Poemas de Juan Bautista Arriaza

Poemas de Juan Bautista Arriaza

Poemas de Juan Bautista Arriaza (1770–1837), destacado poeta y diplomático español, figura clave en la transición entre el Neoclasicismo y el Romanticismo. Miembro de la Real Academia Española, combinó su carrera militar en la Marina con una prolífica labor literaria.

Alcanzó una inmensa popularidad durante la Guerra de la Independencia gracias a su poesía patriótica, como los famosos Ensayos poéticos. Sus versos, de estilo sencillo y directo, se convirtieron en himnos de resistencia contra la ocupación napoleónica, destacando por su ferviente defensa de la monarquía absoluta y los valores tradicionales.

Aunque su técnica fue a veces criticada por su rigidez académica, su capacidad para conectar con el sentimiento popular lo consagró como el «poeta de la nación». Falleció en Madrid, dejando un legado esencial para entender la lírica política del siglo XIX.

Mis deseos

Si Dios omnipotente me mandara

de sus dones tomar el que quisiera,

ni el oro ni la plata le pidiera,

ni imperios ni coronas deseara.

Si un sublime talento me bastara

para vivir feliz, yo lo eligiera:

¿mas qué de sabios recordar pudiera

a quién su misma ciencia costó cara?

yo sólo pido al todopoderoso

me conceda propicio estos tres dones,

con que vivir en paz y ser dichoso:

un fiel amigo en todas ocasiones,

un corazón sencillo y generoso,

y un juicio, en fin, que rija mis acciones.

 

La desesperación

Inhumano destino, dura suerte,

furia de amor cebada en abatirme,

¡cuándo te cansarás de perseguirme,

y yo descansaré de padecerte!

mas tu cruel constancia ya me advierte,

que en el averno has hecho voto firme

de no cesar con penas de afligirme

hasta el instante mismo de mi muerte.

Muerte, pues si remedio de mis males

has de ser, ¿en qué tarda tu venida?

corta ya mis espíritus vitales;

no tu pálido aspecto me intimida,

que será el ver que pisas mis umbrales

el único placer que tuve en vida.

 

Consejo a un Militar

Si por la noble senda del Dios Marte

subir quieres al templo de la Fama,

y arrebatar allí la verde rama

que la envidia jamás podrá quitarte.

 

Es fuerza, oh Blanco, a los estuDios darte,

pues en las glorias a que el Dios te llama

no sirve ya el valor que el pecho inflama,

si no lo templa y modifica el arte.

 

Es bien que por modelo te presentes

de altos varones la inmortal caterva

que en letras y armas fueron excelentes.

 

Pues el lauro que Marte te reserva,

para darlo por premio a los valientes,

se lo da por la mano de Minerva.

 

Virtudes Militares Más Dignamente Premiadas

Tú que audaz recorriste sin cansarte

los reinos de Cibeles y Neptuno,

superando los riesgos uno a uno

que al constante valor presenta Marte.

 

Tú que de Iberia un tiempo baluarte,

y hoy rayo a los rebeldes importuno,

lidias porque en el orbe no haya alguno

que de tu patria insulte al estandarte.

 

Yo te saludo ¡oh bravo sin pretextos!

Soldado entre soldados sin segundo,

norma igual de leales y modestos;

 

y de mi pecho digo en lo profundo:

ciña mi rey muchos laureles de estos,

y yo le fío rey de todo el mundo.

 

Brindando Por La Última Batalla

Venid, ticianos, a ilustrar pinceles:

Fidias, llegad a eternizar metales:

prevenid plumas, cisnes inmortales

prodigad, Musas, cantos y laureles.

 

Seréis divinos cuando seáis más fieles

pintando, ya de Galia en los umbrales,

al Cid britano; y d pavor mortales

huyendo de él los bárbaros crueles.

 

Unid al cuadro en mágicos colores

la independencia hispana, y su alta gloria,

como hermanas gozándose entre flores.

 

Y si queréis más timbre a su memoria,

llamadle vencedor de vencedores,

y a su triunfo victoria de Vitoria.

