Poemas de Arnaut Daniel (trovador occitano)

Arnaut Daniel

Arnaut Daniel fue un trovador occitano del siglo XII, célebre por su virtuosismo técnico y su innovación poética. Nacido en Ribérac (Périgord) hacia 1150, desarrolló su obra entre 1180 y 1210, componiendo unas dieciocho canciones, casi todas de tema amoroso.

Es considerado el creador de la sextina, forma compleja de seis estrofas con palabras repetidas en orden fijo. Su estilo, llamado trobar ric y trobar clus, se caracteriza por la dificultad expresiva, la riqueza métrica y el uso de vocabulario inusual. Admirado por Dante, Petrarca y Ezra Pound, su legado influyó en la lírica europea y consolidó el prestigio del amor cortés.

Amor y gozo y lugares y tiempo

Amor y gozo y lugares y tiempo
me hacen volver al juicio y la mirada
de aquel nudo que tuve el año pasado
cuando cazaba la liebre con el buey;
me hallaba mejor en amor y en fe,
pues amo bien, de ello me llamo dichoso,
mas no hallaréis gozo ni júbilo en el cielo
si Amor no vence su duro corazón y mis ruegos.

Quien pierde todos los bienes a la vez
necesita buscar un rico señor
para restaurar la pérdida y el daño
que el pobre no valdría ni un huevo;
por eso he escogido a aquella dama
de quien no tengo el corazón ni los ojos cerrados;
y ruego, Amor, que si me la conquistas
me concedas treguas siempre, salvo las muertes.

Poco puede valer el hombre sin gozo:
yo lo sé, pues lo tuve en cuna,
mas por exceso de afán
de donde el dolor del corazón no se mueve;
y si con gozo la ira no me abandona,
pronto mis parientes me tendrán por loco;
pero tal es quien a mi corazón se convierte,
que en amar a ella quisiera morir anciano.

No sé si en Dios hay tanto fervor,
ermitaño ni monje ni clérigo,
como yo lo tengo en la dama de quien canto,
y fue probado antes del nuevo año.
Ligado soy suyo mejor que mitad de mí:
si fuera yo rey o duque;
tanto está en ella mi corazón sumido
que si otra la quisiera o la desdeñara, entonces me secaría.

De aquello que tanto dudé y temí
crece ahora y mejor se me revela,
pues el proverbio que oí antaño
me dice que tanto truena hasta que llueve;
y si peco cinco años o seis,
pronto mis cabellos serán blancos,
gozaré de lo por lo que soy cierto,
que el amante suplicante se libera de cuerpo oprimido.

De largos suspiros y graves gemidos
puede atraerme aquella que me hiere,
pues sólo por un bello semblante
he movido mi canto todo nuevo.
Voy cuesta arriba y no me aflijo,
pues gentil me hace pensar mis pensamientos.
¡Corazón, adelante! bien sé, si sufres,
que tanto en ella, que he guardado, no te pierdes.

Antes sería más vil el oro que no es fuerte
que Arnaut, que desama a la dama donde está firme atado.

 

Nunca la tuve, mas ella me tiene

Nunca la tuve, mas ella me tiene
siempre en su poder Amor,
y me hace airado, feo, sabio, loco,
como aquel que en nada se convierte;
pues no se defiende quien bien ama;
que Amor ordena
que se sirva y se halague,
por lo cual yo espero,
sufriendo,
buena partida
cuando me sea esquiva.

Si digo poco, en el corazón me está,
pues estar me aflige con temor;
la lengua finge, mas el corazón quiere
aquello de lo cual doliente se demora;
pues languidece mas no se queja,
que tanto alcanza
como mar guarda la tierra,
no hay tan gentil
presente
como la elegida
que yo he encubierto.

Tanto sé su valor fino y cierto
que no puedo volverme a otro lado:
por eso hago que el corazón me duela,
pues cuando solo, cerrado, se demora
yo no me atrevo a decir quién me inflama;
el corazón me abrasa
y los ojos tienen su alimento,
temo solamente
viendo
me hallo aliviado:
ved que me sostiene la vida.

Necio es quien por hablar en vano
quiere que sus gozos sean dolores;
pues el adulador a quien Dios confunde
no tiene lengua adornada;
uno aconseja y otro grita,
por lo cual se extravía
Amor, si fuera grande.
Mas yo me defiendo
fingiendo
de su bramido,
y amo sin falla.

Mas gozoso me tiene y pleno
con un placer de que me ha surgido,
mas no me pasará ya la garganta
por temor de que no me fuera mustia,
pues aún siento la llama
de Amor que me manda
que mi corazón no se expanda;
si lo hace a menudo
temiendo,
luego veo por clamor
mucho amor deshecho.

