Poemas de Francisco López de Zárate
Poemas de Francisco López de Zárate (1592-1658), conocido como el «Caballero de la Rosa», destacado poeta y dramaturgo del Siglo de Oro español. Su obra se caracteriza por una transición desde la sencillez lírica hacia la complejidad del culteranismo, bajo la influencia de figuras como Lope de Vega.
Además de su faceta lírica, cultivó el teatro demostrando su versatilidad literaria. Su producción refleja una profunda preocupación por la perfección formal y los temas morales, consolidándolo como una figura clave en la digitalización y preservación de la literatura clásica y de la Edad de Oro.
Ceniza, la hermosura
Átomos son al sol cuantas beldades
con presunción de vida siendo flores,
siendo caducos todos sus primores
respiran anhelando eternidades.
La rosa, ¿cuándo, cuándo llegó a edades
con todos sus fantásticos honores?
¿No son pompas, alientos y colores
rápidas, fugitivas brevedades?
Tú de flor y de rosa presumida,
mira si te consigue algún seguro
ser en gracias a todas preferida;
ni es reparo beldad, ni salud muro,
pues va de no tener a tener vida
ser polvo iluminado o polvo oscuro.
Desengaño en lo Frágil de la Hermosura
Pues que se muere con haber nacido,
siendo el ser tan a riesgo de la vida,
que el minuto menor es homicida,
de que el mejor cristal queda sentido,
mira que el golpe en polvo ya escondido
y la luz, con el polvo tan unida,
se halla más sepultada que encendida,
pues lo más della muere, habiendo sido.
Si es tu defensa nada (o vidro leve),
tan de acaso tu luz, para apagada,
que no admite esperanza por lo breve;
si la más cierta vida es la pasada,
de la presente ¿quién fiar se atreve?
¿Quién a más, si aun gozándola, es soñada?
A un Esqueleto
Tú, tú eres este mesmo, tú, si adviertes
a la fraterna unión que te apercibe;
que si no para sí, para ti vive,
pues en él te hallarás, si te diviertes.
Que una, aunque varias, son todas las suertes
que en el compuesto polvo el tiempo escribe;
ni ser rey ni plebeyo se percibe:
menos, o más, en eso te conviertes.
No huyas de temor, que no das paso
que no te lleve a ser lo que te espanta
y desprecias el bien de la memoria.
Humano sol, aquí tienes ocaso;
docto este bronce el tiempo te levanta;
monarca, esto es lo cierto de tu historia.
Poema de don Francisco López de Zárate seguramente escrito con motivo de la entrada oficial del Príncipe de Gales a Madrid en la primavera de 1623
-I-
Digno blasón de amor, cuyo trofeo
es más noble por ti, cuyo triunfante
carro se adorna ya con tu deseo,
enseñando al amor a ser amante.
Rémora fueras de la voz de Orfeo ,
si te viera en su afecto tan constante;
su admiración sirviera a tu alabanza,
porque lira, ni lengua, no la alcanza .
-II-
Angosto foso ha sido el océano,
para estorbar tu generoso intento.
¡Qué mucho, si Jacobo con la mano
borrascoso lo allana y calma el viento!
¡Qué mucho, si es él Júpiter humano,
cuyo reino del agua es firmamento!
¡Qué mucho, si es tu padre, que obedientes
viento y mar rindan a tus pies las frentes!
-III-
¡Qué mucho, alegre los besase Francia ,
reino que a tus imperios pertenece ,
cuando vencida la húmeda inconstancia
tu pie adoró, humildad que la engrandece!
Que, si no fue opresión de su arrogancia,
fue darte posesión de lo que ofrece
Dios a tu juventud, no a tu victoria;
que fuera a tu valor escasa gloria .
-IV-
De tu planta el Pirene coronado ,
a honor tan grande reclinó las peñas,
oprimido de ti, se vio encumbrado;
que aún con el pie la majestad enseñas .
Lo horrendo, en apacible transformado,
fue de tu ser, con su respeto, señas .
Pródigos los arroyos de metales
dieron dones con voces de cristales .
-V-
Admitióte, tan tuyo, como fuerte,
el indómito cántabro, que a España
es muro, es atalaya que la advierte
y asegura mejor que su montaña .
Humanarte pudiste, no esconderte.
Agrado tan supremo te acompaña,
que luce en ti ser príncipe encubierto
bien, como el sol, que vivifica muerto .
-VI-
Iban dando las aves a las fieras
noticia del que calma dio a Neptuno ;
que, saliéndote al paso lisonjeras,
ningún monstruoso horror te fue importuno;
que añudando las uñas las más fieras,
y hambre sufriendo con aliento ayuno,
postrándose, fierezas te rindieron,
y, en respetarte, racionales fueron .
-VII-
En alas de tu amor, en fin, viniste ;
aunque disimulado, no escondido.
Tú mismo de ti mismo aviso diste;
del que todo lo anima conducido .
Diote ojos la razón, miraste, viste;
que, a la imagen que estabas ofrecido,
almas en holocausto eran debidas ,
en quien se mejoraban ofrecidas.
-VIII-
Hallástete si príncipe en tu tierra
rey de las voluntades españolas;
que quien razón comunicó a la sierra;
como Hércules peligros prestó a solas;
tomó de Francia posesión, sin guerra;
calmó los vientos y fijó las alas;
de urbanidad afectos merecía.
Así, España pagó lo que debía .
-IX-
Dos mundos tienes ya ; Filipo quiere
que entres de sus grandezas a la parte.
Filipo, a quien la luz del sol no muere ,
contigo se reparte, y nos reparte .
Humánate, a que España te venere ;
pues que te hace mayor el humanarte.
Antes que reines en las dos Bretañas,
pompa de rey te ofrecen las Españas .
A la rosa
Esta a quien ya se le atrevió el arado,
con púrpura fragante adornó el viento,
y negando en la pompa su elemento,
bien que caduca luz fue sol de prado.
Tuviéronla los ojos por cuidado,
siendo su triunfo breve pensamiento,
¿quién sino el hierro fuera tan violento,
de la ignorancia rústica guiado?
Aun no gozó de vida aquel instante
que se permite a las plebeyas flores,
porque llegó al ocaso en el Oriente.
¡Oh tú, cuánto más rosa y más triunfante
teme: que las bellezas son colores,
y fácil de morir todo accidente!
Soneto
Pues que se muere con haber nacido,
siendo el ser tan a riesgo de la vida,
que el minuto menor es homicida,
de que el mejor cristal queda sentido,
mira que el golpe, en polvo ya escondido,
y la luz con el polvo tan unida,
se halla más sepultada que encendida,
pues lo más de ella muere, habiendo sido.
Si es tu defensa nada ¡oh vidrio leve!
tan de acaso tu luz para apagada,
que no admite esperanza por lo breve;
si la más cierta vida es la pasada,
de la presente, ¿quién fiar se atreve?
¿Quién a más, si aun gozándola, es soñada?
