Poemas de Jaufré Rudel (trovador occitano)
Jaufré Rudel fue un trovador occitano del siglo XII, célebre por el tema del “amor lejano” (amor de lonh), que convirtió en símbolo de deseo imposible y espiritualidad poética.
Nacido en Blaye, cerca de Burdeos, fue príncipe de esa villa y participó en la Segunda Cruzada (1147-1149). Su leyenda cuenta que se enamoró de la condesa Hodierna de Trípoli sin conocerla, inspirado por relatos de peregrinos, y que murió en sus brazos al llegar enfermo a Oriente.
Se conservan entre seis y ocho de sus poemas, algunos con música, caracterizados por el estilo trobar leu, claro y lírico.
Cuando el ruiseñor en las hojas
Cuando el ruiseñor en las hojas
dona de amor en quier en pren
y mueve su canto alegre y gozoso
y contempla a su pareja a menudo;
el río es claro y el prado hermoso,
por el nuevo deleite que reina,
me viene al corazón gran gozo reposar.
De una amistad soy envidioso,
pues no sé alegría más valiosa,
que oro y deseo, que ojalá fuese,
si me hiciera presente de amor;
que el cuerpo es gracioso, delgado y gentil,
y sin nada que desconvenga,
es su amor bueno con buen saber.
De este amor soy pensativo,
velando y luego soñando al dormir,
pues allí tengo alegría maravillosa,
por lo cual la gozo gozando;
mas su hermosura no vale nada,
pues ningún amigo me enseña
cómo yo ya tenga buen saber.
De este amor soy tan loco,
que cuando voy hacia ella corriendo,
me parece que al revés
me torno, y que ella me huye;
y mi caballo va tan lento,
que será difícil alcanzarla,
si su amor no me hace permanecer.
De tal dama soy codicioso,
a quien no me atrevo a decir mi deseo,
antes, cuando contemplo sus facciones,
todo el cuerpo se me va perdiendo;
y tendré ya tanto ardimiento,
que me atreva a decir, para que me tenga,
pues de otros no me atrevo a pedir merced.
¡Ah! cómo son sus dichos amorosos
y sus hechos dulces y placenteros;
que nunca nació aquí entre nosotros
ninguna que tenga cuerpo tan gentil,
graciosa, fresca, con corazón placentero,
y no creo que mejor se enseñe,
ni vi hombre con tanto placer.
Amor, alegre parte de vos,
por eso voy buscando mi bien,
y soy tan afortunado,
que aún tengo mi corazón gozoso,
la merced de mi buen guía,
que quiere llamarme digno
y me ha devuelto en buena esperanza.
Y quien aquí permanece deleitoso
y a Dios no sigue en Belén,
no sé cómo sea jamás provechoso,
ni cómo llegue a salvación;
pues sé y creo con mi ciencia,
que aquel a quien Jesús enseña,
segura escuela puede tener.
Cuando los días son largos en mayo
Cuando los días son largos en mayo
me es bello el dulce canto de aves lejanas,
y cuando me he partido de allí,
recuerdo un amor lejano:
voy con ánimo sombrío y torcido,
de modo que canto ni flores de espino blanco
no me agradan más que el invierno helado.
Jamás de amor me alegraré,
si no gozo de este amor lejano,
pues más gentil ni mejor no sé
en ninguna parte, ni cerca ni lejos;
tanto es su valor verdadero y firme,
que allá en el rango de los sarracenos
fuese yo por ella llamado cautivo.
Airado y gozoso me partiré,
cuando vea este amor lejano;
mas no sé cuándo la veré,
pues demasiado lejanas son nuestras tierras;
hay muchos pasos y caminos,
y por eso no estoy seguro;
mas todo sea, como a Dios plazca.
Bien parecerá gozo, cuando le pediré
por amor de Dios albergue lejano,
y si a ella place, me hospedaré
cerca de ella, aunque bien soy de lejos;
entonces hablaré palabras fieles,
cuando amante lejano sea tan vecino,
que con bellos dichos gozará solaz.
Bien tengo al Señor por verdadero,
por lo cual veré el amor lejano,
mas por un bien que me acontece,
tengo dos males, pues tanto me es lejano;
¡ay! si fuese yo allá peregrino,
de modo que mi bastón y mi manto
fuesen por sus bellos ojos mirados.
