Poemas de Eurípides (poeta griego)
Poemas de Eurípides (480–406 a.C.) el más innovador y realista de los trágicos griegos. Centró sus obras en la psicología humana, humanizando a los héroes y dando un protagonismo inédito a las mujeres y esclavos.
Con un tono escéptico y crítico hacia los mitos tradicionales, utilizó el recurso del deus ex machina para resolver tramas complejas. Su enfoque en las pasiones descontroladas, como en Medea, sentó las bases del drama moderno.
Eúripides y la mujer de su tiempo
«De todas las cosas
que sangran sobre la tierra,
la mujer es…
la hierba
más maltratada»
(nosotras pagamos
como dote…
nuestro precio en oro ),
oro…
que hemos
acumulado
sólo para ese día,
y así de ese modo
compramos el amor
de un hombre,
y luego ese hombre
se convierte
en amo
y señor…
de nuestra carne,
(y luego el peligro… ),
para bien o para
mal…
pues en nuestra
casa paterna
no nos enseñan
como guiar
así a la paz,
a esa cosa…
que duerme
a nuestro lado.
Y aquella,
que tras prolongada
labor…
encuentra la manera
de que su amo
sea indulgente
con ella,
o logra
no tire de yugo
con excesiva
ferocidad…
bien puede
bendecir
el aire que respira,
pues de lo
contrario…
su único consuelo
sea,
buscar la muerte.
Como una abeja
Eros, Eros, que a través de los ojos
destilas deseo, trayendo dulce placer
al alma, contra la que haces guerra,
nunca te me aparezcas con tu mal,
nunca vengas sin ritmo.
Pues no hay arma,
ni de fuego, ni de estrellas, que destruya
así, como el hijo de Afrodita con sus manos.
En vano, en vano, sacrifican los griegos
el ganado, junto al río Alfeo
y en Delfos, en el templo de Apolo,
si no honran a Eros,
tirano de todo lo que es humano,
el que guarda las llaves
de las habitaciones del placer,
las de su madre Afrodita.
Y él viene,
devastándolo todo,
dejando a su paso un rastro de miseria,
cada vez que visita a los mortales.
Como Íole, allá en Oijalía,
que vivía insumisa,
libre de esposo y de boda,
la rápida ninfa, ay,
a ella, Afrodita, como a una ménade,
ensangrentada y humeante,
en una boda asesina, la entregó a Hércules,
novia infausta.
Sagrada muralla de Tebas,
manantial de Dirce,
si pudieran decir al unísono
Afrodita, cómo es que llega:
por ejemplo, que a Sémele,
madre de Dioniso, el dos veces nacido,
le dio una boda sangrienta,
rodeada del rayo y del fuego,
o cómo en cada cosa deja su aliento terrible,
y se aleja volando, como una abeja.

Lamento por Medea
Me llegó la palabra, los gritos oí
de la Cólquide triste, que no recobró
aún la calma.
Habla, anciana, habla, pues.
Yo, estando a mi puerta, su voz escuché,
que venía desde aquí,
y no me causa placer el dolor de esta casa
que tan querida para mí resulta.
Himno a la justicia femenina
Ya no habrá más cantos de bodas
que celebren la fidelidad del hombre.
La mujer también sabe vengarse,
y su furia es fuego que no se apaga.
¡Oh Temis, oh Artemisa,
proteged a las ultrajadas!
Lamento por la caída de Troya
¡Ay de mí, desventurada!
¡Proas ligeras de las naves,
que arribaron con vuestros remos
a la sagrada Ilión!
Por la esposa de Menelao
fue degollado Príamo,
y cayó sobre nosotras esta calamidad.
Elegía por los hijos perdidos
¡Oh hijos de Troya,
flor de nuestra juventud!
Ya no correréis por los patios,
ni jugaréis con las lanzas.
El polvo os cubre,
y el llanto de las madres
no cesa.
Lamento por Fedra
¡Ay, hija de Minos,
presa del amor sin medida!
Tu alma se quebró
como rama en tormenta.
No hay medicina para el deseo
cuando los dioses lo inflaman.
Canto por Agamenón
¡Oh mísero Agamenón!
Tu esposa no te recibió con guirnaldas,
sino con la cuchilla de dos filos.
Y así conservó mi madre
su adúltero amante.
¡Ay de ti, padre,
herido por cruel seguidor!
Himno a la venganza justa
Justicia, hija de Zeus,
guía la mano de Orestes.
Que la sangre derramada
sea lavada con sangre.
No por odio, sino por ley
se alza el brazo del vengador.
Himno báquico
Desde la tierra de Asia,
dejado el sagrado Tmolo,
me precipito hacia Bromio,
dulce trabajo y fatiga agradable.
¡Evohé!
Bienaventurado el que conoce los misterios
y danza en los montes con Dioniso.
Canto de exaltación dionisíaca
¡Mucho me gusta subir a los montes,
hacia ellos Baco me lleva y me guía,
vestido con pieles de corzo,
tras la sangre del cabrito inmolado!
¡Que brote el vino del suelo,
y la leche y el néctar de abejas!
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