Poemas de Ennio (poeta romano)

Ennio

Poemas de Ennio (239–169 a. C.) quien fue considerado el “padre de la poesía latina”. Originario de Rudiae, introdujo el hexámetro dactílico en Roma y compuso los Anales, epopeya en dieciocho libros que narraba la historia romana desde Eneas hasta su tiempo.

Aunque sólo sobreviven fragmentos, su obra influyó decisivamente en Virgilio y en la tradición épica latina.

Ennio cultivó tragedias, sátiras y poesía didáctica, y su prestigio consolidó la literatura romana como heredera y continuadora de la griega.

Los Anales

Musas que golpeáis con los pies el Olimpo,

abrid las puertas del canto inmortal,

que Roma nazca del fuego de Troya,

y en Ennio resuene la voz de Homero,

pues transmigrada su alma me guía,

en hexámetros vibra la historia.

 

Eneas, cargando al padre en la huida,

lleva en sus brazos la llama sagrada,

del humo y ruina surge destino,

fundar ciudades, sembrar memoria,

y en la penumbra del mar errante,

Roma germina de sangre y promesa.

 

Ilia, doncella fecunda de dioses,

engendra al nieto del héroe troyano,

Rómulo surge con fuerza guerrera,

marca los muros, delimita el suelo,

y en su mirada reluce el futuro,

del Lacio al mundo se alza la patria.

 

Remo contempla los muros trazados,

ríe del límite, burla la ley,

pero la lanza del hermano lo hiere,

y en su caída la sangre decreta,

que Roma se funda con sacrificio,

y en piedra se fija su destino.

 

Tarquinio soberbio, último rey,

cayó vencido por furia del pueblo,

la libertad se alzó con su espada,

y en el Senado nació la república,

juraron hombres no más tiranía,

Roma se alzó con leyes eternas.

Ennio

Moribus antiquis res stat Romana virisque,

así se cantó, guardando memoria,

costumbres firmes sostienen la patria,

y los varones la elevan al cielo,

no por riqueza ni oro brillante,

sino por virtud y disciplina.

 

Bruto levanta la voz en el foro,

expulsa al tirano, funda justicia,

la libertad se viste de toga,

y en cada voto resuena el pueblo,

la república nace con juramento,

Roma se afirma en leyes y sangre.

 

Oh Marte, padre de huestes y fuego,

guía las lanzas, protege los muros,

haz que la sangre no sea en vano,

que cada batalla sea memoria,

y en los anales quede inscrito,

el sacrificio de hijos de Roma.

 

Cincinato deja el arado sencillo,

toma la espada, salva la patria,

vence al enemigo, regresa al campo,

ejemplo eterno de virtud romana,

que el poder no corrompe su alma,

y la república se fortalece.

 

Pirro invade con furia de Grecia,

Roma resiste con hierro y valor,

aunque las pérdidas sean pesadas,

la voluntad no cede ni muere,

y en cada herida florece victoria,

la república se alza invencible.

 

Cartago amenaza con fuego y marina,

Aníbal cruza los Alpes nevados,

Roma se estremece, tiembla su suelo,

pero la constancia vence al destino,

y en los anales se graba la lucha,

que forja imperio con sangre y sudor.

 

Escipión brilla con luz africana,

vence en Zama al fiero enemigo,

Cartago cae, su sombra se apaga,

Roma se alza señora del mundo,

y en los anales resuena su gloria,

como relámpago eterno de historia.

 

Los dioses miran desde lo alto,

Venus protege la sangre troyana,

Marte enciende la furia guerrera,

Júpiter dicta destino y poder,

y en cada acto humano resuena,

la voluntad del cielo romano.

 

El pueblo sufre, pero resiste,

las guerras largas no quiebran su fe,

cada derrota prepara victoria,

cada caída levanta esperanza,

y en los anales se escribe el dolor,

como raíz de gloria futura.

 

Roma no teme al paso del tiempo,

sus muros crecen, su voz se expande,

del Lacio al mundo se abre camino,

con disciplina y virtud constante,

y en cada siglo se alza su nombre,

como destino marcado en estrellas.

 

Los senadores guardan memoria,

discuten leyes, trazan futuro,

la república vive en su palabra,

y en los anales se fija su voz,

que la costumbre sostiene la patria,

y la virtud la eleva al cielo.

 

Ennio canta con voz de Homero,

pero en latín resuena su canto,

Roma se alza como nueva Troya,

y en hexámetros vibra su historia,

que cada verso sea monumento,

y cada palabra memoria eterna.

 

Los héroes caen, pero no mueren,

su nombre vive en piedra y canto,

los anales guardan su memoria,

y en cada guerra florece su sombra,

Roma se alza sobre sus huesos,

y en su destino brilla victoria.

 

El tiempo pasa, la gloria perdura,

los anales guardan cada instante,

que la república sea inmortal,

y en cada siglo resuene su voz,

Roma se alza sobre la historia,

como columna de fuego y hierro.

 

Así concluye el canto de Ennio,

padre de versos, guardián de memoria,

que Roma viva en hexámetros firmes,

y en cada siglo se alce su nombre,

los anales sean llama eterna,

y su destino luz inmortal.

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