Dios, que hizo todo cuanto viene y va,
y formó este amor lejano,
me dé poder, pues corazón tengo,
que en verdad vea el amor lejano
realmente en lugares agradables,
de modo que la cámara y el jardín
me parezcan siempre palacio.
Verdad dice quien me llama loco
y deseoso de amor lejano,
pues ningún otro gozo tanto me place
como el disfrute de amor lejano;
mas lo que quiero me es tan adverso,
que así lo dispuso mi destino,
que yo amase y no fuese amado.
Mas lo que quiero me es tan adverso,
sea maldito el destino,
que me dispuso que no fuese amado.
Cuando el río de la fuente
Cuando el río de la fuente
se esclarece, así como hace el sol,
y aparece la flor del espino,
el ruiseñor en la rama
vuelve y refrena y allana
su dulce canto y lo afina,
es justo que yo el mío refrene.
Amor de tierra lejana,
por vos todo el corazón me duele;
y no puedo hallar medicina,
si no voy a su reclamo
con atracción de amor dulce
en vergel o bajo cortina
con deseada compañía.
Pues todos los días me falta remedio,
no me maravillo si me inflamo,
pues nunca más gentil cristiana
fue, ni Dios no la quiso,
judía ni sarracena;
bien es aquel pagado de maná,
que nada de su amor gana.
De deseo mi corazón no cesa
hacia aquella cosa que más amo;
y creo que voluntad me engaña,
si codicia me lo quita;
pues más punzante que espina
es el dolor, que con gozo sana,
de lo cual no quiero que nadie se queje.
Sin breve de pergamino
envío el verso que cantamos,
en llana lengua romana
a Hugon Brun por Filhol;
bien sabe, pues gente de Poitou,
de Burdeos y de Gujana
se alegra por ella y Bretaña.
Cuando pensar me da remedio,
entonces la beso y la abrazo,
mas luego torno en revuelo
porque me despierta en inflamación,
pues lo que florece no granará,
la alegría que me alcanza
todo mi pensamiento adiestra.
Si estoy en larga espera
y más seña no sufro,
esto dice la gente anciana:
que con sufrir viene sabio loco,
que siempre se va de arrebato;
mas yo espero causa vana,
que en otro lugar queda en la falla.
Pues el pensamiento me afama,
por lo cual el abrazo y el beso
me han tornado demasiado ruin,
porque me pierdo mas no me quejo,
pues sé que no florece ni granará
el amor donde mi corazón se inclina,
ni hombre en ello permanece.
Su continente es soberana,
que gozo me toma y me acoge,
y no hace amor vecina,
que en adelante no canto que clamo,
tanto deseo el amor de extranjera,
a quien gozo y juventud se inclina,
como si allá en tierra extraña fuese.
Entre Grecia y Transmontana
quisiera estar dentro del mar,
y tener caña y red
con que me fuese a divertir,
fuego y leña y sartén,
y bastante pescado para cocinar,
y mi dama por compañía.
Cuando el tiempo se renueva
Cuando el tiempo se renueva
y aparece la flor del espino,
tengo deseo de un canto nuevo,
y florece el espino
—pues sé cómo el canto se refresca—
dulcemente por medio del bosque,
el ruiseñor se regocija.
Y cuando el bosque reverdece
nace fresca y verde la hoja,
entonces yo reverdezco
de gozo y florezco como suelo,
con el dulce canto de la mañana,
que hacen de amor las aves,
gozosas llaman al oído.
Y luego uno al otro se enseña,
y parece que hacia su pareja se acerca,
de noche es justo que se enseñe
cada cual de igual manera
con fino amor sin orgullo,
que yo conozco bastante y veo,
pues la maldad se enorgullece
y el amor no debe causar envidia.
Gozo con amar se acompaña,
es vestido de una desnudez,
y a quien despoja,
de escasez me desnuda;
amor se enseña con gozo fiel,
y gozo hace de amor caudillo,
y la maldad, que no cesa,
baja el valor y lo descabeza.
Cortésmente se asemeja
amor verdadero y se afina,
que de gozo hace su semejanza,
por lo cual más hacia ella me inclino,
y la maldad desaloja
el valor, que no sabe dónde está,
por lo cual alabo, juventud acoge
amor y con ella permanece.