Ceniza, la hermosura
Átomos son al sol cuantas beldades
con presunción de vida siendo flores,
siendo caducos todos sus primores
respiran anhelando eternidades.
La rosa, ¿cuándo, cuándo llegó a edades
con todos sus fantásticos honores?
¿no son pompas, alientos y colores
rápidas, fugitivas brevedades?
Tú de flor y de rosa presumida,
mira si te consigue algún seguro
ser en gracias a todas preferida;
ni es reparo beldad, ni salud muro,
pues va de no tener a tener vida
ser polvo iluminado a polvo oscuro.
Habla un amante a un ciego
Ciego a quien faltan ojos y no llanto,
envidio en tus tinieblas tu sosiego,
estímote feliz viéndote ciego
y de tus ciegas lágrimas me espanto;
¡oh si valiesen, si valiesen tanto
estos incendios en que yo me anego,
pues nacen llamas si cenizas riego,
que incendios con mis lágrimas levanto;
con pensión de la vida te fue dada
el alma, y a mi vista aborrecida
con pensión de que viva me es dejada;
tu ceguedad con la razón medida
ya que no sin dolor, queda aliviada,
¡ay del que está con ojos y con vida!
Después de una grave enfermedad en su mayor edad
¡Un año más, Señor, con tanto día,
y con minuto tanto, tanto, tanto!
¡Y en risa tan continua siendo el llanto
lo que incesablemente se os debía!
¡Perdidos lustros! Y la escarcha fría
(como ya en tiempo) ocupa sin espanto
la cabeza y el rostro, y el quebranto
desune partes que el vigor unía.
Casi al último polvo reducido
donde no habrá más paso, aunque la fama
lo pretenda en pirámide o coloso;
tan ya sin mí que estoy de en olvido,
tan ya no yo, que soy quien más me infama;
mostrad en mí el poder de lo piadoso.
A la aurora
Esta sombra del sol, si no primera
causa, principio y juventud del día,
luz de Dios que tinieblas nos desvía
y en la misma inconstancia no se altera;
esta que corre el velo de la esfera
y con efectos de beldades guía,
sirva para dormir con su armonía
o con respiración de primavera;
si acaso adormeciese los sentidos
con voz de pluma, resplandor de flores
de su llorosa risa documento,
a lágrimas de luz, quedad dormidos,
no os suspendan los ecos y colores
pues van juntos el llanto y el contento.
Pidiendo perdón a Dios
Soy quien más vuestra sangre a derramado,
de los que os maltrataron el más fiero,
de todos el mayor si no el primero
el que más en la cruz os ha clavado;
soy el que alienta a todo desdichado
por más torpe, sacrílego y grosero;
el lobo más atroz con el cordero
de su holocausto mal aprovechado;
esto soy, más constante en mi esperanza,
y no sin prendas de que sois piadoso
con vergüenza animosa piedad pido;
si el suspiro menor de vos la alcanza
póstrome si culpado, pesaroso,
¡acogedme por flaco o por rendido!
Considerando un sepulcro y los que están en él
No te mires a ti que te acompaña
si te das a tus ojos, el engaño,
mírate en el más propio o más extraño
que teatro admiró, venció campaña;
no como allá en el mundo aquí se engaña,
que es centro esta región del desengaño;
vuelve en bien cierto el aparente daño,
el pasmo inútil en divina hazaña.
De aquí si que consigue el ser dichoso
el que a lo cierto no a lo incierto mira,
pues le adorna lo eterno fastuoso;
de aquí el mortal a lo sagrado aspira,
tu temor convirtiéndose en reposo;
que para el vivo el que murió respira.
El autor a su cuerpo, poco antes de expirar
Este trono, este bulto a los clamores
de tanta exequia y sepultada vida,
pues la tuvo, gozándola, perdida,
deslumbrado en fantásticos honores;
este que siempre absorto en resplandores
fue estatua aunque terrestre, presumida;
ni a luz, ni a voz, ni a rayo estremecida;
horror aun asombroso a los horrores;
este ya incierta sombra y alma cierta,
racional interior con fondo vano,
viva esperanza y fe, caridad muerta,
que fue indigno del nombre de cristiano,
si vivo ha divertido, polvo advierta,
ya que en vano vivió no muera en vano.
A un esqueleto
Tú, tú, eres este mismo, tú, si adviertes
a la fraterna unión que te apercibe;
que si no para sí, para ti vive,
pues en él te hallarás, si te diviertes.
Que una, aunque varia, son todas las suertes,
en el compuesto polvo el tiempo escribe;
ni ser rey ni plebeyo, se percibe:
menos o más, en eso te conviertes.
No huyas de temor, que no das paso
que no te lleve a ser lo que te espanta
y desprecias el bien de la memoria.
Humano sol, aquí tienes ocaso;
docto este bronce el tiempo te levanta;
monarca, esto es lo cierto de tu historia.
A la asunción de María a los cielos
La en méritos, en gracia caudalosa,
mar abundante, de virtudes fuente,
en su ocaso tan luz como en su oriente,
tan sol selecto, como intacta rosa:
La en vida, en cuerpo, en alma gloriosa,
tuvo aun antes del ser a Dios presente,
porque no cupo en El estar ausente
de tal Hija, tal Madre, y tal Esposa:
La en quien halló la Trinidad esfera,
sublimación a paraíso el suelo,
alma salud la humanidad entera:
Roto ya de la tierra el triste velo,
y sembrada de flores su carrera,
sube a ser Reina del empíreo Cielo.
A la memoria del doctor Juan Pérez de Montalbán en su túmulo
Leerás, que yace aquí, porque está escrito;
y es, que el mármol usurpa la alta gloria
de Montalbán, debido a la memoria,
no de honor limitado, de infinito.
Si se observara el Egipciano rito,
de eternizar en pira en vez de historia,
Egipto fuera todo vanagloria,
que él dice, que no yace con lo escrito.
El se imprime en la Fama, y se coloca
donde, a ser tinta el Nilo caudaloso,
a su alabanza fuera tinta poca.
Pues él lo más por sí se constituye,
quien lo pretende hacer menos glorioso
a sus letras pirámides construye.
A San Isidro
Los campos de Madrid, Isidro santo
de espíritus angélicos sembraba,
cuando con Dios de sí se enajenaba;
¡o cuánto alcanza el renunciarse, o cuánto!
Los ministerios rústicos en tanto
el escuadrón celeste ministraba,
y él con piedad su indignidad lloraba,
siendo el ocio semilla, fruto el llanto.
¿Qué mucho que sembrase, que cogiese
con ángeles, con Dios, y agradecido
anticipado pródigo tributo.
Que Diciembre de Agosto le sirviese,
teniendo el cielo al campo reducido,
sembrando aquí sus lágrimas el fruto?
Objeto a Describir
Aquel bulto de monte con semblante
de quinta esfera y luz de firmamento,
de fábricas eternas documento,
fiel sustituto del caduco Atlante.