Mucho bien, cantar ligero y llano
hubiera yo hecho más, si me socorriera
aquella que me da gozo y me lo quita;
pues soy feo, ella me lo trastorna;
pues a su voluntad me liga.
Nada le demanda
mi corazón, ni lo guarda,
antes francamente
se le entrega:
entonces, si me olvida,
la merced está perdida.

Mejor-de-Bien rinde,
si te toma,
canción, graciosa,
que Arnaut no olvida.

 

Antes que la cima quede sin ramas

Antes que la cima quede sin ramas,
seca, despojada de hojas,
haré, pues Amor me lo ordena,
breve canción de razón lejana,
que gentil me ha traído de las artes de su escuela;
tanto sé que el cuerpo hace reposar en altura,
y mis bueyes corren más veloces que la liebre.

Con razones claras y francas
me ha mandado que no me aparte,
ni a otra sirva ni halague,
pues tanto hace que conmigo se acompaña;
y me dice que flor no le parece la violeta,
que pronto cambia, aunque nunca se inverna,
sino que por su amor sea laurel o enebro.

Dice: “tú que en otro lugar no te sacias
por otra que te desdeñe o te quiera,
rechaza y evita todo pleito,
aquí y allá quien te provoque;
pues sin clamor yerra quien se enloquece,
y tú no hagas falta de la que se queja,
mas después de Dios honra y celebra a ella.”

Y: “Tú, cobarde, no te liberas
por respeto a que amar no te quiera;
seca, si ella te huye o te guarda,
que grave sería que no se intentara
quien se fortalece en rogar y no cede,
que pasará parte de los pantanos de Usèrna
como peregrinos, allá donde corre gozoso el Ebro.”

Si he pasado puentes o tablones
por ella, ¿creéis que me duelo?
No, pues con gozo sin alimento
me sabe hacer medicina graciosa
besando, teniendo; y el corazón aunque vuele,
no se aparta de ella que lo guía y gobierna:
corazón, donde yo vaya, de ella no te alejas ni te separas.

Desde el Nilo hasta las arenas
Géncer no se viste ni se despoja,
pues su hermosura es tan grande
que parecería mentira.
Bien me es verdad de amor, que ella me besa y me abraza,
y no me enfría frío ni hielos ni tormenta,
ni me causa dolor, males ni gota ni fiebres.

De ella es Arnaut, desde la cima hasta la suela,
y sin ella no quiere tener Lucerna
ni el señorío del reino por donde corre el Ebro.

 

Alto y bajo entre las primeras hojas

Alto y bajo entre las primeras hojas,
son nuevas de flores las ramas alineadas,
y no se guarda mudo pico ni garganta
de ave alguna, antes brama y canta
cada cual
en su modo:
por el gozo que tengo de ellas y del tiempo
canto, mas Amor me asalta,
que las palabras con su son concuerda.

A Dios lo agradezco y a mis ojos,
pues por su conocimiento me viene
gozo, que recto mata y enloquece
la ira que tuve y la afrenta.
Ahora subo,
quienquiera que murmure,
de Amor de quien soy fino y firme;
pues con ella que más me asalta al corazón
estoy ligado con firme cuerda.

Gracias, Amor, que ahora me acoge.
Tarde me fue, mas en gracia lo tomo,
pues si me arde dentro de la médula,
el fuego no quiero que se apague;
mas por costumbre
estoy cerrado
que de ajeno gozo tan graves gemidos,
y tenga mancha en su mejilla
aquel que con ella se desacuerda.

De buen amor falsa es la escuela,
y amante se torna en necio
quien dice que el hablar no le cuadra
nada que al corazón prometa
de valor alguno;
pues engañoso
es de aquello que yo mucho temo,
y quien del hablar se aparta
justo es que en la lengua se muerda.

Verdad es que la amo, y es orgullosa,
mas con gozo oculto se rompe;
pues nunca, después que San Pablo hizo epístola
ni hombre alguno ayunó cuarenta,
pudo más,
ni Jesús,
hacer tales cosas, pues todo junto
a los buenos dones de que es más alta
aquella que por nobleza se recuerda.

Valor y Mérito, vuestro caudillo
es la bella que conmigo se retiene,
que me tiene solo y yo a ella sola,
que otra en el mundo no me atrae;
antes soy brusco
y extraño
a otras, y el corazón tengo preso,
mas por su gozo salto y brinco:
no quiero que otra me lo conmueva.

Arnaut ama y no dice nombres,
pues Amor le frena la mejilla.
Que necios dichos no la conmueven.

