Poemas de Alfonso X el Sabio (poeta castellano)
Alfonso X el Sabio (1221-1284), rey de Castilla y León, fue el máximo impulsor de la cultura medieval en España. Su legado destaca por la unificación y elevación del castellano como lengua oficial y científica.
Fundó la Escuela de Traductores de Toledo, donde sabios cristianos, judíos y musulmanes colaboraron en obras jurídicas (Siete Partidas), históricas y científicas. Como poeta, compuso en galaicoportugués las Cantigas de Santa María, cumbre de la lírica lírica mariana.
Aunque su ambición política por el trono imperial fracasó, su labor intelectual le otorgó un lugar eterno como el monarca que «iluminó» la Edad Media.
Cántiga 1: Los siete gozos de Santa María
El propósito del poeta
Desde hoy en adelante quiero trovar
por la Señora honrada,
en quien Dios quiso tomar carne
bendita y sagrada,
para darnos gran recompensa
en su reino y hacernos herederos,
como miembros de su familia,
de una vida prolongada,
sin tener que pasar después
por la muerte otra vez.
La Anunciación (Primer Gozo)
Y por ello quiero empezar
(contando) cómo fue saludada
por Gabriel, cuando fue a llamarla:
«Bienaventurada Virgen, de Dios amada:
del que ha de salvar al mundo
quedas ahora encinta;
y además tu cuñada
Isabel, de quien se llegó a dudar,
está por ello avergonzada (por su preñez tardía)».
El Nacimiento (Segundo Gozo)
Y además quiero mencionarle
cómo llegó cansada
a Belén y fue a posar
en el portal de la entrada,
donde parió sin tardanza
a Jesucristo, y fue a acostarlo,
como mujer humilde,
donde echan la cebada,
en el pesebre, y a aposentarlo
entre bestias de labranza.
El anuncio a los pastores y los Reyes Magos (Tercer Gozo)
Y tampoco quiero olvidar
cómo los ángeles, cantando,
fueron a cantar loores a Dios
y «paz en la tierra dada»;
ni cómo a la comarca,
a los tres Reyes de Ultramar,
les fue mostrada la estrella,
por lo que sin demora
vinieron a dar su ofrenda
extraña y preciada.
La Resurrección (Cuarto Gozo)
Otra historia quiero contar:
lo que después le fue contado
a la Magdalena; cómo ver
vio la piedra volcada
del sepulcro, y guardada
por el ángel, que fue a hablarle
y le dijo: «Cuitada mujer, sé confortada,
que Jesús, a quien vienes a buscar,
resucitó de madrugada».
La Ascensión (Quinto Gozo)
Y también quiero demostraros
la gran alegría profunda
que ella tuvo, cuando vio alzarse
en una nube iluminada
a su Hijo; y después de que fue alzado,
vieron ángeles andar
entre la gente reunida,
muy desconsolada,
diciendo: «Así vendrá a juzgar,
esto es cosa probada».
Pentecostés (Sexto Gozo)
Ni quiero dejar de decir
cómo fue llegada
la gracia que Dios enviarle
quiso, tan grande,
que por Él fue esforzada
la compañía (los apóstoles) que reunir
hizo Dios, e instruida,
del Espíritu colmada,
por lo cual supieron predicar
luego, sin tardanza.
La Asunción y Coronación (Séptimo Gozo)
Y, por Dios, no es de callar
cómo fue coronada,
cuando su Hijo la quiso llevar,
después de que hubo pasado (muerto)
de este mundo, y unida
con Él en el cielo, a la par,
y llamada Reina,
Hija, Madre y Criada (creatura);
y por ello nos debe ayudar,
pues es nuestra abogada.
Cántiga 100
Esta es de loor.
Santa María, estrella del día,
muéstranos la vía hacia Dios y guíanos.
Porque haces ver a los errados
que se iban a perder por sus pecados,
entender que muy culpados
son; pero por ti son perdonados
de la osadía que les hacía
cometer locuras más de lo que debían.
Santa María, estrella del día,
muéstranos la vía hacia Dios y guíanos.
Mostrarnos debes la carrera (el camino)
para ganar de todas maneras
la luz sin par y verdadera
que tú sola puedes darnos;
porque Dios a ti te la otorgaría
y la querría dar por ti, y la daría.
Santa María, estrella del día,
muéstranos la vía hacia Dios y guíanos.
Bien nos puede guiar tu juicio
más que nada hacia el Paraíso,
donde Dios tiene siempre gozo y risa
para quien en Él creer quiso;
y me placería, si a ti te placiera,
que estuviese mi alma en tal compañía.
Santa María, estrella del día,
muéstranos la vía hacia Dios y guíanos.
Cántiga 103
Como Santa María hizo estar al monje trescientos años al canto del pajarillo, porque le pedía que le mostrase cuál era el bien que tenían los que estaban en el Paraíso.
Quien a la Virgen bien servirá,
al Paraíso irá.
Y de esto un gran milagro os quiero yo ahora contar,
que hizo Santa María por un monje, que rogar
le iba siempre que le mostrase qué bien en el Paraíso hay.
Quien a la Virgen bien servirá…
Y que lo viese en su vida antes de que fuera a morir.
Y por ello la Gloriosa ved lo que le fue a hacer:
le hizo entrar en una huerta en la que muchas veces ya
Quien a la Virgen bien servirá…
había entrado; pero aquel día hizo que una fuente hallara
muy clara y muy hermosa, y junto a ella se sentó.
Y después de lavar muy bien sus manos, dijo: «Ay, Virgen, ¿qué será?
Quien a la Virgen bien servirá…
¿Si veré del Paraíso, lo que mucho os pedí,
algún poco de su deleite antes de que salga de aquí,
y que sepa el que bien obra qué galardón tendrá?»
Quien a la Virgen bien servirá…
Tan pronto como acababa el monje la oración,
oyó a un pajarillo cantar luego con tan buen son,
que se quedó abstraído estando y mirando siempre allá.
Quien a la Virgen bien servirá…
Tan gran sabor sentía de aquel canto y de aquel son,
que grandes trescientos años estuvo así, o más,
creyendo que no había estado sino poco, como está
Quien a la Virgen bien servirá…
un monje alguna vez al año, cuando sale al vergel.
Luego se fue el pajarillo, por lo que le pesó mucho a él,
y dice: «Yo de aquí irme quiero, que ya querrá comer
Quien a la Virgen bien servirá…
el convento». Y se fue luego y halló un gran portal
que nunca había visto, y dijo: «¡Ay, Santa María, valme!
No es este mi monasterio, pues ¿de mí qué será?».
Quien a la Virgen bien servirá…
Luego entró en la iglesia, y tuvieron gran pavor
los monjes cuando lo vieron, y le preguntó el prior,
diciendo: «Amigo, ¿vos quién sois o qué buscáis acá?».
Quien a la Virgen bien servirá…
Dijo él: «Busco a mi abad, a quien ahora aquí dejé,
y al prior y a los frailes, de quienes ahora me aparté
cuando fui a aquella huerta; ¿dónde están? ¿quién me lo dirá?».
Quien a la Virgen bien servirá…
Cuando esto oyó el abad, lo tuvo por falto de seso,
y así mismo el convento; pero después que supieron bien
cómo había sido este hecho, dijeron: «¿Quién oirá
Quien a la Virgen bien servirá…
nunca tan gran maravilla como Dios por este hizo
por el ruego de su Madre, ¡Virgen santa de gran valor!
Y por esto la loemos; ¿pues quién no la loará
Quien a la Virgen bien servirá…
más que a otra cosa que sea? Que, por Dios, gran derecho es,
pues cuanto nosotros le pedimos nos lo da su Hijo, a la fe,
por ella; y aquí nos muestra lo que después nos dará».
Quien a la Virgen bien servirá…
Cántiga 169
Esta es de un milagro que hizo Santa María por una iglesia suya que está en la Arreixaca de Murcia, de cómo los moros estuvieron de acuerdo en destruirla y nunca lo lograron.
A la que para salvarnos
hizo Dios Madre e Hija,
que ella se quiera honrar de nosotros
no es maravilla.
Y de esto diré un gran milagro que vi
desde que Dios me dio Murcia, y oí asimismo
decir a muchos moros que vivían antes allí
y tenían la tierra por nuestro pecadillo (por nuestra culpa),
A la que para salvarnos…
De una iglesia antigua, que siempre recordar
solían, que allí había sido de la Reina sin par
dentro de la Arreixaca, e iban allí a orar
genoveses, pisanos y otros de Sicilia.
A la que para salvarnos…
Y daban sus ofrendas, y si de corazón
a la Virgen rogaban, luego su oración
era oída por ella, y siempre de ocasión
y de mal los guardaba; porque a quien ella toma
A la que para salvarnos…
bajo su guarda, está guardado. Y por ello poder
no tuvieron los moros de hacer ningún mal
en aquel lugar santo, ni de quitarlo de allí,
aunque lo tenían encerrado en su alcazaba.
A la que para salvarnos…
Y aunque muchas veces me rogaban por ello
que lo mandase hacer (destruirla), mostrándome que era
bueno que lo hiciese, después por ninguna cosa,
aunque lo acordaron, no valió ni un bledo.