Luciente con el sol sin el tonante,
de cielo y tierra unión con ornamento,
de día alcázar fue del Dios sangriento,
de noche habitación del fulminante.
Edificóle celo Religioso,
que pudo aventajando las verdades
reducir a verdad lo imaginado.
Y bien que lo formó de eternidades,
mostrándose dos veces poderoso,
hízolo todo parecer pintado.
Al Agua Fuerte
Brota diluvios la soberbia fuente,
más piadosos que el cielo para Egipto,
cuando el piélago en ondas infinito,
aun su misma ribera no lo siente.
Multiplican mis ojos tu corriente,
contra la fuerza del celeste rito,
pues cuando abrasa el Sol todo el distrito,
de sus márgenes pasa la creciente.
Hiriendo el Sol las encumbradas sierras,
que al Nilo se derraman en tributo,
vuelven a ser fructíferas las tierras.
En mí, causa mi sol el mismo efecto;
mas ¡ay, que son lágrimas sin fruto,
pues con ser agua, queman en secreto!
A la lanza de Cristo
Salve rayo de luz, que Dios no sabes
el Alma casi, pues con honda herida
penetraste al tesoro de la vida,
rompiendo puertas y supliendo llaves.
Ya se permite que tu hierro alabes,
pues quedaste manchada, no teñida
en luz, que fuente fue pareció herida,
para que viva yo, tu culpa laves.
Como el sol, cuyos rayos transparentes
según la división de las Regiones,
a un tiempo da el Verano, y el Invierno.
Tú causas dos efectos diferentes,
pues hiriendo de amor los corazones,
estas dando lanzadas al infierno.
El autor hablando con Dios después de una enfermedad
Tantas, tantas, Señor, tantas las veces
de tu piedad y tanta la porfía,
de obstinación, que no la llamo mía,
de vergüenza, que tú no la mereces.
¿En qué noche, en qué instante no amaneces
a los que saben conocer el día?
que aun en vil error tu diestra envía
pues con lo mismo alumbras que estremeces.
Alumbras, mas en ojos incapaces
de resplandor divino la luz ciega,
como a nocturnas aves el sol claro,
los míos de tu lumbre sean capaces,
no venga a ser, o no, para mi ciega,
ni pueda más mi culpa que tu amparo.
A la pura y limpia concepción de Nuestra Señora
Quien hay que con soberbia desbocada
y de luz racional inadvertido
cuando padece el sol recién nacido
ose decir la Aurora está eclipsada.
O humanidad de Dios calificada
con la razón, descanso del sentido
que osado en el dudar crisol ha sido
pues deja la verdad purificada.
Mirándote los ojos, no te vieron,
o por querer con presunción humana
sondar misterios que la fe apadrina,
porque por ver, sin adorar, quisieron
reconózcante Aurora soberana,
toda tu humanidad verán divina.
A la obstinación en pecar causa de todos los daños
Cuán vecinos estamos a la muerte,
pues se oponen estorbos a la vida,
que el médico sirviendo de homicida,
con venenos antídotos pervierte.
O tú, sólo en causar dolores, fuerte;
la cura alarga, sanarás la herida
que la salud universal perdida
al más robusto, de su fin advierte.
Si es pacto de dar gozos al Infierno,
por deshacer la imagen que le altera,
intento, en que se vale de tu mano.
Mira feliz la muerte en mundo eterno,
pues con tener, a quien matar, viviera
mas a la rabia se persuade en vano.
Excusándose un amante de no haber mirado a su dama, por el recato de un templo donde fue avisado que fuese a verla
Al que una vez miró tan encumbrado,
ojos podrán quedar, ojos, no vista;
que no hay quien a lo empíreo se resista,
si, como debe, eleva su cuidado.
Queda tan en lo digno transformado,
por tan blasón, en fin, de la conquista,
que no reserva parte, que no asista
a su elección, de sí todo privado.
Veros en mí, Señora, es el decoro,
necesitarme más, fuera ofenderos,
una vez vista, y tantas adorada.
Siempre os contemplo en mí, donde os adoro,
y sobrándome el Alma, donde veros,
Sagrario sois en mí, si en vos sagrada.
A Filis habiéndose quebrado el espejo
Quebrase el consultor de tu hermosura;
porque no le quedó que ver con verte,
ni más felicidad que obedecerte;
ay del que no la alcanza, y la procura.
Que vida, Filis, estará segura
del golpe vivo de tu vista fuerte,
si el intérprete claro que te advierte
con tu forma, de ti, no se asegura.
Aun puedes más, que matas con los ojos;
que alcanzan a ti misma los desdenes,
dando a quien te retrata sentimiento.
Suelen templarse en el cristal enojos,
y tú le despedazas; porque tienes
natural, por lo dulce, más violento.
Al rigor de Filis con alusión a Anaxarte convertida en piedra
Filis si bien no tiene tu hermosura
ejemplo, que temer, por soberana;
en Anexarte, con la parte humana,
que no hay advierte ingratitud segura.
Mas no la mires cuerpo, y alma dura,
que harás, si empedernida, no te humana,
la imagen del divino asombro vana
y temo se duplique la pintura.
Por redimir el riesgo tus desdenes,
de hoy más, tendré mi pena por gustosa,
será tu culto de mi gloria esfera.
Ablandarte, cuanto de mármol tienes,
bien que en toda otra forma rigurosa
menos que hacer mi adoración tuviera.
A lo que Eres
Filis tú te concede a tu alabanza
que todo Apolo no es bastante aliento,
tú que eres plenitud del pensamiento,
y límite a los siglos de esperanza.
Lo mejor de la vida en ti se alcanza,
ya no hay a que vivir, último intento
eres al más sublime entendimiento
la misma perfección tu semejanza.
Si es premio de virtudes la belleza,
aun te es deudor el Cielo, y la es gloriosa
la deuda, tanto a la mejor se inclina.
En ti se mejoró naturaleza,
si por obligación eres hermosa,
por fuerza noble, por razón divina.
Al Llegar a Ti
Filis pues la ocasión de venerarte
no puede ser mayor, aunque me impida
la enfermedad el ilustrar la vida
con ir a verte, sóbrame el amarte.
La dicha de ser visto y de adorarte,
gloria que debe ser tan pretendida,
por excesivo honor fuera homicida,
sino me reparara el contemplarte.
Reza y con razón favorecido,
grande bien, más que excede a mi flaqueza
que dice tu milagro con decoro.
Si en amar es más fuerte el más rendido,
defecto fuera en mí la fortaleza,
que para más deberte, más te adoro.
Para Quienes Saben Amar
Quien ama y a su Amor no está presente,
mal podrá tolerar tan triste vida,
mal; porque siendo tan mortal la herida
la muerte alivia, y el dolor se siente.
Si ausentarse es morir, forzosamente
ausentándome he sido mi homicida;
pues quien no morirá que se despida,
si nadie vive con el alma ausente.
