Poemas de Babrio (poeta romano)
Los Poemas de Babrio (Valerio Babrio siglos II-III d.C.), poeta de origen romano que helenizó el género de la fábula. Su gran aporte fue versificar las historias de Esopo utilizando el coliambo o «yambo cojo», dotándolas de un estilo elegante, irónico y culto.
Su colección, Mythiambi Aesopei, influyó profundamente en la literatura posterior, rescatando la sabiduría popular para la élite intelectual y preservando el valor moral y satírico de la tradición animalística.
Hermes y el Hombre que Pisó unas Hormigas
(Fábula 02 – Versión poética de un clásico)
Un vez sucedió que un barco naufragó junto a la costa sin que hubiera supervivientes. Un hombre, que divisaba lo sucedido desde una montaña, gritó:
– Qué injustos son los dioses, por un solo hombre malo que viajaba en aquél navío, un montón de inocentes perdieron la vida sin merecerlo.
En estas, que el hombre tropezó con un hormiguero, y vio de repente como una hormiga se le subió por la pierna y le mordió. En un acto reflejo, pisoteó el hormiguero hasta acabar con todas ellas.
Hermes, que observaba la escena desde hacía un rato, espetó:
– ¿Y cómo osas juzgar así a los dioses, si tú actúas de igual forma?
Moraleja: Antes de juzgar a los demás, asegúrate de que tú estás libre de pecado.
El Lobo y el Cordero
(Fábula 89 – Versión poética de un clásico)
Un lobo vio a un cordero que bebía en un arroyo y quiso buscar un pretexto para devorarlo. — «¡Estás ensuciando el agua que bebo!», gritó el lobo desde arriba. — «Señor —respondió el cordero—, yo bebo más abajo y el agua corre de usted hacia mí.» — «Pues el año pasado insultaste a mi padre», replicó el lobo. — «¡Pero si yo aún no había nacido!», dijo el pequeño. — «No me importa —concluyó el lobo antes de saltar sobre él—, aunque seas muy bueno dando razones, yo no pienso quedarme sin cenar.»
El pescador y el Pececillo
(Fábula 6 – Reflexión sobre la ambición)
Un pescador echó su red y solo sacó un pececillo muy pequeño. El pez le suplicó: — «Por favor, suéltame ahora que soy pequeño. Cuando crezca y sea un gran pez, podrás capturarme de nuevo y te seré de más provecho.» El pescador, sonriendo, lo guardó en su cesta y respondió:
«Sería un necio si soltara la ganancia que ya tengo en la mano, por pequeña que sea, a cambio de una esperanza mayor pero incierta.»
La Zorra y la Máscara
(Fábula 15 – Sobre la apariencia y la inteligencia)
Una zorra entró en el taller de un actor y, revolviendo entre sus trastos, encontró una máscara de teatro magníficamente labrada, que representaba un rostro humano muy bello y expresivo. La zorra la miró por un lado y por otro, y tras ver que por dentro estaba hueca, exclamó:
«¡Qué cabeza tan hermosa, lástima que no tenga sesos!»
El Águila y el Escarabajo
(Fábula 124 – Sobre la venganza del pequeño)
Una liebre, perseguida por un águila, pidió ayuda a un escarabajo. El escarabajo suplicó al águila que respetara su protección, pero el águila, despreciando al pequeño insecto, devoró a la liebre ante sus ojos.
Desde entonces, el escarabajo buscó venganza: cada vez que el águila ponía sus huevos, él trepaba y los hacía rodar hasta que se rompían. Desesperada, el águila pidió a Júpiter poner sus huevos en su regazo divino para protegerlos.
Pero el escarabajo hizo una bola de estiércol y la dejó caer sobre el dios. Júpiter, al sacudirse la suciedad, tiró accidentalmente los huevos.
Moraleja: No desprecies a nadie por pequeño que sea, pues no hay nadie tan débil que no pueda vengarse de una ofensa.

El Caballo, el Ciervo y el Cazador
(Fábula 31 – Sobre la venganza)
Un Caballo vivía en una hermosa pradera, pero un Ciervo entró en ella y comenzó a pacer, arruinando la hierba y el pasto que el caballo consideraba suyo. El caballo, queriendo vengarse del intruso pero sintiéndose incapaz de atraparlo por su gran velocidad, acudió a un Cazador humano para pedirle ayuda.
El cazador le respondió: — «Solo podré ayudarte si me permites ponerte un freno en la boca y me dejas subir a tu lomo para perseguir al ciervo con mis armas».
El caballo, cegado por el rencor, aceptó las condiciones. El cazador montó al caballo, persiguió al ciervo y le dio muerte. Sin embargo, cuando el caballo pidió ser liberado para disfrutar de su pradera ahora tranquila, el cazador le dijo: — «Ahora que he descubierto lo útil que me eres, no pienso dejarte ir».
Desde ese día, el caballo se convirtió en el esclavo del hombre.
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