 

Ofreciendo A Una Belleza

Cuando del mar las ondas cristalinas

vieron nacer de Venus la hermosura,

no adornaban su frente o su cintura

mirtos de amor ni rosas purpurinas;

 

pero el agua le dio galas marinas,

perlas de su garganta a la blancura,

y, por guirnaldas, a su frente pura

caracoles y conchas peregrinas;

 

esa gracia y beldad que en ti descuella

junto a la mar nació, pues no repares

en dar marino adorno a tu sien bella,

 

para que en todo a Venus te compares,

y todos digan al mirarte: «Es ella,

en el momento en que nació en los mares.»

 

Las Señas

Perdí mi corazón, ¿le habéis hallado

ninfas del valle en que pensando vivo?

Ayer andando solo y pensativo,

suspirando mi amor por este prado,

 

él huyó de mi pecho desolado

como el rayo veloz, y tan esquivo,

que yo grité: »¡Detente, fugitivo!»

y ya no le vi más por ningún lado.

 

Si no lo conocéis, como en un ara,

arde en él una hoguera, y cruda herida

por víctima de Silvia lo declara.

 

Dadle por vuestro bien, que esa homicida

le hizo tan infeliz, que adonde para

mi corazón, ya no hay placer ni vida.

 

El Desconsuelo

Crecido con las lluvias de repente

rompe el río las márgenes que baña,

e inundando sus aguas la campaña,

arrasa frutos, árboles y gente.

 

El pastor, que asustado y diligente

se subió por librarse a la montaña,

ve desde allí el ganado y la cabaña

envueltos en el rápido torrente.

 

Y aquel vivo dolor con que afligido

mira ahogadas las tímidas ovejas

para siempre llorándose perdido,

 

no equivale a la angustia en que me dejas,

Silvia, cuando tu labio endurecido

responde con desdenes a mis quejas.

 

Soñaba Yo

Soñaba yo; y en lecho damasquino

una hermosa matrona vi dormida

y entre su misma prole acometida

por un tirano y pérfido Tarquino.

 

En vano intentan del fatal destino

sus hijos redimir a la afligida;

que ellos sin armas luchan por su vida,

y armado estaba el bárbaro asesino.

 

Ya el traidor casi su maldad corona;

cuando junto a las márgenes del Duero

se alza un hijo de Marte y de Belona:

 

Vuela, llega, derriba al monstruo fiero;

y era la Iberia la infeliz matrona,

y era Wellington el audaz guerrero.

 

Católico Monarca

Católico monarca, que has vencido,

siendo escudo a la fe de tus mayores,

más que del fiero Marte los rigores,

las perfidias de un siglo corrompido.

 

Tú, que Fernando y español nacido,

colmaste nuestros votos y clamores,

doblando a sí la afrenta a los traidores

con dos títulos más de ser querido;

 

Hoy renueva, Señor, Madrid el gusto

de haberte visto regresar triunfante

de la opresión de un invasor injusto.

 

Cuánta gloria no encierra un solo instante,

pues da a tu sacra sien lauro el más justo,

y al pueblo libre palma de constante!

 

La Flor Temprana

Suele tal vez, venciendo los rigores

del crudo invierno y la opresión del hielo,

un tierno almendro desplegar al cielo

la bella copa engalanada en flores.

 

Mas, ay, que en breve vuelve a sus furores

el cierzo frío, y con funesto vuelo

del ufano arbolillo arroja al suelo

las delicadas hojas y verdores.

 

Si tú lo vieras, Silvia, «¡oh pobre arbusto

-dijeras con piedad-, la suerte impía

no te deja gozar ni un breve gusto!»

 

Pues repítelo, ingrata, cada día;

que el cierzo frío es tu rigor injusto,

y el triste almendro, la esperanza mía.

 

A Unos Amigos

Ceden del tiempo a la voraz corriente

recias pilastras y columnas duras,

las cúpulas rindiendo que seguras

se sustentaban en su excelsa frente.

 

Caduco desde el Líbano eminente

baja el añoso cedro a las llanuras,

ayer frondoso adorno en las alturas,

hoy triste cebo en el hogar ardiente.

 

Contra la destrucción tan poco abrigos

halló mi musa; que si busca ansiosa

versos que ya la esquivan enemigos,

 

sólo a ofrecer se atreve, afectuosa,

verdad, y no ilusión, a mis amigos;

caricias, no cantares, a mi esposa.

