Poemas de Francisco López de Zárate

Poemas de Francisco López de Zárate

Poemas de Francisco López de Zárate (1592-1658), conocido como el «Caballero de la Rosa», destacado poeta y dramaturgo del Siglo de Oro español. Su obra se caracteriza por una transición desde la sencillez lírica hacia la complejidad del culteranismo, bajo la influencia de figuras como Lope de Vega.

Además de su faceta lírica, cultivó el teatro demostrando su versatilidad literaria. Su producción refleja una profunda preocupación por la perfección formal y los temas morales, consolidándolo como una figura clave en la digitalización y preservación de la literatura clásica y de la Edad de Oro.

Table of Contents

Ceniza, la hermosura

Átomos son al sol cuantas beldades

con presunción de vida siendo flores,

siendo caducos todos sus primores

respiran anhelando eternidades.

 

La rosa, ¿cuándo, cuándo llegó a edades

con todos sus fantásticos honores?

¿No son pompas, alientos y colores

rápidas, fugitivas brevedades?

 

Tú de flor y de rosa presumida,

mira si te consigue algún seguro

ser en gracias a todas preferida;

 

ni es reparo beldad, ni salud muro,

pues va de no tener a tener vida

ser polvo iluminado o polvo oscuro.

 

Desengaño en lo Frágil de la Hermosura

Pues que se muere con haber nacido,

siendo el ser tan a riesgo de la vida,

que el minuto menor es homicida,

de que el mejor cristal queda sentido,

 

mira que el golpe en polvo ya escondido

y la luz, con el polvo tan unida,

se halla más sepultada que encendida,

pues lo más della muere, habiendo sido.

 

Si es tu defensa nada (o vidro leve),

tan de acaso tu luz, para apagada,

que no admite esperanza por lo breve;

 

si la más cierta vida es la pasada,

de la presente ¿quién fiar se atreve?

¿Quién a más, si aun gozándola, es soñada?

 

A un Esqueleto

Tú, tú eres este mesmo, tú, si adviertes

a la fraterna unión que te apercibe;

que si no para sí, para ti vive,

pues en él te hallarás, si te diviertes.

 

Que una, aunque varias, son todas las suertes

que en el compuesto polvo el tiempo escribe;

ni ser rey ni plebeyo se percibe:

menos, o más, en eso te conviertes.

 

No huyas de temor, que no das paso

que no te lleve a ser lo que te espanta

y desprecias el bien de la memoria.

 

Humano sol, aquí tienes ocaso;

docto este bronce el tiempo te levanta;

monarca, esto es lo cierto de tu historia.

 

Poema de don Francisco López de Zárate seguramente escrito con motivo de la entrada oficial del Príncipe de Gales a Madrid en la primavera de 1623

                         -I-

Digno blasón de amor, cuyo trofeo

es más noble por ti, cuyo triunfante

carro se adorna ya con tu deseo,

enseñando al amor a ser amante.

Rémora fueras de la voz de Orfeo ,

si te viera en su afecto tan constante;

su admiración sirviera a tu alabanza,

porque lira, ni lengua, no la alcanza .

 

-II-

Angosto foso ha sido el océano,

para estorbar tu generoso intento.

¡Qué mucho, si Jacobo con la mano

borrascoso lo allana y calma el viento!

¡Qué mucho, si es él Júpiter humano,

cuyo reino del agua es firmamento!

¡Qué mucho, si es tu padre, que obedientes

viento y mar rindan a tus pies las frentes!

 

-III-

¡Qué mucho, alegre los besase Francia ,

reino que a tus imperios pertenece ,

cuando vencida la húmeda inconstancia

tu pie adoró, humildad que la engrandece!

Que, si no fue opresión de su arrogancia,

fue darte posesión de lo que ofrece

Dios a tu juventud, no a tu victoria;

que fuera a tu valor escasa gloria .

 

-IV-

De tu planta el Pirene coronado ,

a honor tan grande reclinó las peñas,

oprimido de ti, se vio encumbrado;

que aún con el pie la majestad enseñas .

Lo horrendo, en apacible transformado,

fue de tu ser, con su respeto, señas .

Pródigos los arroyos de metales

dieron dones con voces de cristales .

 

-V-

Admitióte, tan tuyo, como fuerte,

el indómito cántabro, que a España

es muro, es atalaya que la advierte

y asegura mejor que su montaña .

Humanarte pudiste, no esconderte.

Agrado tan supremo te acompaña,

que luce en ti ser príncipe encubierto

bien, como el sol, que vivifica muerto .

 

-VI-

Iban dando las aves a las fieras

noticia del que calma dio a Neptuno ;

que, saliéndote al paso lisonjeras,

ningún monstruoso horror te fue importuno;

que añudando las uñas las más fieras,

y hambre sufriendo con aliento ayuno,

postrándose, fierezas te rindieron,

y, en respetarte, racionales fueron .

 

-VII-

En alas de tu amor, en fin, viniste ;

aunque disimulado, no escondido.

Tú mismo de ti mismo aviso diste;

del que todo lo anima conducido .

Diote ojos la razón, miraste, viste;

que, a la imagen que estabas ofrecido,

almas en holocausto eran debidas ,

en quien se mejoraban ofrecidas.

 

-VIII-

Hallástete si príncipe en tu tierra

rey de las voluntades españolas;

que quien razón comunicó a la sierra;

como Hércules peligros prestó a solas;

tomó de Francia posesión, sin guerra;

calmó los vientos y fijó las alas;

de urbanidad afectos merecía.

Así, España pagó lo que debía .

 

-IX-

Dos mundos tienes ya ; Filipo  quiere

que entres de sus grandezas a la parte.

Filipo, a quien la luz del sol no muere ,

contigo se reparte, y nos reparte .

Humánate, a que España te venere ;

pues que te hace mayor el humanarte.

Antes que reines en las dos Bretañas,

pompa de rey te ofrecen las Españas .

 

A la rosa

Esta a quien ya se le atrevió el arado,

con púrpura fragante adornó el viento,

y negando en la pompa su elemento,

bien que caduca luz fue sol de prado.

 

Tuviéronla los ojos por cuidado,

siendo su triunfo breve pensamiento,

¿quién sino el hierro fuera tan violento,

de la ignorancia rústica guiado?

 

Aun no gozó de vida aquel instante

que se permite a las plebeyas flores,

porque llegó al ocaso en el Oriente.

 

¡Oh tú, cuánto más rosa y más triunfante

teme: que las bellezas son colores,

y fácil de morir todo accidente!

 

Soneto

Pues que se muere con haber nacido,

siendo el ser tan a riesgo de la vida,

que el minuto menor es homicida,

de que el mejor cristal queda sentido,

 

mira que el golpe, en polvo ya escondido,

y la luz con el polvo tan unida,

se halla más sepultada que encendida,

pues lo más de ella muere, habiendo sido.

 

Si es tu defensa nada ¡oh vidrio leve!

tan de acaso tu luz para apagada,

que no admite esperanza por lo breve;

 

si la más cierta vida es la pasada,

de la presente, ¿quién fiar se atreve?

¿Quién a más, si aun gozándola, es soñada?