A la que para salvarnos…
Y después de mucho tiempo ocurrió otra vez,
cuando el Rey de Aragón, Don Jaime de gran valía,
hizo la iglesia de la Sede (Catedral) de la gran mezquita,
cuando se alzaron los moros desde Murcia hasta Sevilla;
A la que para salvarnos…
Que entonces la Aljama le vino a pedir
que aquella iglesia mandasen destruir
que en la Arreixaca estaba; y aunque consentir
llegó él, no pudieron ni tocar una clavija.
A la que para salvarnos…
Después de esto ocurrió que fui yo a Murcia,
y lo más de la Arreixaca la Aljama me dio (me pidió)
que quitase la iglesia de entre ellos; pero muy grave
me fue, pues estaba toda de nuevo pintada.
A la que para salvarnos…
Por ello, muy a disgusto entonces se lo otorgué,
y toda la Aljama fue al rey moro
para que lo mandase hacer; pero dijo él: «No lo haré,
que a los que María desama, mal los trilla.
A la que para salvarnos…
Después, cuando Aboyucaf, el señor de Salé,
pasó con muy gran gente, esto verdad es
que pensaron los moros, por ensalzar su fe,
ganar Murcia por arte. Pero su falsa armadilla (trampa)
A la que para salvarnos…
deshizo la Virgen santa, que los sacó de allí,
pues en la Arreixaca pocos de ellos dejó;
y a su iglesia así de ellos libró,
porque a los que ella quiere mal, bien así los exilia.
A la que para salvarnos…
Y por ello su iglesia libre está ya,
que nunca Mahoma poder allí tendrá;
porque la conquistó ella y además conquistará
España y Marruecos, y Ceuta y Arcila.
A la que para salvarnos…
Cántiga 257
Como Santa María guardó sus reliquias para que no se dañasen entre otras muchas que sí se dañaron.
Bien guarda Santa María por su virtud
sus reliquias, por las que muchos reciben salud.
De esto diré un milagro grande a maravilla,
que al Rey Don Alfonso ocurrió. En Sevilla
fue a guardar reliquias de la Madre de Dios e Hija
y de santos; y diré cómo, y Dios me ayude en ello.
Bien guarda Santa María por su virtud…
Las reliquias eran muchas, de Santa María
y de santos y de santas, por las que Dios hacía
milagros; y el Rey las encerró aquel día
y se fue de allí, y no las mandó revisar a menudo.
Bien guarda Santa María por su virtud…
Se fue el Rey para Castilla, donde moró diez años;
y cuando vino a Sevilla, halló grandes daños
en las reliquias, aunque estaban envueltas en paños;
mas la Virgen preciosa a lo suyo acude.
Bien guarda Santa María por su virtud…
Todas las otras reliquias las halló muy dañadas
y las arcas en que estaban muy desbaratadas;
mas las de Santa María estaban bien guardadas,
porque el daño de sus cosas ella muy bien sacude.
Bien guarda Santa María por su virtud…
Cuando esto vio el Rey Don Alfonso, loores
dio grandes a Jesucristo, Señor de los señores;
y tuvo desde entonces por la Virgen tan grandes amores,
que creo que su corazón nunca de ahí cambie.
Bien guarda Santa María por su virtud…
Cántiga 328
Esta es de cómo Santa María tomó un lugar para sí en el reino de Sevilla e hizo que le llamasen Santa María del Puerto.
Gusto tiene Santa María, de quien Dios por nosotros nació,
de que su nombre por las tierras sea siempre nombrado.
Porque si ella quiere que sea su nombre y el de su Hijo
nombrado por el mundo, de esto no me maravillo,
siendo Mahoma corrido (avergonzado) y echado al exilio,
él y el diablo antiguo que lo hizo su abogado.
Gusto tiene Santa María…
Y de esto un muy gran milagro la que es Madre e Hija
mostró, y muy sabroso de oír y de gran maravilla,
cerca de Jerez, que está en el reino de Sevilla,
un lugar que Alcanate solía ser llamado.
Gusto tiene Santa María…
Este lugar yace en tierra muy buena y muy viciosa (fértil)
de pan, de vino, de carne y de fruta sabrosa
y de pescado y de caza; pues tanto es de deleitosa
que difícilmente sería en un gran día contado.
Gusto tiene Santa María…
Pues este lugar está puesto entre ambos mares,
el grande (Atlántico) y el que la tierra parte por muchos lugares,
que llaman Mediterráneo; desde allí ambos pares
se juntan con dos ríos, por lo que es el lugar honrado.
Gusto tiene Santa María…
Guadalquivir es uno de ellos, que es muy noble río
en el que entran muchas aguas y por el que viene gran navío;
el otro es Guadalete, que corre con mucho brío;
y en cada uno de estos hay muy buen pescado.
Gusto tiene Santa María…
Donde en este buen lugar fue a posar una vez
el Rey Don Alfonso, cuando tuvo su flota enviada
con la que destruyeron Salé toda, gran villa y muy honrada,
y la riqueza que ganaron, difícilmente sería estimada.
Gusto tiene Santa María…
Él, posando en aquel lugar y su flota enviando,
e yendo muchas veces a Cádiz y de nuevo regresando,
y de lo que era menester a la flota bien abasteciendo,
para que fuese más pronto aquel hecho enderezado,
Gusto tiene Santa María…
No miró a otra cosa, sino cuando el alguacil muy sañudo
de Jerez vino a él, moro muy rico y sesudo,
diciendo: «Señor, ¿cómo osa ser ningún hombre atrevido
de haberle cambiado el nombre a Alcanate, donde posáis?
Gusto tiene Santa María…
Y de decirle otro nombre, de lo que tienen gran desconsuelo
los moros, porque le llaman Santa María del Puerto,
de lo que nos viene gran daño y a vos os hacen en ello agravio.
Y tal hecho como este debe ser escarmentado».
Gusto tiene Santa María…
El Rey, cuando oyó esto, sintió una gran saña,
y mandó a su justicia que luego, sin tardanza,
fuese por la hueste escuchando de posada en posada,
y a quien oyese tal nombre, fuese azotado.
Gusto tiene Santa María…
Sobre esto muchos cristianos fueron muy mal azotados
y a otros a palos les fueron los costados quebrantados,
y aun otros de las orejas por ello fueron mutilados,
y por todo esto no pudo aquel nombre ser prohibido.
Gusto tiene Santa María…
Antes, cuanto más se empeñaba y probaba y quería
prohibir aquel nombre, la gente más lo decía;
porque la Virgen gloriosa, Reina Santa María,
quería que por su nombre fuese aquel lugar llamado.
Gusto tiene Santa María…
Por lo que el Rey en muy gran cuita estaba de esto, sin duda,
temiendo que no creciese sobre esto revuelta o baralla (pelea)
entre moros y cristianos; pero la Virgen, que trabaja
por nosotros, traía el pleito de otra guisa ordenado.
Gusto tiene Santa María…
Pues al alguacil moro hizo luego que hablase
con el Rey y por merced le pidiese y le rogase
que aquel lugar tan bueno para los cristianos lo tomase.
El Rey, cuando oyó esto, se sintió muy alegre,
Gusto tiene Santa María…
Pues entendió bien que Cádiz más pronto poblado tuviese;
pero temiendo que el moro por engaño lo hiciese,
no le quiso responder nada a cosa que le dijese.
Por lo que el alguacil por esto quedó muy maravillado
Gusto tiene Santa María…
Y dijo como sañudo al Rey: «No acabe este año
si esto que os yo ruego lo hago por ningún engaño,
sino por poner paz en la tierra y por desviar gran daño
que puede ser, si este hecho no es acabado».
Gusto tiene Santa María…
Y además le dio con este lugar toda la ribera
de otras aldeas que estaban del Gran Mar todas en la orilla.
Esto hizo la Virgen santa, la Señora justiciera,
de cuyo nombre el mundo será lleno por mi grado.
Gusto tiene Santa María…
Cántiga 345
Siempre la Virgen gloriosa hace a los suyos entender…
Cómo Santa María mostró en visión a un rey y a una reina cómo sentía gran pesar porque los moros entraron en su capilla de Jerez.
Siempre la Virgen gloriosa hace a los suyos entender
cuando en alguna cosa siente pesar o placer.
Y de esta gran maravilla un llanto muy dolorido
os diré que de ahí resultó, con tal de que sea oído,
que aconteció en Sevilla cuando fue el ataque
de los moros, y cómo ganaron Jerez con su gran poder.
Entonces el rey Don Alfonso, hijo del rey Don Fernando,
reinaba, y de la Reina de los cielos tenía favor
contra moros y cristianos malos; y, además, trovando
iba sobre sus milagros grandes que sabe hacer.
Hacía dos años, o bien tres, que había ganado
Jerez y que el castillo con cristianos bien poblara;
pero la villa a los moros tal como estaba la dejara,
y ocurrió que por esto la habría de perder después.