 

Mis Deseos (Arriaza)

Si Dios omnipotente me mandara

de sus dones tomar el que quisiera,

ni el oro ni la plata le pidiera,

ni imperios ni coronas deseara.

 

Si un sublime talento me bastara

para vivir feliz, yo lo eligiera:

¿Mas qué de sabios recordar pudiera

a quién su misma ciencia costó cara?

 

Yo sólo pido al Todopoderoso

me conceda propicio estos tres dones,

con que vivir en paz y ser dichoso:

 

un fiel amigo en todas ocasiones,

un corazón sencillo y generoso,

y un juicio, en fin, que rija mis acciones.

 

La Crueldad De La Muerte

Envuelta en sombras, alta la guadaña,

trazando golpes de dolor profundo,

iba la muerte recorriendo el mundo

desde el alcázar regio a la cabaña.

 

Cuando en aquel que Manzanares baña

fijando el ceño torvo y furibundo,

miró a la Esposa Real, de su fecundo

seno mil glorias prometiendo a España.

 

¡Dos víctimas! Gritó el espectro fiero:

¡Llanto de Reyes! ¡Pueblos afligidos!

¡Oh qué deleite! Y descargó el acero;

 

y dejando en un féretro tendidos

ambos despojos, se encumbró altanero,

triunfando entre lamentos y gemidos.

 

A Olimpia Cantando

Guarda, Olimpia, esa boca seductora,

que dulcemente canta y dulce ríe,

para aquel orgulloso que se engríe

de que ninguna gracia le enamora.

 

El ejemplo de un alma que te adora,

por mas que de tus ojos se desvíe,

hará que el más soberbio desconfíe

de no rendirse a la fatal cantora.

 

Yo el suave olor que de tus labios parte,

y aun el tacto evité de tus vestidos,

y los ojos cerré por no mirarte;

 

pero al sonar tu voz en mis oídos,

Olimpia, vi que para no adorarte,

es menester quedarse sin sentidos.

 

El No

¡Ay, cuántas veces a tus pies postrado,

en lágrimas el rostro sumergido,

a tus divinos labios he pedido

un sí, cruel, que siempre me han negado!

 

Y pensando ya ver tu pecho helado

de mi tormento a compasión movido,

en vez de sí, ¡ay dolor! he recibido

un no, que mi esperanza ha devorado.

 

Mas si mi llanto no es de algún provecho,

si contra mí su indignación descarga,

y si una ley de aniquilarme has hecho,

 

quítame de una vez pena tan larga,

escóndeme un puñal en este pecho,

y no me des un no que tanto amarga.

 

La Guarida Del Amor

Amor, como se vio desnudo y ciego,

pasando entre las gentes mil sonrojos,

pensó en buscar unos hermosos ojos

donde vivir oculto y con sosiego.

 

¡Ay, Silvia!, vio los tuyos, vio aquel fuego

que rinde a tu beldad tantos despojos,

y hallando satisfechos sus antojos

en ellos parte a refugiarse, luego.

 

¡Qué extraño ver a tantos corazones

rendir, bien mío, los soberbios cuellos

y el yugo recibir que tú le pones!

 

Si a más de que esos ojos son tan bellos

está todo el amor con sus traiciones

haciéndonos la guerra dentro de ellos.

 

Sentimientos de la España

Triste la España, «¿adónde vas, Fernando?»

al hijo fugitivo dice ansiosa;

y él sigue, y deja de su madre hermosa

llevar los vientos el acento blando.

 

Ya la materna falda abandonando

pisa de Francia la ribera oDiosa;

y aún está oyendo aquella voz piadosa

que le repite, «¿adónde vas?» llorando.

 

No ve ya al hijo la infeliz matrona:

mas su voz oye, que con regio brío

dice: Tirano, es mía esa corona.

 

Ella, al primer dolor, gritó ¡hijo mío!

mas luego, vuelta al déspota en Bayona,

dame a Fernando, exclama, oh tiempo impío!

 

La Desesperación (Arriaza)

Inhumano destino, dura suerte,

furia de amor cebada en abatirme,

¡cuándo te cansarás de perseguirme,

y yo descansaré de padecerte!