 

Ceniza, la hermosura

Átomos son al sol cuantas beldades

con presunción de vida siendo flores,

siendo caducos todos sus primores

respiran anhelando eternidades.

 

La rosa, ¿cuándo, cuándo llegó a edades

con todos sus fantásticos honores?

¿no son pompas, alientos y colores

rápidas, fugitivas brevedades?

 

Tú de flor y de rosa presumida,

mira si te consigue algún seguro

ser en gracias a todas preferida;

 

ni es reparo beldad, ni salud muro,

pues va de no tener a tener vida

ser polvo iluminado a polvo oscuro.

 

Habla un amante a un ciego

Ciego a quien faltan ojos y no llanto,

envidio en tus tinieblas tu sosiego,

estímote feliz viéndote ciego

y de tus ciegas lágrimas me espanto;

 

¡oh si valiesen, si valiesen tanto

estos incendios en que yo me anego,

pues nacen llamas si cenizas riego,

que incendios con mis lágrimas levanto;

 

con pensión de la vida te fue dada

el alma, y a mi vista aborrecida

con pensión de que viva me es dejada;

 

tu ceguedad con la razón medida

ya que no sin dolor, queda aliviada,

¡ay del que está con ojos y con vida!

 

Después de una grave enfermedad en su mayor edad

¡Un año más, Señor, con tanto día,

y con minuto tanto, tanto, tanto!

¡Y en risa tan continua siendo el llanto

lo que incesablemente se os debía!

 

¡Perdidos lustros! Y la escarcha fría

(como ya en tiempo) ocupa sin espanto

la cabeza y el rostro, y el quebranto

desune partes que el vigor unía.

 

Casi al último polvo reducido

donde no habrá más paso, aunque la fama

lo pretenda en pirámide o coloso;

 

tan ya sin mí que estoy de en olvido,

tan ya no yo, que soy quien más me infama;

mostrad en mí el poder de lo piadoso.

 

A la aurora

Esta sombra del sol, si no primera

causa, principio y juventud del día,

luz de Dios que tinieblas nos desvía

y en la misma inconstancia no se altera;

 

esta que corre el velo de la esfera

y con efectos de beldades guía,

sirva para dormir con su armonía

o con respiración de primavera;

 

si acaso adormeciese los sentidos

con voz de pluma, resplandor de flores

de su llorosa risa documento,

 

a lágrimas de luz, quedad dormidos,

no os suspendan los ecos y colores

pues van juntos el llanto y el contento.

 

Pidiendo perdón a Dios

Soy quien más vuestra sangre a derramado,

de los que os maltrataron el más fiero,

de todos el mayor si no el primero

el que más en la cruz os ha clavado;

 

soy el que alienta a todo desdichado

por más torpe, sacrílego y grosero;

el lobo más atroz con el cordero

de su holocausto mal aprovechado;

 

esto soy, más constante en mi esperanza,

y no sin prendas de que sois piadoso

con vergüenza animosa piedad pido;

 

si el suspiro menor de vos la alcanza

póstrome si culpado, pesaroso,

¡acogedme por flaco o por rendido!

 

Considerando un sepulcro y los que están en él

No te mires a ti que te acompaña

si te das a tus ojos, el engaño,

mírate en el más propio o más extraño

que teatro admiró, venció campaña;

 

no como allá en el mundo aquí se engaña,

que es centro esta región del desengaño;

vuelve en bien cierto el aparente daño,

el pasmo inútil en divina hazaña.

 

De aquí si que consigue el ser dichoso

el que a lo cierto no a lo incierto mira,

pues le adorna lo eterno fastuoso;

 

de aquí el mortal a lo sagrado aspira,

tu temor convirtiéndose en reposo;

que para el vivo el que murió respira.

 

El autor a su cuerpo, poco antes de expirar

Este trono, este bulto a los clamores

de tanta exequia y sepultada vida,

pues la tuvo, gozándola, perdida,

deslumbrado en fantásticos honores;

 

este que siempre absorto en resplandores

fue estatua aunque terrestre, presumida;

ni a luz, ni a voz, ni a rayo estremecida;

horror aun asombroso a los horrores;

 

este ya incierta sombra y alma cierta,

racional interior con fondo vano,

viva esperanza y fe, caridad muerta,

 

que fue indigno del nombre de cristiano,

si vivo ha divertido, polvo advierta,

ya que en vano vivió no muera en vano.

 

A un esqueleto

Tú, tú, eres este mismo, tú, si adviertes

a la fraterna unión que te apercibe;

que si no para sí, para ti vive,

pues en él te hallarás, si te diviertes.

 

Que una, aunque varia, son todas las suertes,

en el compuesto polvo el tiempo escribe;

ni ser rey ni plebeyo, se percibe:

menos o más, en eso te conviertes.

 

No huyas de temor, que no das paso

que no te lleve a ser lo que te espanta

y desprecias el bien de la memoria.

 

Humano sol, aquí tienes ocaso;

docto este bronce el tiempo te levanta;

monarca, esto es lo cierto de tu historia.

 

A la asunción de María a los cielos

La en méritos, en gracia caudalosa,

mar abundante, de virtudes fuente,

en su ocaso tan luz como en su oriente,

tan sol selecto, como intacta rosa:

 

La en vida, en cuerpo, en alma gloriosa,

tuvo aun antes del ser a Dios presente,

porque no cupo en El estar ausente

de tal Hija, tal Madre, y tal Esposa:

 

La en quien halló la Trinidad esfera,

sublimación a paraíso el suelo,

alma salud la humanidad entera:

 

Roto ya de la tierra el triste velo,

y sembrada de flores su carrera,

sube a ser Reina del empíreo Cielo.

 

A la memoria del doctor Juan Pérez de Montalbán en su túmulo

Leerás, que yace aquí, porque está escrito;

y es, que el mármol usurpa la alta gloria

de Montalbán, debido a la memoria,

no de honor limitado, de infinito.

 

Si se observara el Egipciano rito,

de eternizar en pira en vez de historia,

Egipto fuera todo vanagloria,

que él dice, que no yace con lo escrito.

 

El se imprime en la Fama, y se coloca

donde, a ser tinta el Nilo caudaloso,

a su alabanza fuera tinta poca.

 

Pues él lo más por sí se constituye,

quien lo pretende hacer menos glorioso

a sus letras pirámides construye.

 

A San Isidro

Los campos de Madrid, Isidro santo

de espíritus angélicos sembraba,

cuando con Dios de sí se enajenaba;

¡o cuánto alcanza el renunciarse, o cuánto!

 

Los ministerios rústicos en tanto

el escuadrón celeste ministraba,

y él con piedad su indignidad lloraba,

siendo el ocio semilla, fruto el llanto.

 

¿Qué mucho que sembrase, que cogiese

con ángeles, con Dios, y agradecido

anticipado pródigo tributo.

 

Que Diciembre de Agosto le sirviese,

teniendo el cielo al campo reducido,

sembrando aquí sus lágrimas el fruto?

 

Objeto a Describir

Aquel bulto de monte con semblante

de quinta esfera y luz de firmamento,

de fábricas eternas documento,

fiel sustituto del caduco Atlante.