Muere la vida a manos de la ausencia
de muerte natural, y el sentimiento
se sustenta de amante inteligencia.
Y no puede morir, porque el tormento
en la parte mortal hace asistencia,
la vida sí, que no está en su elemento.
Un amante con dos damas en una borrasca, sobre si siendo fuerza echar una de ellas en el mar, sería la amada de él, o la que le amaba
Ofender a quien ama, villanía,
a quien amo, ni a monstruos se concede,
que esto ni proponerse, ni se puede,
porque lo deliró la fantasía.
Por lo justo no incurre en demasía,
el que al rigor más grande se concede,
justo es verter, si la ocasión sucede,
la vida al mundo por salvar la mía.
Que aquel peque infeliz en loco, o fiera,
apensionóle en fin la humana suerte,
que nos condena a todo lo posible,
este ni hombre, ni loco, o bruto fuera,
que nadie a su Alma puede dar la muerte,
ni reducirle el caso a lo imposible.
Observando lo que debería ser el ascenso de cada quien
Que son catorce siglos a quien ama
que la perpetuidad del edificio,
de quien sólo la edad es precipicio,
que humilla Atlantes, Caúcasos derrama.
Cuanto vive el retrato de la llama
con que aplaude a la muerte el necio
osando con desprecio y artificio
maquinar vida, suponiendo fama.
Que cuanto ofrecen siglos a deseos,
cuanto vive la vida, si la muerte
en todo lo que el tiempo tiene parte.
El tiempo morirá, y a los trofeos,
que él rinde, vengará mi firme suerte,
pues, como premio, anima el adorarte.
A una señora que mató un venado fíngese que era Anteo premiado en astro por amante
Honesta Venus, o radiante Palas,
digan de vos y números de Orfeo
que sin con agua o con desdén Anteo
se vio monstruo o volador sin alas.
Tu suprema Deidad no sólo igualas
excedes a Diana en el trofeo
pues al que por curioso volvió feo
en orbe fijo círculo señalas.
No cabe pena bruta en los amantes
ni en quien de celestial los grado llena
castigar las finezas por constantes.
Quien juzga pues, que tu matar, fue pena
recele en sí tus manos fulminantes
que honra los monstruos, la deidad condena.
A Su Majestad que mató un toro que había vencido a las demás fieras
Duplicose ya el Tauro, que tu mano,
ilustrando las vidas que desata,
califica con Astros cuanto mata
a imitación del ínclito Tebano.
Como con él, en luz el cielo ufano
queda con tu blasón, pues lo retrata
en su zafiro con radiante plata,
corona digna de Monarca Hispano.
Con lo divino sus aciertos mides,
siendo en honor de todo tu alabanza,
pues aún la herida de tu mano es gloria.
Si la luz, premio del valor de Alcides,
una fiera postrada de ti alcanza,
qué, quién, no envidiará ser tu victoria
Al Rey Nuestro Señor en ocasión de haber entrado en un juego de cañas
Ya rijas, ya depongas el tridente,
siempre se muestra en ti lo soberano;
que es grande para oculto el Océano
de luz en tus virtudes transparente.
Si por la Majestad más eminente,
del mundo el freno se le dio a tu mano;
que mucho que en el círculo troyano
de tu Deidad sea título tu frente.
No puedes ser más Rey, ni más divino,
que son divinidades tus acciones,
y el Sol aún tu corona no rodea.
El valor y el acierto en ti es destino,
a tu sangre aún se deben más blasones,
pues tienes menos de Austria, que de Astrea.
La Reina Nuestra Señora a Su Majestad en ocasión de haber muerto en El Pardo un javalí, que el día antes le huyó
Desconoció tu esfuerzo, en tu belleza
el jabalí primero fugitivo,
tan furioso, que muerto, es miedo vivo,
mostrando con su horror, su fortaleza.
Blasón de Alcides, blanco a su destreza
pudo ser por lo rápido y nocivo;
no se viera en estrella tan altivo,
como a tus pies postrada su fiereza.
Por Adonis teniéndote, y por Marte,
respeta al uno, contra el otro osara;
mas estímate flor y no se altera.
No fue bruto en morir, pues fue alabarte,
hoy como si Belisa lo juzgara,
murió a tus manos racional la fiera.
Al Rey Nuestro Señor exhortación a salir en campaña este año de , aludiendo a lo que en el principio de los Macabeos dice de Alejandro
Águila Austral, que desde el Solio Augusto,
aun sin batir, con desplegar la salas,
al Griego, Magno generoso igualas,
siendo el mayor Monarca, por lo justo.
Sal del trono pacífico al robusto
pues, como a Venus te acaricia Palas,
que si fuesen de amor flechas tus galas,
será tu espada, aun del espanto susto.
Ya con temblor la tierra absorta miras,
como que adora en ti la paz que espera
su postración sirviéndote de gloria.
Tanta deidad con el valor respiras,
tanta, que el más rebelde te venera,
haciendo de rendírsete victoria.
A la espada que ha de ganar a Jerusalén presuponiendo que la de Su Majestad
Sacro metal que en fragua celestiales
iras te dan de rayo los cercanos
espíritus a Dios, de cuyas manos
has de mostrar en el herir señales.
Temas, sientan los Monstruos infernales
tu virtud, tus efectos soberanos
no hallando sus Plutones y Vulcanos
contra tu fuerza escudos en metales.
Baja a la tierra, ven, que ya te espera
Rey Español a quien el cielo ha dado
por destino fatal tan alta gloria.
Mas ya llegaste, ya, pues reverbera
en la que ciñe el celestial cuidado,
así como en su celo la victoria.
En el alumbramiento de la Reina Nuestra Señora de un infante
Belisa, duplicándose, previno,
ser del fruto esperado precursora,
la nueva flor; como del sol la aurora,
de la aurora el lucero matutino.
Y al modo del pintor, que un peregrino
ejemplar, de él valiéndose, atesora;
no suspende el retrato, del que adora,
mas presto amor responderá al destino.
Que ya ofrece los frutos en la flores,
como el incienso universal procura,
con fervorosas hondas elevado;
apréstensele en víctimas honores,
pues con seguras prendas asegura,
que ha de dar a Fileno duplicado.
A la entrada en público
Entra Carlos invicto, que te espera
con triunfo y aras al concurso Hispano,
ya por ti asombro del blasón Romano,
pues de tan claro sol es digna esfera.
Tu Majestad, que oculta reverbera,
alumbre al Español, como al Britano,
vibre tu frente luz, como tu mano,
que ser la del tonante Dios pudiera.
Mayor te manifiesta, que en la Fama,
pues si bien lenguas ocupó en ti sólo,
más tus virtudes que sus voces fueron.
Entra, admírete el pueblo, que te aclama,
por retrato de Júpiter, y Apolo,
en lo que más divino parecieron.
A Pedro Pablo Rubens famoso pintor flamenco
Rubens que elevas con lo dulce, espantas
cuando acciones aplicas a furores,
siendo tan soberanos tus primores,
que aun en plumas finges, tu honor cantas.