Pues los moros acecharon cuando el rey bien seguro
estaba de ellos, y pronto fueron a hacer otro muro
entre el castillo y la villa, muy ancho, fuerte y duro;
y desde allí a los del castillo se pusieron a combatir
tan fieramente que un rico-hombre muy honrado,
que dentro estaba y Don Nuno era llamado,
con un grupo de caballeros, fue de tal guisa acosado
que al rey envió mensaje para que lo mandase socorrer.
El rey, cuando oyó esto, hizo luego a toda su hueste
moverse, y mandó sacar su pendón muy pronto
de Sevilla, y su tienda y cocina y provisiones,
queriendo ir aquella noche hacia Alcalá de Guadaíra.
Y, estando él en esto, le llegó otro mandado
de Don Nuno, que le dijo cómo estaba cercado
y que, por su vida, fuese a socorrerle; si no, satisfecho
por otro hombre no sería. Y el rey llegó a saber
que esto que le mandaba decir para que lo ayudase,
no lo hacía por otra cosa sino para que, cuando llegase
el rey a Jerez, luego el castillo le entregase,
que por derecho y por fuero no debía de ser de otra forma.
Cuando el rey oyó esto, conoció las mañas
con que le andaba, y luego reunió su caballería,
que envió en socorro, y llegaron allí en dos días;
y tan pronto como llegaron, fue luego a verlos.
Y él les dijo que gran placer tenía con ellos,
pero que aquel castillo de ningún modo podía mantener
y que de ninguna manera en él quería morir,
y a ellos rogó mucho que lo fuesen a recibir.
Ellos, cuando oyeron esto, tal acuerdo tomaron:
que dejasen en el castillo pocos hombres; y dejaron
pocos y tan mal preparados, y así lo dispusieron
que antes del mediodía se hubo de perder el castillo.
Y prendieron a cuantos estaban en él, sin demora,
y destruyeron la capilla de la que es nuestro amparo,
y tomaron la imagen hecha a su semejanza,
y fueron a quemarla, pero nunca pudo arder.
A la hora en que esto hacían, allá en Sevilla
estaba el rey durmiendo la siesta, y una maravilla
vio en sueños: cómo aquella que de Dios es madre e hija
oía en la capilla de Jerez dar voces,
y traía en sus brazos un niño tan hermoso
que más no podía ser, aunque era pequeñito;
y, corriendo, a la puerta de la capilla muy deprisa
venía con él huyendo, pues veía fuego encenderse
dentro, y con grandes llamas arder toda la capilla.
Y por ello ella, llorando, se exclamaba: «— ¡Ay, mezquina!,
si perece este niño, que es cosa tan bella!:
querría yo mil veces morir antes que Él».
Y al rey le parecía que ella le decía: «— Ayudadme
y, por Dios, este niño que traigo en brazos tomad
para que no lo queme este fuego, y dejadme a mí siquiera,
pues, si Él queda vivo, yo mal no puedo tener».
El rey, cuando esto oía, fue luego a tomar, corriendo,
al niño y a la madre del fuego, que ardiendo mucho
estaba con grandes llamas. Y él llorando y gimiendo
despertó de este sueño; y se puso a contarlo
a su mujer la reina, que estaba en el lecho
al lado de él, y este sueño le contaba punto por punto.
Enseguida ella le respondía: «— Exactamente igual
otro tal he soñado yo, que os quiero relatar».
Y entonces le contó todo aquel sueño que soñara,
y cómo la Santa Virgen bien del fuego la llamara
para que le quitase el niño, y que ella los sacara
a ambos del fuego y en salvo los fuera entonces a poner.
Luego el rey y la reina por esto entendieron
que el alcázar de Jerez estaba perdido,
y la imagen de la Virgen había sufrido daño;
y por ello se pusieron a dolerse mucho por esto.
Mas después de pocos días quiso Dios que ganada
Jerez tuviese este rey y de cristianos poblada,
y la imagen de la Virgen a la capilla devuelta
con muy gran procesión fuese, como debía ser.
Y el rey y la reina y sus hijos, que vinieron
allí con ellos, dieron a Dios gracias muy grandes por ello.
Y cuantos este hecho oyeron después y supieron,
el nombre de la santa Virgen se pusieron a bendecir.
Siempre la Virgen gloriosa hace a los suyos entender
cuando en alguna cosa siente pesar o placer.
Cántiga 371
Como Santa María del Puerto sanó (salvó) a una mujer que peligrara en una pinaza y cayera al mar.
Tantos milagros va Santa María en su Puerto a hacer,
que trovando no puedo ni la mitad decir.
Pero diré uno de aquellos que hace poco tiempo que hizo
muy grande y muy hermoso esta Reina de valía
en Barrameda, que está muy cerca de Jerez;
y para que mejor lo sepáis, oídlo de mí con calma:
Tantos milagros va Santa María…
Cuando el Rey Don Alfonso poblaba aquel lugar
del Puerto de la Santa Virgen y había hecho ya labrar
la iglesia, y viniera allí de Sevilla por mar
por ver cómo poblaban y tener de ello placer,
Tantos milagros va Santa María…
Mucha gente venía a aquel lugar entonces,
unos en romería, teniendo allí gran devoción,
otros para poblar y para tener su ración (quinto)
de las heredades que repartiesen, según pudiesen haber.
Tantos milagros va Santa María…
Otros venían para trabajar y ganar allí su jornal
que les daban por picar piedra o por hacer cal
o por labrar en la iglesia de la Señora espiritual;
y por ello de muchas partes venían allí a buscar sustento.
Tantos milagros va Santa María…
Por ello, por mar y por tierra se esforzaban en venir
muchos y de lejanas tierras, por cuanto oían decir
que a los muertos resurgir y a los enfermos sanar
hacía allí la Virgen, e iban allí a verlo.
Tantos milagros va Santa María…
Ocurrió que de Sevilla una pinaza llegó
cargada de harina, y de hombres entró allí
una compañía, y de mujeres, y tanto se cargó
que chocó contra unas peñas y hubo de perecer,
Tantos milagros va Santa María…
Así que murieron todos cuantos andaban allí;
mas una mujer estaba allí y llamó, según oí,
a Santa María del Puerto, diciendo: «Yo voy a ti;
por tanto líbrame de muerte por tu muy gran poder».
Tantos milagros va Santa María…
Cuando hubo dicho esto, se agarró luego al momento
a un gran saco de harina y se echó en él de plano,
de pechos; y aunque era muy pesado, se volvió tan
ligero como si de paja fuese para no sumergirse.
Tantos milagros va Santa María…
Más bien iba sobre el agua como si fuese un bajel,
y ella encima de él, más liviana que el plumón,
llamando: «Santa María, Madre de Dios Manuel».
Así llegó a Sanlúcar, donde la fueron a recibir
Tantos milagros va Santa María…
La gente a la ribera. Y después que supieron bien
su suceso y cómo escapara, loaron mucho por ello
a la Madre de Jesucristo, que el mundo en poder tiene,
y ella se fue al Puerto a la Virgen a ofrecerse.
Tantos milagros va Santa María…
En su Puerto a hacer,
que trovando no puedo ni la mitad decir.
Si bien queréis hacer
Si bien queréis hacer, de tal medida debéis tomar (la madera), así y no menos, de ninguna manera. Y dijo: —Esta es la madera acertada, y, además, no os la di yo sola; y puesto que en el compás ha de meterse, tan larga debe toda ella ser, que vaya por entre las piernas de la escalera. Y dijo: —Esta es la medida de España, que no de Lombardía ni de Alemania; y porque es gruesa, no os parezca mal, que delgada para la grieta nada vale.
Rosa de las rosas y flor de las flores
Rosa de las rosas y flor de las flores, Dueña de las dueñas, Señora de las señoras. Rosa de belleza y de apariencia, y flor de alegría y de placer, Dueña en ser muy piadosa, Señora en quitar cuitas (angustias) y dolores.
Quemad viejos leños de Alfonso X el sabio
Quemad viejos leños,
bebed viejos vinos,
leed viejos libros,
tened viejos amigos.
El que por la Virgen deja lo que mucho le gusta
El que por la Virgen deja aquello que mucho le gusta, siempre aquí (en la tierra) le demuestra el bien que después le hará.
Y de esto un muy gran milagro os contaré, que oí decir a los que lo vieron, y lo contaron así como yo os quiero contar; y, según como aprendí, lo demostró Santa María en la tierra que está
El que por la Virgen deja aquello que mucho le gusta…
Muy cerca de ambos mares, del grande que corre alrededor de la tierra y también del otro que es llamado Mayor (Mediterráneo); y lo mostró Santa María, Madre de Nuestro Señor, por un hombre. Y quien esto oiga, placer tendrá.
El que por la Virgen deja aquello que mucho le gusta…
(Se trata de) ayunar en su fiesta de marzo, como este hizo, que la ayunó mucho tiempo. Mas porque fue a Jerez y a Sevilla cuando eran de moros, la mayor parte de las veces, fue acusado y preso, porque sin permiso allá (había ido).