 

Luciente con el sol sin el tonante,

de cielo y tierra unión con ornamento,

de día alcázar fue del Dios sangriento,

de noche habitación del fulminante.

 

Edificóle celo Religioso,

que pudo aventajando las verdades

reducir a verdad lo imaginado.

 

Y bien que lo formó de eternidades,

mostrándose dos veces poderoso,

hízolo todo parecer pintado.

 

Al Agua Fuerte

Brota diluvios la soberbia fuente,

más piadosos que el cielo para Egipto,

cuando el piélago en ondas infinito,

aun su misma ribera no lo siente.

 

Multiplican mis ojos tu corriente,

contra la fuerza del celeste rito,

pues cuando abrasa el Sol todo el distrito,

de sus márgenes pasa la creciente.

 

Hiriendo el Sol las encumbradas sierras,

que al Nilo se derraman en tributo,

vuelven a ser fructíferas las tierras.

 

En mí, causa mi sol el mismo efecto;

mas ¡ay, que son lágrimas sin fruto,

pues con ser agua, queman en secreto!

 

A la lanza de Cristo

Salve rayo de luz, que Dios no sabes

el Alma casi, pues con honda herida

penetraste al tesoro de la vida,

rompiendo puertas y supliendo llaves.

 

Ya se permite que tu hierro alabes,

pues quedaste manchada, no teñida

en luz, que fuente fue pareció herida,

para que viva yo, tu culpa laves.

 

Como el sol, cuyos rayos transparentes

según la división de las Regiones,

a un tiempo da el Verano, y el Invierno.

 

Tú causas dos efectos diferentes,

pues hiriendo de amor los corazones,

estas dando lanzadas al infierno.

 

El autor hablando con Dios después de una enfermedad

Tantas, tantas, Señor, tantas las veces

de tu piedad y tanta la porfía,

de obstinación, que no la llamo mía,

de vergüenza, que tú no la mereces.

 

¿En qué noche, en qué instante no amaneces

a los que saben conocer el día?

que aun en vil error tu diestra envía

pues con lo mismo alumbras que estremeces.

 

Alumbras, mas en ojos incapaces

de resplandor divino la luz ciega,

como a nocturnas aves el sol claro,

 

los míos de tu lumbre sean capaces,

no venga a ser, o no, para mi ciega,

ni pueda más mi culpa que tu amparo.

 

A la pura y limpia concepción de Nuestra Señora

Quien hay que con soberbia desbocada

y de luz racional inadvertido

cuando padece el sol recién nacido

ose decir la Aurora está eclipsada.

 

O humanidad de Dios calificada

con la razón, descanso del sentido

que osado en el dudar crisol ha sido

pues deja la verdad purificada.

 

Mirándote los ojos, no te vieron,

o por querer con presunción humana

sondar misterios que la fe apadrina,

 

porque por ver, sin adorar, quisieron

reconózcante Aurora soberana,

toda tu humanidad verán divina.

 

A la obstinación en pecar causa de todos los daños

Cuán vecinos estamos a la muerte,

pues se oponen estorbos a la vida,

que el médico sirviendo de homicida,

con venenos antídotos pervierte.

 

O tú, sólo en causar dolores, fuerte;

la cura alarga, sanarás la herida

que la salud universal perdida

al más robusto, de su fin advierte.

 

Si es pacto de dar gozos al Infierno,

por deshacer la imagen que le altera,

intento, en que se vale de tu mano.

 

Mira feliz la muerte en mundo eterno,

pues con tener, a quien matar, viviera

mas a la rabia se persuade en vano.

 

Excusándose un amante de no haber mirado a su dama, por el recato de un templo donde fue avisado que fuese a verla

Al que una vez miró tan encumbrado,

ojos podrán quedar, ojos, no vista;

que no hay quien a lo empíreo se resista,

si, como debe, eleva su cuidado.

 

Queda tan en lo digno transformado,

por tan blasón, en fin, de la conquista,

que no reserva parte, que no asista

a su elección, de sí todo privado.

 

Veros en mí, Señora, es el decoro,

necesitarme más, fuera ofenderos,

una vez vista, y tantas adorada.

 

Siempre os contemplo en mí, donde os adoro,

y sobrándome el Alma, donde veros,

Sagrario sois en mí, si en vos sagrada.

 

A Filis habiéndose quebrado el espejo

Quebrase el consultor de tu hermosura;

porque no le quedó que ver con verte,

ni más felicidad que obedecerte;

ay del que no la alcanza, y la procura.

 

Que vida, Filis, estará segura

del golpe vivo de tu vista fuerte,

si el intérprete claro que te advierte

con tu forma, de ti, no se asegura.

 

Aun puedes más, que matas con los ojos;

que alcanzan a ti misma los desdenes,

dando a quien te retrata sentimiento.

 

Suelen templarse en el cristal enojos,

y tú le despedazas; porque tienes

natural, por lo dulce, más violento.

 

Al rigor de Filis con alusión a Anaxarte convertida en piedra

Filis si bien no tiene tu hermosura

ejemplo, que temer, por soberana;

en Anexarte, con la parte humana,

que no hay advierte ingratitud segura.

 

Mas no la mires cuerpo, y alma dura,

que harás, si empedernida, no te humana,

la imagen del divino asombro vana

y temo se duplique la pintura.

 

Por redimir el riesgo tus desdenes,

de hoy más, tendré mi pena por gustosa,

será tu culto de mi gloria esfera.

 

Ablandarte, cuanto de mármol tienes,

bien que en toda otra forma rigurosa

menos que hacer mi adoración tuviera.

 

A lo que Eres

Filis tú te concede a tu alabanza

que todo Apolo no es bastante aliento,

tú que eres plenitud del pensamiento,

y límite a los siglos de esperanza.

 

Lo mejor de la vida en ti se alcanza,

ya no hay a que vivir, último intento

eres al más sublime entendimiento

la misma perfección tu semejanza.

 

Si es premio de virtudes la belleza,

aun te es deudor el Cielo, y la es gloriosa

la deuda, tanto a la mejor se inclina.

 

En ti se mejoró naturaleza,

si por obligación eres hermosa,

por fuerza noble, por razón divina.

 

Al Llegar a Ti

Filis pues la ocasión de venerarte

no puede ser mayor, aunque me impida

la enfermedad el ilustrar la vida

con ir a verte, sóbrame el amarte.

 

La dicha de ser visto y de adorarte,

gloria que debe ser tan pretendida,

por excesivo honor fuera homicida,

sino me reparara el contemplarte.

 

Reza y con razón favorecido,

grande bien, más que excede a mi flaqueza

que dice tu milagro con decoro.

 

Si en amar es más fuerte el más rendido,

defecto fuera en mí la fortaleza,

que para más deberte, más te adoro.

 

Para Quienes Saben Amar

Quien ama y a su Amor no está presente,

mal podrá tolerar tan triste vida,

mal; porque siendo tan mortal la herida

la muerte alivia, y el dolor se siente.

 

Si ausentarse es morir, forzosamente

ausentándome he sido mi homicida;

pues quien no morirá que se despida,

si nadie vive con el alma ausente.

 

Muere la vida a manos de la ausencia

de muerte natural, y el sentimiento

se sustenta de amante inteligencia.