Rayo de sol es tu pincel, que plantas
casi con su fragancia vivas flores,
vistiendo las Historias de colores
memoriosas pirámides levantas.
Sólo te falta ser lo que no puedes
Deidad, cuyo poder no se limita,
porque animas las sombras, que deseas.
Tan cerca estás de Dios, que le sucedes,
pues cuerpo sabes dar a las Ideas,
que en ti, como en su mente, deposita.
Al Licenciado Pedro Díaz de Ribas en la defensa que hizo de la Soledades y Polifomo del famoso don Luis de Góngora
Si la envidia, sabrosa en su malicia,
igualar pudo con Apolo a Homero,
manifestando más lo verdadero
del profundo caudal con su avaricia.
El que de nuevo Homero da noticia,
mostrando no ser tanto, aunque primero,
quien cantó a Ulises sabio, a Achiles fiero,
mayor bronce o título codicia.
Ribas de altos oráculos voz cierta,
se aplica a sí, y reparte calidades
de inmortal, tanto el cielo el saber ama.
Con gloria cierta de opinión incierta
pirámides levanta en soledades,
en cíclopes colosos a su fama.
A don Francisco Velázquez, caballero muy virtuoso, que escribió un libro de esfera en que era docto y en las matemáticas doctísimo
Tú, que docto en virtudes, y en esferas,
aclaras, en la sombra más oscura,
la humana, la Divina arquitectura,
tan sobre lo mundano consideras.
Muestras los orbes, que gozar esperas;
bien tu libro, y tu vida lo asegura,
que como el Alma en penetrar es pura,
la ciencia, en dar noticias, verdadera.
Cuanto cabe en discurso, y vista humana,
vemos en tu doctrina, o se percibe,
de aquello eres razón, de esto medida.
Lejos, lejos huid, turba profana,
que por aquí se va donde se vive,
ya se mire a la pluma, ya a la vida.
En alabanza de doña Ana Egas que escribió de Felipe
Cipreses, cedros, mármoles, metales
a las más sabias manos remitidos,
bien que dejen los ojos advertidos,
padecerán la suerte de mortales.
Los títulos, y dones celestiales,
el informar del tiempo a los oídos,
el pasar la región de los sentidos,
sustituyendo el cielo a los anales.
Bien que corone por su mano al justo,
a Anarda se remite, y de su plectro
la gloria de Felipe el santo fía.
Por ella es más que por imperio Augusto
pues muestra con la pluma, que su cetro
de reyes ley de súbditos es guía.
A don Fernando de Viedna en la vida que escribió de Alejandro
Si para vida hazañas emprendías
tú, a quien, cuanto no es magno, vino estrecho,
y cabiendo los orbes en tu pecho,
liberal los ganabas, y vertías.
A tus cenizas nunca, nunca frías
bien que en helado mármol y deshecho
construye, de los siglos a despecho,
Viedma aun Pira mayor, que pretendías.
No estatua en Athos, monumento en vano,
trompa mayor, que la de ti envidiada,
que a su estilo no hay fuerza que consuma.
Tu propia Idea se prestó a su mano;
pues si medida al mundo fue tu espada,
de tu vida, y tu fama lo es tu pluma.
Dedicado a quien no quiso comprender una explicación sencilla y hubo que aumentársele con datos mayores
Tú que el asunto con virtudes llenas
y el volumen inmenso de la vida
con ellas reduciéndola a medida
cabiendo en ti lo que en el mundo apenas.
Tú que la edad precipitada enfrenas
con tu pluma y gobierno suspendida
pues con ella la dejas advertida,
como por ley con este nos condenas.
Sólo ya te compite lo que escribes
siendo tu tinta luz, tu vida ejemplo
tan duplicada eternidad te llama.
Pues por ti con razón dos veces vives
de ti de hoy más se encargará la fama
no para adorno tuyo, de su templo.
A una difunta hermosa, su esposo
No el poder de la Parca en ti se mira,
que tu ya puesta luz, como en estrellas
se queda el Sol, en perfecciones bellas
si antes viva admiró, difunta admira.
Más amante, que esposo, te suspira
el que te solemniza con querellas,
que tu ceniza envuelve sus centellas,
y en su pecho tu rostro las respira.
Bien que se cierra el Cielo con tus ojos,
con mayor fuerza dejas a la muerte,
pues de beldad ninguna estás desierta.
De la vida por ti goza despojos,
quedando tan equívoca la suerte,
que está vivo el amor, la muerte incierta.
En muerte de don Diego de Contreras, el consejo
O tú, el mejor Solon, o Numa, vierte
lágrimas, de la pérdida asombrado;
o bien con tanto ejemplo no exhortado;
que el sabio saca vida de la muerte.
Este, que fue, por lo piadoso, fuerte;
no cedió, no, a la vida, sino al hado;
si es de ti encarecido y no imitado;
tú eres aún más cadáver. pus te advierte.
Con apariencias de mortal vivía,
prometido a la fama, en que reposa,
dictando leyes con clemencia al suelo.
En su capacidad sólo cabía
el Alma aun en el cuerpo más gloriosa,
porque se hallaba en el, como en el Cielo.
En muerte de la serenísima infanta María
Felipe, si los ramos deseados
corta el Cielo por mano de la muerte,
no corta no, cultiva, nos advierte
que se obliga a volvernos duplicados.
El duro Invierno agostador de prados,
cuando ofende los árboles de suerte
que consume aun el nombre del más fuerte,
da esperanzas de frutos sazonados.
Tu perdida primicia fue del suelo;
pues te da tanto que esperar en ella,
déjate consolar del desconsuelo;
que Mayo no es Enero de las flores,
quien esta supo reducir a estrella,
cumplió esperanza dándolas mayores.
Para una Fortuna que no Cualquiera Merecía
Cuanta hermosura cupo en los humanos,
y adornó las virtudes, voló al Cielo,
dejando lleno de otra igual el suelo,
estrecho a dos Tesoros soberanos.
Adviertan lo que adoran los humanos,
les servirá de resplandor el hielo,
porque la luz mayor, corrido el velo,
tiene ocaso en crepúsculos cercanos.
La que llenaba el mundo duplicada
en nuevo sol a soberana esfera
con alas de sus méritos sucede.
O tierra, patria angosta y limitada,
que es fuerza, si uno nace, que otro muera,
porque no hay quien sin pérdidas herede.
No son los deberes del cielo, iguales a los deseos de los mortales
Fabio si el Cielo obligación tuviera
a aquellos, que le deben el talento,
deudor de vuestro raro entendimiento,
deudor de vuestro justo celo fuera.
De acción, que por sí sola se exagera,
en vos mismo tenéis merecimiento,
y así, donde, no alcanza el pensamiento,
como puede volar pluma grosera.
No debe el cielo lo que da, mas hace
deuda propia de propio beneficio,
y de pagar, sin ser deudor, trofeo.
