
para báculo los montes,
para puntal los escollos.
(Vase.)
Escena VII
JABÍN
No sé, soldados, qué os diga;
confuso, triste y medroso,
mal mis congojas reprimo,
mal mi turbación reporto.
El general va enojado,
el campo anda sin reposo,
la noche duplica sombras
y el temor repite ahogos.
Pero, idos a recoger.
CAPITÁN .º
El cielo te haga dichoso.
(Vase.)
Escena VIII
JABÍN
Que al alba, en leños de aromas
y en brasas de cinamomos,
vea el cielo montes de humo
de las víctimas y votos;
mas donde abrasa el amor
me dice el alma, Lidoro,
cualquier cuidado no es poco.
Vamos, pues, que ya es de noche
a ver el día en los ojos
de Jael; que pues ya paga
la afición con que la adoro,
podrá tener a fineza
lo que en mi interés fue logro.
LIDORO
Pues vamos.
JABÍN
Dame otro manto.
LIDORO
Restituya amor los gozos
que te salteó un presagio.
JABÍN
Amor, tú lo vences todo.
(Vanse.)
Escena IX
Frente a la casa de CINEO.
(Salen BARAC y JOSÉ embozados, de noche.)
BARAC
Seguros hemos venido
ya, a las casas de Cineo,
sin que el campo cananeo,
José, nos haya sentido.
Con las tinieblas que viste,
bien la noche nos disfraza.
JOSÉ
Ésta es de Jael la casa,
si a ver a Jael viniste.
BARAC
Al darme Débora el mando
y el bastón de capitán,
me dijo que de Canaán
volveríamos triunfando,
y que no había de tener
yo, del trofeo la gloria,
porque estaba la victoria
concedida a una mujer.
Y así avisarle querría
de este caso a Jael bella,
pues puede ser que hable della
esta feliz profecía.
Nadie sino es Jael fuerte
pienso que la cumplirá,
pues en su casa podrá
darle a Sísara la muerte.
JOSÉ
No la dará, porque al fin
es a su patria traidora,
pues Sísara la enamora
y la goza el rey Jabín.
BARAC
Yo juzgo que es falsedad
ese rumor que se dice,
pues tal infamia desdice
de su sangre y calidad.
Dicen que Jabín la goza
y lo consiente Cineo,
mas yo, José no lo creo.
JOSÉ
No hay en Judea otra cosa.
BARAC
Si es verdad que al rey Cineo
le permite esa maldad,
sospecharé en su amistad
traición contra el pueblo hebreo;
y, vive Dios, que revuelva
en humo, ceniza y brasas
la amenidad de estas casas,
los árboles de esta selva;
siendo esta pompa que admira,
cuando mi furor la abrase,
rosa que a la aurora nace
rosa a la tarde expira.
Mas, José, ahora entremos
que, quizá, Jael no es mala:
luces sacan a esa sala
que desde aquí abierta vemos.
(Vanse.)
Escena X
Sala en casa de CINEO.
(Salen BATO y MOSCO con un bufete y DINA con una luz que pondrá sobre él.)
DINA
Mucho tarda ya. ¿Qué es esto
que no viene Heber? ¿Qué aguarda?
BATO
La causa porque se tarda
es porque no viene presto.
DINA
Majadero, claro está,
BATO
Pues si está claro y no hay duda,
¿para qué me lo pescuda?
MOSCO
Las velas despavilá,
que yo me voy a cerrar,
Bato, del jardín la puerta.
DINA (Aparte.)
Aunque no la deje abierta,
bien podrá Jabín entrar.
Escena XI
Sale JAEL con el manto del rey que llevó CINEO.
JAEL
Cielo, ¿qué congoja pudo
molestar tanto a mi esposo,
que anda negando el reposo,
triste, solo, absorto y mudo?
Tal vez llora y con enojos,
calla el mal que le provoca,
y es porque no hable la boca
lo que pronuncian los ojos;
que para sentir las menguas
que esferas pasan de agravios,
por la mudez de los labios
tienen los párpados lenguas.
Dejadme sola, y afuera
de mi Cineo esperad:
(Vanse DINA y BATO.)
que siempre en mi voluntad
presente está, aunque le espera.
Ahora entró sin sosiego
y sin verme él, entre tanto
dejó en la sala este manto
y se volvió a salir luego.
No lo entiendo, ni sé cuya
es la ropa que ha traído;
la confusión mía ha sido
si la congoja fue suya.
Sin duda sospechó ya
que amo a Sísara en su daño,
mas, cuando sepa el engaño
mi lealtad confirmará.
A Sísara finjo amor,
por vengar tantos estragos:
serán flores los halagos
al áspid de mi rigor;
y juzgando que hay certeza
en amor que le arma lazos,
cuando me pida los brazos
me pagará la cabeza.
Muera, que de opresión dura
librar a mi patria espero,
que es fácil mate el acero
a quien hirió la hermosura.
Muera Sísara, aunque celos
dé a mi esposo: ardid tan justo,
que es primero que su gusto
el que es gusto de los cielos.
Escena XII
Asómanse BARAC y JOSÉ al paño.
BARAC (Aparte.)
Ésta es la hermosa Jael
que es con verdad peregrina,
gloria ilustre de Israel.
Parece que el Delio coche
en la sala resplandece;
del sol no es, pues no obedece
los imperios de la noche.
Enciéndense en su arrebol
esas dos bujías bellas,
sino es que sean estrellas
que aprenden luces del sol.
Mas, válgame Dios, ¿qué miro?
JOSÉ
Barac, ¿conoces el manto?
BARAC
De su liviandad me espanto.
JOSÉ
De sus traiciones me admiro.
BARAC
Su maldad he descubierto:
su engaño y trato alevoso
cierto es; que ofende a su esposo,
que Jabín la goza, es cierto;
y repara mi cuidado
que, porque su patria vende,
hacerla reina pretende,
pues su púrpura le ha dado.
No fue mentido el rumor
que publicaba la fama,
que el dar la ropa a la dama,
ha sido abrigar su amor.
JAEL
Ya echo de ver que es el manto
del rey, el que trajo Heber:
de su amor deben de ser
prendas, pues lo estima tanto.
BARAC
(Aparte.)
¡Afrentoso vituperio
de Israel, pues así afeas
la luz de nupciales teas
con sombras de un adulterio!
¡Oh infame! ¡Oh falsa homicida
de dos vidas en un punto,
pues si está el honor difunto
siempre es cadáver la vida!
¡Que sin temor de su esposo
el manto en su caso ostente!
JOSÉ
Si su esposo lo consiente
no tienes que estar quejoso,
ni con razón te has movido
a lástimas tan prolijas,
que no es bien que tú te aflijas
si no le pesa al marido.
BARAC
(Aparte.)
Yo no creo del valor
de Cineo tal afrenta,
ni es posible que consienta
tal ignominia en su honor.
Mas ya sufrirlo no puedo:
yo entro, yo entro de una vez.