Así deseada y combatida
el mal al bien, que Dios les quita,
a los avaros, que yo combato,
mas no vale nada lo que les quita,
antes lleva juventud escondida,
si amor no hace su llamada,
toda alegría se oculta
pues nadie quiere valor ni lo llama.
Nada en el mundo es más bello
que el amor verdadero vecino,
ni nada tengo más por bello
ni quiero tener por cercano
en ninguna parte donde duelo,
que yo pueda encontrar merced,
ricos malvados se burlan y giran,
y amor ríe y concede gracia.
Sobre los mejores señorea
mi canto, en cuanto quiero,
y las palabras dejando señoreo
y sé decir así como quiero;
y veis vos del verso el fin,
que en Grimoartz os reflejo,
que con gozo lo dejo y lo afino,
si es que buen canto lo refleja.
No sabe cantar quien no dice sonido
No sabe cantar quien no dice sonido,
ni hallar verso quien no hace palabras,
ni conoce de rima cómo va,
si razón no entiende en sí;
mas mi canto comienzo así,
cuanto más lo oiréis, más valdrá.
Ningún hombre se maraville de mí,
si amo lo que no veré jamás,
pues el corazón gozo de otro amor no tiene
sino de aquella, que nunca vi;
nunca dije verdad ni mentí,
ni sé si jamás eso será.
Golpe de gozo me hirió, que me oyó,
y punzada de amor, que me sustrae
la carne, por lo cual el cuerpo se adelgaza;
y nunca antes tan grave me hirió,
ni por ningún golpe tanto languidecí;
pues no conviene ni se ajusta.
Nunca tan suave me armó,
mi espíritu pronto no estuvo allí,
ni tanta ira tuvo de ella,
mi corazón a menudo no estuvo aquí;
mas, cuando me sale la mañana,
todos mis buenos saberes me desvían.
Bien sé que nunca de ella gocé,
ni jamás de mí gozará,
ni por su amigo me tendrá,
ni conveniencia hará de sí;
ni por ningún gozo tanto reirá,
y no sé qué bien me vendrá.
Un amor lejano me mata,
y dulce deseo cercano me está,
y cuando pienso que me voy allá
en forma de buen peregrino,
mi voluntad es suya, así
de mi muerte que de otro modo no será.
Peironet, pasa río de Ili,
que mi corazón hacia ella pasará,
y si le place, me albergará,
por lo cual la conversación será fin;
mal me hicieron mis padres,
si amor me mata por ella que me tiene.
Bueno es el verso, cuando no falla,
y todo lo que es, bien está;
y sé que de mí aprenderá,
guárdese, no falla ni peca;
pues si lo oyen en Cahors
en Bertrán y el conde en Tolosa.
Bueno es el verso, y harán allí
alguna cosa, de lo cual se cantará.
La princesa lejana
Por mayo, cuando los días son largos, en mayo
me agrada el dulce canto de los pájaros de lejos,
y cuando me aparto de allí,
me acuerdo de un amor lejano;
voy de humor apesadumbrado y sombrío,
de tal suerte que ni la poesía ni la flor del blanco espino
me placen tanto como el invierno helado..
Nunca más gozaré de amor
si no gozo de este amor de lejos,
pues no sé de mejor ni más gentil
en ninguna parte, ni cerca de lejos.
Su mérito es tan cierto y puro
que allí, en el reino de los sarracenos,
yo sería por ella llamado cautivo.
Cuando el arroyo de la fuente, canción
Cuando el arroyo de la fuente
en la estación se esclarece;
cuando nace la flor del espino
y en el bosque el ruiseñor
modula, repite, afina
su canción que quiere perfecta,
yo debo retomar la mía.
Amor de tierra lejana,
por vos tengo el corazón doliente,
y no puedo hallar remedio
si no escucho vuestro llamado,
por atracción de dulce unión,
en vergel o bajo cortina,
con la amiga deseada.
Si mi corazón no tiene poder,
no es maravilla que arda:
Dios no ha querido que se viera
jamás más bella cristiana,
ni judía ni sarracena…
Bien nutrido está de maná
quien gana un poco de su amor.
Mi deseo sin fin no aspira
sino a ella sola entre todas.
Mi querer, creo, me engaña,
si me la quita la Codicia:
pues más punzante que espina
es el dolor que con Gozo sana,
pero no quiero que nadie se queje de mí.