 

Mas tu cruel constancia ya me advierte,

que en el averno has hecho voto firme

de no cesar con penas de afligirme

hasta el instante mismo de mi muerte.

 

Muerte, pues si remedio de mis males

has de ser, ¿en qué tarda tu venida?

Corta ya mis espíritus vitales;

 

no tu pálido aspecto me intimida,

que será el ver que pisas mis umbrales

el único placer que tuve en vida.

 

Brindando en un banquete de bodas

Gime la prensa cuna al pliego ajusta

vuestro nombre, Isabel, y el de Fernando;

gime, y es de placer de estar gozando

de ambos monarcas la presencia augusta.

 

Materia hallar quisiera más robusta

en que imprimir, la gloria eternizando

de un rey al pueblo tan benigno y blando,

de una reina tan bella, amable y justa.

 

Mas no, Fernando, no la huella intensa

del buril, ni pincel en sus matices

cede en su obsequio la afanosa prensa;

 

que es su blasón con tipos y matices

llevar tu voz a una distancia inmensa,

y a doquier que la lleve hacer felice.

 

A Los Serenísimos Señores Infantes

No tanto de placer queda colmada

la ansiedad del cansado caminante,

cuando alzando los ojos ve delante

las torres de la villa deseada;

 

ni con júbilo igual ve recobrada

su libertad la tortolilla amante,

volando al dulce nido en el instante

que rota ve la pérfida lazada;

 

como al ver la bondad y gracia unida

de Carlos y Francisca, alegre aclama

la imprenta a su favor agradecida.

 

Las letras sirven bien a quien las ama:

tiempo vendrá en que paguen su venida

con la inmortalidad y con la fama.

 

Tres Años De Proezas Singulares

¡Tres años de proezas singulares,

sitios, asaltos, lides carniceras,

en que del corso las legiones fieras

el acero español siega a millares!

 

¡Hallarse, Iberia, yermos tus hogares,

o en ellos luto y quejas lastimeras;

de tus hijos por todas las riberas

bajando sangre a enrojecer los mares!

 

¡Ver la flor de Aragón y de Castilla

que al cautiverio la cerviz prosterna,

primero que al tirano la rodilla!

 

¿Y a tanto honor con frases de taberna

la gacetera chusma aún amancilla?

¡Raza de Juan Frerón serás eterna!

 

Viendo a Su Majestad visitar la Imprenta Real

Gran Rey, Vos que con pasos vencedores

del rigor de los hados enemigos,

visitasteis los presos y mendigos,

convirtiendo sus lágrimas en flores.

 

Ved ya como la prensa en sus sudores

prepara a esa virtud fieles testigos:

pues delante de Príncipes amigos

no gime, sino canta sus loores.

 

El taller de Minerva en un momento

caracteres movibles combinando

retrata el fugitivo pensamiento.

 

¡Ah! Si al de sus vasallos ahora dando

una sola expresión, un solo acento…

¿Qué dijera el papel? ¡VIVA FERNANDO!

 

La Vida Media

¿Qué importa que del cielo disparado

un rayo la soberbia torre abata,

si de mi choza la cubierta chata

me tiene a sus insultos resguardado?

 

Y si mientras del viento el mar hinchado

contra el escollo naves arrebata,

estoy al fuego, entre familia grata,

asando mis castañas, ¿qué cuidado?

 

Árdase el orbe entero en la braveza

y en las guerras de Marte sanguinoso,

que si de Silvia, por mayor fineza,

 

besos me da de paz el labio hermoso,

¿Habrá opulencia igual a mi pobreza?

¿O ajena dicha me tendrá enviDioso

 

Constante Celia

Constante Celia, a quien la suerte en vano

contradijo un afecto generoso,

yo te aplaudo el placer de hacer dichoso

a quien se enlaza a tu preciosa mano.

 

Amor, que un tiempo te afligió tirano,

hoy te arrebata en carro victorioso,

y coronada de su mirlo hermoso

al tálamo nupcial te lleva ufano.

 

Al blando yugo allí rindes el cuello;

y, cediendo a la noche misteriosa,

te mira el sol en su último destello.

 

Con el cariño que una flor dichosa,

que hoy la deja botón cerrado y bello,

para verla mañana abierta rosa.