JOSÉ
Entra tú que eres juez,
que yo a esta puerta me quedo.
(Sale BARAC y queda JOSÉ al paño.)
JAEL
¡General, padre, señor,
pues, en mi casa, tan tarde,
tanta honra!
BARAC
Dios te guarde.
(Aparte.)
Respeto me da y amor
su modestia y proceder,
y si en mi opinión me fundo
no hay mujer buena en el mundo
si fue mala esta mujer.
JAEL
Si se ofrece en qué me mandes,
yo soy tu sierva.
BARAC
Señora,
negocios me traen ahora
tan precisos como grandes.
La vida del pueblo hebreo,
lo menos, de ellos pendía,
fiando de tu osadía.
Mas, tu infamia, tu vileza,
tu liviandad, tu mudanza,
desalientan la esperanza
que concebí de esta empresa.
No extrañe, no, tu altivez
de este lenguaje el despejo,
que cuando no sea por viejo
reñirte puedo por juez
¿Cómo, di, noble te llamas,
si burlas del himeneo?
¿Cómo afrentas a Cineo?
¿Cómo tu opinión infamas?
No hay disculpa, no hay disculpa,
y si la das será vana,
pues es proceso esa grana
donde está escrita tu culpa.
Ese carmesí doblado,
ese manto, que en tu ofensa,
presumo que de vergüenza
se habrá puesto colorado,
aquesa púrpura es parte
de que más bien te condenes,
y pues disculpa no tienes,
yo me voy por no escucharte.
JAEL
Espera, detente, escucha,
porque, vive el Dios que invoco,
ha sido tu seso poco
ni fue mi prudencia mucha:
a no mirar que de ancianas
cumbres eres monte breve,
que ha coronado la nieve
con la plata de esas canas,
y a no mirar también que eres
mi duque, de otra manera
te enseñara que Jael era
la más leal de las mujeres.
¿Viste a tierno corderillo
que, cuando al prado candores,
cogollos muerde a las flores,
ámbares pace al tomillo,
y a los primeros asomos
del león que le acomete,
espeluzado el copete,
crespo el pelo de los lomos,
sacudido al aire el vello
de las melenas bizarras,
corvo el marfil de las garras,
bravo el ceño, erguido el cuello:
y él, postrado a la real bestia
por natural vasallaje,
le sufre cualquier molestia,
le admite cualquier ultraje,
y aun si usa el monarca bruto
de crueldades ordinarias,
le rinde en sangre las parias
y en corales el tributo?
Pues así yo, en mis congojas,
de esta suerte yo, en mis rabias,
cuando enojado me agravias,
cuando atrevido me enojas,
por príncipe, en tantos males,
por señor, en tantas furias,
te sufro tales injurias,
te tolero oprobios tales.
Cordero, en esta ocasión
seré, aunque me ofendas fiero,
si el agravio del cordero
no es ofensa en el león.
Y pues fundaste tu enojo
y pues tu cólera topa,
sólo en la púrpura ropa
y sólo en el manto rojo;
que yo aquí lo trajera
Cineo la causa ha sido,
culpa fue de mi marido,
cuando acaso culpa fuera,
que de Jabín la amistad
le obligó a tanta licencia.
Mas, voyme, que tu imprudencia
merece esta libertad.
Escena I
Una tienda en el campo cananeo.
Jornada III
(Sale SÍSARA solo, alborotado, de noche; y habrá un bufete con luces que se mueva,
como con ruido de temblor de tierra.)
SÍSARA
¿Qué es esto? ¿Qué temblor tan estupendo
la tierra está moviendo?
Descuadernadas crujen en tal guerra
las peñas, por ser huesos de la tierra.
Y al fiero terremoto,
tirita el monte y titubea el soto.
Con sus polos parece
que el orbe sacudido se estremece,
ya que greña de árboles confusa,
por cabello del monte se espeluza.
VOCES
(Dentro.)
¡Temblor, temblor!
SÍSARA
El campo ya se altera.
¡Oh, qué noche tan triste y agorera!
¡Otro presagio más! ¡Otro portento!
Mas, ya cesó el furioso movimiento,
dejando en señas brutas
hendidas quiebras y asomadas grutas;
quizá porque a matarme se provoca,
me abre el suelo un sepulcro en cada boca.
Ya los hados repiten más severos
amenazas en trágicos agüeros,
pero su amago fue burlada suerte,
en quien no teme al cielo ni a la muerte.
Pero, que tiemble el mundo deste aliento
con que asolar intento
al pueblo hebreo, que asaltarme piensa,
mientras se tiñe el globo en sombra densa,
y duerme el Delio, epílogo de luces,
zabullido en cristales andaluces.
Mas, velando aquí el alba ha de cogerme,
que aun no es soldado el capitán que duerme.
Divertiré la noche en las memorias
de mis pasadas glorias.
¡Ay Jael, ay amor nunca logrado!
Llegó el rey a saberlo, y enojado,
no me habla de corrido o de celoso;
su ofensa vio, mas la calló, su esposo;
que, aunque darme la muerte ahora intenta,
ni su enojo me asombra ni amedrenta,
porque en belleza tal, si bien se advierte,
¿qué es lo que busco yo?
JAEL (Dentro.)
Tu propia muerte.
SÍSARA
¿Qué es esto? Pues ¿Jael aquí se esconde?
Voz de Jael es ésta que responde.
Jael ¿qué da en sus favores?
JAEL (Dentro.)
A mores.
SÍSARA
¿Quién los veda o los divierte?
JAEL (Dentro.)
La muerte.
SÍSARA
¿Quién la causará cruel?
JAEL (Dentro.)
Jael.
SÍSARA
De esta suerte en el vergel
de la beldad más florida,
son áspides de mi vida
amores, muerte y Jael.
Mas, ¿qué es lo que he de temer?
JAEL (Dentro.)
Mujer.
SÍSARA
¿Quién podrá frustrar mi amor?
JAEL (Dentro.)
Valor.
SISARA
¿Y el valor quién lo asegura?
JAEL (Dentro.)
Hermosura.
SISARA
Pues morirá mi ventura
si tales daños le embisten,
que no hay a quien no conquisten
mujer, valor y hermosura.
¿Quién me traerá a tal despeño?
JAEL (Dentro.)
Sueño.
SISARA
¿Quién cortará mi esperanza?
JAEL (Dentro.)
Venganza.
SISARA
¿Y quién logrará tal daño?
JAEL (Dentro.)
Engaño.
SISARA
Pues trágica voz me advierte
que han de fabricar mi muerte
sueño, venganza y engaño.
Mas, ¿quién así respondió?
JAEL (Dentro.)
Yo.
(Vase.)
(Aparece LA MUERTE con alas negras, un clavo en una mano y un mazo en la otra.
TúrbaseSÍSARA y sacando hasta media espada, cae, y pasa por el aire LA MUERTE,
tocando dentro una trompeta ronca.)
