Poemas de Gómez Manrique

Poemas de Gómez Manrique

Poemas de Gómez Manrique (1412–1490), figura cumbre del Prerrenacimiento español, encarnando el ideal del caballero que alterna las armas con las letras. Tío del célebre Jorge Manrique, su obra marca la transición de la lírica cancioneril hacia una poesía de honda reflexión moral y política.

Es pionero del teatro castellano gracias a su Representación del Nacimiento de Nuestro Señor, la pieza dramática más antigua de autor conocido en castellano. Su estilo se aleja del artificio cortesano para abrazar una sobriedad didáctica, visible en sus consejos a figuras reales. Militar activo y corregidor de Toledo, su legado literario funde la ética caballeresca con una espiritualidad que anticipa el humanismo.

Canción Para Callar Al Niño

Callad vos, Señor,

nuestro Redentor,

que vuestro dolor

durará poquito.

Ángeles del cielo,

venid dar consuelo

a este mozuelo,

Jesús tan bonito.

Éste fue reparo,

aunque él costó caro,

de aquel pueblo amaro

cativo en Egipto.

Este santo divino,

niño tan benino,

por redimir vino

el linaje aflito.

Cantemos gozosas,

hermanas graciosas,

pues somos esposas

del Jesús bendito.

 

Canciones

Desnuda en una queza,

lavando la fontana,

estaba la niña lozana,

las manos sobre la treza.

 

Sin zarcillos nin sartal,

en una corta camisa,

fermosura natural,

la boca llena de risa,

descubierta la cabeza

como ninfa de Diana,

miraba la niña lozana

las manos sobre la treza.

 

Coplas

¡Ay dolor, dolor,

por mi fijo y mi Señor!

Yo soy aquella María

del linaje de David.

Oíd, señores, oíd,

la gran desventura mía.

 

¡Ay dolor!

 

A mí dixo Gabriel

qu’el Señor era conmigo,

y dexóme sin abrigo,

amarga más que la hiel.

Díxome qu’era bendita

entre todas las nacidas

y soy de las afligida

la más triste y más aflicta.

 

¡Ay dolor!

 

¡O vós, hombres que transistes

por la vía mundanal,

decidme si jamás vistes

igual dolor de mi mal!

Y vosotras que tenéis

padre, fijos y maridos,

acorredme con gemidos,

si con llantos no podéis.

 

¡Ay dolor!

 

Llorad conmigos, casadas;

llorad conmigo, doncellas,

pues que vedes las estrellas

escuras y demudadas,

vedes el templo rompido,

la luna sin claridad.

Llorad conmigo, llorad

un dolor tan dolorido.

 

¡Ay dolor!

 

Llore conmigo la gente

de todos los tres estados,

por lavar cuyos pecados

mataron al inocente,

a mi fijo y mi señor,

mi redentor verdadero.

¡Cuitada! ¿Cómo no muero

con tan estremo dolor?

 

¡Ay dolor!

 

¡Ay dolor, dolor,

por mi primo y mi Señor!

Yo soy aquel que dormí

en el regazo sagrado,

y grandes secretos vi

en los cielos sublimado.

 

Yo soy Juan, aquel privado

de mi Señor y mi primo;

yo soy el triste que gimo

con un dolor estremado.

 

¡Ay dolor!

 

Yo soy el primo hermano

del facedor de la luz,

que por el linage humano

quiso sobir en la cruz.

¡O, pues, ombres pecadores,

rompamos nuestros vestidos!

¡Con dolorosos clamores

demos grandes alaridos!

 

¡Ay dolor!

 

Lloremos al compañero

traidor porque le vendió.

Lloremos aquel cordero

que sin culpa padesció.

Luego me matara yo,

cuitado, cuando lo vi,

si no confiara de mí

la madre que confió.

 

¡Ay dolor!

 

Estando en el agonía

me dijo con gran afán:

«Por madre ternás tú, Juan,

a la Santa Madre mía.»

¡Ved qué troque tan amargo

para mí de grande cargo!

 

¡Ay dolor!

 

¡O hermana Madalena,

amada del Redentor!

¿Quién podrá con tal dolor

remediar tan grave pena?

¿Cómo podrá dar consuelo

el triste desconsolado

que vido crucificado

al muy alto rey del cielo?

 

¡Ay dolor!

 

¡O Virgen Santa María,

Madre de mi Salvador!