 

A La Entrada Victoriosa

Pisa Ricardo la ciudad tomada

y entre el tropel de la vencida gente

Febo divino, Marte armipotente,

sale también a celebrar su entrada.

 

Febo le toma la invencible espada,

y con laurel eterno alegremente

ciñe y enjuga la gloriosa frente

de espeso polvo y de sudor bañada.

 

Contempla Marte al ademán bizarro,

y al ver que resplandece en su semblante

la gloria de Cortés y de Pizarro.

 

Alargole la diestra fulminante,

e hizo montar en su soberbio carro

al domador del Rosellón triunfante.

 

A Mariano de Arriaza

Hoy se presenta a mi memoria triste

tu fin sangriento ¡oh malogrado hermano!

Con tanta pena, que la gloria en vano

tu cara imagen de laurel reviste.

 

«Viva mi patria, y muera yo» dijiste,

firme en el muro, y con espada en mano;

responde el trueno del cañón tirano,

y envuelto en sangre a su rigor cediste.

 

Consternación, pavor, silencio, y llama

siguió al desmayo de tu brazo fuerte,

y sobre tu sepulcro se derrama.

 

¡Ay! Que también en el morir hay suerte,

que el terror mismo enmudeció a la Fama,

y el mundo ignora tan gloriosa muerte.

 

Brindando En Un Convite De Bodas

Constante Celia, a quien la suerte en vano

contradijo un afecto generoso,

yo te aplaudo el placer de hacer dichoso

a quien se enlaza a tu preciosa mano.

 

Amor, que un tiempo te afligió tirano,

hoy te arrebata en carro victorioso,

y coronada de su mirlo hermoso

al tálamo nupcial te lleva ufano.

 

Al blando yugo allí rindes el cuello;

y, cediendo a la noche misteriosa,

te mira el sol en su último destello.

 

Con el cariño que una flor dichosa,

que hoy la deja botón cerrado y bello,

para verla mañana abierta rosa.

 

Venus Burlada

Vio Venus en la alfombra de esmeralda

de un prado a mi adorado bien dormido,

y engañada, creyendo ser Cupido,

alegremente le acogió en su falda.

 

La frente le ciñó de una guirnalda

y por hacer terrible su descuido,

puso en sus manos un arpón bruñido

y la aljaba le cuelga de la espalda.

 

¡Hijo!, le iba a decir, mas despertando

mi Silvia le responde con enojos,

la aljaba y el arpón de sí arrojando:

 

«¡Toma, madre engañosa, esos despojos,

porque me son inútiles, estando

sin ellos hechos a vencer mis ojos!»

Poemas de Juan Bautista Arriaza

Brindando A Las Damas

Venus Divina, madre de placeres

baja de tu mansión afortunada,

pues miras esta mesa coronada

de la brillante flor de las mujeres.

 

Baja gozosa y si dejar sintieres

el coro de quien eres festejada,

ninfa verás aquí más agraciada

que cuantas te acompañan en Citeres.

 

Y si de tu jardín entre las flores

al dejas y al amor dormidos

no los despiertes, ni su ausencia llores.

 

Baja, que aquí hallarás nuevos Cupidos

pues tienen estas damas mil amores

en sus hermosos ojos escondidos.

 

Oh, Si Volviendo Atrás Su Fugitivo

¡Oh, si volviendo atrás su fugitivo

Curso la edad, me viera con presteza

De la Naturaleza

Transportado al Oriente primitivo!

¡Cómo te viera en toda tu influencia,

Oh diosa, deleitar a aquellas gentes

Que, aun sin pudor, se amaban inocentes!

Ellas, sin más adorno que las flores,

Yy su candor por única decencia,

Iban bailando en pos de sus amores,

Y sobre aquellos cuerpos que del arte

Aún no desfiguraban las falacias,

Lograbas derramarte

Tú, con todo el tesoro de tus gracias.

 

No abuses de ellas

No abuses de ellas, no, mi ninfa, espera;

Ni así girando en círculo voluble

Esa imagen ligera

En un hermoso vértigo se nuble,

Como se turba el río cristalino

Alrededor del hoyo que le veda

Su curso, y se revuelve en remolino.