SISARA
¿Qué es esto?
tente, bulto funesto,
el corazón se pasma,
erízase el cabello, muere el brío,
corriendo por los tuétanos un frío.
Turbado estoy, mas quiero
a este monstruo… Detente… pues mi acero…
(Cae desmayado.)
Escena II
Salen el CAPITÁN .º, LIDORO, VIGOTE, soldados y criados.
LIDORO
Dentro.)
(
Voces da el general, acudid guardas,
aprestando los arcos y alabardas.
(Salen todos.)
Mas, ¿qué es esto? ¡Ay de mí!
CAPITÁN .º
¡Válgame el cielo!
LIDORO
Difunto yace Sísara en el suelo,
con el acero a la mitad desnudo.
CAPITÁN .º
Nadie matarle pudo,
pues nadie entró a la tienda ni ha salido
della.
VIGOTE
La burla ha sido
pesada y excesiva,
pues han dado con él patas arriba.
LIDORO
Los pulsos todavía aun dan señales
de reliquias vitales.
VIGOTE
Los míos se alborotan, pues ya quedo
con un gentil calenturón de miedo.
LIDORO
¡Oh bravo capitán, oh adalid mío!
¿qué hado o qué dios fue tan impío
que cortando el valor a tus deseos,
frustró a Canaán tan célebres trofeos?
¿Qué deidad te embistió? Dilo, pues te hablo.
VIGOTE
Él vio alguna fantasma o algún diablo.
LIDORO
Pues menos que algún dios jamás pudiera
abatir otro tu altivez guerrera,
ni todo el universo
borrar tus triunfos o eclipsar tu esfuerzo.
CAPITÁN .º
El temblor de la tierra no fue acaso;
presagio ha sido de este gran fracaso.
VIGOTE
Ello fue así que en tan medrosa guerra
debo de temblar yo, pues soy de tierra.
LIDORO
¿Qué dirá el rey Jabín si es que es ensayo
de su cercana muerte este desmayo?
¿Qué dirá nuestro ejército, si mira
su laurel abrasado en triste pira?
¿El mundo qué dirá, viendo de este arte
rendido a Jano y desmayado a Marte?
VIGOTE
Dirán que se murió, cuando se note.
Mas, ¿qué dirá Vigote,
si la dicha fantasma le arremete,
con algún pescozón por alcahuete?
CAPITÁN .º
Quizás volverá en sí, mas di, ¿qué haremos?
LIDORO
De Jabín a la tienda le llevemos;
sepa su majestad lo que ha pasado,
y tú, trae esas luces. ¡Oh cruel hado!
(Llévanlo los criados y uno coge las velas con que les va alumbrando.)
¡Oh inconstante fortuna!,
no el nocturno diamante de la luna
con luminoso giro,
voltea por el célico zafiro
más varia que tu rueda, pues previenes
volubles males a caducos bienes.
(Vase.)
(Asómase DINA al paño, embozada, de noche.)
VIGOTE
Esto está ya oscuro, voyme.
¿Qué fuera, si este espantajo
que dio a Sísara la vuelta
me pegara algún porrazo?
Mas aquí he topado un bulto
más largo que un campanario.
Válgame un sastre sin uñas.
Escena III
Sale DINA.
DINA
¡Ah, Vigotillo, ah soldado!
VIGOTE
¡Esto es hecho! la fantasma
es amiga de mostachos,
ya que le pega a Vigote
ín capite calendario.
DINA ¿Hacia dónde estás?
VIGOTE
Estoy
entre narices y labios,
por ser Vigote. Mas diga,
¿es Ud. barbero acaso
que acude a raparlos?
DINA
Sí.
VIGOTE
¡Ay de mí! ¡que me ha topado!
(Encuentra con DINA que le coge y da gritos.)
¡Un jayán! ¡socorro, ayuda,
auxilio, favor y amparo!
¡Ay! que un diablo me arrastra.
¡Ay! que me lleva un endriago.
DINA
Calla, calla que soy Dina.
¿De qué das voces, menguado?
VIGOTE
Hablaras para mañana;
picarilla, juro a tantos
que estoy por molerte a coces
o por romperte los cascos.
DINA
¿Así pagas la fineza
de haber venido a tu campo,
de noche?
VIGOTE
¿No ves que ha poco
que con un hipocentauro
mayor que aquesa montaña
yo y Sísara peleamos?
Dio con Sísara en el suelo
y yo de dos cintarazos,
le rompí de la cabeza
unos diez o doce palmos,
con que fue rabo entre piernas
a curarse; mas, juzgando
que sus parientes y deudos
venían a darme un chasco,
pedí favor.
DINA
Miedo fue.
VIGOTE
Absit, miedo, ni pensarlo.
DINA
Yo y Jael hemos venido
mientras el nocturno manto
de gotas de oro salpican
las centellas de los astros.
Jael vino a ver al rey
y yo le seguí los pasos,
por gozar de tu presencia.
VIGOTE
Beso a vuesarced la mano
mi señora doña Dina,
por tan grande favorazo.
Escena IV
Sale el rey, de noche, escuchando.
JABÍN
Oscura veo la tienda
y escuché, si no me engaño,
decir en ella que a ver
al rey, Jael vino al campo.
Dioses, Sísara es leal;
mas ¿qué importa, si profano
aspiró ya a lo divino
de la beldad que idolatro?
Ya me atormentan sospechas
y mi celoso cuidado
ha de examinar la tienda,
por ver si, atrevido y falso,
Sísara la esconde aquí,
cuando yo el favor le gano,
según los pasos, acá.
VIGOTE
¿Que a la tienda del rey fue
Jael? De la reacción me espanto.
DINA
Habla paso, que oigo gente.
VIGOTE
Y uno se viene llegando.
JABÍN
Hola, ¿quién es? ¿con quién hablo?
DINA
Ay Vigote, éste es el rey,
y de un brazo me asió.
VIGOTE
Malo.
JABÍN
¿Quién eres?
VIGOTE
Di que Jael,
pues vino ella a visitarlo,
que es peor que sepa cómo
soy la horma de tu zapato.
Hazte Jael, que de noche
todos los gatos son pardos.
JABÍN
¿No respondes?
DINA (Aparte.)
(Nuestro amor
quiero ocultar con mi engaño.)
Jael soy, Jabín invicto,
que obligada a tus halagos,
a tus finezas rendida,
vengo a lograr tus abrazos,
mientras ausente mi esposo
me concede bienes tantos.
JABÍN
¡Ay, Jael, no creo, no
esta ventura que alcanzo!
Mi grandeza admiro indigna,
mi bien, de favor tamaño.
¿Dónde hay dicha como aquésta?
¿Cuándo, en el solio más alto
la púrpura blasonara
favores tan soberanos?
No precio tanto en mi frente
aquel círculo dorado
que me rodea el copete
de piramidales rayos
cuanto esta fineza estimo,
cuanto este favor ensalzo.
Reina eres, ya te obedecen
los imperios que dilato,
desde el Líbano al Carmelo,
desde Azoret a Damasco.