 

Y no puede morir, porque el tormento

en la parte mortal hace asistencia,

la vida sí, que no está en su elemento.

 

Un amante con dos damas en una borrasca, sobre si siendo fuerza echar una de ellas en el mar, sería la amada de él, o la que le amaba

Ofender a quien ama, villanía,

a quien amo, ni a monstruos se concede,

que esto ni proponerse, ni se puede,

porque lo deliró la fantasía.

 

Por lo justo no incurre en demasía,

el que al rigor más grande se concede,

justo es verter, si la ocasión sucede,

la vida al mundo por salvar la mía.

 

Que aquel peque infeliz en loco, o fiera,

apensionóle en fin la humana suerte,

que nos condena a todo lo posible,

 

este ni hombre, ni loco, o bruto fuera,

que nadie a su Alma puede dar la muerte,

ni reducirle el caso a lo imposible.

 

Observando lo que debería ser el ascenso de cada quien

Que son catorce siglos a quien ama

que la perpetuidad del edificio,

de quien sólo la edad es precipicio,

que humilla Atlantes, Caúcasos derrama.

 

Cuanto vive el retrato de la llama

con que aplaude a la muerte el necio

osando con desprecio y artificio

maquinar vida, suponiendo fama.

 

Que cuanto ofrecen siglos a deseos,

cuanto vive la vida, si la muerte

en todo lo que el tiempo tiene parte.

 

El tiempo morirá, y a los trofeos,

que él rinde, vengará mi firme suerte,

pues, como premio, anima el adorarte.

 

A una señora que mató un venado fíngese que era Anteo premiado en astro por amante

Honesta Venus, o radiante Palas,

digan de vos y números de Orfeo

que sin con agua o con desdén Anteo

se vio monstruo o volador sin alas.

 

Tu suprema Deidad no sólo igualas

excedes a Diana en el trofeo

pues al que por curioso volvió feo

en orbe fijo círculo señalas.

 

No cabe pena bruta en los amantes

ni en quien de celestial los grado llena

castigar las finezas por constantes.

 

Quien juzga pues, que tu matar, fue pena

recele en sí tus manos fulminantes

que honra los monstruos, la deidad condena.

 

A Su Majestad que mató un toro que había vencido a las demás fieras

Duplicose ya el Tauro, que tu mano,

ilustrando las vidas que desata,

califica con Astros cuanto mata

a imitación del ínclito Tebano.

 

Como con él, en luz el cielo ufano

queda con tu blasón, pues lo retrata

en su zafiro con radiante plata,

corona digna de Monarca Hispano.

 

Con lo divino sus aciertos mides,

siendo en honor de todo tu alabanza,

pues aún la herida de tu mano es gloria.

 

Si la luz, premio del valor de Alcides,

una fiera postrada de ti alcanza,

qué, quién, no envidiará ser tu victoria

 

Al Rey Nuestro Señor en ocasión de haber entrado en un juego de cañas

Ya rijas, ya depongas el tridente,

siempre se muestra en ti lo soberano;

que es grande para oculto el Océano

de luz en tus virtudes transparente.

 

Si por la Majestad más eminente,

del mundo el freno se le dio a tu mano;

que mucho que en el círculo troyano

de tu Deidad sea título tu frente.

 

No puedes ser más Rey, ni más divino,

que son divinidades tus acciones,

y el Sol aún tu corona no rodea.

 

El valor y el acierto en ti es destino,

a tu sangre aún se deben más blasones,

pues tienes menos de Austria, que de Astrea.

 

La Reina Nuestra Señora a Su Majestad en ocasión de haber muerto en El Pardo un javalí, que el día antes le huyó

Desconoció tu esfuerzo, en tu belleza

el jabalí primero fugitivo,

tan furioso, que muerto, es miedo vivo,

mostrando con su horror, su fortaleza.

 

Blasón de Alcides, blanco a su destreza

pudo ser por lo rápido y nocivo;

no se viera en estrella tan altivo,

como a tus pies postrada su fiereza.

 

Por Adonis teniéndote, y por Marte,

respeta al uno, contra el otro osara;

mas estímate flor y no se altera.

 

No fue bruto en morir, pues fue alabarte,

hoy como si Belisa lo juzgara,

murió a tus manos racional la fiera.

 

Al Rey Nuestro Señor exhortación a salir en campaña este año de , aludiendo a lo que en el principio de los Macabeos dice de Alejandro

Águila Austral, que desde el Solio Augusto,

aun sin batir, con desplegar la salas,

al Griego, Magno generoso igualas,

siendo el mayor Monarca, por lo justo.

 

Sal del trono pacífico al robusto

pues, como a Venus te acaricia Palas,

que si fuesen de amor flechas tus galas,

será tu espada, aun del espanto susto.

 

Ya con temblor la tierra absorta miras,

como que adora en ti la paz que espera

su postración sirviéndote de gloria.

 

Tanta deidad con el valor respiras,

tanta, que el más rebelde te venera,

haciendo de rendírsete victoria.

 

A la espada que ha de ganar a Jerusalén presuponiendo que la de Su Majestad

Sacro metal que en fragua celestiales

iras te dan de rayo los cercanos

espíritus a Dios, de cuyas manos

has de mostrar en el herir señales.

 

Temas, sientan los Monstruos infernales

tu virtud, tus efectos soberanos

no hallando sus Plutones y Vulcanos

contra tu fuerza escudos en metales.

 

Baja a la tierra, ven, que ya te espera

Rey Español a quien el cielo ha dado

por destino fatal tan alta gloria.

 

Mas ya llegaste, ya, pues reverbera

en la que ciñe el celestial cuidado,

así como en su celo la victoria.

 

En el alumbramiento de la Reina Nuestra Señora de un infante

Belisa, duplicándose, previno,

ser del fruto esperado precursora,

la nueva flor; como del sol la aurora,

de la aurora el lucero matutino.

 

Y al modo del pintor, que un peregrino

ejemplar, de él valiéndose, atesora;

no suspende el retrato, del que adora,

mas presto amor responderá al destino.

 

Que ya ofrece los frutos en la flores,

como el incienso universal procura,

con fervorosas hondas elevado;

 

apréstensele en víctimas honores,

pues con seguras prendas asegura,

que ha de dar a Fileno duplicado.

 

A la entrada en público

Entra Carlos invicto, que te espera

con triunfo y aras al concurso Hispano,

ya por ti asombro del blasón Romano,

pues de tan claro sol es digna esfera.

 

Tu Majestad, que oculta reverbera,

alumbre al Español, como al Britano,

vibre tu frente luz, como tu mano,

que ser la del tonante Dios pudiera.

 

Mayor te manifiesta, que en la Fama,

pues si bien lenguas ocupó en ti sólo,

más tus virtudes que sus voces fueron.

 

Entra, admírete el pueblo, que te aclama,

por retrato de Júpiter, y Apolo,

en lo que más divino parecieron.

 

A Pedro Pablo Rubens famoso pintor flamenco

Rubens que elevas con lo dulce, espantas

cuando acciones aplicas a furores,

siendo tan soberanos tus primores,

que aun en plumas finges, tu honor cantas.