El que por la Virgen deja aquello que mucho le gusta…
(Mandaron) que lo matasen luego, sin que hubiera otra opción, y que fuese apedreado porque hizo tal hecho. Y mientras le herían, llamaba a la Reina espiritual, diciendo: «Ay, Señora, valme, bien como valiste ya…»
El que por la Virgen deja aquello que mucho le gusta…
«…a aquellos que se fían de ti muy de corazón, y por esto no quieras que muera sin confesión, pues yo, siempre en ti fiando, recibo esta pasión (sufrimiento)». Entonces los que lo mataban dijeron: «¿Y qué será (lo que ocurre)…»
El que por la Virgen deja aquello que mucho le gusta…
«…que por más piedras que lancemos no lo podemos matar?». Entonces el que lo mandaba ordenó herirle y darle muy fuerte con un venablo (lanza) y después degollarlo. Y no murió por todo esto, diciendo: «Por Dios, aquí…»
El que por la Virgen deja aquello que mucho le gusta…
«…un clérigo traedme, al que diga cuánto hice de mal, de lo que penitencia por mis pecados no tomé». Y después de que esto le hubieron hecho, dijo: «Amigo, siempre yo quise servir a Santa María, a la que nunca fallará…»
El que por la Virgen deja aquello que mucho le gusta…
«…ni falta a los que la sirven». Y diciendo esto, murió; y tal como creemos, Dios su alma recibió. Y después de que fue muerto, al momento le creció la barba, aunque ese día se la había afeitado en Alcalá
El que por la Virgen deja aquello que mucho le gusta…
de Guadaíra; y yació un tiempo, creedlo bien, así, que ave ni bestia de él no comió nada. Esto hizo Santa María, la Señora que nos mantiene, por su gran piedad, y siempre nos mantendrá.
El que por la Virgen deja aquello que mucho le gusta…
No creáis, mi señora
No creáis, mi señora, la maledicencia (el mal decir) de las gentes, que la muerte me ha llegado si en ello ponéis vuestra atención (si hacéis caso a eso).
Mucho debemos, varones
Esta es de cómo Santa María se apareció en Toledo a San Ildefonso y le dio el alba (la casulla) que trajo del Paraíso, con la que dijese misa.
Mucho debemos, varones, loar a Santa María, que sus gracias y sus dones da a quien por ella fía.
Como muestra de buena voluntad, que dio a un prelado suyo, que primado fue de España y Alfonso era llamado (Ildefonso), le dio tal vestidura que trajo del Paraíso, bien hecha a su medida, porque puso su juicio (empeño) en loarla noche y día.
Mucho debemos, varones…
Bien empleó él sus dichos, como hallamos en verdad, y sus buenos escritos que hizo de la virginidad de esta Señora muy santa, por la cual su alabanza fue recuperada en España, de cuanta (alabanza) habían allí quitado los judíos y la herejía.
Mucho debemos, varones…
El mayor milagro del mundo antes esta Señora le mostrara, cuando con el Rey Recesvinto en la procesión andaba, donde les apareció sin duda Santa Leocadia; y mientras el Rey cortaba un trozo de su velo (mortaja), le dijo ella: —¡Ay, Alfonso santo, por ti vive la Señora mía! (la Virgen).
Mucho debemos, varones…
Porque la Gloriosa lo halló muy fuerte y sin miedo en loar su preciosa virginidad en Toledo, le dio por ello el alba, para que en sus fiestas vistiese, la Virgen santa y salva; y, al dársela, le dijo: —Mi Hijo esto te envía.
Mucho debemos, varones…
Después de que este don tan extraño le hubo dado, y tan hermoso, dijo: —Por Dios, muy necio sería y orgulloso quien en esta tu cátedra, si no eres tú, se sentase, ni que por ninguna manera esta alba vestir probase, pues Dios de él se vengaría.
Mucho debemos, varones…
Después de que del mundo partió este confesor de Cristo, Don Siagrio, el fallido (insensato), fue Arzobispo después de esto, y lo tomó (el cargo) para su daño; pues, porque fue atrevido al vestirse aquel paño, fue luego muerto y perdido, como la Virgen dicho había.
Mucho debemos, varones…

Cántiga 3
Más nos hace Santa María
Esta es de cómo Santa María hizo recuperar a Teófilo la carta que hiciera con el demonio, cuando se hizo su vasallo.
Más nos hace Santa María
con su Hijo perdonar,
que nosotros por nuestra locura
le vamos a fallar y errar.
Por ella nos perdonó
Dios el pecado de Adán,
de la manzana que probó,
por la que sufrió mucha fatiga
y en el infierno entró;
pero la de tan buena voluntad (la Virgen)
tanto a su Hijo rogó,
que lo fue de allí a sacar.
Más nos hace Santa María…
Después también hizo obtener perdón
a Teófilo, un siervo suyo,
que había ido a hacer,
por consejo de un judío,
una carta para ganar poder
con el demonio, y se la dio;
y le hizo descreer de Dios,
y además a ella negarla.
Más nos hace Santa María…
Como Teófilo así
hizo esta traición,
por cuanto yo de ello aprendí,
fue del demonio gran temporada;
pero después, según oí,
se arrepintió y fue perdón
a pedir luego, allí mismo
donde el pecador suele hallar (consuelo).
Más nos hace Santa María…
Llorando mucho de sus ojos,
fue perdón a pedir,
donde vio de la Madre de Dios
la imagen; sin fallar
le dijo: «Los pecados míos
son tan muchos, sin mentir,
que, si no es por ruegos tuyos,
no puedo yo perdón ganar».
Más nos hace Santa María…
Teófilo esa vez
lloró tanto y no hizo otra cosa,
hasta que aquella que en valor
a todas las otras dueñas aventaja,
al demonio —más negro que el pez (brea)
del fuego infernal—
la carta traerle hizo,
y se la dio ante el altar.
Más nos hace Santa María…
Y te contaré más sobre su conocimiento
Y os contaré más sobre su conocimiento por los libros que hace: los envía todos antes que él para convencer (o seducir), y como los falla (o engaña/posee) bien, si cree que la dama lo tiene [en estima], también lo hace por arte y por ingenio, para librarse de ella de forma traviesa.
Y, con todo esto, sigue haciendo los libros que yo tengo, de buena fe: si una mujer cree que actúa mal por este fuego —el de San Marcial— y, por tanto, por el deseo de follar (copular), él hace que le parezca que es escarcha [frío] o cualquier otra cosa.
De lo que dice la mano
… de lo que dice la madre, porque el sueño de su rebaño es que la estoy tomando prestada y la encontraré.
Porque tan mal agradecen mis cantares y mis sones, y razones y tensiones (disputas poéticas) que por ella voy a hilar (componer); pues corazones malvados me van a mostrar por ello.
Cantiga de escarnio: El que fue a pasar la sierra
El que fue a cruzar la sierra [la frontera] y no quiso servir a la tierra, ¿es ahora, al comenzar la guerra, cuando se hace el cobarde? ¡Ya que tanto yerra ahora, maldito sea!
El que se llevó los dineros y no trajo a los caballeros, ¿es por no ir entre los primeros [en el frente] por lo que se hace el cobarde? ¡Ya que viene con los últimos, maldito sea!
El que tomó un gran sueldo y nunca hizo una cabalgada, ¿es por no ir a Granada por lo que se hace el cobarde? Si es rico hombre o tiene mesnada [tropa], ¡maldito sea!
El que metió en su talega [bolsa] poca riqueza y mucha trampa, ¿es por no entrar en la Vega [de Granada] por lo que se hace el cobarde? ¡Pues más blando es que la manteca, maldito sea!
Cantiga 79: Cómo Santa María transformó a la niña
De cómo Santa María transformó a la niña que era coqueta en cuerda, y se la llevó consigo al Paraíso.
Ay, Santa María, quien por Vos se guía libre está de locura y siempre hace el bien.
Por eso os diré un hermoso milagro que hizo la Madre del Rey glorioso, y oírlo os será placentero, y a mí me agradará también. Ay, Santa María…
Esto le sucedió a una niña que llamaban Musa, que muy hermosa era y gallarda, pero muy coqueta y de poco juicio. Ay, Santa María…
Y estando en esto, la muy Gloriosa se le apareció en sueños, soberanamente hermosa, con muchas doncellas de maravillosa belleza; y por ello… Ay, Santa María… quiso Musa irse con ellas al instante.
Pero Santa María le dijo: «Yo te ruego que, si conmigo quieres venir, dejes la risa y el juego, el orgullo y el desdén.» Ay, Santa María…
«Y si haces esto, de hoy en treinta días estarás conmigo entre estas compañías de mozas que ves, que no son insensatas, pues no les conviene serlo.» Ay, Santa María…
Tanto deseó Musa estar con las compañeras que en la visión había visto, que dejó sus modales y tomó luego otros, de aquellos extraños (devotos), y no quiso ninguna otra cosa. Ay, Santa María…
El padre y la madre, cuando vieron esto, preguntaron a Musa; y después de que la oyeron contar lo que había visto, pidieron merced a la que nos sostiene (la Virgen). Ay, Santa María…
A los veintiséis días, una fiebre tan aguda le dio a Musa que yació postrada; y Santa María se le apareció y le dijo: «Ven,» Ay, Santa María… «Ven conmigo pronto». Ella respondió: «De grado». Y cuando el plazo de los días llegó a su fin, Dios se llevó su espíritu allí donde tiene a los otros… Ay, Santa María… santos.