De sí mismo al ingenio satisface,
y como, del más puro sacrificio,
se permite adeudar de tu deseo.
La búsqueda incómoda que debería dar frutos positivos
Retarte a quien se deben alabanzas
mayores cuanto menos pretendidas
pues con tenerlas todas merecidas
te persuades que ninguna alcanzas.
Parécense a tus mismas esperanzas,
pues con tenerlas casi conseguidas,
como mérito propio las olvidas
asegurando en trémulas balanzas.
Si al deseo común correspondieran,
premio de las virtudes, beneficios;
fueran los merecidos, no contados.
Por ti, en todos los ánimos se hicieran,
y casi aun a ti mismo, sacrificios,
y fueran repetidos, y acertados.

Aquello a lo cual temer sí no se aprende a ser como, se supone, correctamente debería comportarse un ente de bien
No de donante diestra tan furioso
rompiendo cielos baja el rayo horrendo
no tanta luz su luz, terror su estruendo
reparte al ciego, infunde al religioso.
Cuanto terror y luz, Cisne glorioso,
cuanto furor animas descubriendo
iras de Jove y de su horror tremendo
amenazado el impío en el piadoso.
Tiembla a tu ardiente pluma el obstinado
ya tus números vota, como a templo,
gratitud noble de impiedad confusa.
Deponga rayos Júpiter airado,
y el asombro remita y el ejemplo
al numeroso rayo de tu Musa.
Conseguir a una mujer que por fin inspire las mejores palabras y guiaturas
Hermosa es lo de menos con ser tanto;
que a tu virtud es deuda la hermosura,
tan naturalizada la cordura,
que viene a ser de admiración espanto.
Debe a tu perfección la envidia llanto,
que a su aspereza vence tu blandura,
y aunque el mérito propio te asegura,
¡o cuánto a tu beldad se opone, o cuánto!
Opóngase Violante que vencida
como de tu virtud, de tu belleza,
quedará para estatua de tu gloria.
Aunque puedes matarla, dale vida;
que ella misma dirá tu fortaleza;
pues adorno será de tu victoria.
A una fuente
Esta fuente, que ves, líquida Aurora
de esmeralda, y cristal, de plata, y flores
tiene mucho de sol, pues de colores
adorna el pecho y la cabeza a Flora.
Azis con ella comparada llora,
cual si recientes fueran sus dolores,
todas destilan penas, esta amores,
que Celia con sus ojos la enamora.
Ni su licor se agosta, ni se invierna
su margen; relación del Paraíso,
por ser, en todo lo apacible, eterna.
Aunque en ella más ciego se mirara,
o bien con ojos de águila Narciso
su loca sed. con justo ardor, templara.
En ocasión que un rayo mata a don Miguel de Guzmán el Bueno, hijo segundo del Excmo. Señor Duque de Medinasidonia, sin ofender a un esclavo turco que le acompañaba y después se convirtió
Teme el fuego abreviar últimos plazos
de vida al mundo, y sepultar las gentes,
teme el aire anegarse con torrentes,
o verse preso con fogosos lazos.
Los mares temen cielos a pedazos,
o muerte será en círculos ardientes,
las tierras temen piélagos pendientes,
ondas de vientos, fulminantes brazos.
Sólo no teme el Bárbaro que opone
sombra a luz, flecha a rayo, tierra a Cielo,
y el Católico a miedos le convida.
Perdona el cielo a aquél, porque dispone
su enmienda, y a éste, en premio de su celo,
le pasa de mortal a inmortal vida.
A Tifeo con alusión a un soberbio
O tú dentro del túmulo Gigante
que horrendo aunque oprimido de montañas
haces, bien que en tu misma ofensa dañas,
armas del peso, espanto del semblante.
Tú que con pecho horrores anhelante
pirámides silvestres desentrañas
y queriendo asombrar al sol te engañas
pues quedas fulminado fulminante.
Las piedras con que monte das al viento
el humo con que nieblas a la tierra
sólo cenizas son, es humo sólo.
Tus mismas confusiones tu elemento,
para el cielo fantástica tu guerra,
los rayos son de Júpiter y Apolo.
Copia del Babilónico tumulto
irracional en las informes voces
tan legas que tú sólo las conoces
a ciegas docto, y tan certero a bulto.
Varón dificultoso por lo inculto
tus desalmados versos tan atroces
son, que sin pie sus números dan coces
que en esto eres el Arcade más culto.
Tú, tú, retú, que turbas la sincera
verdad, riscoso haciendo el fácil verso,
que produce la Vega de Pactolo.
Si por tu estilo todo se rigiera
redujérase a Caos el universo
fuera sombra la luz y ciego Apolo.
Dar sustento a la envidia es noble hazaña
porque si ella pecando en su flaqueza
equivoca la acción de fortaleza,
su maliciosa calidad no extraña.
No en lo imperfecto lo perfecto daña
como de superior naturaleza
el de origen oscuro en la nobleza
halla blanco a las flechas de su saña.
Das tanto que alabar que no pudiendo,
como el que hace enemigos obligando,
te niega la virtud quien no la siente.
Quien más la arguye más la está diciendo
pues muestra su flaqueza no imitando
y así por envidioso es maldiciente.
A lo mismo
El que de ardiente ceguedad regido
en alas de su llama apresurado
iba a ser sacrificio de su agrado
muy de la parte estaba de su olvido.
Como del incendioso arpón herido
de sí desconocido en su cuidado
reconociese en un cristal helado
y a su vergüenza espejo fue advertido.
Vio la azucena presidiendo al hielo
por casta de sí misma coronada
nevando el aire de fragancia preso.
Honestose a su luz, o luz del cielo
que con hielo encendiste el alma helada
y helaste con ardor la llama impresa.
En alabanza del libro que el Dr. Soto, muy docto y virtuoso, natural de Granada, imprimió a una dama llamada Fénix y en alabanza de ella
Fénix laureada, con la voz sonora
del Cisne sacro, que en Genil se baña;
a quien Griegos milagros debe España,
pues lo insensible anima, y enamora.
Cuando al son de tu afecto canta, o llora,
se mueve la más sólida montaña,
tan fácil tus cadencias acompaña,
que a ti se humilla, en fe de él te honora.
¡Iguales, o felices! pues él llega,
por ti a ser inmortal; tú por su objeto,
a que su Fénix traza el Occidente.
El pudo dar, aún lo que el cielo niega;
pues, por los singular grande, perfecto,
hizo dos Fénix, o al ocaso Oriente.
A don Gabriel Bocangel, que escribió con excelencia la Fábula de Leandro Primero
¿Es de Amor pluma, o flecha de su aljaba,
Bocangel, la que exprime sus afectos?
Pues las pasiones reduciendo a objetos
se eterniza por ti cuanto se alaba.
El que a Alcides quitó la horrenda clava,
y vence los varones más perfectos,
siente de tu ingenioso Marte efectos,
rindiéndote el poder con que reinaba.