 

Rayo de sol es tu pincel, que plantas

casi con su fragancia vivas flores,

vistiendo las Historias de colores

memoriosas pirámides levantas.

 

Sólo te falta ser lo que no puedes

Deidad, cuyo poder no se limita,

porque animas las sombras, que deseas.

 

Tan cerca estás de Dios, que le sucedes,

pues cuerpo sabes dar a las Ideas,

que en ti, como en su mente, deposita.

 

Al Licenciado Pedro Díaz de Ribas en la defensa que hizo de la Soledades y Polifomo del famoso don Luis de Góngora

Si la envidia, sabrosa en su malicia,

igualar pudo con Apolo a Homero,

manifestando más lo verdadero

del profundo caudal con su avaricia.

 

El que de nuevo Homero da noticia,

mostrando no ser tanto, aunque primero,

quien cantó a Ulises sabio, a Achiles fiero,

mayor bronce o título codicia.

 

Ribas de altos oráculos voz cierta,

se aplica a sí, y reparte calidades

de inmortal, tanto el cielo el saber ama.

 

Con gloria cierta de opinión incierta

pirámides levanta en soledades,

en cíclopes colosos a su fama.

 

A don Francisco Velázquez, caballero muy virtuoso, que escribió un libro de esfera en que era docto y en las matemáticas doctísimo

Tú, que docto en virtudes, y en esferas,

aclaras, en la sombra más oscura,

la humana, la Divina arquitectura,

tan sobre lo mundano consideras.

 

Muestras los orbes, que gozar esperas;

bien tu libro, y tu vida lo asegura,

que como el Alma en penetrar es pura,

la ciencia, en dar noticias, verdadera.

 

Cuanto cabe en discurso, y vista humana,

vemos en tu doctrina, o se percibe,

de aquello eres razón, de esto medida.

 

Lejos, lejos huid, turba profana,

que por aquí se va donde se vive,

ya se mire a la pluma, ya a la vida.

 

En alabanza de doña Ana Egas que escribió de Felipe

Cipreses, cedros, mármoles, metales

a las más sabias manos remitidos,

bien que dejen los ojos advertidos,

padecerán la suerte de mortales.

 

Los títulos, y dones celestiales,

el informar del tiempo a los oídos,

el pasar la región de los sentidos,

sustituyendo el cielo a los anales.

 

Bien que corone por su mano al justo,

a Anarda se remite, y de su plectro

la gloria de Felipe el santo fía.

 

Por ella es más que por imperio Augusto

pues muestra con la pluma, que su cetro

de reyes ley de súbditos es guía.

 

A don Fernando de Viedna en la vida que escribió de Alejandro

Si para vida hazañas emprendías

tú, a quien, cuanto no es magno, vino estrecho,

y cabiendo los orbes en tu pecho,

liberal los ganabas, y vertías.

 

A tus cenizas nunca, nunca frías

bien que en helado mármol y deshecho

construye, de los siglos a despecho,

Viedma aun Pira mayor, que pretendías.

 

No estatua en Athos, monumento en vano,

trompa mayor, que la de ti envidiada,

que a su estilo no hay fuerza que consuma.

 

Tu propia Idea se prestó a su mano;

pues si medida al mundo fue tu espada,

de tu vida, y tu fama lo es tu pluma.

 

Dedicado a quien no quiso comprender una explicación sencilla y hubo que aumentársele con datos mayores

Tú que el asunto con virtudes llenas

y el volumen inmenso de la vida

con ellas reduciéndola a medida

cabiendo en ti lo que en el mundo apenas.

 

Tú que la edad precipitada enfrenas

con tu pluma y gobierno suspendida

pues con ella la dejas advertida,

como por ley con este nos condenas.

 

Sólo ya te compite lo que escribes

siendo tu tinta luz, tu vida ejemplo

tan duplicada eternidad te llama.

 

Pues por ti con razón dos veces vives

de ti de hoy más se encargará la fama

no para adorno tuyo, de su templo.

 

A una difunta hermosa, su esposo

No el poder de la Parca en ti se mira,

que tu ya puesta luz, como en estrellas

se queda el Sol, en perfecciones bellas

si antes viva admiró, difunta admira.

 

Más amante, que esposo, te suspira

el que te solemniza con querellas,

que tu ceniza envuelve sus centellas,

y en su pecho tu rostro las respira.

 

Bien que se cierra el Cielo con tus ojos,

con mayor fuerza dejas a la muerte,

pues de beldad ninguna estás desierta.

 

De la vida por ti goza despojos,

quedando tan equívoca la suerte,

que está vivo el amor, la muerte incierta.

 

En muerte de don Diego de Contreras, el consejo

O tú, el mejor Solon, o Numa, vierte

lágrimas, de la pérdida asombrado;

o bien con tanto ejemplo no exhortado;

que el sabio saca vida de la muerte.

 

Este, que fue, por lo piadoso, fuerte;

no cedió, no, a la vida, sino al hado;

si es de ti encarecido y no imitado;

tú eres aún más cadáver. pus te advierte.

 

Con apariencias de mortal vivía,

prometido a la fama, en que reposa,

dictando leyes con clemencia al suelo.

 

En su capacidad sólo cabía

el Alma aun en el cuerpo más gloriosa,

porque se hallaba en el, como en el Cielo.

 

En muerte de la serenísima infanta María

Felipe, si los ramos deseados

corta el Cielo por mano de la muerte,

no corta no, cultiva, nos advierte

que se obliga a volvernos duplicados.

 

El duro Invierno agostador de prados,

cuando ofende los árboles de suerte

que consume aun el nombre del más fuerte,

da esperanzas de frutos sazonados.

 

Tu perdida primicia fue del suelo;

pues te da tanto que esperar en ella,

déjate consolar del desconsuelo;

 

que Mayo no es Enero de las flores,

quien esta supo reducir a estrella,

cumplió esperanza dándolas mayores.

 

Para una Fortuna que no Cualquiera Merecía

Cuanta hermosura cupo en los humanos,

y adornó las virtudes, voló al Cielo,

dejando lleno de otra igual el suelo,

estrecho a dos Tesoros soberanos.

 

Adviertan lo que adoran los humanos,

les servirá de resplandor el hielo,

porque la luz mayor, corrido el velo,

tiene ocaso en crepúsculos cercanos.

 

La que llenaba el mundo duplicada

en nuevo sol a soberana esfera

con alas de sus méritos sucede.

 

O tierra, patria angosta y limitada,

que es fuerza, si uno nace, que otro muera,

porque no hay quien sin pérdidas herede.

 

No son los deberes del cielo, iguales a los deseos de los mortales

Fabio si el Cielo obligación tuviera

a aquellos, que le deben el talento,

deudor de vuestro raro entendimiento,

deudor de vuestro justo celo fuera.

 

De acción, que por sí sola se exagera,

en vos mismo tenéis merecimiento,

y así, donde, no alcanza el pensamiento,

como puede volar pluma grosera.

 

No debe el cielo lo que da, mas hace

deuda propia de propio beneficio,

y de pagar, sin ser deudor, trofeo.

 

De sí mismo al ingenio satisface,

y como, del más puro sacrificio,

se permite adeudar de tu deseo.