 

Canción de palabra llana y pura

Canción de palabra llana y pura
haré pues que brota la vid
y la cima alta
es de color
de muchas flores
y reverdece la hoja,
y el canto y el bramido
están en la umbría
de las aves por la espesura.

Por la espesura oigo el canto y el eco,
y para que nadie me culpe
abriré y limaré
palabras de valor
con arte de Amor
del cual no tengo corazón que me aparte;
antes, si me falta,
la sigo al hilo
donde más me enorgullece.

Vale poco orgullo de amante
que pronto derriba a su señor
del lugar alto
hasta el suelo,
por tal trabajo
que de gozo lo despoja;
justo es la lágrima
y arde el verso
cuando contra Amor se rebela.

Por rebelión no me vuelvo a otro lado,
buena dama, hacia quien adoro;
mas por temor
del adivino,
de quien gozo tiembla,
hago semblar que no os quiera;
pues no nos gozamos
de su alimento:
mal me es que los acoja.

Si bien me acoge todo a deshora,
mis pensamientos allí os asaltan;
que yo canto y valgo
por el gozo que nos une
allí donde nos separamos;
de donde a menudo el ojo se humedece
de ira y de llanto
y de dulzura,
pues por gozo tengo que dolerme.

No me duelo de oro que da bostezo
ni sigo medida ni corte;
sólo me iguala
que nunca vi
desde el tiempo de Caín
amador menos acogido,
corazón traidor
ni engañador,
por lo cual mi gozo es caudillo.

Bella, quien se levante,
Arnaut con recto corazón
allí os honra,
pues vuestro mérito es caudillo.

 

Dulces bramidos y gritos

Dulces bramidos y cantos,
lais y canciones y vueltas,
oigo de las aves que en su latín hacen ruegos,
cada cual con su pareja, así como nosotros hacemos
a las amigas en quienes pensamos;
y entonces yo, que en la gentileza entiendo,
debo hacer canción sobre todas de bella obra,
que no tenga palabra falsa ni rima engañosa.

No fui triste
ni despreciado en lo primero
cuando entré en el castillo entre los muros,
allí donde estaba mi dama de quien tengo gran hambre,
que nunca la tuvo tal el sobrino de San Guillermo;
mil veces al día en deseo me extiendo
por la bella que sobre todas sobresale,
tanto como vale más fino gozo que ira o tropiezo.

Bien fui agraciado
y mis palabras cuidadas,
por lo cual en la elección no fui necio,
antes quise más tomar oro fino que rama,
el día en que yo y mi dama nos besamos,
y me hizo escudo de su bello manto entonces,
que aduladores falsos, lengua de serpiente,
no lo vieron, de donde malas palabras escapan.

Dios la escogió
por quien fueron absueltas
las faltas que cometió Longinos el ciego;
quiera, si le place, que yo y mi dama yacemos
en la cámara donde ambos nos enviamos.
Un rico convenio de donde tan gran gozo espero,
que su bello cuerpo besando, riendo descubre,
y que lo miro contra la luz de la lámpara.

Ninguna rama florida
de florecillas envueltas
que hace temblar pajarillo con su pico
es más fresca, por lo cual no quiero Roma
tener sin ella ni todo Jerusalén;
mas todos los fieles, juntos, a ella me rindo,
que en amarla tendría honra el rey de Dobra
o aquel a quien son el Estrella y la Luna-lámpara.

Boca, ¿qué dices?
Creo que me darás todas
tales promesas de las que el emperador griego
en fuera honrado o el señor de Roma
o el rey que tiene Sur y Jerusalén;
entonces bien soy loco que quiero tanto que me arrepiento,
que ningún Amor tiene poder que me cubra,
ni sabio es ningún hombre que gozo alcance.

Los descalzos
con las lenguas agitadas
no dudo nada si el señor de los Galos
ha hecho fallar, por lo cual es justo si lo culpamos,
que su pariente preso romero lo sabemos,
Ramón el hijo del conde, y aprendí
que grave será que el rey Fernando de mérito cobre
si el mantenedor no lo salva y no lo libra.

Y lo habría visto, mas estaba por tal obra,
que en la coronación fui del buen rey de Estampa.

 

De otro modo y de otra razón

De otro modo y de otra razón
me viene a cantar lo que no suelo,
y no penséis que de mi dolor
espere hacer buena canción,
mas me conviene que haga merced
a muchos, cantando a la que me culpa en vano,
pues tengo tiempo, aunque antes no hablaba con tres.

Misericordia debo hallar y perdón,
si el justo uso no me destruye,
tal que de la merced no me prive;
la salvó la merced al ladrón
que otro bien no lo podía salvar;
yo no tengo más consuelo en mi vida
que, si el derecho que tengo no me vale, me valga la merced.