Y por ello, sea por nosotros rogado que en el Juicio, donde Él vendrá airado, nos halle sin yerro y sin pecado; y decid: Amén. Ay, Santa María…
Cantiga 7: De cómo Santa María libró a la abadesa encinta
Esta es de cómo Santa María libró a la abadesa encinta, que se había dormido ante su altar llorando.
A Santa María amar debemos mucho, y rogar que su gracia ponga sobre nosotros, para que errar no nos haga, ni pecar, el demonio sin vergüenza.
Por ello os contaré de un milagro que hallé que por una abadesa hizo la Madre del gran Rey, porque, según he aprendido, ella era muy devota suya.
Pero el demonio a engañarla fue, por lo que quedar encinta le ocurrió de uno de Bolonia, hombre que de recaudar tenía [el deber] y de guardar su hacienda y sus asuntos. A Santa María amar…
Las monjas, en cuanto entender fueron esto, y al saberlo tuvieron gran alegría; porque, como ella no les quería sufrir (permitir) el mal hacer, le tenían inquina (odio).
Y fueron a acusarla al Obispo del lugar, y él, que era de Colonia, llegó allí; y tras hacerla llamar, vino ella sin tardanza, alegre y muy risueña. A Santa María amar…
El Obispo le dijo así: «Señora, por cuanto he sabido, muy mal vuestro deber hicisteis; y vine aquí por esto: para que ante mí hagáis de ello enmienda».
Pero la dueña sin tardar a la Madre de Dios fue a rogar; y, como quien sueña, Santa María quitarle hizo el hijo, y mandó criarlo en Soissons. A Santa María amar…
Cuando la dueña despertó y se encontró curada (liberada), luego ante el Obispo vino; y él mucho la observó y mandó que la desnudaran; y cuando le vio el vientre [plano],
comenzó a loar a Dios y a reprender a las dueñas, que eran de la orden de Oña, diciendo: «Si Dios me ampare, por salva (inocente) puedo dar a esta, pues no sé qué se le imputa». A Santa María amar…
Cantiga 60: Entre «Ave» y «Eva»
Esta es de loor (alabanza) de Santa María, sobre la diferencia que hay entre Ave y Eva.
Entre Ave y Eva gran diferencia hay.
Porque Eva nos quitó el Paraíso y a Dios, [y] Ave nos metió en él; por tanto, amigos míos: Entre Ave y Eva…
Eva nos fue a echar en la prisión del demonio, y Ave nos fue a sacar; y por esta razón: Entre Ave y Eva…
Eva nos hizo perder el amor de Dios y el bien, y después Ave haber nos lo hizo; y por ello: Entre Ave y Eva…
Eva nos cerró los cielos sin llave, y María rompió las puertas mediante el Ave. Entre Ave y Eva…
Cantiga 352: El Azor del Caballero y Santa María del Viso
Esta es de cómo Santa María del Viso curó un azor de un caballero.
Hermosos milagros muestra la Madre de la hermosura, y grandes, pues tiene virtud del muy gran Dios sin medida.
De esto un hermoso milagro os diré, si me escucháis, que hizo Santa María; y si en ello ponéis mentes (atención), por muy grande lo tendréis cuanto más en él penséis, y veréis cómo la Virgen tiene poder sobre la naturaleza. Hermosos milagros muestra…
Aconteció esto a un caballero que era vasallo de un hijo de rey, y por él hacía justicia fiera (era su oficial), y que un azor muy bueno una vez le había dado [el príncipe] al caballero, natural de Extremadura. Hermosos milagros muestra…
Este azor cazaba garzas, ánades y bitores (alcaravanes) y otras muchas presas; ni cristianos ni moros tenían tal azor, y daban de sus tesoros mucho por él, para que se lo diese. Pero él no hacía caso. Hermosos milagros muestra…
El caballero no tenía voluntad de darlo ni siquiera de venderlo por dinero; más bien tenía el deseo de traerlo ante su señor, porque le placía mucho más que otra cosa tenerlo antes de que lo tuviera otro o lo perdiera por ventura. Hermosos milagros muestra…
Y él con él cada día mucho a su caza andaba, y cuantas aves podía capturar, con él las capturaba; pero pasaron bien dos años en que el azor no mudaba [la pluma], y el caballero tenía por esto pesar y tristeza. Hermosos milagros muestra…
Y gastó mucho dinero en hacerle medicinas, que nada valieron; pues en el tiempo de la vendimia, se fue con él a la Señora de las Reinas, a su iglesia del Viso, que yace en una altura. Hermosos milagros muestra…
Y cuando llegó a Toro, tuvo otro gran desconsuelo por el azor, que no quería comer y estaba como muerto, y tenía el pico muy hinchado y el cuello torcido, diciendo todos: «Muerto es, si esto dos días le dura». Hermosos milagros muestra…
El caballero hizo luego una semejanza (figura) de cera del azor y fue con ella, teniendo gran esperanza en la Virgen gloriosa y creyendo sin duda que ella le devolvería a su azor vivo y sano, sin lesión. Hermosos milagros muestra…
Y se fue luego con ella cuanto pudo a la iglesia de la Virgen Santa María, que es y sea bendita, que le mostró esa noche una gran merced soberana, pues volvió el azor sano y a él le quitó la locura (preocupación). Hermosos milagros muestra…
Y además le hizo otra cosa: que las plumas que mudadas antes no había podido tener, las soltó de golpe, y le salieron otras tan buenas y tan bien coloreadas, que por nada podrían pintarse tales con pintura. Hermosos milagros muestra…
Esto hizo Santa María, Madre del que formó arriba los cielos maravillosos y también puso la tierra abajo; que milagros muy hermosos hizo siempre, y lo tiene por costumbre, para hacernos creyentes y guardarnos de la locura. Hermosos milagros muestra…
Cantiga 340: Virgen Madre Gloriosa
Esta es de alabanza a Santa María.
Virgen Madre gloriosa, de Dios hija y esposa, santa, noble, preciosa, ¿quién sabría loarte o podría? Porque a Dios, que es luz y día, según nuestra naturaleza [humana] no habríamos visto su figura si no fuera por ti, que fuiste el alba. Virgen Madre gloriosa…
Tú eres el alba de las albas, que haces que los pecadores velen (vigilen) sus errores y conozcan su locura, que desvía al hombre de tener lo que debería, y que perdió por su locura Eva; lo cual tú, Virgen pura, recobraste porque eres el alba. Virgen Madre gloriosa…
Tú eres el alba de los mezquinos (desdichados), para que no yerren los caminos, tanto grandes como pequeños, pues tú les muestras la vía por la que iba tu Hijo todavía (siempre), que nos sacó de la oscura senda mala y dura por ti, que eres nuestra alba. Virgen Madre gloriosa…
Tú eres el alba de los culpados, que ciegos por sus pecados estaban; pero iluminados son por ti, Santa María. ¿Quién diría, ni quién imaginar podría tu bien y tu gran mesura? Pues siempre en ti habita Dios, la luz de donde eres tú el alba. Virgen Madre gloriosa…
Tú eres el alba por la que visto fue el Sol, que es Cristo, que conquistó al mundo y lo sacó de donde yacía y yacería, y de donde no saldría; pero Dios por ti, desde la altura, quiso de ti, su criatura, nacer, y te hizo el alba. Virgen Madre gloriosa…
Tú eres el alba de los que creen y luz de los que no ven a Dios, y que por mal tienen el bien, por su necedad de herejía, que es mala osadía, y Dios no tiene cuidado de estos; pero por tu gran cordura les das luz como el alba. Virgen Madre gloriosa…
Tú eres el alba que apareces ante Dios y esclareces los cielos, y que mereces tener su compañía. Y querría yo verte con Él, pues sería libre de mala ventura y puesto en la holgura (descanso) donde estás con Dios, donde eres alba. Virgen Madre gloriosa…
Cantiga 330: ¿Cuál es la santificada?
Esta es de alabanza a Santa María.
¿Cuál es la santificada antes y después de ser nacida? Madre de Dios, nuestro Señor, de Dios, nuestro Señor, Madre de nuestro Salvador.
A la cual dijo «Ave María» Gabriel, y que sería Madre de Dios, nuestro Señor. Madre de Dios, nuestro Señor…
¿Cuál es la que sin mancha parió y quedó doncella (virgen)? Madre de Dios, nuestro Señor. Madre de Dios, nuestro Señor…
¿En cuál, por su humildad, se encerró la Trinidad? Madre de Dios, nuestro Señor. Madre de Dios, nuestro Señor…
¿Cuál es la que siempre buena fue, y de los santos corona? Madre de Dios, nuestro Señor. Madre de Dios, nuestro Señor…
¿Cuál es la que por su juicio (sabiduría) nos hizo ganar el paraíso? Madre de Dios, nuestro Señor. Madre de Dios, nuestro Señor…
Cantiga 327: El clérigo y las piernas al revés
Cómo Santa María curó al clérigo cuyas piernas se le volvieron hacia atrás porque hizo unos calzones con un paño que robó de encima del altar.