DINA (Aparte.)
Turbada estoy. Ven Vigote,
mientras a Jael le traigo.
Finge tú y haz mi papel.
VIGOTE
¡Yo fingir! Pues si soy macho
y ella es hembra, ¿cómo puedo?…
DINA
Habla en tiple que volando
la traeré.
VlGOTE
No hagamos cosa
por donde yo pague el pato.
DINA
No temas, yo voy por ella.
VIGOTE
(Aparte.)
Fuese, y solo me ha dejado.
¿Qué va que lo echo a perder,
con que me cuelga en un palo?
JABÍN
Habla, mi bien, no en silencio
calle el rubí de tus labios.
VIGOTE
(Aparte.)
¡Rubí mis labios! ¡Por Dios
que los hubiera empeñado!
Mas, pues ya un rey me requiebra,
vaya de tiple y finjamos.
JABÍN
Pídeme cuanto quisieres
que un rey tienes por esclavo.
VIGOTE
(Aparte.)
(Bueno va, si no gozo
de la ocasión, soy un asno.)
(Finge la voz.)
Sólo quisiera un favor
que las damas de mi garbo
piden poco y con melindre:
¿hay un diamantillo o algo?
JABÍN
Mis tesoros serán pocos
mas, pues en el campo estamos,
esta real cadena honre
de tu cuello el alabastro.
VIGOTE
(Aparte.)
Si hubiera dicho pescuezo
de mugre, hubiera acertado.
Estimo el favor por Dios,
que esto es ganarlo burlando.
Si así lo hacen las mujeres
viven muy a lo barato.
JABÍN
No tengo con qué pagarte
el favor de tu retrato.
Mas volvíselo a Cineo,
cuando le encontré cazando
y juzgo tiene más celos
desde que anoche en tu cuarto
quiso matarte, y me halló
a tu defensa arriscado.
VIGOTE
Es mi marido un bobillo,
es Cineo un mentecato;
valiente ganga, por cierto,
tener a un rey por hermano.
JABÍN
Llégate a mí.
VIGOTE
(Aparte.)
Si me llego
dará en la trama el olfato
y estoy temiendo ya darle
alguna estocada de ajos.
JABÍN
Dame tus brazos, mi bien.
VIGOTE
No quiero darte a retazos
nada, pues soy toda tuya
del copete a los zancajos.
JABÍN
Una mano.
VIGOTE
Estoy con mudas
y te daré dos mil ascos.
JABÍN
No te me apartes tan lejos.
(Aparte.)
Cerca me quiere. ¡A los galgos!
juro a Dios, que tiene traza
de embestirme este barbado.
JABÍN (Aparte.)
(No juzgué que era tan necia
Jael, mas es ordinario
ser muy raro lo discreto
en quien lo hermoso es tan raro.)
¿Tienes amor?
VIGOTE
Mucha cosa.
JABÍN
No es tu voz ésa.
Guardaos.
VIGOTE
(Aparte.)
(Descuideme.) Estoy ronquilla
de que ayer me dio un catarro.
JABÍN
Traigan luces, Jael bella,
tu rostro admire yo claro,
sin que embargue tu esplendor
nocturno borrón opaco.
Voy por luces.
Escena V
VIGOTE
Acabose, si traen luces
verá el rostro de un monazo.
¡Pobre de mí si él me coge!
Tres tratos de cuerda o cuatro
me manda dar, que aunque es rey
es hombre de malos tratos.
Mas mientras sale a mandar
que traigan luces, me salgo.
Quede con él Jael perro,
pues con la cadena parto.
Escena VI
Sale JAEL sola de noche.
JAEL
Mientras ausente mi esposo
consulta oráculo sacro
en Jerusalén, yo vengo
ya con ánimo arrestado
de matar al rey o Sísara,
pues veo al pueblo judaico
acosado y afligido
de sus bélicos desgarros.
Veinte años ha ya que llora
sus mortandades y estragos,
y no sé qué ardor me anima
a que vengue sus agravios.
El deseo de prender
a Sísara o de matarlo,
no se me logró, escribiendo
el billete de su engaño,
pues cogió el papel Cineo
que quiso matarme airado,
pero como vio que el rey
y Sísara lo estorbaron,
no sé yo con qué designio
cogió al instante un caballo
y a Jerusalén partió
antes que el délfico carro
cuajase al cerúleo globo
de brilladores topacios;
mas cuando vuelva hallará
muerto al uno o quizá a ambos.
Pues vine a eso, busco al rey,
que en su tienda no lo hallo;
pierdo a Dina, vuelvo a oscuras
y por las señas reparo
que ésta es la tienda de Sísara.
No hay luz. Estará acostado.
Y pues no hay rumor, despierte
de mortífero letargo.
Mas traen luz, aquí me escondo.
(Escóndese.)
Escena VII
Sale el rey con una hacha.
JABÍN
Traigo en persona la luz
por no fiarme de nadie,
ya que su tienda ha dejado
Sísara sola y a oscuras,
sin guardas y sin soldados.
Pero, ¿dónde está Jael?
(La busca.)
¿Habrase escondido acaso?
Buscarela que la luz
fue enemiga del recato.
JAEL (Aparte.)
¡Ay de mí! que el rey me halló.
JABÍN
¿Cuando tan solos estamos
te escondes, Jael, de mí?
¿Cuando me buscas tú y cuando
en señal de hacerte reina
mi real cadena consagro
a tu cuello, te retiras?
Tu nueva mudanza extraño.
JAEL
¿Qué es esto? ¿Yo estoy en mí?
Tus razones, rey, no alcanzo,
¿tú me has dado a mí cadena?
¿tú en tu vida me has hablado?
JABÍN
¿Eso me dices ahora,
después que en tiernos regalos
favoreciste mi amor?
JAEL (Aparte.)
(Si está loco o dementado.)
¿Yo te he visto? ¿yo te hablé?
JABÍN
Válgame el cielo ¿qué encanto
es éste, que no penetro?
¿No me quedaste aguardando
mientras fui por esta luz?
¿No te cogí por un brazo?
¿No gocé de tus favores?
¿No merecí tus agrados?
¿Cómo padeció mudanza
tu amor en tan breve espacio?
¿La luz acabó mis dichas?
¿La luz trocó mis halagos?
JAEL
¡Qué es esto, cielos!
JABÍN
¿Lo niegas?
JAEL
Sí.
JABÍN
¿No fue así?
JAEL
Todo es falso.
JABÍN
¿No me hablaste?
JAEL
No te he visto.
JABÍN
¿No fui por luz?
JAEL
Es engaño.
JABÍN
¿No dijiste?
JAEL
Nada he dicho.
JABÍN
¿Luego estoy loco?
JAEL
Estaraslo.
JABÍN
¿Pues, a quién di…?
JAEL
¿Qué sé yo?
JABÍN
¿La cadena?
JAEL
No sé cuándo.