¿Tiene el hombre derecho en amor? No;
mas pensarían eso los necios,
que ella los culparía si quisiera,
pues los franceses no son gascones
y porque la nave fue fresca antes de estar en Bar.
¡Ay! por tal culpa estoy cerca de la muerte,
que de otros, por Cristo, no sé que yo tuviera culpa.

Ahora conozco y sé para mí bien
que el hombre no se aparta pronto de lo que quiere,
antes tiene el corazón más humilde y blando
aunque le retire un tiempo su don;
por mí os digo que nunca pude dejar de amar
aquella que me quita todo gozo y alegría,
antes me fortalece allí donde peor me es.

Ahora, señores y compañeros,
por Dios, antes que del todo me enloquezca,
rogad a ella de quien mi amor no se aparta
que tenga merced como de lo suyo;
y decid todos, pues yo no la oso nombrar:
Bella, tomad por nosotros a Arnaut en corte
y no pongáis su canto en prohibición.

 

En breve quebrará el tiempo bravo

En breve quebrará el tiempo bravo,
y el viento sopla en las ramas
que se entrechocan trastornadas
sobre los ramos cerrados de hojas;
pues no canta ave ni gorjea,
me enseña Amor que yo haga entonces
tal canto que no sea segundo ni tercero,
sino primero en liberar corazón áspero.

Amor es la llave del Mérito
y de la Proeza los estanques
de donde nacen todos los buenos frutos,
si es quien lealmente los recoge;
pues no lo daña hielo ni niebla
mientras se nutre en buen tronco;
mas si lo rompe necio o traidor
perece hasta que lo salve lo leal.

Fallar enmendado es loable;
y yo lo siento en mis costados,
que más tengo de amor sin orgullo
que aquel que habla y se engríe;
pues peor me hace el corazón de frío.
Mientras ella me hizo semblante hosco,
más querría yo llevar pena en los desiertos
donde nunca hubo aves ásperas.

Buena doctrina y suaves,
y cuerpo claro, sutil y franco,
me han de Amor al firme conducido
de aquella de quien más quiero que me acoja;
pues si me fue fiera y esquiva,
el gozo breve me hace tiempo largo,
pues ella es más fina y yo de ella cierto
que Talante y Meleagro.

Tanto temo que por no osar
me torno a menudo negro y blanco;
si a su deseo desviado
no sabe el corazón saltar o dolerse;
mas Gozo que de esperanza me alienta
me culpa porque no la invoco;
por lo cual estoy de este ruego tan experto
que no tengo de otros deseo ni hambre.

Pensar en ella me es reposo,
y me arrastra con los ojos severos
si verla no se ocultan;
y el corazón no creáis que se aparta,
pues oraciones ni juegos ni viola
no pueden de ella un junco travesar
separar… ¿qué he dicho? Dios, tú me sometes
o me pierdo en el peregrinaje.

Arnaut quiere su canto si es ofrecido
allí donde dulces palabras mueven en áspero.

 

En este soneto gentil y alegre

En este soneto gentil y alegre
forjo palabras, velo y dolor,
que serán verdaderas y ciertas
cuando las haya pasado por la lima;
Amor pule y dora
mi canto, que de ella nace,
quien mantiene y gobierna el mérito.

Cada día mejoro y me esmero,
pues la gentileza sirvo y recojo
en el mundo, os lo digo abiertamente.
Suyo soy desde el pie hasta la cima;
y aunque sople viento frío,
el amor que dentro del corazón me llueve
me mantiene cálido donde más invierno hay.

Mil misas oigo y ofrezco,
y arde luz de cera y de aceite
para que Dios me dé buen resultado
de ella, donde no me vale esgrima;
y cuando contemplo su cabellera rubia
y el cuerpo que es esbelto y nuevo,
más la amo que a quien me dio Lucerna.

Tanto la amo de corazón y la busco
que con demasiado querer temo perderla,
si el hombre por bien amar pierde.
Pues en su corazón sobrepasa
todo lo mío y no se sacia;
tanto tiene de verdad renovada
que es taller y taberna.

No quiero el imperio de Roma
ni que me hagan apóstol,
pues en ella no hay revés
por quien me arde el corazón y me rima;
y si el maltrato no me restaura
con un beso antes de año nuevo,
me mata y me condena.

Mas por el maltrato que sufro
de bien amar no me aparto,
aunque me tenga en desierto,
así hago las palabras en rima.
Peor traza amante que quien ara,
que más no amó ni un huevo
el de Moncli ni Audièrna.

Yo soy Arnaut que amaba el aura,
y cazaba la liebre con el buey,
y nadaba contra corriente.

