Poemas de Calímaco (poeta griego)
Poemas de Calímaco (310–240 a.C.) fue el poeta y erudito más influyente de la época alejandrina. Rechazó la épica tradicional de largo aliento, defendiendo la brevedad, el pulimento técnico y la sofisticación intelectual bajo su lema: «Libro grande, gran mal».
Como bibliotecario en Alejandría, catalogó el saber del mundo y perfeccionó formas como el epigrama y el himno. Su estilo erudito y refinado marcó profundamente a los poetas romanos como Catulo y Virgilio.
¡Qué bueno, el remedio de amores que halló Polifemo!…
¡Qué bueno, el remedio de amores que halló Polifemo!
No, no, por la Tierra, no era necio el cíclope.
Cicatrizan las Musas, Filipo, la llaga amorosa;
la poesía es droga que todo lo cura.
Esta ventaja también, creo yo, tiene el hambre,
que erradica el mal de la pederastia.
Y así me es posible, sanado, decir al maligno
Eros: “Puedes, niño, cortarte las alitas.
Me importan un bledo tus tretas, pues tengo en mi casa
dos medicinas contra tus heridas crueles”.
Antología Griega
Todavía respira la mitad de mi corazón, en cambio la otra ya no sé
si me la arrebató Eros o Hades: pero desapareció.
¿Otra vez se ha marchado con un chico? Muchas veces
dije: «¡jóvenes, no recibáis a esta fugitiva!»
¡No está contigo, búscala! Sé que esta [mitad], que allí merece ser lapidada
y que es desgraciada, merodea por algún lugar.
Epigramas
XII 150
Como Polifemo se ideó un canto mágico[1] tras haber amado: por Gea[2], no era tonto el cíclope.
Las musas adelgazan el amor, Filipo; remedio de todas las cosas, medicinal el saber.
Por esto, creo, también el hambre encamina por sí misma y muy bien contra lo enfermizo: abate la loca pederastía
Por ello para mí, […] ¡Cuán despreocupado! le digo esto a Eros: Esquila tus alas, niñito,
Te temo como a las migajas de pan: tengo ambos hechizos en casa para la dificultad del dolor de amor.
285 (v 6)
Prometió a Jónide Calignoto: que ella jamás, ni amante más grande ni amada tendría
Prometió. Pero dicen, es verdad, que a los juramentos en eros no bogan oídos inmortales
Y ahora él en fuego masculino se consume, pero de la penosa ninfa como de los megareos no hay palabra ni recuento[3].
337 (v 23)
Así duermas, Mosquitica, como me haces tender junto a estas heladas puertas que dan al palacio.
Así duermas injustísima, como haces dormir al enamorado, pero ni por compasión salir a su encuentro en sueños.
Los vecinos se lamentan, tú no, duermes. Pero esto vendrá todo pronto a tu memoria, bajo tu blanca cabellera.
318 b[4]
Concha tiempo atrás, Cefiritis, sin embargo
me tienes ahora, Cipris, como ofrenda más noble de Selenea,
Nautilo fui y surcaba el piélago
si empujaba la brisa,
tendiendo velas de cordones innatos,
y si venía Galanea, la diosa fértil, era todo remar
de piernas, esto me confirió el nombre,
hasta caer a la playa de Yúlide, para ser admirado
en cada ángulo era un juguete luminoso para ti, Arsínoe,
y no habitación para los huevos que ponga el húmedo alción,
y no he de respirar.
Da a la hija de Clinias dicha. Pues sabe obrar con bien
y también proviene de Esmirna de eólide.

Himno a Apolo (fragmento)
Cómo Apolo estremece la rama de Dafne,
cómo también a todo el palacio: lejos lejos quien es impío.
Febo así ha tocado la puerta con su hermoso pie:
¿No lo ves? Ondeó de inmediato la palma Delia a cierta dulzura.
El cisne canta la pureza en el aire.
Los mismos cimientos abren estas puertas,
Sus cerraduras: Pues el Dios ya no es lejano.
La juventud se (en)canta para la música coral
Nada encuentra a Apolo sino quien es dichoso,
Quien lo haya visto, al punto grande es, quien no, aquel suplica pequeño.
Veamos, Hecaerge, y jamás lleguemos a caer suplicantes, tampoco
se mantengan para los niños
ni la huella silenciosa ni la cítara muda de Febo en casa
si ellos han pensado casarse finalmente en esta Polis y cortar sus cabellos[5]
y sostener aquellos cimientos donde se afianzaron primeras bases
Veo a los jóvenes, me complazco, sobre su cáscara la lira no podría agotarse de obras.
Audiencia calla agraciada mientras el canto toque a Apolo.
También calla el mar, ahora por los aedos retumba la fama
por la Cítara, por el arco, armas de Febo Licoreo.
Ni Thetis, madre dolida, se sacude por Aquiles,
mientras ¡hié! ¡Peán! ¡hié! ¡Peán! se escucha.
Y la piedra llorona se despeña del dolor
y aquella roca en Frigia se fortalece viva
mármol en lugar de mujer que profería penas.
¡Hié! ¡hié! Pronuncien; con dichosos es maldad disputar.
Quien enfrenta a dichosos, estaría frente a mi señor;
Quien lo enfrenta, estaría contra Apolo.
Apolo honrará la danza en rueda si da un canto acordado con su pecho
pues así es, a la diestra de Zeus se sienta….
Aconcio y Cidipe (fragmento)
Aconcio vio a Cidipe en Delos,
como quien ve la luna entre las ramas,
y su corazón ardió sin fuego
La manzana cayó en silencio,
pero su palabra resonó en el altar:
‘Juro por Ártemis que me casaré con Aconcio’
Cidipe leyó sin saber,
y la diosa escuchó sin piedad.
El juramento se hizo carne
Tres veces cayó enferma la doncella,
y tres veces la boda se deshizo.
Ártemis no olvida la palabra pronunciada
El padre, turbado, consultó al oráculo,
y el dios habló con voz clara:
‘Cumple el voto que tu hija hizo sin saber’
Así se unieron los amantes,
no por deseo, sino por destino,
y la astucia fue bendecida por los dioses
Calímaco canta no a los héroes,
sino a los suspiros escondidos,
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