JABÍN
¿No fuiste tú?
JAEL
¿Cómo pude?
JABÍN
¿Pues estoy loco?
JAEL
Estaraslo.
JABÍN
Loco estoy sin duda y loco’
aunque así me has engañado,
en gozar lo que me ofreces
ningún agravio te hago.
Ya me han dicho que no me amas
tus fingidos desengaños,
mas, ¡qué importa, si yo puedo
con gozarte, despreciarlos!
Tú has venido a mi poder
de noche y sola te hallo,
la ocasión me da el copete,
amor me rinde sus lauros,
y cuando logre mi gusto,
no me presumas liviano,
pues lo deshonesto queda
en mujer que me ha buscado.
Gozarete, vive el cielo,
a pesar de enredos tantos,
tiranizando por fuerza
lo que me niegas de grado.
(Llégase a ella, la coge de los brazos y sácale JAEL la espada de la cinta, con que lo hace
retirarse, poniéndole la punta.)
JAEL
Aparta, bárbaro rey,
o desde la punta al gancho,
vive Dios, tiña en tu sangre
el acero de tu lado,
porque vestida transforme
de las flores destos prados
los lirios en amapolas,
los jazmines en acantos.
¿Qué es un rey? ¿qué es un monarca
para que se atreva osado
a eclipsar de mi decoro
los resplandores bizarros?
¿Qué importa estar en tus manos?;
tu poder, ¿qué importa si
siempre libre, siempre intacto,
no habrá de vencer mi honra
ese apetito villano,
por más que le acometieran
tan poderosos contrarios?
que, tal vez, suele arrojarse
un barquillo al mar salado
a conquistar los favores
del más proceloso charco,
y apenas de azules ondas
rasga el cristal quieto y manso,
cuando todo lo enfurecen
los alborotos del austro,
o como en montes de vidrio
se encrespa el mar, asaltando
esa celeste muralla
con escalas de alabastro
y aunque la embistan sañudos
gigantes de espuma blancos,
que el mar preñado de vientos
cuajó en cristalinos partos,
aunque en sus hombros de nieve
arroje el barco tan alto
que lo chamuscara el sol
a no subir tan mojado,
y aunque contra él conspiren
en cada espejo un amago,
en cada diamante un riesgo,
y en cada perla un desmayo,
siempre exento y siempre libre
va encima del agua el barco,
hollando en sus crespas iras
del mar el copete cano.
Así triunfará mi honor
a tus pensamientos vanos,
aunque el poder y la fuerza
te apadrinara en mi daño.
Dícesme que pues te busco
al desdoro me abalanzo,
mas vine a daros la muerte
si quieres que te hable claro.
Buscábate, por matarte,
pues fuera este justo pago
de las lágrimas y sangre
que en Judea has derramado,
no porque mi honestidad
solicite menoscabos,
ni de un príncipe el poder
ni la fuerza de un tirano,
ni la oferta de un imperio,
ni el desvío de un trabajo,
ni lo áspero de un rigor,
ni de un cariño lo blando,
ni la sombra de un deseo,
ni la niebla de un aplauso.
No me sigas: guarte, rey,
que a Dios tienes enojado
y el amar tu propia muerte
te cuesta ya ese presagio.
(Vase, arrojando la espada.)
Escena VIII
JABÍN
Detente, traidora, aguarda…
mas, ¡ay de mi!, que, arrojando
mi espada en el suelo, huye
y entre su horrores pardos
la noche su bulto esconde
la noche oculta sus pasos.
¡Qué mal concuerdan con esto
la cadena y el retrato!
(Tocan cajas destempladas.)
Mas, ¿qué trágico rumor
el aire entristece vago?
(Salen LIDORO y soldados.)
LIDORO
El árbitro de tus armas
y arrimo de tus estados,
Sísara, yace cadáver
en tu tienda desmayado.
(Rasga el rey las vestiduras.)
JABÍN
¡Oh, cuánto, ay de mí, me apuran
estos dioses, estos hados!
Vamos a ver mal tan grande,
a llorar mi muerte vamos.
Desdichas temo crueles,
temo afrentosos fracasos,
pues una mujer me quita
las armas (¡qué desacato!)
y las arroja por tierra.
¡Oh que agüero tan infausto!
(Vanse.)
Escena IX
Campo hebreo.
(Salen BARAC y soldados en orden, JOSÉ y sus capitanes.)
BARAC
Haya paz en esas cumbres
del galileo Tabor,
ya que el fénix esplendor
las baña en doradas lumbres.
Ya entona sonora salva
de los pájaros el coro,
alternando en picos de oro
panegíricos del alba.
Hoy la batalla he de dar
al cananeo cobarde,
antes que entibie la tarde
ese ardiente luminar.
JOSÉ
Ya al son de caja y clarín,
guiados de tu valor,
vienen subiendo el Tabor
Zabulón y Neptalí.
y no hay en las tribus dos,
más soldados que diez mil.
BARAC
Es el contrario gentil
y nuestro padrino Dios;
bastará sólo un hebreo
para mil incircuncisos,
pues los divinos avisos
aseguran el trofeo.
JOSÉ
Son trescientos mil contados
los contrarios.
BARAC
¡Qué más gloria!
Son trescientas mil victorias;
pues entre diez mil soldados
les caben, si mal no cuento,
a cada cien treinta mil.
JOSÉ
Fuera incredulidad vil
dudar yo su vencimiento;
no lo dudo, mas pondero
contándoles la ventaja.
BARAC
Pues nuestro ejército baja,
hoy perece este rey fiero.
(Sale CINEO por entre unas ramas, sin que lo note BARAC.)
CINEO (Aparte.)
Ya Barac el monte sube,
más intrépido que Marte
y yo vine a darle parte
de los deseos que tuve
de ser su centurión.
Ser un capitán quisiera
de su campo, porque viera
desmentida su opinión.
Yo le he de pedir, en fin,
cien soldados, con promesas
de traerle las cabezas
de Sísara y de Jabín.
Morirá después Jael,
quedará mi honor vengado,
el duque desengañado
y victorioso Israel.
BARAC
Muera, después de la guerra,
Cineo, entre los traidores,
matad su gente y pastores,
postrad sus casas en tierra,
y sembrándolas de sal
porque fenezca su nombre,
no quede de tan mal hombre
rastro, indicio, ni señal.
JOSÉ
Yo haré, señor, lo que ordenas,
pues justamente te enojas.
CINEO (Aparte.)
Penas, ¿quedan más congojas?
Congojas, ¿quedan más penas?
¿Que esto escuche mi valor,
mi lealtad y mi nobleza?
BARAC
Cortaranle la cabeza
por detrás como a traidor.
JOSÉ
Así lo haré efectuar.
CINEO
(Aparte.)
No quiero ahora pedirle
soldados, que es inducirle
a que me mande matar.
Volvereme desde aquí
sin hablarle cosa alguna,
ya que mi cruel fortuna
quiere perseguirme así.