¡Qué nuevas de gran dolor

si podiese vos diría!

mas, ¿quién las podrá decir,

quién las podrá recontar,

sin gemir, sin sollozar,

sin prestamente morir?

 

¡Ay dolor!

 

Vós, mi fijo adotivo,

no me fagáis más penar.

Decidme sin dilatar

si mi redentor es vivo,

que las noches y los días,

si d’Él otra cosa sé,

nunca jamás cesaré

de llorar con Jeremías.

 

Señora, pues de razón

conviene que lo sepáis,

es menester que tengáis

un muy fuerte corazón,

y vamos, vamos al huerto,

do veredes sepultado

vuestro fijo muy preciado

de muy cruda muerte muerto.

 

Fragmento del planto de las virtudes

Que la boca mencionada

d’este valle temeroso

prestamente fue juntada

con la ribera nombrada

del río tenebregoso.

no sin duda mayor pena

el que tragó la ballena

creo sintiese que yo

en me ver adonde no

fallaba salida buena.

 

E como toro judío

busca por donde fuir,

andaba del todo frío

desde las cuestas al río

catando por do salir:

mas a la fin no fallaba

en esta ribera brava

ningund seguro pasaje

pues la cumbre del boscaje

con las nubes comarcaba.

 

Sentimiento de partida

Yo parto de vos, doncella,

fuera de mi libertad;

yo parto con gran querella

de vuestra pura bondad.

 

yo parto con gran tormento

por esta triste partida,

e llevo tal pensamiento

que fará corta mi vida.

 

Yo parto con gran dolor

por ir de vos apartado:

yo parto muy amador

de vos, que voy desamado.

 

Yo parto en vuestra cadena

de que no cuido salir,

e llevo tan cruda pena,

que no vos la sé decir.

 

Yo parto mucho contento

de vuestra gentil figura;

yo parto bien descontento

de vuestra poca mesura.

 

Yo parto, mas non se parte

siempre de vos mi pensar;

e lievo la mayor parte

de dolor y de pesar.

 

Yo parto porque me alejo

el más triste que me vi;

yo parto, mas con vos dejo

la mayor parte de mí.

 

Yo parto triste porque

vuestro mirar me robó,

e lievo por buena fe

gran quexa de vuestro no.

 

Yo parto porque me aparta

la mi no buena fortuna;

yo parto con pena farta

sin esperanza ninguna.

 

yo me parto de miravos

con dolor muy dolorido,

e lievo de bien amarvos

prosupuesto no fingido.

 

Fin

No quiero más enojarvos,

mas por merced yo vos pido

que vos plaga recordarvos

de cuán triste me despido.

 

A una dama que iva cubierta

El corazón se me fue

donde vuestro vulto vi,

e luego vos conocí

al punto que vos miré;

que no pudo fazer tanto,

por mucho que vos cubriese,

aquel vuestro negro manto,

que no vos reconociese.

 

Que debaxo se mostrava

vuestra gracia y gentil aire,

y el cubrir con buen donaire

todo lo magnifestava;

así que con mis enojos

e muy grande turbación

allá se fueron mis ojos

do tenía el corazón.

 

Canción (Con la beldad me prendistes)

Con la beldad me prendistes,

con la gracia me robastes,

con la bondad me feristes,

al punto que me mirastes.

 

De la prisión no recelo,

que de mi grado será,

ni por el robo me duelo,

pues en tal lugar está;

 

mas del golpe que me distes

con la bondad que mostrastes,

el más triste de los tristes

para siempre me tornastes.

 

Célebres Versos Grabados en las Escaleras de las Casas Consistoriales

Nobles discretos varones

que gobernáis a Toledo,

en aquestos escalones

desechad las aficiones,

codicias, amor y miedo.

Por los comunes provechos

dexad los particulares.

Pues vos fizo Dios pilares

de tan riquísimos techos,

estad firmes y derechos.