 

Ahora veo rojos

Ahora veo rojos, verdes, azules, blancos, amarillos,
huertos, llanos, prados, tierras y valles;
y la voz de las aves suena y resuena
con dulce acorde, mañana y tarde.
Esto me pone en el corazón que coloree mi canto
con una flor tal cuyo mérito sea Amor,
y Gozo el grande, y el olor de nobles dones.

De Amor me toma pensando en el fuego
y el deseo dulce y coral;
y el mal es sabroso que yo siento,
y la llama suave donde más me arde:
pues Amor requiere a los suyos de tal semblante,
verdaderos, francos, finos, agradecidos, generosos,
pues en su corte no valen orgullos, sino ternuras.

Mas no me cambian tiempo ni lugares,
consejos, medios, bienes ni males;
y si en mi intento os miento,
jamás la bella me mira,
pues el corazón y el juicio tengo despiertos y velando;
que yo no quiero, cuando pienso en sus grandes valores,
valer sin ella, donde más vale Alejandro.

Y si me vinieran tales jornadas,
que yo viviera bien más de veinte años,
tanto me tiene el corazón alegre y gallardo.
¡Voy, bien soy loco! ¿Y qué voy entonces buscando?
Que yo no quiero, (mas por nobleza cedo en otra parte)
ceder la riqueza que cierran Tigris y Mandres.

Muchas veces me es consuelo enojoso
sin ella, pues de ella quiero siempre
decir el cuarto verso o el quinto,
que el corazón no se vuelva hacia otra parte:
que yo no tengo de otros deseo ni voluntad,
pues ella es de los buenos saberes sabor,
y la veo en el corazón aunque esté en Polonia o en Flandes.

En otros hechos a menudo finjo juegos,
y los días me parecen años;
y me pesa que Dios no me consienta
cómo pudiera abreviar el tiempo con arte,
pues larga espera hace languidecer al fino amante.
¡Luna y sol, demasiado largos hacéis vuestros cursos!
Me pesa que más a menudo no falten vuestros resplandores.

A ella de quien soy, ve, canción, finalmente,
pues Arnaut no sabe contar sus grandes riquezas,
que del Alto saber le sería menester expandirlas.

 

Cuando han pasado los fríos

Cuando han pasado los fríos
y no queda después ni escarcha,
en el vergel la flor tiembla,
sobre la cima donde brota la manzana;
las flores y los cantos y la clara luz
con la estación dulce y graciosa
me enseñan que con gozo me una,
aquí en el tiempo de la entrada de abril.

Bien difícil halla el hombre gozo libre,
pues tantas veces gira y cae
el falso Amor, que no se parece
allí donde Lealtad asoma;
que yo no hallo dos en mil
sin palabra falsa y larga,
y pues que a través se interpone
y no vuelve su carta vil.

Todos los más necios en vano juran
sin freno y sin retorno,
a quienes ella, ingeniosa, en el cielo roba
la cabellera que cuelga de la melena,
y más cerca el ruido del ave
donde más gentil se aleja;
y el loco cree mejor que una monja,
pues tiene corazón simple y gentil.

Sin falso amor creí vivir,
mas bien veo que un golpe me abate
cuando mejor veo que ella me lo roba;
pues todos los legados de Roma
no son de juicio tan sutil;
que la Dama inventa mentira,
que tan suavemente reprocha,
que pueda falsearme un hilo.

Quien sigue Amor por tal libro:
que el cuclillo tenga por paloma;
si ella lo dice y parece verdad,
haga llano el Monte de Doma;
cuando de él más cerca tanto se amontona:
si como el proverbio se acompaña,
si le atrae el ojo, entonces lo honra,
sufre y sigue con corazón humilde.

Bien conozco sin arte de escribir
qué es llano o qué es hondonada,
que yo sé amante que allí se asemeja
donde reproche a ella en el cuello pesa,
que yo ya he perdido rico huerto,
pues no quiero burlas con vergüenza
ni reproche con honor lejano,
por lo cual estoy lejos de su señorío.

Bertrán, no creo que aquí el Nilo
me traiga tanto fino gozo
como de aquí donde el sol se pone
hasta allá donde el sol llueve.

 

Cuando veo hoja y flor y fruto

Cuando veo hoja y flor y fruto
aparecer en las ramas de los árboles,
y oigo el canto que hace el ruido
de las ranas en el río, del ave en el bosque,
entonces me brota y florece y fructifica Amor
el corazón tan gentil que la noche me despierta
cuando otra gente duerme y descansa y reposa.

Ahora sé que Amor me ha conducido
a su más seguro castillo,
donde no debo rentas ni tributo,
antes me ha hecho don y caudillo;
no tengo poder de volverme a otro lado,
pues enseñanzas y fidelidad cumplida
me llevan a estar, que a buen mérito se retorna.