 

La búsqueda incómoda que debería dar frutos positivos

Retarte a quien se deben alabanzas

mayores cuanto menos pretendidas

pues con tenerlas todas merecidas

te persuades que ninguna alcanzas.

 

Parécense a tus mismas esperanzas,

pues con tenerlas casi conseguidas,

como mérito propio las olvidas

asegurando en trémulas balanzas.

 

Si al deseo común correspondieran,

premio de las virtudes, beneficios;

fueran los merecidos, no contados.

 

Por ti, en todos los ánimos se hicieran,

y casi aun a ti mismo, sacrificios,

y fueran repetidos, y acertados.

Poemas de Francisco López de Zárate

Aquello a lo cual temer sí no se aprende a ser como, se supone, correctamente debería comportarse un ente de bien

No de donante diestra tan furioso

rompiendo cielos baja el rayo horrendo

no tanta luz su luz, terror su estruendo

reparte al ciego, infunde al religioso.

 

Cuanto terror y luz, Cisne glorioso,

cuanto furor animas descubriendo

iras de Jove y de su horror tremendo

amenazado el impío en el piadoso.

 

Tiembla a tu ardiente pluma el obstinado

ya tus números vota, como a templo,

gratitud noble de impiedad confusa.

 

Deponga rayos Júpiter airado,

y el asombro remita y el ejemplo

al numeroso rayo de tu Musa.

 

Conseguir a una mujer que por fin inspire las mejores palabras y guiaturas

Hermosa es lo de menos con ser tanto;

que a tu virtud es deuda la hermosura,

tan naturalizada la cordura,

que viene a ser de admiración espanto.

 

Debe a tu perfección la envidia llanto,

que a su aspereza vence tu blandura,

y aunque el mérito propio te asegura,

¡o cuánto a tu beldad se opone, o cuánto!

 

Opóngase Violante que vencida

como de tu virtud, de tu belleza,

quedará para estatua de tu gloria.

 

Aunque puedes matarla, dale vida;

que ella misma dirá tu fortaleza;

pues adorno será de tu victoria.

 

A una fuente

Esta fuente, que ves, líquida Aurora

de esmeralda, y cristal, de plata, y flores

tiene mucho de sol, pues de colores

adorna el pecho y la cabeza a Flora.

 

Azis con ella comparada llora,

cual si recientes fueran sus dolores,

todas destilan penas, esta amores,

que Celia con sus ojos la enamora.

 

Ni su licor se agosta, ni se invierna

su margen; relación del Paraíso,

por ser, en todo lo apacible, eterna.

 

Aunque en ella más ciego se mirara,

o bien con ojos de águila Narciso

su loca sed. con justo ardor, templara.

 

En ocasión que un rayo mata a don Miguel de Guzmán el Bueno, hijo segundo del Excmo. Señor Duque de Medinasidonia, sin ofender a un esclavo turco que le acompañaba y después se convirtió

Teme el fuego abreviar últimos plazos

de vida al mundo, y sepultar las gentes,

teme el aire anegarse con torrentes,

o verse preso con fogosos lazos.

 

Los mares temen cielos a pedazos,

o muerte será en círculos ardientes,

las tierras temen piélagos pendientes,

ondas de vientos, fulminantes brazos.

 

Sólo no teme el Bárbaro que opone

sombra a luz, flecha a rayo, tierra a Cielo,

y el Católico a miedos le convida.

 

Perdona el cielo a aquél, porque dispone

su enmienda, y a éste, en premio de su celo,

le pasa de mortal a inmortal vida.

 

A Tifeo con alusión a un soberbio

O tú dentro del túmulo Gigante

que horrendo aunque oprimido de montañas

haces, bien que en tu misma ofensa dañas,

armas del peso, espanto del semblante.

 

Tú que con pecho horrores anhelante

pirámides silvestres desentrañas

y queriendo asombrar al sol te engañas

pues quedas fulminado fulminante.

 

Las piedras con que monte das al viento

el humo con que nieblas a la tierra

sólo cenizas son, es humo sólo.

 

Tus mismas confusiones tu elemento,

para el cielo fantástica tu guerra,

los rayos son de Júpiter y Apolo.

 

Copia del Babilónico tumulto

irracional en las informes voces

tan legas que tú sólo las conoces

a ciegas docto, y tan certero a bulto.

 

Varón dificultoso por lo inculto

tus desalmados versos tan atroces

son, que sin pie sus números dan coces

que en esto eres el Arcade más culto.

 

Tú, tú, retú, que turbas la sincera

verdad, riscoso haciendo el fácil verso,

que produce la Vega de Pactolo.

 

Si por tu estilo todo se rigiera

redujérase a Caos el universo

fuera sombra la luz y ciego Apolo.

 

Dar sustento a la envidia es noble hazaña

porque si ella pecando en su flaqueza

equivoca la acción de fortaleza,

su maliciosa calidad no extraña.

 

No en lo imperfecto lo perfecto daña

como de superior naturaleza

el de origen oscuro en la nobleza

halla blanco a las flechas de su saña.

 

Das tanto que alabar que no pudiendo,

como el que hace enemigos obligando,

te niega la virtud quien no la siente.

 

Quien más la arguye más la está diciendo

pues muestra su flaqueza no imitando

y así por envidioso es maldiciente.

 

A lo mismo

El que de ardiente ceguedad regido

en alas de su llama apresurado

iba a ser sacrificio de su agrado

muy de la parte estaba de su olvido.

 

Como del incendioso arpón herido

de sí desconocido en su cuidado

reconociese en un cristal helado

y a su vergüenza espejo fue advertido.

 

Vio la azucena presidiendo al hielo

por casta de sí misma coronada

nevando el aire de fragancia preso.

 

Honestose a su luz, o luz del cielo

que con hielo encendiste el alma helada

y helaste con ardor la llama impresa.

 

En alabanza del libro que el Dr. Soto, muy docto y virtuoso, natural de Granada, imprimió a una dama llamada Fénix y en alabanza de ella

Fénix laureada, con la voz sonora

del Cisne sacro, que en Genil se baña;

a quien Griegos milagros debe España,

pues lo insensible anima, y enamora.

 

Cuando al son de tu afecto canta, o llora,

se mueve la más sólida montaña,

tan fácil tus cadencias acompaña,

que a ti se humilla, en fe de él te honora.

 

¡Iguales, o felices! pues él llega,

por ti a ser inmortal; tú por su objeto,

a que su Fénix traza el Occidente.

 

El pudo dar, aún lo que el cielo niega;

pues, por los singular grande, perfecto,

hizo dos Fénix, o al ocaso Oriente.

 

A don Gabriel Bocangel, que escribió con excelencia la Fábula de Leandro Primero

¿Es de Amor pluma, o flecha de su aljaba,

Bocangel, la que exprime sus afectos?

Pues las pasiones reduciendo a objetos

se eterniza por ti cuanto se alaba.

 

El que a Alcides quitó la horrenda clava,

y vence los varones más perfectos,

siente de tu ingenioso Marte efectos,

rindiéndote el poder con que reinaba.

 

Como en el bronce, escribes en la espuma,

en que el furioso Ponto se convierte

de quejas amorosas impelido.