Como en el bronce, escribes en la espuma,
en que el furioso Ponto se convierte
de quejas amorosas impelido.
Que en virtud de la gracia de tu pluma
de Ero, y Leandro es vida el mar, no muerte,
tus Pirámides son Sesto, y Abido.
A un discurso que hizo la señora Ana Egas de Figueroa, alabando al Señor Felipe III, Nuestro Señor de gloriosa memoria
La verdad lo escribió, dióle la pluma
unos dicen Apolo, otros la Fama;
Apolo fue el que Scytha, y Belga inflama
que a Felipe veneres como a Numa.
La fama fue; pues en tan breve suma
con tan heroicos títulos le aclama,
que no hay respiración de hierro, y llama
que en sus glorias el tiempo no consuma.
El Panteón más alto, el más sublime
título de inmortal es el que admiras,
milagro a vista y manos reducido.
¿Quién vio contra la edad constante muro?
Aquí donde veneras cuanto miras
está el papel en bronce convertido.
Soliloquio Con Dios Nuestro Señor
Que breves que son las oras
Dios mío que estoy con vos
las que paso yo conmigo
que tristes i largas son.
Mide las mortales vidas
el tiempo fiel relox
minutos breves al gusto
siglos tardos al dolor .
En el alma que no muere
no influye clima inferior
que la abraza i llena solo
con circulo inmenso Dios.
Mientras obserba constante
las leies de la razon
aun vive el tienpo que pasa
que es su vida superior .
Tan superior que no puede
el que principio le dio
que ella viva menos que el,
tanto a su ser la igualó.
Alma ilustre pues ya tienes
con la vida firme union
al que debes tanto tanto
no le des menos que amor.
Lo mas precioso que ofreces
viene a ser en tu fabor
que aun el no tiene por bien
el que no alcanza a los dos.
Todo amante en las finezas
deve ser competidor
el permite que le obliges (sic)
con lo mismo que te dio.
Raras, quan breves 4 las oras
con tan alta elebacion
las tristes i largas 5 dulces,
si le das el corazon.
A La Lanza De Christo
Salue rayo de luz, que de Dios sabes
el Alma casi, pues con honda herida
penetraste al tesoro de la vida,
rompiendo puertas, y supliendo llaves:
Ya se permite que tu hierro alabes,
pues quedaste manchada, no teñida
en luz, que fuente fue parecio herida,
para que viua yo, tu culpas labes.
Como el sol, cuyos rayos transparentes
segun la diuision de las Regiones,
a un tiempo da el Verano, y el Ivierno:
tu causas dos efectos diferentes,
pues hiriendo de Amor los corazones,
estas dando lanzadas al Infierno.
El Autor Hablando Con Dios Despues De Una Enfermedad
Tantas, tantas, Señor, tantas las vezes
de tu piedad y tanta la porfia,
de obstinacion, que no la llamo mía,
de verguença, que tu no la merezes.
En que noche, en que instante no amanezes
a los que saben conocer el dia?
que aun enbil [ …] herror tu diestra embia
pues con lo mismo alumbras que estremeçes.
Alumbras, mas en ojos incapazes
de resplandor diuino la luz ciega,
como a nocturnas aues el sol claro,
los mios de tu lumbre sean capazes,
no venga a ser, o no! para mi ciega,
ni pueda mas mi culpa que tu amparo.
Soliloquio Con Dios Nuestro Señor
Que breves que son las oras
Dios mío que estoy con vos
las que paso yo conmigo
que tristes i largas son.
Mide las mortales vidas
el tiempo fiel relox
minutos breves al gusto
siglos tardos al dolor .
En el alma que no muere
no influye clima inferior
que la abraza i llena solo
con circulo inmenso Dios.
Mientras obserba constante
las leies de la razon
aun vive el tienpo que pasa
que es su vida superior .
Tan superior que no puede
el que principio le dio
que ella viva menos que el,
tanto a su ser la igualó.3
Alma ilustre pues ya tienes
con la vida firme union
al que debes tanto tanto
no le des menos que amor.
Lo mas precioso que ofreces
viene a ser en tu fabor
que aun el no tiene por bien
el que no alcanza a los dos.
Todo amante en las finezas
deve ser competidor
el permite que le obliges (sic)
con lo mismo que te dio.
Raras, quan breves las oras
con tan alta elebacion
las tristes i largas dulces,
si le das el corazon.
Al Nacimiento
Pastores destos montes
corona de Judea
vistes ponerse el sol
quedando se en estrellas.
Quanto mas anochece
aclara mas la tierra
si es de noche en las oras
no lo es en las tinieblas.
Como se estrella el monte
de flores estrangeras
en los canpos del cielo
florecen luzes nueuas.
Vistes sonbras tan claras
de alguna feliz nueua ?
sin temor de los lobos
reposan las obejas.
Pacen entre la escarcha
aun mas rosas que hierba
y tiñen sus bellones
la grana que apacientan.
Mirad lo que se dize
de aquel Pastor que en Grecia
juntaba a consonancias
los corderos i fieras
Los dientes i las garras
mas fuertes i sangrientas
se enbotan i se anudan
no sin misterio presas.
Vistes, dejar las abes
las abrigadas se Ibas
con tanta luz burladas
no sin causa secreta.
A las mas perezosas
los arboles las lleban
a los arboles mismos
arrebatan las selbas
Asta los pezes mudos
sus olas blandas dejan
y con saltos su gozo
aunque callado muestran
Mas escuchad Pastores
que el misterio interpretan
instrumentos sin manos
hermosuras sin lengua.
Si nace el autor de cielo i estrellas
no es mucho que todas con luz le hagan fiesta.
Si nace el abrigo de abes y selbas
justo es que le abriguen, y alaben ellas.
Si nace a quien deben la vida las fieras
que mucho le rindan toda la fiereza.
Si nace el que entiende los peces sin lengua
que mucho le alaben ellos sin ella.
Soliloquio A La Santisima Cruz En Dia De Su Triunfo
Salbe altar, donde el cordero
al padre se sacrifica,
custodia de sacramentos,
menos madero, que vida.
Imagen, que a Dios retrata,
pues como a su forma misma
postra el mundo, postra el cielo
corazones, i rodillas.
De la Trinidad retrato,
pues con ser una eres trina,
que titulos de hombre i rey
a la humanidad se aplican.
Que como donde esta Christo
es bien la virgen asista
se le da parte en la cruz
por madre de Dios por hija.
Si bien es verdad que a ti
se te dio la primacia
porque su parte es la humana
y la tuya la divina.
Blason de triunfos del cielo
pues oy sus victorias mismas
en tus poderosos brazos
en tus virtudes confia.
Y como suelen al rey
representar sus insignias
con el senblante de Dios
vences, dando a la fé vista
Que son tantas tus vitorias
que quantas se creen se miran
Constantino, Elena, Eraclio
que las vieron las afirman.