Porque bien sabe Santa María dar sus dones, pero comete gran locura quien le va a robar lo suyo.
Por eso, si me queréis oír, os contaré un milagro muy hermoso que hizo la Madre del Rey Jesucristo en Odemira, como ahora os diré, donde ella hizo muchos otros [milagros] en aquel lugar. Porque bien sabe Santa María…
Pero este fue muy apropiado y hecho con gran razón: pues una mujer fue a dar en ofrenda un paño suyo a una iglesia de la Virgen, construida hace mucho tiempo, que está fuera de la villa, según oí contar. Porque bien sabe Santa María…
El paño medía poco más de una vara, según oí, y era muy bien tejido y también muy fino; y por ello la buena mujer lo fue a poner allí, en la iglesia, para que lo viesen estar sobre el altar. Porque bien sabe Santa María…
Un clérigo de la iglesia, que lo vio tan blanco, sintió tal codicia que pronto lo fue a quitar, y lo llevó a su casa y mandó hacer con él calzas (calzones) con que cubrir aquello con que iba a pecar. Porque bien sabe Santa María…
Y después de que los tuvo hechos y con ellos se cubrió, se echó a dormir luego; pero poco durmió, pues sintió ambos talones contra los lomos (la espalda), que se le clavaron tan fuerte que no los puede retirar. Porque bien sabe Santa María…
Y con muy gran angustia y fiera que tenía por el dolor, gritó mucho diciendo: «¡Ay, Madre del Salvador, te ruego que no muera así, si es de tu agrado!». Y el error que había cometido empezó a manifestar (confesar). Porque bien sabe Santa María…
Ante todos, y llorando, empezó a arrepentirse, y con un gran paño de lienzo hizo luego cubrir el altar. Y por ello, mis amigos, quien este milagro oiga nunca sea atrevido en deshonrar a la Virgen. Porque bien sabe Santa María…
Y tras esto, a la iglesia lo llevaron al instante, y todos rogaron por él a la Señora de la buena voluntad; y ella lo curó luego, de modo que no sufrió más fatiga; por ello todos empezaron su nombre a alabar. Porque bien sabe Santa María…
Cantiga 322: El hombre del hueso en la garganta
Cómo Santa María curó a un hombre en Évora que iba a morir por un hueso que se le atravesó en la garganta.
La Virgen, que de Dios es Madre, Hija y criada, siempre está preparada para socorrer a los pecadores.
Porque no nos socorre en un día señalado ni en una hora [específica], sino que siempre, en todo tiempo, no demora en socorrernos y se esfuerza de todas las formas para que no nos quedemos fuera del reino de Dios, su Hijo, donde ella es Reina ensalzada. La Virgen, que de Dios es Madre…
Además, señaladamente en las grandes enfermedades, de los dolores y de las angustias nos socorre con piedad. Y sobre una razón como esta os diré, si me escucháis, un gran milagro que hizo esta Señora muy honrada. La Virgen, que de Dios es Madre…
En Évora hubo un hombre que en la Virgen confiaba mucho, y que cada día a ella se encomendaba; y le sucedió una noche en su casa, donde cenaba, que estuvo a punto de morir de repente, sin tardanza. La Virgen, que de Dios es Madre…
Porque él era gran comedor y se metía los bocados en la boca muy a menudo, grandes y desmesurados; y por la noche cenaba unos conejos asados, y se le atravesó un hueso en la garganta, y [quedó] cerrada. La Virgen, que de Dios es Madre…
La tuvo [la garganta] de tal manera que creyó morir ahogado, porque aquel hueso le había tapado el gaznate; así que en poco tiempo lo tuvo tan fuertemente hinchado que no podía tomar aliento ni tampoco hablar nada. La Virgen, que de Dios es Madre…
Así estuvo gran tiempo, que ni siquiera comer podía ni beber ninguna cosa sino caldo o agua fría, hasta que llegó la fiesta de la Virgen Santa María que cae en el mes de agosto, cuando ella fue coronada (La Asunción). La Virgen, que de Dios es Madre…
Entonces todos sus parientes y amigos lo tomaron y a la iglesia de esta noble Señora lo llevaron, y teniéndolo por muerto ante el altar lo acostaron. Y allí pasó aquella noche y hasta la madrugada. La Virgen, que de Dios es Madre…
Cuando ya decían la misa, le dio una tos tan fuerte que todos pensaron al momento que le había llegado la muerte. Pero la Virgen gloriosa, que es consuelo de los afligidos, no quiso que este muriese allí en aquella ocasión. La Virgen, que de Dios es Madre…
Sino que dispuso que, tosiendo, echase al instante aquel hueso por la boca, ante toda la gente que allí estaba; y tan pronto dieron de buena mente loores a Santa María, la Madre de Dios amada. La Virgen, que de Dios es Madre…
Cantiga 294: La mujer que lanzó una piedra a la Virgen
Cómo una mujer que jugaba a los dados en Apulia lanzó una piedra a la imagen de Santa María porque había perdido, y un ángel de piedra que estaba allí puso la mano y recibió el golpe.
No es una muy gran maravilla que los ángeles sean obedientes a la Madre de aquel de quien ellos son sirvientes.
Por eso os ruego, amigos, que escuchéis un gran milagro que hizo Santa María en Apulia; y bien sabed que, en cuanto bien lo oigáis, estoy cierto de que tendréis más el corazón en ella y seréis más creyentes. No es una muy gran maravilla…
Esto fue en una fiesta de esta Virgen gloriosa, que ante una iglesia suya, muy bien hecha y hermosa, se puso a jugar a los dados una mujer muy astrosa (vil) con otros muchos tahúres, que no eran sus parientes. No es una muy gran maravilla…
Esta mujer cautiva (desdichada) era de tierra de Alemania; y perdiendo a los dados, le creció tan gran saña que hizo una gran sandez; y oíd ahora cuán grande, para que estéis guardados de ser descreídos. No es una muy gran maravilla…
Había una imagen hermosa de la Virgen Santa María, de piedra muy bien labrada, sobre la puerta estaba, y dos ángeles ante ella, y cualquiera de ellos tenía una mano en el pecho y en la otra [sujetaban algo]. No es una muy gran maravilla…
Eran como sendos libros de muy gran significado, porque todos los saberes los conocen ellos sin duda; las otras manos en los pechos las tenían como señal de que en Dios sus voluntades tienen siempre muy fervientes. No es una muy gran maravilla…
Entonces esta mujer sandía (loca) vio una piedra y la tomó, y miró a la imagen de la Virgen y la insultó, y lanzó aquella piedra para herirla, pero erró; porque los ángeles que estaban ante ella se hicieron presentes No es una muy gran maravilla…
Para a su Señora guardar. Uno de ellos alzó la mano y recibió la herida, pero le quedó el brazo sano (firme en su sitio). Y cuantos esto vieron, agarraron de inmediato a la mujer y la arrojaron a las llamas ardientes. No es una muy gran maravilla…
El ángel mantuvo siempre después la mano extendida que puso ante la imagen para ser defendida; por lo cual aquella imagen fue después tenida en gran estima, mucho más que antes, por todas aquellas gentes. No es una muy gran maravilla…
Cantiga 250: Ruega por nosotros
Esta es de alabanza.
Por nosotros, Virgen Madre, ruega a Dios, tu Padre e Hijo y amigo. Ruega a Dios, tu Padre y Hijo y amigo.
A Dios, para que nos ayude, ruégale, pues Él es tu Hijo y amigo. Ruégale, pues Él es tu Hijo y amigo.
Ruega que nos socorra, pues Él es sin falta tu Hijo y amigo. Pues Él es sin falta tu Hijo y amigo.
Por nosotros, Virgen Madre, ruega a Dios, tu Padre e Hijo y amigo.
Cantiga 216: La Virgen que suplantó a la esposa del caballero
Cómo Santa María se mostró con la apariencia de la mujer del caballero ante el demonio, y el demonio huyó al verla.
Aquel que en Santa María confía de corazón, no tema que el demonio lo pueda engañar de ninguna manera.