Amor, de vos he hecho estuche
largamente verdadero y fiel,
que nunca temí engaño ni huida
de amar, antes me era bueno y bello;
y vos, hacedme de los grandes afanes socorro.
Merced de tanto que lo mejor haya desatado
de donde parte el sol hasta el día que se alumbra.

De engaño me aparto y de enojo huyo
por el amor con que me atropella,
de donde tengo un tal verdadero dicho traído:
nada sé que mentiras se llamen;
ahora estimo bien poco a los alabadores,
pues yo quiero y me quiere aquella que he escogido,
y yo soy aquel que sus dichos no trastorna.

Si la oyes decir, bien sabrán todos
que Gozo eleva el corazón al cielo,
pues de puerto me crece y me conduce
la bella a quien de amor llamo;
mi buena esperanza me dobla su valor,
pues quien más vale más teme fallar,
y ella no es de nada triste ni mustia.

De este amor están lejos apartados
los señores flojos, fraternos,
mas si de ellos se han muchos méritos perdido,
tales que se van ufanos y ligeros;
y yo que soy de los leales amantes
estoy gozoso, pues Amor y Gozo me guían
el corazón en alegría, que en otro lado no se aparta.

Ve, canción, a la bella de corazón,
y dile que Arnaut pone en olvido
todo otro amor por ella hacia quien se adorna.

Arnaut Daniel

El firme querer que al corazón me entra

El firme querer que al corazón me entra
no me lo puede desgarrar pico ni uña
del adulador que por maldecir pierde su alma;
y como no lo puedo golpear con rama ni con vara,
si acaso con engaño, allí donde no tendré tío,
gozaré de alegría en vergel o en cámara.

Cuando me acuerdo de la cámara
donde sé que a mi daño ningún hombre entra,
antes me son todos más que hermano o tío,
no hay miembro que no me tiemble, ni aun la uña,
así como hace el niño delante de la vara:
tal temor tengo de que no sea demasiado para el alma.

Del cuerpo le fue, no del alma,
y consintió en ocultarme dentro de su cámara;
que más me hiere el corazón que golpes de vara,
pues su ser allí donde está no entra;
siempre estaré con ella como carne y uña,
y no creeré castigo de amigo ni de tío.

Nunca la hermana de mi tío
amé más ni tanto, por esta alma;
tan vecinos como es el dedo de la uña,
si a ella pluguiera, querría ser de su cámara;
de mí puede hacer el amor que en el corazón me entra
mejor a su voluntad que un hombre fuerte con frágil vara.

Nunca floreció la seca vara
ni de Adán murieron sobrino ni tío,
tan fino amor como aquel que en el corazón me entra
no creo que nunca fue en cuerpo ni en alma;
donde ella esté fuera en plaza o en cámara,
mi corazón no se aparta de ella tanto como la uña.

Así se prende y se enuña
mi corazón en ella como la corteza en la vara;
pues ella me es de gozo torre y palacio y cámara,
y no amo tanto hermano, pariente ni tío:
que en paraíso tendrá doble gozo mi alma,
si ya ningún hombre por bien amar allí entra.

Arnaut envía su canción de uña y de tío,
al gusto de ella que de su vara tiene el alma,
su Deseada, cuyo mérito en cámara entra.

 

La brisa amarga mueve las ramas frondosas

La brisa amarga mueve las ramas frondosas,
las aclara, pues la dulzura espesa con hojas,
y los feos picos de las aves del ramaje
se quedan mudos y callados, pares y no pares;
por lo cual me esfuerzo en hacer y decir placeres
¿a quién? A ella que me ha bajado de lo alto,
de quien temo morir si los afanes no me consumen.

Tan clara fue mi primera luz
de elegirla, de quien el corazón cree los ojos,
no valen ni mandos de dos angovinos
de otra. Raros son los ruegos,
pero me es recreo y de escuchar deseos
buenas palabras sin peso de ella, que tanto me asalta,
que a su servicio estoy desde el pie hasta la cima.

¡Amor, cuidado! ¿Soy bien venido?
Pues así temo mucho si me rechazas
tales dichos, necios, que te es mejor que los rompas;
que yo soy fino amante, caro y no falso,
mas el corazón firme y fuerte me hace cubrir muchos versos,
que con todo el frío me basta un beso ardiente
para refrescar el corazón, que no vale otra medicina.

Si me ampara aquella que me traiciona
de placer, pues es de mérito caudillo,
de los ruegos que tengo dentro en filas
el aire fuerte me devuelve claros mis pensamientos;
que yo estaría muerto, mas me hace sufrir la esperanza;
pues el ruego que me hiere, eso me tiene triste y alegre,
que de otros goces no me vale un gozo como una manzana.

