Poemas de Sófocles (poeta griego)

Sófocles

Poemas de Sófocles (496–406 a.C.) quien fuera el dramaturgo que llevó la tragedia griega a su máxima perfección técnica y humana. Introdujo al tercer actor, lo que permitió tramas mucho más complejas, y aumentó el número de miembros del coro, aunque centró el interés en el conflicto individual frente al destino.

Sus personajes, como en Edipo Rey o Antígona, son figuras de nobleza trágica que luchan entre la ley moral y la voluntad divina. Su obra destaca por la ironía trágica y un lenguaje elegante, consolidando el teatro como una herramienta para explorar la fragilidad y dignidad de la condición humana.

Triunfo de Eros

Eros incombatible en la batalla,

Eros, tú que te arrojas contra las fortunas

y en las mejillas tiernas de una joven

pasas toda la noche;

por el mar vas y vienes

y por los patios de los campesinos:

nadie es tu fugitivo, ni el inmortal ni el hombre

que sólo un día dura. El que a ti te posee

por la locura queda poseído.

Tú arrastras a la ruina las almas ya sin juicio

de los antes juiciosos

e incluso esta discordia has provocado

entre varones de una misma sangre.

Pero triunfa el deseo que irradia de los ojos

de una novia de lecho deseable.

Eros que participas del origen

de las leyes sagradas: sin resistencia juega

la divina Afrodita…

 

Primer canto del Coro (tras la salida de Antígona e Ismene)

Rayo de sol, luz la más bella

—más bella, sí, que cualquiera

de las que hasta hoy brillaron en Tebas la de las siete puertas—,

ya has aparecido, párpado de la dorada mañana

que te mueves por sobre la corriente de Dirce.

Con rápida brida has hecho correr ante ti, fugitivo,

al hombre venido de Argos, de blanco escudo,

con su arnés completo, Polinices,

que se levantó contra nuestra patria

llevado por dudosas querellas…

 

Himno al hombre (segundo canto del Coro)

Muchas cosas hay portentosas,

pero ninguna tan portentosa como el hombre;

él, que ayudado por el noto tempestuoso

llega hasta el otro extremo de la espumosa mar,

atravesándola a pesar de las olas que rugen, descomunales;

él que fatiga la sublimísima divina tierra,

inconsumible, inagotable, con el ir y venir del arado,

año tras año, recorriéndola con sus mulas…

Sófocles

Canto sobre la maldición de la casa de Edipo

Cuando la mente se extravía,

el mal arrastra al hombre

y la desmesura engendra desmesura.

Así, la desdicha se abate

sobre la casa de los mortales

y no cesa jamás.

 

El poder del amor

Amor invencible en la batalla,

que te abates sobre los bienes,

que pasas la noche en la suave mejilla

de la doncella,

y recorres los mares y los campos…

Nadie escapa a tu influjo.

 

Destino de Antígona

Dichosa, si se puede decir,

la que muere fiel a su deber.

Tú, Antígona, vas hacia la tumba

como hacia el lecho nupcial,

y allí dormirás eternamente.

 

Los mitos de Danae y otros

Danae, encerrada en la cámara de bronce,

también probó la fuerza del destino.

Y Licurgo fue domado por Dioniso,

y Cleopatra, hija de Boreas,

sufrió tormentos sin fin…

Así, nadie escapa al hado.

 

La advertencia de Tiresias

El sabio adivino habló

y sus palabras son temibles.

Cuando los dioses se irritan,

no hay sacrificio que los aplaca,

ni fuego que purifique.

 

Súplica a los dioses

Oh Zeus, padre eterno,

oh sol que todo lo ves,

oh tierra madre,

libra a Tebas de la desgracia,

haz que la ciudad se salve.

 

Elegía por los muertos

Grande es la sabiduría,

pero el destino es más fuerte.

La felicidad solo dura un instante,

y la desgracia golpea sin aviso.

La prudencia es la primera dicha

para los mortales.

 

Párodos

¡Oh hija de Zeus, Atenea inmortal!

¡Oh Artemisa, guardiana de las colinas!

¡Oh Apolo, que lanzas flechas de fuego!

Venid y libradnos de esta peste cruel.

 

Primer Estásimo

Que nunca se pierda la reverencia

hacia las leyes eternas de los dioses.

La soberbia engendra tiranos,

y el exceso conduce a la ruina.

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