Yo solo he de acometer
al cananeo escuadrón,
que quien va con la razón
a ninguno ha menester.
JOSÉ
Será como lo dispones.
BARAC
Suenen, pues, ecos marciales;
gasten cóncavos metales
y azote el aire pendones.
¡Soldados, hoy la memoria
judaica, ha de florecer!
Dios quiere que una mujer
nos dé el triunfo y la victoria.
(Vanse tocando cajas y queda CINEO.)
Escena X
CINEO
El caballo queda atado
a un acebuche frondoso
y mientras pace goloso
las esmeraldas del prado,
siéntome sobre las flores
(Siéntase.)
que el ameno monte viste.
Ausente, celoso y triste
contemplaré sus colores.
Mas no, sino las que animan
esta lámina cruel.
(Saca el retrato.)
¡Oh facciones de Jael!
¡Cuán ingratas me lastiman!
¡Oh bella tez! que el jazmín
con la púrpura concuerdas,
cómo, ¡ay de mí! me recuerdas
que te tuvo el rey Jabín.
Mas ya tus matices rojos
mis tristes lágrimas borren,
pues ya por mojarlos corren
los arroyos de mis ojos.
(Llora.)
Qué pena, por pena iguala,
por más que la angustia pese
que esta mujer me ofendiese
que esta mujer fuese mala;
¡oh cómo la muerte tarda
y me cansa ya la vida,
que una muerte pretendida
huye de aquel que la aguarda!
(Cantan dentro.)
MÚSICOS
Ven, muerte, tan escondida
que no te sienta venir,
porque el gusto de morir
no me vuelva a dar la vida.
CINEO
Ven, muerte, tan escondida
que no te sienta venir,
Déjame, vida, morir
que en tal mal está mi suerte
que solicito la muerte
por menos mal que el vivir.
Bien sé yo que me ha de huir
por ser muerte apetecida,
mas, si se esconde, impedida
de una vida que me enfada,
¡vete vida tan cansada!,
ven, muerte, tan escondida.
Acuchilla halcón gallardo
la garza blanca y hermosa,
que con su sangre hecha rosa
le tiñó el ropaje pardo,
mas tan veloz, que aún no es tardo
entre el matar y el herir;
imítale el embestir
y porque te logre ¡oh muerte!
procura venir de suerte
que no te sienta venir.
Caiga este golpe tan presto
que aun no le sienta caído,
porque mientras más sentido
tendrá menos de funesto.
Darasme tal gusto en esto
que otra vida he de adquirir,
y aunque no hay por qué vivir
en una muerte que apaga,
estoy temiendo que haga
por el gusto del morir.
¡Oh, quién dijera, mortales
que en agravios bien sentidos,
quedaran aborrecidos,
los espíritus vitales!
¡Ay de mí! que a tantos males
mi suerte está reducida;
muerte busco no sentida
en tan miserable extremo,
que si es que la gusto, temo
no me vuelva a dar la vida.
No puedo más; con mi agravio
gimo, peso, lloro, siento,
ardo, padezco, reviento,
bramo, gimo, muero, rabio.
(Levántase dando voces, tira el retrato, saca la espada y acuchilla el viento y los árboles
como loco furioso.)
¡Loco estoy, aparta, afuera!
¡Muera el rey y el general,
pues trata mi honra tan mal,
el fiero general, muera!
Escena XI
Salen BARAC, JOSÉ y soldados.
BARAC
¿Qué dices? ¿que muera yo?
CINEO
JOSÉ
¡Oh aleve!
BARAC
¡Muera el general!
Matadlo pues, que se atreve
al juez, que Dios le dio.
Traedme aquí unas prisiones.
(Riñe CINEO con los soldados como un loco y vase uno.)
CINEO
¡Muera el general!
BARAC
No, que vive mi valor,
a pesar de tus traiciones.
(Llega uno por detrás y coge a CINEO los brazos.)
SOLDADO
Ya los brazos ligaré.
JOSÉ
Mátalo o préndelo en pena
de tal culpa.
(Saca el SOLDADO las esposas.)
BARAC
Esa cadena
le impida el villano pie.
(Pónenle la cadena.)
Las manos también le atad.
Que, en venciendo al enemigo,
juro de darle el castigo
que merece esta maldad.
Dos son con ésta las veces
que darme muerte intentaste;
mira si hay muerte que baste
a la pena que mereces.
En tu casa, traidor, pudo
tu malicia derribarme,
donde vi que por matarme
libraste el puñal desnudo;
y ahora a mi propio real
vienes con la espada afuera,
diciendo a voces que muera.
CINEO
¡Muera, muera el general!
BARAC
Dime, traidor, dime, aleve,
¿qué furor te precipita,
qué atrevimiento te incita,
o qué frenesí te mueve?
Pero no lo digas, no
que será afrentosa mengua
que lo pronuncie la lengua
y no lo castigue yo.
Llevadle y dejadle aún vida,
que espere trance más fuerte,
que a veces suele ser muerte
una vida aborrecida.
JOSÉ (A CINEO.)
Lástima tengo de ti.
CAPITÁN .º
Compasión me da Cineo.
CINEO
¿Qué es esto, cielos, que veo?
Cielos, ¿cómo estoy en mí?
(Llévanle.)
Escena XII
Salen BATO y MOSCO con una tinaja.
BATO
Leche han tenido las cabras
que es un juicio.
Tené bien, no se derrame,
que muesama me mandó
que en un odre le guardase
de aqueste branco licor.
Finádome estó de risa,
Mosco, de lo que os pasó,
¡Que Mosco errando las ubres
hoy ordeñare un cabrón!
MOSCO
Mentís, no fue sino cabra.
BATO
Con más barba que un oidor.
(Sale DINA con unas botellas.)
DINA
Dura todavía el pleito
de que el chivato ordeñó.
MOSCO
Si fuera cabrón ¿qué leche
tuviera o comierais vos?
BATO
Comiera por vos, la leche
la perra que vos parió.
MOSCO
Arre allá, Bato, mira
que si me enojo, que soy
un dimoño.
DINA
Henchid, aprisa
la bota, para el señor,
que aunque ésta se exprimió ayer,
no estará aún aceda.
BATO
No,
si el cabrón es primerizo
tendrá la leche mejor.
(Danle la bota y vanse BATO y MOSCO.)
DINA
Extrañas cosas anoche
pasaron al rey de Azor,
dando a tan varios enredos
mis engaños ocasión.
Mas aquí viene Vigote,
a quien la cadena dio,
juzgando que era Jael
por su disfrazada voz.
Diome cuenta del suceso
mas de la cadena no.
Él, demás de ser bellaco,
es un gentil socarrón.
Escena XIII
Sale VIGOTE.
VIGOTE
¿Hay azotes por acá? porque la
otra vez, por Dios,
que aquel tronco fue mi amigo,
sin querer le abracé yo.
DINA
Si el rey sabe que tú fuiste
quien la cadena le hurtó,
te ahorca; mejor será
repartirla entre los dos.