 

Que en virtud de la gracia de tu pluma

de Ero, y Leandro es vida el mar, no muerte,

tus Pirámides son Sesto, y Abido.

 

A un discurso que hizo la señora Ana Egas de Figueroa, alabando al Señor Felipe III, Nuestro Señor de gloriosa memoria

La verdad lo escribió, dióle la pluma

unos dicen Apolo, otros la Fama;

Apolo fue el que Scytha, y Belga inflama

que a Felipe veneres como a Numa.

 

La fama fue; pues en tan breve suma

con tan heroicos títulos le aclama,

que no hay respiración de hierro, y llama

que en sus glorias el tiempo no consuma.

 

El Panteón más alto, el más sublime

título de inmortal es el que admiras,

milagro a vista y manos reducido.

 

¿Quién vio contra la edad constante muro?

Aquí donde veneras cuanto miras

está el papel en bronce convertido.

 

Soliloquio Con Dios Nuestro Señor

Que breves que son las oras

Dios mío que estoy con vos

las que paso yo conmigo

que tristes i largas son.

 

Mide las mortales vidas

el tiempo fiel relox

minutos breves al gusto

siglos tardos al dolor .

 

En el alma que no muere

no influye clima inferior

que la abraza i llena solo

con circulo inmenso Dios.

 

Mientras obserba constante

las leies de la razon

aun vive el tienpo que pasa

que es su vida superior .

 

Tan superior que no puede

el que principio le dio

que ella viva menos que el,

tanto a su ser la igualó.

 

Alma ilustre pues ya tienes

con la vida firme union

al que debes tanto tanto

no le des menos que amor.

 

Lo mas precioso que ofreces

viene a ser en tu fabor

que aun el no tiene por bien

el que no alcanza a los dos.

 

Todo amante en las finezas

deve ser competidor

el permite que le obliges (sic)

con lo mismo que te dio.

 

Raras, quan breves 4 las oras

con tan alta elebacion

las tristes i largas 5 dulces,

si le das el corazon.

 

A La Lanza De Christo

Salue rayo de luz, que de Dios sabes

el Alma casi, pues con honda herida

penetraste al tesoro de la vida,

rompiendo puertas, y supliendo llaves:

 

Ya se permite que tu hierro alabes,

pues quedaste manchada, no teñida

en luz, que fuente fue parecio herida,

para que viua yo, tu culpas labes.

 

Como el sol, cuyos rayos transparentes

segun la diuision de las Regiones,

a un tiempo da el Verano, y el Ivierno:

 

tu causas dos efectos diferentes,

pues hiriendo de Amor los corazones,

estas dando lanzadas al Infierno.

 

El Autor Hablando Con Dios Despues De Una Enfermedad

Tantas, tantas, Señor, tantas las vezes

de tu piedad y tanta la porfia,

de obstinacion, que no la llamo mía,

de verguença, que tu no la merezes.

 

En que noche, en que instante no amanezes

a los que saben conocer el dia?

que aun enbil [ …] herror tu diestra embia

pues con lo mismo alumbras que estremeçes.

 

Alumbras, mas en ojos incapazes

de resplandor diuino la luz ciega,

como a nocturnas aues el sol claro,

 

los mios de tu lumbre sean capazes,

no venga a ser, o no! para mi ciega,

ni pueda mas mi culpa que tu amparo.

 

Soliloquio Con Dios Nuestro Señor

Que breves que son las oras

Dios mío que estoy con vos

las que paso yo conmigo

que tristes i largas son.

 

Mide las mortales vidas

el tiempo fiel relox

minutos breves al gusto

siglos tardos al dolor .

 

En el alma que no muere

no influye clima inferior

que la abraza i llena solo

con circulo inmenso Dios.

 

Mientras obserba constante

las leies de la razon

aun vive el tienpo que pasa

que es su vida superior .

 

Tan superior que no puede

el que principio le dio

que ella viva menos que el,

tanto a su ser la igualó.3

 

Alma ilustre pues ya tienes

con la vida firme union

al que debes tanto tanto

no le des menos que amor.

 

Lo mas precioso que ofreces

viene a ser en tu fabor

que aun el no tiene por bien

el que no alcanza a los dos.

 

Todo amante en las finezas

deve ser competidor

el permite que le obliges (sic)

con lo mismo que te dio.

 

Raras, quan breves las oras

con tan alta elebacion

las tristes i largas dulces,

si le das el corazon.

 

Al Nacimiento

Pastores destos montes

corona de Judea

vistes ponerse el sol

quedando se en estrellas.

 

Quanto mas anochece

aclara mas la tierra

si es de noche en las oras

no lo es en las tinieblas.

 

Como se estrella el monte

de flores estrangeras

en los canpos del cielo

florecen luzes nueuas.

 

Vistes sonbras tan claras

de alguna feliz nueua ?

sin temor de los lobos

reposan las obejas.

 

Pacen entre la escarcha

aun mas rosas que hierba

y tiñen sus bellones

la grana que apacientan.

 

Mirad lo que se dize

de aquel Pastor que en Grecia

juntaba a consonancias

los corderos i fieras

 

Los dientes i las garras

mas fuertes i sangrientas

se enbotan i se anudan

no sin misterio presas.

 

Vistes, dejar las abes

las abrigadas se Ibas

con tanta luz burladas

no sin causa secreta.

 

A las mas perezosas

los arboles las lleban

a los arboles mismos

arrebatan las selbas

 

Asta los pezes mudos

sus olas blandas dejan

y con saltos su gozo

aunque callado muestran

 

Mas escuchad Pastores

que el misterio interpretan

instrumentos sin manos

hermosuras sin lengua.

 

Si nace el autor de cielo i estrellas

no es mucho que todas con luz le hagan fiesta.

 

Si nace el abrigo de abes y selbas

justo es que le abriguen, y alaben ellas.

 

Si nace a quien deben la vida las fieras

que mucho le rindan toda la fiereza.

 

Si nace el que entiende los peces sin lengua

que mucho le alaben ellos sin ella.

 

Soliloquio A La Santisima Cruz En Dia De Su Triunfo

Salbe altar, donde el cordero

al padre se sacrifica,

custodia de sacramentos,

menos madero, que vida.

 

Imagen, que a Dios retrata,

pues como a su forma misma

postra el mundo, postra el cielo

corazones, i rodillas.

 

De la Trinidad retrato,

pues con ser una eres trina,

que titulos de hombre i rey

a la humanidad se aplican.

 

Que como donde esta Christo

es bien la virgen asista

se le da parte en la cruz

por madre de Dios por hija.

 

Si bien es verdad que a ti

se te dio la primacia

porque su parte es la humana

y la tuya la divina.

 

Blason de triunfos del cielo

pues oy sus victorias mismas

en tus poderosos brazos

en tus virtudes confia.

 

Y como suelen al rey

representar sus insignias

con el senblante de Dios

vences, dando a la fé vista

 

Que son tantas tus vitorias

que quantas se creen se miran

Constantino, Elena, Eraclio

que las vieron las afirman.