Poemas de Gómez Manrique

Epístola Nuncupatoria

Oí desde mi moçedad en el escuela de uno de los más famosos maestros que, commo vuestra merçed bien sabe, hobo en nuestros tiempos, que fue mi señor e mi hermano don Rodrigo Manrique, maestre de Santiago, digno de loable memoria. Allí aprendí a sofrir peligros y trabajos y nesçesidades juntamente… y esto no podré dezir que haya fecho en el estudio de las sçiencias ni del arte de la poesía, porque yo estas nunca aprendí nin tove maestro que me las mostrase, de lo qual las mesmas obras mías dan verdadero testimonio, y aun non valgo más por ello. Que, commo quiera que algunos haraganes digan ser cosa sobrada el leer y saber a los caballeros, commo si la caballería fuera a perpetua rudeza condepnada, yo soy de muy contraria opinión, porque a estos digo yo ser complidero el leer e saber las leyes e fueros e regimientos e gobernaçiones de los pasados que bien rigieron e gobernaron sus tierras e gentes, las fazañas e vidas e muertes de muchos famosos varones que vida virtuosa vivieron e virilmente acabaron… No solamente es complidero, mas [es] nesçesario saber las difiniçiones de la prudençia para regir, de la justiçia para tener sus pueblos e gentes en paz, de la temprança para los comportar, de la fortaleza para los defender; y si justo caso lo ofreçerá, para los acreçentar, inquiriendo fama e provecho despojado de tiranía…

 

Batalla de amores

Estando no descuidado

del rebato venidero,

mas a guisa de guerrero

siempre medio salteado,

oí tocar atabales,

tamboriles e trompetas;

a la hora mis secretas

pasiones muy desiguales

miedos me ponen mortales.

 

Con una grand turbación

de los sones tanto fieros,

que los daños venideros,

temelos el coraçón,

a grand priesa demandé

las mis armas defensivas,

dexando los ofensivas

sólo por salvar mi fe,

que nunca vencida fue.

 

E así, muy bien armado

cuanto para defender,

salí sin me detener

con todo bien demudado:

vi venir mi pensamiento

que estaba por atalaya,

diciéndome: «Guaya, guaya,

que se llega, según siento,

la hora del perdimiento.»

 

E tocando las bastardas

trompetas a pelear,

luego, sin más lo tardar,

se juntan las avanguardas;

e las mis alas firieron

según les fuera mandado;

por recio que cometieron,

no refuir lo pudieron.

 

Representación del Nacimiento de Nuestro Señor

Auto sacramental (una obra de teatro religioso) sobre el nacimiento de nuestro Señor, que compuso Gómez Manrique hace seiscientos años, a petición de su hermana, monja clarisa en Palencia, para representarlo en comunidad.

En él hablan la Virgen, san José, los pastores, los ángeles y algunos personajes que simbolizan elementos de la futura pasión del Señor.

 

Lo que dice José, sospechando de Nuestra Señora:

¡Oh viejo desventurado!

Negra dicha fue la mía

en casarme con María

por quien fuese deshonrado.

 

Yo la veo bien preñada,

no sé de quién ni de cuánto;

dicen que de Espíritu Santo,

mas yo de esto no sé nada.

 

La oración que hace la gloriosa Virgen:

¡Mi solo Dios verdadero

cuyo ser es inmovible,

a quien es todo posible,

fácil y bien hacedero!

 

Tú que sabes la pureza

de la mía virginidad,

alumbra la ceguedad

de José y su simpleza.

 

El Ángel habla a José:

¡O viejo de muchos días,

con el seso de muy pocos,

el principal de los locos!

¿Tú no sabes que Isaías

dijo: Virgen parirá,

lo cual escribió por esta

doncella gentil, honesta,

cuyo par nunca será?

 

La que representa a la Gloriosa, cuando le dan el Niño:

Te adoro, rey del cielo,

verdadero Dios y Hombre;

adoro tu santo nombre,

mi salvación y consuelo.

 

Te adoro, hijo y padre,

a quien sin dolor parí,

porque quisiste de mí

hacer, de sierva, tu madre.

 

Bien podré decir aquí

aquel salmo glorïoso,

que dije, hijo precioso,

cuando yo te concebí:

 

Que mi ánima engrandece

a ti solo, mi Señor,

y en ti, mi Salvador,

mi espíritu florece.

 

Mas este, mi gran placer

en dolor será tornado,

pues que tú eres envïado

para muerte padecer

 

por salvar los pecadores,

en la cual yo pasaré,

no menguándome la fe,

innumerables dolores.

 

Pero mi precioso prez, (=honor, estima)

hijo mío muy querido,

dame tu claro sentido

para tratar tu niñez

 

con debida reverencia,

y para que tu pasión

mi femenil corazón

sufra con mucha paciencia.

 

El anuncio del ángel a los pastores:

Yo os anuncio, pastores,

que en Belén es hoy nacido

el Señor de los señores,

sin pecado concebido.