VIGOTE
¡Oh qué bobilla es la Dina!
¿Quién la cadena mentó?
Azotes, dije; si quieres
verás qué lindos los doy.
DINA
Pues, ¿a qué vienes? cuitado.
VIGOTE
¿A qué? A pedirte un favor,
hoy que salgo a pelear
con el hebreo escuadrón;
del paroxismo mortal
ya Sísara se alentó,
que, pálido y asombrado,
hace tripas del temor;
mas los dioses quieren hoy
que estos judigüelos mueran
a manos de su valor.
Docientos te he de traer
cautivos, de ellos dispón:
uno para tu escudero,
otro para tu bufón,
otro para maestresala,
otro para ser cantor,
otro que sea portero,
otro que sea limpión,
otro que barra la casa,
otro que friegue el perol,
otro que ande en la cocina,
otro que sople el fogón.
Ve contando hasta docientos,
mira no haya algún error;
otro que te haga la barba
cuando creciera el vellón,
otro que el cojín te lleve,
otro que…
DINA
Calla, hablador.
Mira que viene Jael,
y presumo que nos vio.
VIGOTE
¿Qué dices?
DINA
Vete, que sale.
VIGOTE
¿Sale ya?… Afufón.
(Vase.)
Escena XIV
Sale JAEL.
JAEL
¡Oh! ¡cómo tarda mi esposo!
En mi amante corazón
siento no sé qué desdichas,
que adivina mi temor.
DINA
Notable melancolía
es tuya; ¿qué pasión
tan pesarosa te rinde
a tal tristeza?
JAEL
La flor,
que abrigada de las sombras
de la noche, se durmió:
aunque la pueble de aljófar
el matutino candor
y afeiten copos de plata
su rozagante arrebol,
siempre, Dina, yacen tristes
su vanidad y primor,
mientras con amantes rayos
no la galantea el sol.
Yo soy flor y el sol Cineo:
es precisa mi aflicción
y mi tristeza forzosa,
mientras no le ve mi amor.
DINA
Dos días ha que Cineo
de tus ojos se ausentó.
JAEL
¡Amor los cuenta más bien!
Dos siglos, Dina, ellos son.
DINA
Si quieres que te divierta
por un instrumento voy
en que cantarte.
JAEL
Pues, ve.
Mas, ¿qué bélico atambor
alborota con sus ecos
la diáfana región?
(Tocan cajas y trompetas de guerra.)
DINA
El ejército de Israel
baja del monte Tabor,
y el cananeo le espera
con más potente escuadrón
que las arenas del golfo,
que los átomos del sol.
JAEL
Dar quieren ya la batalla;
ven acá y verémoslos
de este repecho. ¡Dios mío,
salga Israel vencedor!
(Suben a un montecillo.)
Escena XV
Al son de cajas y clarines salen SÍSARA y sus soldados, en orden de acometer, con
espadas y rodeles. Bajan por el monte, BARAC, JOSÉ y los hebreos de la misma suerte
hasta que están frente a frente los ejércitos; en el teatro están tocando cajas y clarines.
BARAC
¡Bárbaro capitán, caudillo fiero,
que a Israel con pesado yugo abrumas,
toquen alarma ya, bulla el acero,
bufe el caballo, encréspense las plumas
que hoy verás a tu ejército guerrero
alzar, sangriento mar, rojas espumas,
pues te avisan que bajo a que se rompa
el ronco parche y la sonante trompa!
¿Viste torrente de cristal lucido,
que, espumándose en cándidos fervores,
arrasa, desde un monte despedido,
sus yerbas, plantas, árboles y flores,
si al formar un horrísono ruido
en los troncos que quiebra sus rigores,
asombrados entonces de la hazaña
se pasma el valle y tiembla la montaña?
Pues así yo de tu ira provocado,
pues así el pueblo de rigor cautivo,
así de tus injurias yo, irritado,
así el pueblo en tu ofensa vengativo,
así yo ahora en mi piedad negado,
así el pueblo a sus daños más altivo,
podremos hoy con espíritus valientes
romper tu campo y asolar tus gentes.
SÍSARA
¡Caduco general, viejo arrogante!
¿qué locura o delirio así te mueve,
a que en tus canas yo pise triunfante,
madejas de cristal, hebras de nieve?
Mas ya que, mariposa, es ignorante,
ese tropel que a mi valor se atreve,
hoy que a mi horrendo ejército le igualas,
serán cenizas las que fueron alas.
¿Viste el rayo brillar, sierpe de llamas
que, silbando, abortó trueno sonoro,
que ostentando centellas por escamas
dejó entre nieve y nieve la piel de oro;
al fresco almendro, que en sus verdes ramas
de diamantes logró blanco tesoro,
hiriéndole con estallido ronco
le hace pavesas de la copa al tronco?
Pues así, de este alfanje al corvo rayo
asolaré feroz tus flores vanas,
si, almendro al decrépito desmayo
en vez de blanca flor, brotaste canas.
Veinte años ha que esta tragedia ensayo,
si de morirse todos tienen ganas,
yo más he muerto por distintos modos;
hoy mato esos diez mil y mueren todos.
BARAC
De tu arrogancia, bárbaro, me irrito,
SÍSARA
Yo haré que llores vanidad tan loca.
BARAC
Hable el brío.
SÍSARA
A las armas me remito.
BARAC
Yo también. ¡Toca al arma!
SÍSARA
¡Al arma toca!
Escena XVI
Vase la batalla, entrando y saliendo dos veces, y en la segunda CINEO con la lanza.
CINEO
Como yo no me hallaba con delito
hallé en mis guardas resistencia poca,
y rompiendo cadena y eslabones
vengo a vengarme desde mis prisiones.
Éste es el rey de Azor, que aquí se apea
de su carro… Matarelo…
(Salen LIDORO y el rey armados.)
JABÍN
Hoy el trofeo
es nuestro, pues mi espada le granjea.
CINEO
¡Muere, bárbaro!
JABÍN
Tente, Cineo,
que matar a un amigo es acción fea.
Soñé que me matabas.
CINEO
Ya lo creo.
LIDORO
Quita que le defiendo yo y soy valiente.
CINEO
¡Mucho más lo es quien su deshonra siente!
(Retíralos hiriendo. Baja del monte JAEL con DINA.)
JABÍN
Herísteme.
JAEL
¡Ay, Dios! ¿Qué veo?
Mi esposo es el que arremete
al rey Jabín, que, herido,
ya las espaldas le vuelve.
DINA
Ya pelean los dos campos.
JAEL
Ya la batalla se enciende
y una ciega polvareda
el bajo viento oscurece.
(Suenan dentro truenos, ruido y granizo.)
Mas ¿qué horrible tempestad
movió el cielo de repente?;
parece que se desploman
los dos cristalinos ejes;
sobre el cananeo, sólo,
la piedra y los rayos llueven;
contra Canaán se conjura
la claraboya celeste.