Y celebrelas España
pues como en fé mas fixa
en ella quisiste obrar
mas constantes marabillas
Salbe eterna como Dios
que aunque oy estas dividida
duracion de eternidades
tendras el ultimo dia.
Villancico (Sin Título)
Ese tu sayo Manuel
quien te lo remendó tan bien?
Ese tu sayo encarnado
justo i sin doblez alguno
que tu i el sayo soys uno
amor es disimulado
que es proprio de enamorado
usar los mismos colores
de quien pretende fabores
por dar su amor a entender
Quien te lo remendó tan bien?
Dime, quien con tanto aliño
los retazos6 ajustó;
que lo encarnado dexó
tan ,blanco, como el armiño,
i como, siendo de niño
se ha trazado para mi
que parece puesto en ti
que te engendraste con el
Quien te lo remendó tan bien?
En lo que lloras sospecho
que pues el nuevo vestido
acallarte no ha podido
sin duda te viene estrecho.
Darante un golpe en el pecho
quando sin abla estarás
y asi conseguido habrás
lo que asigura tu fé
Quien te lo remendó tan bien?
Dizenos cierta letura
que quando se te quitare
el que la suerte gozare
no le allará la costura
y tambien nos asigura
que no te allarás mexor
aunque cesará el dolor
sucediendo el parabien
Quien te lo remendó tan bien?
A La Pura Y Limpia Concepcion De Nuestra Señora
Quien ay que con soberbia desbocada
y de luz racional inadvertido
quando padece el Sol recien nacido
ose decir la Aurora está eclipsada.
O humanidad de Dios calificada
con la razon, descanso del sentido
que osado en el dudar crisol á sido
pues dexa la verdad purificada.8
Miraronte los ojos, no te vieron,
o por querer con presuncion humana
sondar misterios que la fee apadrina,
porque ver, sin adorar, quisieron
reconozcante Aurora soberana,
toda tu humanidad veran diuina.
En La Oracion Que Hiço, Recito, E Imprimio Don Francisco De La Cueua, Fundando En Derecho La Limpia Concepcion De Nuestra Señora
Si en tu pinçel florece la azucena
candida, como pura en la fragancia,
y tan de allá del Cielo es tu elegancia,
que aplaude el alma si al oydo suena.
Si tu voz, de eficaz, sin herror suena,
fulminando la fuerça de su instancia,
y de la Fee juntando la distancia,
nos das el Alua siempre de sol llena.
Con rayos de sol pintas, hablas, luzes:
el a tu pluma presta sus colores,
el a tu voca da lengua de llama.
Justo es, pues tu la graçia a Fee reduces,
el te dé por justicia sus fabores,
siendo su aurora timbre de tu Fama.
A Nuestra Señora Dia De Su Encarnacion
Oy es el claro dia
en que encarnó el Aurora
porque naciese el sol
a desterrar las sonbras.
Oy amanece el Alba,
que dio a la vida forma:
que es madre ya de luz,
si antes hija la rosa.
Del raudal de la gracia
se descubren las olas
que han de regar el mundo
de mieses luminosas.
Oy que todos los astros
qual flores se desojan
para que en su regazo
gracia el alma recoja.
Mortales celebrad
celebrad vuestra gloria
pues oy nace Maria
para Virgen Esposa.
De aquel por cuya union
siendo por gracia sola,
nacerá quien os libre
de cadena i argolla.
Oy el hierro infelizé
de esclabitud se dora
viniendo a ser dichoso
aquel que no le borra.
Aquel que de la frente
lo pasa a la memoria
se buelve en sacrificio
con gratitud devota.
La fiesta lo merece
i por si misma aboga
que vienen a juntarse
el nacimiento i bodas.
Pues al tienpo que nace
Maria se desposa
porque nazca la vida
haziendo almas gozosas.
Ellas se sacrifiquen
siendo victimas todas
porque al maior fabor
lo mejor corresponda.
A San Juan Evangelista
Aguila de tanto buelo
que a lo mas supremo subes
pues penetrando las nubes
te sirve de nido el cielo.
Tu, que en el seno divino
llegas a las esperanzas
i tanto al sol te avalanzas
que es uno i le miras trino
si del globo cristalino
en llovernos fabores te desvelas
muestranos, como duermes, como belas
pagado de tus mismas alabanzas
pues velando i durmiendo a Dios alcanzas.
Por lo que del cielo sabe
tu sueño, Juan, i tu pluma
pues no ay luz que no resuma
te llaman, i adoran abe
Abe pura a imitacion
te diremos de Maria
a ella como a luz del día,
a ti por tu elevacion
respondiendo a la razon
todas las lenguas alaben a Juan
que las perfecciones en su nombre estan
pues por gracia i virtudes todo en ti cabe
sostituto del Verbo, mil vezes Abe.
A San Antonio De Padua
Dejadle que hazer a Dios
Antonio en lo que admirays
que si a la mano no os vays
pensarán que lo soys vos.
Tenemos por vuestra mano
tan nuestro lo mas del Cielo
que ya parece que el suelo
se alça con lo soberano.
Liras En Alabanza De La Agricultura Y Milagro De Arar Los Angeles En Tanto Que Oraba San Isidro
Agricultor dichoso,
que en recompensa de mi voz has sido
ya otra vez generoso
escucha agradecido
parezcase a tus manos el oido.
Fecundo de tu arado
mas fertil que la bara del Hebreo
de tu sudor regado
este circulo veo
pues rinden llamas frutos a deseo.
La santa agricultura
(imitando a la eterna monarquia}
a la mortal criatura
de humanidad desvia
pues en plantas y mieses almas cria.
Tu, Isidro, la engrandeces
mas que la dignidad Imperatoria,
de quien fue tantas vezes
gloria sin vanagloria
y es campo en que triunfa su memoria.
Blasones ya mas justos
les da el por ti sagrado ministerio
pues luzeros Augustos
(dejando Impireo imperio)
haz en de tu cansancio refrigerio.
O quanto se lebanta
el Angel que a imitarte al mundo viene
pues si ella alegre canta
glorias aqui previene
que tanbien la humildad su ponpa tiene.
Tu santidad abona
que de arboles devidos a su mano
nacio el cetro i corona
conque el Monarca Ispano
se corona y da ley al Occeano.
El campo, que abundaste
labrador, ya Planeta, lo mejora ;
pues que tu lo senbraste,
lo reverdece i dora
paga, que te ha llorado, i que te adora.
A La Obstinacion En Pecar Causa De Todos Los Daños
Quan vecinos estamos a la muerte,
pues se oponen estorbos a la vida,
que el medico sirviendo de homicida,
con venenos antidotos pervierte.
O tu, solo en causar dolores, fuerte;
la cura alarga, sanaras la herida
que la salud universal perdida
al mas robusto, de su fin advierte.
Si es pacto de dar gozos al Infierno,
por desacer la imagen que le altera,
intento, en que se vale de tu mano.
Mira feliz la muerte en mundo eterno,
pues con tener, a quien matar, viuiera
mas a la rabia se persuade en vano.
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