Y sin breve de pergamino
envío este verso que se canta
en simple lengua romana,
a Hugo el Brun, por Filhol.
Me alegra que los de Poitou,
del Berry y de Guiana,
y los Bretones, se regocijen.
L’amour de loin
Cuando los días son largos en mayo,
Dulces me son los cantos de aves lejanas,
Y cuando termino de escuchar,
Recuerdo un amor lejano.
Voy encorvado por el deseo,
Sin que cantos ni flores de espino blanco
Me agraden más que el invierno helado.
Creo, ciertamente, que el Señor
Me hará ver el amor lejano.
Pero por un bien que me acontece
Tengo dos males, pues me es lejano.
Ah, que me haga peregrino
Para que mi capa y mi bastón
Sean contemplados por sus bellos ojos.
Qué alegría pedirle,
Por amor,
A Dios, el refugio lejano,
Y si le place me alojaré
Cerca de ella, yo que soy lejano.
Qué dulce hablar se escuchará
Cuando lo lejano se vea bien,
En qué bellos dichos se gozará.
Triste y alegre, regresaré
Si la veo, el amor lejano.
Pero ¿quién sabe cuándo la veré,
Pues demasiado distantes son nuestros países?
Cuántos caminos y pasajes,
Y para saber no soy adivino…
Mas que todo sea como a Dios place.
Jamás de amor tendré alegría,
Sino de este amor lejano,
Pues más gentil ni mejor no conozco
En ningún lugar cercano o lejano.
Ella es tan bella, franca y pura
Que quisiera estar entre los Sarracenos
Para tener derecho de aclamarla.
Dios que hizo todo lo que se ve
Y formó este amor lejano,
Me conceda, que no tengo en el corazón,
Que yo vea este amor lejano,
Realmente, en tal refugio,
Que la cámara y el jardín
Me parezcan siempre un palacio.
Dice verdad quien me acusa
De desear amor lejano.
Pues otra alegría tanto no me agrada
Como gozar de amor lejano.
Pero mi deseo es rechazado.
Mi padrino me echó el sortilegio
De que ame y no sea amado.
Pero mi deseo es rechazado:
Sea entonces maldito el padrino
A quien debo no ser amado.

La princesse lointaine
Cuando el arroyo de la fuente
Se aclara y la mejorana
Al alegre sol de primavera,
Y cuando el canto del ruiseñor
Se eleva, modula y se afina
Sobre la rama del espino blanco,
Debo entonar el mío.
Amor de la tierra lejana,
Por ti todo mi cuerpo sufre,
Pues nunca hubo más gentil cristiana.
Dichoso aquel para quien ella habla.
De deseo mi corazón es llevado
Hacia esa dama que entre todos amo.
Por ella siempre he suspirado,
Pero no quiero que se me compadezca,
Pues del dolor nace la alegría.
Cuando los días son largos en mayo,
El dulce canto de los pájaros me agrada,
Y cuando poco a poco se apaga,
De un amor lejano me acuerdo.
Camino entonces con la cabeza baja,
Y no más que la estación helada
Me agrada entonces el canto de ave
O el murmullo del arroyo.
Lo tendré por verdadero,
Señor, por quien veré el amor lejano,
Pero a pesar de la esperanza de tal dicha
Sufro, pues está demasiado lejano.
¡Ah! ¿Por qué no soy peregrino
Allá para portar el bordón
Y recibir el mejor don
De ser contemplado por sus ojos?
Jamás del amor gozaré
Sino de este amor lejano.
Pues mujer no conozco mejor
Ni más graciosa en esta hora
De ningún lugar, ni cerca ni lejos.
Por ella y para darle cuidado
Consiento en ser cautivo
Allá en la tierra sarracena.
Dice verdad quien me llama
El deseoso de amor lejano,
Pues ninguna otra alegría se revela
Como gozar del amor lejano.
Pero todos mis votos son inútiles
Y estoy destinado a este sino:
Amar siempre sin ser amado.
Chanson – Canción
Cuando la fuente del arroyo
Se ilumina con sol nuevo,
Cuando nace la flor del escaramujo,
Cuando en el bosque el ruiseñor
Modula, afina, repite
Su canción que quiere perfecta,
Retomo mi propio estribillo.
Amor de tierra lejana,
Por ti tengo el corazón doliente.
A mi mal no hay remedio
Si la amiga tan deseada,
Por atracción, por sed de unión,
No me llama al unísono
En cámara cerrada o vergel.
