Poemas de Paladas (poeta griego)
Poemas de Paladas de Alejandría (siglo IV d.C.) el último gran poeta pagano de la Antigüedad. Su obra, marcada por un profundo pesimismo, refleja la angustia ante la desaparición del mundo helénico y el avance del cristianismo.
En sus versos, la vida es una «farsa trágica» o una navegación peligrosa bajo el mando de la Fortuna. Con ironía mordaz, aborda temas como la vanidad humana, la decadencia de los dioses antiguos y la inminencia de la muerte.
La Vida Humana
Nuestra humana existencia es peligrosa navegación que hacemos por el mundo; saltados por rudas tempestades, es mayor nuestro mísero infortunio que el del náufrago siempre.
La Fortuna tiene el timón de nuestra vida; es suyo, y cruzamos el mar tanto hacia un lado como hacia otro en el incierto rumbo. la penosa y constante travesía es feliz y halagüeña para unos; para los otros desdichada y triste: pero todo después, todos por último abordamos, no obstante, en solo un puerto: del seno de la tierra en lo profundo.
Las Riquezas
Riqueza, insensata madre del orgullo, hija asaz fúnebre De sinsabores y penas Y al par de infortunios múltiples, Quien te tiene, tiembla siempre, quien no te tiene, sufre.
La Pequeñez del Humano
Tú que solo un montón grosero eres de algunos granos que contiene el orbe d pretendes medir la tierra toda, dus miradas dirige al horizonte, al universo entero, y luego mídete, d aprenderás a conocerte entonces sí; que a pesar de tus esfuerzos tantos, llegar no puedes do tu vista pones.
¡Cómo soberbia y atrevida, el mundo, Su inmensidad, tu pequeñez conoce!
La Adulación
Concede un favor cualquiera a una alma vulgar, y entonces te verás señor llamado, y si con buenas razones rechazas su ruego, aún más seráas señor, un gran hombre.
Sin ser vendibles, su precio tienen ciertas expresiones. Yo no teniendo que dar nada por ellas, conforme estoy en que no me den Señorías ni otros nombres.
Los Hombres
¿Quiénes son esos seres que así veo respirar y moverse? Es que su fuerza viene del aire que reciben; todos sus órganos se agitan: su existencia, en resumen, no es más que sueño leve.
Oprimid con los dedos a cualquiera de esos cuerpos que tienen ese aire, y veréis cuál se escapa con presteza lo que el alma se llama.
He aquí al hombre de sí mismo engreído, en su soberbia tiénese en mucho, se posee altanero, de necio orgullo y petulancia necia, cuando apenas tan sólo le sostiene, de ese aire una parte tan pequeña.
La Mujer
Al elemento ígneo, la mujer añadió Júpiter. De estos dos fuegos que son nuestro tormento, se sufre el primero y se le teme mucho menos, pues se acude a apagarlo, y se consigue, más la mujer, no se dude, es un fuego que no puede extinguir quien lo procure.
La Mudanza del Hombre
Contemplaba algunos restos de escultura y de imágenes, de antiguas piedras, vestigios de templos monumentales en donde a Alcides rindieron, en sus aras, homenajes.
¿El hombre olvidado tiene, me decía, los altares que consagrar es debido a los dioses inmortales? Cuando el mismo dios de súbito ante mí llegó a mostrarse, y sonriendo me dijo: mortal, pues que así mudable todo es, ¿por qué te extraña que el mundo llegue a olvidarse de sus dioses?
De los hombres obra son culto y altares, y nuestro ser tan glorioso por nada puede alterarse; mas inmortales aun siendo, como son así inconstantes vuestros mismos corazones, más que fuertes siempre frágiles, hacia nosotros, tal vez, por lo que llega a encontrarse en los nuestros parecido a vuestro mismo carácter, subyugados, pues, nos vemos también al tiempo mudable.
Espectros
¿En la profunda noche estamos muertos
O en el sepulcro nos soñamos vivos?
Somos quizá los últimos vivientes
Pues ya todo
en el abismo se hunde,
muerte es la vida y ya está muerto el mundo.

Epigramas
Sobre Helena y Penélope (misógino y crítico)
De la adúltera Helena vino una matanza de hombres;
y por la decencia de Penélope hubo muertos.
La Ilíada es obra causada por una sola mujer;
mientras que Penélope es causa de la Odisea.
Sobre la decadencia del mundo griego (X, 83)
¿Acaso no hemos muerto y solamente nos parece estar viviendo, griegos,
abatidos en la desdicha
y fingiendo que un sueño es la vida?
¿O existimos nosotros cuando ha muerto la vida?
Sobre la vida como farsa (X, 62)
Escena y farsa es toda la vida.
Aprende a actuar sin tomártela en serio,
o bien soporta tus dolores.
Sobre la destrucción de los ídolos (IX, 441)
Vi en una encrucijada un bronce del hijo de Zeus,
el primero mencionado en las plegarias, ahora desechado.
Indignado, dije: “Dios de las tres lunas, que te libras de los males,
nunca derrotado, ¿hoy estás tendido en el suelo?”
Por la noche, el dios vino a mi lado y me dijo riendo:
“Aunque soy un dios, he aprendido a adaptarme a los tiempos”.
Sobre la condición humana (X, 118)
¿Cómo nací? ¿De dónde soy? ¿Con qué fin llegué? ¿Para partir?
¿Cómo puedo aprender algo si no sé nada?
Nací, sin ser nada. De nuevo seré lo que antes era.
Nada y ninguna es la estirpe de los hombres.
Pero ¡ea! sírveme de la fuente placentera de Baco.
Pues ése es el antídoto y medicina de los males.
Contra la doctrina platónica (XI, 382)
Hombre, si tienes recuerdo de cómo tu padre te hizo
cuando te concibió, deja tu grandiosidad.
Pero Platón te infundió delirando tufos, diciendo
que eras inmortal y un “vegetal celestial”.
Hecho de barro estás. ¿Qué más crees?
Así lo diría uno adornándotelo con muy solemne expresión;
pero si buscas la fórmula exacta: de una lujuria
irreprimible estás hecho, y de lefa vulgar.
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