De esto quiero contar ahora un hermoso milagro que oí de una dueña que sentía gran placer en servir a Santa María y en hacer el bien, y en ella ponía su hacienda y toda su esperanza. Aquel que en Santa María…
Ella era mujer de un buen caballero, que fue muy rico, pero que perdiera cuanto tenía; y le era muy necesario recuperarlo pronto como fuera; y para recuperarlo, se hizo vasallo del demonio. Aquel que en Santa María…
[El demonio] le dijo: «Puesto que sois mío, os daré grandes bienes; pero traed a vuestra mujer a un monte, y hablaré con ella, y por ello os haré rico sin medida». El caballero oyó esto y se lo concedió al momento. Aquel que en Santa María…
El diablo, tras recibir el juramento del caballero, le mostró grandes riquezas para que trajese a su mujer. El caballero pensó entonces cómo la llevaría, y le dijo: «Ay, mujer, venid hoy conmigo a un lugar». Aquel que en Santa María…
A ella le costó mucho salir de su casa, porque era día de la Virgen, a la que quería servir en una iglesia suya; pero el marido no quiso consentirlo de ninguna manera, y fue a llevarla consigo por la fuerza. Aquel que en Santa María…
Yendo ella por el camino, vio una iglesia cerca de sí, de Santa María, y dijo: «Quiero allí descansar ahora un rato, y seguiremos después». Y se bajó allí y se echó a dormir junto a un altar. Aquel que en Santa María…
Y salió Santa María de detrás del altar entonces, y tanto se le parecía que diríais que no era otra sino esa dueña; y dijo: «¿Es ya ocasión de irnos, ay marido?». Y dijo él: «Es tiempo de andar». Aquel que en Santa María…
Entonces fue Santa María con él al lugar donde estaba el demonio. Cuando este vio a la Madre de Jesu- cristo, el demonio le dijo: «Mentira dijiste tú al traer a Santa María y dejar a tu mujer». Aquel que en Santa María…
Dijo entonces Santa María: «Vete, demonio lleno de mal, pensaste en causar daño a mi servidora leal; pero de todo lo que planeaste yo haré lo contrario, pues te impido que jamás puedas causarle pesar». Aquel que en Santa María…
Y dijo al caballero: «Fuisteis hombre de mal juicio cuando pensasteis, por el demonio, tener riqueza y bien; arrepentíos de ello y entrad en penitencia, y dejad lo que él os dio, pues no os puede aprovechar». Aquel que en Santa María…
El caballero se despidió de la Virgen muy alegre y fue a donde estaba su mujer y le contó cuanto vio, y del demonio y de sus dones, de todo allí se apartó; y de esa hora en adelante, Dios les dio grandes bienes. Aquel que en Santa María…
Cantiga 210: Gabriel, nuestro gran amigo
De alabanza a Santa María.
Mucho fue nuestro amigo Gabriel, cuando dijo: «María, Dios es contigo».
Mucho fue nuestro amigo a la Virgen bendita, en ella nuestra carne cuando dijo: «Ave María» y que Dios tomaría con la que después rompería el infierno antiguo. Mucho fue nuestro amigo.
Y nunca nos podía mostrar [el ángel] que cuando trajo que Dios hombre sería ya mayor amistad el recado, con verdad, por la gran humildad que tuvo la Virgen consigo. Mucho fue nuestro amigo.
¿Quién vio nunca amistad en decir tal recado en el cuerpo de la Virgen que a esta se asemejase por la que Dios se encerrase y que nos amparase del mortal enemigo? Mucho fue nuestro amigo.
Y esto no lo hiciera la bondad de la Virgen, cuanto nos prometiera, Dios, si antes no viese que por ella cumpliese según Él antes dijo; gran verdad os digo. Mucho fue nuestro amigo.
Y a Gabriel por esto amar y honrar mucho este trajo el recado el ángel debemos porque por él nos salvemos y por lo cual no demos por el demonio un higo. Mucho fue nuestro amigo.
Cantiga 207: El perdón del caballero
Esta es de cómo un caballero poderoso quería mal a otro por un hijo que este le había matado, y lo soltó en una iglesia de Santa María, y la Imagen le dio las gracias por ello.
Si el hombre hace de buen grado por la Virgen algún bien, ella le demostrará, con señales, cuánto le place.
De esto os diré un milagro del que tendréis placer, que mostró Santa María con merced y con amor a un muy buen caballero y su fiel servidor, que en servirla ponía su corazón y su juicio. Si el hombre hace de buen grado…
Él tenía un hijo al que sabía amar más que a sí mismo, y un caballero se lo mató. Y con el pesar [del duelo], fue a prender al asesino del hijo y quiso matarlo allí donde él había matado a su hijo, para que nada le valiese. Si el hombre hace de buen grado…
Y llevándolo preso, entró en una iglesia, y el preso entró tras él; y el caballero no se acordó de él [de su ira]; pues cuando vio allí la imagen de la Virgen, lo soltó, y se humilló ante la imagen y le dio gracias por ello. Si el hombre hace de buen grado…
Cantiga 201: El milagro de la doncella desesperada
Cómo Santa María libró de la muerte a una doncella que prometiera guardar su virginidad.
Mucho mayor es la piedad de Santa María
que cuantos pecados el hombre hacer podría.
Y por ello, mis amigos, escuchadme ahora
un hermoso milagro, como aprendí en verdad,
que hizo Santa María de muy gran piedad,
que siempre por nosotros ruega a Dios noche y día.
Mucho mayor es la piedad…
Y este milagro hizo por una doncella
que era de gran linaje, apuesta y bella,
y que le había prometido ser su sierva
y guardar su cuerpo bien de toda locura.
Mucho mayor es la piedad…
Así lo hizo mucho tiempo. Pero el diablo antiguo,
que de la virginidad es siempre enemigo,
la tentó de tal guisa que le hizo tomar por amigo
a un padrino suyo, con quien tuvo amoríos.
Mucho mayor es la piedad…
De modo que quedó encinta por su malaventura
y tuvo de él un hijo, muy bella criatura;
y en cuanto lo vio nacido, le creció tal tristeza
que lo mató muy pronto como mujer enloquecida.
Mucho mayor es la piedad…
Tras haberlo matado, no supo cómo remediarlo
ni apartarse del hecho, sino que volvió al pecado
y tuvo otro hijo; y tan pronto como nació,
lo mató; y tuvo otro más al que puso en esta vía.
Mucho mayor es la piedad…
Cuando sus tres hijos hubo matado la malhadada
por consejo del demonio, quedó tan desesperada
que pensaba que por nada que hiciese nunca ya perdonada
de Dios ni de su Madre podría ser.
Mucho mayor es la piedad…
Y le creció tal angustia, que tuvo tal desprecio
de sí misma que con un cuchillo se hirió en el pecho;
y no murió del golpe, pues no fue certero,
pero cayó en tierra, pues muy mal le dolía.
Mucho mayor es la piedad…
Y para morir pronto hizo cosa muy extraña:
se levantó corriendo y atrapó una araña
y la comió al instante; pero no era tan grande
ni tan emponzoñada como ella quería.
Mucho mayor es la piedad…
Y al ver que por esto la muerte no le llegaba,
fue a comer otra, grande, emponzoñada y fiera,
con la que hinchó tanto que a punto estuvo de morir.
Y yaciendo en tal angustia, mucho se arrepentía.
Mucho mayor es la piedad…
Del mal que había hecho y dijo: «Ay, Gloriosa,
no mires cuán pecadora y vil soy yo,
ni permitas que me pierda, sino sé piadosa conmigo
y guárdame del demonio y de su gran maldad».
Mucho mayor es la piedad…
Entonces la Virgen Santa se le apareció claramente
y por todo el cuerpo le fue pasando la mano,
y se lo volvió tan fresco, tan hermoso y tan sano
como nunca lo estuviera, y así la curó.
Mucho mayor es la piedad…
Diciendo: «¿Y no te acuerdas que habías prometido
mantener castidad, pero luego no la tuviste?
Pero si te apartas bien de este mal que hiciste,
te perdonará mi Hijo, pues yo te ayudaría».
Mucho mayor es la piedad…
Cuando esto le hubo dicho, se fue; y muy curada
quedó así la dueña, y tan pronto como salió
de allí tomó los hábitos, donde terminó su vida
tan bien, que fue en compañía de los santos.
Mucho mayor es la piedad…
Cantiga 200: A Santa María alabé
A Santa María alabé, y alabo y alabaré.
Porque, entre los que hoy han nacido de hombres muy honrados, a mí me ha ella mostrado más bienes, que contaré. A Santa María alabé…
Pues de buena gente (linaje) me hizo venir directamente, y quiso que muy llanamente (en paz) reinase y que fuese rey. A Santa María alabé…
Y con sus piedades, en las grandes enfermedades me socorrió; para que sepáis que por ello la serviré. A Santa María alabé…
Y a los que mal me querían y [mal] buscaban y urdían, les dio lo que merecían, así como probaré. A Santa María alabé…
A mí de grandes pobrezas me sacó y me dio riquezas, por lo que sus grandes noblezas, cuantas más pueda, diré. A Santa María alabé…
Pues me hizo de buena tierra señor, y en toda guerra me ayudó la que no yerra ni erró, allí donde la llamé. A Santa María alabé…
A mí me libró de peligros, de muertes y de lesiones; para que sepáis, varones, que por ella moriré. A Santa María alabé…
Por tanto, todos ayudadme a rogar de voluntad que con su gran piedad me socorra, que necesidad tengo. A Santa María alabé…
Y cuando [Ella] quiera que sea [mi hora], que me libre de la pelea de este mundo y que la vea a Ella, a quien siempre amé. A Santa María alabé…
Cantiga 189: El dragón y el peregrino de Salas
Bien puede Santa María curar de todo veneno, pues es madre de aquel que aplastó al basilisco y al dragón.
De esto ocurrió un milagro en Salas (Huesca), algo extraordinario, a un hombre de Valencia que iba en romería; pues él confiaba mucho en la Virgen Santa María; pero erró el camino y le anocheció entonces por donde iba en un monte, y vio de extraña forma… Bien puede Santa María curar de todo veneno.