Dulce rostro a todos dones querido,
sufriré por vos suaves orgullos,
pues sois dueña de todos mis afanes,
de los cuales tengo suaves brutos pares. Y alabanzas
de vos no me apartan ni me hacen partir adverso,
que nunca amé nada tanto con menos defecto,
antes os deseo más que a Dios aquel de Doma.

Ahora párate, canto y conducción,
formar al rey que te era escuela,
pues mérito, aquí, allí es doble
y mantenido en dardos y manjares.
De gozo te traigo, su anillo mira si lo hiere,
que nunca estuvo día de Aragón que el salto
no quisiera ir, mas aquí me han llamado: Roma.

Hecho está el acuerdo, que el corazón contempla todos los siervos
de ella a quien domino sin compañero Arnaut,
que en otro pensamiento, mucho me inclina a la cima.

 

Pues Raimon y Trucs Malècs

Pues Raimon y Trucs Malècs
capitanean a Aiman y sus muros,
antes seré viejo y canoso
que me acoja en tales ruegos
de donde pueda venir tan gran necedad;
pues al tocar el cuerno haría falta picos
con que arrancara del cuerno los griegos;
que el humo es fuerte que sale de los pliegues.

Bien le haría falta que fuese picoteado
y los picos fuesen largos y agudos,
pues el cuerno es fiero, feo y peludo
y nunca está un día seco,
y es profundo dentro del pantano,
por lo cual rezuma hacia arriba el cieno
que a menudo por sí corre y se derrama;
y no quiero que sea amante
aquel que su boca al cuerno conduce.

Bien habría otros ensayos,
de más bellos que valdrían más,
y si Bernart se aparta,
por Cristo, nunca hizo cosa sabia,
pues de ello tomó miedo y espanto.
Pues si le viniera de arriba el rayo
todo le quemaría el cuello y la cara;
y no conviene que dama bese
aquel que tocó cuerno pestilente.

Bernart, yo no me acuerdo
del dicho Raimon de Durfort
que vos nunca más tuvierais culpa;
pues si tocasteis fuerte contra fuerte,
y el hedor os hubiera pronto muerto,
pues pecho ni ojo no hacen estiércol en huerto;
y vos, quienquiera que os desconozca,
alabad a Dios que os ha librado.

Bien es librado de peligro
quien sacó fuera a su hijo
y a todos aquellos de Cornilh;
mejor le fuera estar en destierro
que tocar el cuerno en el escondrijo
entre la espalda y el costado
allí donde sangra de herrumbre;
jamás sabrá tanto de engaño
que no le manche el hocico y la ceja.

Dama, Bernart no se turba
del cuerno tocar sin gran daño,
con que cierre el agujero del costado,
pues podrá tocar cuerno sin peligro.

 

Cuando cae la hoja

Cuando cae la hoja
de las altas cimas,
y el frío se levanta
que seca la vid y la cepa
de los dulces ecos,
oigo ensordecer la espesura,
mas yo soy primero
de Amor, quienquiera que se aparte.

Todo cuanto se hiela,
mas yo no puedo enfriarme,
pues amor nuevo
me hace reverdecer el corazón;
no debo temblar
pues Amor me cubre y me guarda
y me hace sostener
mi valor y mi señorío.

Buena es la vida
pues Gozo la mantiene,
que tal se proclama
a quien nada le va tan bien;
no sé de nada
que me aparte de mi elección,
pues por mi fe
del mejor tengo mi parte.

De la galantería
no sé de nada que me culpe,
pues la pareja de otro
yo torno en retroceso;
nunca con su par
sé duplicar mi amiga,
pues una no tiene igual
que segunda no le sea.

No quiero que se junte
mi corazón con otro amor,
ni que yo lo recuerde
ni vuelva la cabeza a otro lado;
no tengo temor
de que aquel de Pontremble
tenga gentileza
de ella ni que se le parezca.

No es engañosa
aquella de quien soy amigo;
de aquí en Saboya
más bella no se cría;
tal me embellece
de quien más gozo tengo
que no tuvo París
de Helena, la de Troya.

Tanto es gentil
aquella que me tiene gozoso,
que treinta gentilezas
vence de bellas formas;
bien está razonado
pues que mis cantos la sienten,
pues es tan noble
y de rico mérito permanece.

Ve, canción,
delante de ella preséntate,
que si ella no fuese
no habría Arnaut que se intentara.

 

Si Amor me diera gozo tan ancho

Si Amor me diera gozo tan ancho
como yo hacia ella de corazón fino y franco,
ya por gran bien no me haría falta embarcar,
pues amo tan alto que el peso me sube y me tumba;
mas cuando contemplo cómo es de mérito en la cima
mucho más la amo, pues nunca oí su querer,
que ahora sé yo que mi corazón y mi sentido
me harán hacer, con su favor, rica conquista.

