Poemas de Aristófanes (poeta griego)
Poemas de Aristófanes (444–385 a.C.) fue el máximo exponente de la Comedia Antigua griega. A diferencia de los trágicos, utilizó el humor mordaz y la sátira política para criticar a las instituciones y personajes de su época, como Sócrates o Cleón.
Sus obras, entre ellas Lisístrata y Las nubes, destacan por su ingenio, fantasía y libertad de expresión, ofreciendo una visión lúdica pero reflexiva sobre la paz, la educación y la corrupción social.
Las nubes
Nosotras, las Nubes, grandes divinidades para los sabios,
somos las que damos alimento a los pensadores,
a los que buscan vivir de la palabra y del aire.
Venid, oh Nubes, hijas de la gran Océano,
venid con vuestra danza ligera,
traed sombra y frescura a los mortales.
Nosotras enseñamos a los hombres
el arte de hablar y de pensar,
y a los jóvenes damos alas para volar en discursos.
La asamblea de las mujeres
Entonces las mujeres os saldrán al encuentro,
cuando volváis del festín, diciendo:
‘Ven acá, tenemos una hermosa muchacha…’
No es justo que unas esclavas bien adornadas
les roben sus placeres a las mujeres libres.
Ya no podrán acostarse más que con los esclavos.
Cada cual se retirará del banquete
ebrio con su corona y su antorcha,
y la ciudad se llenará de risas y de cantos.
Acarnienses
¡Pobre, pobre patria mía!
Yo soy el primero en llegar a la Asamblea;
suspiro, bostezo, me desperezo,
enamorado de la paz, detesto la ciudad.
Detesto la guerra,
y pienso en aquellas gentes de mi pueblo
que nunca supieron lo que es decir:
‘compra carbón, vinagre, aceite’.
Esta vez vengo decidido a gritar,
a interrumpir, a invectivar
a todo orador que nos hable de otra cosa
que no sea la paz.
Lisístrata
¿Qué necesidad hay de hacer guerras?
Nosotras os salvaremos.
Nosotras, sí.
¿Es que no administramos nosotras
el dinero de todas nuestras casas?
Pues también administraremos el tesoro de la ciudad.
Nosotras, las mujeres,
con nuestras túnicas azafranadas y perfumes,
lograremos que ningún hombre levante la lanza contra otro.
Las tesmoforiazusas
Guarda, ¡oh pueblo!, un silencio religioso;
el coro sagrado de las Musas entona sus himnos
en la morada de mi señor.
Refrene el Éter apacible el soplo de los vientos;
cese el rumor de las glaucas ondas;
duerma la gente alada.
Agatón redondea nuevas formas poéticas,
tornea unos versos, forja unas sentencias,
inventa metáforas, funde y vierte en el molde el asunto.

Los caballeros
¡Oh hijos de los corceles,
vosotros que galopáis en la llanura,
guardianes de la ciudad,
defensores del pueblo!
Nosotros, los jinetes,
cantamos con brío y con fuerza,
pues la libertad se mantiene
con el galope de nuestras lanzas.
El viento silba en las crines,
la tierra tiembla bajo los cascos,
y Atenas se alza orgullosa
con sus caballeros valientes.
Las avispas
Zumbamos, zumbamos,
con aguijones afilados,
guardianes de los tribunales,
enemigos de los injustos.
El aguijón es nuestra lanza,
la colmena, nuestro tribunal,
y la justicia se defiende
con el rugido de nuestras alas.
Viejos somos, pero fieros,
no tememos a los poderosos,
pues la voz del pueblo
zumba más fuerte que el oro.
La Paz
¡Oh Paz, dulce diosa,
vuelve a la tierra de los mortales,
haz que los campos florezcan
y que el vino corra en las copas!
La guerra devora los frutos,
arrasa las viñas y los olivos,
pero la Paz sonríe
y la tierra canta de nuevo.
Subimos al cielo en busca tuya,
diosa que duerme entre las nubes,
y te traemos de vuelta
para que Atenas respire.
Aves
Venid, venid, hijos del aire,
con alas de mil colores,
cantemos la ciudad de las aves,
libre de hombres y de guerras.
El cielo es nuestro reino,
las nubes, nuestras murallas,
y el canto es nuestra ley,
más dulce que cualquier decreto.
De plumaje tejemos la vida,
de vuelo construimos la ciudad,
y en la danza del aire
hallamos la libertad.
Pluto y la diosa pobreza
Pluto, dios de la riqueza,
abre los ojos y camina,
reparte tus dones justos
entre los que nada tienen.
La pobreza es maestra dura,
enseña a los hombres a trabajar,
pero la riqueza ciega
y corrompe los corazones.
Que la justicia guíe tus pasos,
oh dios que brillas en oro,
pues la abundancia sin medida
es sombra que devora la ciudad.
Las ranas
Brekekekex, coax, coax,
cantamos en el lago profundo,
nuestra voz resuena en la noche,
eco del mundo subterráneo.
Oh Dionisio, señor del teatro,
guía al viajero en su descenso,
que las ranas canten tu nombre
en el río de los muertos.
El coro báquico se alza,
con antorchas y con danzas,
y la comedia se convierte
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