Nuestro amor la ofendió, sí; pues ya queda

Fija su planta, y veo en su hermosura

La expresión del dolor y la ternura;

Como niña que en siestas amorosas,

De su querido amante, incauta siente

Junto a sus frescas rosas,

En vez del labio el atrevido diente.

 

Dónde Vas

¿Dónde vas?, ¿dónde estás?, la flauta gime;

Y ella, como en un presto sobresalto,

Se alza en súbito salto

Y clávase de frente. La sublime

Orquesta resonando la saluda,

Cual relámpago vivo el entusiasmo

Rompe, y deshace el silencioso pasmo;

Entre el espeso rebatir de palmas

No hay una voz, no hay una lengua muda;

¡Viva!, suspiran las ardientes almas;

¡Viva!, suenan en las filas inferiores;

¡Viva!, en los palcos, relumbrantes de oro;

¡Viva!, en los corredores;

¡Viva!, repite el artesón sonoro.

 

Despléganse Los Brazos Con Blandura

Despléganse los brazos con blandura

Y noblemente erguida la cabeza,

A rodear empieza

Los ojos desmayados de ternura;

Ya de los bellos brazos compañero

Presentase en el aire el pie divino,

Pie que la tierra no pisó más fino;

Sólo en un punto imperceptible estriba

Que al suelo toque el otro pie ligero,

y no vuele la bella fugitiva;

Ella suspensa está; también con ella

Enmudece la música; y entonces…

Una imagen tan bella

Nunca la Grecia la imitó en sus bronces.

 

Perdona, Isbel, perdona el extravío

Perdona, Isbel, perdona el extravío

De un entusiasmo que su bien presagia;

¿Qué puede producir la noble magia

De tu baile gentil, el señorío

De aquellas actitudes, do presiden

El amor, la belleza y la decencia,

Sino estas ilusiones de inocencia?

Y tú, divino origen de este encanto,

Terpsícore, perdona mi embeleso

Por una ninfa que proteges tanto;

No juzgues, ¡ay!, por eso, arte divina,

Que mis inciensos en tu honor rebajen,

Que a ti la gloria sólo se encamina

Del loor dado a tu perfecta imagen.

 

En El Aniversario De La Entrada Del Rey Nuestro Señor En Madrid

Católico Monarca, que has vencido,

siendo escudo a la fe de tus mayores,

mas que del fiero Marte los rigores

las perfidias de un siglo corrompido.

Tú que Fernando y español nacido

colmaste nuestros votos y clamores,

doblando así la afrenta a tus traidores

con dos títulos más de ser querido:

Hoy renueva, Señor, Madrid el gusto

de haberte visto regresar triunfante

de la opresión de un invasor injusto.

¡Cuánta gloria no encierra un solo instante,

pues da a tu sacra sien lauro el más justo,

y al pueblo ibero palma de constante!

 

Quién goza

¿Quién goza, sino tú, el poder divino

De franquear la tierra, hender los vientos?

Pronto tus movimientos

Vuelo serán, los aires tu camino.

Tú, cual eres gentil, serás sensible;

Que nutrirse unos ojos tan fogosos

Con el hielo del alma es imposible;

Parte, y verás los hombres venturosos;

Vuela del Norte a los primeros climas,

Sube a los Alpes; sus nevadas cimas

Blanquean del candor de la inocencia;

De allí descubrirás el ara santa,

Que ya tal vez levanta

A la paz la feliz beneficencia.

 

A Tu Mano

A tu mano, a tu frente de alabastro,

Dará la paz su bienhechora oliva;

Tú partirás, Isbel, rauda y altiva,

Y de serenidad serás el astro.

Las artes, con los ojos aún no enjutos,

Alfombrarán las rosas tu carrera;

Tú ni sus hojas doblarás siquiera

Con tu rápido pie: valles y montes,

Que la guerra dejó yermos de frutos,

Traspondrás, y en los bajos horizontes

Alzará el arador la frente ansiosa,

Ennoblecida de sudor, y al verte

Tan bella y luminosa,

Presentirá su venturosa suerte.

 

Poeta

Cuando Amor con Flora

su imperio partía,

turbó su alegría

sola esa canción:

por amor naciendo

ganados y flores,

sólo por amores

muriendo Damón.