 

Y celebrelas España

pues como en fé mas fixa

en ella quisiste obrar

mas constantes marabillas

Salbe eterna como Dios

que aunque oy estas dividida

duracion de eternidades

tendras el ultimo dia.

 

Villancico (Sin Título)

Ese tu sayo Manuel

quien te lo remendó tan bien?

 

Ese tu sayo encarnado

justo i sin doblez alguno

que tu i el sayo soys uno

amor es disimulado

que es proprio de enamorado

usar los mismos colores

de quien pretende fabores

por dar su amor a entender

Quien te lo remendó tan bien?

 

Dime, quien con tanto aliño

los retazos6 ajustó;

que lo encarnado dexó

tan ,blanco, como el armiño,

i como, siendo de niño

se ha trazado para mi

que parece puesto en ti

que te engendraste con el

Quien te lo remendó tan bien?

 

En lo que lloras sospecho

que pues el nuevo vestido

acallarte no ha podido

sin duda te viene estrecho.

Darante un golpe en el pecho

quando sin abla estarás

y asi conseguido habrás

lo que asigura tu fé

Quien te lo remendó tan bien?

 

Dizenos cierta letura

que quando se te quitare

el que la suerte gozare

no le allará la costura

y tambien nos asigura

que no te allarás mexor

aunque cesará el dolor

sucediendo el parabien

Quien te lo remendó tan bien?

 

A La Pura Y Limpia Concepcion De Nuestra Señora

Quien ay que con soberbia desbocada

y de luz racional inadvertido

quando padece el Sol recien nacido

ose decir la Aurora está eclipsada.

 

O humanidad de Dios calificada

con la razon, descanso del sentido

que osado en el dudar crisol á sido

pues dexa la verdad purificada.8

 

Miraronte los ojos, no te vieron,

o por querer con presuncion humana

sondar misterios que la fee apadrina,

 

porque ver, sin adorar, quisieron

reconozcante Aurora soberana,

toda tu humanidad veran diuina.

 

En La Oracion Que Hiço, Recito, E Imprimio Don Francisco De La Cueua, Fundando En Derecho La Limpia Concepcion De Nuestra Señora

Si en tu pinçel florece la azucena

candida, como pura en la fragancia,

y tan de allá del Cielo es tu elegancia,

que aplaude el alma si al oydo suena.

 

Si tu voz, de eficaz, sin herror suena,

fulminando la fuerça de su instancia,

y de la Fee juntando la distancia,

nos das el Alua siempre de sol llena.

 

Con rayos de sol pintas, hablas, luzes:

el a tu pluma presta sus colores,

el a tu voca da lengua de llama.

 

Justo es, pues tu la graçia a Fee reduces,

el te dé por justicia sus fabores,

siendo su aurora timbre de tu Fama.

 

A Nuestra Señora Dia De Su Encarnacion

Oy es el claro dia

en que encarnó el Aurora

porque naciese el sol

a desterrar las sonbras.

 

Oy amanece el Alba,

que dio a la vida forma:

que es madre ya de luz,

si antes hija la rosa.

 

Del raudal de la gracia

se descubren las olas

que han de regar el mundo

de mieses luminosas.

 

Oy que todos los astros

qual flores se desojan

para que en su regazo

gracia el alma recoja.

 

Mortales celebrad

celebrad vuestra gloria

pues oy nace Maria

para Virgen Esposa.

 

De aquel por cuya union

siendo por gracia sola,

nacerá quien os libre

de cadena i argolla.

 

Oy el hierro infelizé

de esclabitud se dora

viniendo a ser dichoso

aquel que no le borra.

 

Aquel que de la frente

lo pasa a la memoria

se buelve en sacrificio

con gratitud devota.

 

La fiesta lo merece

i por si misma aboga

que vienen a juntarse

el nacimiento i bodas.

 

Pues al tienpo que nace

Maria se desposa

porque nazca la vida

haziendo almas gozosas.

 

Ellas se sacrifiquen

siendo victimas todas

porque al maior fabor

lo mejor corresponda.

 

A San Juan Evangelista

Aguila de tanto buelo

que a lo mas supremo subes

pues penetrando las nubes

te sirve de nido el cielo.

Tu, que en el seno divino

llegas a las esperanzas

i tanto al sol te avalanzas

que es uno i le miras trino

si del globo cristalino

en llovernos fabores te desvelas

muestranos, como duermes, como belas

pagado de tus mismas alabanzas

pues velando i durmiendo a Dios alcanzas.

 

Por lo que del cielo sabe

tu sueño, Juan, i tu pluma

pues no ay luz que no resuma

te llaman, i adoran abe

Abe pura a imitacion

te diremos de Maria

a ella como a luz del día,

a ti por tu elevacion

respondiendo a la razon

todas las lenguas alaben a Juan

que las perfecciones en su nombre estan

pues por gracia i virtudes todo en ti cabe

sostituto del Verbo, mil vezes Abe.

 

A San Antonio De Padua

Dejadle que hazer a Dios

Antonio en lo que admirays

que si a la mano no os vays

pensarán que lo soys vos.

 

Tenemos por vuestra mano

tan nuestro lo mas del Cielo

que ya parece que el suelo

se alça con lo soberano.

 

Liras En Alabanza De La Agricultura Y Milagro De Arar Los Angeles En Tanto Que Oraba San Isidro

Agricultor dichoso,

que en recompensa de mi voz has sido

ya otra vez generoso

escucha agradecido

parezcase a tus manos el oido.

 

Fecundo de tu arado

mas fertil que la bara del Hebreo

de tu sudor regado

este circulo veo

pues rinden llamas frutos a deseo.

 

La santa agricultura

(imitando a la eterna monarquia}

a la mortal criatura

de humanidad desvia

pues en plantas y mieses almas cria.

 

Tu, Isidro, la engrandeces

mas que la dignidad Imperatoria,

de quien fue tantas vezes

gloria sin vanagloria

y es campo en que triunfa su memoria.

 

Blasones ya mas justos

les da el por ti sagrado ministerio

pues luzeros Augustos

(dejando Impireo imperio)

haz en de tu cansancio refrigerio.

 

O quanto se lebanta

el Angel que a imitarte al mundo viene

pues si ella alegre canta

glorias aqui previene

que tanbien la humildad su ponpa tiene.

 

Tu santidad abona

que de arboles devidos a su mano

nacio el cetro i corona

conque el Monarca Ispano

se corona y da ley al Occeano.

 

El campo, que abundaste

labrador, ya Planeta, lo mejora ;

pues que tu lo senbraste,

lo reverdece i dora

paga, que te ha llorado, i que te adora.

 

A La Obstinacion En Pecar Causa De Todos Los Daños

Quan vecinos estamos a la muerte,

pues se oponen estorbos a la vida,

que el medico sirviendo de homicida,

con venenos antidotos pervierte.

 

O tu, solo en causar dolores, fuerte;

la cura alarga, sanaras la herida

que la salud universal perdida

al mas robusto, de su fin advierte.

 

Si es pacto de dar gozos al Infierno,

por desacer la imagen que le altera,

intento, en que se vale de tu mano.

 

Mira feliz la muerte en mundo eterno,

pues con tener, a quien matar, viuiera

mas a la rabia se persuade en vano.

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