Lanzas de cristal le arroja,
rayos le vibra la nieve.
De la tempestad huyendo
van las cananeas huestes,
porque el viento y el granizo
les da en los rostros y frentes.
Combátenles los hebreos
y con denuedo valiente
siguen, matan, atropellan,
cortan, rompen, postran, hieren.
¡Oh, cómo se tornan rojas
las florecillas silvestres!
Los campos inundan golfos
de fugitivos claveles.
Mas, vencido y destrozado
acá un caballero viene,
todo abollado el escudo,
y sin pluma el capacete,
llenas de lodo las botas
y de sudores la frente.
Escena XVII
Sale SÍSARA.
SÍSARA
Muerto vengo, de sed rabio,
hermosa Jael, pues siempre
tu belleza idolatré:
si es que amores se agradecen
hazme dar agua que muero
y mi espíritu fallece.
JAEL
No tengo una gota de agua,
sólo hay leche.
SÍSARA
Dame leche
que expiro.
JAEL (A DINA.)
Ve por la bota
donde guardármela sueles.
(Vase DINA.)
SÍSARA
Perdí todo en esta guerra;
los ya ganados laureles
la tempestad me turbó.
JAEL
Dios los hebreos defiende.
(Sale DINA con la bota y un vaso.)
DINA
Bebe del licor nevado
de este vaso.
JAEL
Toma y bebe.
(Bebe.)
SÍSARA
Volví en mí; mas el cansancio
me rinde. Si no te ofendes,
descansaré un poco aquí.
JAEL
Sobre aquella alfombra puedes
y aquel cojín recostarte.
SÍSARA
Si a buscarme alguien viniere
no digas que estoy aquí.
JAEL
No.
SÍSARA
Ya el sueño me entorpece.
(Vase.)
JAEL
Dejémosle descansar.
DINA
Hazle tú agora que sueñe.
(Vase.)
SÍSARA
(Habla entre sueños.)
¿Matarme, ingrata? Esto es,
el amar su propia muerte.
(Sale JAEL con un clavo y un mazo.)
JAEL
Hoy triunfa el pueblo de Dios
si le taladro las sienes;
este clavo se las paso
a Sísara, mientras duerme.
(Clávale las sienes.)
SÍSARA
¡Muerto soy…!
JAEL
¡Barac, victoria!
El pueblo judaico vence
que Dios quiere en sus contrarios
que mujer los atropelle.
Escena XVIII
Sale CINEO, ensangrentada la lanza, y traen desmayado y lleno de sangre al rey.
CINEO
Entrad aquí ese cadáver
en quien vengué los reveses
con que ofendía mi honor,
y esta lanza se ensangriente
en la cómplice también.
¡Muere, ingrata, muere, aleve
(Sigue a JAEL con la lanza y huyendo ella, tropieza CINEO en el cuerpo de SÍSARA.)
JAEL
¡Mira que no te he ofendido!
¡Esposo, señor, detente!
CINEO
Mas ¿qué espectáculo miro?
O ¿qué cadáver es éste?
Suspenso estoy.
Escena XIX
Salen BARAC, JOSÉ y soldados.
BARAC
Aquí entró
Sísara, ¿mas el rebelde
Cineo está libre aquí?
CINEO
Mátame, que aquí me tienes,
mas mi lealtad te diga
muerto el rey; para que pienses
que, cuando en mi casa al cuello
te puse el puñal luciente,
fue juzgando que eras él,
pues las venganzas crueles
de mi honor, le perseguían,
por sospechas evidentes.
JAEL
Pues a los dos satisfago
con decir que fingí siempre
amor a éste que maté,
por matarle solamente,
que en el camarín por eso
leíste los dos papeles.
CINEO
¿Y el retrato?
DINA
Fue mi culpa
y venciéronme intereses.
BARAC
¿Y el manto real?
CINEO
Yo le hurté
al rey que aquí ves: direte
lo que hay en eso, después
que me perdones clemente.
BARAC
Sois leales y sois nobles,
Yo soy el malo; engañeme.
CINEO
Perdona mis sequedades,
bella Jael, que, imprudente,
me arrebataron los celos
y no fue el indicio leve.
BARAC
amos, que con triunfo y palma
nos aguarda ya la gente.
De Jael es la victoria.
Triunfe Jael, pues le debe
Palestina sus trofeos
y Judea sus laureles.
(Llevan arrastrando a SÍSARA.)
CINEO
Señor, el rey no se lleve
así, porque fue mi amigo.
BARAC
Hazlo tú como quisieres.
(Vanse gritando, «¡Victoria! ¡Viva Israel!»)
Escena XX
Vuelve en sí el rey.
JABÍN
¡Oh, qué largo paroxismo
tuvo mi espíritu ausente!
Toda la sangre me falta,
pues en la campiña verde
nube de nácar llovió
sus líquidos rosicleres.
Aquí solo me han dejado.
¿Dónde está Cineo? Fuese.
Por muerto me dejarían
los hebreos; mas ya quieren
los dioses darme la vida,
porque mis agravios vengue;
flaco estoy, mas por librarme
será fuerza que me aliente;
ya estoy en pie, la cabeza
toda se me desvanece.
Guárdese de mí Judea
que guerras más insolentes
le depara mi venganza.
Áspid soy; víbora, sierpe,
que, ofendida, al que la pisa,
ponzoñosa el pie le muerde.
(Vase.)
Escena XXI
Sale el triunfo. Todos los soldados coronados de laureles y palmas en las manos. Detrás
JAEL en medio de CINEO y BARAC a caballo, con plumas y laureles; tocan cajas,
clarines y chirimías, mientras salen todos y puestos en el teatro cantan los MÚSICOS,
que también vienen en el triunfo.
MÚSICOS
¡Viva la hermosa Jael
que es con verdad peregrina,
claro lustre en Palestina,
gloria ilustre de Israel!
La femenil valentía
rompió a Sísara la frente,
Sísara fue la serpiente
y será Jael María.
BARAC
Ya la profetisa aguarda
con aplausos más alegres
TODOS
¡Viva, viva, viva!
CINEO
Y aquí fin tiene
esta sagrada historia
del amar su propia muerte.
El Doctor Juan de Espinosa
Medrano, aquél a quien debe
el Seminario Antoniano
créditos que lo engrandecen,
la sacó a luz, cuando era
colegial actual, y quiere
que le perdonéis las faltas
si en tal pluma caber pueden.
Huaina, Kari
“Yo era su juventud,
¿quiere él seguir siendo joven eternamente?
Como el viento vuelan los años,
pero la vida supera aun al viento.
Quedáos vosotros, yo me voy,
a acelerar mi muerte”.
«En vano me llamas,
¿debo seguirte eternamente?
La juventud de los jóvenes y de las muchachas
desaparece; y así también
tu juventud
te abandonará; los cabellos canos
son ahora tus compañeros,
ya se acerca tu muerte,
ya no preguntes por mí,
pues he enmudecido».
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