 

Con amor hermoso

cuanto el triste mira:

cuanto ve suspira

de amorosa unión:

sin amor hermosa,

sin amor ufana

sólo la tirana

de su corazón.

 

Ya en lúgubres modos,

ya en llanto se explica,

y en ecos replica

todo a su canción.

Que amar saben todos:

mas de amar ignora

sólo la pastora

de su corazón.

 

A Los Que Con Sólo Una Tintura

A los que con sólo una tintura de gramática creen poder juzgar

En toda la literatura, aplicándoles la sentencia de Apeles:

Ne sutor ultra crepidam

 

Ante los ojos del concurso Griego

puso Apeles un rasgo de su mano;

era la copia del Pastor Troyano,

causa fatal del memorable fuego.

 

Consultaba el Pintor con blando ruego

los votos de uno y otro ciudadano:

censura la sandalia un artesano,

y el divino pincel la enmienda luego.

 

Entonces lleno de soberbia el necio

pretende hacer ridículo aparato

de todo su saber, y en tono recio

 

Censuró lo más bello del retrato;

pero Apeles volviendo con desprecio

le dice: Zapatero a tu zapato.

 

El Dos De Mayo De 1808 Himno

Día terrible lleno de gloria

lleno de sangre, lleno de horrores

nunca te ocultes a la memoria

de los que tengan patria y honor.

 

Este es el día que con voz tirana

Ya sois esclavos la ambición gritó;

y el noble pueblo, que lo oyó indignado,

Muertos sí, dijo, pero esclavos no.

 

El hueco bronce, asolador del mundo,

al vil decreto se escuchó tronar:

mas el puñal que a los tiranos turba

aun mas tremendo comenzó a brillar.

 

Ay como viste tus alegres calles,

tus anchas plazas, infeliz Madrid,

en fuego y humo parecer volcanes

y hacerse campos de sangrienta lid!

 

La lealtad, y la perfidia armada,

se vio aquel día con furor luchar;

volviendo el pueblo generosa guerra

por la que aleve le asaltó en su hogar.

 

¿Y a quién afrentas proponéis, tiranos?

¿a quién al miedo imagináis rendir?

¿al fiel Daoíz, al leal Velarde,

que nunca saben sin honor vivir?

 

El mundo aplaude su respuesta hermosa:

tender el brazo al tronador metal,

morir hollando sus contrarios muertos,

y ser de gloria a su nación señal.

 

Temblando vimos al francés impío,

que en cien batallas no turbó la faz,

de tanto jóven, que sin armas fiero,

entre las filas se le arroja audaz.

 

Víctimas buscan sus airadas manos

pero el error les arrancó el puñal;

y ¡ay! que si el día fue funesto y duro,

aun más la noche se enlutó fatal.

 

Noche terrible, al angustiado padre

buscando el hijo que en su hogar faltó,

noche cruel para la tierna esposa

que yermo el lecho de su amor se halló,

 

noche fatal, en que preguntan todos,

y a todos llanto por respuesta dan,

noche en que frena de la Parca el fallo,

y ¡ay! dicen todos, ¡quiénes morirán!

 

Sensibles hijas de la hermosa Iberia,

pues sois modelos de filial piedad,

los ojos, llenos de ternura y gracia,

volved en llanto a la infeliz ciudad:

 

Ved a la muerte nuestros caros hijos

entre verdugos el traidor llevar;

y el odio preste a vuestros ojos rayos,

si de dolor ya no podéis llorar.

 

Esos que veis, que maniatados llevan

al bello Prado, que el placer formó,

son los primeros corazones grandes

en que su fuego libertad prendió:

 

Vedlos cuan firmes a la muerte marchan,

y el noble ejemplo de morir nos dan;

sus cuerpos yacen en sangrienta pira,

sus almas libres al Empíreo van.

 

Por mil heridas sus abiertos pechos

oid cual gritan con horrenda voz:

«Venganza hermanos: y la madre España

nunca sea presa del francés feroz».

 

Entre las sombras de tan triste noche

este gemido se escuchó vagar,

gozad en paz ¡oh, del suplicio gloria!

Que aun brazos quedan que os sabrán vengar.

 

¡Noche terrible, llena de gloria,

llena de sangre, llena de horror,

nunca te ocultes a la memoria

de los que tengan patria y honor!

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