Venir hacia sí a una bestia, como un dragón toda hecha, pero no huyó ante ella, aunque quedó muy espantado; pues tuvo miedo de que, si huía, sería alcanzado; y a la Virgen bendita hizo luego su oración para que lo guardase de muerte, de daño y de peligro. Bien puede Santa María curar de todo veneno.
Acabada la oración, cobró en sí gran esfuerzo, y fue hacia la bestia luego con su viejo espadón; le dio una estocada que la cortó por el medio, de modo que en dos partes le hendió el corazón; pero quedó emponzoñado (envenenado) por ella desde ese momento. Bien puede Santa María curar de todo veneno.
Porque el veneno saltó de ella y le hirió en el rostro, el que le salía de la boca, y asimismo hizo el aliento (el hálito), de tal modo que a los pocos días se volvió como un leproso; y puso en su voluntad no hacer otra cosa sino irse luego a Santa María, romero con su bordón. Bien puede Santa María curar de todo veneno.
Esto hizo él muy pronto y se puso en camino y en cuanto llegó a Salas, con su bordón en la mano, lloró mucho ante el altar y tan pronto volvió [a estar] sano. Y luego los de la iglesia loaron con procesión a la Virgen, que a aquel hombre curó de tan gran lesión. Bien puede Santa María curar de todo veneno.
Cantiga 181: La ayuda de la Virgen al Rey de Marruecos
Aunque sea la gente de otra ley y descreída, a los que más aman a la Virgen, a esos ella ayuda.
Hermoso milagro de esto hizo la Virgen gloriosa en la ciudad de Marruecos, que es muy grande y hermosa, a un rey que era allí señor, que una peligrosa guerra con otro tenía, por lo que tenía gran necesidad de ayuda.
Aunque sea la gente…
Tenía necesidad de quien se la diese: pues así como él yacía cercado dentro de Marruecos, el otro ya había cruzado un gran río que es llamado Morabe (Muluya) con muchos caballeros y muchísima gente de a pie.
Aunque sea la gente…
Y corrían por las puertas de la villa, y cuanto hallaban que estuviese fuera de los muros, todo por la fuerza lo tomaban. Y por ello, los de Marruecos al Rey tal consejo daban: que saliese de la ciudad con buena gente escogida.
Aunque sea la gente…
De armas, y que al instante con el otro rey luchase, y que luego fuera de la villa mandase sacar la enseña (el estandarte) de la Virgen Santa María, y que por nada dudase que al punto no los venciese, una vez la hubiese desplegado.
Aunque sea la gente…
Además, que hiciera salir al concejo de los cristianos con las cruces de la iglesia. Y él creyó su consejo; y en cuanto sacaron la enseña de aquella que es espejo de los ángeles y de los santos, por los moros fue vista.
Aunque sea la gente…
[Los] que eran de la otra parte, tal espanto cobraron que, aunque eran un gran poder, pronto todos se vencieron, y las tiendas que trajeran y todo lo demás lo perdieron, y murió allí mucha gente de esa [turba] fea y barbuda.
Aunque sea la gente…
Y cruzaron el Morabe que antes habían pasado, pero habiendo perdido todo cuanto allí trajeran; tan gran miedo de la enseña y de las cruces allí cobraron, que huyendo no había ni una rienda tensa (nadie frenaba).
Aunque sea la gente…
Y así Santa María ayudó a sus amigos, aunque de otra ley eran, a derrotar a sus enemigos que, pese a que eran muchos, no los valoraron en dos higos; y así fue su merced por todos muy conocida.
Aunque sea la gente…
Cantiga 160: Quien a una buena dueña quiera loar
Quien a una buena dueña quiera loar, loe a la que no tiene par, Santa María.
Y par nunca le hallará, puesto que Madre de Dios fue ya. Quien a una buena dueña quiera…
Puesto que Madre de Dios fue ya, y Virgen fue y será. Quien a una buena dueña quiera…
Y Virgen fue y será; por tanto, al lado de Él está. Quien a una buena dueña quiera…
Por tanto, al lado de Él está, donde siempre por nosotros rogará. Quien a una buena dueña quiera…
Donde por nosotros le rogará y de Él el perdón nos ganará. Quien a una buena dueña quiera…
Y el perdón nos ganará y al demonio vencerá. Quien a una buena dueña quiera…
Y al demonio vencerá y con ella nos llevará. Quien a una buena dueña quiera…
Cantiga 100: Santa María, Estrella del Día
Santa María, estrella del día, muéstranos la vía hacia Dios y guíanos.
[Líbranos] de la osadía que les hacía cometer locuras (pecados) a los hombres, cosas que no se deberían [hacer]. Santa María, estrella del día…
Porque haces ver a los errados, que perdidos estaban por sus pecados, entender que, aunque son muy culpables, siendo pecadores, son perdonados. Santa María, estrella del día…
Cantiga de escarnio: El consejo de la Balteira
«Si lo quieres hacer bien» —le instruye la Balteira—, «de buena medida la debes coger, así, y de ninguna manera más pequeña.
Esta es la madera adecuada; si no, yo no os la señalaría.
Y como ajustada se ha de meter, bien larga toda ella ha de ser para que vaya entre las piernas… de la escalera.
Esta es la medida de España, no la de Lombardía ni la de Alemania; y porque sea gruesa no os parezca mal, pues si es delgada no sirve para nada».
Cantiga de escarnio: A la Señora Abadesa
A vos, Doña Abadesa, de parte de Don Fernando Esquío*, estos presentes os envío porque sé que sois esa dueña que bien lo merece: cuatro carajos franceses y dos para la prioresa.
Puesto que sois amiga mía, no quiero mirar el gasto, y os quiero dar esto ya con toda urgencia: cuatro carajos de mesa, que me dio una burguesa, en sendas vainas de lino.
Muy bien lucirán si es que llevan cordones de dos pares de cojones; y ahora os voy a dar: cuatro carajos asnales engastados en corales, con los que cortéis el pan.
Cantiga: La apelación de los clérigos
«Amigos, querría que toda esta cuadrilla apelásemos al Rey de Castilla contra el Papa: que, por más que seamos clérigos, somos sus súbditos naturales. Le hemos servido muy bien y fuimos siempre leales; además, sabe el Rey que todos somos de carne (seres carnales): y querrá apiadarse de nuestros propios males».
Cantiga: Antes renunciaría a mi prebenda
«Antes renunciaría a toda mi prebenda, e incluso a mi dignidad y a toda mi renta, antes de que mi [mujer] Norabuena sufra tal agravio: creo que otros muchos seguirán este camino».
Cantiga 1: De hoy en adelante quiero trovar
Esta es la primera cantiga de loor (alabanza) de Santa María, mencionando los siete gozos que tuvo de su Hijo.
Desde hoy en adelante quiero trovar por la Señora honrada, en quien Dios quiso tomar carne bendita y sagrada, para darnos gran recompensa en su reino y hacernos herederos, como miembros de su familia, de una vida prolongada, sin tener que pasar después por la muerte otra vez.
Y por ello quiero comenzar [contando] cómo fue saludada por Gabriel, cuando al llamarla le dijo: «Bienaventurada Virgen, de Dios amada: de aquel que al mundo ha de salvar quedas ahora encinta; y además tu cuñada Isabel, de quien se dudaba, está de ello avergonzada (por su embarazo tardío)».
Y además quiero mencionarle cómo llegó cansada a Belén y fue a posar en el portal de la entrada, donde parió sin tardanza a Jesucristo, y fue a acostarlo, como mujer necesitada, donde echan la cebada, en el pesebre, y a aposentarlo entre bestias de labranza.
Y tampoco quiero olvidar cómo los ángeles cantando alabanza a Dios fueron a cantar y la paz en la tierra fue dada; ni cómo a la región de los tres Reyes de Ultramar les fue la estrella mostrada, por lo que sin demora vinieron su ofrenda a dar, extraña y preciada.
Otra historia quiero contar que le fue después contada a la Magdalena: cómo al estar vio la piedra retirada del sepulcro y custodiada por el ángel, que al hablarle le dijo: «Cuitada mujer, sé confortada, que Jesús, a quien vienes a buscar, resucitó de madrugada».
Y también quiero demostraros la gran alegría profunda que tuvo ella cuando vio alzarse en nube luminosa a su Hijo; y después de alzado, vieron ángeles andar entre la gente allí reunida, muy desconsolada, diciendo: «Así vendrá a juzgar, esto es cosa probada».
Ni quiero dejar de decir cómo fue recibida la gracia que Dios enviar le quiso, tan grande, que por ella esforzada fue la compañía que juntar hizo Dios, e instruida, del Espíritu colmada, por lo que supieron predicar luego sin demora.
Y, por Dios, no es de callar cómo fue coronada, cuando su Hijo llevarla quiso, después de que hubo pasado de este mundo y fue reunida con Él en el cielo, par a par (igual a igual), y llamada Reina, Hija, Madre y Criada; y por tanto nos debe ayudar, pues es nuestra abogada.
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