 

Y porque no lo dudéis

id al pesebre del buey,

donde cierto hallaréis

al prometido en la ley.

 

Primer pastor:

Dime tú, hermano, di,

si oíste alguna cosa,

o viste lo que yo vi.

 

Segundo pastor:

Una gran voz me asemeja

de un ángel reluciente

que sonó en mi oreja.

 

Tercer pastor:

Mis oídos han oído

en Belén es esta noche

nuestro salvador nacido;

por ende dejar debemos

nuestros ganados e ir

por ver si lo hallaremos.

 

Cuarto pastor:

Este es el Niño excelente

que nos tiene de salvar;

hermanos, humildemente,

le lleguemos adorar.

 

Adoración de los pastores viendo al glorioso Niño:

Este es el Niño excelente

que nos tiene que salvar.

Hermanos, muy humildemente

le lleguemos a adorar.

 

Primer pastor:

Dios te salve, glorïoso

infante santificado,

por redimir envïado

este mundo trabajoso.

Dámoste grandes loores

por te querer demostrar

a nos, míseros pastores.

 

Segundo pastor:

Sálvete Dios, Niño santo,

envïado por Dios Padre,

concebido por tu madre

con amor y con espanto.

Alabamos tu grandeza

que en el pueblo de Israel

escogió nuestra simpleza.

 

Tercer pastor:

Dios te salve, Salvador,

hombre que ser Dios creemos.

Muchas gracias te hacemos

porque quisiste, Señor,

la nuestra carne vestir,

en la cual muy cruda muerte

has por nos de recibir.

 

Los ángeles:

¡Gloria al Dios soberano

que reina sobre los cielos,

y paz al linaje humano!

 

Arcángel Gabriel:

Dios te salve, glorïosa

de los maitines estrella,

después de madre, doncella,

y antes que hija, esposa.

 

Yo soy venido, señora,

tu leal embajador,

para ser tu servidor

en aquesta santa hora.

 

Arcángel Miguel:

Yo, Micael, que vencí

las huestes luciferales,

con los coros celestiales

que son en torno de mí,

por mandato de Dios Padre

vengo a tener compañía

a ti, beata María,

de tan santo Niño, madre.

 

Arcángel Rafael:

Yo, el ángel Rafael,

capitán de estas cuadrillas,

dejando las altas sillas,

vengo a ser tu donzel;

 

y por hacerte plazeres,

pues tan bien los mereciste,

¡oh María, Mater Criste,

bendita entre las mujeres!

 

Los martirios que presentan al Niño:

Un niño con el cáliz:

¡Oh santo Niño, nacido

para nuestra redención!

Este cáliz dolorido

de la tu cruda pasión

es necesario que beba

tu sagrada majestad,

por salvar la humanidad

que fue perdida por Eva.

 

Un niño con el astelo y la soga:

Y será en este astelo

tu cuerpo glorificado,

poderoso rey del cielo,

con esas sogas atado.

 

Otro niño:

Con estos azotes crudos

romperán los tus costados

los sayones muy sañudos,

por lavar nuestros pecados

 

Un niño con la corona de espinas:

Y después que a tu persona

la hieran con disciplinas,

te pondrán esta corona

de dolorosas espinas..

 

Un niño con la cruz:

En aquesta santa cruz

el tu cuerpo se pondrá;

a la hora no habrá luz

y el templo se caerá.

 

Un niño con los clavos:

Con estos clavos, Señor,

te clavarán pies y manos;

grande pasarás dolor

por los míseros humanos.

 

Otro con la lanza:

Con esta lanza tan cruda

horadarán tu costado,

y será claro, sin duda,

lo que fue profetizado.

 

La obra de teatro termina con este villancico cantado por todas las monjas:

Callad, hijo mío

chiquito.

Callad vos, Señor,

nuestro redentor,

que vuestro dolor

durará poquito.

 

Ángeles del cielo,

venid, dad consuelo

a este mozuelo

Jesús tan bonito.

 

Este fue reparo, (= reparación)

aunque le costó caro,

de aquel pueblo amaro (=amargo)

cautivo en Egipto.

 

Este santo y digno

Niño, tan benigno,

por redimir vino

el linaje aflicto.

 

Cantemos gozosas,

hermanas graciosas,

pues somos esposas

del Jesús Bendito.

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