Pero si hago larga espera, no me estorba,
pues en tan rico lugar me he puesto y me detengo,
que con sus bellas palabras me tendrá de gozo ancho
y seguiré tanto que me lleven a la tumba;
que yo no soy aquel que deja oro por plomo;
y pues en ella no cabe cosa que se compare,
tanto le seré fino y obediente
hasta que de su amor, si le place, un beso me revista.

Un buen respiro me vuelve y me descarga
de un dulce deseo que me duele en los flancos,
pues en paz tomo el afán y el sufrir y el pesar,
pues de belleza están las otras en hondonada,
que la gentileza parece que haya tomado un giro
más bajo que ella, quien la ve, y es verdad:
que todos los buenos dones, mérito, saber y sentido
reinan con ella, que ninguno es menos ni falta.

Y pues tanto vale, no penséis que se disperse
mi firme querer ni que se quiebre ni se rompa,
pues no seré suyo ni mío si me aparto,
por aquel Señor que se mostró en paloma,
que el mundo no tiene hombre de ningún nombre
tan deseoso de gran bienaventuranza tener
como hago yo hacia ella, y tengo por nada
los enojosos a quienes Amor es fiesta.

Señora Mejor-de-Bien, nunca me seáis avara,
pues en vuestro amor me hallaréis todo puro,
que yo no tengo corazón ni poder que me aparte
del firme querer que no es de caída;
que cuando me despierto ni cierro los ojos de sueño
a vos me entrego, cuando pronto ni voy a yacer;
y no penséis que mengüen mis talentos,
no lo harán, pues ahora los siento en la cabeza.

Falsos aduladores, fuego las lenguas os queme
y que perdáis con los ojos de mal rayo,
pues por vosotros son extraviados caballo y yegua:
quitad Amor, que con poco del todo no cae;
confundaos Dios que ya no sepáis cómo,
pues hacéis a los amantes maldecir y vilipendiar;
desgracia es que os tenga, desconocedores,
que peores sois cuanto más amonestáis.

Arnaut ha hecho y hará largas esperas,
que esperando hace al hombre noble rica conquista.

 

Solo soy quien sabe

Solo soy quien sabe el exceso que me brota
al corazón, de amor sufriente, por sobreamar,
pues mi querer es tan firme y entero
que nunca se aparta de aquella ni se desvía
a quien escogí al primer ver y después;
que a menudo sin ella digo a ella palabras ocultas,
mas cuando la veo, no sé, tanto la tengo, qué decir.

De otras ver soy ciego y de oír sordo,
pues en solo ella veo y oigo y contemplo;
y en nada de esto le soy falso complaciente,
pues más la quiero no lo dice la boca al corazón,
que yo no voy tanto por campos, valles, llanos ni cimas
como en un solo corazón hallo así todos los buenos dones:
que en ella quiso Dios escoger y reunir.

Bien he estado en muchas buenas cortes,
mas sé que en ella hallo más que alabar:
mesura y juicio y otros buenos oficios,
belleza, juventud, buenos hechos y bellos modales,
gentil le enseñó Cortesía y la guió;
tanto tiene de sí todos los hechos desagradables rotos,
de ella no creo nada de bien que haya que decir.

Ningún gozo me sería breve ni corto
de ella a quien ruego que lo quiera adivinar,
que nunca por mí lo sabrá otro
si el corazón sin dichos no se muestra afuera;
pues ningún rosal, por el agua que lo engrosa,
tiene tal brío que al corazón más ancho don
no me haga estanque de amor, cuando la contemplo.

Gozo y consuelo de otra me parecen falsos y torcidos,
pues una de Mérito con ella no se puede igualar,
que su consuelo es de los otros superior.
¡Ay! si no la tengo, ¡ay!, tanto mal me conmueve.
Mas el afán me es recreo, risa y gozo,
pues en pensar estoy de ella alegre y glotón:
¡Ay Dios, si ya seré de ello gozoso!

Nunca más, os digo, me agradan tanto juegos ni burlas
ni cosa al corazón tanto gozo me puede dar
como hace aquella, de quien nunca falsos aduladores
se burlaron, pues a mí solo es su tesoro.
¿Digo demasiado? No, solo a ella no le es enojo.
Bella, por Dios, la palabra y la voz
quiero perder, antes que diga cosa que os aparte.

Mi canción ruego que no os sea enojo,
pues si queréis agradecer el son y las palabras,
poco estima Arnaut a quien plazca o quien aparte.

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