Si mi corazón queda impotente,
¿Puedo extrañarme de que arda?
Dios no ha querido que se viera
Jamás más bella cristiana,
Ni judía, ni sarracena.
Quien prueba su amor
Goza de un festín caído del cielo.
Eterna sed del corazón,
A ella sola aspiro.
Pero si me toma codicia,
Mi deseo será dolor,
Pues más punzante que la espina
(No me quejo de ello)
Es este mal que la alegría cura.
Sin carta ni pergamino
Envió estos versos para cantar
En simple lengua romance
A Uc le Brun, por Filhol,
Y que la gente de Poitou,
Berry, Guyena y Bretaña
Tenga placer en oírlos.
Cuando en el bosque, el ruiseñor
Cuando, en el bosque, el ruiseñor
da amor, lo necesita, lo
toma y modula su canto en alegría
y a menudo admira a su pareja;
Cuando los arroyos están despejados y los prados suaves,
por la felicidad que los rodea,
una gran alegría habita en mi corazón.
Anhelo una amistad
porque no conozco una alegría
más digna que esta, que me
convendría si ella me diera un regalo de amor;
Su figura es plena, delicada y
gentil, sin nada que la empañe:
y su buen amor tiene buen gusto.
Me preocupa este amor,
ya sea que esté despierto o dormido,
porque allí siento una alegría
maravillosa porque disfruto alegremente de su alegría.
Pero su belleza no sirve de nada,
porque ningún amigo me
enseña a saborearla.
Estoy tan atrapado por ese amor
que cuando corro hacia ella
siento que camino hacia atrás
y que huye de mí.
Y mi caballo mantiene un ritmo tan lento
que creo que nunca llegaré a ella
a menos que quiera esperarme.
Amor, te dejo feliz
porque busco algo mejor,
y huyo hacia una aventura
que mi corazón ya se regocija.
Sin embargo, debido a mi Buen Garante,
que me quiere, me llama y me desprecia,
debo separar mi deseo.
A quien reina aquí con alegría
y no sigue a Dios en Belén,
no veo cómo podría ser valiente o
alcanzar la salvación,
ya que creo, hasta donde sé,
que solo quien es enseñado por Jesús
puede estar seguro de su educación.
Amor de loing
Cuando los días son largos en mayo,
me es bello el dulce canto de aves lejanas,
y cuando me aparto de allí
recuerdo un amor lejano.
Voy, encorvado por el deseo,
de modo que cantos ni flores de espino blanco
no me agradan más que el invierno helado.
Jamás de amor gozaré
si no gozo de este amor lejano,
pues más gentil ni mejor no sé
en ningún lugar, ni cerca ni lejos.
Tan verdadero y firme es su valor
que allá, en el rango de los sarracenos,
por ella sería llamado cautivo.
Airado y gozoso partiré
cuando vea este amor lejano,
pero no sé cuándo la veré,
pues demasiado distantes son nuestras tierras.
Muchos puertos y caminos hay,
y por eso no soy adivino…
Mas que todo sea como Dios quiera.
Me parecerá alegría cuando le pida,
por amor de Dios, el amor lejano;
y, si a ella place, me alojaré
cerca de ella, aunque sea lejano.
Entonces parecerá verdadero el hablar,
cuando el amante lejano esté tan cerca
que con bellos dichos gozaré de solaz.
Bien tengo al Señor por verdadero,
por quien veré el amor lejano;
pero, por un bien que me acontece,
tengo dos males, pues me es lejano…
¡Ah, si fuese allá peregrino,
de modo que mi bordón y mi manto
fuesen mirados por sus bellos ojos!
Dios, que hizo todo cuanto se ve y se mueve
y afirmó este amor lejano,
me dé poder, pues tengo el corazón,
que pronto vea el amor lejano,
realmente, en lugares apacibles,
de modo que la cámara y el jardín
me parezcan siempre un palacio.
Verdad dice quien me llama deseoso
y anhelante de amor lejano,
pues ninguna otra alegría tanto me agrada
como el gozo del amor lejano.
Pero lo que quiero me es tan contrario,
que así me lo destinó mi padrino:
que yo amase y no fuese amado.
Pero lo que quiero me es tan contrario.
Sea maldito el padrino
que me destinó a no ser amado.
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